Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¡Por favor! ¡Pon algo de NaruSasuNaru en el manga! Estaremos eternamente agradecidos)

Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.


Holy Curse!

Capítulo VI: Secretos

–¡Naruto! ¡Respóndeme, Naruto! –exclamaba desesperado Minato mientras sacudía el hombro de un inconsciente Naruto. Cuando notó el esfuerzo de su hijo por abrir los ojos, suspiró de alivio. Poco a poco Naruto volvía de su estado de aturdimiento, aún con la vista nublada pudo reconocer perfectamente a Minato y a Kakashi. Sasuke bajaba de un salto las pequeñas escaleras para correr a su lado.

–¿Qué me pasó? ¿Dónde…?

–La madera se rompió y caíste sobre el escritorio. Estábamos preocupados, no nos respondías. –explicó con tranquilidad Kakashi. –Me alegro que estés bien.

–De cualquier manera llamaré al médico. Debemos asegurarnos que no haya lesiones. –afirmó Sasuke.

–No, estoy bien. –con apoyo de Minato, Naruto se incorporaba lentamente. –No hay necesidad de llamarlo.

–Estoy de acuerdo con Sasuke. –intervino el rubio mayor. –Quisiera asegurarme. Tardaste casi un minuto en abrir los ojos.

–Papá, Sasuke, estoy bien. Sólo fue un golpe, me recuperaré perfectamente con un poco de descanso. –Sasuke lo sostuvo del hombro mientras daba los primeros pasos. Cuando se aseguró que no había mucho dolor, soltó el brazo de su esposo y continuó caminando escoltado por su padre y Kakashi. –Mañana llamaremos al médico si algo surge.

–Olvídalo, le pediré a Sasuke que lo llame inmediatamente. –insistió su padre.

–Padre, por favor… ¿acaso quieres arruinar mi noche de bodas? –le recordó Naruto con una sonrisa y guiñando el ojo. Sasuke se quedó congelado en su lugar, observando al pequeño grupo ir al piso superior. –Por cierto, ¿Shizune llegará en dos días? Tal vez el cambio de aire le ayude a recuperarse.

A Sasuke le costó un minuto que su corazón volviese a latir a una velocidad normal. El pánico que sintió al ver caer a Naruto, seguido de la angustia mientras esperaba que respondiera fueron sensaciones muy familiares. En ese momento se le vino a la mente el sueño que solía asaltarlo por las noches. La impotencia de ver a alguien morir lentamente frente a sus ojos sin poder hacer nada… no quería volver a sentirse así. Y, Naruto, ciertamente despertaba en él esa clase de sentimientos que deseaba olvidar. Apenas un par de horas atrás había jurado protegerlo y acababa de fallar. Si alguien estaba tras Naruto, definitivamente lo encontraría.

–¡Sasuke!

El desesperado grito de Minato lo sacó de sus ideas de venganza. Corrió siguiendo la voz y se encontró con un débil y pálido Naruto que languidecía entre los brazos de su padre mientras Kakashi agitaba vigorosamente su mano frente al rostro moreno en un vano intento por aumentar el flujo del aire. Algunos de los sirvientes ya se habían acercado para auxiliar. El azabache ordenó de inmediato que llamaran al doctor mientras tomaba en brazos a Naruto y se dirigía hacia las escaleras.

–¿Qué fue lo que ocurrió? –exigió saber en su camino hacia la recámara. Kakashi le explicó que Naruto simplemente comenzó a sudar frío, perdió la vista y sus piernas le fallaron de repente.

–Teme… estoy bien… sólo un poco cansado. –murmuró entre sus brazos. El cálido pecho de Sasuke le pareció un lugar muy cómodo, así que se dejó llevar por el cansancio.


–No hay de qué preocuparse, es una respuesta normal debido al trauma que sufrió por semejante caída. –dictaminó con voz seria el doctor, mientras guardaba en su viejo maletín de piel algunos de sus instrumentos para la exploración. –Un poco de reposo y llevarse las cosas con calma ayudarán bastante. Les daré a sus sirvientes el nombre de una hierba especial, será conveniente que se tome un té de esas hojas por la mañana. Por hoy, creo que dormirá toda la noche.

Tanto Minato como Sasuke asintieron, poniendo especial atención en algunas de las instrucciones del galeno para el cuidado de Naruto, haciendo énfasis en la importancia del descanso el siguiente par de días. Ahora que se encontraban más tranquilos debido a que el problema del rubio no era nada de cuidado, aceptaron una taza de café que Kakashi les ofrecía.

–Creo que, por el día de hoy, me sentiría más tranquilo si me quedo esta noche junto a Naruto. –declaró Minato, mientras arrastraba una de las sillas de la habitación hacia el costado de la mullida cama donde descansaba su primogénito.

–Yo lo haré. –intervino Sasuke.

–No será necesario…

–Hace unas horas acepté la responsabilidad de velar por Naruto, y eso es justamente lo que estoy dispuesto a hacer. Por favor, Minato, vaya a descansar. Tenga por seguro que no haré nada que pueda perjudicar a su hijo.

Sasuke notó en los ojos azules la indecisión de Minato. A este último le costó trabajo ceder, pero lo hizo al caer en cuenta que su ahora yerno tenía razón. Él no estaría toda la vida para cuidar de Naruto y tenía que aprender a confiar en el Uchiha, por mucho que eso le costara. Su hijo confiaba en él y, por alguna razón, Naruto tenía la extraña habilidad de sacar el lado oculto y amable de las personas. Había algo en el conde que Naruto sabía, algo que permanecía oculto al resto de los mortales y que sólo el revoltoso rubio conocía, así que Minato suponía que ese algo debía de ser bueno, su hijo jamás se hubiera casado sin una buena razón. Asintió en silencio y permitió que Kakashi lo guiara hasta su habitación, no sin antes advertirle con firmeza a Sasuke que le notificara de cualquier cambio en el estado de Naruto por mínimo que fuese.

La habitación quedó sumida en el silencio, iluminada sólo por algunas velas cercanas al rubio. Naruto dormía plácidamente, manoteando entre sueños y murmurando cosas inentendibles. Sasuke, fiel a su palabra, se mantuvo vigilándolo un par de horas hasta que el sueño lo venció. Cerró sus ojos un par de lo que a él le parecieron segundos y, cuando volvió a abrirlos, la cama frente a él estaba vacía.

–¿Na-Naruto? –miró a su alrededor alarmado y encontró al rubio con un candelabro en la mano, explorando el lugar. –¡Dobe! Vuelve a la cama ahora mismo.

–¡Volveré en un minuto! –contestó de inmediato, acercando el candelabro a la pintura que decoraba la habitación. –Debo admitir que es hermoso este cuarto. Se ve mucho mejor cuidado que el resto del castillo.

–Es una de las habitaciones principales del conde, usuratonkachi. –contestó el pelinegro poniéndose de pie lentamente y tallando sus ojos con disimulo. –Ninguno de los sirvientes habría permitido que el propio conde o su esposo durmieran en una habitación descuidada.

–Bueno, pues de cualquier manera es admirable. La habitación es espaciosa, tiene detalles preciosos y los muebles la complementan a la perfección. –sonrió y volvió hacia la cama. –¿Estabas preocupado por mí, cuidándome, teme?

–No lo malentiendas, dobe. Le prometí a tu padre que te cuidaría. –Naruto sintió una punzada de decepción al enterarse que Sasuke estaba ahí por mera obligación y no por genuino interés. –Así que ahora vuelve a la cama, el doctor recomendó reposo un par de días.

–Ustedes exageran. –comentó Naruto, revirando los ojos. –Yo sé cuándo mi cuerpo está bien y ahora está bien. Sólo fue un golpe en la cabeza que no pasó a mayores. Nee, Sasuke… enséñame la habitación.

–Lo haré, pero después de eso irás directamente a la cama y te dormirás ¿de acuerdo, usuratonkachi?

–Sí, sí… no deberías de ser tan borde, teme.

Sasuke tomó el candelabro de las manos del rubio para mostrarle el lugar. Todas las paredes del dormitorio se hallaban decoradas con paneles de madera oscura tallados a mano y varias pinturas de reconocidos artistas también las adornaban; en el suelo, una mullida alfombra color tinto amortiguaba a la perfección el sonido de sus pasos. El punto principal era la amplia cama con dosel, cubierta por un edredón azul cielo bordado con detalles exquisitos y una cabecera de roble tallada a mano, frente a la cual se encontraba un tocador también de roble a juego con la cama, con un par de espejos que reflejaban tenuemente la pálida luz de las velas. A la derecha, enormes puertas de madera indicaban la existencia de un vestidor con un cuarto de baño y, más allá, la puerta de entrada a la habitación. Justo al lado contrario, tres arcos decoraban el cuarto, los cuales llevaban a una salita de reuniones con sillas tapizadas de color azul cobalto, y un pequeño sofá a juego junto a una mesita para el té, desde donde se podría observar la magnífica vista que seguramente los inmensos ventanales les ofrecerían durante el día. Naruto pudo imaginarse a la perfección una fría tarde de invierno, sentado en ese rincón con una taza de chocolate caliente en la mano, observando a través de los cristales el jardín y los alrededores de Konoha cubiertos por una suave capa de esponjosa nieve blanca. Casi deseó que el invierno llegara.

–De verdad que es precioso este lugar. –murmuró, retirando las pesadas cortinas que cubrían los ventanales y dándose cuenta que, en efecto, la oscuridad de la noche le impedía admirar el hermoso paisaje. –¿Qué hay más allá del castillo, Sasuke?

–No hay mucho más. Al sur está el pueblo más cercano, a varias horas en caballo cómo pudiste darte cuenta en tu viaje hasta aquí, además tenemos una buena parte de nuestras tierras. Al oeste, se encuentra el resto de las tierras de cultivo y ganado. Si viajas al este, encontrarás a algunos de nuestros pocos vecinos. –Sasuke carraspeó y juzgó conveniente el ocultarle a su esposo que, entre esos "pocos" vecinos se encontraba la casa de verano del duque Gaara y de Lord Orochimaru, casa que en ocasiones solía visitar Karin. –También, en la parte este, existen los restos de una pequeña abadía que fue abandonada y destruida después de la muerte de Hashirama. La parte norte es la más interesante. Es un terreno escarpado, muy peligroso que termina en un peñasco. Al asomarte por la orilla, puedes apreciar el impulsivo río que corre por el valle. Más allá del valle existe una cadena de montañas que marca nuestro límite territorial. Si pudieras cruzar las montañas llegarías al famoso "bosque negro". Pocos se han aventurado ahí ya que cuenta una antigua leyenda que nadie sale con vida del bosque encantado. –Sasuke tomó del brazo a Naruto para dirigirlo de nuevo hacia la cama. –Ahora a dormir, dobe.

–En pocas palabras, sólo contamos con las tierras del sur y del oeste para el cultivo. –comentó el rubio, dejándose guiar hacia su cama dócilmente. –¿Y las montañas? ¿Sería posible encontrar algún tipo de mineral ahí?

–No lo creo, dobe. El día de mañana conocerás a mi primo Obito y a Madara, mi tío. Ellos se han encargado de mantener el castillo en mi ausencia. Madara puede oler el dinero como un sabueso. Si hubiese algo de interés en esas montañas, seguramente ya lo sabríamos. –depositó el candelabro en una de las mesitas de noche y acomodó las sábanas. –¿Alguna otra pregunta?

–¿Madara me dejará echarle un vistazo a los libros de contabilidad? Quisiera ponerme al tanto de los movimientos de la finca.

–Supongo que te dará acceso. –Sasuke frunció el ceño. –O lo hará con una orden mía. Yo soy el dueño y decido lo que hago.

–De acuerdo, ¡oh grandioso conde! –bromeó el menor, sin despegar su mirada de una pequeña puerta entreabierta que se encontraba a un lado del tocador. –¿Y esto a dónde me lleva?

Sasuke sonrió con superioridad y alzó una de sus oscuras cejas. –Esa es la puerta que comunica con mi dormitorio. Estará abierta para ti cuando lo necesites.

–¡Vaya! –exclamó el menor y, con una sonrisa socarrona, procedió a cerrar la puerta, asegurándose de colocar firmemente el seguro. –Ya está. No será necesario, podré apañármelas muy bien por mi cuenta. Ahora, ¿en qué estábamos?


Sasuke se sorprendió al notar que, a pesar de la inhumana hora del día para alguien de hábitos vespertinos como él, ya estaba despierto, sin dolor de cabeza, sin resaca y descansado como nunca antes. Llamó a uno de los sirvientes para que lo vistiera y bajó a un comedor atiborrado de personas y algarabía. Disimuló muy bien su sorpresa al notar presentes en el desayuno a su hermanastra Hinata y al esposo de ésta, Shino, así como a Kiba. Saludó a todos con un movimiento rápido de cabeza y se dispuso a tomar su lugar en la cabecera del comedor. No tardó en integrarse a la plática que mantenían los rubios con Hinata.

–Te ves increíblemente fresco, hermano. –comentó Hinata cuando llegó el rote grütze, sonriendo de anticipado placer. –Como siempre, Mai prepara un delicioso postre.

–Es cierto. –coincidió Kiba con su cuñada. –Quizá el aire del campo te ha ayudado un poco.

–Como digas. –respondió, sin darle más importancia a sus comentarios. –¿Y a que debo su visita?

–Bueno, como es una mansión muy grande y el proyecto de Naruto sobre restaurarla también lo es, pensé que necesitarían ayuda. –contestó Kiba con sencillez, encogiéndose de hombros. –Me hacía falta un cambio de aires y, venir a este castillo, siempre me trae buenos recuerdos… recuerdos sobre Hanabi.

Todos guardaron un momento de silencio, en recuerdo de la joven vida arrebatada prematuramente.

–¿Y usted, Hinata? –preguntó una curiosa Ino.

–Prefiero que el primer hijo de Hinata nazca en el palacio de los Uchiha. –respondió Shino, sin dar tiempo a que su esposa tomara la palabra. –Al igual que Lord Inuzuka, considero que la ciudad no es un lugar apropiado para que nazca mi primogénito.

Sasuke observó a su hermana, notando la tristeza invadiendo sus hermosos ojos. Ella había estado tan feliz en los días previos a la boda, que el cambio era demasiado drástico. Supuso que se trataba del embarazo e inconscientemente deseó que el dobe no se comportara de esa manera tan cambiante cuando estuviera embarazado. Lo cual le hizo recordar el problema de la puerta cerrada. Debía de encontrar una solución pronto para poder procrear a ese heredero y volver a la ciudad.

–De cualquier manera, a mí me parece maravilloso que todos se encuentren aquí. –exclamó Naruto, mirando la amplia mesa del comedor casi ocupada en su totalidad. –Sólo falta Shizune, Itachi y Lady Mikoto para completar la escena. ¿No te parece fantástico, teme?

A pesar de todo, a Sasuke no le parecía tan fantástico. El tener invitados siempre había significado para él ruido, desorden e intromisiones en su vida privada. Preferiría mil veces estar en ese castillo a solas con Naruto, para dedicarse a otras cosas más productivas, por ejemplo, encargar a los pequeños Uchiha. Sacudió su cabeza y dejó la servilleta sobre la mesa. Demasiada azúcar comenzaba a nublarle su buen juicio y, además, la presencia de Shino lo inquietaba. No era una de sus personas favoritas, sólo lo toleraba por respeto a su hermanastra y a su madre. El recuerdo de lo sucedido un par de meses atrás, cuando recibió la noticia del embarazo, aún se encontraba fresco en su memoria.

–Iré a mi despacho. Dobe, en cuanto termines de desayunar, subirás a descansar, como lo indicó el médico.

El pelinegro no se quedó a escuchar las quejas y lloriqueos del rubio, ni los regaños de Minato hacia su hijo por haberse levantado en contra de las indicaciones médicas. El comedor se quedó de pronto sumido en un tenso silencio, mismo que se encargó de romper Ino, quien, a pesar de su corta edad, mostraba mucho aplomo.

–Lady Hinata, dígame ¿hay alguna celebración especial por estos lugares?

Pronto, se enfrascaron en una agradable conversación sobre las tradiciones y fiestas de Konoha. Naruto escuchaba en silencio, observando la sonrisa de felicidad de su hermana y de su padre, sabía que la decisión tomada sobre casarse con Sasuke no era del todo mala. Le preocupaba Hinata y tenía una idea que su tristeza era debida más que nada, a haber abandonado a Neji en la ciudad. Con un poco más de calma, pensaría en algún plan. Una de las sirvientas se acercó con discreción hacia el lugar de Naruto y tocó con suavidad su hombro.

–Discúlpeme, Lord Naruto, ha llegado el paquete que pidió. ¿Qué debería hacer con él?

–¿Dónde está? Iré inmediatamente.

Naruto se disculpó con una sonrisa y, después de algunas bromas por parte de los mayores, recogió el paquete y se dirigió a buscar a Sasuke. Lo encontró sentado de espaldas a la puerta en un viejo sillón del despacho, observando los campos de cultivo por los ventanales y con una pipa en la mano. El olor a tabaco le dio la bienvenida cálidamente.

–Nee, ¿Sasuke? ¿Estás muy ocupado?

El conde suspiró y dejó la pipa antes de clavar sus negras orbes en su esposo.

–¿Ocurre algo?

–Yo… es solo… –Naruto se sintió nervioso. A él nunca le faltaban las palabras, pero cuando se trataba de Sasuke, las cosas eran diferentes. Temía decir algo fuera de lugar, que lograra herir al moreno y con ello echar a perder el poco avance en su matrimonio. –Gracias por el regalo de bodas, teme. –decidió que era mejor mirar la alfombra que sostenerle la penetrante mirada a su esposo mientras recordaba a Sasuke entregándole un par de mancuernillas de plata con detalles de lapislázuli como regalo de bodas, durante su viaje hacia Konoha. Según las palabras del propio conde, las mancuernillas habían pertenecido a su padre.

–¿Eso es todo?

–No, hay algo más… –tomando aire, desapareció la distancia que los separaba y dejó sobre las piernas de Sasuke un juego de pinceles de diferentes tamaños, pinturas, carboncillos, papeles, una paleta para mezclar pintura y, detrás del rubio, se apreciaba un atril de madera con un bastidor listo con un lienzo de pintura. –Espero que te guste, bastardo. Es mi regalo de bodas.

–¿Pero qué…? –Sasuke miraba sorprendido el material en sus piernas y el atril, para finalmente clavar sus ojos en Naruto. –¿Qué demonios es esto, dobe?

–Bueno, Hinata me contó de tu habilidad para pintar y vi algunos de tus cuadros… y supuse que un citadino como tú se aburriría de lo lindo en un pueblo como este, así que pensé que quizás podrías explotar tu habilidad artística y volver a pintar algo lindo, como solías hacerlo. Te ayudará a distraerte y a hacer más llevadera tu pena.

–Naruto… –con manos temblorosas dejó el material sobre el escritorio de roble y se puso de pie, dándole la espalda a Naruto y le dio una larga calada a la pipa. –Debería de agradecerte por tu regalo, pero creo que Hinata también te debió de haber dicho que yo ya no pinto.

–¿Y por qué no lo haces, teme?

–A mi padre… a Lord Fugaku no le parecía que pintar fuese algo digno de un conde.

–Pues yo creo que es una estupidez. –declaró Naruto, cruzándose de brazos. –Si es algo que te gusta hacer y eres bueno en ello ¿por qué abandonarlo?

–No lo entenderías, usuratonkachi. –suspiró y volvió a llenar su boca con el sabor del tabaco. –No es que no quiera pintar, es que no puedo pintar.

Naruto miró en silencio su perfil. Sus largos cabellos negros, los anchos hombros, la amplia y musculosa espalda, el bien formado trasero, las largas piernas… y, a pesar de su mal carácter, era una buena persona ¿Sería un poco tarde para enamorarse de su marido? La pregunta rondó en su mente poco tiempo, pues unos ligeros toques en la puerta interrumpieron la línea de sus pensamientos.

–Adelante. –exclamó Sasuke, volviendo a su asiento.

El hombre que entró sin lugar a dudas era parte de la familia Uchiha. Alto, atractivo, de tez morena, cabello y ojos negros, un par de años mayor que Sasuke, con el porte y elegancia de la familia. Vestía una camisa morada, casi negra con una chaqueta color azabache y unos pantalones a juego. De entre sus ropajes sobresalía una cadena de plata con lo que parecía una piedra verdosa común y corriente, así como un anillo plateado en el pulgar izquierdo. Cuando observó a Naruto, el rubio pudo notar que el lado derecho del hombre se hallaba cubierto de cicatrices de una antigua quemadura.

–Mucho tiempo sin verte, primo. –saludó el hombre.

–Así es, Obito. –asintió y se dirigió a Naruto. –Dobe, él es Obito Uchiha, hijo de mi tío Madara. Ellos se encargan de la administración de Konoha durante mi ausencia. Obito, él es mi esposo, Lord Naruto Namikaze conde de Uchiha.

–Es un placer conocerlo, Naruto. –estrechó la mano del rubio. –Bienvenido a Konoha.

–Gracias.

–Sasuke, escuché que me mandaste llamar. ¿Pasa algo?

–Lo que voy a contarte es de suma importancia. –señaló el asiento libre frente a él y Obito se sentó, sin despegar la mirada de Naruto. –No te preocupes, Naruto debe estar presente para que escuche lo que te voy a decir. –las palabras capturaron toda la atención del aludido. –A partir de hoy, mi esposo supervisará los libros de contabilidad de Konoha, así que quiero que tanto Madara como tú, le den libre acceso a la información que él les solicite.

–¡Pero, Sasuke! ¿Estás loco? ¡Es un doncel!

–¿Y qué tiene eso de malo? Que yo sepa, ser doncel no es una enfermedad. –se defendió el rubio. Sólo llevaba un minuto de conocerlo y ya empezaban con estúpidos prejuicios.

–Es impensable…

–Se hará lo que yo diga, Obito –interrumpió Sasuke con firme voz. –Naruto tendrá libre acceso a los libros cuando y como quiera, así como también tomará las decisiones que él juzgue convenientes. Trata de comunicárselo lo antes posible a Madara.

–Los donceles deberían estar horneando pasteles, cuidado a los hijos y manteniendo las camas de sus esposos calientes. –murmuró por lo bajo, con la intensión de que sólo el rubio lo escuchara.

–Pues este doncel es especial. –replicó Namikaze. –Este doncel no horneará estúpidas galletitas, pero vigilará de cerca los números que manejas. Así que ten cuidado, pues ahora tu empleo depende de mí.

–¿Está amenazando con despedirme, Naruto?

–A menos que tengas algo que ocultar, no lo creo necesario. Antes de que lo olvide, para ti, soy Lord Naruto Namikaze o conde de Uchiha, como prefieras. –Obito, furioso, dirigió la mirada a su primo en busca de ayuda.

–No hay nada que ocultar ¿o sí? Tranquilo, mi esposo sólo echará un vistazo y nos ayudará a revivir este viejo pedazo de tierra. Tiene mucha experiencia con los números.

–A Madara no le gustará que se metan en su territorio. –advirtió el moreno.

–Madara puede retirarse a su finca si no le gusta cómo se manejarán las cosas de ahora en adelante. –contestó Sasuke sin un ápice de preocupación.

–De acuerdo. Se lo diré. –Obito se puso de pie y con paso digno se retiró, no sin antes regalarle a Naruto una mirada fría cargada de odio. –Tu sola presencia traerá la ruina a esta casa, conde de Uchiha.

–Me gustaría que nos encontráramos el día de hoy a las cuatro de la tarde en la oficina del contador. –pidió Naruto, omitiendo las frías palabras de su nuevo primo político. –Quisiera echarle un vistazo a esos libros cuanto antes para empezar a trabajar.

–¡Pero eso es muy pronto!

–Cuanto antes, mejor. Nos vemos por la tarde. –Obito salió, dando por finalizada la conversación.

–No irás hoy, Naruto.

–¿Por qué no? –lo observó por un momento. –Es por la maldita indicación del médico de guardar reposo, ¿me equivoco?

–Le prometí a tu padre que te cuidaría, así que al menos por hoy, te mantendrás en reposo.

–Teme, estoy bien, muy bien. –se llevó la mano a la cabeza, frotándose la parte que había recibido el golpe. –Sólo tengo un pequeño chichón ¿ves? –en efecto, entre sus rubios cabellos se alzaba un orgulloso chichón rojizo.

–No irás a ningún lado, usuratonkachi.

–¡Oh, vamos, Sasuke! ¿Quieres saber cuál era mi plan para hoy? Tomar una de esas hermosas yeguas que tienen en el establo e ir a inspeccionar la parte norte de la propiedad.

–Debes tener algo mal en tu cabeza si piensas que irás en tu estado a cabalgar solo a la zona norte. Únicamente personas muy experimentadas pueden ir allí.

–No pensaba ir solo. –sonrió y se puso de pie. –Pensaba llevar al conde Uchiha de paseo.

–No lo harás.

–Entonces, al menos, déjame trabajar en los libros. Tengo muchas ideas para este castillo y me gustaría empezar cuanto antes.

Sasuke suspiró. Era mucho más seguro tener a Naruto sentado en una silla, con una taza de té en la mano y revisando las cuentas que corriendo por las laderas rocosas en una yegua.

–De acuerdo, pero no será por mucho tiempo. Necesitas descansar. –el rubio asintió. –Y además, debemos hablar.

–¿Hablar? ¿Sobre qué?

–Sobre la puerta que permanece cerrada. –la sonrisa de Naruto se amplió mucho más.

–Ya te dije que resolveremos eso cuando llegue el tiempo de planear la llegada de pequeños condes amargados Uchiha.

–¡Maldita sea, Naruto! –el viejo escritorio se estremeció al recibir el iracundo puño de Sasuke. –¡Maldita sea!

En un rápido movimiento, Naruto se vio acorralado entre el escritorio de Sasuke y el cuerpo candente del propio conde, mientras sus labios eran devorados con ansia y desesperación por el moreno. Le permitió total acceso a su esposo, atrayéndolo aún más a su cuerpo y subiéndose sobre el escritorio, para dejarle un espacio entre sus piernas y facilitar el beso. La lengua salvaje del azabache ni lenta ni perezosa, exploró la cavidad ajena, intercalando pequeñas mordidas con suspiros para tomar aire. Sasuke se separó un poco del rubio y tomó con una de sus manos el mentón de su esposo para mirarlo directamente a los ojos.

–¿Qué demonios me estás haciendo, Naruto?

–¿Estás cayendo en el embrujo de los Namikaze? –bromeó y, un segundo después, Sasuke de nuevo devoraba sus labios con hambre y bajaba su mano libre por el pecho del rubio, buscando los botones de su camisa.

–¡Oh, por todos los dioses! Disculpen. –la puerta se abrió de improviso y un apenado Kiba procedió a cerrarla inmediatamente. –Se me olvidaba que aún son recién casados.

La pequeña interrupción fue suficiente para hacer reaccionar al conde. Se apartó del cuerpo de Naruto como si este fuera de fuego y revolvió sus cabellos azabaches. Tomó una gran bocanada de aire y le lanzó una mirada iracunda al rubio.

–No volveré hasta la noche. Coman sin mí. Si tienes algún problema con Madara u Obito, házmelo saber en cuanto regrese.

Abandonó la habitación rápidamente, dejando a Naruto desconcertado. Sabía que las cosas no serían fáciles, pero podría lograrlo. Una tenue sonrisa se formó en sus labios antes de salir de la habitación. El moreno conde había tomado un par de carboncillos y algunos papeles junto con la pipa.


–¡Es un honor volverlo a ver, Lord Naruto! –saludó con una falsa sonrisa el hombre. –Seguramente las presentaciones no son necesarias, confío en que usted me recuerde.

–Sí, en efecto lo recuerdo. –afirmó el rubio. Aún podía recordar la primera vez que había visto a ese hombre. Más alto que Sasuke, atractivo, de largos cabellos negros y de mirada tan fría como penetrante, era imposible pasar por alto que Madara perteneciera a la gran familia Uchiha. –Si mi memoria no me falla, nos presentó Lady Mikoto.

–Así es. –coincidió. –Pero dígame, Naruto ¿qué hace usted aquí?

El nuevo conde miró de reojo la habitación. Era oscura y fría. La oficina del contador, o de Madara Uchiha mejor dicho, se hallaba apartada del edificio principal, en una pequeña residencia a pocos metros de la aldea. El lugar estaba pobremente iluminado, polvoso, con apenas un viejo escritorio de madera y una silla que crujía alarmantemente al sentarse en ella. Frente al escritorio se encontraba un viejo y maltrecho estante con varios libros amarillentos. A Naruto le causó un escalofrío el lugar y, por lo que podía ver en el único ojo libre de Kakashi, él también compartía los mismos sentimientos.

–Pensé que su hijo Obito le había dicho el motivo de mi visita.

–¿De verdad se sumergirá en un mundo de libros empolvados en lugar de disfrutar las maravillas que Konoha le ofrece?

–Ya que me he casado con Sasuke, es mi deber proteger aquello que le pertenece y que un día será el patrimonio de nuestros hijos.

–Si eso es lo que desea, no puedo negarme a las órdenes de Sasuke, a pesar de que él es solamente mi sobrino.

–Tal vez lo sea, pero no olvide que su sobrino es un conde. –Naruto notó la tensión en la mandíbula del mayor y la forma en la que apretaba sus puños. –Ahora, a Kakashi y a mí nos gustaría echarle un vistazo a los últimos libros.

–Tendrá que disculparme, Lord Naruto…

–¿Desobedecerá las órdenes del conde, tío Madara?

–Permítame terminar. –repuso tajante el pelinegro. –No puedo darle acceso a los libros porque no los tenemos. Observe esta oficina, ¿no le parece demasiado sucia y olvidada? Eso fue porque hemos tenido que mudarnos a este lugar de improviso. Hace un par de noches, ocurrió un incendio en mi oficina y a duras penas hemos podido conseguir salvar parte de los papeles. Preferimos salvar la vida que arriesgarla por unos pequeños papeles sin importancia.

Naruto se cruzó de brazos mientras escuchaba la detallada explicación de Madara acerca del terror que cundió entre los aldeanos y las heroicas acciones que tuvieron lugar para sacar a algunos de esos aterrorizados campesinos de lo que el moreno describió como un infierno en la tierra.

–Y si las cosas fueron así de graves ¿por qué Sasuke no sabe nada al respecto?

–Es una noticia importante y difícil de asimilar. Lo último que yo deseaba era arruinar la boda de mi querido sobrino angustiándolo con cosas como esta, que carecen de importancia. Él habría insistido en acudir inmediatamente y resolverlo por su cuenta. Pero como ve, todo está bajo control.

–Dudo mucho que Sasuke hubiese corrido hasta acá para resolver el problema. –se acordó de la aversión de su esposo por estar en Konoha. –Todo está bajo control excepto porque perdimos esos papeles. –claro que las vidas humanas eran importantes e invaluables, pero hablando en términos económicos, perder esos papeles podría ser la ruina para el castillo y, por ende, para los aldeanos que vivían trabajando las tierras de los Uchiha y que dependían de ellos.

–No todo está perdido. –Madara se dirigió al estante y buscó entre varios libros. Tomó uno de ellos y sopló sobre él, para retirar el exceso de polvo acumulado. –Este libro sobrevivió al incendio. Es de hace un par de años, cuando Itachi solía ser el conde.

–Bien, empezaré a revisarlo y de ahí, seguiré hacia los años posteriores. –agarró el libro de las manos del Uchiha y lo abrió en la primera página para comprobar la fecha. –Obito y tú deberán trabajar mucho, Madara, para reponer los libros pronto.

–Eso es lo que estamos haciendo, Lord Naruto. En cuanto pongamos los libros al día, se lo haré saber. –examinó con sus fieros ojos rojos a Naruto mientras este se sentaba en la vieja silla, restándole importancia a los alarmantes crujidos. Kakashi pronto se colocó al lado del rubio, jalando un viejo banco cercano.

–Gracias Madara, eso es todo. Te aseguro que dejaré el libro en su lugar y podremos encontrar la salida.

–¿No quiere que le ayude a interpretar los libros?

–Los entiendo a la perfección. Y si tuviera una duda, consultaré con Kakashi Hatake, el administrador personal de mi padre. –Kakashi saludó a Madara con un leve asentimiento de cabeza.

–Quiere decir que… ¿usted entiende todos esos números y palabras?

–Por supuesto. En ausencia de Kakashi y mi padre, soy yo quien se hace cargo de los negocios de la familia Namikaze.

Madara apretó los puños y trató de fingir, infructuosamente, una sonrisa. Salió de la habitación y no disimuló su enojo al azotar la puerta. Obito tenía mucha razón en cuanto al rubio. Naruto podía llegar a ser una molestia. ¿Por qué los donceles no eran como antes? Callados y obedientes, suaves y delicados. Suspiró. Sería mejor ponerse a trabajar en esos libros que el nuevo conde de Uchiha pronto le solicitaría.

–¿Qué crees de todo esto, Kakashi? –preguntó Naruto tres horas después de sumergirse en el mundo de los números. Se quitó los lentes y se masajeó el puente de la nariz. Detestaba las marcas que los pesados aros de metal dejaban en su delicada piel.

–Pues… hasta este libro, todo parece ser perfecto. –Kakashi, no en mejores condiciones que Naruto, alzó sus brazos por sobre la cabeza para estirar los músculos adoloridos. –Si lo que me preguntas es si creo que alguien está robando, mi respuesta hasta este momento es no.

–Todo se ve bien. No me sorprende, Hinata me comentó que durante la breve regencia de Itachi las cosas marcharon perfectamente. No sé si deberíamos ir más atrás y revisar los libros más viejos o esperar los nuevos. –cerró el pesado libro y se puso de pie. –Pero de cualquier manera, por hoy ha sido suficiente investigación. Creo que ambos necesitamos un baño para estar presentables en la cena.

–Coincido con eso. Ese baño y un té de manzanilla me vendrán de maravilla.

Salieron del pequeño edificio y caminaron entre los campos de trigo, en dirección al castillo. Las pequeñas plantas aún estaban en crecimiento. Pronto, cuando el verano y sus abundantes lluvias llegaran, los campos reverdecerían y las plantas crecerían. En el otoño, los campos serían de un hermoso color dorado y la cosecha empezaría, antes de que el frío invierno arrasara con las plantas. El atardecer comenzaba a caer y algunos de los aldeanos que quedaban terminaban las tareas de último momento. Kakashi se fijó en dos de ellos. Uno era de piel tostada por las largas horas de trabajo bajo el sol, alto y de cabello castaño recogido en una coleta. Vestido con una sencilla camisa blanca y un par de pantalones anchos de color crema, se podía apreciar un cuerpo firme, producto del trabajo en el campo. El otro campesino que lo acompañaba igualmente era de constitución alta, pero de piel pálida. Esperaba ver su rostro cuando el paso de un carruaje lo distrajo.

–Shizune llegó antes de lo esperado. –comentó Naruto, apurando el paso para ir a recibir a su madrastra.

–Ninguna mujer dejará a su hombre solo en manos de desconocidas si pueden evitarlo. –"Y claro, Shizune no es la excepción, jamás dejaría a merced de otras mujeres su cofre de oro personal" pensó Kakashi. Consideraba a Shizune una mujer frívola, interesada sólo en la opinión de los demás, pensamiento que se reafirmó al enterarse de las palabras dichas por esa mujer el día del compromiso de Naruto con Sasuke. Fingió una sonrisa y apuró también el paso para alcanzar a Naruto, al que consideraba como un hermano pequeño, para juntos recibir a la nueva Lady Shizune Namikaze.

Iruka levantó su mirada y utilizó su antebrazo para quitarse el sudor de la frente, dejando una marca de tierra. En poco tiempo terminarían de quitar la maleza que le impedía al trigo crecer adecuadamente. Ya era tarde y todavía debía de ir a recoger algunas manzanas para el pay que hornearía esa noche, para celebrar la llegada del nuevo trabajador. Miró de reojo al muchacho que lo acompañaba, el cual se encontraba secándose el sudor con el filo de su camisa de algodón, dejando al descubierto un abdomen plano y marcado. El chico en cuestión era el "nuevo" y según lo que había dicho, tenía experiencia en el trabajo del campo, pero Iruka no creía que la pálida piel del muchacho indicara una vida de trabajo en el campo. Su cabello largo y obscuro, atado en una coleta baja, estaba brillante y bien cuidado. Para Iruka, había algo que no cuadraba muy bien, sin embargo lo dejó pasar. El muchacho había trabajado bastante bien el primer día, no era remilgoso con la comida y fue puntual, se mostraba voluntarioso y trabajaba de manera rápida, sería un buen aporte al número reducido de jornaleros.

–Tu nombre es Neji, ¿cierto? –el muchacho lo miró con sus exóticos ojos color perla antes de asentir. –Necesito que termines de arrancar la maleza de esta sección. ¿Puedes encargarte de eso? Iré por unas cuantas manzanas para el pay que hornearé hoy.

–Por supuesto que sí, Iruka. Y una vez más, muchas gracias por esta oportunidad.

–No me lo agradezcas. El encargado de brindarte este trabajo fue Lord Madara, muéstrale tu gratitud a él trabajando duro.

–Así lo haré. –respondió con tranquilidad Neji. Las cosas eran bastante diferentes ahora, pero podía adaptarse con facilidad.

–Eso espero. –repuso Iruka con una sonrisa amable en su rostro. –¿No te habré visto por aquí antes? Tu rostro me parece muy familiar… aunque estoy seguro que recordaría unos ojos tan raros como los tuyos.

–Es la primera vez que vengo a Konoha. –mintió, desviando la mirada al par de hombres que se encontraban acercándose a la mansión.

–Por un momento me recordó a… –la mirada oscura de Iruka se perdió en las figuras de Kakashi y Naruto. Aún a la distancia podía notar que ambos hombres eran bastante atractivos, sin embargo, su atención fue totalmente robada por el hombre de cabellos grises. El color rojo de sus mejillas no fue fruto del ardiente sol. Neji agradeció la distracción. Seguramente el rubio que acababa de ver era Naruto, del que tanto le había hablado Hinata.

–¿A qué hora será la cena?

–¿Eh? ¡Ah, por supuesto… la cena! –la voz de Neji lo aterrizó en la realidad. Tal vez jamás volvería a ver a aquel hombre, los jornaleros tenían estrictamente prohibido acercarse al castillo. Si se debía tratar un asunto, lo hacían directamente con el viejo anciano del pueblo o, en casos especiales, con Obito o Madara, pero jamás podían buscarles dentro del palacio. Suspirando, enterró sus ganas de saber más junto a los últimos rayos del sol al notar la forma amistosa en la que Kakashi saludaba a la dama que acababa de bajarse del carruaje. "Seguramente será su novia o incluso, su prometida", pensó con tristeza. –Será a las ocho en punto, trata de ser puntual o de lo contrario no alcanzarás ración de pay.


–¡No puedo creerlo, Hinata! Es increíble. –exclamó Naruto. La cena había pasado con tranquilidad, a pesar de la ausencia del conde Sasuke. Ahora se encontraban tomando café en una pequeña sala de estar. El rubio se hallaba sentado en un gran sofá junto a Hinata, con la mano sobre el abultado vientre de ella, notando las suaves pataditas del bebé. Minato y Kakashi jugaban una partida de ajedrez mientras Shino observaba al par de amigos.

–Espera a tener los tuyos, Naruto. –susurró Hinata y rio bajito, estaba al tanto de la situación que vivía su hermanastro y Naruto, así como la razón de la ausencia de Sasuke en la cena.

–Para eso faltará un milagro… y un poco de tiempo, por supuesto. –contestó con una sonrisa divertida.

–Pues espero que no sea mucho tiempo. Los Uchiha necesitan pronto un heredero. Actualmente, sin un heredero legítimo, está en peligro la sucesión del clan. Si Sasuke muriera… –intervino desde su lugar Shino, pero fue interrumpido de inmediato.

–¡Que los dioses no lo permitan! –exclamó alterada la única mujer de la habitación. –Suficientes tragedias hemos tenido en los últimos años para siquiera pensar en una más.

–Eso no sería un problema, ¿o sí? –preguntó Kiba, que acababa de ingresar a la habitación. –Estoy seguro que estarías dispuesto a olvidar tu apellido en el nombre de tu hijo a favor del apellido Uchiha ¿me equivoco?

–Naturalmente, aunque sería un golpe a mi orgullo el dejar a mis hijos sin mi apellido a favor del apellido de mi esposa, pero si las circunstancias lo requirieran…

–Quiero suponer que el castillo de los Uchiha así como su título no tiene nada que ver en esto y sólo lo harías para no mortificar a Lady Mikoto. –repuso molesto Naruto, con un tono cargado de sarcasmo.

–Lo último que quiero es causarle angustia a Mikoto, que ha sido como una madre para mí. Sé lo mucho que a ella le preocupa la sucesión.

–¡Es suficiente, Shino! Sólo nos preocuparemos por eso si llegara a pasar, antes no tiene caso ni hablar del tema. –Hinata se puso de pie con dificultad. –Será mejor que me vaya a descansar, hoy fue un día muy agitado y el bebé no deja de moverse.

–Te acompañaré. –Aburame se despidió de todos con un seco "buenas noches" y abrió la puerta para que su esposa saliese primero. Hinata se preparaba para lo que venía. Seguramente su marido le recriminaría su actitud durante la discusión, pero daba gracias que estaba embarazada ya que Shino preferiría arrancarse la mano antes de ponérsela encima, amenazando con ello la seguridad de su heredero.

–Hinata, debemos hablar. –el tono frío no le auguraba nada bueno, pero ella se mantuvo erguida y continuó caminando por delante de su marido. Se detuvo sólo un segundo para asentir y continuar caminando rumbo a su habitación. Estaba por subir el primer escalón que la conduciría a la parte superior cuando sintió el fuerte tirón en su brazo, justo un par de centímetros por arriba del codo. Shino solía tener la mala costumbre de siempre atenazarla del mismo sitio, dejando al día siguiente un par de moretones simétricos en ambos brazos. Y sabía, por ese simple hecho, que el hombre estaba furioso. –No me gustó para nada la manera en que me pusiste en ridículo delante de todos, Hinata.

–No era mi intención. Sólo trataba de disimular tu interés por el título y el castillo de mi hermano Sasuke, algo que, por cierto, no se te da muy bien ocultar.

–¡Escúchame bien, Hinata! Sabes perfectamente lo que debería hacer. –la violenta mano de Shino se alzó furiosa directo a su rostro y ella cerró los ojos por reflejo, llevando ambas manos a su abultado vientre para proteger al bebé, preparándose para el golpe. La bofetada tardaba en llegar, así que abrió un ojo, temerosa. La mano de Shino se encontraba congelada en el aire y sólo la miraba con expresión rabiosa. –Da gracias a los dioses que llevas a mi hijo en tu vientre.

–¿Me ibas a golpear otra vez, Shino?

–No te comportaste de la manera correcta, cariño. –el ruido de unos pasos alertó a ambos. –Terminaremos de discutir esto en nuestra habitación. Sube.

Hinata alzó un poco su falda para comenzar a subir las escaleras. Miró de reojo la figura que se acercaba y dejó escapar un suspiro de alivio. Su hermanastro Sasuke se aproximaba rápidamente al mismo lugar. El conde frunció el ceño y miró a los dos, sin embargo fue Shino quien rompió el silencio.

–Buenas noches, Sasuke. Hinata y yo nos retirábamos a descansar.

Sasuke carraspeó y clavó sus oscuros orbes en los ojos claros de Hinata. Pudo notar el semblante pálido y asustado de ella, así que examinó a Shino. Él continuaba sujetándola del brazo con una fuerza notable. Aquello no le gustaba para nada.

–Shino, he conseguido un par de cigarros extranjeros, dicen los aldeanos que son de la mejor calidad. ¿Me acompañarías al despacho? El humo no sería nada bueno para Hinata ni para el bebé.

El aludido no tuvo más remedio que aceptar, no le convenía enemistarse con su cuñado. Soltó a Hinata, quien miró agradecida y con una sonrisa a su hermanastro antes de perderse en lo alto de la escalinata. Shino siguió en silencio a Sasuke a través de los pasillos hasta llegar a su despacho. Con aire ceremonioso el conde empujó la pesada puerta de roble y dejó pasar primero al Aburame. Cerró la puerta detrás de sí, dirigiéndose hasta su escritorio. Shino se quedó de pie, al lado de una de las viejas sillas mientras Sasuke hurgaba entre algunos cajones, buscando su pitillera. Cuando al fin la encontró, le ofreció uno a su invitado y el propio conde tomó una de las velas del escritorio para ayudarle a encender el cigarro. Shino dio unas caladas y soltó el humo lentamente.

–¿No fumas? –preguntó al ver a Sasuke mirándolo seriamente.

–Esta noche no. –el moreno apagó de un soplido las velas, quedándose completamente a oscuras. –¿Sabes algo? Nunca aprobé tu matrimonio con mi hermana, pero tuve que aceptarlo, así que lo mínimo que puedes hacer por mí es tratar correctamente a Hinata… aunque creo que ya habíamos tenido una conversación al respecto, considero adecuado refrescarte la memoria de que mi advertencia sigue en pie. ¿Quedó claro?

Shino no podía ver nada en la oscuridad, pero el empujón que recibió cuando Sasuke pasó a un lado suyo, sabía que no era accidental ni provocado por la negrura del lugar. El azabache se retiró con pasos tranquilos, conocía el despacho como la palma de su mano, por lo que no tuvo problemas en encontrar la salida. Cerró la puerta tras de sí y buscó un objeto que le ayudara en su plan. Encontró una silla y con ella atrancó la puerta. Al menos esa noche su hermana dormiría tranquila.

Llegó a su habitación y llamó a uno de los sirvientes para ayudarlo a prepararse para dormir. Cuando se retiraron, no pudo evitar acercarse a la puerta que comunicaba su habitación con la de Naruto. La puerta continuaba con seguro. Chasqueó la lengua, molesto y recordó un par de bocetos que había dibujado durante su salida. Había pasado la tarde en las ruinas de la abadía, tratando de que el silencio del lugar le ayudara a aclarar su mente y recordando lo bien que se sentía dibujar. No pudo evitarlo, había tomado un par de carboncillos y papel antes de abandonar el palacio. En medio de aquel silencio y sentado en una roca, tomó aire y se dispuso a dibujar el paisaje frente a él, sin embargo, sus dedos se negaban a plasmar en el papel lo que él veía. En cambio, un rostro sonriente llegó a su mente y sus dedos comenzaron a moverse como por arte de magia. Podía recordar a la perfección el azul de sus ojos, el dorado de sus cabellos, la suave curva de sus labios, la suavidad de su rostro… los rayones comenzaron a tomar forma y en poco tiempo, tuvo frente a él un boceto inicial de su esposo. Al mirarlo, notó que aún le faltaba algo, así que cerró sus ojos para concentrarse en su rostro con más cuidado. Cuando creía haber captado todos los detalles, volvió a intentarlo, pero obtuvo el mismo resultado. Al boceto le faltaba algo y no sabía lo que era. Siguió intentándolo hasta que los rayos del sol comenzaron a ocultarse y el papel se terminó. Se dio cuenta de lo ridículo que era estar ahí, dibujando el rostro de alguien a quien decía detestar, sentado sobre unas ruinas en medio de la nada, acompañado sólo por el gorjeo de algunos pájaros y la suavidad del viento en sus cabellos. Se llevó las manos al cabello, desesperado y arrugó cada uno de los bocetos, lanzándolos lejos.

–¡Arg, Naruto! ¿Qué demonios nos pasa? –pasó las manos por su rostro, tomando grandes bocanadas de aire para tranquilizarse. –¿Qué demonios me pasa?

Observó por un momento las bolitas de papel que destacaban sobre el verdor del pasto. No podía simplemente dejarlas ahí. Se puso de pie y las guardó en el bolsillo interior de su chaqueta. Cuando llegara al palacio, se encargaría de tirarlas al fuego.

Y ahora, recostado en su cama, miraba de nuevo los bocetos. Sabía que algo les hacía falta, pero no podía recordar qué. Tal vez hacía falta el brillante azul de los ojos, con el carboncillo no podía capturar ese brillo especial en ellos. Se sentó de golpe ¡eso era! Había algo en los ojos de Naruto que no podía recordar. Ese brillo especial de idiota cada vez que lo miraba... Con un nuevo plan en mente, arrugó de nuevo los bocetos y los arrojó al cesto de desechos, algunos cayeron dentro y otros quedaron en los alrededores. Hubiese preferido incinerarlos, pero los sirvientes serían acusados de locos si se les ocurriera encender la chimenea en plena noche de primavera.


–¡Buenos días, Hinata! –saludó Naruto al recibir a su cuñada a la mañana siguiente en el comedor. –¡Buenos días, sobrino favorito! –susurró al vientre abultado de ella, ya era costumbre para él saludar al "pequeñín", como había tomado costumbre llamar al bebé.

–Buen día, Naruto. –Hinata tomó asiento en su lugar y se sorprendió al encontrar solamente su plato dispuesto. –¿Y los demás?

–Veamos… Sasuke, mi padre, Kakashi y yo desayunamos temprano ya que iremos a la parte norte de la propiedad a explorarla. –se sentó junto a Hinata. –Kiba mencionó algo de ir a saludar a unos viejos conocidos en el pueblo, así que es probable que no vuelva hasta tarde. Ino y Shizune están en sus habitaciones, creo que mi madrastra aún se encuentra enferma de los nervios. Y Shino…. Bueno, a él no lo hemos visto en toda la mañana, pensé que estaría contigo.

–No, él no volvió ayer por la noche. –recordó y le restó importancia al asunto de inmediato. –Seguramente salió a mandar algunas cartas a sus empleados.

–Es probable. –concordó con ella el rubio. –Bueno, creo que es momento de retirarme. Sasuke y mi padre están en las caballerizas escogiendo algunas yeguas para nuestro viaje.

–¿Alguien más los acompañará? En un terreno muy peligroso, según tengo entendido.

–Creo que Sasuke dijo algo de invitar a Obito. –Naruto hizo una mueca de disgusto. –Ese sujeto no me cae nada bien.

Hinata rio por lo bajo y se llevó la servilleta a los labios. –Es un buen tipo, con el tiempo te darás cuenta de ello. Solíamos jugar Sasuke, Itachi, Obito y yo a los mosqueteros. Sasuke siempre pedía ser D'Artagnan. Obito tal vez siente cierta antipatía por ti ya que viniste a usurpar su lugar.

–Quizá, pero de cualquier manera, lo detesto. –se puso de pie y revolvió cariñosamente la cabellera de su cuñada. –Cuídate mucho y cuida a mi sobrino. Si ocurre algo llama a Shizune, estoy seguro que dejará sus achaques psicológicos de lado si necesitas ayuda.

–Gracias Naruto. Ustedes también tengan mucho cuidado.

El rubio cruzó el enorme recibidor directo hacia la puerta principal cuando esta se abrió de golpe. Sasuke entró trotando y buscando algo con la mirada.

–Dobe, ¿no has visto mi pipa?

–¡Ni se te ocurra que irás fumando en el camino! –gruñó Naruto, poniendo ambas manos en la cadera y mirándolo con reproche. –El humo le hace daño al bebé.

–Para que "le hiciera daño al bebé", primero tendría que haber uno, usuratonkachi y, antes de eso tendríamos que haber follado como conejos toda una maldita noche. –replicó con sarcasmo. –Ahora, ¿has visto mi maldita pipa? Las montañas es un lugar sumamente agradable y quisiera fumar un poco de tabaco en la tranquilidad del bosque.

–La última vez que la utilizaste estaba en tu despacho. –contestó, recordando el día que le entregó el material de dibujo. –¿No la dejaste ahí?

–Tal vez, pero ayer por la noche…

–No creo que esté en tu habitación. Yo me hubiese dado cuenta por el olor del tabaco. –suspiró. –Bien, yo iré a buscarla al despacho y tú echa un vistazo en tu habitación.

–¡No! –respondió de inmediato Sasuke al recordar que Shino seguramente continuaba encerrado ahí. –Yo iré al despacho y tú ve a mi habitación.

Naruto obedeció, pero ello no le impidió quejarse por lo bajo mientras buscaba en la habitación de su esposo.

–"¿Dónde está mi pipa, Naruto?" Como si no pudiera buscarla él. Podría no fumar nada pero "es un lugar sumamente agradable" ¡Agradables mis polainas! –refunfuñaba a gatas sobre la alfombra, buscando debajo de la cama. –Pues aquí no está. Va siendo hora que el conde se quede sin su amada pipa. –observó a su alrededor, dispuesto a darse por vencido cuando los papeles fuera del cesto llamaron su atención. Se acercó a ellos y descubrió el boceto de su rostro en todos ellos.

–No puede ser…. –era como mirarse en un espejo. A pesar de sólo utilizar carboncillo, Sasuke había logrado recrear a la perfección los rasgos más destacados de su rostro. –Es… increíble. –una sonrisa iluminó su cara. Su lucha comenzaba a dar resultados, su marido volvía a pintar, un poco más y podría tenerlo justo donde quería. Tomó la mayor parte de los papeles y corrió a esconderlos en su habitación antes de volver escaleras abajo a encontrarse con el grupo y partir hacia el norte.

En el comedor, Hinata tomó su desayuno en silencio. No había que hacer ese día más que esperar a que Naruto volviera de su viaje al norte. Odiaba quedarse sola, pero lo prefería antes de pasar el día con el odioso de su marido. Se puso de pie y salió a las caballerizas, pensando que quizá podría despedirse de su hermanastro antes de que partiera. Al llegar al lugar era demasiado tarde, se encontraba vacío. Uno de los caballos relinchó y ella se acercó al corral. El animal de inmediato se arrimó, buscando con su húmedo hocico la mano de la mujer. Ella lo acarició y sonrió.

–¿Aún recuerdas a Murasaki (2), Lady Aburame?

Hinata se giró sobresaltada, relajándose al instante al reconocer a Madara.

–Buenos días, tío Madara. Sí, aún la recuerdo. –contestó con melancolía. Murasaki había sido su primer y única yegua, con ella había aprendido a montar y había recorrido Konoha durante su niñez. –Hace tanto tiempo que falleció…

–Debo admitir que era un ejemplar único, un gran regalo de parte de Lord Fugaku. –Madara hizo gala de su buena memoria. –Pero no todo está perdido, mi Lady. Ella dejó descendencia. Actualmente, tenemos un gran corcel que fue engendrado por ella. Sin embargo, es casi indomable. Aún no ha habido jinete que pueda montarlo.

–¿Es eso cierto?

–No suelen llamarme mentiroso, mi Lady. ¿Le gustaría conocerlo?

Hinata asintió y siguió al hombre a través de estrechos pasillos entre las caballerizas hasta llegar a un cuarto alejado de los demás. Madara buscó en sus llaves la que abriría la portezuela superior. Al hacerlo, de inmediato se acercó un enorme caballo negro, que relinchó y elevó sus patas delanteras, asustando en el proceso a la mujer.

–¡Hey, tranquilo compañero! –con mucha seguridad Madara acercó su mano hacia el indomable corcel intentando tranquilizarlo, pero el animal continuaba relinchando. –Como vez, es un auténtico purasangre. Murasaki era una yegua inglesa que fue cruzada con un semental traído directamente desde el Medio Oriente. Pero… –Madara forcejeó un poco con el caballo para tomarlo de la crin y después tomó las riendas, ante lo cual el caballo fue forzado a mantenerse quieto. –… este chico es muy especial. Nos cuesta trabajo incluso alimentarlo, no se hable de bañarlo.

Lady Aburame observó al animal que ahora se encontraba quieto muy a su disgusto. El color negro era completamente impresionante. Las crines, largas y enredadas, también eran de un negro intenso.

–Es precioso. –con lentitud, acercó su mano al hocico del animal para que la viera y no la reconociera como una amenaza.

–Mi Lady, tenga mucho cuidado.

–Está bien, tío Madara. ¿Cómo se llama?

–Riki (3). O al menos ese es el nombre que Obito ha pensado para él.

–Es un nombre perfecto. Hola Riki –después de que el caballo olfateó la mano que Hinata le ofrecía, movió suavemente su enorme cabeza para buscar el contacto de ella con su hocico. –¿Cómo has estado? Te ves un poco cansado. –Hinata continuó acariciándolo a medida que el caballo lo permitía. Con la mano libre, lentamente tomó las riendas que Madara tenía bajo su poder. –¿Está en esta caballeriza solo?

–Así es mi Lady. No se llevaba muy bien con los demás.

–¿Sabes por qué es tan terco? –comentó sonriendo. El caballo había dejado de relinchar y buscaba más el contacto con la cálida mujer. –Porque tiene sueño. Los caballos suelen dormir en pequeños grupos para que uno de ellos se quede despierto y vigile al resto, llamándolos cuando advierte peligro. Quizá sería conveniente meter a otro caballo aquí, para que puedan turnarse y dormir un poco. Estoy segura que con ello controlaremos un poco mejor su mal humor.

Madara se quedó sorprendido por las palabras de Hinata. Sabía que la mujer era una amante de los caballos, pero no sabía que sus conocimientos llegaran a tanto. Incluso el caballo parecía tranquilo en su presencia. Había escuchado que algunas personas tenían un don especial para los caballos, pero desconocía que Lady Aburame fuera una de ellas.

–También tiene sed.

–Dado su carácter es un poco difícil alimentarlo y darle de beber. Tenemos que hacerlo cuando creemos que está dormido.

–Si no estuviera embarazada, sería un placer para mí entrenarlo.

–¡No lo piense, Lady! Entrenar a este caballo no es tan simple como parece.

–¿Y por qué no? Parece que nos llevamos bien. –señaló lo evidente. –Pero supongo que eso es trabajo de hombres ¿no es así?

–Exactamente, mi Lady. –un apresurado campesino se hizo presente frente a Madara.

–Mi Lord, han llegado los aldeanos del pueblo vecino para negociar el asunto de la venta de trigo.

–Iré en un momento. –se dirigió a Hinata. –Mi Lady, tengo que retirarme. En un momento vendrá un mozo a darle de comer al caballo. Le recomendaría que se aleje del animal mientras no esté alguien presente que pueda defenderla.

–Gracias tío. Estaré bien. Me iré en cuanto llegue el mozo.

Madara se despidió con un leve asentimiento y caminó junto al campesino hasta su oficina. Cuando Hinata se quedó sola, buscó un terrón de azúcar para ofrecerle al caballo.

–Riki… que lindo nombre. Supongo que te sienta a la perfección. –Riki devoró en un instante el azúcar y permitió que Hinata le retirara las crines de los ojos, descubriendo un par de enormes orbes almendradas. –En cuanto nazca mi bebé, ten por seguro que te sacaré a pasear. Estar encerrado aquí debe ser horrible, sobre todo porque nadie puede comprenderte ¿verdad?

No sabía cuánto tiempo había pasado, pero a juzgar por la lenta respiración del corcel, debía de haberse quedado dormido. Retiró su mano con cuidado y giró al escuchar una puerta abrirse.

–¿Hinata?

–¿Ne-Neji? ¡Neji! –chilló con emoción y se lanzó a los amados brazos. Neji dejó caer el heno para recibirla con los brazos abiertos. –¡Oh por los dioses! –se aferró a él en un desesperado abrazo. Ocultó su rostro entre el hombro y el cuello de su primo y éste la levantó en el aire.

–Hinata, amor mío. Pensé que pasaría más tiempo antes de volver a verte. –escuchó lo sollozos de alegría de ella y se aferró aún más al abrazo. Él enterró sus grandes manos en los suaves cabellos azabaches, despeinándola en el proceso. –No llores, mi amor. Sabes que me destroza escucharte llorar.

–Neji… –a pesar de la alegría se forzó a separarse de él para encararlo. –¿Qué haces aquí? Si alguien te descubre…

–No soportaba la idea de estar separado de ti. Te seguí hasta aquí y le pedí trabajo a Madara.

–¡Es muy peligroso! ¿Y si alguien te reconociera?

–Los únicos que me pueden reconocer son Sasuke y tú. Y por supuesto, Itachi y Lady Mikoto, pero sé que ella no vendrá. Además, mi lugar de trabajo y mi hogar se encuentran tan lejos del castillo que es probable pasar toda una vida sin ser advertidos por los habitantes del palacio.

–Neji, de verdad no puedo creer que estés aquí. –repetía sin creerlo. Acarició con sus palmas las mejillas de él para asegurarse que aquello no fuese una mala jugada de su mente. Fundió sus labios con los contrarios en un beso húmedo y demandante. El vientre le impedía juntar sus cuerpos de una manera más íntima, pero aquel contacto bastaba para acelerar en ella hasta la última gota de sangre. Cada beso con Neji era como si fuese el primero, le dejaba una curiosa sensación de hormigueo debajo de la piel y su cerebro se embotaba.

–Hinata, tengo el plan perfecto. Nos iremos en cuanto el bebé nazca. Estoy seguro que nadie espera que te levantes justo después del nacimiento del niño. Robaremos un caballo y huiremos lejos de… –los besos de ella le impidieron continuar explicándole el plan. El tiempo se detuvo para los dos, pero su burbuja de romanticismo se rompió al escuchar los intentos de alguien por abrir una de las puertas.

–¡Maldición! Está cerrada. –Hinata reconoció la voz de su esposo. No tardaría mucho en rodear las caballerizas y entrar por otra puerta.

–¡Es Shino! Por todos los dioses Neji, tienes que irte. –susurró asustada. Si Shino la encontraba allí con otro hombre sería capaz de… –¡Te veré después! Pero por ahora necesito que te marches, por favor cariño.

–Escúchame bien, Hinata. –no pudo evitar el depositar un rápido beso en los labios de su amada. –Deja abierta la puerta de tu balcón esta noche. Iré sin importar qué.

–¡¿Pero cómo?!

–Ya me las arreglaré. Intenta que Shino duerma en otra habitación. –volvió a besarla.

–De acuerdo, lo haré. –prometió. Las pisadas de Shino estaban muy cerca. –Ahora vete, mi amor. ¡Vete ya!

–Te amo, no lo olvides.

–Yo también te amo. –un último abrazo y un beso fue su despedida. Neji corrió y tomó los montones de heno olvidados y salió por la puerta contraria justo a tiempo.

Shino entró y examinó el lugar. Su esposa se hallaba en el fondo del sitio, junto a un impresionante caballo negro. Se acercó a ella mientras Hinata intentaba acomodar su ropa y su cabello, sin embargo su esposo lo notó.

–¿Con quién estabas?

–Bueno Shino… ahora sí te has vuelto paranoico. Mira a tu alrededor, sólo están los caballos y yo. –Hinata extendió las manos queriendo señalar la soledad del lugar.

–A mí no me vienes con mentiras. ¿Con quién estabas revolcándote? –la sujetó por la misma parte de la noche anterior y Hinata siseó de dolor. –¡Dímelo!

–¿Ves a alguien aquí? ¡Por todos los dioses Shino, me haces daño y el bebé lo resentirá!

–¡Dímelo! –rugió nuevamente y esta vez, deslizó su nariz por toda la extensión del blanco cuello de ella, reconociendo un olor a heno fresco que no había notado antes. –Si me estás engañando, juro que…

–Si me vas a golpear, hazlo… pero recuerda que el médico... –pronto se vio tendida en el suelo, con un lacerante dolor en su mejilla y en parte de su nariz. Se llevó una mano al rostro y observó sin sorpresa el brillo de la sangre en su palma. Tomó aire y se puso de pie.

–Te odio, Shino… ¡te detesto! Desearía que todos se enteraran de lo que haces.

–Eso no es novedad, Hinata. Todos los maridos tienen derecho a poner en su lugar a su mujer cuando se vuelven unas pequeñas zorras malagradecidas, como tú.

–¡Te detesto, maldito bastardo! –cerró sus puños y golpeó repetidamente el pecho de su marido, sin provocarle verdadero daño. –¡Te odio, te odio, te odio! Me voy a ir, te juro que me largaré y te dejaré solo en tu maldita y aborrecible mansión.

–¿Con qué dinero, querida? Y peor aún ¿sabes el castigo al que se someten las mujerzuelas que abandonan a sus maridos? –Shino detuvo ambos puños con sus propias manos y Hinata clavó sus ojos en los contrarios.

–No habrá ningún castigo si logro divorciarme de ti.

–¿Estás loca, pequeña zorra? ¿Quieres dejarme para irte con tu amante? –con poca fuerza la empujó lejos de su cuerpo. –¿Quieres preocupar a Lady Mikoto con un escándalo de ese tipo? –él sabía el miedo que Hinata tenía a provocar un escándalo y eso frenaría sus ideas.

–¡No me importa, Shino! ¡Me importan un bledo tú, Mikoto y toda esta maldita sociedad!

El Aburame no podía creerlo, pero le bastó mirar la determinación en los ojos de Hinata para darse cuenta que ella estaba decidida. De ninguna manera podía permitir que Hinata se fuera, llevándose con ella la posibilidad de un título nobiliario digno de un Aburame. Miró a su alrededor y encontró una fusta de cuero cerca. La tomó entre sus manos y su esposa lo miró con los ojos desorbitados.

–No… no te atreverías… Shi-Shino, por favor… no pienses en mí, piensa en el bebé. –balbuceaba, retrocediendo lentamente e intentando hacerlo razonar. –Por favor… sé que te ofendí y estoy dispuesta a pedirte una disculpa pero… por favor, Shino… –sollozó, estaba aterrada. –No, por favor…

–Prométeme que no te irás jamás de mi lado.

–Shino, yo… –golpeó con fuerza uno de los establos y ella brincó sobresaltada. –Shino, escúchame… nuestro matrimonio no… –ella pudo ver en cámara lenta cuando Shino levantó la fusta para golpearla. Alcanzó a esquivarla y comenzó a correr. Sin embargo, el vestido se enredaba en sus zapatos y la paja que cubría el suelo del establo impedían su escape. El segundo golpe dio de lleno en su costado derecho y parte de su pierna lo cual le hizo perder el equilibrio y caer justo sobre su abdomen. El aire se le escapó y la vista comenzó a nublársele antes de recibir el tercer golpe que aterrizó justo en medio de la espalda.

–¡Detente!

Hinata luchó contra el sopor que amenazó con invadirla y la parte consiente de su ser le obligó a revisar el líquido tibio que escurría entre sus piernas. Un segundo bastó para darse cuenta que sangraba abundantemente. Miró con reproche a Shino, quien clavó su mirada oscura en el charco de sangre que comenzaba a formarse. Dejó caer la fusta. Un rayo moreno se arrodilló de inmediato al lado de la mujer y otro rayo pálido lo tomó con fuerza del cuello, mandándolo a volar a un establo.

–Mi bebé… ayúdeme… no quiero perderlo, es muy pequeñito... de verdad lo quiero… –Hinata, sollozando, se aferraba a la camisa del hombre que la ayudaba. El rostro moreno sonrió y le retiró el cabello de la cara.

–Tranquila mi niña, trata de respirar profundo y, por todos los dioses, no te quedes dormida. –Iruka miraba con preocupación la palidez que el rostro de ella comenzaba a adquirir. Observó de reojo al otro sujeto y le dijo: –Puedes darle una paliza al tipo después, pero ahora es necesario que llames de inmediato a la comadrona, Neji. Creo que el parto se le ha adelantado.


–Tenías razón, teme. Es un lugar muy hermoso. –comentó Naruto mientras cabalgaba sobre una vieja pero confiable yegua color caramelo. El paisaje a su alrededor era arrebatador. Montaban a paso lento en fila india por lo estrecho del camino.

En primer lugar los guiaba Obito, siguiéndolo de cerca Kakashi y Minato quienes habían decidido dejarle un poco de espacio a la parejita, que se encontraba un par de metros atrás. Sasuke insistía en mantenerse en silencio, fingiendo ignorar a su rubio esposo, sin embargo prestaba atención a cada una de las palabras.

–¿Alguna vez me equivoco, usuratonkachi?

–No seas tan arrogante, bastardo.

El angosto camino tenía lugar en un risco. Contaba con apenas una anchura suficiente para permitir tranquilamente el paso de un caballo, quizá dos de viajar uno muy cerca del otro. Del lado derecho se encontraba una alta pared de roca que arrojaba pequeñas piedras de vez en cuando y, a su izquierda, los acompañaba un pequeño acantilado en cuyo fondo podía observarse un riachuelo que serpenteaba tranquilamente. Más allá del risco existía un gran bosque en todo su esplendor y, muchas millas después, las famosas montañas de las que Sasuke le había hablado.

–¿A dónde nos llevará este camino?

–Bajaremos hasta el nacimiento del río. Ten cuidado, llevamos mucho tiempo sin lluvia y el camino de roca suelta puede ser peligroso.

–Tonterías… –replicó el rubio y espoleó a la yegua para acelerar el paso en tanto que Sasuke lo miraba con reproche.

–No vayas tan rápido, Naruto. –advirtió Minato. –Puedes provocar un accidente. Recuerda que no ha pasado mucho tiempo desde tu caída.

–Papá, estoy bien… –respondió con tono de fastidio. –Se preocupan demasiado por mí, ya no soy un niño pequeño.

–Pues te comportas como uno.

–¡Nadie preguntó tu opinión, teme! –le reclamó a Sasuke y alzando uno de sus puños como amenaza, perdió el equilibrio. Sasuke, a paso veloz, tomó a tiempo las riendas de la yegua para evitar la caída, quedando muy cerca de Naruto. El rubio se quedó embelesado por el atractivo rostro del conde. Afortunadamente los mayores se habían adelantado lo suficiente para no ver la escena, bastantes reclamos por sus recientes descuidos tenía de parte de su padre como para agregar otro más a la lista. Los negros ojos de Sasuke se clavaron en los ansiosos labios del rubio y justo cuando cerró los ojos para prepararse a recibir la boca del contrario, un viento frío lo trajo de vuelta a la realidad. Sasuke jaló las manos de su esposo para depositar en ellas las riendas y continuar su cabalgata por el risco.

–No te distraigas, perdedor. –le advirtió con fría voz, sin embargo Naruto sabía que detrás de ese semblante, existía una pizca de preocupación. Con ánimos renovados, continuó avanzando en silencio.

Un par de horas más tarde, y después de sortear algunos obstáculos en el camino, llegaron al final. El grupo de hombres, doncel incluido, se encontró con el río de cristalinas aguas y fondo rocoso. Naruto bajó de inmediato de la yegua junto con los demás. El agua cristalina del río dejaba ver el rocoso fondo y algunos pececillos. Kakashi y Minato se sentaron a la sombra de un viejo árbol, el desacostumbrado esfuerzo de montar a caballo los había dejado agotados. El menor de los rubios, en cambio, se quitó de inmediato los zapatos y se subió las calzas hasta arriba de la rodilla para meterse al río a refrescar. Sasuke observaba al rubio desde la orilla mientras Obito se había adentrado al bosque a visitar a su tío Danzo.

–Nee, Sasuke. –le llamó Naruto con el agua a media pantorrilla y señaló una pequeña cabaña en medio del bosque. –¿Qué es eso de allá?

–Es la cabaña de Danzo Shimura, un viejo amigo de Madara.

–Es el tío que Obito va a visitar, ¿no?

–Así es. La hermana de Danzo fue madre de Obito y esposa de Madara. Ahora vive aquí, alejado de todos, pero tanto Obito como Madara procuran visitarlo con relativa frecuencia.

–¡Vaya! ¿Y dónde vive Itachi?

–Hacia el este, a un par de días a caballo. –Sasuke frunció el ceño al recordar que cuando Naruto conoció por primera vez a su hermano, había resaltado el claro atractivo del antiguo conde. –Vive con Deidara.

–Sí, algo me había comentado Hinata respecto a eso. –Naruto continúo caminando por el río al notar el tono frío con el que Sasuke le había respondido. Supuso que recordar a su hermano Itachi le hacía evocar ciertas memorias dolorosas, por lo que decidió cambiar de tema. –¿Por qué eligieron el nombre de Madara para tu tío? Es algo… perturbador… llamar a tu hijo como el antepasado que trajo la desgracia a tu familia.

–Supongo que mi abuelo tenía un sentido del humor retorcido. –se aseguró que Naruto estuviera seguro correteando en el agua antes de sacar su pipa y dejarse caer a la orilla para disfrutar su tan esperado tabaco. El rubio correteaba como un niño en el río tratando, infructuosamente, de atrapar algunos peces con sus manos. Se abofeteó mentalmente al notar la sonrisa en su rostro. Un Uchiha no sonreía y mucho menos por un sensual rubio con aire de inocencia, por mucho que este fuera tu esposo.

Naruto se alejó de la orilla. El río no era muy profundo ya que, un par de metros alejado de él, se hallaba una gran pared de rocas desde donde al parecer emergía el manantial que alimentaba el riachuelo. Se acercó más al nacimiento ya que observó una pequeña roca que llamó su atención. Remangándose, se inclinó para tomar la piedra color verdoso. Al sacarla, la limpió con la orilla de su camisa y después la miró a contraluz, intentando descubrir su valor.

–¿Qué tanto miras, dobe? –el rubio volteó con una sonrisa iluminando su rostro y Sasuke se sorprendió por ello. Aún no podía entender cómo era que las cosas más simples podían sacar una hermosa sonrisa como esa de su esposo. Suspiró y se puso de pie, acercándose a la orilla. –¿Al fin encontraste tu cerebro?

–Teme, eres un completo bastardo. –la sonrisa de inocencia se tornó maléfica. –Tal vez necesitas refrescarte un poco.

El rubio tomó una de las muñecas del conde y lo arrastró al agua, cayéndose en el acto. Sasuke se recobró de inmediato y buscó rápidamente a Naruto, quien lo miraba aún desde el fondo del río, señalándolo y carcajeándose, el agua apenas cubriéndole un par de centímetros por encima de la cintura. Sasuke maldijo en voz alta, con su pipa arruinada por el momento.

–¡Usuratonkachi!

–¡Oh, vamos, Sasuke! ¿No es divertido?

–¡Estoy empapado por tu culpa, idiota! –replicó molesto, quitándose la chaqueta para exprimirla. –No sé en qué parte de tu retorcida mente consideras que es divertido montar totalmente empapado.

–Necesitas relajarte. –explicó Naruto, poniéndose de pie. –Además, encontré algo que te hará feliz. Mira. –abrió la mano para mostrarle la piedra verde. –Estoy casi seguro que se trata de una esmeralda.

–Debe ser un golpe de suerte. –el conde tomó la piedra, observándola con ojo crítico e intentando identificar aquellas características que Naruto veía en ella. –Se ve como una piedra común y corriente.

–Bueno, entonces se parece a ti. –Sasuke parpadeó perplejo. –Por fuera te ves de una manera, pero quienes te conocen saben cómo eres en realidad.

–No digas tonterías, dobe. –le devolvió el objeto. –Iré a buscar a Obito, será mejor que volvamos.

–¡Pero, teme…!

–Dije "vámonos" –contestó con autoridad, dejando a Naruto congelado en la orilla.

–Sasuke… –susurró Naruto. El alarmante crujido de las rocas lo puso sobre alerta, sin embargo, el conde no lo notó. Naruto miró hacia la fuente del sonido justo antes de descubrir que una de las rocas más grandes comenzaba a desprenderse peligrosamente. –¡Teme! –gritó. En la orilla Kakashi y Minato se pararon de inmediato.

–¡Cuidado!

Ambos estaban en medio de la trayectoria. Mientras Sasuke se quedaba congelado en el lugar, Naruto actuó rápido, jaló al moreno tomándolo de las solapas y atrayéndolo hacia su cuerpo. La enorme roca cayó haciendo con un estrepitoso sonido y salpicando de agua a los mayores. Obito corría cuesta abajo preguntando a gritos lo que había ocurrido.

–¡Naruto! –Kakashi y Minato, olvidándose de sus prendas, se internaron en el río para descubrir lo que sucedía al otro lado de la roca.

Sasuke se incorporó al notar que estaba sobre el suave y cálido cuerpo de su esposo. Se retiró el flequillo del rostro antes de darse cuenta que el rubio continuaba completamente sumergido en el agua, la cual comenzaba a teñirse de un alarmante tinte rojo. Sacó de inmediato a Naruto, el cual tosía arrojando el agua que había tragado.

–Dobe… ¡dobe! –lo tomó entre sus brazos para llevarlo a la orilla, acompañado de un par de preocupados familiares. –Idiota, si esto es una broma juro que te mato. –susurraba en el oído.

–Sasuke, ¿están bien? –preguntó Obito, acomodando su chaqueta sobre la arena para recibir al rubio.

–No lo sé, no me responde. –Minato intercambió una mirada con Kakashi y suspiró. Ocultó su sonrisa y se forzó por parecer preocupado.

–Sasuke, creo que no está respirando. –añadió con drama Kakashi.

El conde depositó con suavidad el cuerpo de Naruto y colocó su cabeza en el pecho para escuchar el corazón del rubio.

–Necesita respiración de boca a boca. –sugirió de nuevo Hatake, agradeciendo que la bufanda ocultara a la perfección su sonrisa.

El moreno no lo pensó dos veces. Arrodillado junto a Naruto, colocó sus labios sobre los contrarios y tomó aire por la nariz, antes de resoplar fuertemente. Intentó separarse sobresaltado al notar una fuerza en su nuca y un extraño invasor en su boca. Abrió los ojos sólo para encontrarse con un rubio muy despierto que lo besaba apasionadamente.

–¡Naruto! –exclamó sorprendido Obito al ver tan bochornoso espectáculo.

Kakashi y Minato aguantaron la risa. Naruto estaba bien, con excepción del pequeño corte en la ceja derecha del cual manaba un pequeño río de sangre.

–¡Pero…! ¿Qué… demonios…? ¿Qué piensas que haces, Naruto? –cuando Sasuke se liberó del beso cayó hacia atrás, mirando entre sorprendido, asustado y aliviado a su esposo, con la respiración entrecortada. –Pensé que… ¡pensé que estabas muerto o algo! ¡Te dije que si era una broma…!

–Lo sé, lo sé… ¡pero me estabas asfixiando con tus brazos, teme! Y créeme que no lo digo en el sentido romántico. –replicó el rubio, sentándose y cruzando los brazos. –Cada vez que estamos en el agua actúas de manera exagerada, intentas hacerte el valiente… ¿tanto miedo le tienes al agua, bastardo?

–No le tengo miedo… –contestó, incorporándose.

–¿Y entonces por qué actúas de esa manera?

Sasuke miró a su alrededor y se encontró con tres pares de ojos que lo miraban con bastante interés. Sacudió sus ropas para quitarse el polvo, considerando que sería mejor despojarse, al menos, de la chaqueta y las botas mojadas.

–Yo… una vez… alguien que conocía murió ahogado. –reveló mientras se quitaba la chaqueta, evitando hacer contacto visual con el grupo.

Naruto lo miró fijamente, recordando a aquella mujer llamada Tsunade que lo había visitado días antes de la boda. Las cosas que le había dicho concordaban con lo que ahora revelaba el Uchiha. Todos estaban tan asombrados por la noticia que no prestaron atención al golpeteo que se acercaba cada vez más. Madara Uchiha no esperó a que su caballo se detuviese y bajó de un salto en plena carrera. Lucía cansado y agitado.

–¡Sasuke! Es… importante…

–¿Ha sucedido algo? –preguntó Obito.

–Es… la señora Hinata… el parto se le ha adelantado.

–¿Cómo es posible? Aún no es tiempo… –comentó Naruto.

–Hubo… un pequeño accidente. Se los comentaré de camino hacia Konoha. Será mejor darnos prisa, Lady Hinata los necesita a su lado en este instante. Las cosas no pintan nada bien.

Naruto se incorporó de un salto y Sasuke no lo pensó dos veces antes de correr hacia su caballo y montar en él ágilmente. Contando el accidente actual, eran dos los ataques en menos de una semana. Pero este último ataque había sido diferente ¿El objetivo era el propio conde o Naruto? Dos accidentes no eran coincidencia. Y si no hubiese sido por el rubio, probablemente habría ocurrido una desgracia. Debía de agradecérselo a Naruto. Sin embargo, la duda continuaba sembrada en su mente. Había muchas personas que querían matarlo a él debido a las deudas, pero estas se solucionarían en poco tiempo gracias al dinero de Naruto. Entonces quedaba la segunda opción, pero se preguntaba ¿quién querría muerto al rubio? Enterró sus dudas por el momento y se concentró en cabalgar lo más rápidamente posible de regreso a Konoha; Madara tenía razón al decir que Hinata los necesitaba a su lado.

Continuará…


1. Rote grütze: postre tradicional del norte de Alemania que consiste en una pasta molida generalmente de frutos rojos (bayas, cerezas, frambuesas, rara vez fresas...) que se acompaña de leche, nata, salsa de vainilla o helado derretido. Se me ocurrió mientras leía el manga de Kuroshitsuji y los excelentes platillos que prepara Sebastián. ¿Alguien más adora a Sebastián? Sería el hombre perfecto... si no fuese un demonio.

2. Murasaki: palabra japonesa para referirse al color morado, violeta o lavanda. Existen muchos personajes de ficción con ese nombre e incluso reales, por ejemplo la famosa autora de "Genji Monogatari", Murasaki Shikibu,

3. Riki: fuerza, poder. Según una de las páginas que consulté cuando buscaba un nombre apropiado para el caballo, sin embargo no sé qué tan confiable sea la fuente, aún así me gustó como suena. Y no, no es diminnutivo de Ricardo, Richard o algún otro nombre.

Bien, he vuelto después de casi dos meses de no actualizar (falta un día para que se cumplan los dos meses). Muchas cosas han pasado con Hinata, parece que este capítulo está más enfocado en ella que en nuestros protagonistas, pero mientras ella se recupere del parto, nuestro rubio adorado volverá a las andadas. ¿Quién será el objetivo? ¿Naruto o Sasuke? Yo lo sé, pero me encanta el misterio. (inserte risa maléfica)

Como es costumbre, AGRADECIMIENTO ESPECIAL A:

Zanzamaru ... - ... Moon-9215 ... - ... Kennich ... - ... Hearts ... - ... Goten Trunks5 ... - ... Dakota Boticcelli ... - ... camiSxN ... - ... sofi12 ... - ... mafe

También agradezco a todos los que siguen esta historia de manera anónima, la han agregado a sus favoritos o a sus alertas. ¡Muchas gracias!

Estoy de vacaciones así que espero adelantar un poco el próximo capítulo y subirlo en menos de dos meses, ese es mi objetivo (espero lograrlo). Los reviews animan mucho a escribir. Si ustedes también están de vacaciones, les deseo unas vacaciones muy felices y que descansen mucho.

¡Un abrazo para todos!

Número de palabras: 13. 158

"I will not die, I'll wait here for you in my time of dying"

Kerky