Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¿Por qué me hiciste eso, Kishimoto? ¡Eras mi ídolo! Odié tu final… de verdad lo odié… así que por eso me dedicaré a hacer fics SasuNaruSasu que cierren la herida que me causaste.)

Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.

Capítulo especialmente dedicado a hazukirokudo por su cumpleaños el pasado 7 de noviembre. ¡Muchísimas felicidades! Espero que te guste este regalo atrasado de cumpleaños. ¡Abrazos!


Holy Curse!

Capítulo IX: Oro

Hinata miraba palidísima la manera en la que los cuatro hombres entraron a la habitación, eran tan altos que su presencia parecía empequeñecer el lugar. Escuchaba las voces de Sasuke y Naruto a lo lejos, pero apenas y prestaban atención a lo que alegaban.

"¡Por todos los dioses! Si hubiese escapado con Neji…" su mente no dejaba de repetírselo incansablemente. Tal vez había sido Naruto quién la ayudó a sentarse sobre una de las sillas de tapizadas con cuero, no lo sabía. "Si me llevan, ¿quién cuidará de Natsuki?"

–No se la llevarán. –dijo con convicción el conde, interponiéndose en el camino de aquellos hombres. –Algo debe de estar mal con ustedes si piensan que se pueden llevar a Lady Aburame de esta manera, como si se tratara de un maldito criminal.

–Lo sentimos, conde, pero son instrucciones de…

– ¡Me importan un maldito comino sus instrucciones! –le interrumpió con brusquedad. –He dicho que no.

–Si se interpone en el camino de la justicia, entonces no tendremos otra opción que arrestarlo a usted también, conde Uchiha.

–De acuerdo, de acuerdo. –intercedió Naruto con voz conciliadora. – ¿Quién desea una taza de té? Y una rebanada de…

–Dobe, no te metas. –la furiosa mirada que Sasuke le dirigió debería de haber sido suficiente para que cualquier mortal se callara al instante, pero no para silenciar a Naruto Namikaze.

– ¡Les pido una disculpa! A mi esposo a veces se le olvidan las buenas maneras. –Sasuke reprimió el deseo de llevar las manos hacia ese cuello moreno y hacerlo callar de una buena vez. – Como les decía, tenemos un excelente pay de manzana y pasas que estoy seguro les encantará.

Los hombres se miraron extrañados entre sí y accedieron a tomar esa taza de té gracias a la influencia de las sutiles maquinaciones del rubio. Naruto parloteaba de cosas triviales con una sonrisa en el rostro que Sasuke catalogó inmediatamente como falsa. Hinata parecía sumida en su propio mundo y eso preocupó un poco al rubio.

–Dobe. –susurró mientras los hombres endulzaban su café. –Tenemos que hablar.

–Y hablaremos en un momento, cariñito. –le contestó también con un susurro e ironía en sus palabras. –Déjame atender a nuestros invitados como lo merecen.

–Creo que no entiendes la inmensidad del problema en el que estás metiéndote, usuratonkachi.

–Confía en mí, ¿quieres?

Algo en la mirada azul lo hizo morderse la lengua y tragarse las palabras que luchaban por salir de su garganta. Con un suspiro de resignación, asintió levemente, quedándose de pie al lado del sillón donde se encontraba sentado su rubio esposo.

–Bueno, caballeros. Ha llegado el momento de hablar. –Naruto cruzó una de sus piernas, apoyó los brazos a los costados de la silla y recargó su mentón sobre los dedos unidos de sus manos, acaparando por completo la atención de los hombres con esa postura que semejaba de la realeza. –Es increíble el trabajo que realizan. Debe de ser muy duro.

–No creo que pueda imaginarlo, conde de Uchiha. –se aventuró a hablar el hombre que acudía como abogado de Aburame. –Sin embargo ¿qué quiere decir?

–Nada importante, de hecho, me encantaría agradecer el gesto de caballerosidad que han tenido al acudir de manera tan discreta a Konoha. –sonrió con una falsa dulzura que extendió su encanto entre los hombres y encendió una chispa de celos en el pelinegro Uchiha. – Definitivamente odiaríamos que este rumor sin fundamento se hiciera del conocimiento público y ustedes, al acudir con esta cortesía, han evitado que el rumor llegue a oídos ajenos que pudieran utilizarlo para fines que perjudicaran la reputación de tan prestigiosa familia como lo es el apellido Uchiha.

Sasuke alzó una ceja, sorprendido. ¿Desde cuándo su esposo podía hablar con tal elegancia? Había muchas cosas que ese maldito rubio aún le mantenía ocultas, pero él se encargaría de averiguarlo.

–Bueno, es lo-lo menos que podíamos hacer por ustedes. –tomó la palabra el que parecía portar el mayor rango dentro de los policías.

–Y nosotros estaríamos eternamente agradecidos de que esta… situación, se mantuviera en el mayor silencio posible. Estoy seguro de que su intención no es ofender a los Uchiha.

– ¡Por supuesto que no, conde de Uchiha! –el policía casi se atraganta con el café que bebía. –No quisiéramos insultarlos.

–Y espero que así sea, oficial. –sonrió de lado y a Sasuke le pareció demasiado familiar esa sonrisa… porque era la misma que solía utilizar él. Naruto había aprendido mucho en la última semana en la que estuvo cuidándolo y pasando tiempo con él. –Por eso mismo, me gustaría ofrecerles una muestra de mi gratitud. –el rubio se puso de pie con elegancia y caminó hacia el policía, estrechándole la mano. El hombre abrió los ojos con mucha sorpresa al sentir el frío de las monedas de oro en sus manos. –Creo que, llevarse a Lady Uchiha arrestada como una vil criminal provocaría un escándalo monumental. Apreciaría que reconsiderara la opción de permitirle quedarse aquí.

–Pe-pero…

–Los Uchiha nos encargaremos de llevarla a la corte cuando sea solicitada su presencia. –se apresuró a añadir. –Además, debe de recordar que ella tiene una pequeña hija a la cual cuidar. No creo que usted quiera cargar en su conciencia la culpa de ser la persona que se separa a una madre de su hija.

–Bueno, siendo estas las circunstancias… –el oficial se aferró con mayor fuerza a las monedas y las guardó en el bolsillo de su chaqueta, más tarde las repartiría con sus compañeros. –Supongo que tendré la palabra de los Uchiha.

–Tiene toda mi palabra. –le aseguró con la misma sonrisa, ganándose un gruñido por parte de Sasuke y la ira del abogado.

– ¡Esto es un soborno! Un vulgar y vil soborno. –reclamó el abogado, poniéndose de pie de un salto y señalando acusadoramente a Naruto. –Usted está desprestigiando el buen nombre de los Uchiha.

–Señor abogado, estoy seguro de que también puedo obtener su colaboración.

–No crea que…

–Es increíble el poder que puede tener una palabra de los Uchiha en la corte. Sobre todo, si se trata de palabras que provienen de la boca del mismísimo conde Uchiha. –intervino Sasuke en la conversación, mirando al abogado con la fría dureza de sus ojos negros. El hombre reprimió un temblor, entendiendo que con una sola palabra, Sasuke podría arruinar su carrera, su reputación y hasta dejarlo en la miseria. Gruñó enfurruñado.

–Mi agradecimiento se hace extensivo también a usted. –el abogado, aunque al comienzo se mostraba reticente, aceptó de muy buena gana las monedas que le ofreció Naruto.

–Lord Aburame quiere que su esposa sea arrestada en este mismo momento para ser trasladada hasta la comisaría. –confesó, después de contar las monedas de oro. –Quiere humillarla.

–Confío plenamente en que usted podrá disuadirlo de sus planes haciéndole entender que llevar este asunto con la mayor discreción posible sería beneficioso tanto para él como para nosotros. –dijo Naruto. El abogado miró por un momento el pálido rostro de la mujer y después enfocó la mirada en la brillante sonrisa del doncel. Su corazón dio un pequeño brinco al reconocer lo guapo que era, pero sacudió la cabeza para sacar esos pensamientos de su mente.

– ¿Qué le diré?

–Lo dejo a su criterio. Puede decirle que no hay suficientes pruebas o invente algún problema legal, eso no es de mi incumbencia. Lo único que le sugiero es que no permita que Lord Aburame vuelva a hacer algo tan vergonzoso como lo que estuvieron a punto de hacer. ¿Llevarse arrestada a una mujer respetable y poner en tela de juicio el nombre de los Uchiha? Quien hiciera eso, definitivamente estaría suplicando perder la cabeza.

El hombre pasó saliva sonoramente.

–Pero el juicio…

–El juicio seguirá, pero si su plan era que Lady Aburame pasara los días esperando la resolución del jurado en una sucia celda junto a un montón de ladrones, vaya olvidándose de ella. No dejaré que mi hermana comparta el mismo destino que cualquier vulgar asesino o ladrón. Ella no es una criminal. –aseguró Sasuke.

–Eso lo decidirá el juez. –dijo el abogado, encaminándose hacia la salida. –Los veré en la corte, uno de mis mensajeros les hará llegar el citatorio de manera oportuna. Les recomiendo que busquen un abogado para Lady Aburame que se presente lo antes posible en la comisaría para ponerlo al tanto de la situación legal.

–Así lo haremos, y nuevamente les reitero nuestro agradecimiento. –susurró Naruto y el corazón del abogado saltó una vez más. Apuró sus pasos hasta la gran puerta de madera, dejando que los policías salieran primero. Antes de marcharse, susurró sobre el hombro:

–Tenga cuidado, conde de Uchiha. Quizá los siguientes no caigan bajo sus encantos o su dinero.

–Todas las personas tenemos un precio, abogado. Sólo es cuestión de encontrarlo.

Las palabras tan frías de Naruto lograron dejarlo perplejo, pero continuó su camino alejándose de ese castillo que según los rumores, maldecía a todo aquel que lo habitaba. Una de las doncellas del palacio cerró la puerta, aislando a los tres del resto del mundo.

–Vaya, parece que lograste disuadirlos, dobe.

–No todo el crédito es mío, teme. Tú lograste aterrorizar al abogado.

–Como sea… me has hecho quedar en ridículo. Ahora ellos creerán que eres tú el que domina esta casa. –dijo con algo de enfado.

–Bueno, sólo creo que soy un poco más hábil que tú en el manejo de los sobornos. –se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. –Ahora lo que es mucho más importante, ¿qué vamos a hacer?

–Le avisaré a Kiba de inmediato. –observó a Naruto acercarse hacia donde Hinata estaba sentada. –Hinata, tienes que decirnos la verdad a nosotros. Necesitamos saberla para poder ayudarte.

– ¡Teme! No seas tan insensible. ¿No ves lo trastornada que está? –el rubio acarició los brazos de la mujer, en un intento de darle un poco de consuelo. –Vamos, Hinata, te llevaré a tu habitación. Necesitas descansar.

Hinata se dejó llevar por Naruto como si fuera una muñeca de trapo. Entraron en la habitación de la mujer y Naruto pidió que trajeran un té para ayudar a calmarla porque temblaba descontroladamente ahora que el shock inicial había pasado.

–Hinata… –susurró Naruto, acomodándole una bata sobre los hombros. La recostó en la mullida cama y dejó la taza sobre sus manos, observando como el té se agitaba turbulentamente debido al temblor. –Te ayudaré. Lo prometí y voy a cumplirlo, Hinata. Naruto Namikaze no rompe sus promesas.


.

– ¡No puede ser verdad! ¿Shino realmente se atrevió a hacer eso?

–Sí. –susurró Sasuke mientras Kiba daba vueltas alrededor de la sala como león enjaulado. –Necesitaremos tu ayuda.

–Es un caso complicado, Sasuke. –confesó. –No creo que yo sea capaz de hacerlo.

–Eres el más indicado, Inuzuka.

–No. Hay alguien mucho mejor que yo. –dijo de súbito, recordando a un antiguo compañero. –Shikamaru Nara. Es un hombre brillante; si hay alguna manera de ayudar a Hinata, puedes apostar a que él la encontrará.

–Nara… ese apellido me suena conocido.

–Es un genio, ya lo verás. Lo contactaré de inmediato. –Sasuke carraspeó y Kiba se obligó a corregir. –Es decir, si es lo que tú quieres, puedo buscarlo.

–De acuerdo. Hazlo. –ordenó.

Kiba salió del lugar y Naruto fue el siguiente en entrar, encontrando al moreno conde sentado en un sofá.

–Dobe. –murmuró al verlo entrar. –Pensé que te quedarías con Hinata.

–Ella se quedó dormida en cuanto tocó la almohada. –le explicó. –Yo sólo quería… es decir, ¿estuvo bien lo que hice?

–Los sobornos no son parte del orgullo Uchiha, pero han existido desde hace mucho.

–Sé que está mal, pero…

–Lo que pasa con Hinata es lo que verdaderamente está mal. –interrumpió, mirándolo a los ojos. –Quizá eso ayude a expiar un poco tu culpa.

–Bueno, realmente no es como si fuera la primera vez que lo hago. –reveló con una sonrisa. –A veces tenemos que utilizar estos medios para arreglar contratos comerciales.

–Me imaginé. Te notabas muy seguro y casi inteligente al hablar.

– ¡Yo soy inteligente, teme! –exclamó, sentándose frente a Sasuke. –Sólo que no quieres darte cuenta de mi inteligencia.

–Lo que digas.

–Por cierto, mira lo que ha llegado. –Naruto le extendió un sobre cerrado con un sello de cera color vino. El rubio prefirió no decirle que él reconocía a la perfección ese sello. Al frente, el sobre llevaba escrito con una impresionante caligrafía el nombre de ambos condes.

–Estamos invitados a una fiesta para celebrar el cumpleaños del duque Gaara. –dijo al terminar de leer, sin notar el claro nerviosismo de Naruto.

– ¡Así que era eso! Bien, pensé que sería algo diferente. Supongo que no será necesario asistir a esa fiesta… –frenó sus palabras al ver que su comportamiento sólo haría que Sasuke sospechara algo. –Iré a mi habitación, estoy un poco cansado.

– ¡Usuratonkachi! –estaba a punto de alcanzar su objetivo de escapar, pero no podía ignorar a Sasuke. –La fiesta será dentro de dos días y toda la familia está invitada. Asegúrate de comunicárselo a Shizune y a Minato.

– ¡Pero, teme! No creo que…

–Iremos.

–Pero no es necesario. Es una simple fiesta de…

–Dije: iremos. No me hagas repetirlo. No podemos ignorar la invitación de un duque.

Naruto jugueteó con sus propias manos en una clara muestra de nerviosismo. ¿Qué demonios habría pensado Gaara al enviar esa invitación después de lo ocurrido? Obviamente, no podía negarse a ir sin parecer sospechoso, por lo que no le quedó más remedio que asentir y subir a comunicarles la noticia al resto de la familia. Irían a esa tal fiesta y oraría por que no ocurriese algo terrible.


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– ¿Qué te ha parecido la fiesta que hemos organizado?

–Adorable. –gruñó Gaara con claro sarcasmo sin observar a su hermana. Temari Nara sonreía y brillaba con su propia belleza.

–Vamos, hermanito. ¡Anímate! –golpeó juguetonamente el hombro de su hermano menor pelirrojo y saludó a una pareja que pasaba cerca. –Kankurō y yo nos hemos esforzado bastante. Incluso invitamos a todos tus amigos.

Gaara puso los ojos en blanco mientras tomaba otra copa con champagne. Su hermana parecía olvidar que toda esa muchedumbre difícilmente podía ser catalogada como sus conocidos, mucho menos como "amigos". El único amigo que quería a su lado se hallaba durmiendo en la cama del conde Uchiha. El pensar en Uchiha le produjo una descarga de rabia que culminó con la copa de cristal rota en su mano.

– ¡Gaara! ¿Pero qué demonios has hecho? No entiendo tu antipatía de hoy. –Temari se apuró a quitar los trozos de cristal de la mano de Gaara y limpió la sangre de una pequeña cortadura. –Incluso tuve la amabilidad de invitar a tu amigo, Naruto Namikaze conde de Uchiha, a pesar de que la presencia de ese Sasuke pondrá nuestro apellido en boca de muchos nobles.

– ¿Hiciste qué? –exclamó el pelirrojo, en esta ocasión mirando a su hermana casi con terror. – ¿Naruto va a venir?

–Si tiene un poquito de cortesía, lo hará. Estoy segura de que no quiere perjudicar su reputación al rechazar la invitación de un duque.

Y como si las palabras de Temari fueran una profecía, la puerta del salón de baile se abrió dando paso a un radiante Naruto colgado del brazo de un enfurruñado Sasuke Uchiha. Gaara abandonó a su hermana y se acercó a la pareja Uchiha.

–Conde de Uchiha. Es un honor el que haya aceptado mi humilde invitación. –deliberadamente trataba de ignorar a Sasuke.

– ¡Gaara! –el corazón de Naruto se agitó al recordar los fríos labios del pelirrojo sobre los suyos. Imploró que Sasuke no notara el sonrojo de sus mejillas, pero no pudo evitar que su marido le dirigiera una mirada furiosa al escuchar hablarle al duque con tanta familiaridad. –Es decir, Lord Sabaku. El honor es todo mío.

–Claro que no, conde de Uchiha. Es mi corazón el que se regocija al verlo aquí.

Naruto rio con nerviosismo mientras sentía como se tensaba el brazo que Sasuke llevaba entrelazado con el de él.

–Muchas felicidades por su cumpleaños. –murmuró Naruto.

–Se lo agradezco. ¿Les gustaría beber algo? Sé que el champagne es tu bebida favorita, Naruto.

–Gracias. –susurró Naruto, sonriéndole a la doncella que se acercó con una bandeja de copas ante la señal del duque. –No pensaba que organizaría una fiesta como esta.

–Lo hizo mi hermana, Temari Nara. –respondió con tranquilidad.

– ¿Nara? –Sasuke intervino en la conversación por primera vez. – ¿Su hermana es la esposa de Shikamaru Nara?

–Así es, conde. –era muy notorio el drástico cambio en el tono de voz con el que Gaara se dirigía a Sasuke. – ¿Por qué ha llamado su interés?

–Hemos estado buscando a Shikamaru para solicitar sus servicios.

– ¿Por el asunto con Lady Aburame? –ante la negativa de Sasuke a contestar, Naruto asintió en su lugar. –He escuchado algunos rumores. Le aseguro que mi cuñado será ideal para representar a Lady Aburame en la corte, sin embargo tendrá usted que negociar con él.

–Lo haremos, en una hora mucho más conveniente.

Gaara disimuló una sonrisa tras la copa de champagne. Tenía la excusa perfecta para alejar a Sasuke un par de minutos y tener un momento a solas con Naruto.

– ¿Por qué no habla con él en este momento? –sugirió Gaara.

– ¿En una fiesta? No creo que sea apropiado, duque.

–Es el momento más conveniente considerando que Nara mañana saldrá de la ciudad a primera hora y es probable que no lo vea en un par de días. –el pelirrojo tomó a Sasuke del hombro y separándolo de Naruto lo llevó hacia el extremo opuesto de la habitación. –Lo presentaré con él.

Naruto se quedó en medio del lugar, mirando a su alrededor alguna forma de escape. Hinata no podría ayudarle porque estaba platicando con su futuro abogado Shikamaru; Minato y su madrastra se encontraban enfrascados en una amena conversación con algunos invitados y no se atrevía a interrumpirlos; Kakashi no se veía por ningún lado y Kiba no había asistido a la fiesta. La amenaza pelirroja se hallaba cada vez más cerca y no podía imaginar ninguna forma de escapar.

–Naruto. –Gaara estaba detrás de él y no podía simplemente ignorarlo.

– ¡Hola de nuevo, duque Gaara! –dijo Naruto con un tono alegre forzado.

–Pensé que me habías pedido que dejáramos de lado las formalidades entre nosotros.

–Sí, bueno, pero Sasuke está aquí y…

–No estoy pidiéndote que seas mi amante, Naruto. Sólo quiero platicar como dos buenos amigos en una fiesta, ¿hay algo de malo con eso?

Naruto giró el rostro, seguro de que en esta ocasión el sonrojo en su cara era completamente visible. Sabía que no había nada de malo en la proposición del duque acerca de hablar, pero probablemente ciertas personas podrían malinterpretarlo. ¿Sasuke se pondría celoso? No, creía que más que celos sería rabia por humillarlo con un duque públicamente. Después de todo, Sasuke sólo sentiría celos si estuviera enamorado, algo que todavía no sucedía.

–Me gustaría presentarte a mis hermanos mayores. –Gaara entrelazó su brazo con el de Naruto. –Lady Temari Nara y Lord Kankurō Sabaku.

De esa manera, Naruto se vio arrastrado a través del salón del brazo de Gaara, sin muchas posibilidades de escapar. Unos minutos después se encontraba enfrascado en una conversación amigable con los hermanos del duque y el tiempo transcurrió sin que lo notara. Estaba tan concentrado en la plática sobre algunas anécdotas del pelirrojo que no se fijó en las furtivas miradas que cada tanto le lanzaba el azabache. Unas horas después, Shizune se acercó para decirle que regresaría a Konoha antes debido a una migraña que la aquejaba, Naruto se despidió de su madrastra y continuó en la plática con el duque. Poco a poco los invitados se retiraban y en algún momento el rubio se dio cuenta que llevaba horas platicando solamente con Gaara, los hermanos de éste en algún momento se habían marchado a bailar.

–Gaara, creo que sería mejor si buscara a Temari para pedirle que me platique sobre Suna y…

– ¿Te da miedo quedarte a solas conmigo, Naruto? No tienes de qué preocuparte, hay mucha gente que sería testigo de que no estamos haciendo nada moralmente indebido. –Naruto echó una mirada de reojo a su alrededor, comprobando las palabras de Gaara. –De verdad sólo quiero que seamos amigos. Eres el primer amigo real que tengo y no me gustaría perderte por una tontería como esta, así que te pido una disculpa por haberte incomodado de esa manera el día de tu visita. Prometo que no llevaré nuestra relación más allá de lo permitido, además…

–Además, ¿qué, Gaara? –preguntó ante el repentino mutismo de su acompañante.

–Además, al mirarte a los ojos. –Naruto contuvo el aliento ante la repentina cercanía del otro. –Me doy cuenta que serías incapaz de traicionar a Sasuke.

–Gaara, es que yo…

–No necesitas decírmelo. –le interrumpió con firmeza. –Lo sé, amas a Sasuke. Él es muy afortunado. Y si no puedo tenerte a mi lado como mi esposo, me gustaría al menos conservar tu amistad, ¿es posible eso, Naruto?

– ¡Claro que sí, amigo! –exclamó con alegría después de pensarlo un par de segundos. Es lo que él había deseado desde un principio. –Y yo soy muy afortunado por tener tu amistad.

Gaara sonrió al ver la sonrisa tan natural de Naruto. Lo que le decía era la verdad, si la única forma de permanecer a su lado era siendo un amigo incondicional, lo haría. Naruto era como un soplo de aire fresco en su monótona vida y no quería perderlo. Aún lamentaba profundamente el haberlo besado una última vez, pero poco a poco el arrepentimiento daba paso a un singular recuerdo mezclado con cariño y secretamente esperaba que Naruto no olvidara ese beso, su orgullo ansiaba dejar una marca permanente en el rubio. Tal vez se estaba haciendo mucho más daño al permanecer junto al Namikaze, pero en esta ocasión era su propia elección.

–Es hora de irnos, Naruto. –le llamó Sasuke. Con una sonrisa y un leve asentimiento, Naruto se despidió de Gaara para dirigirse junto con el resto de la familia directamente al carruaje que los esperaba. –Duque, gracias por la invitación. –caminaron juntos hasta la salida, sintiendo la fresca brisa nocturna alborotar sus cabellos.

–Tenemos un pequeño problema. –señaló Minato al interior del carruaje. –Shizune se llevó el segundo carruaje, así que iremos un poco justos de espacio.

–Sólo tenemos cuatro lugares. –murmuró Kakashi. –Y Lady Aburame es la única dama. No creo apropiado que Hinata viaje en las piernas de un hombre que no es su marido.

–Bien, yo no veo el problema. Sasuke puede quedarse y enviaremos el carruaje más tarde. –dijo Naruto. –O puedo quedarme yo, estoy seguro que a Gaara no le molestaría hacerme compañía un rato más.

– ¡De ninguna manera! –exclamó el moreno. –Si alguien debe quedarse, será Kakashi.

–Bajo otras circunstancias, aceptaría de muy buena gana. –explicó Hatake. –Pero mañana partiré al amanecer. No sería educado de mi parte el tener que despertar al duque a una hora inhumana. Y sobre un segundo viaje, me temo que no es posible. Ya es tarde y el camino puede estar repleto de peligros para un hombre que viaja solo.

–Entonces que se quede Minato. –repuso exasperado Sasuke.

– ¡Mi papá no puede quedarse, teme! Es el único que cuida a Shizune por las noches, sabes lo mal que se pone. Quédate tú, teme.

–De ninguna manera me quedaré a merced de tu amiguito Gaara. –repuso con sorna.

– ¿Por qué no se callan todos y suben de una vez al carruaje? Naruto se irá sobre las piernas de Sasuke y el asunto está terminado. –dijo Minato con sabiduría. Estaba cansado y quería llegar a dormir cuanto antes, lo último que deseaba era perder el tiempo con caprichos de su primogénito. –Ni se te ocurra replicar, Naruto, estoy cansado.

–No pensaba quejarme, papá. –admitió Naruto con una sonrisa en el rostro que no pasó desapercibida para su padre.

El pequeño grupo de los Uchiha viajó el corto trayecto hasta el palacio de Konoha con Naruto sobre las piernas de Sasuke. El conde Uchiha tuvo que hacer un esfuerzo sobrenatural para ignorar el roce de su entrepierna con el firme trasero del rubio. Maldijo a Minato por milésima vez cuando Naruto movió sus caderas, restregándose mientras entretenía a todos con sus habituales comentarios. El traqueteo del carruaje aumentaba más la fricción y Naruto no ayudaba en nada con su terrible manía de moverse demasiado. ¿Era imposible para el dobe quedarse quieto un par de minutos? Esperaba que algún dios escuchara su muda súplica y le permitiera llegar a su habitación sin que nadie notara el bulto que comenzaba a crecer. Y también esperaba que el rubio fuera lo suficientemente tonto como para pasar por alto la dureza que presionaba contra su trasero. El viaje fue mucho más largo de lo que recordaba. Sasuke aguardó pacientemente a que todos bajaran del carruaje para poder cerrar su abrigo hasta el último botón y correr a su recámara.

– ¿Qué le pasa a Sasuke?

–Supongo que huye de mí. –le respondió Naruto a Minato de manera distraída, sin que la sonrisa se borrara de su rostro. –Papá, eres maravilloso.

–No entiendo. –suspiró Minato al observar a su hijo correr escaleras arriba tarareando feliz una vieja melodía. –Realmente hay ocasiones en las que no logro comprenderte, Naruto.


.

Sasuke azotó la puerta de su habitación al llegar, sin importarle que el ruido pudiera despertar a los demás. Se dirigió directamente hacia el amplio ventanal para abrirlo, dejando que el fresco viento nocturno se colara en el lugar para ayudarlo a refrescarse. Con movimientos frenéticos se deshizo del abrigo y de la chaqueta, abriendo de un tirón la blanca camisa para dejar su pecho al descubierto y lograr que la brisa calmara su agitado corazón. Chasqueó la lengua molesto al recordar el trasero de Naruto frotándose contra su miembro, el sutil olor a cítricos del rubio, lo firme que se sentía su cuerpo…

– ¡Maldición! –gruñó. Su entrepierna no parecía querer calmarse y palpitaba peligrosamente bajo sus pantalones. ¿Por qué demonios le sucedía eso a él? Sasuke Uchiha, por quien las mujeres suspiraban, necesitaba ayuda de inmediato. Y el único que podía resolver su problema se hallaba encerrado del otro lado de la pared, seguramente ajeno al instinto animal que había despertado en el conde. Acarició su entrepierna aún por sobre la ropa y gimió bajito. No, él no se encargaría de bajar esa erección. Era hora de una buena charla con Naruto. Se dirigió hacia la puerta que los mantenía separados, sin sorprenderse por encontrarla cerrada.

– ¡Dobe, abre esta maldita puerta ahora! –exclamó, golpeando ligeramente la madera. No escuchó ni un solo ruido proveniente del otro lado. Gruñó una vez más, frustrado y cansado de la situación. Sasuke miró su cama y supo que sería imposible poder conciliar el sueño en ese estado. Salió de la habitación, si la puerta que comunicaba ambos cuartos estaba cerrada, la puerta principal de la recámara de Naruto debería de estar abierta todavía.

Naruto, contrario a su marido, llegó tranquilamente a su alcoba sin poder borrar la sonrisita de satisfacción del rostro. ¡Ahora sabía que el frío conde Sasuke Uchiha no era inmune a su cuerpo! Porque Sasuke era un tonto si creía que él no había notado nada. ¿Cómo no notar una palpitante dureza presionando contra su trasero? A pesar de todas las capas de tela que lo separaban, a Naruto no le quedaba ninguna duda de que eso que sintió en su espalda baja durante todo el trayecto no era otra cosa que el miembro despierto del moreno. Claro, tampoco podía negar que Sasuke no despertaba ciertas sensaciones en él. Era imposible resistirse al encanto del conde, a su blanca piel y a sus firmes labios. Recordaba el día que lo desvistió… si Sasuke no estuviera enfermo, seguramente él habría saltado de inmediato sobre ese apetecible pecho y lo hubiese mordisqueado hasta dejar rojizas marcas por todo el lugar. Y sus abdominales ¡su respiración se agitaba al recordar el par de músculos que sobresalían en el perfecto abdomen! Tomó un par de bocanadas de aire y mandó a una doncella a preparar una tina con agua fría. No podría dormir con ese fuego corriendo por sus venas.

Una vez en la tina, dejó que el agua fría hiciera su trabajo al llevarse la ardiente sensación que le recorría el cuerpo. Escuchó unos ruidos en la puerta, pero los ignoró; necesitaba un momento para relajarse y despejar su cabeza repleta de pensamientos lujuriosos. El ruido de unos pasos acercándose le hizo suponer que seguramente se trataba de su padre, que necesitaba los documentos que Kakashi se llevaría por la mañana. Naruto se puso de pie de un salto y tomó una toalla cercana para envolverla alrededor de sus caderas, saliendo del baño sin prestar atención a la figura que se adentraba en su recámara, pues los papeles se encontraban en el extremo opuesto.

– ¡Papá! Lo olvidé por completo, pero estos son los documentos que debe de llevar ante el notario. Asegúrate de decirle a Kakashi que consiga la… –casi deja caer la toalla que cubría su desnudez al girar y darse cuenta que la figura frente a él no pertenecía a Minato. –Sa-Sasuke, ¿qué haces aquí?

–Eh, n-no era mi intención, pero necesitaba hablar contigo. Volveré mañana. –Sasuke habló tan rápido que al rubio le costó un poco de tiempo descifrarlo, después salió del lugar sin detenerse a pensarlo. Si paraba a pensar aunque fuera un segundo, se arriesgaba a saltar sobre Naruto y devorarlo ahí mismo. Necesitaba una charla medianamente decente con Naruto o caería una vez más en los acuerdos que al rubio le solían gustar, y para ello necesitaba su cerebro funcionando al cien por ciento, por lo que hablar en ese momento no sería la mejor opción. No lo haría mientras su cerebro sólo se concentrara en el perfecto cuerpo de Naruto.

Se refugió en la biblioteca, su estudio no era un lugar seguro por el momento, no con los cientos de bocetos que había allí con el rostro de Naruto dibujado en ellos. Buscó un poco de licor y se sirvió en una copa, esperando que el líquido pudiera calmar el fuego que crecía en su interior. Si cerraba los ojos, aún podía ver a la perfección la espalda de Naruto y su firme trasero apenas cubierto por la húmeda toalla. Era inútil pretender que el bulto en sus pantalones no existía. ¿Por qué no había visto antes a Naruto desnudo? Era una delicia a la vista. Definitivamente mañana hablaría con él para ponerle un fin a esa estupidez de los cuartos separados. Quería a Naruto en su cama y no iba a esperar más para tenerlo. Se dejó caer sobre una silla, subiendo los pies en el viejo escritorio para contemplar los cambios que poco a poco comenzaban a rehabilitar el aspecto de la biblioteca. Necesitaba distraerse con cualquier cosa que no fuera Naruto para calmar su dolorosa erección.

El rubio conde se vistió con un par de pantalones y una camisa para dormir de tela muy fina y casi transparente. Tomó una de las batas que utilizaba para no parecer tan obvio en su intento de seducción antes de abrir la puerta que comunicaba su habitación con la de Sasuke.

– ¿Teme? –la recámara del conde estaba completamente a oscuras y no había nadie en la cama. – ¿Dónde demonios estás?

Tal vez no era el momento indicado para seducir a Sasuke y poner en marcha la segunda parte de su plan, ya era tarde y seguramente el pelinegro estaba cansado por la fiesta de Gaara, así que prefirió volver a su cama. Lo volvería a intentar cuando el moreno estuviera más tranquilo, descansando en su propia habitación. A pesar de lo ajetreado del día, el sueño no se dignó a invadir sus ojos azules. Después de un par de vueltas en la cama tratando infructuosamente de conciliar el sueño, se dio por vencido. Tomó una vela y bajó a la biblioteca por un libro que lo aburriera lo suficiente como para caer rendido en poco tiempo, encontrándose con una sorpresa en la habitación repleta de libros.

– ¿Qué haces aquí, Sasuke? –el moreno se hallaba con los ojos cerrados, con la espalda recargada completamente en el sillón, la cabeza echada hacia atrás y las largas piernas sobre el escritorio junto a una copa de licor.

–Eso es lo que yo debería de preguntarte, dobe.

–No podía dormir. –respondió con sencillez, acercándose al primer mueble para inspeccionar los libros, de espaldas a Sasuke. – ¿De qué querías hablar?

El conde abrió uno de sus ojos para mirar al rubio de reojo y se arrepintió al instante. Se veía muy atractivo con la ligera ropa que vestía y podía adivinar la silueta de su anatomía a través de las finas prendas. Volvió a sentir la boca seca y el bulto que apenas se estaba calmando reapareció en sus pantalones. Bajó las piernas del escritorio para sentarse de manera correcta mientras observaba sin ningún disimulo a su rubio esposo.

–Parece que te divertiste mucho en esa fiesta. –claro, aún no olvidaba las miradas que el pelirrojo le lanzaba discretamente a su esposo. Odiaría admitir que durante toda la fiesta sintió un ardor en la boca del estómago cada vez que miraba a su rubio esposo riéndose de las anécdotas del duque. Naruto era muy atractivo, podía conquistar la atención de quién quisiera y eso definitivamente no le gustaba a Sasuke.

–Sí, fue divertido. El duque Gaara es una persona amable y sus hermanos también son personas bastante agradables. ¿Tú no te divertiste, teme?

–Por si lo olvidas, dobe, yo estaba tratando un asunto importante con Shikamaru que me impidió disfrutar se esa "divertidísima fiesta" –repuso molesto.

– ¿De eso querías hablar? ¿De Gaara? –preguntó, esta vez volviéndose para mirar a Sasuke de frente. Encendió un par de velas más antes de cruzarse de brazos para esperar la respuesta del moreno.

–Tal vez. Te veías muy interesado en lo que él decía.

–Era su fiesta y él es un amigo, por supuesto que debía de mostrarme interesado en lo que él decía.

–Quizá estabas demasiado interesado, dobe.

–Muy bien, oficialmente admito que no sé a qué te refieres, idiota.

–La pregunta es simple, ¿será Gaara tu primer amante, dobe? –inquirió tranquilamente, tomando su copa y mirando una vela arder a través del amberino líquido.

Esa no era exactamente la clase de conversación que Sasuke tenía planeada. Él sólo quería hablar sobre ciertas libertades que ambos podían tomarse para hacer más placentera su relación, libertades como quitar el cerrojo de la puerta que los separaba, pero el recordar a Naruto felizmente del brazo de Gaara le provocó una revolución en su estómago junto a un arranque de furia inexplicable. Aún no entendía del todo por qué no quería que Naruto mirara a nadie más que a él.

– ¿Perdiste la cabeza, conde estúpido?

–No, no lo hice. Sólo responde la pregunta.

–Te estas confundiendo, teme. –dijo muy serio.

– ¿Te gusta Gaara? Es un hombre honrado y educado. He escuchado que muchas doncellas andan tras él.

–Teme… –el tono era de advertencia, Sasuke se estaba metiendo en terrenos peligrosos.

–Sería un excelente candidato para ser tu amante. Aunque… –se puso de pie, caminando lentamente hacia Naruto. –Creo que él sería muy aburrido en la cama.

–Eso ya me tocará a mí averiguarlo, conde bastardo. –contestó sin pensarlo, con una sonrisa ladina que había aprendido de su propio esposo.

Las palabras de Naruto fueron la gota que derramó el vaso. La paciencia de Sasuke llegó a cero y cubrió la distancia que faltaba con una larga zancada, tomó al rubio del brazo y él pudo ver como los ojos negros se tornaban de color carmesí.

– ¡No! No voy a permitírtelo, Naruto. No dejaré que te revuelques con la puta de Gaara, ¿entendiste?

– ¿Vas a darme órdenes, idiota? No serás tú quién me diga a quién puedo o no puedo ver.

–De ninguna manera, usuratonkachi. No te vas a acostar con ese estúpido pelirrojo aburrido debajo de mis narices, te lo ordeno. No te vas a acostar con nadie. No creas que por ser un niño rico podrás hacer lo que se te pega la gana.

–Suéltame, teme. –el rubio se revolvió, pero el agarre de Sasuke era poderoso. – ¿Te atreves a darme una orden?

–Claro que sí, porque eres mío, dobe.

–No soy tu maldita propiedad, estúpido. ¡Ve aprendiendo que no te haré caso! Yo me acostaré con quien se me empalme la polla.

Naruto sintió el fuerte golpe contra la pared en su espalda. Sasuke lo miraba con rabia mientras lo estampaba contra la pared más cercana. Colocó el antebrazo sobre el cuello de Naruto, impidiéndole que respirara adecuadamente.

–No dejaré que nadie te toque, ¿comprendes, imbécil?

–Lo que comprendo es que estás rompiendo el acuerdo que teníamos.

Sasuke aflojó el agarre y Naruto pudo tomar una gran bocanada de aire, llevándose las manos hasta la adolorida garganta.

– ¿Qué acuerdo?

–Vaya, ¿no lo recuerdas, teme? –susurró. –El acuerdo de nuestro matrimonio.

–Explícate.

–Tú aceptaste casarte conmigo a cambio de que ambos mantuviéramos nuestra independencia. Tú podrías conservar a tu amante y yo podría buscar un amante para mí, ese fue el matrimonio de conveniencia que pactamos.

– ¡A la mierda con esa estupidez! ¿Me creíste tan tonto como para aceptar de buena gana que te largaras a revolcar con cuanta puta te encuentres? No soy idiota, Naruto.

–Bien, entonces ahora tú explícame qué debo de hacer, porque si rompes nuestro acuerdo entonces este matrimonio habrá sido un verdadero fiasco. –repuso con tranquilidad ignorando los alocados latidos de su corazón. ¿Acaso Sasuke estaba celoso de Gaara? ¿Podría significar que sus esfuerzos estaban dando frutos?

–Lo harás, será esto… –los ardientes labios de Sasuke reclamaron los suyos y no se pudo ni quiso negar. Las ansiosas manos lanzaron lejos la bata que llevaba y rompieron de un tirón la delgada camisa, dejando su pecho al descubierto.

Sasuke lo besaba como si el mundo se fuera a acabar en cualquier instante y a él no podía importarle menos que el mundo dejara de girar en ese mismo momento. Se estaba quemando en las llamas de Sasuke y ahí deseaba quedarse el mayor tiempo posible. Abrió la boca para permitir que la húmeda invasora entrara y recorriera su cavidad a gusto. ¡S, eso era lo que estaba esperando! Las inquietas manos acariciaron el pecho, deteniéndose a pellizcar una rosada tetilla y Naruto gimió dentro del beso. Se aferró con fuerza a los negros cabellos de Sasuke cuando éste decidió abandonar los labios para lamer la oreja y toda la longitud del cuello. También se pegó tanto al cuerpo ajeno que sintió a la perfección el miembro del moreno rozar contra su propia entrepierna despierta.

–Dobe, te mostraré lo que es un verdadero hombre en la cama… después de follarte, ni siquiera pensarás en meter a Gaara entre tus piernas.

Esas palabras lo encendieron. Jaló la camisa abierta de Sasuke y se permitió disfrutar de toda la extensión del blanco pecho, mordiéndolo para dejarle marcas que durarían días en desaparecer. También aprovechó para succionar con fuerza un pedazo de exquisita piel sobre la clavícula, marcándola como propiedad privada de Naruto Namikaze. Sentía la respiración agitada y lava líquida en vez de sangre corriéndole por las venas. A la mierda la zorra de Karin, a la mierda la maldición y a la mierda esos horribles recuerdos que despertaban a Sasuke con pesadillas. Esa noche, el conde sería suyo mientras se hundían juntos en la feroz vorágine de pasión.

–Teme... ¡ah! –las manos de Sasuke le estrujaron el trasero con frenesí y eso se sentía endemoniadamente bien. Usando las manos que recorrían su trasero como apoyo, enredó las piernas en las caderas del conde y Sasuke aprovechó para llevarlo alzado hasta uno de los dos escritorios. La copa de cristal se rompió en cientos de pedazos cuando el moreno barrió con uno de sus brazos todo lo que había sobre el escritorio.

–Verás lo bueno que puedo ser, dobe.

Gimió extasiado, apoyando ambos pies sobre la madera del escritorio y permitiendo que su esposo se acomodara entre sus piernas. Golpeó la madera con el puño al sentir que los hábiles labios de Sasuke tomaban una de sus tetillas, mojándola con la cálida saliva. No era un experto en el tema del sexo, pero dejó que sus instintos tomaran el control de la situación, obligándole a enredar sus manos detrás de la nuca del conde para dirigirlo hacia su cuello mientras sus caderas se movían rítmicamente, frotándose contra su amante como animal en celo.

La voz de Naruto gimiendo era increíblemente excitante, las caricias del rubio amenazaban con hacerle perder la cordura en cualquier instante y el vaivén de sus caderas era una promesa de un futuro éxtasis que se permitiría disfrutar. Mordió con suavidad el mentón y la delicada piel del cuello de Naruto, reconociendo de inmediato ese lugar como uno de los puntos erógenos de su esposo. Cierto, en la ciudad tenía una reputación de mujeriego infalible, pero como siempre se repetía: seguramente ni siquiera se había acostado con una décima parte de lo que imaginaban. Aunque esa décima parte había contribuido bastante con su reputación al asegurar el extraordinario desempeño del conde en las artes amatorias, pero en esta ocasión, sería Naruto el único que tendría la verdad para afirmar o negar tales rumores.

Naruto se revolvió sobre el escritorio al sentir una mano de Sasuke acariciar su abdomen antes de bajar en un recorrido sensual hacia su miembro, colándose por debajo de la tela. Su cuerpo se arqueó y sus labios dejaron escapar un ardiente jadeo de placer.

–Maldito teme… ¡ah! –sus caderas se movieron al mismo ritmo de la mano de Sasuke, aumentando el hormigueo en su entrepierna. Las sensaciones que su cuerpo experimentaba por primera vez eran muy diferentes a las veces que él, encerrado en la obscuridad de su habitación, buscaba satisfacer su deseo de placer. –Teme… ¡Ah! ¡Sí! voy a… ¡Ah!

–Vaya, entonces es cierto que eres virgen. No aguantaste mucho. –susurró en el oído, provocando un estremecimiento en el cuerpo de su amante seguido por una sustancia caliente en su mano. Sonrió con superioridad mientras lamía con asombrosa sensualidad los dedos cubiertos de blanca leche.

–No te atrevas a decir nada más, teme… o juro que te partiré la cara. –replicó con el rostro completamente sonrojado y respirando con rapidez.

–No seré delicado contigo sólo porque es tu primera vez.

–No estaba pidiéndote delicadeza.

Sasuke continuaba con esa maldita sonrisa ladina mientras desataba sus pantalones para liberar su necesitado miembro. Naruto se permitió observarlo con detenimiento: el rostro cubierto de sudor, el ligero sonrojo en las blancas mejillas, los brillantes ojos rojos… adoraba a ese estúpido conde y estaba más enamorado de él de lo que hubiese querido imaginar. Se sorprendió por descubrir tan asombrosa revelación en un momento como ese, un par de instantes antes de que Sasuke pudiese entrar en su cuerpo y marcarlo para siempre. Estaba a punto de follar con el Uchiha y Naruto apenas se daba cuenta de la magnitud de sus sentimientos por él. Obligó a su cerebro a que se olvidara por un momento del deseo que lo consumía para enfocarse en lo que realmente estaba sucediendo. Luego de pensar un par de segundos, llegó a la conclusión de que tenía dos opciones: la primera, mandar a la mierda todo y dejarse caer en el abismo de la pasión junto a Sasuke que era lo que su cuerpo le exigía a gritos, pero con ello también quemaría su último as bajo la manga. La segunda opción consistía en, a pesar de lo mucho que le doliera, obligarse a sí mismo a detener la locura que estaba cometiendo hasta asegurarse de que Sasuke no volvería a buscar a Karin. Era difícil que su cerebro analizara los beneficios de cada opción mientras se ofuscaba su buen juicio con la sensación de un dedo penetrando la virgen cavidad.

– ¡Teme! –gritó al mismo tiempo que la tibieza de la boca de Sasuke invadía toda la longitud de su miembro. Sus ojos azules se abrieron sorprendidos… ya había tomado una decisión. –Detente un momento, Sasuke.

–Sólo cállate y disfrútalo, idiota. –le contestó, olvidándose por ahora del miembro de su esposo. Un dedo había logrado infiltrarse al interior del rubio, moviéndose en círculos y nublándole la vista por el placer. –Yo me encargaré de todo.

–Te digo que pares.

– ¿Qué demonios te pasa, Naruto? Eres mío. –Naruto se apoyó en los codos, jalando la mano de Sasuke para retirar el dedo de su interior, sintiéndose extrañamente vacío e incompleto.

–Entonces dime, ¿qué pasa con Karin? –Sasuke pensó que ni siquiera un balde de agua helada podría haber cortado la pasión con tanta rapidez.

– ¿Por qué preguntas por ella en un momento así?

–Sasuke, si decides continuar… entonces aceptas que este matrimonio será real. –Naruto pasó saliva al notar el mutismo de su amante, pero se animó a seguir. –Un matrimonio de conveniencia, como lo es el nuestro, es fácil de llevar porque no hay ninguna clase de sentimientos problemáticos entre nosotros.

–Estás hablando justo como Shikamaru.

–Pon atención, Sasuke. –le reclamó con un poco de molestia. Naruto separó a Sasuke de su cuerpo para poder sentarse sobre el escritorio, cubriendo su desnudez con los jirones de tela. –Entre nosotros no hay ningún sentimiento de amor ni de posesión, de esa manera la relación entre nosotros ha ido relativamente bien y podríamos seguir conviviendo así durante mucho tiempo. Pero si damos un paso hacia un matrimonio real, nos comportaremos como tal.

–Eres un imbécil. –siseó el moreno furioso, volviendo a acomodar sus pantalones. –Si no quieres follar, sólo tenías que decirlo, no es necesario que inventaras toda esa absurda palabrería.

–Yo jamás dije que no quería hacerlo contigo, teme. –le recordó. –Pero si vamos a follar, te quiero en exclusiva. No estoy dispuesto a compartirte con la ramera de Karin.

– ¿Qué tiene que ver ella en todo esto?

–Es por ella que nuestro matrimonio es una conveniencia, Sasuke. Yo… si has puesto un poco de atención en mí, sabrás que soy el tipo de persona que cuando desarrolla sentimientos por alguien, lo hace en serio, teme. –esta vez sí consiguió atraer la atención del pelinegro. –Acostarte conmigo sin el objetivo principal de engendrar pequeños Sasukes o lo que es lo mismo, por simple placer, significaría olvidar nuestro matrimonio de conveniencia y yo…

– ¿Estás diciendo que te enamorarías de mí? –Sasuke preguntó con un tono casi sarcástico.

–Sí, teme. Podría enamorarme de ti. –respondió Naruto con voz baja, ocultándole sus verdaderos sentimientos. –Yo olvidaría todas esas absurdas reglas que impuse y me convertiría verdaderamente en tu esposo. Te pertenecería solo a ti… sin ningún amante de por medio. Pero por esa misma razón, yo exijo lo mismo de ti. Te quiero sólo para mí y tendrías que renunciar para siempre a Karin.

Sasuke lo observaba perplejo, asimilando el peso de cada palabra porque aún no llegaba a entender mucho de lo que pasaba ¿qué tenía que ver Karin con su relación? ¡Por todos los Uchiha! No había vuelto a tocar a esa mujer desde que probó la embriagante miel que eran los labios de Naruto. De hecho, no había vuelto a desear a nadie con la misma fuerza con la que deseaba a ese endemoniado rubio. Parpadeó un par de veces sin dejar de mirar los hermosos zafiros azules del rubio, intentando despejar su mente para pensar con claridad.

–Ya veo que sólo yo sería fiel, teme. –susurró al notar en los ojos negros clara confusión, interpretando equivocadamente los pensamientos del conde. –Lo siento, pero no dormiré contigo hasta que decidas dejar a Karin para siempre.

Sasuke se quedó estático en su lugar mientras Naruto se ponía de pie y tomaba la olvidada bata antes de ponérsela para escapar a su propio dormitorio. La mente de Sasuke no dejaba de dar vueltas a un mismo asunto: ¿por qué Naruto insistía en sacar a colación el tema de Karin? Lo pensó un par de minutos y la respuesta acudió como por arte de magia a sus pensamientos. ¡Gaara! La casa de ese duque estaba peligrosamente cerca de la casa de Karin, así que era posible que el pelirrojo hubiera notado las visitas de Sasuke, informándoselo de inmediato a su "amigo" Naruto. Su esposo jamás creería que él había acudido con su antigua amante solamente por la promesa de opio, al menos no con toda la reputación que cargaba sobre sus hombros. Suspiró, encontrándose repentinamente agotado. Debía de aclarar ese asunto con Naruto cuanto antes, pero primero tenía que deshacerse de una buena vez por todas de sus malditos fantasmas del pasado. Mañana, se dijo, hablaría con Karin para concluir ese capítulo en su vida y volver a los brazos de Naruto para ofrecerle el tipo de matrimonio que él le había propuesto esa noche.

"Sí, teme. Podría enamorarme de ti."

–Maldita sea, dobe. –dijo para sí mismo mientras buscaba otra copa para servirse un poco más de licor. –Yo ya estoy jodidamente enamorado de ti.

El licor color ámbar se derramó por todo el suelo. Sasuke cayó de rodillas, sujetándose el ojo izquierdo, el cual punzaba con tanto dolor que le cortó el aliento. Entre sus dedos alcanzaban a escaparse pequeños ríos de sangre.

–Na-Naruto… –quiso gritar por ayuda, pero su voz era apenas un murmullo que no traspasaría los gruesos muros de la biblioteca.

La sensación de dolor se incrementaba con el tiempo mientras que su visión se volvía borrosa. Sasuke dejó caer su peso sobre el suelo, sin dejar de sujetarse el ojo. Sentía como si alguien estuviese marcando su ojo izquierdo con fuego. Con las últimas fuerzas que le quedaban gritó desesperado el nombre de su esposo, pero sus gritos resonaron contra las paredes cubiertas de libros, sin provocar siquiera un eco. Decidió, entonces, sucumbir ante la oscuridad.

Las cosas no mejoraron dentro del sueño. El conde se hallaba dentro de un abismo obscuro bastante conocido y se preguntó por qué las pesadillas habían regresado justamente ese día. Desesperado, sin lograr vislumbrar ningún camino, dio unos pasos entre las sombras. Sabía que en poco tiempo aparecería esa brillante luz azul y respiró complacido al verla emerger como un pequeño punto en la lejanía. Hasta ese momento, todo ocurría en la misma secuencia, sin embargo esta vez no se sentía como un verdadero sueño. Sasuke estaba mucho más consciente de sus acciones que en las últimas veces.

– ¡Dobe! –detuvo sus pasos y exclamó al reconocer ese color. ¿Cómo fue incapaz de darse cuenta antes? Esa luz azul tenía exactamente el mismo tono que los hermosos ojos zafiro del rubio.

El sueño, entonces, no continuó de la misma manera en la que habitualmente transcurría. La luz azul se hizo mucho más grande hasta alcanzar el tamaño de una pequeña esfera que pudo sostener entre sus manos. Esperaba que el suelo se abriera para caer en el acantilado y pasar a la parte en la que veía a Shizuka ahogándose, pero eso no ocurrió. En cambio, la esfera azul explotó en miles de pedazos, dispersándose por toda la obscuridad del lugar. Cada pequeño fragmento comenzó a ser devorado por sombras que salían de la inmensa negrura. Sasuke notó que el ojo izquierdo permanecía sangrando, justo como antes de caer en el sueño.

Las sombras que devoraban los pedazos de la esfera comenzaron a adquirir forma humana a medida que acababan con la poca luz que existía. Y mientras adquirían esa forma humana, los murmullos también se volvían mucho más entendibles y Sasuke deseó no poder escucharlos al comprender lo que decían:

Los Uchiha van a pagar con lo que más amas.

Sasuke sintió una opresión en el pecho y miró hacia abajo. Justo a la altura de su corazón había aparecido un agujero del que emanaba mucha sangre, formando un charco a sus pies. No dolía, pero lo más sorprendente eran las cientos de figuras obscuras sin rostro que estaban justo frente a él. Ya no había ningún fragmento de luz azul.

Sangre por sangre, Uchiha. Para detener una maldición forjada con sangre, se necesita un sacrificio del mismo valor. Sangre por sangre.

Su cerebro no alcanzaba a procesar nada de la nueva información. Estaba congelado ahí, mientras las sombras amenazaban con hacerle pagar con sangre la traición de uno de sus antepasados. Quiso correr, pero sus piernas eran de plomo. Una de las sombras, la que estaba a escasos centímetros de él, mostró una extraña sonrisa luminosa compuesta por dientes largos y afilados. Fue esa maquiavélica sonrisa la que saltó hacia él, dispuesto a devorarlo, por lo que cerró los ojos y todo terminó. El sueño llegó a su fin pero Sasuke no despertaría hasta que el sol se alzara en lo alto del horizonte, disipando las sombras que lo rodeaban.


.

Cuando los colmillos de un lobo penetraron la carne de su brazo, despertó sobresaltado. Itachi Uchiha miró a su alrededor para asegurarse a sí mismo que eso sólo era otra extraña pesadilla, de esas que ya casi nunca soñaba. El moreno se recargó sobre la cabecera de la pequeña cama para tratar de recuperar el aliento, quitándose algunos cabellos que se pegaban a su frente cubierta por sudor.

–Tienes un sueño bastante pesado, ¿no es así, Deidara? –le susurró a la figura que dormía a su lado. El rubio ni siquiera se había movido un milímetro por la agitación de Itachi.

Sonrió, aún sin creer que después de todos esos años, Deidara continuaba a su lado. Cierto, no vivía en una lujosa mansión ni tenía todas las comodidades de las que podría gozar de no haber renunciado al título de conde, pero su pequeño tesoro rubio valía todo eso y mucho más. ¿Se arrepentía de algo? No, pero podía reprocharse el no estar cerca de Sasuke, pero sabía que su hermano lo estaba haciendo bien. Y las cosas sólo mejorarían para él ahora que Naruto se había colado en la vida de Sasuke para colmarla de ruido y alegría. Aunque su pequeño hermano lo negara, sabía que Sasuke estaba completamente feliz de que Naruto estuviera a su lado.

Todavía quedaba un paso más para que Sasuke rompiera la maldición, pero eso era algo que él no le podía revelar. Era el deber de su hermano el descubrir cómo romperla y esta vez, para siempre.

Miró a Deidara y acarició su cabello rubio, imaginando el hermoso color de sus ojos azules. Bajó su mirada hacia el cuello largo y perfecto, sin ninguna marca. El pecho estaba cubierto por una camisa de dormir, así que desabrochó el lazo para dejarlo al descubierto. Deidara no se movió mientras Itachi observaba el pecho semidesnudo. Cualquier otra persona diría que no era perfecto, pero para Itachi era toda una obra de arte. El moreno utilizó la punta de sus dedos para acariciar aquella cicatriz que hacía "imperfecto" el pecho de su amante. Era una cicatriz grande que atravesaba transversalmente el pectoral izquierdo, justo sobre el área del corazón. Itachi sintió la necesidad de apoyar la palma precisamente sobre esa zona, para sentir el suave latido del corazón y asegurarse que no era un sueño.

– ¿Pesadillas de nuevo?

–No pensé que despertarías. –contestó con sorpresa Itachi al notar los ojos azules abiertos.

–Suelo tener un sexto sentido que me alerta de pervertidos que intentan desnudarme en medio de la noche. –Deidara contestó bromeando, pero cambió su tono a uno más serio. – ¿Qué pasa, Itachi?

–Nada, sólo… –el rubio siguió la mirada preocupada de Itachi hasta descubrir que observaba fijamente esa cicatriz.

–Olvídalo. –rodeó la mano morena con la propia, apretándola con más fuerza contra el pecho, para que sintiera el fuerte latido de su corazón. –Lo importante es que estoy aquí, contigo.

–Casi te pierdo.

–No te atormentes recordando eso. –Deidara decidió ponerle fin a la conversación, seguir con ese mismo tema no le haría nada bien a la salud de su moreno amante. –Mejor piensa en que tendrás que hacerte responsable por desnudarme a medianoche.

Itachi sonrió de lado, acomodándose sobre el rubio para besarlo sin soltar la mano de Deidara. A través del beso le dio a conocer sus intenciones de continuar con algo mucho más interesante que un simple contacto entre sus labios. Deseaba volver a descubrir el cuerpo de su amante como lo habían hecho la primera vez y transmitirle todos esos sentimientos que le habían provocado despertar a media noche. Sentimientos de incertidumbre, miedo, ansiedad, amor… no habría soportado perderlo. No soportaría perderlo una vez más.

–Espera, Itachi… ¿estás seguro? ¿Te sientes bien?

–Mejor que nunca, Deidara…


.

–Muy bien. –dijo Naruto después de observar durante un largo tiempo el mapa de Konoha. Ya había visitado las ruinas de la abadía y había dado un paseo por la zona norte donde una gran piedra estuvo a punto de caerle encima. Sin embargo, más allá del acantilado y antes de llegar al bosque, existía una zona de terreno cubierta por rocas que no había explorado. Tenía un ligero presentimiento sobre ese lugar, así que le preguntó a Madara que estaba frente a él en el cuarto que Naruto había reclamado como su propio estudio, justo a unos pasos de distancia del estudio donde Sasuke se pasaba el día pintando. – ¿Qué hay exactamente en este lugar?

–Creo que ya se lo había dicho, mi señor. –respondió con fingida cortesía. –Es un lugar estéril, sin ningún atractivo especial.

–No sé… creo que por las características del terreno podríamos encontrar minerales o piedras preciosas.

–Usted desea ver diamantes donde no los hay. –Madara sonreía, pero el brillo en sus ojos era inconfundible. –He explorado yo mismo esas tierras y no he encontrado nada que sea de utilidad.

–Quiero verlo yo mismo.

–Pensé que confiaría en mí. –replicó claramente molesto, levantándose de la silla. –Pero si no me cree, venga a dar una vuelta conmigo.

–Sí, es precisamente lo que haré. –Naruto contestó muy seguro de sí mismo. –Iré yo mismo a supervisar esas tierras, así como también supervisaré los libros de contabilidad que usted prometió hacerme llegar.

–Tendrá esos libros mañana mismo. –le aseguró el pelinegro. –Obito los traerá.

–Espero que así sea. ¿Le parece bien vernos dentro de dos horas en las caballerizas? –propuso el rubio, notando la sorpresa en los ojos de Madara.

–Pero, ¿no pensará…?

–Por supuesto que sí, "tío" Madara. –lo interrumpió. –Iremos a ese lugar hoy.

Madara Uchiha asintió, claramente molesto por la actitud del rubio. Salió del estudio después de esquivar a dos de los constructores que estaban a cargo de reparar esa habitación. Mientras caminaba hacia las caballerizas, observó con envidia el lugar. Poco a poco el castillo de Konoha recuperaba su antiguo brillo perdido, quedando justo como la mansión que él conoció cuando cumplió los doce años y llegó a vivir a Konoha. Su infancia no había sido fácil viviendo bajo la sombra de su hermano menor, Fugaku Uchiha, futuro conde de Konoha. Siempre detestó a Fugaku y a sus hijos, pero debía de admitir que su medio hermano no tenía la culpa de que él, Madara, fuese un hijo bastardo del abuelo de Sasuke. Al menos el viejo había tenido la sensatez de reconocerlo como su hijo y darle el apellido Uchiha antes de que muriera, sin embargo era demasiado tarde para obtener el título de conde. Una vez más, siguió viviendo a la sombra de su hermano mientras se dedicaba a los pequeños deberes del castillo, tales como la administración y el manejo del campo. Y ahora, debía continuar viviendo bajo las órdenes de su sobrino y, peor aún, de un doncel como Naruto.

Se sorprendió al encontrarse justo a la hora acordada a un Naruto dispuesto a montar. No le quedó más remedio que ensillar a su propio caballo y comenzar el viaje hacia el norte. Iban solos, Sasuke había salido muy temprano de Konoha para tratar de solucionar el problema de Hinata y Minato estaba a cargo de coordinar a los trabajadores que estaban arreglando el castillo. Madara lo llevó a través de un camino diferente pero igualmente hermoso. Había pocos árboles y el largo césped cubría el lugar. Naruto se separó un poco del Uchiha para explorar la zona por su propia cuenta, pero una de las hábiles manos del moreno jaló las riendas del caballo para forzarlo a seguir la ruta que él trazaba.

–No se separe de mí, Lord. Este lugar es muy peligroso.

–Yo no veo ningún peligro. –apuntó Naruto.

–Quizá no lo sepa, pero más allá de esos árboles… –señaló una pequeña arboleda que estaba a escasos quince metros. –El terreno se vuelve extremadamente frágil.

–Quiero ir para allá. –dijo con decisión. –Tengo un muy buen presentimiento.

Madara bufó molesto y Naruto pensó que ese gesto debía de ser característico de los Uchiha, pues su propio esposo solía hacerlo cuando estaba molesto. Ahogó una sonrisa y siguió al pelinegro a través del bosque, mientras reflexionaba sobre la piedra verde que llevaba en la mano. Casi lo había olvidado, pero esa piedra que encontró cuando estuvo a punto de morir en el río, definitivamente era una esmeralda. Y debió de salir de algún lado, porque las hermosas esmeraldas no caían del cielo. Estaba bastante seguro de que en algún lugar de esos terrenos había una mina y debía de encontrarla, de esa manera Konoha volvería a prosperar. Cabalgaron en silencio hasta que el bosque y el pasto comenzaron a desaparecer, convirtiéndose en un terreno de piedra suave y quebradiza. Naruto observó que, más adelante, terminaba el suelo dando paso a un acantilado profundo.

–Aquí termina el lugar. Como puede ver, mi Lord, no hay nada de interés.

Naruto no estaba tan seguro. Obligó a su yegua a caminar despacio sobre ese terreno hasta aproximarse a la orilla del acantilado. Abajo, además de afiladas piedras, corría un río plateado que serpenteaba tranquilamente en un cañón profundo, labrado a través de miles de años. Siguió río arriba con la mirada, preguntándose si llevaría a la mina que esperaba encontrar. Si ese río alimentaba al riachuelo en el que se encontró la esmeralda, entonces por fin tendría una pista que seguir. El grito de dolor de Madara Uchiha lo sacó de sus pensamientos. Volteó a ver a su pariente político, el cual se sostenía el brazo derecho del que salía bastante sangre al tiempo que se bajaba de un salto del caballo.

– ¡Madara! –gritó Naruto. Estaba a punto de espolear a su caballo para que avanzara cuando un agudo dolor le atravesó el muslo derecho. Naruto soltó las riendas de su caballo, cayendo sobre el hombro derecho. En el muslo destacaba una flecha decorada con plumas blancas de ave. La herida le dolía horrores, pero afortunadamente no sangraba mucho ya que la propia flecha aún clavada en la carne ayudaba a contener la hemorragia. Se tomó un tiempo para sentarse y mirar lo que sucedía. Frente a él, un hombre desconocido vestido con una capa negra, forcejeaba contra Madara. Una tercera yegua que pertenecía al desconocido, se alejaba a todo galope para perderse en el bosque, mientras el caballo de propio Uchiha se agitaba atemorizado ante la lucha de su dueño contra el otro sujeto.

El extraño encontró una abertura en la defensa del Uchiha y lo golpeó con fuerza en la cabeza, logrando que Madara cayera al suelo como peso muerto. Con un objetivo menos, levantó la mirada negra y se dirigió al rubio que jadeaba en el suelo muy cerca del acantilado. Naruto observaba con sorpresa como el desconocido ahora caminaba hacia él. Intentó ponerse de pie, pero la herida en el muslo se lo impedía. Notó con cierto horror que el hombro sobre el cual cayó se hallaba con una forma antinatural y todo el brazo no respondía a sus órdenes. El sujeto lo intentó patear, pero Naruto giró hacia la izquierda para esquivarlo. Con una habilidad impresionante, el desconocido se sentó a horcajadas sobre Naruto. El Namikaze no podía defenderse bien con el brazo derecho inmovilizado y con dolor. Pensó que quizá era su fin.

"Maldición. Hay tantas cosas que no he hecho. Debí decirle a Sasuke que lo quiero, debí de entregarme a él cuando tuve la oportunidad y hacer un testamento para dejar al teme protegido. Tampoco le pedí perdón apropiadamente a Gaara ni le agradecí a Kakashi lo mucho que se ha preocupado por mí. No abracé a papá hoy antes de salir, ni he jugado últimamente con Ino. No quería despedirme de esta manera. Lo siento tanto…"

El tipo, sin ninguna arma a la mano, clavó los negros e inhumanos ojos sobre la flecha que sobresalía en el muslo del rubio. Naruto gritó de dolor cuando el desconocido extrajo sin ninguna delicadeza la flecha. Observó con terror que el otro levantaba la flecha muy alto, con toda la intención de clavársela en el pecho.

– ¡Naruto! –no sabía si ese había sido un grito que sólo escuchó él en su imaginación, pero agradecía que lo hubiese sacado de su pasividad, infundiéndole fuerzas para salir de esa situación.

"No. Aún no puedo morir. No me iré sin luchar."

Se obligó a recurrir a sus reflejos e instintos primitivos. Cuando estuvo seguro que el sujeto movería su mano para encajar la flecha en el corazón, levantó la rodilla para golpear al sujeto en la entrepierna, tomó un poco de tierra y se la lanzó a los ojos para escapar del ataque.

A lo lejos, observó la figura de un jinete dirigiéndose a toda velocidad hacia donde él estaba. Pensó, con cierta ilusión infantil, que tal vez se trataba de Sasuke quién había ido a rescatarlo, pero no podía estar seguro porque aún estaba muy lejos para verlo con claridad. Naruto se intentó poner a gatas para escapar de ahí, pero el sujeto detrás de él, aún con los ojos cerrados por el puñado de tierra, lo jaló del tobillo de la pierna sana, haciéndole perder el equilibrio y golpeándose fuertemente el mentón contra el rocoso suelo. Jadeó de dolor y su mente se nubló por unos instantes.

– ¡Muere bastardo! –exclamó el desconocido, tomando una roca pesada dispuesto a golpearlo en la cabeza.

Escuchó al otro sujeto hablar y, seguido de eso, un crujido alarmante resonó bajo su cuerpo. El piso se resquebrajó y desapareció en un instante, llevándose consigo al sujeto que había intentado asesinarlo. Naruto también estuvo a punto de caer, pero él alcanzó a agarrarse de la orilla con su brazo izquierdo. Su cuerpo quedó colgando en el borde del acantilado mientras escuchaba los gritos del desconocido antes de caer entre las afiladas rocas. El rubio intentó controlar su desesperación, pues la situación no era nada sencilla. Madara estaba inconsciente en algún lugar cercano y el jinete tardaría un poco más en llegar a ayudarlo. Su brazo derecho no respondía y el izquierdo que lo sostenía comenzaba a cansarse alarmantemente.

"Calma, Naruto. Sólo tienes que soportar un poco más y alguien te ayudará, pero cálmate y no te muevas. No pienses en lo cansado que estás."

Su intento de tranquilizarse se fue a volar cuando notó que el suelo del que estaba sujeto comenzaba a agrietarse lentamente. Y tampoco ayudó el hecho de que sus dedos poco a poco fueran cediendo. Lo mejor, pensó, sería despertar a Madara a gritos.

– ¡Madara! ¡Madara! –nada funcionaba. No soportaría mucho tiempo más. En un arranque de desesperación, miró hacia abajo y sólo logro asustarse más cuando sus ojos se enfocaron en una brillante mancha roja que sobresalía entre las rocas. El pensar que su final podría ser el mismo, lo agitó. – ¡Madara! ¡Despierta con un carajo!

Casi suspiró de alivio al ver que una sombra se acercaba. Levantó sus ojos azules para encontrarse con la mirada negra e impenetrable de Madara Uchiha, que se sobaba el cuello con pereza.

– ¿Madara? –el hombre sólo estaba parado en el borde, con los brazos cruzados y observando a su sobrino político colgado al borde de la muerte. –Necesito una mano.

–Si hubiese sido un doncel sumiso, esto no estaría pasándole, mi Lord. –susurró con sarcasmo. –Espero que le sirva como lección.

– ¡Madara! –Naruto jamás pensó que escuchar la voz de Sasuke en un momento como ese le trajera tanta tranquilidad. Al menos, si caía al precipicio, alcanzaría a gritarle su amor y moriría con una sonrisa. ¡Oh, estúpidos clichés románticos que lo atacaban cuando estaba a punto de morir! Se daría el lujo de ser estúpidamente cursi, después de todo si moría, no podría escuchar los reclamos del teme. Sólo tres dedos lo mantenían aferrado. – ¿Qué mierda estás haciendo? ¡Ayúdalo, idiota!

Madara sonrió de medio lado y se arrodilló en el borde del acantilado para tomar con uno de sus poderosos brazos el único brazo sano de Naruto. Un segundo después, Sasuke también arrodillado al borde, se inclinaba para ayudar.

–Toma mi mano, Naruto.

–No puedo, teme. Creo que me rompí el brazo.

–Eres tan idiota. –murmuró preocupado, estirándose un poco más para tomar al rubio de las solapas de su chaqueta y ayudar a Madara a subirlo. En cuanto Naruto tocó la tierra firme, lo arrastraron un par de metros hasta donde el terreno se volvía un poco más seguro. Con un estruendo, los Uchiha observaron cómo desaparecía en el precipicio el pedazo de tierra donde segundos antes habían estado de pie.

El rubio temblaba asustado sobre el pasto, aunque su mente estaba bastante calmada. Si hubiese muerto, al menos habría visto por última vez la cara de su maldito teme al que, ahora sin ninguna duda, amaba totalmente. Sasuke se dejó caer sobre el suelo, tomando a Naruto entre sus brazos. El hombro se veía bastante feo y necesitaría la ayuda de un doctor para acomodarlo, pero la herida en el muslo sangraba copiosamente a pesar de ser pequeña.

–Dobe, respóndeme. –también le preocupaba el temblor del que era presa el rubio. –Dime que estás bien.

–Estoy bien… estoy muy bien. –Naruto utilizó las últimas fuerzas que le quedaban para elevar su mano izquierda y tomar el fuerte mentón del moreno para atraerlo a sus labios. Los firmes labios del conde eran una delicia que le brindó confort. No le importó que Madara estuviera cerca, besó a Naruto con desesperación. Un segundo más y su rubio esposo no estaría a su lado.

Mordió con un poco de saña el labio inferior y coló su lengua en la boca de Naruto, acariciándola y tratando de transmitirle con esa caricia lo que no podía decirle con palabras. A pesar de la estúpida maldición, debía de existir un dios que no estaba del todo inconforme con los Uchiha. Cuando abrió los ojos al terminar el beso, Naruto lo miraba con los ojos azules brillantes.

–Creo que ahora estoy mucho mejor, teme.

Morir entre los brazos de su platónico moreno no le parecía tan malo después de todo. Eran fuertes y cálidos, le daban una sensación de protección que no le gustaba mucho porque él no era ninguna doncella indefensa, pero no le importaba ser vulnerable durante un par de minutos si con ello podía disfrutar del embriagante calor del cuerpo ajeno. Cerró los ojos sabiendo que todo volvería a estar bien, que cuando los abriera de nuevo, ya fuera en el infierno, en el cielo o en Konoha, se encontraría a Sasuke esperando por él.


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Sasuke escuchó el grito de dolor de Naruto y el de unos huesos crujiendo casi al mismo tiempo. Afortunadamente las heridas no eran muy graves y su dobe sólo se había desmayado por el cansancio y el shock emocional de haber estado al borde de la muerte, literalmente hablando. Kakashi estaba ahí con él, en la habitación del conde moreno mientras Naruto era atendido por un campesino llamado Iruka, que sabía bastante de huesos, pues lesiones como esas eran relativamente comunes en los trabajadores del campo.

– ¿Qué fue lo que pasó, Sasuke? ¿Puedes hablar de ello? –preguntó Kakashi con cautela. Sasuke estaba con una palidez que parecía casi mortal y con un semblante perdido.

–Naruto… estuvo a punto de morir, Kakashi. –apresuró a beber el líquido ámbar de su copa, agradeciendo el momentáneo calor brindado por el brandy. Pensó que tal vez al narrarle a Kakashi los hechos, su mente podría encontrar un poco de paz. –Fue mi culpa. Me descuidé por estar ocupado, lo dejé ir solo con Madara y un imbécil los atacó.

Kakashi estaba a punto de contestar cuando Madara pidió permiso para entrar en la habitación. Lucía un corte pequeño en la sien derecha así como un chichón en la nuca que no era muy visible por su largo cabello negro. El corte del brazo estaba envuelto en vendajes blancos. Madara apenas había dado un par de pasos dentro cuando un furioso Sasuke arremetió contra él, estampándolo contra la pared más cercana mientras lo sujetaba del cuello con la fuerza suficiente para dejarlo hablar. Los ojos rojos refulgían en medio del lugar y Madara los observaba extasiado porque nunca había tenido la oportunidad de verlos tan de cerca.

– ¡Explícame qué demonios pasó, Madara! –exigió el conde. – ¿Por qué te largaste de esa manera con el dobe? ¡Respóndeme!

Madara, contrario a su sobrino, se mostraba bastante tranquilo. Retiró la mano que lo aprisionaba del cuello con fuerza para contestarle.

–Tu esposo insistió, Sasuke. Yo no habría salido de aquí sin la compañía de un miembro de la familia de Lord Naruto, pero tu doncel es muy terco.

A Kakashi le pareció totalmente creíble porque conocía a la perfección el carácter inquieto y aventurero de Naruto. Era típico del rubio el hacer algo sin esperar o sin medir las consecuencias.

– ¿Quién era el que los atacó? ¿Lo conoces?

–No tuve tiempo de verle la cara. Me noqueó en un instante, ¿no te lo dije?

–Haz perdido tus habilidades de combate, tío. –dijo Sasuke con altanería, consiguiendo una mueca de disgusto en el mayor.

–Quizá bajé la guardia un poco. Estábamos en un lugar tranquilo y no me esperaba un ataque por la espalda.

Sasuke paseó por la habitación, escuchando un par de gemidos de dolor del otro lado de la puerta. Estaba furioso con Madara, pero más con él mismo.

–Madara. –se sirvió otra copa mientras hablaba. –Quiero que refuerces la seguridad en Konoha. No quiero que nadie entre ni salga sin permiso. Y quiero un grupo de guardias vigilando el castillo. A partir de hoy Naruto, Ino, Shizune y Hinata tienen prohibido salir del castillo sin una escolta.

– ¡Sasuke! ¿Estás loco? Eso costará una pequeña fortuna, dinero que, te recuerdo, no tenemos. –apuntó Madara.

–No se preocupe por eso, Lord Madara, yo correré con los gastos. –intervino Kakashi.

–No aceptaré tu ayuda, Kakashi. Madara, vende esto. –Sasuke exclamó con decisión y Madara atrapó el objeto que su sobrino lanzó. Abrió los ojos negros al notar el valioso objeto que tenía entre las manos.

–No puede ser… pero es de mi hermano Fugaku.

–Ahora me pertenece y si te digo que lo vendas, eso harás. –exigió Sasuke sin detenerse a mirar el colgante que le acababa de entregar a su tío. Era una hermosa y grande piedra rubí rodeada por brillantes diamantes blancos, pero el centro del rubí brillaba como lava ardiendo. Era una característica tan extremadamente rara que hacía de ese rubí un ejemplar único en el mundo. El colgante solía pertenecer al antiguo Madara Uchiha que derrotó a Hashirama Senju y había pasado de generación en generación. –Vende el collar de Izanami y consigue esos soldados.

Madara asintió, retirándose en silencio del lugar.

–Por lo que vi, parece que es una joya muy rara. –comentó Kakashi. –Y muy cara.

–Es un colgante que pertenecía al viejo Madara Uchiha. La leyenda dice que lo robó del mismo infierno y antes de morir lo obsequió a su primogénito. –Sasuke se mantenía lejos de la vista de Kakashi. –Como sea, estoy seguro que obtendrá bastante dinero por él.

–Es una reliquia familiar. No deberías de deshacerte de ella tan fácilmente. –Kakashi suspiró y continuó. –Si es algo tan valioso, debería de permanecer en familia. Yo podría prestarte el dinero equivalente a su valor y devolverte el collar cuando cubras la deuda.

–De ninguna manera. Es algo que yo debo de solucionar.

– ¿A qué te refieres, Sasuke?

–Si esa joya es el precio a pagar por la seguridad de Naruto, entonces no me importa. –Kakashi sonrió de lado y fue a sentarse en la cama justo a un lado del conde. Se veía cansado y, aunque insistiera en negarlo, preocupado.

–Vaya, pareces muy preocupado por la seguridad de Naruto. ¿Quieres hablar sobre ello?

"Los Uchiha van a pagar con lo que más amas"

–Es mi culpa, Kakashi. –confesó, sintiéndose tan vulnerable como un cervatillo que aprende a caminar. –Quizá sea un matrimonio de conveniencia, pero cuando me casé con el dobe juré que lo iba a proteger. También se lo juré a Minato, por mi honor. ¿Y qué es lo que he hecho? Con esta, es la tercera vez que casi lo pierdo… No permitiré una cuarta.

El mayor palmeó con cariño la espalda de Sasuke, entendiendo sus sentimientos. Sasuke quería utilizar su propio poder y sus propios medios para mantener a su esposo a salvo. Naruto podía decir que el conde no lo amaba, pero ahora Kakashi estaba seguro de que ese estúpido y arrogante conde moreno amaba con todas sus fuerzas a su casi hermano menor. En cuanto Naruto estuviera en condiciones, Kakashi tendría una plática muy seria con él.

–Estás molesto. –afirmó el mayor. Se notaba en los ojos rojos de Sasuke.

–Soy débil. Estoy enojado conmigo mismo por no poder cuidarlo. –confesó. Kakashi dejó que Sasuke se recargara sobre su hombro. El pelinegro no lloraba, solo estaba ahí, sentado como un muñeco, pensando en todo y nada a la vez.

–Conde Uchiha, ya puede pasar. –la voz de Iruka sacó a Sasuke de su ensimismamiento. Tomó una gran bocanada de aire y pasó a través de la puerta que Naruto tan celosamente mantenía cerrada.

–Haz hecho un excelente trabajo, Iruka. –le dijo Kakashi, sacándole un sonrojo al de cabello castaño. –Gracias.

–Es lo menos que podía hacer por mis señores.

Sasuke no admitiría que entró con temor a la habitación. El rubio yacía sobre la colcha azul, con el brazo derecho flexionado y firmemente vendado al torso para evitar que lo moviera, vestía una bata corta que le permitía a Sasuke ver sus bronceadas y torneadas piernas, una de las cuales estaba cubierta con una venda que mostraba una pequeña mancha de sangre fresca. Naruto intentaba sonreír, pero el morete en su mentón era doloroso y sus ojos azules estaban cerrándose aún en contra de su voluntad.

–Teme… –susurró, estirando la mano libre hacia la figura que se acercaba. –Ven.

–El brazo estaba dislocado. –explicó con rapidez Iruka. –Es muy doloroso volverlo a poner en su lugar, así que le di a beber jugo de adormidera para que no tuviera tanto dolor, pero estará somnoliento al menos toda esta noche y dirá incoherencias, así que no tome todo lo que le diga de manera literal, mi Lord. Necesitará llevar ese vendaje al menos tres semanas. La herida de su pierna es profunda y necesitará vigilancia para evitar infecciones.

Sasuke escuchó la explicación en silencio y después asintió. Iruka se despidió con una pequeña reverencia y salió del lugar seguido por Kakashi.

–Teme, ¿estás bien?

El conde por primera vez sintió un nudo en la garganta. Él debería de preguntarle eso al dobe, no al revés. Se acercó a la cama, sentándose en la vieja silla que estaba a un lado.

–No, teme. Acuéstate conmigo aquí, ven. –Naruto señaló un lugar justo a su lado. Con movimientos lentos, Sasuke se acomodó donde el rubio le indicó, acariciando en el proceso los brillantes cabellos dorados. Se acostó sobre el costado izquierdo, envolviendo a su esposo entre sus brazos.

–Fóllame, Sasuke. Ya no me importa si vuelvas a ver a Karin, sólo… quiero sentirte hoy. –Sasuke casi temblaba de deseo de poder hacerlo, pero sabía que esas palabras eran fruto de la experiencia vivida y del brebaje. Pegó su cuerpo al de Naruto lo más que pudo pero sin lastimarlo, dejándole sentir el calor de su cuerpo.

–No, dobe. No voy a tocarte hoy.

– ¿Entonces follaremos mañana? –preguntó mucho más adormilado por tener el calor de Sasuke cerca.

–Tampoco. Para disolver nuestro matrimonio, debo de comprobar que nunca se consumó. –le dolía, pero esa era la mejor manera de mantener a Naruto a salvo. –No voy a acostarme contigo.

–No me quiero divorciar, teme. –las palabras que Sasuke le dijo llamaron su atención, pero su cuerpo insistía en volverse a dormir. Haría un esfuerzo sobrehumano para mantenerse despierto. –Quiero quedarme contigo.

–En cuanto te recuperes, volverás a la ciudad.

– ¡No, teme! Me quiero quedar aquí, contigo. Quiero que me folles y tener pequeños condes amargados corriendo por Konoha.

–Dije que te irás a la ciudad, Naruto. –Sasuke pensó que su esposo estaba dormido, pues no se movió ni habló por un buen rato hasta que escuchó un sollozo que el propio rubio se obligó a sofocar rápidamente.

– ¿Por qué, teme? ¿No te gusto?

Sasuke no le respondió. Acarició el dorado cabello en un intento por arrullarlo y dejarlo ir al mundo de los sueños, que sin duda sería menos peligroso que el real.

–Porque allá, lejos de mí, es el único lugar en el que te puedo proteger de la maldición. –contestó cuando supuso que el rubio estaba dormido.

–Pues no me iré, teme. –no sabía cómo, pero había resistido al impulso de quedarse dormido y había valido la pena por escuchar a Sasuke hablar de esa manera. Sonrió, con el rostro oculto en el pecho de Sasuke. –Me quedaré contigo porque soy el único que puede ayudarte a romper esa maldición. No me importa lo que me pase, quiero que tú seas feliz porque…

– ¿Por qué, dobe? –esta vez, Sasuke buscó los ojos de Naruto para encontrar una respuesta, sin embargo, el rubio ya había luchado demasiado contra el sueño y estaba profundamente dormido.

"Sí, teme. Podría enamorarme de ti."

¿Su dobe estaría enamorado de él? Sasuke suspiró, acomodando el brazo debajo de la cabeza de Naruto. Esa noche tendría que conformarse con dormir al lado del rubio, sin saber la respuesta.

Continuará…


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¡Hola de nuevo mis linduras! ¿Cómo les va? Sé que tal vez quieran matarme… pero piénsenlo dos veces ¿sí? Si me matan, no habrá continuación… muahahaha. Naah, este capi va enfocado un poco más a la relación de nuestros chicos porque ya era justo y necesario dedicarnos a ellos. Hoy vimos que Sasuke puede tener un lado vulnerable y que los atentados continúan, pero ya no hay ninguna duda de que Naruto es el blanco. ¿Quién será?

No me maten por el lemon, no me maten, no me maten… Sasuke lo merecía porque Naruto sufrió en los capis pasados cuando creía que lo engañaba con Karin, así que merecía sufrir un poquitín ¿no creen? En caso de que su respuesta sea no, sólo pido que mi muerte sea rápida y sin dolor.

El siguiente capítulo ya está escrito y en proceso de "corrección de errores y argumento". Una gran parte será el juicio y otra parte creo que les gustará… porque Sasuke decidirá hacer algo respecto a Karin. A mí me gustó mucho escribir esa escena, pero ya leeré su opinión.

Más avisos de ocasión… escribí un drabble NaruSasu medio bizarro y raro… quizá lo suba a finales de la semana. Así que si están aburridos y quieren leer algo bizarro de menos de 500 palabras, pásense por ahí. Me gustaría saber su opinión sobre mi incursión en los drabbles, me gustó escribirlo pero quizá no sea muy "mi estilo".


Como siempre, AGRADECIMIENTOS ESPECIALES A:

hazukirokudo . . . - . . . Girl utena . . . - . . . Moon-9215 . . . - . . . Goten Trunks5 . . . - . . . sasame chan . . . - . . . moei . . . - . . . Lyra Raven-k . . . - . . . Sindey Uchiha Hale Malfoy . . . - . . . coptesita . . . - . . . Alice'D'Angel . . . - . . . Luna1986 . . . - . . . Guest . . . - . . . Zanzamaru . . . - . . . RiTzU-kUn . . . - . . . mei-chan . . . - . . . grisel

¡Superamos los 100 reviews! Muchísimas gracias por su apoyo, en verdad me hacen muy feliz porque sin ustedes, habría abandonado esto hace mucho tiempo. También les agradezco a los que han agregado esta historia a sus favoritas o se han suscrito, siguiéndola de manera anónima. A todos ustedes, muchas gracias. Adoro todos sus comentarios, los leo hasta tres veces :P. Trataré de contestarlos todos lo antes posible, sólo les pido un poco de paciencia.


Cumpleañeros, ¡manifiéstense! ¿A quién más debemos felicitar?

Nos leeremos en unos 15 a 20 días, no se me pierdan mucho y lean SasuNaruSasu hasta que sueñen con ellos.

Abrazos y besos.

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With my head in my hands I sit and cry

Kerky

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Número total de palabras (sin notas de autor): 13.696