Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!
Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¡Por favor! ¡Pon algo de NaruSasuNaru en el manga! Estaremos eternamente agradecidos)
Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.
Holy Curse!
Capítulo VII: Pesadillas
Iruka miraba con insistencia a través de la ventana, sin soltar la mano de Hinata. Parecía una eternidad desde que le pidió a Neji que llamara a la comadrona, mientras que Madara corría a avisar a la familia. Afortunadamente no estaba solo. Lady Shizune parecía haber olvidado todos sus malestares ya que revisaba el sangrado frecuentemente y cambiaba las telas por unas limpias. Ino esperaba afuera de la habitación y coordinaba a los sirvientes para que trajeran más telas o agua caliente. A pesar de la corta edad, fue capaz de ordenar que mandaran llamar a Kiba y trajeran al médico para que revisara a Shino, quien reposaba en esos momentos en una de las habitaciones de invitados, convaleciendo por algunas coces otorgadas por un caballo asustado debido al sonido de la fusta.
–Me… me duele… –susurró Hinata con la voz entrecortada por el dolor y la frente cubierta de gotitas de sudor. Se sujetaba el vientre con fuerza.
–Respire hondo, mi Lady. –atinaba a decir Iruka. Él no tenía experiencia con mujeres parturientas, sólo repetía lo que Lady Shizune decía. –Resista un poco más, la partera viene en camino.
–Quiero… ver a Naruto.
–Estoy seguro de que Lord Madara ya les avisó y no tardarán en llegar. –la animó.
–Hinata, trata de no pujar hasta que llegue la partera. –comentó preocupada Shizune. –Ella sabrá qué hacer.
–Pero… no puedo… ¡aaah! –cerró los ojos y trató de respirar profundo. –Es… es como si el bebé ya quisiera nacer.
Iruka y Shizune intercambiaron una mirada de angustia. Shizune sabía que aún no era tiempo de que el bebé naciera y aunque Iruka no supiera mucho de esas cosas, imaginaba que tanto sangrado no era una buena señal. La mujer cambió de nuevo las sábanas, evitando que Hinata viera la sangre. Escucharon unos golpes en la puerta y acto seguido, entró una mujer mayor, regordeta y bajita, con un pañuelo en la cabeza, un mandil que en otra época había sido blanco y una pequeña bolsa de tela. Shizune miró a la mujer con una expresión de terror y luego miró al hombre que se hallaba detrás de la comadrona.
–¿Quién es ella?
–Lo siento mi Lady. –Neji no podía evitar mirar a Hinata, cubierta en sudor y sangrando abundantemente sin que su pulso se alterara. –La… la comadrona que atiende a los Uchiha… no está… salió del pueblo, pero ella…
–Tal vez no sea quién esperábamos, mi Lady, pero Chihiro es la partera de nuestra aldea. Tiene mucha experiencia y, en estos momentos, necesitamos toda la ayuda posible.
Shizune examinó con ojo crítico a la mujer antes de suspirar y asentir. Iruka tenía razón.
–Es mejor ella a nada. De acuerdo, acércate.
Chihiro miró el rostro de Hinata, se lavó las manos en una de las palanganas que Shizune precavidamente había traído y se secó en el mandil. Miró a ambos hombres.
–Será mejor que salgan. No serán capaces de aguantar lo que sigue.
Iruka tragó en seco y asintió. Intentó liberarse del agarre de Hinata pero ella se lo impidió.
–No, no se vaya… quédese conmigo hasta… hasta que llegue Naruto. –el hombre sonrió, aceptando silenciosamente la petición.
–Entonces prepárese para lo que viene, hijo. –contestó la comadrona. Neji desvió la mirada y salió de la habitación. Quedarse dentro sería más de lo que pudiera soportar y además levantaría sospechas. Se recargó contra la puerta cerrada, apretando los puños. Quería darle una paliza a Shino, pero eso tendría que esperar. Al menos el caballo le había proporcionado una buena tunda y ahora su estado era desconocido. No le interesaba lo que pudiera pasarle a él, su verdadera preocupación yacía detrás de la puerta que tan celosamente custodiaba.
Dentro, Chihiro puso una sábana sobre las piernas de Hinata y le levantó el vestido para palpar bruscamente el abdomen. Lady Hinata se quejó ante la brusquedad, pero permaneció quieta, confiando en la mujer. Después, cuando Chihiro revisó más abajo, Hinata supo que las cosas no serían fáciles.
–Ya empezó el parto, niña. Tiene que ser fuerte.
En la planta baja, se formó una algarabía con la llegada de Naruto, Sasuke, Madara, Obito, Minato y Kakashi que coincidió también con la llegada de Kiba.
–¿Qué es lo que ha ocurrido? –exigió saber el conde.
–Sé exactamente lo mismo que tú, Sasuke: nada –replicó Kiba.
–¡¿Entonces quién demonios me puede decir lo que sucede?! –vociferó, sorprendiendo a todos. Naruto alcanzó a distinguir el peculiar brillo rojo en los ojos de su esposo e intervino.
–Será mejor que nos calmemos, teme. –lo tomó del brazo, dirigiéndolo hacia las escaleras y alejándolo de la mira. –Iremos arriba y veremos por nuestra propia cuenta lo que está ocurriendo.
–¡Cuñado Sasuke! ¡Naruto! –exclamó desde lo alto de la escalinata Ino. –¡Gracias al cielo que han vuelto!
–¡Ino! ¿Sabes algo de lo que está pasando? –preguntó Sasuke con voz tranquila. No sería educado gritar y ordenar a la única que podía contestar a sus preguntas, mucho menos asustarla con su terrible carácter.
–Bueno, la comadrona ya está aquí. Mi mamá ha estado en la habitación, ayudando. Lo último que supe fue que Hinata está ya en labor de parto y quiere ver a Naruto. Creo que a Shino lo está revisando un médico que mandé llamar.
–Entonces iré de inmediato con Hinata. –Naruto subió las escaleras seguido de Sasuke. Al pasar junto a Ino le revolvió el cabello y le regaló una brillante sonrisa. –Gracias por hacerte cargo, ya eres toda una mujercita.
Ino respondió con otra sonrisa y bajó a avisar a los sirvientes que prepararan más toallas y agua caliente. Aunque Sasuke deseaba ir directamente a la habitación de Hinata, Naruto lo obligó a ir primero a su propia recámara.
–¿Qué demonios piensas, dobe? Tenemos que ir…
–Primero tienes que relajarte, teme. Ni siquiera te has dado cuenta de que estás agitado, cubierto en sudor y a punto de activar el Sharingan.
Sasuke se llevó la mano al rostro. Naruto tenía razón, había ignorado por completo el ardor en sus ojos y ya comenzaba el sangrado. A ese paso no tardaría en volverse anémico.
–No creo conveniente que toda la familia te mire en este estado. –sin consentimiento del moreno comenzó a revolver la ropa de algunos cajones hasta hallar un pañuelo. –Quédate aquí hasta que se detenga el sangrado. Iré con Hinata y si ocurre algo grave, te avisaré de inmediato.
Aunque Sasuke deseaba enterarse por él mismo de lo que sucedía, debía de admitir que su rubio esposo tenía razón. Refunfuñando, tomó el pañuelo que le ofrecía y se limpió el rostro. Naruto salió trotando de la habitación directo a donde se encontraba Hinata. Ignoró al chico de cabello largo y entró. La escena lo dejó estupefacto: Hinata se encontraba pujando con fuerza, había mucha sangre alrededor y un hombre desconocido sostenía la mano derecha de ella; al lado izquierdo, Shizune le sostenía la espalda y le limpiaba la frente con una toalla mojada. De inmediato se colocó junto a Shizune.
–Hey, Hina, soy yo, Naruto. Ya estoy aquí, justo a tu lado.
La mujer abrió uno de sus ojos y a pesar el dolor, sonrió.
–Gra… gra-gracias.
–No se distraiga, niña. Siga pujando, puedo ver su cabecita.
Naruto observó a Shizune y asintió, tomando su lugar.
–¿Cómo te encuentras, Shizune?
–No estoy en las mejores condiciones, pero de ninguna manera dejaría a Hinata así. ¿Qué haces tú aquí? Este es un trabajo de mujeres.
–Bueno, soy un doncel. En algún momento podría ser yo quien pase por esta situación.
–¡Aaarg!
El desgarrador grito de la mujer hizo que ambos dejaran de discutir para observar a la comadrona. Entre las manos de Chihiro se encontraba un pequeño bebé, tan chiquito que su espalda abarcaba apenas las dos manos de la comadrona. Su llanto era débil y su piel extremadamente fina y de un color rojizo. Sus manitas y piecitos eran muy pequeños, sin surcos. No tenía cabello. Las costillas resaltaban en el delgado pecho que subía y bajaba rápidamente tratando de llevar el máximo posible de oxígeno a los pulmones poco desarrollados. Chihiro rápidamente envolvió al pequeño bultito en una toalla seca y alrededor una toalla caliente, para mantener el calor. Con una cara de tristeza, entregó el bebé a Shizune.
–Es demasiado pequeño. No lo logrará.
Shizune no sabía qué hacer. El llanto del bebé cada vez era más débil y su madre no estaba en mejores condiciones. Naruto recostó a una obnubilada Hinata antes de tomar en brazos al pequeño. Casi podía sostenerlo con una sola mano. Chihiro regresó a su labor para sacar la placenta. El rubio depositó un beso sobre la frente del bebé antes de entregárselo a la madre.
–No… –susurró Shizune.
–Es su madre. Tiene derecho de conocerlo y… de despedirse. –contestó Naruto.
Cuando Hinata recibió al bebé, sollozaba. Lo acercó a su pecho y se quedó abrazándolo hasta que el llanto dejó de escucharse. Iruka se limpió las lágrimas disimuladamente. El dolor y el sangrado continuaban, así que la partera revisó el vientre de la mujer bruscamente. Hinata ni siquiera lo notó, continuaba llorando con el bebé muerto en brazos.
–Niña, será mejor que deje al bebé y se concentre otra vez en pujar.
–¿Por qué? –preguntó Naruto.
–Porque son gemelos. Y prepárese, niña. Este viene de nalgas.
Hinata dejó al bebé en manos de Shizune y gritó cuando una nueva contracción empezó. La comadrona se limpió las manos en el mandil antes de volver al trabajo.
–Será más doloroso, pero usted puede hacerlo, niña.
Los gritos de Hinata llegaron hasta la planta baja, donde el resto de la familia Uchiha-Namikaze esperaba. Kiba y Sasuke caminaban en círculos alrededor de la estancia, mientras que Kakashi y Minato se mantenían tranquilos en un sillón. Ino había ido a la cocina a dar instrucciones sobre la cena.
–¿Qué haremos con Shino? –preguntó Kiba. –Sé que no debo meterme, pero…
–Naruto me comentó que Hinata tenía ideas sobre el divorcio. –interrumpió el conde. –Tendrá todo el apoyo de los Uchiha. No dejaré que ese bastardo vuelva a acercársele.
–Pero si se divorcian ¿qué pasará con el bebé? –intervino por primera vez en la conversación Kakashi. –Según tengo entendido, si se separan, el bebé no podrá tener el apellido de Shino.
–Para lo que vale… –dijo con sarcasmo Sasuke. –Estará mejor con el apellido Uchiha. Puedo poner al niño bajo mi protección.
–Eso sería un golpe muy duro para Shino. –comentó el Inuzuka, mientras se servía una taza de aromático café. –Lo que él más anhela en este mundo es un heredero y un título nobiliario. Y perderá ambos de lograrse el divorcio. Pero me preocupa Hinata… sabes que no podemos poner como causa del divorcio la golpiza que recibió, aún no existen leyes contra eso. Las mujeres deben de ser obedientes y…
–¡Eso es una tontería! Tal vez la golpiza no la mató, pero el bebé está en riesgo. –exclamó Minato, imitando la acción de Kiba. El café estaba delicioso, su hija Ino se podía hacer cargo de dirigir una casa a la perfección y se sintió orgulloso de ello.
–De acuerdo, debemos calmarnos y pensar con la cabeza fría. Si llevamos esto a juicio, saben lo que pasará. –Kiba era experto en leyes. –Sería la palabra de Hinata contra la de Lord Aburame.
–Creo recordar que Madara comentó que el incidente fue observado por dos de los mozos. Podrían actuar como testigos. –expresó nuevamente Kakashi.
–Bueno, Kakashi… uno de ellos se lanzó a golpes sobre Shino y el otro es un simple campesino. –volvió a hablar Kiba. –El jurado los desacreditaría en un segundo. Y por el contrario, quizá consiguiéramos una condena de esclavitud para el mozo que se atrevió a golpear a un lord. –repuso con sarcasmo.
–Creo que Hinata tenía un plan. –todos miraron al Uchiha. –No sé muy bien de qué se trata, el único que lo sabe es Naruto, así que esperaremos a que él baje y nos cuente. En cuanto a Shino… en el momento en que se despierte, lo echaré de aquí, no me importa si tiene una pierna fracturada o una mano menos.
–Varias costillas rotas, una contusión cerebral, unos cuantos dientes menos y un brazo fracturado. –Minato recordó el diagnóstico que el doctor les había informado. –Creo que le fue bien a pesar de todo.
–Me hubiera gustado ponerle esa paliza yo mismo. –confesó Kiba. –Pero el caballo hizo un buen trabajo.
–No sé si el mozo planeó todo o fue sólo una coincidencia. –señaló el rubio. –pero debemos estar agradecidos de que esos dos estuvieran allí en ese momento. Si Hinata hubiese estado sola… no quiero imaginar lo que hubiese podido pasar.
–No hagamos conjeturas. –añadió tranquilamente Sasuke y cambió de tema. –El parto ya tardó mucho ¿no?
–Sé paciente, Sasuke. –comentó Minato, que tenía más experiencia en el tema. –Las primerizas suelen tardar un poco más.
A Sasuke no le quedó más remedio que esperar. Acompañó al grupo a cenar, pero se sentía incapaz de pasar bocado, por lo que sólo tomó café y una copa de vino. Regresaron a la sala a continuar la espera. Minato comenzaba ya a cabecear por el sueño cuando Shizune entró en la habitación.
–¿Lady Shizune? –Sasuke se talló los ojos, él también comenzaba a quedarse dormido. –¿Cómo está Hinata?
La mujer, cansada, se desplomó en el sillón junto a su marido y comenzó a sollozar, ocultando su rostro tras las manos, lo cual sólo despertó la angustia de todos.
–El bebé… no, los bebés… eran gemelos.
–¿Y qué más pasó? –la animó a continuar Kiba. –¿Qué hay de Hinata?
–Ella perdió mucha sangre… pero… los bebés… los bebés…
–Shizune está muy cansada. –interrumpió el menor de los rubios al entrar en la habitación. –Será mejor que descanses, yo terminaré de explicarles la situación.
La pelinegra asintió agradecida y se puso de pie, dirigiéndose a su habitación acompañada por Minato. Ella se encargaría de contarle los pormenores a su rubio esposo.
–La situación es delicada. –Kakashi colocó una taza de té en las manos de Naruto quien a pesar de su hiperactividad, en esta ocasión se veía agotado. –Como saben, el parto se adelantó. Nadie de nosotros imaginó que Hinata esperaba gemelos. Nació el primero… y falleció en los brazos de Hinata. –el rubio observó la tristeza invadir los ojos de cada uno de los presentes. Todos habían esperado con demasiada ilusión la llegada del pequeño. –Después del nacimiento, nos enteramos que venía un segundo en camino. Según explicó la partera, el segundo bebé no venía en posición correcta. El parto fue muy largo y Hinata sangró demasiado. Ahora ella está descansando, el parto la agotó mucho y ha perdido demasiada sangre. Necesitará mucho descanso.
–¿Y el segundo bebé, dobe? –preguntó Sasuke.
–El segundo bebé… es una niña, teme. –sonrió con suavidad Naruto. –Aún está viva, pero su condición es extremadamente delicada. Es muy pequeña. –el rubio colocó sus dos manos juntas para señalar el tamaño del bebé. –La partera no da muchas esperanzas. Cree que la bebé no pasará la noche porque está respirando con mucha dificultad. Y si lo hace, necesitará muchos cuidados además de calor durante varios días. Así que tendremos que turnarnos. –se puso de pie, con ánimos renovados. –Debemos mantener a la pequeña bebé calientita, cerca de varias velas y con toallas calientes a su alrededor todo el tiempo. Será un trabajo pesado, por lo que yo iniciaré la guardia mientras ustedes descansan.
–Me daré un baño, tomaré un café cargado e iré a reemplazarte, Naruto. –la mayoría miró con asombro a Kiba por lo que explicó: –Bueno, soy el único que no fue a montar al risco, así que no estoy tan cansado. Eso les dará tiempo a ustedes de dormir y por la mañana, alguien podrá relevarme.
Todos estuvieron de acuerdo con la sugerencia de Kiba. De modo que Naruto regresó a la habitación, acompañado de Sasuke, a cuidar de una pequeñísima bebé y de una exhausta Hinata.
–Teme, deberías descansar.
–Tú eres el que debería irse a dormir, usuratonkachi. –Sasuke contemplaba embelesado al diminuto ser que sería su sobrina. La bebé apenas mostraba una pelusita negra en la cabeza como boceto de una futura cabellera, respiraba con tanta dificultad que su quejido era audible a distancia. Tenía unos brazos pequeñitos y su piel era lo suficientemente delgada como para mostrar los pequeños vasos sanguíneos debajo de ella. Aún no abría los ojos, pero imaginaba que serían de un hermoso color perla, justo como los de su madre. –Estás mucho más agotado que yo, estuviste con Hinata todo este tiempo.
–No estoy tan cansado. La hiperactividad de la que tanto se queja mi padre me ha mantenido con suficiente energía. –tocó las toallas que rodeaban a la bebé, notándolas ya un poco frías. –Iré a cambiarlas.
Cuando regresó, tomó a la pequeña en sus brazos para cambiar las toallas. Sasuke pudo imaginarse a Naruto con su propio bebé en brazos y suspiró. Sería muy lindo tener al futuro conde Uchiha en sus brazos, aunque para eso tuviesen que practicar mucho en primera instancia. Y antes de eso, debía de superar el obstáculo de la puerta cerrada.
–Hey bastardo, ¿podrías detenerla un segundo? Necesito acomodar las sábanas de la camita y es un poco difícil con sólo una mano.
–No digas groserías frente a la niña, Naruto. La vas a malcriar.
–Mira quién lo dice. Tómala ya. Pégala bien a tu pecho… no, así no. Sujétala con ambos brazos…. Así está mejor.
El conde de inmediato tomó a la bebé en sus brazos, sintiendo el calor emanar de una cosa tan pequeñita. Increíblemente su corazón se aceleró ¿sería eso lo que llamaban instinto paterno? No lo sabía, pero reconocía que se moría de ganas por tener a un hijo propio en sus brazos.
–Estás sonriendo. –señaló Naruto, después de arreglar las sábanas. –¿Quién diría que una bebé podía derretir al gran conde Sasuke Uchiha?
–No estaba sonriendo, dobe. –de inmediato ocultó su sonrisa y le devolvió la bebé a su esposo. –Será mejor que vaya a ver a Hinata.
No tenía que ir muy lejos. La cuna improvisada de la bebé se hallaba a pocos pasos de la cama donde descansaba Hinata. La mujer se veía muy pálida y respiraba rápidamente. Puso su mano sobre la frente de ella para checar la temperatura, pero la piel estaba fría y húmeda.
–Usuratonkachi, creo que Hinata no está muy bien.
–Es por la sangre perdida, teme. Chihiro explicó que eso les pasa a las mujeres que sangran mucho durante el parto. Lo único que podemos hacer es esperar a que recobre fuerzas. Antes de quedarse dormida, la partera le hizo beber muchos líquidos, así que por la mañana haremos lo mismo.
Volvió a clavar su negra mirada en Hinata, imaginando que podría ser Naruto el que sangrara mucho durante el parto. A pesar de que no habían hablado del tema, sabía lo peligroso que podía ser un embarazo en un doncel. Y no quería ver a Naruto en un estado parecido al de su hermanastra, aunque ansiara tener hijos. La voz de Kiba distrajo sus turbios pensamientos.
–….Y aquí están las toallas limpias. –señaló Naruto. –debes de mantenerlas junto al fuego para que permanezcan calientes, pero no demasiado porque la podrías quemar.
–De acuerdo. –miró a la bebé por primera vez. –¿Sabes que no estoy tan oxidado? Minato no es el único con experiencia. Yo cuidé de mi hija cuando nació. Hanabi estaría muy orgullosa de que yo cuidara a su primera sobrina. –sus labios se pintaron en una sonrisa triste. –Será mejor que descansen, esta muñequita y yo estaremos bien.
–Kiba, si algo pasa… –susurró Sasuke. –llámame, a cualquier hora. Estaré en mi habitación.
–Así lo haré. Ahora, a descansar.
Naruto y Sasuke abandonaron la habitación. La mayoría de los sirvientes se encontraban ajetreados lavando las toallas necesarias y manteniendo la habitación de Hinata tibia, por lo que Naruto acompañó al conde a la recámara principal.
–Deberías ser un poco más organizado, teme. –buscó en el armario la ropa de cama del conde. –Además ¿para qué necesitas a alguien que te ayude a vestir? Puedes hacerlo tú solo.
–Porque necesito a alguien que me ayude a desabrochar las agujetas. –el rubio giró y se encontró con la imagen de un Sasuke recostado sobre la cama, con la espalda apoyada en las esponjadas almohadas y los zapatos sobre la inmaculada colcha. –Y como tú te ofreciste a ayudarme…
–¡Estás loco, maldito bastardo! –arrojó la camisa de noche sobre el rostro del conde y regresó de vuelta al armario. –Si no quieres dormir con zapatos, entonces tendrás que quitártelos tú.
–Es el deber de mi esposo proporcionarme los cuidados necesarios.
–En ese caso… ¡búscate otro marido! –los pantalones de dormir aterrizaron justo como la camisa, sobre el rostro del conde.
–No entiendo por qué te molestas tanto. –comentó Sasuke mientras se incorporaba. Naruto optó por lanzarse boca abajo sobre la mullida cama y utilizar uno de los almohadones para cubrir su cabeza. Ansiaba echar un vistazo al sensual conde mientras se desvestía, pero no le daría el gusto de verlo suspirando por él. –Cualquier otro estaría feliz de ayudarle al conde Uchiha a cambiarse de ropa. Por cierto, dobe, ¿qué es lo que Hinata te ha contado del divorcio?
Cuando acabó de colocarse la camisa y al no observar respuesta se acercó a Naruto. El rubio dormía ya plácidamente sobre su cama, aún vestido con la ropa de calle. Intentó despertarlo, pero el cansancio había hecho mella en el Namikaze. Ni siquiera se alteró su respiración cuando lo giró para quitarle la chaqueta y las calzas. Podría irse a dormir a la habitación del rubio, pero no le daría ese gusto. Jaló las sábanas y empujó un poco a su marido para hacerse un espacio en la cama. El simple hecho de dormir en el mismo colchón que el objeto de sus deseos era pensamiento más que suficiente para mantenerlo despierto toda la noche, sin embargo se equivocaba. La suave respiración de Naruto a su lado así como el calor que manaba de su cuerpo fue más que suficiente para guiarlo directo a los brazos de Morfeo.
Naruto despertó al sentir un golpe en sus costillas que casi lo dejó sin respiración, aún adormilado, entreabrió sus hermosos ojos azules. La luz del sol todavía no entraba por los ventanales y, al no reconocer el lugar, se levantó sobresaltado. Vestía solo la camisa y un pantalón interior. Miró a su alrededor, encontrándose con un Sasuke muy inquieto, sudoroso y moviéndose de manera desesperada.
–Pesadillas… –susurró.
–No… yo no… yo no la arrojé al mar… –a pesar de tener los ojos fuertemente cerrados, dos lágrimas rojas se deslizaban por las blancas mejillas del conde. Naruto advirtió que la pesadilla comenzaba a tornarse peor cuando comenzó a patear las sábanas y a intentar agarrar un objeto inexistente. –No dejaré… no, no… mi mano… tómala… –agarró a Sasuke fuertemente del hombro y lo movió, tratando de despertarlo.
–Hey, teme… ¡teme! Vamos, Sasuke, despierta… ¡Sasuke!
El grito de Naruto lo despertó completamente. Se incorporó, empapado en sudor y tardó un minuto en entender lo que pasaba, minuto que el rubio esperó pacientemente, sólo mirándolo.
–¿Qué pasó?
–Creo que me quedé dormido en tu cama, teme. No pensaba hacerlo, sólo… sucedió. Pero ¿tú estás bien?
–No es nada de cuidado, dobe. –buscó en la mesita de noche la jarra con agua que los sirvientes solían dejar por costumbre y bebió de un par de tragos el líquido, sin tomarse la molestia de utilizar uno de los dos vasos. –Sólo una pesadilla.
–¿"Sólo" una pesadilla? –preguntó escéptico. –Estabas desesperado. Y ni decir que volvió a despertar el Mangekyou Sharingan.
–Es parte de la maldición, usuratonkachi. –se limpió la sangre con la manga de su camisa. –Pero Hinata te habrá contado de ello, ¿no es cierto?
–Me contó un poco, lo admito. Pero ¿a quién arrojaste al mar?
–Naruto… tengo sueño. ¿Podemos hablar de esto en otra ocasión?
Sasuke tenía razón. El día había ido muy difícil y el nuevo día que les esperaba no sería mucho mejor. Asintiendo, se puso de pie, dispuesto a dirigirse a su propia habitación.
–¿A dónde piensas que vas, idiota?
–A mi recámara. No pienso quedarme aquí para que intentes engatusarme o seducirme para acostarte conmigo.
Sasuke golpeó su rostro con la palma de la mano, en una clara muestra de desesperación. Suspiró, intentando ser paciente.
–Si hubiese querido seducirte, lo habría hecho mientras te desnudaba, cuando estabas dormido y mucho más cooperador, perdedor.
–¿Y quién dice que no lo intentarás ahora?
–Sólo… –movió las sábanas para indicarle el lugar que había ocupado antes. –vuelve a la cama. No tengo intención alguna de seducirte, puedes estar seguro de ello. Estoy tan cansado que me dormiré en un segundo.
Naruto lo miró con desconfianza y, después de darle muchas vueltas al asunto, volvió a su lugar.
–Sólo será por esta ocasión. Yo también estoy demasiado cansado como para discutir.
Ambos se acomodaron en sus respectivos lugares, dándose la espalda el uno al otro, de manera en que Sasuke no podía ver la sonrisa de satisfacción y felicidad del rubio ni Naruto la sonrisa de superioridad del pelinegro conde.
–Buenas noches, usuratonkachi.
–¿Cómo puedes desear buenas noches si no has pasado una conmigo? –Sasuke rió quedamente. –Olvídalo, buenas noches, conde bastardo.
–Algún día aprenderás que una buena noche es conmigo, idiota.
–No lo creo. –Naruto sí soltó una carcajada. –Pero tu esfuerzo tal vez gane una mención honorífica
Ambos sonrieron en medio de la oscuridad. Naruto durmió como un bebé hasta el amanecer y Sasuke no tuvo pesadillas. Y el encontrarse, al despertar, uno en los brazos del otro, no tuvo nada que ver con el buen humor de la mañana. O eso fue de lo que trataron de convencerse.
–Neji, deberías intentar dormir.
Neji suspiró y giró para mirar a Iruka. Se hallaba afuera de la cabaña que compartía con el moreno, con las manos en los bolsillos y en actitud reflexiva, mientras miraba la luna. Aún no podía sacar de su mente la imagen de Hinata gritando de dolor y mucho menos podía olvidar la cantidad de sangre que perdió. Gracias a Iruka se había enterado de todo lo acontecido.
–Estaré bien. Usted vuelva a la cama, Iruka.
–¿Estás preocupado por Shino? –Neji alzó una ceja, escéptico, después asintió. Era mejor dejar a Iruka creer eso antes de levantar sospechas. –No deberías. Estoy seguro que la familia Uchiha estará muy agradecida contigo. Además, lo merecía. Golpear a una mujer embarazada…. – suspiró. –Pero como te decía, no debes de preocuparte. Apostaría mi cabeza a que el conde te apoyará en caso de que Shino levante una acusación en tu contra.
Neji lo miró sin estar muy seguro de sus palabras. Sabía que los nobles podían llegar a ser seres traicioneros; lo había comprobado un par de años atrás con Fugaku y Mikoto Uchiha. Y Sasuke tenía la misma sangre corriendo por sus venas.
–Es muy injusto.
–Ser mujer o doncel en estos tiempos no es nada sencillo. –algo en la forma de hablar obligó a Neji a mirarlo. Iruka se encontraba parado un par de metros detrás, observando el cielo estrellado. Era un poco más bajo que el Hyuuga y, a la luz de la luna, se podía distinguir unas facciones finas. Y la forma de hablar…
–No es posible… –susurró. –Pero, ¿cómo?
–¿De qué hablas? –en los ojos castaños destelló una pizca de terror. –¿Qué quieres decir?
–Tú… es decir… usted… usted es un doncel, Iruka.
–¿Lo descubriste tan fácilmente? –el mayor rio nerviosamente y se rascó la nuca, evitando siempre el contacto visual con Neji. –Bueno, en realidad…
–No debería de estar aquí. Su lugar es en la corte, junto al rey y…
–¿Y junto a un hombre que no amo? –lo interrumpió. –Eso es precisamente lo que mi madre no quería. Verás, Neji, todo mundo sabe el destino de un doncel. Si es de clase baja, se le da dinero a la familia, terrenos y títulos; cuando el doncel tiene la edad requerida, viaja a la corte donde puede elegir entre permanecer junto a las doncellas de la reina o servir durante un tiempo hasta que el rey dispone de un marido acaudalado para el doncel. Y si es de clase alta, como el caso del nuevo conde Namikaze de Uchiha, puede elegir su propio destino, pero siempre habrá hombres poderosos y ricos tras él, intentando desposarle. –el rostro de Iruka se dibujó con una sonrisa triste. –A fin de cuentas, un doncel de clase alta puede elegir. Pero ese no es mi caso. Mi madre era una campesina de Konoha y mi padre falleció injustamente durante una redada un par de meses antes de que yo naciera. Ella decidió ocultarme y sacrificar el dinero a cambio de mi felicidad. Toda mi vida fui criado como un varón, mi madre me confesó la verdad poco antes de su muerte. Y en realidad se lo agradezco. ¿Qué podría esperar yo? ¿Ser relegado a las labores domésticas como cualquier lady? ¿O aceptar un marido como Lord Aburame? Soy feliz aquí, hago lo que quiero y puedo elegir con quién casarme.
–Tiene razón, Iruka, pero cuando elija, tendrá que buscar una dama.
–O puedo no elegir nada y morir de viejo en la soledad de mi cabaña. –se encogió de hombros. –Pertenecer a esta aldea al servicio de los Uchiha tiene sus ventajas. ¿Has visto al viejo Sarutobi?
–¿El anciano que vive en la pequeña cabaña junto al huerto?
–Así es. Tiene varios hijos que viven en otras ciudades, pero él decidió pasar sus últimos días en Konoha. A cambio de los cuarenta años de servicio leal, Lord Madara lo ha recompensado con techo y comida, mientras nosotros le proporcionamos compañía. No veo eso como algo malo para mí.
–Entonces es correcto suponer que nunca se ha enamorado.
–Yo… eh… bueno, he tenido amores de la infancia. –las morenitas mejillas se tiñeron súbitamente de rojo. Afortunadamente la oscuridad de la noche le impediría delatarse. –Pero supongo que nunca me he enamorado.
–¿Ni siquiera de un noble? Usted lleva toda su vida en este lugar. Y tanto el ex conde Itachi como Sasuke son bastante atractivos. Me imagino que, en más de alguna ocasión, se celebraron fiestas a donde asistían nobles muy guapos.
–¡Para nada! –exclamó muy nervioso. –¡Esa es la primera regla de la gente como nosotros! Nada de enamorarse de… de ningún miembro de la familia a la que sirve.
–Si ese es el caso ¿Por qué se dedica a observar el castillo con aire melancólico cada vez que cree que nadie lo mira?
Iruka abrió la boca, pero no pudo articular ninguna palabra en su defensa. Sentía las mejillas y las orejas calientes por la vergüenza. ¿En tan poco tiempo Neji se había dado cuenta de su pasatiempo favorito? Porque la respuesta era sí. Cuando estaban en el campo miraba a su alrededor, creyendo asegurarse que nadie lo observaba antes de concentrar sus castaños ojos en el castillo, esperando una oportunidad para ver al hombre alto de cabellos grises, cuyo nombre había aprendido esa mañana: Kakashi Hatake. Y aún mayor fue su sorpresa al descubrir que la hermosa mujer de cabello azabache no era su novia ni su prometida, sólo la esposa del padre de Naruto. Sabía que no debía hacerse ilusiones, pero tampoco tenía nada de malo soñar con que Kakashi lo miraba entre los campos de trigo maduro y, después de observarlo un minuto, corría a tomarlo en brazos para pedirle que se casara con él. Solo eran inofensivos sueños y, mientras nadie lo supiera, no era ningún peligro real. E Iruka, tan independiente como siempre, podía lidiar perfectamente bien con el dolor de enfrentarse a la realidad al despertar. Dio media vuelta, dispuesto a regresar a la cabaña.
–Todos sabemos nuestro lugar. Una relación con alguno de los nobles está completamente prohibida.
Volvió a su cama, intentando conciliar el sueño. Pero al cerrar los ojos, los sucesos del día vivido lo invadieron: Hinata con sus ojos perlas cerrados y cubierta de sudor, el bebé pequeño y débil… se incorporó de golpe ¡ojos perla! Los mismos que Neji. Sin detenerse a tomar una camisa regresó de inmediato con su compañero, el cual seguía observando la luna.
–¿Qué relación existe entre Lady Hinata y tú? Porque sé que hay algo. Y será mejor que empieces a hablar ahora antes de que le avise a Lord Madara.
Neji giró sobre sus talones increíblemente tranquilo, contrario a Iruka que parecía haber corrido todo un maratón. Clavó sus ojos color nácar en el moreno.
–Ella es mi prima.
–No… no es posible… ¿Neji Hyuuga? ¿Hyuuga, de la rama secundaria? Sabía que había visto tus ojos antes, son los mismos de Lady Hinata. Pero… ¡tú estás muerto! En un lugar como este, el rumor de tu muerte se esparció en boca de todos. Todos los aldeanos saben que Neji Hyuuga, el primogénito de la rama secundaria, está muerto… o lo estaba, hasta hace un par de minutos.
–Vivía y trabajaba en la aldea vecina, donde se ubicaba la residencia de la rama secundaria. Tal vez en alguna ocasión cruzamos la mirada, cuando venía en esa vieja carreta a las caballerizas para verme a escondidas con Hinata. –con pasos lentos, acortó la distancia entre Iruka y él. –Y posiblemente tú hayas sido uno de los que saboteó la carreta en la que viajaba el día de mi supuesta muerte.
–No… ¡Yo jamás haría algo así! –intentó tranquilizarse. –Nunca mataría… no podría….
–¡Pero sabes quién lo hizo! –Iruka se encogió ante el fuerte golpe que Neji dio sobre la puerta de madera. Quizá los trabajadores de las cabañas vecinas se levantarían por tanto alboroto. –Dime ¿fue una orden de Fugaku Uchiha?
Iruka intentó recordar. La mayoría de los jornaleros y de los aldeanos sólo conocían el nombre de Neji Hyuuga, no el rostro. Los pocos que le conocían no solían hablar mucho del porqué visitaba el palacio de Konoha con relativa frecuencia. Según lo que sabía, siempre era la misma rutina: él llegaba en una carreta cubierta directo a las caballerizas, todos pensaban que surtía el heno, se quedaba un rato y después partía. Por la tarde volvía recorriendo el mismo camino, el más alejado del castillo, de vuelta a las caballerizas. Todo se repetía cada semana, excepto los veranos, porque la familia Uchiha prefería pasarlos en la ciudad para acudir a las grandes celebraciones. Después de un tiempo se rumoreó que existía una relación entre Hinata y Neji, incluso uno de los aldeanos afirmaba haberlos visto en el río. Eventualmente, los chismorreos llegaron al conde Fugaku. Y tiempo después… el fatal accidente. El día que sucedió, irregularmente, un par de sus compañeros partieron a las caballerizas con un encargo del propio Madara. Lo recordaba porque él se ofreció a acompañarlos, pero los demás susurraron asustados e intercambiaron miradas sospechosas antes de decirle que no se atreviera a seguirlos.
–¿Lo recuerdas? ¿Fugaku Uchiha dio la orden de asesinarme?
–No lo sé… Madara… tal vez fue Lord Madara… –Neji gruñó con frustración.
–¿Y los jornaleros que sabotearon la carreta? ¿Los conoces? ¿Siguen vivos?
–Ellos… Jirobou formaba parte del grupo.
Neji chasqueó los dientes. Lo conocía, aunque sólo lo había visto sólo un par de veces durante las cenas. Jirobou, alto, robusto y muy fuerte, miembro antiguo de la aldea, se dedicaba a suministrar leña tanto para el castillo como para los lugareños. Y no era de sorprender que debido a su trabajo el hombre fuera muy fuerte. Si tenía que averiguar quién había dado la orden de su asesinato, necesitaría un buen plan para interrogar a Jirobou ya que en fuerza física sería superado por el leñador.
–¡Pero no dejaré que te acerques a Lady Hinata de nuevo! No sé si los rumores sean ciertos o no, pero si alguien más te reconoce, sólo será cuestión de hilar los cabos sueltos y caerá la desgracia sobre Lady Aburame. Incluso la bebé… ¡podrían catalogarla como una bastarda! Pondré sobre aviso a Lord Madara y…
–Y nadie se enterará, Iruka. –interrumpió con fría pero firme voz. –No irás a decirle ni una palabra de lo que has descubierto esta noche.
–¿Por qué no lo haría? –profirió desafiante Iruka, sosteniéndole la mirada.
–Porque te arriesgas a que yo abra mi boca y revele que eres un doncel. –el desafió se transformó en ira en los ojos marrones. –¿Imaginas el montón de hombres calvos y viejos intentando cortejarte? Y ni qué decir del conde Uchiha… ya que estás en sus tierras, podría obligarte a casar con cualquiera de esos ancianos según su conveniencia.
–No te atreverías… –susurró.
–No lo sé… quizá primero le diga a Madara que te has enamorado profundamente de… ¿cómo se llama? Creo que su nombre es Kakashi Hatake, el contador de Lord Minato. Con un poco de suerte te mandará a las cabañas del norte y tu sueño de vivir aquí cuando seas anciano se habrá esfumado.
–¡Eres un maldito bastardo!
–Sí, como diga, Iruka. Ahora intente volver a dormir y mañana todo esto parecerá un mal sueño.
–Jamás… nunca pensé que fueras el tipo de persona que utiliza el chantaje para conseguir sus propósitos. –enojado y herido, Iruka regresó a la cabaña.
–Sólo soy el tipo de hombre que haría cualquier cosa para proteger a los que ama. –murmuró, observando de reojo la figura que se perdía en el interior del lugar. Por el momento, estaba a salvo.
El turno de Naruto de cuidar a la pequeña recién nacida casi llegaba a su fin. La tomó entre sus brazos para alimentarla con un gotero. Hinata aún no se recuperaba del todo, su estado de conciencia oscilaba entre momentos de somnolencia y delirio.
–¡Has crecido tanto! –susurró, acariciando la cabecita de la niña. –En un par de meses iremos afuera y te llevaré cerca de la abadía. El tío Sasuke dice que es un lugar muy lindo. Y te compraré un gatito ¿te gustan los gatos? A mí sí, son suaves, independientes…
–La vas a malcriar, usuratonkachi. –dijo Sasuke, sin despegar la vista de un viejo libro. –Además sólo tiene cinco días de nacida. No ha crecido nada, sigue siendo un pequeño renacuajo llorón.
–¡No te atrevas a llamarla así, bastardo! Es tu sobrina y podría ser la heredera del apellido Uchiha. Y recuerda que prometimos no decir groserías frente a ella.
Sasuke respondió con su típico gruñido y cambió de página, intentado parecer más interesado en el libro que en el trasero de su esposo. El sillón de la habitación era el lugar perfecto para observar a su rubio dobe cuidar a su sobrina, la cual se había vuelto su actividad favorita en los últimos días. El libro trataba de ocultar la sonrisa que el conde dibujaba en su rostro cuando Naruto platicaba con la pequeña o hacia muecas para entretenerla. Si era sincero, ni siquiera podía recordar el título de la lectura, mucho menos el autor. Suponía que era una novela, pero gracias a lo despistado de Naruto, no tenía que preocuparse de explicarle por qué continuaba leyendo las mismas páginas durante la última semana.
–Hey, Sasuke… ¿puedo saber qué pasará con Natsuki?
–¿Natsuki? –repitió el moreno, alzando una de sus oscuras cejas.
–Sí, Natsuki… –señaló al bebé. –Es un nombre lindo, ¿no te parece?
–Creo que tendrías que discutir eso con Hinata. No puedes llegar y escoger el nombre que quieras sin consultar primero con su madre.
–Estoy bastante seguro que a ella le gustará el nombre. Pero… –dudó un segundo antes de continuar. –Respecto a Shino…
–No me interesa.
–Lo sé, pero…
–Y a ti tampoco debería de interesarte. –sentenció, cerrando con firmeza el libro y poniéndose de pie. –Haremos lo que sea necesario para lograr ese divorcio, dobe. La niña puede llevar el apellido Uchiha y será tratada como Lady, de eso me encargaré yo. Ahora iré a buscar a Minato, él comentó que haría el turno nocturno.
Naruto observó a su esposo salir de la habitación. Las cosas entre Sasuke y él estaban considerablemente mejor desde la noche que pasó en su cuarto. Las discusiones habían dado paso a charlas civilizadas a pesar de continuar llamándose "dobe", "teme" y "usuratonkachi" mutuamente. El conde se veía ahora más tranquilo con su mal humor mucho más controlado. Nadie lo mencionaba, pero todos notaban el cambio. Un par de minutos después regresó a la habitación, acompañado de Minato. El rubio mayor estaba feliz de tener una actividad que le distrajera ya que últimamente él y Shizune solían discutir más de lo acostumbrado, sin embargo, no era necesario abrumar a su hijo con sus propias preocupaciones.
–¿Estarás bien, papá?
–Ya te dije que sí, ¿acaso olvidas quién solía cambiarte los pañales? Aún recuerdo tu pequeño y rosado traserito, como dos melocotones maduros…
–¡Por todos los cielos! ¡Papá! –interrumpió Naruto, con el rostro súbitamente coloreado de rojo. Miró a su alrededor y Sasuke lo observaba con una de sus características sonrisas de superioridad. –¡Ahora tendré que vivir soportando las burlas del teme! ¡Muchas gracias, papá! –añadió con sarcasmo.
–¡Oh, vamos, Naruto! Todos los padres orgullosos…
–¡Para esto ya! Nadie quiere escucharte hablar de cuando tenía mis mofletes rosados y unos rizos adorables.
–A mí sí me interesa, dobe.
–¡Tú no dirás nada más! –señaló acusadoramente con un dedo a su padre. –¡Y tú no escucharás nada más! –señaló después a su esposo.
–¿Por qué no bajan a cenar? Creo que Mai apartó algo de estofado de cordero para ustedes. –comentó el rubio mayor entre risas.
–¡Eso es precisamente lo que haremos! –con un gesto natural en él, tomo al azabache conde de la mano para salir del lugar. Azotó la puerta con fuerza y bajó a grandes zancadas la amplia escalinata, refunfuñando.
–Dobe, no deberías enojarte por eso. –dijo Sasuke, siguiéndole el paso sin romper la unión de sus manos. –Así son todos los padres. Siempre quieren hablar de lo lindo que sus hijos se veían con los rizos dorados y su traseritos de…
–¡Yo jamás he escuchado a tu madre hablar de esa manera sobre ti! Quisiera saber lo adorable que te veías comiendo lodo y con la nariz llena de mocos.
Sasuke suspiró y de un tirón se soltó del agarre que el rubio tenía sobre él. Se adelantó unos pasos, dejando a un rubio paralizado. Con toda la galantería de la que fue capaz, abrió la puerta frente a él y se movió a un lado, para dejar pasar a su esposo al comedor. Naruto lo miró con extrañeza, pero se encogió de hombros y entró. Al pasar junto al moreno, éste se inclinó tan cerca de su oído, que pudo sentir el cálido aliento rozarle la mejilla:
–Dejaré que Mikoto te cuente lo bien que me veía comiendo lodo, si tú me dejas ver tu adorable trasero melocotón.
–¡Teme! –el gritó de Naruto resonó por todos los pasillos del palacio. –¡Sabía que me atormentarías con esa tontería desde que mi padre abrió la boca!
–Bueno, ahora veo de donde heredaste tu gran bocaza. –la cena transcurrió entre más peleas, pero era innegable la sonrisa en el rostro de ambos. Aunque ya era tarde, aceptaron un café, el cual Naruto acompañó con unas galletas recién horneadas mientras Sasuke leía unos documentos relacionados con la propiedad.
El conde Uchiha alzó la vista brevemente para observar a su esposo apilar las galletas sobre el fino plato de porcelana antes de sumergirlas en la café y engullirlas. Miró de reojo la taza con café y volvió a su lectura, estirando una mano para alcanzar la taza. El sonido de la vajilla rompiéndose puso sobre alerta al rubio.
–¡Bastardo! –en un segundo, Naruto se encontraba a su lado, mirándolo con ojo crítico. –¿Te has hecho daño? Déjame revisar.
–Estoy bien, Naruto. –el rubio examinó su mano derecha mientras que con la izquierda se frotó los ojos. Tal vez era debido al cansancio, pero por un momento podía jurar que había tomado una de las dos tazas… lo cual era ridículo porque nunca hubo una segunda taza. –Estoy cansado, me iré a dormir.
Naruto lo siguió en silencio y el pelinegro intentó actuar con naturalidad, pero era difícil bajo el lento escrutinio del rubio detrás de él.
–Naruto, estoy bien. –repitió, girándose al toparse con la puerta de su dormitorio.
–No, no lo creo. ¿Y si el Mangekyou…?
–Dobe, no es nada. –repitió cansado. –Sólo… se me cerraron los ojos por el cansancio ¿de acuerdo?
–Si es lo que dices… pero me aseguraré. –empujó al conde para entrar en la habitación y dirigirse directo hacia el armario.
–¿Y ahora qué demonios estás haciendo, usuratonkachi?
–Sólo soy un buen esposo. –se detuvo un momento de su faena de buscar la ropa de cama para sonreírle. –¿Acaso hay algo de malo en eso?
–No, pero…
–Disculpen la interrupción. –ambos giraron la cabeza para observar a Kakashi, quien esperaba junto a la puerta. –Sólo quería avisar que el día de mañana no podré cuidar a la niña, tendré que salir por un par de días a arreglar algunos asuntos de la empresa de Lord Minato.
–No te preocupes, Kakashi. Estoy seguro que el teme no morirá por cuidar a su sobrina un par de horas.
–Entonces está dicho. Los veré en unos días.
–¿Quién te crees para disponer de mi tiempo, dobe? –replicó molesto Sasuke una vez que Kakashi abandonó la habitación.
–Tu esposo, naturalmente. –contestó con tranquilidad. –¿Quieres la bata azul o la negra?
–Ninguna. Parece que olvidas el maldito calor que hace, grandísimo perdedor.
–No lo olvido, pero no puedes dormir sin… –las palabras del rubio murieron en su garganta al observar cómo el conde se desvestía sin pudor frente a él, hasta quedar apenas cubierto por unos holgados pantalones.
–¿Y quién lo prohíbe?
–Es… yo…. lo que… –"Mi salud mental te lo prohíbe, teme" se vio tentado a contestar, sin embargo calló y haciendo un enorme esfuerzo, apartó la vista de aquel escultural cuerpo. –Yo también iré a dormir. Espero que descanses, bastardo. –justo antes de alejarse de la cama, la gran fuerza de Sasuke lo empujó, haciéndole caer directamente sobre el colchón. El blanco cuerpo de Sasuke no tardó en cubrirlo y sus labios se adelantaron a cazar los suyos. No pudo ni quiso resistirse al beso. Las manos del azabache viajaron hasta encontrar las contrarias para sujetarlas a ambos lados de la cabellera rubia.
Le hubiese gustado soltarse del agarre y dirigir sus manos a la blanca espalda que tanto lo tentaba, pero la fuerza considerable del conde se lo impedía. Se limitó a disfrutar de los salvajes labios de su esposo succionando los propios, adentrándose en su boca y mordiéndolos suavemente. Separó sus piernas para permitirle acomodarse entre ellas, sujetando la firme cadera de Sasuke con sus rodillas. Sus pechos estaban tan juntos que por un momento creyó que Sasuke podría sentir el latido acelerado de su corazón aún a través de la tela. Y tan pronto como había comenzado, terminó. Le tomó un par de segundos darse cuenta que continuaba con el cuerpo del moreno sobre él, con los hermosos ojos negros clavados de manera hambrienta en sus labios.
–¿Qué… qué fue todo esto, teme?
–Un beso de buenas noches. Si tú puedes ser un esposo ejemplar, yo también. –la sonrisa ladina del mayor lo hizo recobrar el sentido común. Se revolvió bajo el cuerpo contrario logrando poner distancia entre ellos. Arregló su ropa antes de dirigirle una última mirada al conde, que descansaba sobre los mullidos almohadones aún con su sonrisa sarcástica y salió de la habitación.
A salvo en su propia recámara, Naruto se recargó sobre la puerta que comunicaba con el dormitorio del azabache. Se llevó las manos al pecho, sintiendo el apresurado palpitar de su corazón. Su respiración también era acelerada. No sabía lo que debía de pensar al respecto. Se quedó despierto, mirando una de las velas consumirse en un suave chisporroteo, planeando su siguiente jugada.
Debió de quedarse dormido sin darse cuenta. El calambre en su cuello lo sacó de su letargo pero fueron los gritos de terror al otro lado de la puerta los que terminaron por despertarle del todo. Se puso de pie de un salto, acción que sus piernas le reclamaron de inmediato, se juró no volver a dormir en el suelo. Quitó el seguro de la puerta y se adentró en la habitación del moreno. Otra vez Sasuke volvía a tener pesadillas. Encendió algunas velas y mojó una de las prendas de ropa del conde con agua. Sasuke se agitaba entre las sábanas, con el cuerpo cubierto de sudor y las ya no tan extrañas lágrimas de sangre bajando por sus mejillas. Naruto dejó la camisa empapada sobre la sudorosa frente y lo tomó de los hombros, sacudiéndolo y llamándole por su nombre.
–¡Sasuke! ¡Sasuke bastardo, despierta!
En un segundo se vio de nuevo bajo el cuerpo de su esposo, pero en esa ocasión no había labios involucrados. El azabache lo mantenía fuertemente sujeto del cuello, mientras Naruto intentaba luchar con ambas manos para zafarse del agarre, sin embargo las manos del conde parecían grilletes de acero que le impedían respirar. La presión en su cuello empezaba a cobrarle factura, trataba de mantenerse despierto a pesar de que la visión comenzaba a nublársele. Los ojos rojos de Sasuke lo miraban desde arriba, pero se veían vacíos. Naruto sabía que su esposo aún continuaba dentro de la pesadilla, por lo que le perdonó de inmediato. Dejó de forcejear y tomó el rostro del moreno entre sus manos.
–Sa-Sasuke… teme… mírame… soy Naru-Naruto… –hizo un último esfuerzo y acarició las suaves mejillas, apartando las lágrimas carmesíes. –De-Despierta… teme… vamos…
La gran bocanada de aire fue como fuego en sus pulmones. En cuanto aflojó el agarre se giró sobre su costado y comenzó a toser, jadeando por más del vital oxígeno. Se llevó las manos al cuello adolorido pero olvidó su malestar al escuchar a Sasuke murmurar.
–¿Qué demonios hice?
–Hey, teme… –el conde estaba recargado contra la cabecera, con ambos brazos a los costados, casi como un muñeco sin vida. Se colocó de rodillas a su lado y lo forzó a mantenerle la mirada. –Escucha bastardo, nada de esto es tu culpa ¿de acuerdo? Todo fue un mal sueño.
–Casi… –no pudo evitar acariciar suavemente la marca rojiza que ostentaba el cuello de su rubio marido. –No lo vuelvas a hacer, usuratonkachi… un poco más y yo…
–Lo haré las veces que sea necesario, si con eso consigo sacarte de esa pesadilla. –tomó la mano del conde y la llevó a sus labios. –No me importa, teme.
–Naruto…
–Tal vez ya sea hora que me cuentes lo que pasa en esa pesadilla. –sugirió, sentándose a su lado y recargando su cabeza sobre el hombro contrario. Dirigió la mano del conde hacia su rodilla y la rodeó con su propia mano. –¿Qué es lo que tanto te aterra?
–Dobe, no creo…
–Yo creo que sí es necesario. La mayoría de las noches te he escuchado gritar de esa manera. Quizá si me lo cuentas, las pesadillas terminarán.
–No lo harán. Es parte de la maldición.
–¿Así que no me lo contarás? –repuso molesto el rubio, pero no hizo ningún movimiento para apartarse. –¿Por qué insistes en hacerte el duro? Nada bueno saldrá si lo mantienes en secreto.
Después de reflexionarlo unos minutos en silencio, Sasuke se decidió. Nadie mejor que su nuevo esposo para escuchar sus problemas, quizá y con un poco de suerte el rubio tendría razón y las pesadillas menguaran. O tal vez, con un poco más de suerte, la cálida esencia de Naruto alejara de una vez por todas el devastador frío de su corazón. Con un suspiro, comenzó:
–La pesadilla siempre empieza igual. Una luz azul que brilla en medio de la oscuridad. Yo intento atraparla, pero mis pies parecen de plomo. Cuando estoy a punto de cogerla, el suelo se abre y caigo a un barranco junto al mar donde observo a una mujer ahogarse sin que yo pueda hacer algo por ayudarla. Mi voz no sale y la marea es demasiado fuerte para nadar contra ella y salvarla. Después, la arena a mis pies se vuelve fango y comienzan a salir restos humanos, cráneos en estado de descomposición observándome con sus ojos saltones. Sé que son almas inocentes, que creyeron y murieron por la promesa que el viejo Madara les hizo. Pronto, me empiezo a hundir en el fango putrefacto. En ese momento es cuando suelo despertar. Si el sueño continua, sigo ahogándome en el fango, con la muerte rondándome cerca y los cadáveres intentando hundirme aún más, hasta que despierto sobresaltado y jadeante.
Naruto lo escuchaba sin mover ni un músculo. Debía de ser un sueño aterrador.
–¿Sabes lo qué significa?
–Los rostros y el fango son la deshonra de mi clan. La mujer que se ahoga…
–¿Sí? –lo animó a continuar.
–Ella fue… una mujer a la que seduje.
El escuchar esas palabras salir de los labios de su esposo fue como un golpe directo al hígado. Se separó un poco para poder mirarlo a los ojos.
–¿Qué pasó con ella? ¿Por qué no te casaste?
–Yo la maté, dobe.
Los ojos zafiro se abrieron por la sorpresa, recordando a aquella mujer rubia llamada Tsunade que le había advertido días previos a la boda. En su momento no le creyó, pero ahora las palabras de Sasuke le confirmaban esa terrible verdad.
–No… eso no es cierto… tú jamás matarías…
–¿No me crees capaz de matar? Sólo mírate el cuello, Naruto. –Sasuke sabía que revelarle la verdad al rubio podía hacer que Naruto le temiera para siempre. Y eso era precisamente lo que quería. No permitiría que nadie más saliera herido por culpa de su egoísmo. –Yo la maté.
–¡No es cierto, teme! No… no te creo.
–La conocí cuando tenía catorce o quince años. Ella era cinco años mayor. Karin me la presentó.
–Creo que no quiero escucharlo.
–¿Demasiado cruel para ti, usuratonkachi? ¿De verdad creíste que te casabas con un conde como los que aparecen en los cuentos de hadas? Pues déjame romper tus fantasías y aterrizarte en la realidad, dobe. Soy de carne y hueso… y soy un asesino. –continuó su relato. –Karin me la presentó durante uno de los veranos que pasé en la ciudad. Pensé que Shizuka era como Karin. Creo que inconscientemente trataba de llamar la atención de Karin porque ella sólo estaba dándome largas y jugando conmigo. Así que seduje a Shizuka para poner celosa a Karin, pero Shizuka no era como las otras. Esa misma noche descubrí que era virgen, pero yo estaba tan cegado por la pasión que no me importó… nuestra corta relación terminó después de eso y poco tiempo después me enteré que estaba embarazada. Aunque no la amaba, iba a casarme con ella, lo juro. Shizuka me envió una nota diciéndome que no podía soportar la vergüenza de que su hijo fuese llamado ilegítimo, ni la vergüenza de decírselo a sus padres.
–Entonces ella…
–La nota decía que la única manera de limpiar su nombre y evitarle el trago amargo a su hijo era… saltando del barranco.
Naruto contuvo un gemido de terror. No podía creer que alguien en su sano juicio pudiera hacer algo de esa magnitud. Y mucho menos con una criatura inocente en su vientre.
–Por supuesto que salí corriendo a detenerla en cuanto lo supe. Pero no llegué a tiempo. Encontré uno de sus zapatos en la orilla y, días más tarde unos exploradores encontraron más restos de ropa y partes de su cuerpo. –Sasuke se separó un poco del rubio. Era la primera vez que le contaba su versión de la historia a alguien que no fuese Itachi. –Fugaku se enteró y fue la gota que derramó el vaso. Podía soportar mis eternas noches de borrachera, pero el haber provocado la muerte de Shizuka… eso fue algo que jamás me perdonó. No volví a Konoha hasta la muerte de mi padre. En el sueño, la veo a ella el día en que murió, ahogándose y diciendo mi nombre entre jadeos, llamándome… y jamás puedo salvarla.
Naruto lo observó con sus enormes ojos azules, tratando de descifrar los sentimientos que Sasuke escondía. De ninguna manera podía culpar a Sasuke.
–Quizá fue un accidente, teme. –intentó consolarlo.
–¡Por supuesto que no! La nota era muy clara en cuanto a sus intenciones de acabar con su vida.
–Teme…
–No debiste casarte conmigo, dobe. –Sasuke se levantó y caminó alrededor de la habitación. –Y esa es mi historia. Ahora puedes alejarte de mí e irte temblando de miedo a tu recámara.
–No lo haré, Sasuke. Lo sabes. –contestó Naruto con resolución. Nada lo haría apartarse de aquel hombre que tanto quería, ni siquiera un relato como ese. Así que lo miró con esos ojos azules llenos de determinación y en ese mismo momento Sasuke supo que estaba perdido. El conde sabía que sólo tenía dos opciones: rendirse ante la cálida fuerza o darle la espalda, privándose voluntariamente de su reconfortante calor.
–Es suficiente, Naruto. –exclamó, poniéndose de pie. –Déjame en paz. No vuelvas a acercarte a mí. Yo ya cumplí mi parte del trato: tienes mi apellido, mi título y toda tu familia ahora es Lord o Lady. Cumple tu parte del trato y lárgate a tu habitación, restaura Konoha y hazla prosperar, pero yo no soy parte del trato.
–¡No seas infantil, Sasuke! ¡Sasuke! –Naruto lo llamó a gritos, sin embargo el conde ya había abandonado la habitación. Dejó escapar un suave quejido antes de volver a su recámara. Sabía que su marido sólo estaba aterrorizado. Pero Naruto Namikaze jamás se daría por vencido sin luchar con todo.
Cabalgó en medio de la noche a través de la pradera hasta llegar a las ruinas de la antigua abadía. Allí, ató al caballo en un arbusto cercano y se dejó caer sobre una roca, aún temblando. Su cabeza solo daba vueltas una y otra vez sobre el mismo tema: Naruto. No quería pensar en él, no quería pensar en la única persona que le había robado la monotonía a sus días y devuelto las sonrisas sinceras a su rostro. Arrancó la fina brizna en un vano intento por evitar jalar de su propio cabello azabache. Su blanca piel se encontraba húmeda por el sudor, el mundo le daba vueltas y los ojos le ardían como nunca había sentido antes. No era necesario quebrarse la cabeza pensando en lo que le estaba ocurriendo, la última dosis que había llevado a Konoha se terminó un par de días antes y ahora su cuerpo le reclamaba más. Se encontraba desesperado y con la respiración agitada. Miró a su alrededor en busca de ayuda, pero todo le parecía demasiado borroso e irreal. A lo lejos, un par de luces se iluminaron, como si hubiesen estado esperando para iluminarle el camino. Quería resistirse al impulso de montar a caballo e ir allá, sobre todo cuando un rubio recuerdo de hermosos zafiros se hizo presente frente a él.
–No eres Naruto. Imposible.
El rubio sonrió de medio lado, justo como el propio Sasuke solía hacerlo.
–Perdóname, usuratonkachi.
Atravesó a Naruto justo al momento en que este se volvía humo. Corrió hasta su caballo y se montó de un pequeño salto. Unos minutos después se hallaba atravesando la abadía, camino hacia el este. Más allá de la abadía se encontraba la casa de campo del duque Gaara… y la casa de Karin.
–No puedo creerlo. –susurró Itachi mientras tomaba un pequeño trago del té que le ofrecía su nuevo cuñado. –Sabía que Shino era un desgraciado pero…
–Sasuke lo echó de Konoha al día siguiente. No le importó que tuviera que irse cojeando. –le contó Naruto. –Hinata estaba dispuesta a divorciarse al alegar que no era virgen la noche de su matrimonio con Shino, sin embargo yo… –la voz de Naruto bajó de tono. –No estoy seguro de que eso sea una buena idea.
–¡Por supuesto que no! –exclamó de inmediato el segundo rubio que se encontraba en la amplia sala. Naruto miró de reojo al guapo Deidara, entendiendo de inmediato por qué Itachi había renunciado al título de conde. –No irás a permitir que azoten a tu hermana en público ¿verdad Itachi?
–Sabes que no, Dei. –con elegancia dejó la fina taza de porcelana sobre la mesita. –No lo vamos a permitir. Sin embargo, la situación en la que se encuentra Hinata no es nada fácil. Necesitaremos ayuda en el juzgado y un muy buen plan, además de cantidades importantes de dinero, por supuesto.
–Por el dinero no se preocupen. Papá y yo tenemos suficiente para restaurar este castillo y para sobornar a unos cuantos jueces. No obstante, esperaba que nos ayudaras con los contactos adecuados, Itachi.
–Bueno, llevo mucho tiempo fuera del círculo social de élite. Pero creo recordar que hay ciertas personas que me deben un par de favores. Preguntaré por allí y haremos un plan. –el pelinegro suspiró y recargó su espalda sobre el sillón que ocupaba. –Cambiando de tema ¿cómo te va en el matrimonio con mi hermanito?
Naruto rió antes de clavar sus ojos en el atractivo rostro del Uchiha.
–No puedo decir que las cosas son miel sobre hojuelas. Pero las cosas mejorarán, de eso estoy seguro. –lo asaltó de improviso el recuerdo de un aterrado azabache revolviéndose entre las sábanas. –Es cierto Itachi, quería preguntarte sobre la maldición. ¿Qué puedo hacer para ayudarlo?
–¿La maldición? Itachi… ¿por qué no me lo habías dicho? –preguntó impaciente Deidara, golpeando quedamente el hombro de Itachi.
–No hay nada que tú pudieras hacer, Dei. Por eso no te lo mencioné. –acarició una de las rodillas de su rubia pareja con cariño antes de clavar los ojos rojos en Naruto. –¿Qué tanto sabes de ella, Naruto?
–Lo cierto es que no mucho. Sé toda la historia detrás del Sharingan, lo de quedarse ciego o ser infeliz. Dime, Itachi ¿hay alguna forma de romperla? No quiero volver a ver a Sasuke encadenado a las pesadillas, gritando de terror. –inconscientemente sus dedos rozaron la marca violeta que ahora decoraba su cuello. Incluso su voz se encontraba un poco ronca por el daño interno, pero por nada de eso culpaba a Sasuke.
–Naruto, eso es algo que Sasuke debe de hacer. Pero tú podrías ayudarle mucho.
–¿Cómo? –Itachi sonrió al descubrir el brillo de esperanza y decisión que resplandeció en el fondo de los ojos azules.
–Siendo tú mismo, Naruto. Sigue con lo que estás haciendo y saca a mi hermano de esa oscuridad en la que se ha sumergido por propia voluntad. –el antiguo conde se puso de pie y Naruto notó que había vuelto a bajar de peso, pero a pesar de su apariencia frágil, todavía conservaba esa aura de poder sobrevolando a su alrededor. –Iré a visitar a Hinata y a mi pequeña sobrinita. Lamento no haber visto a Sasuke, pero será mejor que nos pongamos en marcha si quiero arreglar el asunto de Hinata.
–¿Puedo acompañarte, Itachi? –preguntó en voz baja Deidara.
–Estoy seguro de que a Hinata le encantará conocerte. –contestó Naruto. –Y Natsuki es una bebé adorable. Venga, los acompañaré hasta la habitación.
Kakashi entró en los establos muy temprano, los rayos tímidos del sol apenas comenzaban a alejar las sombras de la noche. Las caballerizas se encontraban en total calma a esa hora y el aroma del verano ya comenzaba a ganarle paso a la primavera. Sería mejor apresurarse con los asuntos de negocios antes de que la temporada de lluvia se dejara caer con fuerza sobre el campo. Miró a su alrededor para buscar a un mozo que lo ayudara. Prefería viajar él solo a caballo en lugar de utilizar el carruaje, lo cual le ahorraría un par de días de camino. A cualquier otro le preocuparían los ladrones, pero no a Kakashi Hatake. Con una espada entre sus ropas y un pequeño puñal escondido en su tobillo, además de excelentes reflejos y una increíble mente calculadora, había pocos en el mundo que pudieran ser rival para un militar experimentado como él. Un movimiento a su derecha llamó su atención. Un mozo joven, alto y moreno entraba a las caballerizas.
–Pensé que sería muy temprano para encontrar a alguien, pero me alegro de que estés aquí. ¿Podrías prepararme un caballo?
–Un-un caballo… es… –Iruka casi dejaba caer el heno que cargaba al encontrarse al objeto de sus deseos frente a él, sonriéndole y hablándole con esa profunda y hermosa voz que lo hipnotizó en un segundo.
–Saldré de viaje y necesito un medio de transporte. –acortó la distancia entre ambos y clavó su ojo negro en el rostro sonrojado del moreno. –¿Me ayudas?
–¡Cla-claro! ¡Por supuesto! En seguida le preparo el carruaje, Lord Hatake. –soltó de repente el heno y corrió hacia las caballerizas.
–Creo que te equivocas. Sólo necesito un caballo.
–¡Pero va a viajar! Un caballo es incómodo y…
–Y mucho más rápido. –interrumpió Kakashi sonriendo. –No quiero tardar dos semanas fuera de Konoha. Un caballo es mucho más veloz y fácil de cuidar que un carruaje.
–Pero… hay muchos ladrones y si… ¿irá solo?
–Sigue siendo mucho más fácil escapar de ladrones si voy solo.
–Es peligroso. –susurró, sin evitar el mirar fijamente a Kakashi. Sabía lo guapo que era, pero jamás lo había visto tan cerca. Casi podía jurar que olía a hierba fresca y madera recién cortada.
–Puedo cuidarme solo. –Iruka no lo dudaba. Con ese cuerpo escondido celosamente bajo los ropajes, debía de tener una condición increíble. –Pertenecí al ejército hace muchos años. Fui uno de los mejores.
–Bueno, dicen que todos podemos ser buenos en algo ¿no es cierto? –se alejó de él y buscó uno de los caballos más veloces. Le daría el mejor caballo que tenían, sin importarle que quizá ganaría un buen sermón por parte de Madara. Escogió una joven yegua de color caramelo; quizá no era la más veloz, pero aguantaría todo el equipaje y el propio peso de Kakashi mucho mejor que otro caballo, sin disminuir el trote. Se sintió avergonzado al descubrir que para Kakashi no había pasado desapercibido su temblor mientras preparaba la yegua. –¿Cómo está Lady Aburame? ¿Y la bebé?
–Es cierto, ahora te recuerdo. Sabía que tu cara me era familiar. –confesó Kakashi. –Tú fuiste quién ayudó a Lady Hinata ¿tal vez tu nombre es Iruka? –al recibir un asentimiento por parte del mozo, continuó. –Ellas están bien. Lady Hinata ya ha empezado a levantarse de la cama y la pequeña niña cada día está más fuerte. Dijo el médico que en poco tiempo estará fuera de peligro.
–Me alegro mucho. Recé mucho por ellas. Quizá no se acuerden de mí, pero espero que usted pueda entregarles saludos de mi parte cuando las vea.
–Así lo haré. –Kakashi se subió de un salto a la yegua, impresionando a Iruka por su elegancia y habilidad. –Contestando a tu pregunta anterior, sí, creo que todos podemos ser buenos en algo. ¿En qué eres bueno tú, Iruka?
El moreno lo observó desde el suelo, maravillándose ante esa elegante presencia. Podría quedarse mirándolo toda la vida y no se cansaría jamás. Pero recordó a tiempo que sólo era un campesino, un mozo… seguramente Kakashi lo olvidaría en cuanto saliera de las caballerizas.
–¿Eh? No, bueno… no creo que yo tenga alguna habilidad.
–Vamos, Iruka. Tú mismo acabas de decir que todos somos buenos en algo. ¿Cuál es tu especialidad?
–El pay de manzana. –las palabras abandonaron su boca antes de que el cerebro dijera que no. Su rostro se coloreó de inmediato. ¡Era tan tonto! Incluso Kakashi se reía de su tonta impulsividad. Quería esconder la cabeza en el establo más cercano. –Es decir… yo, bueno, es que puedo cocinar… lo que quiero decir es que… mis compañeros han dicho que…
–Entonces espero probar un poco de tu famoso pay de manzana cuando vuelva. –con una sonrisa, Hatake espoleó a la yegua antes de abandonar las caballerizas dejando tras de sí una nube de humo y un sonrojado Iruka. Cuando el cerebro del moreno salió de su trance exclamó:
–¡Tenga cuidado Kakashi!
Iruka se quedó recargado en la puerta hasta que su amor platónico desapareció en el horizonte. Levantarse temprano ese día le había dado dos lecciones: uno, que su aroma favorito era el de la madera recién cortada; y dos, que definitivamente prepararía pay de manzana todos los días.
–¡Buenos días, Naruto! –saludó Minato al entrar en el comedor. –¿Qué haces despierto tan temprano?
–Tuve una visita a la que le gusta llegar muy temprano. –los ojos azules de su progenitor se clavaron tan firmemente en los suyos que de inmediato supo que no podía engañar a Minato.
–¿Te sientes bien? Tu voz se escucha un poco… extraña.
–Quizá voy a pescar un resfriado. –intentó disimuladamente esconder la marca violeta de su cuello, pero no tuvo éxito.
–¿Y ese moretón? No me digas que…. –los ojos azules de Minato se abrieron con terror. –De ninguna manera lo voy a permitir. En cuanto ese maldito conde me escuche, empacaremos y nos largaremos de aquí. No me importa que Konoha se caiga a pedazos, no dejaré que él…
–¡No es lo que piensas papá! Sasuke no me hizo esto… bueno sí, pero no estaba consciente.
–¿Ahora les gusta el sado?
–¿Qué? ¡Claro que no! Papá, no me golpeó ni me violó ¿de acuerdo? –Naruto tranquilizó a su padre con un abrazo. –Sasuke tuvo una pesadilla terrible. Cuando intenté despertarlo…
–¿Te lastimó? –preguntó, correspondiendo el abrazo de su hijo.
–Sí, pero en cuanto reaccionó se mostraba muy arrepentido de lo que sucedió. Papá, confía en mí, yo sería el primero en alejarme si ese bastardo me hiciera daño.
–Naruto… –susurró, no muy convencido de eso. –¿Estás seguro de querer seguir con esto?
–Más seguro que nunca, papá. Soy el único que puede ayudar a Sasuke.
–Si es lo que tú quieres, Naruo, te apoyaré. –hizo una pausa para tomar una galleta y continuó: –Olvidaba decírtelo, pero esta mañana Shizune y yo iremos al pueblo, tal vez salir un poco y el aire fresco del campo le ayuden a recuperarse. ¿Necesitas algo del pueblo?
–Creo que por el momento no. Ahora, ¿sabes qué he estado pensando para reconstruir el castillo?
La charla pronto se volvió una lluvia de ideas sobre los planes que tenían acerca de Konoha. El tiempo pasó muy rápidamente y si a Naruto le preocupaba la ausencia de Sasuke, supo disimularlo muy bien. Casi era la comida cuando Naruto fue a buscar al conde. No lo encontró en ninguna de las habitaciones que solía frecuentar. Cuando llegó al estudio, su mandíbula casi llegó al suelo.
–No lo puedo creer… ¿de verdad Sasuke hizo todo esto? –la voz de Kiba detrás de él lo hizo recuperar la compostura.
El estudio se encontraba repleto de papeles con el rostro de Naruto plasmado en ellos. Kiba avanzó hasta el escritorio donde reposaba un lienzo en blanco y negro, incapaz de demostrar el hermoso color azul de los ojos de su dueño.
–Es increíble. ¡Magnífico! –El Inuzuka no ocultaba su sonrisa. –Aún no sé cómo lo hiciste, pero se nota que traes coladito a Sasuke.
–Nadie trae coladito a nadie. –la fuerte voz de Sasuke los sorprendió a ambos. –¿Qué hacen en mi estudio sin permiso?
–Sólo venía a avisarte de la comida, teme. –murmuró Naruto. –¿Dónde estuviste toda la noche?
–Estuve a-aquí. –Naruto sabía que el tartamudeo de su esposo no podía ser normal, el conde Uchiha jamás tartamudeaba. Le ocultaba algo y se encargaría de averiguarlo pronto. –Ahora, ¿podrías largarte, Kiba? Necesito hablar con Naruto.
–Buena suerte, amigo. –con una palmada cariñosa en la espalda, el castaño se fue, dándoles la privacidad que Sasuke solicitaba.
–¿Qué es lo que quieres, Sasuke? Pensé que ayer lo habías dejado muy claro.
–Siéntate en ese banco. –señaló el Uchiha, ignorando deliberadamente su pregunta. Recorrió un poco las pesadas cortinas de terciopelo y se sentó en un banco frente a él, con un lienzo a un lado y una botella de whiskey del otro lado. –No frunzas el ceño, dobe.
–¿Qué demonios crees que haces? –exclamó desesperado el rubio. –Ayer me pides que me aleje de ti y hoy, aparte de ignorarme, ¿quieres que sea tu modelo? Eres idiota si crees que…
–Cállate y piensa en algo lindo, usuratonkachi.
–No, definitivamente no. –aunque podía pensar en cientos de cosas lindas de cabellos azabaches y ojos negros, prefirió ponerse de pie y enfrentarlo. –¿A qué estás jugando?
–No te pediré una disculpa por lo de anoche. Fue un momento vulnerable y tú te metiste como arena en los zapatos. Ahora ¿te quedarás sentado o es imposible para un dobe como tú?
–¿Quién diría que el gran conde Sasuke Uchiha tiene un momento vulnerable? –los ojos negros lo traspasaron como dagas. –De acuerdo, no exigiré que te disculpes. Pero al menos podrías decirme dónde demonios te metiste todo el día.
–Ya te lo dije, dobe. Estuve aquí. –para cualquiera podría pasar desapercibido el leve temblor de las manos de Sasuke mientras sujetaba el pincel, pero no para Naruto.
Decidieron dejar la pintura una hora después. La naturaleza inquieta de Naruto lo hacía un mal modelo, se movía cada poco tiempo y Sasuke tenía que volverlo a acomodar o rehacer un trazo. Llegaron al acuerdo de que el rubio modelaría una hora al día, que era el máximo tiempo que Naruto soportaba sin moverse o sin hablar. Comieron juntos y después el rubio decidió continuar con las cuentas de Konoha mientras Sasuke continuaba encerrado en su estudio. Después de la cena, Sasuke volvió al estudio y Naruto pidió un poco de chocolate caliente para acompañar la lectura de uno de los antiguos libros sobre la historia de Konoha.
–¿Naruto?
–Buenas noches, Shizune. –respondió con clama, sorprendido de su presencia. Últimamente Lady Shizune Namikaze no salía de su habitación, por lo que su presencia no hacía más que sorprenderlo. –¿Puedo ayudarte con algo?
–Sólo quería saludar. Tu voz se escucha terrible ¿te estarás resfriando? Pediré inmediatamente que te preparen un té de limón con miel y…
–Estaré bien, Shizune. Te veo un poco nerviosa. ¿Pasa algo?
Shizune se aseguró que no hubiera nadie cerca antes de cerrar la puerta y sentarse frente a su hijastro. Como siempre le sucedía, se sorprendió del parecido de Naruto con el propio Minato.
–Es sobre algo que escuché en el pueblo. –susurró y miró con poco disimulo la humeante taza de chocolate frente a ella. –¿Te importaría si…?
–Adelante. –el rubio sabía que a su madrastra le gustaba tanto el chocolate caliente como a él, no le importaba compartir con ella la única taza, a pesar de que estaba aún fresco en su mente el recuerdo de Shizune oponiéndose a su matrimonio con Sasuke. La mujer sopló un poco la humeante bebida y dio un par de sorbos.
–Naruto, ¿qué pasó anoche con Sasuke?
–El teme y yo peleamos. –contestó sin añadir explicaciones, sin embargo acarició la dolorosa marca violeta de su cuello. –¿Qué tiene que ver eso con…?
–Es importante. ¿Qué pasó después de su pelea?
–Ese bastardo se enojó y se fue a su estudio. –comenzaba a sentirse incómodo de tener que darle explicaciones a su madrastra.
–¿Estás seguro que se quedó toda la noche en el estudio?
–¿Qué quieres decir, Shizune?
–Por la mañana, cuando Minato y yo estábamos en el pueblo, oí decir a la panadera que el conde Sasuke Uchiha había visitado muy noche la casa de Orochimaru. Y da la casualidad que apenas hace un par de días, Lady Karin llegó de vacaciones. –dejó escapar el aire para darle un toque dramático a lo que diría. –Naruto… Sasuke pasó la noche en casa de Karin.
Continuará…
¡Hola a todos! Antes que nada, una enorme disculpa. De todo corazón, espero que me disculpen por tardar tanto en la actualización, sin embargo tuve que hacer un examen muy importante para mí que podría significar una especialidad, así que tuve que estudiar casi un año; es difícil recordar y volver a memorizar todo lo que se ha estudiado durante seis años. Pero lo logré, así que ahora tendré un par de meses libres antes de empezar la especialidad y decidí dedicarme a actualizar justo el día después de conocer el resultado. Así que espero que alguien aún siga esta historia y con mucho cariño para los lectores y lectoras que confiaban en que algún día la actualizaría.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES Y UN ABRAZO PARA:
Sasuko-Uchiha … - … Moon-9215 … - … SARAHI … - … Hearts … - … sofi12 … - … NelIra … - … sayuri uchiha … - … sesame chan … - … coptesita
Y también muchísimas gracias a todos y/o todas las que han agregado este fic a sus historias favoritas o a mí como autora favorita. Pensaré en algo para el festival literario de SasuNaru, aunque no prometo que mi musa me visite, trataré crear alguna historia.
Me despido por el momento y trataré de actualizar lo más pronto posible.
I am a lonely hero, tryin' to fight my battles
Kerky
Número de palabras: 12.626
