Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¡Por favor! ¡Pon algo de NaruSasuNaru en el manga! Estaremos eternamente agradecidos.)

Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.

Capítulo dedicado a Zanzamaru por su cumpleaños y por su apoyo… un pequeño regalo atrasado (muy atrasado, casi 2 meses) de cumpleaños. ¡Espero que lo disfrutes!


Holy Curse!

Capítulo VIII: Prueba

–Creo que sólo es un rumor sin fundamento. –decidió, después de pensarlo unos minutos. –Estoy seguro que Sasuke pasó la noche en Konoha.

–Yo no lo consideraría de esa manera, Naruto. –contrarió Shizune, dejando la taza de chocolate sobre la mesa e hizo una mueca. El sabor del chocolate era diferente, prefería cuando ella misma lo preparaba. –Recuerda que cuando el río suena, es porque agua lleva. (1).

–Confiaré plenamente en Sasuke. –pero el recuerdo de Sasuke tartamudeando resonaba en su mente. –Él pasó la noche conmigo.

–Yo sólo digo lo que escuché. Tú sabrás si creerlo o no. –Shizune se puso de pie y con dignidad se retiró a su habitación.

Naruto se quedó en la sala, con el libro momentáneamente olvidado en su regazo. ¿Confiar o no en Sasuke? Primero que nada debería de averiguar si Karin estaba en la casa. Y tenía la excusa perfecta para investigarlo.


Viernes por la noche, nada mejor para los mozos del castillo de Konoha. El humilde comedor se hallaba a reventar, con todos los jornaleros divirtiéndose y riendo mientras el barril de cerveza extendía su alcohólico encanto. Jirobou no se quedaba atrás. El tarro de cerveza frente a él pareció tintinear, lo que le produjo una carcajada.

–La cerveza está deliciosa, ¿quieres un poco más? –el enorme hombre vio con gracia la manera en que su tarro de cerveza medio vacío era reemplazado por un nuevo tarro lleno. Le regaló una sonrisa tonta al sujeto que se empeñaba en ocultar sus ojos frente a él antes de levantar su tarro para brindar.

– ¡Sa-salud!

El moreno asintió, recorriendo su silla para quedar más cerca de Jirobou.

– ¿Cómo te va, amigo? –le preguntó Neji sin perder de vista a Iruka, el cual parecía muy concentrado en mirar por la ventana. Comenzó una charla insulsa con el hombre, encargándose de que el tarro de cerveza nunca quedara vacío. Espero pacientemente a que Jirobou comenzaran a cerrársele los ojos por el cansancio. –Vamos, te llevaré a tu cabaña.

A nadie le pareció raro que el chico nuevo acompañara a un muy borracho Jirobou hasta su cabaña, algunos incluso agradecieron el gesto. El único que podría haber sospechado se hallaba mirando a la nada, imaginándose a un guapo noble de cabellos plateados, con un tarro de cerveza más lleno que vacío y una sonrisa tonta pegada en el rostro. A Neji no le costó mucho trabajo guiar a un atolondrado hombre del doble de su peso hasta el lugar que quería.

Jirobou reaccionó al sentir el cubetazo de agua fría en el rostro. Intentó moverse, pero se encontraba sujeto de ambas manos, amarrado a un poste. Miró a su alrededor y sólo se encontró con lo que parecía un fantasma. Palideció. A pesar del alcohol, recordaba esos ojos color perla.

– ¿Hyuuga? Estás muerto… ¿co-cómo?

–Es lo mismo que yo me pregunto. ¿Cómo? ¿Por qué lo hicieron? ¿Quién les dio la orden?

El hombre pasó saliva pesadamente. No había nadie que le ayudara y gritar no le serviría de mucho: nadie lo escucharía, la música y el ambiente del comedor evitarían que sus gritos llegaran a oídos de alguien.

– ¡Suéltame, bastardo!

–Lo haré, no te preocupes. –Neji caminaba en círculos frente a él, como un carnívoro asechando a su pequeña presa. –Sólo tienes que responderme unas preguntas sin importancia.

– ¡No diré nada!

–Aún no te he preguntado nada, amigo. –analizó al hombre con esos fríos ojos perla. – ¿Quién te dio la orden?

–Prefiero arrancarme la lengua. –cerró sus ojos color naranja.

–De acuerdo. Si ese es tu deseo, lo concederé. –hurgó entre sus bolsillos para sacar una afilada cuchilla. –Sin embargo, no digas que no te lo advertí. Aunque te arranques la lengua, todavía conservarás esas manos tuyas… y escribirás el nombre de la persona que te dio la orden.

–No lo harías…

–Pruébame. –sin ningún miramiento, encajó la cuchilla sobre el muslo del hombre. Jirobou gritó y agitó su pierna en señal de dolor. –Podemos seguir así toda la noche… hasta que sólo te queden fuerzas para murmurar el nombre de quien te pido.

–No… no lo haré. –volvió a decir, pero sus palabras comenzaban a perder la convicción.

– ¿Qué tipo de madera quieres para tu ataúd? Puedo cumplirte ese deseo al menos.


Los desesperados toques en su puerta lograron sacarlo de su lindo sueño. Tallándose los ojos azules, se levantó a abrir la puerta para toparse de frente con otros ojos azules idénticos.

– ¿Papá? ¿Qué es lo que ocurre?

–Es Shizune… creo que enfermó. ¿Me ayudarías a cuidarla mientras llamo al médico?

Naruto cogió una bata que oportunamente colgaba detrás de la puerta. Llegó a la habitación que compartía su padre con Shizune en un santiamén. Al principio creyó que se trataba de otro de los ataques de Shizune, pero al notar a la mujer pálida, sudorosa y vomitando algo que podría parecer sangre, supo que esa vez iba en serio. Corrió hacia su lado para limpiarle la cara con un paño fresco.

–Shizune ¿cómo te sientes?

–No estoy bien, Naruto. –susurró, inclinándose hacia un lado para devolver lo poco que quedaba en su estómago. Con ayuda de su hijastro, volvió a acomodarse sobre los mullidos almohadones.

–Ten, necesitas beber algo. –el rubio le ofreció un vaso de agua, preocupado por la frágil salud de la mujer. Shizune rechazó la bebida y en vez de ello, jaló a Naruto de la mano.

–Naruto, prométemelo… si algo me llegara a pasar… promete que cuidarás bien de Ino.

–No digas esas cosas, Shizune. Verás cómo te recuperas de inmediato. –limpió de nueva cuenta el sudoroso rostro de la mujer, esperando que su padre trajera al médico cuanto antes.

El galeno llegó y Naruto lo reconoció como el médico que lo atendió el día de su caída. El hombre, ya entrado en años pero con expresión amable, procedió a revisar a la paciente bajo la supervisión del doncel.

– ¿Comió o bebió algo de dudosa procedencia? –preguntó mientras revisaba el pulso de Shizune. Frunció el ceño, estaba algo acelerado pero no de gravedad. – ¿Dolor de abdomen o calambres? ¿Dificultad para ver o mareos?

–No, doctor. Sólo dolor… y vómitos, muchos vómitos. Y últimamente me he sentido muy débil. –respondió con voz queda. El médico le hizo una serie de preguntas más y al terminar de revisarla, decidió hacer pasar al resto de la familia para dar su diagnóstico.

–Envenenamiento. –explicó. –Tal vez comió algo en mal estado, pero… me inclino más a algún tipo de veneno, quizá ricino.

– ¿Ella estará bien, doctor? –preguntó preocupado el esposo. –Dígamelo.

–Afortunadamente parece un envenenamiento leve. –contestó, guardando sus cosas en el maletín oscuro. –Necesitará beber mucha agua y un purgante. Seguirá débil un par de días más, pero estoy muy seguro de que se repondrá. Ella es una mujer joven y fuerte.

Ambos rubios agradecieron al médico y cuando estuvieron solos Shizune susurró:

–El chocolate, Naruto. Sabía extraño. Al menos no lo bebí todo. –recordó la pelinegra que permanecía entre las sábanas, pálida y con los ojos cerrados.

– ¿A qué se refiere, hijo? –Naruto relató brevemente lo ocurrido por la tarde, cuando cedió dócilmente su bebida a la mujer. Quizá era hora de dejarse de tonterías y admitir que Sasuke tenía razón: alguien buscaba eliminar a Naruto de Konoha.

–Me alegro haber sido yo quién bebió eso. Si hubieses sido tú…

–Tranquila, amor. –Minato corrió al lado de su esposa, acariciando su cabello en un intento por tranquilizarla. –Debes descansar, recuerda lo que dijo el médico.

–Debemos irnos de aquí, Minato. –imploró Shizune. –Esto es sólo el principio… no sólo Naruto está en peligro. La maldición… la maldición de los Uchiha. No quiero seguir aquí, Minato.

–Perdónala, Naruto. Quizá es el veneno lo que la hace delirar.

–No te preocupes, papá. Investigaremos esto y llegaremos al fondo. De esa manera, Shizune estará tranquila.

Después de asegurarse de que su padre y su madrastra estarían bien, Naruto volvió a su habitación. Antes de acostarse quitó el seguro de la puerta que comunicaba con el cuarto de Sasuke para asegurarse de que su esposo dormía en el castillo. Suspiró de alivio al ver a Sasuke durmiendo tranquilamente y sin pesadillas. Regresó a su cama, pensando en los últimos acontecimientos. Tenía muchas cosas de qué preocuparse: Sasuke y Karin, restaurar el castillo, Hinata y el divorcio, la pequeña Natsuki y ahora el envenenamiento de Shizune. Y debía de resolver todo eso mientras escapaba de quien fuera que lo quería muerto.

– ¡Vaya, Naruto! –se dijo a sí mismo, observando el techo de su habitación. –Ahora sí estás metido en un buen lío.


Las últimas semanas en el castillo fueron completamente agotadoras, pero Naruto ahora sabía que bien habían valido la pena. Cuidar de una enferma Shizune era difícil, pues ella no deseaba que nadie más que Ino, Minato o Naruto se hicieran cargo de sus necesidades. Desde lo del envenenamiento, su paranoia había aumentado a niveles increíbles y Naruto no podía juzgarla, tenía toda la razón al temer hasta de su propia sombra. Del otro lado de la moneda se encontraba Hinata, recuperada aunque débil, pero ya podía hacerse cargo de cuidar de la pequeña Natsuki a la perfección. La guapa Hyuuga había aceptado de buena gana el nombre que el rubio había propuesto para su pequeña.

– ¿En qué piensas, usuratonkachi?

Naruto sonrió al observar a su atractivo marido concentrado, con un puro entre los labios, la paleta de pinturas en la mano izquierda y con la mano derecha sujetaba firmemente un pincel para dibujar sobre la superficie blanca que reposaba en el atril de madera.

–Pienso que ya es tiempo de dejar los problemas familiares a un lado y concentrarme en mis propios problemas, teme. –Sasuke le dirigió una mirada rápida y volvió a su trabajo. – Apenas hemos tenido tiempo para nosotros en las últimas semanas, bastardo.

–Hmn. –replicó el ojinegro, comparando su trabajo sobre el lienzo con el original. –No te muevas, dobe.

–Llevo más de una hora posando de esta manera. Ya me cansé. –se quejó el rubio, poniéndose de pie. – ¿Qué te parece si continúas mañana? Por hoy, vamos a pasear ¿qué dices teme?

–Tengo cosas importantes que hacer. –limpió el pincel y observó el avance del día. Estaba seguro de haber capturado el brillo en los ojos de Naruto justo como quería. – ¿Por qué no das una vuelta tú?

–Eso es lo que pensaba hacer. –se encogió de hombros. –Por cierto, Madara aún no se ha puesto al corriente con los libros de contabilidad.

–Dale un poco más de tiempo, dobe. Con lo que ha ocurrido en el castillo apenas hemos tenido tiempo para dedicarnos a los números o a las reparaciones de Konoha. Él se ha hecho cargo de todo mientras nosotros cuidábamos a Natsuki y a Shizune.

–De acuerdo, le daré un par de semanas más. Kakashi irá a comprar los primeros materiales para empezar a restaurar el ala norte del castillo. ¿Quieres aprobar los cambios que haremos?

–Lo que decidas estará bien, idiota. Después de todo, el castillo es tuyo. –ocultó el trabajo que realizaba lejos de la vista curiosa del rubio. – ¿A dónde irás hoy?

–No lo sé. Quizá vaya a explorar la abadía. –sonrió inocentemente. Por supuesto que iría a la abadía… y quizá se encontraría con el duque Gaara, pero todo sería una "casualidad". –Te veré en la comida, teme.

Sólo Hinata conocía de su plan. Tomó un caballo y se dirigió hacia las ruinas de la abadía, dejando que el viento despeinara sus cabellos. Odiaba estar encerrado tanto tiempo y sentir la cálida brisa le recordaba lo grandiosa que podía ser la vida. Claro, aún debía de resolver un par de problemas más, pero por algo él era Naruto Namikaze, unos problemillas sin importancia no lo harían desistir de su objetivo. Haría que Sasuke se olvidara de Karin, se olvidara del opio y se enamorara de él. Al menos había logrado un avance al conseguir que volviera a pintar y él adoraba el tiempo que compartía con Sasuke siendo su "modelo". Ese moreno le gustaba y mucho. En poco tiempo lo tendría en su cama, pero no antes de encargarse de Karin. Llegó a las ruinas de la abadía muy rápido, contemplando el arrebatador paisaje verde alrededor. Más allá de las ruinas se encontraba la casa de campo de Karin y la del duque Gaara. Naruto, con nuevos bríos, aceleró el paso.

Gaara se llevó una gran sorpresa al ver al rubio en la puerta de su mansión. Pero, a pesar de la emoción, su corazón no pudo evitar sentirse oprimido al saber que aquel doncel ya pertenecía a alguien más. Jamás podría ser suyo.

–Adelante, Lord Namikaze conde de Uchiha. Bienvenido a mi pequeña mansión veraniega. –Gaara no olvidaba los buenos modales que su padre le había inculcado desde pequeño, así que recorrió la silla del rubio para invitarle a sentarse y le ofreció té. – ¿A qué debo su honorable visita, conde?

– ¡Oh, Gaara, por favor! ¿Podríamos olvidarnos de títulos? Eres mi amigo y me gustaría que siguieras llamándome por mi nombre. El hecho de que ahora sea un hombre casado, no significa que debamos dejar de lado nuestra amistad.

Gaara frunció el ceño. ¿Amistad? ¡Por todos los cielos! Le había declarado a Naruto su amor y éste lo había enviado de vuelta a su casa, todo por culpa del bastardo de Uchiha. ¿Y ahora quería ser su amigo? En algún lugar del mundo, alguien debía de estarse riendo de su situación. O quizá en otra vida había hecho algo tan malo, que ahora lo estaba pagando. ¿Amigos? Sí, claro… ¡y un pepino!

–Prefiero mantener las distancias, conde de Uchiha. No quiero meterme en ningún problema con usted o con su esposo, sobre todo porque si recuerda bien, en algún tiempo yo lo pretendí.

–Sí, sobre eso… –Naruto se aclaró la garganta y bebió un sorbo del delicioso té que una de las doncellas había traído en silencio. –He estado pensando que podríamos olvidarlo y retomar nuestra amistad.

– ¡Naruto! –a Gaara le costaba seguir fingiendo amabilidad cuando lo que deseaba era soltar un par de improperios y maldecir su suerte. –Es suficiente. ¿A qué demonios viniste?

– ¡De acuerdo! ¿En verdad quieres saberlo? Bien. Vine a investigar si has visto a Sasuke por aquí.

– ¿Quieres saber si Sasuke ha estado visitando a Karin? La respuesta es sí, Naruto. Ha estado por aquí al menos dos veces.

Los ojos zafiro compitieron contra los aguamarina en un intento por descubrir si mentía o no y para su desgracia, descubrió que hablaba con la verdad. Suspiró abatido. Quería imaginar que todas las habladurías eran tan solo chismes sin sentido, pero no podía cegarse ante la evidencia.

–Debiste pensarlo dos veces antes de casarte con él, Naruto. –Gaara se sintió arrepentido de las palabras que escaparon de sus labios. Tal vez habría sido mejor mentirle a Naruto para evitarle el trago amargo de la infidelidad. –Yo jamás te habría traicionado. Te habría valorado más que a mi vida.

–Lo sé, Gaara. Y no sabes cuánto te lo agradezco. –sonrió con tristeza, luchando para que su voz se escuchara normal. –Pero… no he aprendido a mandar en mi corazón.

El pelirrojo asintió, sintiéndose incapaz de pasar un trago más de té. Compartieron un cómodo silencio que Naruto aprovechó para pensar y acabar con su bebida ahora fría. Gaara sólo se dedicaba a contemplarlo, odiando a Sasuke por arrebatarle a alguien tan maravilloso como el rubio. Si algún día le daban la oportunidad de vengarse del Uchiha por hacer sufrir a tan adorable rubio, lo haría sin dudarlo. Acompañó a Naruto hasta la puerta, recordando que era la hora de la comida y la mayoría de los sirvientes estarían aprovechándola.

–Gracias por todo, Gaara. Prometo no volver a molestarte. –susurró cabizbajo. –Y perdón por hacerte esto. Yo jamás quise herirte.

–Escucha, Naruto. –el duque lo tomó de los hombros para obligarlo a encararle. –Eres una persona maravillosa. Cualquiera se sentiría privilegiado de estar a tu lado, siendo iluminado por la luz que desprendes. Y si el Uchiha no aprecia lo que tiene, existen otros hombres que no dudarían en arrebatarle lo que es suyo. Y yo soy uno de ellos. –depositó un suave beso sobre los labios firmes de Naruto, dejándolo sorprendido ante el repentino roce. –Si ese idiota te hace daño, no dudes en venir. Esta casa es tuya y aquí te cuidarán como mereces. Si yo no estoy, me llamarán y vendré enseguida. Te quiero, Naruto.

Gaara reafirmó sus palabras volviendo a besar los labios de un aturdido Naruto, pero en esta ocasión un par de ojos castaños fueron testigos mudos del acto. Naruto se separó de golpe del pelirrojo cuando su cerebro por fin pudo procesar lo que ocurría.

–Gaara, yo…

–Fue mi culpa, lo siento.

–Está bien. Pero es hora de que me vaya. Y en verdad te agradezco por todo.

Naruto se despidió con una sonrisa y subió a su caballo, emprendiendo el viaje de regreso a Konoha. Mientras recorría los campos en silencio, no pudo evitar acariciarse los labios con los dedos, recordando el calor de Gaara. Un delicioso escalofrío lo invadió y por primera vez se preguntó: ¿habría hecho lo correcto al casarse con Sasuke?


Hinata se sorprendió al notar lo callado que se encontraba Naruto. Por lo general, era el rubio quién animaba las comidas con el parloteo que Sasuke tanto criticaba. Esta vez, era muy notorio el incómodo silencio del comedor. Hinata trató de animar la comida junto a Kiba, pero la tristeza en los ojos azules aún parecía estar presente. Gruñó por lo bajo ¿acaso su hermanastro no se daba cuenta de lo que le pasaba a Naruto?

– ¿Cómo está Natsuki? –preguntó Naruto cuando llegó el postre.

–Perfectamente. Está creciendo muy rápido. –contestó suavemente Hinata. – ¿Por qué no me acompañas a verla después de comer?

–Lo siento, Hinata. Quiero asegurarme que la lista de materiales para la remodelación esté completa. –incluso Minato se sorprendió al notar que su hijo dejaba el postre intacto. –Iré… es decir, voy a… revisar, sí, a revisar unos asuntos que me faltan. Pero ustedes continúen con el postre. –sonriendo, Naruto abandonó el comedor, dirigiéndose a su habitación.

– ¿Naruto está enojado? –curioseó Kiba cuando estuvo seguro de que el rubio no los escucharía.

–No lo creo. –respondió Namikaze. –Cuando Naruto se enoja, él grita y hace rabietas. Más bien creo que está un poco triste.

–Tal vez extrañe la ciudad. –aventuró Ino. – ¿Crees que una guerra de lodo pueda animarlo, papá?

Minato sonrió, revolviendo los rubios cabellos de su hija menor.

–Primero debemos preguntarle qué es lo que le está molestando, hija. Después veremos si se puede solucionar con un poco de lodo.

– ¿No irás a seguirlo? –le preguntó Hinata a Sasuke. –Es tu esposo. Deberías investigar qué es lo que sucede.

–Ya se le pasará. – dejó la servilleta sobre la mesa, finalizando la conversación. –Estaré en mi estudio.

Naruto miraba el techo de su habitación como si aquello fuera la cosa más interesante del planeta. Lo que Gaara le había dicho no dejaba de rondarle por la cabeza. ¿De verdad Sasuke había vuelto a los brazos de Karin? Dolía de sólo pensar en esa posibilidad. Quizá el duque había mentido… no, él sabía detectar las mentiras y no había ni rastro de ellas en los ojos aguamarina. Se sentía cansado, enfadado, estresado y triste. Todo al mismo tiempo. Cansado de luchar por algo que quizá nunca lograría, enfadado por la idiotez de Sasuke, estresado porque debía de estar atento a cada movimiento sospechoso que pudiese ser un nuevo intento de asesinato, triste porque a pesar de todo lo que había hecho, se daba cuenta que aún no ganaba un lugar en el corazón del conde. Empezaba a pensar que lo mejor sería darle a Sasuke el dinero suficiente para que se largara de nuevo a la ciudad y volviera a su vida libertina. No debía olvidar que era un matrimonio de conveniencia, así que mientras Sasuke tonteaba con Karin, él podría hacer lo mismo con Gaara. No le pareció mala idea, después de todo el pelirrojo duque sí sabría valorarlo y respetarlo, sería un compañero ideal. Además, sus besos no eran tan malos. El ligero golpeteo en su puerta lo sacó de su estado de ensoñación.

–Estoy ocupado. –gritó, esperando que lo dejaran en paz.

–Naruto, soy Hinata. ¿Podemos hablar un minuto?

No, no tenía ganas de hablar con nadie. No tenía ganas de hacer nada. Sólo deseaba dormir y despertar en un mundo sin problemas. Jaló aire un par de veces antes de tener el valor de ponerse de pie y abrirle la puerta a la mujer.

– ¿Qué sucede, Hinata?

–Eso es lo que yo debería preguntarte a ti ¿qué te sucede, Naruto? –aceptó la invitación para entrar en la habitación, dirigiéndose hasta la pequeña salita para hablar tranquilamente. –Todos notamos que algo te molesta.

–Hinata, no quiero hablar de eso. –replicó, sentándose frente a ella. –Si sólo estás aquí por…

– ¿Qué sucedió? ¿Qué es eso tan grave que ha arrasado con tu energía y tu sonrisa? Dijiste que irías a ver a Gaara, ¿él te hizo algo?

–Sí, él me hizo algo. –reveló muy seguro de sus palabras. –Me hizo darme cuenta de la realidad. –incapaz de continuar bajo el escrutinio de la chica, se puso de pie, paseando alrededor de la habitación. –La realidad es que Sasuke no me quiere y nunca lo hará. Gaara me confirmó que ha visitado a Karin un par de veces.

Hinata reprimió un gritito de sorpresa. ¿Acaso se equivocaba? Ella estaba muy segura del brillo en los ojos de su hermanastro e incluso Itachi también estaba convencido de que algo había cambiado en Sasuke. Todos lo notaban, ¿cómo era posible que Naruto no lo percibiera?

–Estoy cansado, Hinata. Mis energías tienen un límite. Así que haré lo que Sasuke quiere y le daré el dinero para que regrese a la ciudad mientras mi familia y yo nos quedaremos aquí, reparando y cuidando de la propiedad. Si él desea volver con la zorra de Karin, adelante. A mí tampoco me faltarán pretendientes.

Hinata se puso de pie y cruzó la habitación. La sonora bofetada resonó en cada una de las paredes, sorprendiendo al rubio. La Hyuuga tenía esa mirada desafiante en sus blancos ojos, una mirada que no era muy común en la tranquila y serena Hinata.

– ¿Qué te está sucediendo, Naruto? ¡Tú no eres así! El Naruto que yo conozco, el Naruto a quien quiero, no se dejaría vencer tan fácilmente. Sasuke te necesita ¿no lo ves? Desde que estás a su lado ha cambiado. Itachi lo ha notado, yo lo he notado e incluso Kiba coincide con nosotros. Sasuke ha vuelto a pintar, ha dejado de tomar y su humor ha mejorado. –no podía creer que el pilar de apoyo que Naruto representaba para ella se estuviera derrumbando. –Todos te necesitamos, no sólo Sasuke. Tu lucha no ha sido en vano, puedo asegurártelo. Y también puedo jurarte que, si te quedas, si continúas iluminándonos a todos, Sasuke te corresponderá. Puede que sea un proceso lento, pero…

Naruto atrajo a Hinata hacia sus brazos, interrumpiéndola.

–Gracias, Hinata. –susurró. Tomó una gran bocanada de aire y confesó: –Esas eran las palabras que realmente necesitaba escuchar.

– ¡Oh, vaya! Yo pensaba que necesitarías otra bofetada. –bromeó.

–Lo olvidé, Hinata. –susurró. –Por un momento olvidé quién soy y me dejé llevar por los celos. Olvidé que Naruto Namikaze conde de Uchiha, no se deja vencer. Y no sólo Sasuke me necesita. También tengo que ayudarte con Natsuki, y está lo de Shizune y Minato. ¡Incluso Ino me necesita! Y por supuesto, también Itachi, Kiba y Kakashi. Sencillamente no puedo darme el lujo de dejar todo sólo por un pequeño revés en mis planes.

Hinata sonreía cuando el rubio la liberó de su abrazo. Los ojos azules volvían a tener su brillo habitual y la sonrisa regresaba a su lugar, justo en los labios del Namikaze.

–Todos confiamos en ti, Naruto. No nos decepciones.

–Y no lo haré, Hinata. –besó con cariño la frente de su amiga. –No lo haré. Y si vuelvo a caer en la desesperación, tienes mi permiso para abofetearme.

–Créeme que yo no olvidaré eso. –se sentía más tranquila ahora que el espíritu de Naruto había regresado a su dueño original. – Y ahora, ¿necesitarás ayuda en el siguiente paso de tu plan?


La mayoría de los sirvientes de Konoha ya estaban realizando sus labores cotidianas a pesar de que los rayos del sol apenas comenzaban a iluminar el día. Neji, al igual que muchos de los aldeanos, ya tenía varias horas despierto. Discretamente se aseguró que Madara aún no despertaba para colarse hacia el castillo. No le fue muy difícil entrar por las caballerizas porque a nadie le pareció raro que Neji trabajara con los caballos. Atravesó el inmenso recibidor sin sorprenderse por su majestuosidad, estaba acostumbrado a los lujos de la familia Uchiha. Recordó el camino que tomó cuando nacieron los hijos de Hinata y subió por las escaleras hasta llegar a la habitación que buscaba, entrando sin hacer ruido y asegurando la puerta a sus espaldas.

Hinata acababa de despertar al escuchar a la pequeña Natsuki llorar, la tomó en sus brazos para amamantarla. Aún se sorprendía por lo pequeñita que era, pero a la vez, era una niña muy fuerte que resistió las primeras semanas de vida. Sus ojos color azabache le recordaban a los de Sasuke y su piel blanca sin duda era un rasgo heredado de su madre. Natsuki se quedó dormida en cuanto su estómago estuvo lleno. Hinata se puso de pie para llevar a la niña de vuelta a la cunita cuando escuchó que alguien ingresaba en su cuarto. Por la hora, supuso que se trataba de alguna de las mucamas pero su sorpresa fue mucho mayor al encontrarse de frente con Neji.

– ¿Neji? ¡Neji! –exclamó, arrepintiéndose al instante al notar a su hija revolverse inquieta entre sus brazos. Además, su habitación no estaba muy lejos de las de los otros y podía ser peligroso que la escucharan. – ¿Qué haces aquí? –susurró.

El moreno se acercó a ella, besándola levemente sobre los labios y acariciando el largo cabello obscuro.

–Vine a platicar contigo, Hinata. –sus ojos color perla se desviaron hacia el pequeño ser humano que su amada sostenía entre sus brazos. – ¿Ella es Natsuki? –Hinata asintió emocionada. –Es hermosa. Se parece a ti.

–Es una niña muy fuerte. –comentó. – ¿Cómo llegaste aquí? Madara no permite que los aldeanos se acerquen al castillo.

–El cómo llegué aquí, no tiene importancia. Vine a decirte que hablé con uno de los ayudantes de Madara. –Neji sabía que el plan que había hecho no era perfecto, pero no le importaba mucho si con ello conseguía tener a Hinata de vuelta en sus brazos. –Él me confesó que fue Fugaku el que le dio la orden a Madara para que me mataran.

– ¡Por todos los dioses! –pronunció sobresaltada. –Pero ¿por qué lo hizo?

–Creo que Fugaku se enteró de lo nuestro y mandó callarme para siempre, de tal manera que no se perjudicara la reputación de los Uchiha.

–Eso es terrible, pero ahora ¿qué pasará? –Natsuki parecía haberse calmado con el arrullo de su madre. – ¿Qué haremos?

–Yo ya no puedo permanecer aquí. Jirobou sabe quién soy y puede poner sobre advertencia a Madara. Tengo que irme de Konoha, pero volveré por ti. En una semana pasaré por la noche y huiremos. –la estrechó contra su cuerpo, sintiendo el calor de Hinata y el de la bebé en su pecho. –Prepara lo necesario para que Natsuki soporte el viaje. Robaremos un caballo y nos iremos de aquí.

–Neji, yo… –nada le gustaría más que huir de ese lugar junto a Neji, pero las cosas no podían ser tan fáciles porque su matrimonio con Shino aún existía. –N-no creo que sea una bu-buena idea.

– ¿A qué te refieres? –la miró extrañado. –Pensé que eso era lo que querías.

–Sí, pero no de esta manera. –Hinata se separó unos pasos de él, buscando las palabras adecuadas. –Aún no estoy divorciada de Shino. Si nos marchamos así, tan de repente, pondré en peligro la reputación de mi familia y también pondré en peligro a nosotros tres.

–Ya veo, ¿así que todo era una mentira? Eso que me dijiste de querer huir de todo y de todos. Después de todo lo que he hecho, de seguirte hasta aquí, ¿vas a darme la espalda tan fácilmente?

– ¡No es eso, Neji! –dejó a la niña en la cuna para poder enfrentarse a él. –Sigo queriendo vivir contigo, pero no de esta manera. Dame un poco más de tiempo, sólo lo necesario para poder librarme de Shino y juro que nos iremos juntos.

–No voy a esperar más tiempo, Hinata. No puedo, nos meteremos en más problemas. Vámonos y deja que Naruto se encargue de arreglar el divorcio, estoy seguro que no le molestará. –las manos cálidas de Neji sobre sus brazos eran tan diferentes a las de Shino. Su esposo buscaba hacerle daño, Neji sólo quería protegerla. –Tú tienes la última palabra, Hinata.

Ella cerró los ojos, tomando una gran bocanada de aire. Lo que iba a hacer no sería nada fácil y podría traerle más consecuencias que recompensas, pero sabía que al menos Naruto podría entenderla. Decidida, contestó.

–De acuerdo, Neji. En una semana escaparemos juntos.


Terminó de pintar cuando notó que ya no podía controlar el temblor en de sus manos. Apenas era mediodía pero se sentía cansado, mareado, con dolor de cabeza y enfadado. Era como la peor resaca que hubiese tenido en su vida, y vaya que él era experto en resacas. Dejó los pinceles a un lado y abrió el compartimento secreto de su cajón sólo para darse cuenta que ya no había nada más de aquella droga que consumía. La última dosis la había tomado la noche pasada y no pensaba ir por más. No cuando Karin le ponía un precio tan alto al opio.

Es la última, amor. –le dijo la pelirroja, acomodándose en su regazo. –La próxima tendrás que pagar.

Pensé que no necesitarías dinero. He escuchado por ahí que has conseguido un nuevo amante millonario.

Y no lo necesito, Sasuke. Pero… –los sugerentes labios de Karin hicieron un puchero. –Necesito otro tipo de pago. Uno más bien de índole físico. Hace tanto tiempo que mi cama reclama tu calor, Sasuke. No sabes cuánto te he extrañado.

Y ahí había terminado todo. No pensaba pagarle con sexo. Había sentido los efectos de la falta de droga en su cuerpo varias veces y sabía que el proceso no sería nada fácil, pero Naruto bien lo valía. Ese rubio revoltoso que había conseguido sacarlo de su miseria, que había logrado penetrar la obscuridad de su alma con los cálidos rayos de luz que emanaba. El atractivo rubio que había estado junto a él tanto tiempo, conformándose con su mal humor y el poco rato que le dedicaba. Y aun así, Naruto jamás había flaqueado. Sus pesadillas comenzaban lentamente a tornarse en sueños donde anhelaba tocar la morena piel del Namikaze, donde lo besaba y acariciaba durante tanto tiempo que últimamente despertar con una dolorosa erección entre sus pantalones era lo más habitual. Porque Naruto Uzumaki había roto la coraza de acero que él mismo se había construido alrededor de su marchito corazón, órgano que parecía sólo palpitar ante la presencia del rubio. Porque sus charlas insulsas durante las comidas le habían devuelto los ánimos de seguir adelante, de olvidarse de sus tropiezos pasados, de dejar de aferrarse a los recuerdos dolorosos que solían asaltarlo por las noches. Porque, poco a poco, había descubierto que era Naruto el que lo mantenía con vida. Porque gracias a él aprendió que no todo era obscuridad y miseria, también existía luz. Aprendió a perdonar. ¿Qué importancia tenía que Fugaku lo odiara? Él ya estaba muerto y era Sasuke el que continuaba en este mundo. Ya no tenía que esforzarse por impresionarlo. ¿Y qué pasaba con Mikoto? Ella vivía en la ciudad, disfrutando del dinero del rubio sin ningún tipo de remordimiento. ¿Itachi? Feliz en un pueblo junto a Deidara. Todos continuaban con sus vidas, ¿por qué no hacer lo mismo?

Bostezó una vez más y se talló los ojos llorosos. Ya comenzaba la prueba. Si podía superar los primeros días, lo lograría. Era un día caluroso pero a pesar de eso temblaba y su piel parecía de gallina.

– ¿Teme? –la voz de su rubio desvelo se hizo presente en el estudio. Miró la hora en el reloj del escritorio, entendiendo inmediatamente su presencia. – ¿Hoy también pintarás?

No había nada que deseara más que ver a Naruto un par de minutos o escuchar su voz narrándole alguna anécdota divertida, pero en esta ocasión tenía que evitarlo. No le gustaría que Naruto lo viera en ese estado tan débil y vulnerable.

–No, dobe. Tengo otras cosas que hacer. –pasó junto al rubio, ignorando el deseo de correr hacia él y besarlo hasta que sus cuerpos se fundieran en uno solo. Pero todavía no era el momento, primero debía superar el obstáculo de Karin para después volver limpio a los brazos de Naruto como él merecía.

Se detuvo durante un momento en el marco de la puerta para sujetarse el estómago, intentando controlar las arcadas que lo aquejaban. Respiró profundo, sintiendo el cuerpo temblar mientras escalofríos erizaban los finos vellos de sus brazos.

– Teme ¿estás bien? –Naruto se acercó, colocando la mano sobre su hombro. –Te ves un poco pálido. Y mírate, estás temblando.

–Estoy bien, usuratonkachi. –salió del estudio, dispuesto a encerrarse en su habitación donde nadie podría molestarlo. –Te veré en la comida.

– Espera, bastardo… ¿a dónde vas? –por favor, que alguien le dijera que Naruto no estaba siguiéndolo. No podría soportar mucho con el rubio observándole de cerca. –A mí no me engañas. ¿Qué te sucede? Te ves mal, Sasuke ¿quieres que mande llamar al médico?

Corrió escaleras arriba directo a su habitación con el rubio pisándole los talones. Casi había alcanzado su objetivo cuando Naruto le dio alcance, jalándolo del brazo e impidiendo que se refugiara en la recámara principal.

– ¿Qué pasa, Sasuke?

–No pasa nada, dobe ¡ya te lo dije! Quiero estar solo, ¿de acuerdo? ¡Ahora lárgate! –conseguir zafarse del agarre del Namikaze no iba a ser cosa fácil, considerando la fuerza de éste.

–De ninguna manera, maldito conde. Quiero saber qué te sucede y exijo saberlo ahora.

– ¡Lárgate, Namikaze! ¿No lo entiendes? No quiero verte… ¡fuera de mi vista! –bajo otras condiciones, jamás habría dicho eso. ¿Acaso no era obvio? Le encantaba estar junto a Naruto. Pero no quería que él fuera testigo de lo que sería la peor parte de Sasuke. –Lárgate, dobe.

Tal vez era la fría mirada en los ojos carmesí que tanto le gustaban o quizá el tono desesperado que utilizó Sasuke, pero de alguna manera su agarre disminuyó la fuerza, permitiéndole al conde liberarse de un jalón.

–Teme, sea lo que sea, puedo apoyarte. Quiero estar contigo…

–No lo volveré a repetir. Piérdete. No quiero que nadie, especialmente tú, entre a mi habitación. Si te atreves a entrar, terminaré con este estúpido matrimonio.

–Pero…

–Te lo advierto. –lo interrumpió. –Si entras sin mi consentimiento, juro que disolveré el matrimonio. No será muy difícil demostrar que no ha sido consumado.

Sasuke entró en la habitación y cerró con un portazo mientras Naruto se quedaba petrificado, analizando las palabras del pelinegro. ¿Qué demonios había sucedido ahí?

–Bien, ¡haz lo que desees, conde Uchiha! –replicó molesto, sin escuchar una respuesta del otro lado de la puerta.

–Naruto, ¿qué es todo este alboroto? –Kiba pasaba cerca cuando escuchó los gritos de los condes.

–Sólo es el conde Sasuke haciendo una rabieta como crío de cinco años. –contestó visiblemente molesto con un tono de voz elevado, con la clara intención de que Sasuke lo escuchara. –Estaré en mi habitación.

El castaño observó a Naruto perderse dentro de su propia habitación y suspiró, sacudiendo la cabeza ligeramente en negación. Podían pasarse el día entero discutiendo y peleando, pero para aquellos cercanos a Sasuke, era evidente que el pelinegro estaba perdidamente enamorado. Ahora sólo hacía falta que lo aceptara, cosa que no se veía nada fácil a juzgar por la expresión entristecida de Naruto.


El día había llegado, sin embargo, la valentía que una vez la acompañó parecía haberla abandonado justo esa mañana que más la necesitaba. Neji pasaría esa noche a buscarla junto a Natsuki, para emprender juntos el viaje que los llevaría lejos de los Uchiha y de su maldición. Hinata no estaba muy segura de irse, no mientras Sasuke estuviera en esas condiciones. El conde se había encerrado en su habitación cinco días atrás y ahora la mayoría de los habitantes del castillo miraban preocupados la enorme puerta de madera cerrada desde adentro. Naruto era el más preocupado, aunque se negara a admitirlo.

–Creo que debemos entrar. –exclamó Minato, rompiendo el tenso silencio.

Dentro de la habitación las cosas no parecían mejorar para Sasuke. El cuarto estaba en total desorden, con la mayoría de los objetos hechos añicos sobre el suelo y la ropa fuera del armario. La cama estaba deshecha y había incluso algunas manchas de sangre en las blancas sábanas. El moreno golpeó una vez más la pared, pero sus puños cubiertos de heridas, ya no chorreaban ni una gota de sangre. Su rostro tenía rastros de lágrimas rojas y en sus ojos brillaba el Mangekyou Sharingan. Se dejó caer sobre sus rodillas, completamente agotado. Cinco días sin comer, apenas bebiendo agua y durmiendo lo que podía antes de que las pesadillas lo asaltaran. Las rodillas flaquearon y se tendió sobre una mullida alfombra, extendiendo sus brazos a los lados y mirando el nada interesante techo blanco. Su cabeza punzaba como si mil pájaros estuvieran taladrándola, sus ojos no dejaban de lagrimear y se sentía frustrado. Si tan sólo tuviera un poco de opio a la mano… en el techo se reflejaron un par de zafiros que lo hicieron volver a replantearse su objetivo. Hacía eso por Naruto, porque él lo valía. Y además, no dejaría que Karin lo humillara de nuevo haciéndolo rogarle como un perro a su amo. No señor, jamás.

–Dobe… –susurró unos segundos antes de que sus párpados cansados se cerraran, dejándose caer en la obscuridad.

–Naruto, eres el conde de este castillo. Dinos qué hacer. –dijo Kiba ante la indecisión del grupo.

El rubio apretó los puños con impotencia. Podía desobedecer a Sasuke y entrar, pero el moreno no dudaría en cumplir sus amenazas de separación, después de todo él tenía la razón, más de dos meses de casados y no habían consumado el matrimonio. Pero por otra parte, Sasuke no estaba nada bien. Todos habían sido testigos en los últimos cinco días de los horribles alaridos del conde y de los objetos partiéndose en pedazos. Estaba preocupado por él, y aunque siempre había sido muy impulsivo, esta vez tendría que pensarlo dos veces antes de actuar.

Cerró los ojos y se decidió. De nada le valdría tener un matrimonio si su marido estaba enfermo. Preferiría enfrentarse a la furia de Sasuke, pero asegurándose de que éste se encontraba en perfectas condiciones. Ya se inventaría algo para que el moreno olvidara sus amenazas. Suspiró, dándose valor.

–Abran la puerta. –ordenó. Un par de mucamas corrieron por los pasillos, buscando la única copia de la llave que abriría la habitación principal del conde. Cuando la encontraron, se miraron desconfiadas y le ofrecieron la llave al conde rubio, no querían perder su empleo por un arranque de furia desmedida de su señor. –De acuerdo, lo haré yo.

Se acercó a la puerta sin ninguna prisa, tomándose su tiempo para insertar la llave. Miró los rostros de los demás, buscando en ellos un poco de fortaleza.

–Dobe…

Apenas había sido un susurro, pero pudo escucharlo claramente. Dejó de lado la calma y se apresuró a abrir la puerta, claramente alarmado.

– ¡Sasuke! Respóndeme con un demonio… ¡teme!

La cerradura cedió y corrió dentro de la habitación. Entre los cientos de objetos esparcidos, se encontraba Sasuke tirado sobre la alfombra, con las manos y el rostro con huellas de sangrado.

– ¡Papá! –Naruto pidió ayuda de su padre, dejándose caer sobre el pecho de su esposo. Se tranquilizó un poco al escuchar su corazón latir suavemente y al sentir el pecho subiendo y bajando con cada respiración.

– ¿Qué ha pasado aquí? –Minato dejó de lado su estupefacción inicial para ayudar a su hijo a cargar con el conde. Pasaron los brazos flácidos de Sasuke sobre los hombros de cada rubio y se dirigieron a la habitación contigua, que pertenecía a Naruto. Colocaron al moreno sobre el mullido colchón y entró en la habitación Kiba, Hinata y Kakashi, todos con un gesto de sorpresa en el rostro. –Llamaré al médico.

–No… –Hinata y Naruto soltaron un suspiro de alivio al escuchar a Sasuke hablar. –Estoy bien.

– ¡Teme! No creo que te sientas nada bien. –jaló las sábanas para taparlo, su piel estaba cubierta en sudor y los vellos de sus brazos se encontraban erizados. –Lo siento, Sasuke. Lo llamaré.

–No… sólo agua… necesito agua. –Naruto hizo una seña y un segundo después, una de las sirvientas se aproximaba con una jarra llena del vital líquido. Sasuke bebió con avidez mientras era supervisado por el rubio. –La cabeza me duele.

–Traeré un té de inmediato. –dijo Hinata, saliendo de la habitación para preparar un remedio casero para su hermanastro.

–Teme… –Naruto susurró, pensando en qué hacer. Sasuke no se veía muy bien, pero llamar al médico en contra de sus indicaciones, podría molestarlo demasiado.

–Estaré bien. –musitó entre sueños el pelinegro. –No lo llames, por favor.

–No debería hacerte caso, Sasuke. –el simple hecho de que pidiera las cosas "por favor" significaba que era algo muy importante para el moreno. –Me quedaré contigo toda la noche.

La ansiedad que Sasuke sentía comenzó a calmarse con las sutiles caricias de Naruto sobre su cabellera negra. Frotó una de sus mejillas contra la almohada en donde descansaba su cabeza, buscando más del aroma de Naruto, ese olor parecía tener el poder de calmarlo y reconfortarlo. Estaba tan tranquilo como no se había sentido en años. Sabía que estaba en el lugar correcto, con la persona correcta. Sasuke se dejó envolver por la grata obscuridad que reclamaba su conciencia.

Naruto no se separó de lado de Sasuke hasta estar seguro de que el moreno dormía calmado y profundamente. Bajó a la enorme cocina para buscar algo comestible que pudiese apaciguar el gruñido de su estómago, encontrándose afortunadamente con Kakashi.

–Naruto, ¿cómo está Sasuke?

–Creo que bien… al menos por el momento. –respondió cansado y aceptó con gusto la rebanada de humeante pay de manzana. Cuando estuviera menos cansado averiguaría porqué había un pay recién horneado en las manos de Kakashi.

–Supongo que necesitas descansar. Si quieres puedo cuidarlo esta noche.

–De ninguna manera, Kakashi. –dijo de inmediato. –Tu ofrecimiento es muy amable, pero es mi deber cuidarlo. Además, quiero estar a su lado.

–Bien. Al menos déjame prepararte un café, lo necesitarás.

Naruto no puso ninguna objeción a eso. El pay estaba exquisito y, cuando le preguntó a Kakashi sobre el postre, el mayor sólo se limitó a sonreír y a encogerse de hombros, restándole importancia a su pregunta.

–He estado pensando que debería llamar al médico. –Naruto rompió el silencio después de devorar el pay. –Quizá lo que padece el teme sea grave…

–No creo que el médico pueda ayudarte mucho, Naruto. –Kakashi, con sólo ver los síntomas del moreno, sabía lo que sucedía. Él había estado en varias guerras y muchos de sus compañeros habían recurrido al opio para calmar sus nervios antes de las luchas y, coincidentemente, al volver a casa presentaban los mismos síntomas del conde. –Tal vez lo que te confiaré no será fácil de asimilar.

– ¿A qué te refieres, Kakashi? Explícame.

–Varios de mis compañeros de guerra pasaron por lo mismo. –le confió en voz baja. –Durante la guerra, las cosas no eran nada sencillas. En nuestros pocos momentos libres, buscábamos desesperadamente algo que nos ayudara a olvidarnos de la sangre, de los gritos, de la sensación de muerte asechándonos constantemente… algunos recurrían al alcohol, otros se refugiaban en los brazos de mujeres de dudosa reputación. Los demás, obteníamos una manera de escapar de la realidad al consumir veneno negro (2).

–Kakashi… –los ojos de Naruto mostraban verdadera sorpresa. – ¿Qué…?

–Es algo que no sabe Minato. Creo que él perdería el respeto que siente por mí si se enterara de algo como esto.

–Te aseguro que tienes mi silencio. Pero cuéntame más, ¿qué es el veneno negro?

–En algunos otros lugares del mundo así se le conoce al opio. –la revelación dejó sumidos en un profundo silencio a ambos. Los grillos se escuchaban cantar a través de las ventanas a coro con los sapos.

– Quieres decir que… ¿tú también consumías eso?

–No pido que me entiendas, Naruto. –suspiró, llevaba mucho tiempo sin desempolvar esos recuerdos. –Pero por los menos debes de saber lo que ocurría en ese tiempo. No era fácil enfrentarnos a la muerte. Cada día despertábamos con temor de que ése fuera el último día que abríamos los ojos. No sabíamos si volveríamos a ver a nuestros padres o hermanos. Ni siquiera sabíamos si, al regresar, nos encontraríamos con nuestros compañeros de escuadrón. Sólo buscábamos una forma de olvidarnos de las cientos de vidas que arrebatábamos, del dolor que les causábamos a otras personas.

El rubio trató de imaginarse la vida en un capo de batalla. El no poder dormir bien por temor a que en cualquier momento llegaran por asalto el enemigo, la escasez de comida, el olor a sangre y muerte flotando en el aire. Se estremeció de sólo imaginarlo.

–Lo consumí un par de veces, las suficientes para olvidarme de la guerra durante unas horas y para darme cuenta de que evadir la realidad no haría que mi vida mejorara. Porque, al volver, el lugar parecía más siniestro y más real. Era doloroso volver a enfrentarse con ese escenario. Así que lo dejé. Tuve mucha suerte.

– ¿Por qué dices eso? ¿A qué te refieres con suerte?

–No todos mis compañeros sobrevivieron. Es una adicción muy fuerte, Naruto.

–Entonces… quieres decir que Sasuke…

–Sasuke podría no lograrlo. –puso en palabras los pensamientos del rubio. –No es fácil. Al principio, hay náuseas, vómitos, temblores, euforia y cosas que puedes controlar… después empeora. Un dolor increíble recorre cada pequeña parte de tu cuerpo, no puedes dormir, te sientes inquieto, confundido, enojado, triste, deprimido, ansioso, todo al mismo tiempo. Quieres salir de tu cuerpo y buscar más.

–No puedo creerlo.

–No recuerdo mucho de lo que yo pasé. Pero sí recuerdo lo que veía en mis compañeros. Uno a uno se fueron abandonando en la vorágine hasta que me quedé solo.

–Pero Sasuke se ve tan calmado… se quedó dormido y…

–Porque ya han pasado varios días. No estuvimos junto a él en los momentos más difíciles, pero ha tenido mucha suerte. Ahora se tendrá que enfrentar a otro reto grande: luchar contra el inmenso deseo de buscar más.

–Jamás imaginé que tú habrías pasado por algo tan tormentoso.

–Es una parte de mi vida que desearía enterrar y olvidar. –confesó en voz muy baja. –Cuando vi a Sasuke, de inmediato supe por lo que pasaba. Tal vez él y yo somos mucha más parecidos de lo que alguna vez pensé.

–Gracias por decirme esto, Kakashi. Debe de ser muy difícil contarme sobre esto. –dio un largo sorbo al café olvidado. –Pero ahora, ¿qué debo de hacer?

–Quédate a su lado. El proceso es mucho más sencillo si alguien está a nuestro lado, compartiendo la carga.

Naruto sonrió con sinceridad, agradecido por las palabras de su casi hermano. Llevaba varios años viviendo con él y jamás se detuvo a preguntarle sobre su pasado y Kakashi siempre se mostraba reticente a hablar sobre eso, ahora entendía el por qué. Se despidió con un abrazo impulsivo y subió de nuevo a la habitación. Pasaría el resto de la noche velando el sueño de su esposo, compartiendo esa carga de la que hablaba. Al subir las escaleras, no se percató de la pequeña luz oculta al final del pasillo.

Hinata salió de su escondite una vez que se aseguró de que los pasos de Naruto se habían perdido en lo alto de la escalinata. Tomó la vela y salió a través de las caballerizas. Sabía que Neji estaría esperándola, pero ella no se sentía capaz de salir esa noche, no mientras su hermanastro Sasuke estuviera en ese estado. Quizá estaba abandonando la única esperanza que tenía para ser feliz, pero de ninguna manera dejaría a su familia sola cuando más la necesitaban. Sólo quedaba rezar para que Neji pudiera entenderlo.


Naruto pudo respirar con tranquilidad al percatarse de que Sasuke continuaba dormido profundamente. También se alegraba de que las horribles pesadillas no hubiesen vuelto, al menos durante esa noche. Buscó en el gran armario algo de ropa para dormir y se cambió sin necesidad de llamar a una mucama. Antes de acomodarse en el colchón justo al lado del pelinegro, limpió las heridas en los puños de él y las envolvió en suaves retazos de tela, después limpió con agua tibia toda la piel visible, poniendo especial atención al rostro que se encontraba con restos de sangre y tal vez de saliva, sudor y vómito. Suspiró, imaginando el infierno que debía de haber vivido su marido. ¿Por qué no se lo habría dicho a él? Naruto habría estado dispuesto a atravesar el difícil reto a su lado. Con mucho trabajo también cambió las sucias ropas del conde y trató de no pensar en lo maravilloso del cuerpo desnudo mientras lo vestía con una camisa ligera y un pantalón.

Se acomodó para dormir cuando después de comprobar que Sasuke no presentaba ningún cambio. Naruto sucumbió a los deseos de acomodarse sobre el pecho de Sasuke. El moreno era cálido y podía escuchar el corazón latiendo suavemente, sonido que lo tranquilizó.

– ¿Por qué entraste, Naruto?

Al escuchar el susurro de Sasuke se aferró con mayor fuerza al pecho blanco, agradeciendo en silencio el escuchar de nuevo esa voz.

–Tenías varios días encerrado ahí, sin comer y gritando histéricamente. Estaba preocupado.

– ¿No te importó la amenaza de disolver el matrimonio?

–Claro que me importaba, pero ¿de qué me serviría un matrimonio si mi esposo estaba enfermo?

No podía creer que Sasuke estuviera acariciando su cabello rubio, ni que fuera el propio conde el que depositara un casto beso sobre su frente.

–No quería que fueras testigo de la peor parte de mí. No quería que me vieras débil y vulnerable.

Naruto se tomó un momento para planear sus palabras y responder: –Estás ahora en un momento vulnerable. Y eso no me hace quererte menos, teme.

La frecuencia de la respiración bajó, al igual que los latidos del corazón. Por un momento se sintió asustado, pero al escuchar un suave ronquido saliendo de los labios del conde, su intranquilidad se esfumó. Sasuke estaba dormido de nuevo y no sabía si estar agradecido o molesto por no haber escuchado su última confesión. Al final, se decidió por sentirse agradecido.

–La próxima vez que te lo diga, teme, estoy seguro de que también me corresponderás.


Sasuke recuperó sus fuerzas con el paso de los días. Muchas veces se sintió tentado a subir a un caballo y correr hasta la casa de Karin, pero cuando estaba a punto de flaquear, unos vivaces ojos azules hacían acto de presencia y todas sus dudas se disipaban. No había abandonado la habitación de Naruto y al rubio tampoco parecía molestarle. Compartían noches tranquilas, desvelándose en largas conversaciones sobre los viajes de Naruto o los conocimientos adquiridos a través del tiempo de Sasuke. A Naruto le fascinaba escucharlo hablar sobre la historia de Konoha y Sasuke encontraba tranquilidad al escuchar el tono de alegría que el rubio imprimía en cada una de las descripciones arquitectónicas que le explicaba.

–Me levantaré hoy, dobe. –después de una semana en cama le parecía justo salir a tomar un poco de aire fresco.

–Vamos, teme. Un día más en cama no te matará. Prometo que mañana saldremos a montar. –Sasuke aceptó a regañadientes. No le gustaba ser un estorbo durante tanto tiempo, pero si eso conllevaba una noche más en la cama de Naruto, aceptaría. Además, aún se sentía un poco débil y las náuseas continuaban aquejándolo durante la mayor parte de la tarde.

Naruto se encontraba enfrascado en los proyectos de remodelación cuando una mucama anunció la visita de una persona. Cruzó su mirada con los ojos perlas de Hinata.

– ¿Qué haré si es Gaara?

–Yo atenderé. –informó Hinata a la chica y dejó a la pequeña Natsuki en los brazos de una doncella. –Si es el duque Gaara, me encargaré de despedirlo de inmediato.

–No seas tan dura con él, Hinata. Después de todo, es mi culpa. –confesó Naruto cabizbajo.

–Si no vuelvo pronto, necesitaré apoyo. –le guiñó un ojo antes de salir de la habitación.

Naruto paseaba inquieto por el gran comedor. Había decidido comenzar con las remodelaciones allí y en la biblioteca para poder festejar el cumpleaños de su media hermana en ese lugar, imaginando de antemano que Ino estaría muy feliz con la sorpresa. Impaciente, como era su naturaleza, no decidió esperar más tiempo. Sería un completo cobarde al no dar la cara a Gaara, por lo que armándose de valor, se dirigió hacia el recibidor. Fue una gran impresión observar la pelirroja cabellera, sólo que no era de la persona esperada.

– ¡Lord Namikaze conde de Uchiha! –con un falso tono dulce, Karin se puso de pie, dirigiéndose hacia el rubio para saludarlo con un beso en cada mejilla. –Me alegro encontrarlo bien.

Naruto, consternado, buscó una explicación en los ojos de Hinata, pero ella se encontraba tan consternada como el propio rubio.

–Dinos a qué has venido, Karin y luego márchate. –siseó furiosa la todavía Lady Aburame.

–Bueno, mi hermano, el conde Juugo, está en Konoha para arreglar unos asuntos de negocios con Lord Uchiha. –la mujer se sentó en una de las sillas de cuero rojo, cruzando la pierna en una actitud sugerente. –Y pensé que sería una excelente idea venir a saludar a mi buen amigo el conde Uchiha, después de todo lleva varios días sin aparecerse por mi casa.

La mirada de Karin fue suficiente para hacer rabiar a Naruto. Si esa mujer estaba en su mansión con el único propósito de restregarle en la cara las noches compartidas con su esposo, se enteraría de una buena vez por todas lo que el conde de Uchiha era capaz de hacer. Apretó los puños tan fuerte que los nudillos se volvieron blancos y olvidó todos los buenos modales. Estaba a punto de decir exactamente lo que pensaba de la pelirroja cuando Hinata, con una sonrisa falsa en el rostro, se interpuso entre él y Karin.

– ¡Oh, Lady Karin! Es usted una mujer muy considerada. Sin embargo, mi hermanastro ha estado tan ocupado que lamenta no poder acudir con la debida frecuencia a visitarla. –si Naruto estaba sorprendido con la visita de Karin, los comentarios de Hinata bastaron para casi provocarle un desmayo de la impresión. –De hecho, si usted cuenta con algo de tiempo, me gustaría enseñarle en lo que ha estado trabajando. Estoy completamente segura de que usted estará realmente complacida cuando vea su trabajo.

–Está bien. Después de todo creo que mi hermano tardará bastante en arreglar los contratos de Lord Uchiha. –Karin miraba a Hinata con desconfianza, pero la chica de ojos perlas no perdía su sonrisa falsa y mantenía su tono de voz bajo control.

–De acuerdo. Sígame por aquí, Lady Karin. Pediré que sirvan el té en el estudio. –Karin se alejó unos pasos por el amplio corredor que llevaba hacia el estudio y fue el momento en que Hinata se acercó a su cuñado para susurrarle en el oído: –Sólo sígueme el juego. Te aseguro que Karin no volverá a molestarte.

Naruto no estaba muy seguro de eso, pero accedió con un leve movimiento de cabeza. Confiaría en Hinata porque ella además de su amiga, era su confidente, la que había estado ahí para ayudarle en sus planes de conquista del teme. Hinata le había ayudado en más ocasiones de las que podía contar, así que le debía ese voto de confianza. Siguió a las dos mujeres a través del pasillo hasta llegar al estudio que utilizaba Sasuke para pintar. Entonces, algo en su cerebro hizo un leve "clic" y sonrió complacido. Con una sonrisa más falsa que sincera, se adelantó a abrir el estudio, dejando pasar a ambas mujeres primero.

–Este es el estudio de mi hermano. –señaló Hinata. –Lleva varios días encerrado aquí, pintando.

– ¿Pintando? –repitió Karin, extrañada. Sasuke no pintaba desde que ella se había colado en su vida.

–Así es. –respondió Naruto con un tono alegre. –Ese teme ha vuelto a encontrar su gusto por la pintura.

La pelirroja miró alrededor. En el suelo, recargados sobre las paredes de piedra, yacían varias decenas de bocetos, todas ellas con un único tema en común: Naruto. Cada boceto representaba una faceta diferente del rubio: de frente, perfil, sonriendo, con los ojos cerrados, mirando hacia la nada, enojado... Al fondo del estudio, muy cerca del amplio ventanal, descansaba sobre un atril un cuadro mucho más grande que el resto, cubierto con una sábana blanca de tal manera que escondía su contenido a los espectadores.

– ¿No es maravilloso? Sasuke no deja de pintar a Naruto. Parece que ha encontrado su nueva musa. –esta vez, la sonrisa de Hinata no era falsa, sino de singular alegría. –A veces Naruto debe de convencerlo de comer. Se enfrasca tantas horas pintando que pierde totalmente la noción del tiempo.

–Es por eso que no ha tenido tiempo de visitarla, Lady Karin. –añadió Naruto con saña. –Tampoco yo he podido pasar a saludarla. Mi esposo consume la mayor parte de mi tiempo empleándome como modelo.

¿Así que ésa era la razón por la cual Sasuke no se había aparecido de nuevo? ¡Maldito Naruto y maldito Sasuke! Tenía ganas de tomar esos estúpidos bocetos con sus manos y desgarrarlos, gritar y golpear el cabestrillo de pinturas. No, algo debía de ocurrírsele. De ninguna manera permitiría que Naruto alejara a Sasuke de su lado. No cuando había invertido tanto tiempo en ganarse a Sasuke. Tomó una gran bocanada de aire y su rostro se volvió del mismo tono que su cabello al notar que ambos Uchiha la miraban con ojos triunfales. Habían ganado una batalla, pero no la guerra. Se obligó a tragarse su coraje y a sonreír de manera hipócrita.

–Es fantástico. El conde Uchiha tiene mucho talento. Aunque puede aburrirle pintar siempre lo mismo. Quizá en algún momento necesite una figura femenina que retratar.

–Sasuke no se enfadará. Si no ha dejado a su musa desde que volvió a Konoha, dudo que la deje ahora. –comentó Hinata.

–No lo crea, Lady Aburame. Los artistas siempre están en busca de nuevas fuentes de inspiración. Algún día, buscará algo más que dibujar. –Karin se dio media vuelta, dispuesta a salir de ese lugar. –Es tiempo de retirarme, quizá mi hermano ya haya terminado sus asuntos con Lord Uchiha.

Naruto y Hinata contuvieron una sonora carcajada al ver la cara de frustración con la que Karin abandonaba el estudio. Tomaron un par de bocanadas de aire antes de seguir a la mujer hasta el recibidor para despedirse de manera cortés pero fría. Cuando la puerta principal se cerró tras la pelirroja, ambos se miraron con sendos rostros de triunfo.

– ¿Viste su cara, Naruto? ¡Oh, pagaría de nuevo por verla un momento más!

–Su cara era del mismo color que su cabello. ¡Estaba muriendo de coraje!

–Estoy segura de que Karin lo pensará dos veces antes de atreverse a regresar. –confeso ella. –Ahora que sabe que mi hermano sólo piensa en ti, no lo volverá a buscar.

–Eso espero, Hinata. –replicó Naruto en voz baja. –Aunque no sé exactamente por qué, pero tengo el presentimiento de que Sasuke tampoco irá a buscarla de nuevo.

Lady Aburame acarició con ternura la mejilla tostadita del rubio y sonrió.

–Porque Sasuke está enamorado de ti, es por eso que no volverá a los brazos de esa mujer.

–No lo sé. –susurró. –Aún es un poco prematuro llegar a esa conclusión.

Estaban compartiendo un cómodo silencio cuando unos nuevos golpecitos en la puerta los pusieron sobre alerta.

– ¿Crees que haya tenido el atrevimiento de regresar?

– ¿Quién regresaría? –desde lo alto de las escaleras, el conde Uchiha dio a conocer su presencia en el lugar. Había abandonado la ropa de dormir y se vistió con un traje azul obscuro que resaltaba sus negros ojos. Bajó con elegancia las escaleras hasta situarse en medio del pequeño grupo estupefacto. – ¿Y bien? Pregunté quién regresaría, Hinata.

Una de las doncellas del servicio ya estaba atendiendo la puerta. Hinata pasó saliva y buscó apoyo en Naruto. ¿Qué mentira le dirían? Porque de ninguna manera le confesarían que Karin había estado ahí y mucho menos le dirían lo que hicieron para despertar sus celos.

–Estoy esperando una respuesta. –añadió impaciente el conde.

–Eh… bueno, teme… es que uno de los campesinos vino a buscar a…

– ¡A Lord Madara! –agregó Hinata, salvando a Naruto. –Vinieron a buscar a Lord Madara, pero fueron muy groseros y los despachamos de inmediato. Por eso pensé que quizá habían tenido el atrevimiento de regresar.

Sasuke elevó una de sus cejas obscuras y Hinata comprendió de inmediato que el conde no se había tragado la improvisada mentira.

–Si eso es lo que pasó… –Sasuke se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. Probablemente se trataba de otra de las travesuras sin importancia que su hermanastra y su esposo hacían en tiempos de ocio. Caminó hacia su estudio y dijo sobre su hombro: –Dobe, al estudio ahora. Debo de ponerme al corriente con los cuadros.

Naruto dibujó una enorme sonrisa en su rostro y Hinata casi podría asegurar que esa sonrisa iluminaba todo el lugar.

– ¡Voy para allá, teme!

La doncella que había atendido la puerta se acercó temblorosa hacia Hinata.

–Lady Aburame, unos hombres solicitan hablar con usted.

Sasuke escuchó lo que la doncella decía y carraspeó. No dejaría que su hermana se enfrentara a solas con varios hombres, así que giró para regresar.

– ¿Quiénes son y qué es lo que quieren? –preguntó Sasuke y la pequeña mujer tembló.

–E-es… es un abogado que viene acompañado por la policía.

El rostro de Hinata palideció y tuvo que apoyarse en el respaldo de una silla para no caer. Naruto, al notarlo, de inmediato corrió a su lado para sostenerla entre sus brazos.

– ¿Dijo algo? –Hinata pudo preguntar con un hilo de voz.

–Mencionaron algo sobre… sobre disolver el matrimonio de Lord Aburame.

– ¡¿Qué?! –el grito de Naruto resonó por todo el lugar. – ¿De qué demonios hablan?

–Justo lo que ha escuchado, conde de Uchiha. Mi cliente, Lord Shino Aburame, ha solicitado la disociación del matrimonio con Lady Hyuuga. –un hombre alto y de tez morena se abrió paso a través del recibidor para involucrarse en la conversación. –Él alega infidelidad por parte de Lady Hyuuga. Y ha presentado algunas pruebas.

El rostro de Hinata palideció mucho más si era posible. Sus ojos perlas se abrieron con total sorpresa. El momento que más temía había llegado y sabía que si Shino tenía esas supuestas pruebas, ella ya no tenía muchas opciones.

.

Continuará…


1. Cuando el río suena es porque agua lleva: es un refrán popular en México que significa que cuando existen rumores es porque hay fundamentos o pruebas que dieron origen al mencionado rumor.

2. Veneno Negro: según algunas páginas web de no tan excelentes referencias, así se le llamaba al opio en China.


¡Hola gente bonita! ¿Cómo han estado? Bueno, les pido una disculpa por haber tardado tanto, pero me costó bastante trabajo buscar inspiración para este capítulo, además de que tuve un mes un poquitín ocupado: terminar el fic de Comatose, el lemon de Amor Hechizado, ir por unos papeles de la titulación y una rotación especial en el hospital. Uf, estuvo un poco agitado este mes, pero ya he vuelto. ¿Qué piensan que pasará a continuación? ¿La venganza de Shino? Oh, ese bastardito sufrirá si hace sufrir a Hinata. En lo particular, detestaba la actitud miedosa de ella, pero poco a poco se ha ido ganando mi respeto conforme transcurre el manga, solo espero que Kishimoto no la vuelva a poner como la niña débil en la próxima película, si no eso sería un gran desperdicio.

Sobre lo que le pasó a Sasuke… sí, estaba en un síndrome de abstinencia al opio. Sin embargo, he de admitir que lo puse como una cosa muy suave y tranquila si lo comparamos con la realidad. Por ahí he leído que es uno de los peores síndromes de abstinencia que existen, así que les advierto que esto tiene mucho de ficción. En la vida real no es ni una décima parte de lo que relaté, para que no lo tomen literal. Un síndrome de abstinencia requiere de un manejo multidisciplinario con psicólogo, médico, enfermera y más profesionales de la salud, no es tan fácil como lo retraté en este fic, además de que carezco de los conocimientos de cómo se llevaban a cabo estos procesos en la antigüedad… aunque creo que en la antigüedad no había nada de intento de desintoxicaciones ni cosas por el estilo, me imagino que simplemente fallecían por su propia adicción o por algún accidente bajo la influencia de estas drogas. Si tienen a un conocido adicto, no intenten nada de esto sin ayuda profesional.

Después de las advertencias obligatorias… En el próximo capítulo… ¿lime? Ya es justo, ¿no lo creen? Y más de la maldición, oh sí. Me encantan los relatos de maldiciones. Y también falta algo de KakaIru, porque ese pay de manzana no apareció como si nada... admito que esta no es mi pareja favorita, pero no dejaría a Kashi solito y Gai no me parece una opción aceptable… pero Yamato era muy lindo cuando pertenecía a raíz y Kakashi a ANBU. Ok, ya basta de palabrería, vamos a los AGRADECIMIENTOS:


helenaa09 . . . - . . . Goten Trunks5 . . . - . . . coptesita . . . - . . . Moon-9215 . . . - . . . Haru . . . - . . . Lyra Raven-k . . . - . . . sora . . . - . . . Zanzamaru . . . - . . . sasame chan . . . - . . . NelIra . . . - . . . winny-wika3 . . . - . . . YuzuAihara . . . - . . . Alice07 . . . - . . . Lady Lu93 . . . - . . . Sino tenjou . . . - . . . RiTzU-kUn . . . - . . . Sindey Uchiha Hale Malfoy . . . - . . . Paola


¡WOW! ¿18 REVIEWS? MIL GRACIAS POR SU APOYO… ya sé que hay historias que a lo mejor obtienen un millón de reviews en cada capítulo, pero esta ha sido una cifra increíble para mí. ¿Llegaremos a los 100 reviews? Espero que sí, me interesa mucho saber qué piensan del rumbo de este fic. MUCHAS MUCHAS MUCHAS GRACIAS… y como regalo sorpresa les confieso que habrá un nuevo fic que ya está en proceso para comenzarlo a publicar en cuanto termine el otro. ¡Más NaruSasu! Yeeah. Por cierto, ¿no les molesta que mi escritura sea un poco más informal en las notas de autor? Es que me gana la confianza y la emoción. Si les molesta, les pido de antemano una enorme disculpa.

Agradezco también a todos los que siguen este fic de manera anónima o lo han agregado a sus favoritos. ¡Gracias!

También quiero agradecer especialmente a Risana Ho que nominó este fic en el FLSN de este año. ¡Muchas gracias por el voto de confianza!

Este capítulo estuvo dedicado al cumpleaños atrasadísimo de Zanzamaru. ¡Muchas felicidades! Espero que lo hayas pasado muy bien, aunque me tarde 2 meses en darte un pequeño regalito de cumpleaños. ¿Algún otro cumpleañero entre los lectores? Para dedicarles el siguiente capítulo con mucho cariño y abrazos. Me encantaría saber sus fechas de nacimiento. Yo nací el 5 de julio, ¿alguien más es de julio? A veces siento que pocas personas nacen en el mismo mes que yo.

Ahora sí, me despido y espero seguirnos leyendo muy pronto.

Abrazos.

¡Espero que tengan una excelente semana, no importa que ya estemos en ombligo de semana!

Más abrazos.

Cuídense mucho y lean SasuNaruSasu.

I gave you your dreams, 'cause you meant the world.

Kerky

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Número total de palabras (sin notas de autor): 10.585