Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¿Por qué me hiciste eso, Kishimoto? ¡Eras mi ídolo! Odié tu final… de verdad lo odié… así que por eso me dedicaré a hacer fics SasuNaruSasu que ayuden a cicatrizar la herida que me causaste.)

Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.


Holy Curse!

Capítulo X: Juicio

Naruto se levantó asustado, sentándose de golpe en la cama y mirando a su alrededor. Quizá era más de mediodía a juzgar por la luz que entraba a raudales por la ventana de su habitación. El brazo de Sasuke rodeando su cintura le trajo algunos recuerdos que le hicieron palidecer.

"¡No, teme! Me quiero quedar aquí, contigo. Quiero que me folles y tener pequeños condes amargados corriendo por Konoha."

– ¡Por todos los condes! ¿Qué demonios dije ayer? –con el único brazo sano, se frotó la frente, intentando recordar todo lo que su boca había soltado sin permiso de su cerebro el día anterior. – ¡Carajo! Estúpido brebaje…

Respiró profundamente antes de atreverse a mirar al otro ser que dormía plácidamente a su lado. Su esposo estaba cubierto por las sábanas, pero podía notar que no llevaba camisa. Naruto, casi temiendo lo peor, se revolvió en la cama, sonriendo aliviado al notar que no había ningún dolor en su cuerpo que le sugiriera que aquellas palabras dichas por influencia de una estúpida planta, se habían vuelto realidad. El rubio se levantó con cuidado, apoyándose en los muebles cercanos.

"Fóllame, Sasuke. Ya no me importa si vuelvas a ver a Karin, sólo… quiero sentirte hoy."

–Estúpido, estúpido Naruto. –se repetía en voz baja Naruto, buscando ropa apropiada para el día. –No quería que lo supiera de esa manera. Pensaba decírselo, pero no bajo el efecto de alguna planta extraña. Estúpido Naruto y tu gran bocaza. Por favor, que Sasuke no se acuerde de nada… por favor, por favor…

Naruto tardó demasiado en vestirse sin ayuda. El tener su brazo dominante vendado de esa manera lo volvía un poco inútil para las cosas más sencillas y eso lo desesperaba, pero de ninguna manera se daría el lujo de despertar a Sasuke. No se sentía capaz de mirarlo a los ojos sin sonrojarse al recordar las palabras de la noche anterior, aunque en realidad sólo eran vagos recuerdos los que tenía, mayormente sus propias palabras. La herida en su pierna punzaba, pero el dolor era tolerable. Por el momento, su mayor molestia era la herida en el mentón, pues no le dejó desayunar adecuadamente y, por supuesto, el maldito brazo que debía permanecer inmovilizado. No le sorprendió que toda la familia supiera de su accidente cuando bajó a desayunar, incluso Shizune se mostraba muy angustiada por lo ocurrido.

–Creo que Sasuke tiene razón. –le comentó Minato. –Será mejor que cuando salgas, lo hagas junto a la escolta que tu esposo contrató.

– ¿Sasuke hizo qué? –Naruto replicó molesto. –No necesito de ninguna niñera, papá.

–Lo siento, hijo, pero creo que eso es lo mejor que podemos hacer hasta que descubramos lo que está sucediendo.

–Puedo cuidarme solo.

–Sé que puedes hacerlo, Naruto. No por nada Jiraiya te entrenó, al igual que Kakashi. Pero con un brazo herido ¿crees poder vencer al menos a Ino?

Naruto refunfuñó molesto porque sabía perfectamente que Minato tenía razón. Él había crecido en otro tipo de sociedad, donde solía entrenar con el abuelo Jiraiya y con Kakashi, volviéndose muy fuerte. Sin embargo, primero debía de acostumbrarse a que su brazo derecho estaría inmóvil un par de semanas y, lo peor, que ese era el mejor brazo que tenía. Suspiró frustrado, ganándose una mirada llena de cariño por parte de su padre.

–Sólo será poco tiempo. Te prometo que yo mismo hablaré con Sasuke para pedirle que retire la vigilancia.

Aunque Naruto no lo creyó del todo, asintió. El resto del día lo pasó escondiéndose de Sasuke y agradeciendo que su esposo y Hinata tuvieran que salir de Konoha un par de horas. Supervisó el trabajo en la biblioteca y después de la comida, era la hora perfecta para un té, pero no quería seguir encerrado. Pidió que le llevaran la tetera a la terraza, desde donde se tenía una increíble vista de los jardines de Konoha. El verano estaba haciendo un excelente trabajo reverdeciendo aquellos viejos y olvidados jardines. Sólo por un momento, se permitió imaginar a un par de niños corriendo sobre el verde pasto, jugueteando con las flores para después trenzarlas sobre el cabello negro de un enfurruñado Sasuke. Naruto rio al imaginarse la cara de enojo de Sasuke, pero sabía que, si esa era una travesura del futuro conde Uchiha, la cara de molestia sería una simple fachada. Sasuke jamás se enojaría por una tontería como esa.

–Naruto, parece que estar a punto de morir realmente sacó tu estúpido lado sentimental. –se regañó a sí mismo.

Se sirvió una segunda taza de té, derramando algunas gotas en el proceso. Algunos aldeanos recolectaban la brillante fruta de los árboles cercanos. Una obscura figura con capucha resaltaba dentro de todo aquel verdor, lo cual llamó su atención. La terraza estaba en un segundo piso, así que se levantó y caminó hasta la baranda, siguiendo con la mirada a aquel sujeto. De una de las puertas laterales del castillo salió Shizune. Observó con cierto asombro que su madrastra se reunía con el sujeto, el cual bajó su capucha y Naruto pudo notar un rostro que le pareció terriblemente familiar. El hombre, de cabellos negros y piel morena, asintió y desapareció entre los campos. Shizune sonrió, volviendo de nuevo al castillo sin darse cuenta que Naruto la observaba desde la terraza.

Naruto, con el corazón latiéndole más rápido de lo normal, se dejó caer sobre una silla, analizando su reciente descubrimiento. ¿Acaso Shizune era la autora de todos los ataques contra él? ¿Qué podría ganar ella? No, se dijo, no estaba pensando con la cabeza fría. Primero debía de darle a su madrastra el beneficio de la duda. Estaba a punto de entrar a buscar a la pelinegra, cuando ella hizo su aparición en la terraza y Naruto notó la sorpresa en los ojos negros al descubrirlo ahí.

– ¡Naruto! No sabía que estabas aquí, es una tarde lindísima.

–Así es. –afirmó con una sonrisa falsa. –Desde aquí se tiene una maravillosa vista de los jardines.

Shizune entendió en el momento. Naruto le estaba confirmando que la había visto hablar con ese hombre y también le daba tiempo para que se explicara.

– ¿Con quién hablabas, Shizune?

La pelinegra suspiró, tratando de controlar su tono de voz.

–Con uno de los jardineros. Quería saber si tenían rosas amarillas en el jardín. Iba a ser una sorpresa para ti. –explicó con calma.

–Bueno, podrías habérmelo preguntado directamente a mí.

– ¿Y arruinar la sorpresa? ¡Oh, como sea! Ya no será una sorpresa después de todo. –sonrió Shizune y a Naruto le sorprendió que ella recordara lo mucho que le gustaban las rosas, sobre todo las de color amarillo, pues le recordaban a su madre. Kushina solía adorar las rosas que tenían el mismo tono que el cabello de su amado esposo e hijo. –Volveré a mi habitación, creo que me está dando una jaqueca.

Naruto la observó regresar, pero antes de que cruzara la puerta, exclamó:

–Le diré a la cocinera que prepare un pastel de cerezas, ¿te gustaría? Yo lo supervisaré.

Shizune se detuvo de inmediato, dándose media vuelta para mirar de frente a su hijastro.

–Te lo agradecería mucho, no sabes cuánto extraño los pasteles de la ciudad. Y tampoco sabes lo mucho que te quiero, como si fueras realmente mi hijo.

–No me lo dices con frecuencia, pero lo sé. –Naruto se revolvió un poco incómodo en la silla. –Aunque, por la edad, yo podría ser tu hermano.

–Entonces, te quiero como a un hermano menor. –ella se acercó, envolviéndolo en un abrazo. –Haría cualquier cosa por ti, en verdad.

Después de que Shizune se fue, Naruto se quedó en la terraza hasta que el cielo azul se volvió negro y el aire se tornó un poco frío. Caminó directo a su habitación, dispuesto a dormirse antes de encontrarse con Sasuke. Sí, podía llamarse un cobarde, pero aún no se sentía lo suficientemente fuerte como para enfrentar una charla sentimental con Sasuke y mucho menos sin saber exactamente todo lo que su boca había soltado la noche anterior. Al llegar a su habitación, se despojó con mucha dificultad de su ropa, dejándose solamente un pantalón ligero para dormir, con la estorbosa venda envolviendo su tórax manteniendo su brazo fijo.

– ¿Dobe? Voy a pasar. –Naruto se sorprendió por la voz de Sasuke y los ligeros golpes en la puerta. Invadido por un repentino nerviosismo, cojeó hacia la cama, tapándose con las sábanas hasta las orejas. No tardó en escuchar el ruido de la puerta abriéndose y los pasos de Sasuke adentrándose en su recámara. Fingiría estar dormido aunque con ello se sintiera como un crío de cinco años escapando del regaño de mamá.

El rubio se concentró en que su respiración marchara a un ritmo lo más normal posible para engañar al conde. Se moría de ganas por abrir los ojos y observarlo, pero las palabras seguramente se atorarían en su garganta.

–Eres un dobe, Naruto. –susurró Sasuke tan cerca de su oído que le fue muy difícil reprimir el repentino sobresalto de su cuerpo. Naruto también sintió un par de caricias en el rubio cabello. –Hablaremos después.

Escuchó al conde salir de la habitación por la puerta que comunicaba ambas recámaras, dejándola deliberadamente abierta. Naruto no pudo concebir el sueño hasta que se cercioró de que su esposo dormía profundamente en su propia habitación.

.


.

–Bien, aquí estamos. ¿Cómo te sientes, Hinata? –el día del juicio había llegado. Hinata temblaba de pies a cabeza, pero se mantenía erguida y firme como toda una dama de alta sociedad. No dejaría que descubrieran lo asustada que se sentía. Sonrió nerviosamente a Naruto.

–Creo que, bien… tal vez pueda soportarlo con algo de dignidad.

–Todo estará bien, Hinata. Itachi envió una carta asegurándonos su ayuda. –le recordó el rubio, poniendo una mano sobre su hombro en muda señal de apoyo. –Yo también estaré ahí. Todo saldrá muy bien, ya lo verás.

Hinata volvió a sonreír sin estar tan segura de ello. Le habría gustado tener al menos una pizca del optimismo que el rubio parecía tener. Tomó una gran bocanada de aire antes de entrar en el cuartel. Debido a la pequeña cantidad de habitantes de Konoha, el cuartel de policía funcionaba también como juzgado y albergaba al mismo tiempo la oficina del gobernador. Entró al lugar acompañada de Kiba y Shikamaru. Antes de ir a la habitación donde se llevaría a cabo el juicio, primero tendrían que pasar a firmar unos papeles.

–Volveremos antes del juicio, Hinata. –Naruto se despidió, acompañando a su esposo a través de la pequeña aldea. Era la primera vez que salía del castillo de Konoha con Sasuke y se sorprendió al notar que todas las personas con las cuales se topaban inclinaban la cabeza ante el conde, sin cruzar su mirada con la azabache.

–Hey, teme, ¿podrías explicarme lo que va a suceder ahora? Eso del juicio… creo que me perdí algo.

–No me sorprende, dobe. –Sasuke abrió la puerta de un pequeño café público. Habían salido muy temprano de Konoha y debido a la terquedad del rubio por vestirse sin ayuda a pesar de tener un brazo inmovilizado, no habían tomado el desayuno. –Eres un total perdedor.

– ¡Bastardo! Si sólo vas a insultarme, entonces se lo preguntaré a Kiba en cuanto regresemos. –Sasuke ordenó café y fruta, mientras que Naruto se decidió por elegir un poco de pan para el desayuno. El rubio notó que muchas personas los miraban y cuchicheaban entre ellas, pero supuso que se debía a que no era muy frecuente ver al conde y a su esposo con un brazo vendado por esos lugares. – ¿Y bien?

–Konoha pertenece al territorio del País de Fuego y como tal, es parte de un estado que obedece a un gobernador. –explicó Sasuke en voz baja, cruzándose los brazos sobre la mesa mientras esperaban el desayuno. –Con el nombre de Konoha se le conoce al castillo y a las tierras que pertenecieron a Hashirama Senju, pero también los pueblos aledaños son parte del mismo estado. Dentro del castillo y las tierras que pertenecen a él, la máxima autoridad es el conde Uchiha.

–Creo que entiendo un poco. Entonces, ¿nosotros como condes debemos rendirle cuentas al gobernador?

–Vaya, no eres tan tonto como pensaba, usuratonkachi. –se burló, colocando muy poca azúcar al café que recién le servían. –Así es. Nosotros nos acoplamos a las leyes del estado y hacemos que se cumplan en nuestro territorio. Si alguien quebranta alguna de las leyes principales, no podemos aplicar un castigo, tenemos que acudir a la policía y ellos se encargarán. De los crímenes menores sí podemos hacernos cargo.

– ¿Por ejemplo?

Sasuke escondió una sonrisa detrás de la taza de café. Su rubio dobe era inteligente, pero siempre entendía más con ejemplos que con conceptos.

–Un asesinato ocurrido dentro del castillo. –Naruto tembló ante lo macabro del ejemplo, considerando que la situación en la que él había estado apenas un par de días atrás. –Aunque nosotros descubriéramos al culpable, tendríamos que entregarlo a la comisaría del estado y ahí se llevaría a cabo un juicio para demostrar su culpabilidad o no. Aunque claro, un testimonio de los Uchiha es casi inapelable debido a la nobleza del apellido.

–Ya veo. –Sasuke notó la sombra que cubrió los ojos azules y se amonestó mentalmente por poner un ejemplo tan drástico. –Eso significa que si tú haces una declaración afirmando la culpabilidad de una persona, es casi como si lo sentenciaras a muerte ¿no es verdad? Nadie se atrevería a dudar de tu palabra.

–Exactamente. Es por eso que Hinata tendrá que ser juzgada por ellos y no por los Uchiha, pero una palabra mía sobre su inocencia puede salvarla.

–Entonces, puedo respirar tranquilo. –Naruto soltó el aire que mantenía retenido en sus pulmones. –No dudarán de ti.

–Ni de ti. –le aseguró Sasuke. –Ahora tú también eres un Uchiha y mi esposo. Lo que tú digas será tomado como mi palabra también. Recuérdalo, ya eres un conde por matrimonio.

El desayuno llegó y ambos tomaron su comida en silencio, sin demorarse mucho para poder regresar al juzgado lo antes posible. Sasuke insistió en pagar la cuenta a pesar de los intentos de la casera por dejarlo como un favor especial a los Uchiha. Al final, el moreno ganó la reñida disputa y dejó la cantidad necesaria para cubrir los alimentos y una propina generosa. Caminaron a través de la plaza con Naruto observando los diferentes puestos y Sasuke saludando a los viejos aldeanos del lugar. En el centro de la plaza la gente se arremolinaba en una algarabía. A Naruto le pareció fascinante la amplia plaza con suelo de piedra gris suavizada por las pisadas de los aldeanos a lo largo del tiempo. Sasuke entrelazó su brazo con el único brazo libre de Naruto, llevándolo en la dirección opuesta a la que corría la muchedumbre.

– ¿Qué está pasando, teme?

–Es una declaración de duelo, dobe. Es mejor irnos antes de que la multitud nos atrape en este lugar.

– ¿Un duelo? Pero ¿por qué? ¿Y la policía?

–No sé cuál es el motivo, se supone que sólo los nobles recurren a este tipo de actos. –dijo, jalando a Naruto del brazo para apurar la marcha. –Hay un par de familias de la nobleza menor en el pueblo, supongo que será un problema entre ellas. Apresúrate o llegaremos tarde.

Llegaron al pequeño edificio que funcionaba como tres oficinas. Pasaron a través de la comisaría donde encontraron a varios hombres atrapados detrás de los barrotes de metal, destino que hubiese compartido la propia Hinata de no ser por las sutiles maquinaciones de ambos condes. Una habitación aparte pertenecía a la oficina del gobernador, un hombre moreno de cabellos negros y barba obscura llamado Asuma Sarutobi, hijo del actual Hokage del País del Fuego. Recorrieron un estrecho pasillo que los llevó hasta el juzgado que difícilmente podría llamarse así. Konoha no tenía muchos habitantes, motivo por el cual era una de las aldeas más tranquilas del País del Fuego así que los juicios eran poco frecuentes en el lugar, por lo tanto el pequeño cuarto no estaba muy bien acondicionado.

Las paredes amarillentas parecían a punto de desmoronarse, había un par de sillas viejas de cuero al frente de la habitación donde se sentarían los miembros del jurado. En una de las esquinas había otra silla mucho más maltratada junto a una pequeña barrera de madera, lugar de la persona que prestara declaración. En la esquina contraria estaba una silla muy bien cuidada junto a un escritorio de madera resplandeciente donde el juez supervisaría todo el procedimiento. En medio del cuarto se encontraban colocados un par de escritorios junto a varias sillas para ambas partes involucradas y el fondo de la habitación estaba dominado por varios banquillos de madera para el público que pudiese estar presente durante el desarrollo del juicio.

Naruto y Sasuke se sentaron en la primera fila mientras los miembros del tribunal constituido por los viejos y sabios ancianos de Konoha, entraban lentamente a ocupar sus lugares. Naruto reprimió el impulso de saltar la pequeña barandilla que los separaba de Hinata para golpear el rostro sonriente y oculto de Shino. Al parecer, Sasuke también sentía lo mismo por la manera en cómo apretaba los puños con fuerza.

–Trata de calmarte, dobe. Recuerda: "nobleza obliga" y aunque no te guste, ahora eres un conde… mi conde.

–Lo recordaré, teme. –contestó con un pequeño estremecimiento por la fuerza de sus palabras.

–Eso espero. –lo miró de reojo. – ¿Estás seguro de que te encuentras bien? Apenas han pasado unos días desde el incidente.

–Estoy bien, Sasuke. –afirmó, sonriendo por la preocupación del otro. –No voy a abandonar a Hinata, ella es mi amiga y además es parte de mi familia.

Unos minutos después todos los involucrados se hallaban en sus lugares. Un joven explicaba con fuerte voz los pormenores del juicio mientras los ancianos miraban con sus ojos inquisidores a la acusada. Hinata se mantenía firme con ese aire de dama que había aprendido desde muy joven.

–Hinata ha tenido suerte. –Naruto se extrañó por el comentario del moreno. –Por ser parte de la nobleza, se le ha concedido trato especial. De provenir de cualquier otra familia, simplemente la habrían mandado a azotar ante la menor acusación de su marido.

–Es injusto. –se quejó.

–Lady Hinata Aburame, esposa de Lord Shino Aburame y hermana política del conde Sasuke Uchiha, se le acusa de adulterio durante su matrimonio con Lord Aburame. El juicio para probarlo dará comienzo ahora. Pero antes de eso, díganos a todos: ¿cómo se declara?

–Inocente. –el temblor en su voz apenas fue perceptible.

Naruto miró con una mezcla de confusión a Hinata y después posó sus ojos azules sobre Sasuke, buscando una explicación.

–Hinata quería declarase culpable para que la liberaran de su matrimonio con el bastardo de Shino. ¿Por qué ahora ha cambiado de opinión?

–Espera y verás, dobe. Shikamaru ideó una estrategia nueva en estos días.

– ¿Es en esto en lo que han estado trabajando?

Sasuke asintió y continuaron observando. El primero en pasar a hablar fue Shino, quien relató cómo su esposa lo había engañado en su primera noche juntos, la manera en la que veía a otros hombres y muchas más mentiras. Naruto gruñía enfurecido pues sabía que todas esas eran mentiras… o casi. Shikamaru se veía tranquilo, con los brazos cruzados y Hinata se empeñaba en limpiar las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos.

– ¿Quiere decir que su esposa compartió su lecho con otros hombres?

–Así es, Lord. –Shino respondió con seguridad a la pregunta hecha por uno de los ancianos. –Y tengo pruebas.

–Mostrará las pruebas más adelante. –exclamó el juez. –Es el turno de Lady Hinata de relatar su versión de los hechos.

Hinata ocupó el lugar correspondiente, dispuesta a una larga serie de preguntas por parte de los ancianos. A pesar de la protección que le brindaba la presencia de Sasuke y de Naruto, la mujer tembló al ver la sonrisa triunfal en su todavía esposo. Entrelazó sus manos para tratar de ocultar el temblor de éstas, manteniendo un tono de voz bajo y amable, recordando que Shikamaru le había dicho lo primordial de ganarse la simpatía de los ancianos de Konoha.

El día en el juicio transcurrió lento y agobiante. Al caer la tarde, la mayoría de los testigos así como Hinata y Shino, se hallaban agotados, incluso se podía notar el hastío en el rostro de los ancianos. Fue el turno del conde Sasuke Uchiha de fungir como testigo a favor de Hinata.

–Lord Uchiha, nos gustaría conocer su punto de vista sobre esta vergonzosa situación. –Sasuke se aclaró la garganta antes de hablar.

–Lady Hinata Aburame fue criada bajo la estricta supervisión de la condesa viuda, Lady Mikoto Uchiha. Es cierto que el matrimonio con Lord Aburame fue un acuerdo de conveniencia y ella no estaba totalmente conforme con la boda, pero mi hermanastra a pesar de todo es una Lady, así que jamás se atrevería a manchar el buen nombre de su familia. Sin embargo, resultó ser que Lord Shino Aburame no es un caballero como lo pretendía ser. Eso es todo lo que diré.

– ¿Tiene pruebas de ello? –cuestionó uno de los ancianos.

–La única prueba que se necesita es su apellido, ella es una Uchiha. Los Uchiha tenemos nuestro propio honor.

Los ancianos cuchichearon entre ellos con sendas sonrisas de satisfacción, pues ansiaban irse a casa a descansar y el testimonio del conde Uchiha, era todo lo que se necesitaba para terminar el juicio, después de todo Sasuke se estaba jugando la nobleza de su apellido por el honor de su hermanastra. El abogado de Shino no se veía muy contento con el asunto, así que interrumpió sus comentarios.

–Es posible que el propio conde Uchiha haya caído bajo los sutiles engaños de una mujer como ella. ¡Ella es una adúltera! ¡Incluso engañó a su propia familia con esa cara angelical! –señaló a Hinata acusadoramente. –Les mostraremos la verdad si son tan caballerosos de regalarnos un poco más de su tiempo.

– ¿Está diciéndonos que pone en tela de juicio la palabra del conde Uchiha? –exclamó sorprendido un anciano.

–Eso es lo que afirmo. Y vamos a demostrárselos con pruebas. –dijo con una sonrisa triunfal. –Pero antes de mostrarles la verdad, quisiera llamar a un testigo.

– ¡No se nos informó nada de esto! –protestó Shikamaru.

–Bueno, no creo que exista ningún problema. –intervino el juez. –Si Lady Hinata Aburame realmente es inocente, entonces no tiene nada que temer. Llame a su testigo.

El abogado de Shino asintió y se dirigió a la parte posterior del salón para acercarse a una mujer humilde y joven que se encontraba sentada en la orilla más alejada. Puso la mano sobre su hombro y la mujer se puso de pie, acompañándolo hacia el frente para decir su testimonio.

–Les presento a Hikari Masamune. Me gustaría saber si Lady Aburame la reconoce.

Hinata miró a Shikamaru en busca de apoyo. El pelinegro sólo suspiro y asintió, dándole permiso a responder.

–Creo que… creo que la he visto antes en la mansión Aburame. Si no me equivoco, ella era una de mis doncellas.

–Excelente memoria, mi Lady. Ahora me gustaría que la señorita Masamune nos relatara lo que observó durante su estancia en la mansión Aburame a la cual servía, con el permiso de ustedes. –les dirigió una mirada a los ancianos y ellos asintieron con fastidio.

–Trabajé como doncella para Lady Aburame durante toda su estancia en la mansión. Fui contratada poco después de que Lord Aburame hiciera público su compromiso con Lady Hyuuga.

– ¿Qué es lo que hacías en esa mansión, mujer? –preguntó el anciano que parecía ser el de mayor edad entre todos.

–Después de que Lady Hyuuga se convirtió en Lady Aburame y vino a vivir a la mansión, yo me dedicaba a servirle. Preparaba su desayuno, peinaba su cabello, preparaba sus vestidos, cuidaba de sus joyas y en varias ocasiones también realizaba las labores domésticas en las habitaciones de los señores. –la mujer de ojos color avellana permanecía cabizbaja, pues no se sentía muy cómoda revelando frente a tantas personas los secretos de su ama, después de todo Lady Aburame siempre había sido muy amable con ella. Si Lord Aburame no la hubiese amenazado con dejarla en la calle, ella no estaría allí diciendo lo que sabía.

– ¿Alguna vez vio a Lady Aburame tener contacto carnal con otro hombre que no fuera su esposo?

La muchacha respondió de inmediato a la pregunta del anciano negando la cabeza en repetidas ocasiones.

– ¿Alguna vez observó a algún hombre dentro de la habitación de Lady Aburame? ¿O usted ayudó de alguna manera a Lady Aburame a escapar de la mansión para encontrarse con un amante?

–Mi Lady jamás escapó de la mansión para encontrarse con un hombre, o al menos es lo que yo sé. Pero…

El titubeó de la mujer puso sobre alerta a todos los Uchiha, sacando una sonrisa en Shino.

– ¿Qué es lo que iba a decir, mujer? –la instó a continuar el juez ante el repentino mutismo. –Afirma que Lady Aburame nunca escapó de su casa, pero no ha respondido nada respecto a la primera pregunta. Díganos, ¿alguna vez vio a un hombre en las habitaciones de Lady Aburame?

–Yo… bueno, al principio yo no lo sabía, así que me sorprendí mucho cuando vi a una persona en su habitación. –confesó, logrando que la mayoría de los ancianos se retreparan en su asiento, súbitamente interesados por lo que decía.

– ¿A quién viste en su habitación? ¿Lo reconoces o está aquí? –preguntó uno de ellos. –Contesta pronto, mujer, pero piensa dos veces tus palabras, porque una vez dichas no podrás retractarte de ellas.

–Sí, vi a un hombre en su habitación y los vi muy cerca, pero no se tocaban ni se besaban. Y ese hombre está presente justo aquí.

– ¡Necesito un momento para hablar con el juez! –exclamó Shikamaru repentinamente alterado.

–Por supuesto que no. –respondió el mismo juez mientras la multitud murmuraba entre ellos por la repentina información. Naruto sintió que la sangre se le helaba en las venas. ¿Podría ser que…? –Díganos ahora, mujer. ¿Quién es ese hombre al que vio en la misma habitación que Lady Aburame?

–Como dije, yo no sabía muchas cosas. –la chica se puso de pie con lentitud y señaló a un punto entre el público. –Observé al conde de Uchiha, Lord Naruto Namikaze, en la habitación de Lady Aburame antes de su compromiso con el conde Sasuke Uchiha. Yo no sabía que él era un doncel hasta que me enteré de su boda con el hermanastro de mi Lady y no sabía cómo confesarlo. Lord Namikaze de Uchiha y Lady Aburame llevaban una amistad muy estrecha, tanto que un día ella lo invitó a su habitación.

A esas alturas los murmullos de la multitud se volvieron casi gritos. Shikamaru suspiró una vez más, ahora tendría que aclarar ese asunto antes de que el día llegara a su fin. Naruto miraba sorprendido a la chica, sin imaginar que alguien podría malinterpretar las visitas a su amiga. Sasuke había soltado su mano unos minutos atrás y lo miraba con firmeza.

–Sasuke, déjame explicarte…

–Sería mejor que el conde Namikaze de Uchiha nos explicara a todos esta situación. –dijo el juez, obligando a que el público guardara silencio. – ¿Por qué no pasa al frente, Lord Namikaze?

–Quisiera solicitar un descanso. –dijo Shikamaru.

–De ninguna manera, Lord Nara. Resolveremos esto cuanto antes. Lord Namikaze, por favor. –el hombre señaló el banquillo y Naruto tragó saliva antes de internarse en el lugar.

–Disculpe el haberlo llamado sin solicitárselo antes, Lord Namikaze. –se disculpó uno de los ancianos que había hablado antes con Itachi. –Quisiéramos que nos aclarara esa situación, no por el juicio, si no para que usted mantenga su buen y respetable nombre.

–Yo no hice nada malo. –replicó el rubio molesto mientras Shikamaru golpeaba su frente con su propia mano. Naruto podría ser un arma de doble filo sin la preparación adecuada, por eso había solicitado un poco de tiempo. No tenía otra alternativa, así que confiaba en que el buen juicio de Naruto pudiera ganarles la partida. –Hinata es mi amiga y yo soy un doncel, ¿qué hay de raro en eso? Todos saben que me casé con el conde Uchiha.

–Hemos escuchado de algunos casos en los que donceles como usted, deciden ocultar su verdadera identidad y mantienen relaciones estables con mujeres. –explicó uno de los ancianos. – Incluso pueden llegar a obtener placer carnal con las doncellas. ¿Por qué usted sería diferente?

– ¿Está acusando al conde de Uchiha de un acto deshonroso? –gritó Sasuke enfurecido. –Si se atreve a…

– ¡Sasuke, cálmate por favor! –intervino Kiba, obligándolo a sentarse de nuevo. –No lo compliques más.

–Bien, es cierto que muchos donceles prefieren mantenerse ocultos y casarse con una mujer, pero yo no soy así. –contestó Naruto sin dejar de mirar al pelinegro. –Desde que llegué a la ciudad, no oculté mi condición de doncel a mis amigos más cercanos. Nunca me sentí atraído por Lady Aburame, sólo veía en ella a una amiga y quizá a una hermana.

– ¿Cómo podemos creer que usted no compartió los placeres de la carne con ella?

–Porque… –Naruto desvió la mirada hacia abajo. –A mí nunca me han atraído las mujeres. Me acerqué a ella para ganarme su confianza y aprender a través de ella, más de su hermanastro, de Sasuke Uchiha que actualmente es mi esposo. A mi favor diré que me gustaba el conde, así que Hinata era el medio para acercarme a Sasuke.

Buscó con sus ojos azules la mirada blanca de Hinata, pidiéndole perdón por aquella mentira pues no se le ocurrió nada más para defender a ambos de esas acusaciones. Cuando llegaran al palacio de Konoha, lo primero que le explicaría sería que desde un principio Hinata fue como su hermana, que jamás se acercó a ella por el mero interés en Sasuke. Suspiró aliviado al ver que Hinata le devolvía una mirada tranquila, posiblemente entendiendo el porqué de esa explicación tan conveniente sobre su amistad.

La multitud cuchicheaba de nuevo, pero esta vez con tranquilidad, aceptando que la amistad de Naruto con Hinata era simplemente un ardid del rubio para poder engatusar al conde. Sasuke también respiró con alivio al ver que los ancianos creían en eso, no era necesario que ellos también se enteraran de la mutua antipatía que sentían ambos condes por el otro cuando recién se conocieron. Parecía que había transcurrido una eternidad desde aquellas disputas monumentales, cuando él se atrevió a invitar a Lady Haruno a la fiesta de su hermanastra sólo para despertar los celos del Namikaze. Quizá desde entonces a él le gustaba Naruto y sólo apenas caía en la cuenta de eso.

– ¡Silencio! –ordenó el juez y la multitud obedeció al instante. –Lamento este mal trago para usted, Lord Namikaze de Uchiha. Espero que perdone este atrevimiento, pero era necesario aclararlo.

–Solamente quiero que se sepa que la relación que tengo con Lady Hinata es de estrechísima amistad. –concluyó Naruto.

–Tengo una pregunta más. –intervino uno de los miembros del jurado. –Si es cierto que hay una relación de estrecha amistad entre usted y Lady Aburame, entonces ¿es correcto afirmar que ella le ha confiado muchos de sus secretos?

–Bueno… sí, eso es lo que hacen los amigos ¿o no? –reconoció un nervioso rubio.

–Y entre los secretos que ella le ha confiado, ¿alguna vez le reveló la existencia de un amante?

–Jamás. –contestó con seguridad. –Ella nunca se atrevería a perjudicar a su familia con un escándalo de esa magnitud, de eso estoy tan seguro como mi esposo.

Shikamaru sonrió, aceptando que el rubio había hecho un muy buen trabajo a pesar de no estar preparado para las acusaciones. Naruto se despidió con una leve inclinación de la cabeza y volvió al lado de su azabache esposo.

–Teme, yo…

–No hablaremos más, dobe. –Naruto lo miró con una mezcla de miedo y ansiedad. –Confío en ti. No necesito que me asegures que no tocaste a Hinata. Después de todo, la noche pasada te corriste demasiado rápido, así que no tienes ninguna experiencia anterior. –terminó de decir con una sonrisa ladeada repleta de vanidad.

– ¡Maldita sea, teme! –Naruto se esforzó por no gritar y golpear la pálida mejilla del conde. –No tienes que decirlo tan…

–Puedo pasar al estrado y afirmar que eres completamente virgen, de esa manera no quedará ninguna duda de tu testimonio.

– ¡Vete al demonio, conde! –gruñó con el rostro completamente rojo. Se separó un paso del moreno, notando la burla en los ojos de éste. –Me las vas a pagar muy caro, maldito bastardo insolente.

A pesar de lo vergonzoso de la situación, Naruto sonrió a escondidas de su esposo. Sasuke confiaba ciegamente en él y eso lo llenaba de alegría, pues era un paso más en su relación.

–Muy bien, Lord Aburame, si eso fue todo… –dijo el juez que también estaba cansado de ese asunto sin importancia. Sólo lo hacía por tratarse del orgullo de una noble familia como la Uchiha. –entonces podremos dar por concluido…

–Por favor, permítame un momento más. –lo interrumpió el abogado de Shino. –La declaración de Lord Namikaze de Uchiha ciertamente ha sido en favor de Lady Aburame.

–Entonces, ¿para qué llamó a esa doncella como testigo? –interrogó uno de los ancianos.

–Bueno, sabemos que Lord Namikaze jamás se ha interesado por una mujer, al contrario, existen rumores de una supuesta relación con el duque Gaara… de no ser así, entonces podríamos dudar de su testimonio.

Una vez más la multitud comenzó a murmurar sobre los supuestos rumores de Naruto con el duque y, por un momento, Naruto se sintió nervioso. ¿Y si alguien había visto aquel beso tan inesperado entre el pelirrojo y él? Confiaba en que no fuera así o el siguiente en el banquillo de los acusados sería él.

– ¡Es suficiente! No estamos aquí para cuestionar el honor de Lord Namikaze de Uchiha. –vociferó el juez, poniendo orden en el lugar. –Le pido que no vuelva a hacer suposiciones que insulten a los Uchiha. Estamos aquí para aclarar el caso de Lady Aburame, no para abrir otro caso contra Lord Namikaze de Uchiha.

–Lo siento. –se disculpó con falsedad el abogado, sin embargo la semilla de la duda ya estaba plantada y quizá daría frutos. Esa sería la venganza contra los Namikaze. –Tiene usted razón y ofrezco una sincera disculpa pública por el mal gusto de mi comentario, debo de evitar dejarme llevar por los rumores y apegarme a las pruebas.

–Los rumores de una relación con el duque Sabaku nacieron porque el duque se planteó la posibilidad de contraer matrimonio con Lord Namikaze de Uchiha antes del matrimonio de éste con el conde Sasuke. –explicó Shikamaru al estrado. –Lo sé porque mi esposa es la hermana del duque Gaara, así que tampoco permitiré que se hable mal de mi cuñado.

–De acuerdo. –el abogado respondió con un tono conciliador. –También ofrezco una disculpa a Lord Nara si le he insultado inconscientemente.

–Basta ya de palabrería. Dejemos a las familias nobles fuera de eso y limítese a explicarnos porqué trajo a esa muchacha aquí. –sentenció el juez.

–Ella vino hoy porque su testimonio demuestra la tendencia de Lady Aburame a ser apasionada. Ella estaba enamorada de Lord Namikaze de Uchiha, pero él sólo la veía como el medio para acercarse al conde Uchiha, según lo relatado por el propio Lord Namikaze. Pero tenemos pruebas que demuestran la infidelidad de Lady Aburame. –dijo con prepotencia.

–Bien, entonces enséñenos esas benditas pruebas de las que tanto ha hablado. –uno de los ancianos exclamó con tedio. –Después juzgaremos.

–Lo haré. –con una sonrisa de superioridad, fijó la mirada en la entrada. La puerta de madera se abrió mostrando a dos hombres altos y de constitución robusta, los cuales cargaban el cuerpo casi desfallecido de un joven de piel blanca y largo cabello castaño.

El corazón de Hinata dio un brinco en su pecho y las lágrimas no esperaron para acudir a sus ojos color perla. Los hombres entraron en la habitación, jalando el maltratado cuerpo del muchacho. A su paso, el cuerpo del joven dejaba un rastro de sangre sobre el suelo. Hinata no pudo contenerlo más.

– ¡Neji! –gritó Hinata. Shikamaru trató de convencerla de sentarse nuevamente.

–No puede ser. –Sasuke estaba sorprendido al reconocer al hombre frente a él.

Neji apenas podía mantenerse en pie. Las muñecas sangraban por la fricción contra las tensas cuerdas, la cabeza le punzaba justo donde le habían asestado el golpe que lo dejó inconsciente antes de caer en las manos de los hombres de Shino. La camisa blanca estaba manchada de mugre y sangre de su propia espalda, que presentaba heridas producidas por los azotes brindados. También creía que una de las piernas estaba fracturada, pero a pesar de todo, se sentía orgulloso de haber resistido el cruel interrogatorio sin soltar una palabra sobre su relación con Hinata. Ahora solo quedaba esperar que ella también pudiese soportarlo, pero a juzgar por la mirada humedecida, sabía que ella pronto hablaría.

– ¿Trajeron a Neji? –murmuró Naruto. –Eso es una bajeza. Madito Shino, eres un cobarde.

–Espera. –Sasuke jaló del hombro sano a Naruto. – ¿Tú sabes quién es él?

El rubio titubeaba ante la furiosa mirada del azabache. No era un buen momento para ser bocazas, así que desvió la mirada hacia otro lado.

– ¡Maldición dobe! Necesitamos hablar ahora. –Sasuke lo arrastró a través de la multitud hasta salir del juzgado. Buscaron un lugar lejos de la gente, que les permitiera hablar con total libertad, pues sospechaba que aquella conversación debería de pasar inadvertida para el resto de la población. Encontraron una banca de piedra cerca de la plaza, justo debajo de un árbol frondoso. Por la hora, no había nadie en los alrededores pues seguramente estaban disfrutando de sus meriendas dentro de sus cálidos hogares. – ¿Cómo es que conoces a Neji? Él murió hace varios años. Es imposible que lo reconocieras.

–Teme, lo que voy a decirte…

–A menos que… –Sasuke interrumpió las palabras de su esposo. –A menos que tú supieras que estaba vivo. Y de ser así, entonces fuiste cómplice de Hinata.

–Sasuke, tómalo con calma ¿quieres? Voy a explicarte todo pero…

– ¡No me mientras más, Naruto! –bramó enfurecido el conde. –Juré, por el honor de mi apellido, que Hinata era inocente porque ella así lo aseguró.

–Sasuke, tú no podías condenarla a permanecer casada con el idiota de Shino. –Naruto tomó la mano del moreno, pero él la retiró de inmediato.

–Es cierto, íbamos a anular su matrimonio. Pero nunca imaginé que ella había… –una repentina duda lo asaltó. – ¿Y Natsuki? ¿Ella es hija de Neji? ¿De su propio primo?

–Por supuesto que no, teme. –Sasuke, de pie, caminaba alrededor de la banca. Naruto intentó una vez más tomarlo de la mano para obligarlo a sentarse y explicarle con tranquilidad. –Escucha, Hinata hizo mal al no decirte lo de Neji, pero ella no quería defraudarte. Nunca defraudaría a los Uchiha por el gran amor que les tiene. Incluso, aunque tuvo la oportunidad, se rehusó a escapar con Neji porque estaba muy preocupada por ti. Dejó ir al amor de su vida por quedarse junto a ti, cuidándote.

La furia que lo había invadido al saberse engañado comenzó poco a poco a cambiar por un sentimiento que no conocía. Quizá era empatía, pues él mismo no se podía imaginar en una situación donde tuviese que elegir entre Naruto y su propio hermano Itachi o incluso su madre, Mikoto. Naruto le brindaba un reconfortante calorcillo al sentir el cuerpo rubio pegado a su costado.

–Ella quería separarse de Shino para irse con Neji, pero mientras estaba casada con Shino jamás se entregó a Neji. Puedo asegurarte que Natsuki es una verdadera Aburame. Ella descubrió que Neji estaba vivo por casualidad, cuando ya estaba embarazada. Por lo que me contó, fue un milagro que Neji hubiese sobrevivido. –Sasuke escondía su negra cabellera entre las manos, pero no fue impedimento para que Naruto depositara un rápido beso sobre la coronilla azabache. –Sé que Hinata no hizo las cosas bien, teme, pero no por eso merece una golpiza por parte de Shino, un matrimonio infernal y mucho menos merece que la dejemos sin nuestro apoyo.

–Te acusarán a ti también por ser su cómplice. –dijo con voz baja después de meditarlo un momento.

–Si merezco un castigo, con gusto lo aceptaré. –respondió con decisión. –Pero Hinata merece ser feliz. Ahora, levanta ese culo y regresemos. Será sospechoso el que hayamos abandonado el lugar tan repentinamente.

Sasuke asintió y se puso de pie, siguiendo a su rubio marido de vuelta al juicio. Estaba preocupado por Hinata, pues sabía que a pesar de los sobornos que Itachi seguramente había realizado, nada podría salvarla de ser hallada culpable si ella misma lo confesaba. Y había una remota posibilidad de arrastrar también a Naruto con esa confesión. Odiaba admitirlo, pero Shino había jugado muy bien sus cartas. Al llegar al salón, los recibió una algarabía.

–Se mostró muy sorprendida de verlo, Lady Aburame. ¿Acaso conoce a este hombre? –preguntó uno de los ancianos.

– ¿Cómo podría no mostrarme alterada? ¡Es mi primo, por todos los dioses! ¡Creíamos que estaba muerto! –exclamó Hinata al borde de la histeria.

–No crea que se ha olvidado el rumor de hace unos años, mi Lady. –afirmó otro de los viejos. –El rumor de que usted mantuvo una relación incestuosa con su primo, Neji Hyuuga. ¿Es eso verdad?

– ¡Por supuesto que no! No es verdad… ¡por los dioses! Neji necesita comer y que alguien cure sus heridas.

Hinata tenía razón. Neji apenas y podía mantenerse de pie, evitando en todo momento conectar su mirada con la de su prima, pues no quería que ella flaqueara en su decisión por negar la relación entre ellos. De no ser por los dos hombres que lo sostenían, ya estaría tendido en el suelo.

–Entonces, no le importará que enjuiciemos a este hombre por difamación. –añadió con soberbia el abogado de Lord Aburame y mintió: –Él admitió que había sido su amante. Incluso aceptó que él fue el primero en conocerla carnalmente, lo cual concuerda con el testimonio de Lord Aburame que asegura que usted no era virgen la noche de su matrimonio.

– ¡Es mentira! Bajo tortura, como seguramente hicieron, cualquier hombre diría lo que fuera para salvarse.

–Con eso usted está afirmando que el señor Hyuuga ha dicho perjuicios en su contra, lo cual, siendo usted una mujer que pertenece a la nobleza por su apellido, está penado con la muerte. –aseveró el abogado.

–Esto es un tema totalmente aparte. Exijo que el señor Hyuuga sea interrogado bajo la supervisión de las autoridades, no de un hombre que sólo busca venganza como es el caso de Lord Aburame. –replicó Shikamaru. –Quiero dejar el testimonio de Hyuuga para otro día. De verdad que ese hombre necesita un poco de agua y atención médica.

–Estoy de acuerdo con Lord Nara. –confesó el abogado contario. –Podemos dejar el testimonio de este hombre para otro día, sin embargo, quiero que sea acusado públicamente de difamar el buen nombre de los Uchiha. Como les dije, este hombre afirmó ser amante de Lady Aburame y es una acusación muy grave, por lo que solicito se considere la pena de muerte como futuro castigo.

–Mal-Maldito… –murmuró Neji furioso. Si tuviera fuerzas para defenderse, definitivamente lo haría.

Shikamaru observó el rostro estupefacto de Hinata y supo de inmediato que el juicio estaba perdido. Shino y su abogado habían manejado el asunto con demasiada astucia, arrinconándolos hasta ese punto. Existían en ese momento dos opciones y ambas tendrían graves repercusiones, pues sólo Hinata tenía la decisión en sus manos. Si ella elegía preservar la dignidad de los Uchiha, entonces tendría que admitir que el testimonio de Neji era falso y por lo tanto, Neji sería condenado a muerte. Si Hinata prefería salvar a su primo, entonces el castigo sería para ella, pues ni siquiera los ancianos sobornados podrían hacer algo para defenderla si ella decidía confesar. Shikamaru jamás había imaginado que un primo muerto recién "resucitado" fuera el que acabaría con su estrategia tan rigurosamente prevista. Cerró los ojos, pensando en algún plan alternativo. Con un poco de tiempo, podría desacreditar el testimonio de Neji tomado bajo tortura, pero para ello necesitaba que Hinata permaneciera callada.

– ¡Deténganse! –gritó Hinata al ver cómo Neji era arrastrado a través del salón por los dos hombres que le propinaron un par de patadas en las costillas cuando el castaño se desplomó víctima del cansancio y del dolor. –No… no continúen. Yo…

–Hinata, espera… –imploró Shikamaru, ya tenía una idea de cómo continuar el caso y salvar a ambos Hyuuga, pero si ella no se callaba… –Por favor, dame una oportunidad, espera sólo un minuto…

– ¡Hinata, no! –gritó Naruto desde las bancas para el público.

Hinata no estaba dispuesta a esperar ni un minuto más, pues ese minuto podría costarle la vida a Neji. Si no hacía algo en ese mismo momento, Neji iría a la cárcel a esperar su turno para ser enjuiciado y eso retrasaría la atención médica que necesitaba. Ni ella ni Neji podían esperar ese momento que Shikamaru tanto suplicaba. Cerró los ojos y sonrió, ella estaba tranquila con su decisión, sólo rogaba que Sasuke y su familia pudieran perdonarla.

– ¡Es verdad! –la muchedumbre, incluidos los ancianos y el juez, centraron su atención en Hinata. – ¡Yo amo a ese hombre y estuve con él antes de mi matrimonio con Shino! Me entregué a él por amor cuando era una niña y no me arrepiento, porque Lord Aburame es un maldito egoísta al que le gusta alardear de su poder con los más débiles. Él estuvo a punto de matar a su propia hija. ¡Y mi hermanastro no tiene nada que ver en esto! Él nunca lo supo, así que jamás dijo una mentira.

–Hinata, no… ¿qué hiciste? –jadeó Naruto, dejándose caer sobre la banca con los ojos muy abiertos.

– ¡Orden! ¡Orden! –el juez intentaba controlar a la multitud que hablaba sobre la repentina confesión de Lady Aburame.

– ¡Les dije que ella estaba mintiendo! –exclamaba con una sonrisa triunfal el abogado.

– ¡Por favor, silencio! –gritó el juez, provocando que los cuchicheos disminuyeran hasta casi desaparecer. –Amigos míos, tenemos una decisión que tomar.

Los ancianos se pusieron de pie y siguieron al juez hasta un pequeño cuarto anexo, donde hablarían para exponer sus opiniones y llegar juntos a un acuerdo. En la sala, Hinata se arrodilló junto a Neji, limpiando el sucio y maltratado rostro con uno de sus pañuelos lo cual no hizo más que alentar los susurros del público, pero los ignoró deliberadamente. Sasuke se mantenía con un rostro de seriedad sentado junto a Naruto, mientras que el rubio parpadeaba sorprendido por el drástico giro de los acontecimientos.

–Hey, teme… ¿qué va a pasar ahora? –preguntó después de unos momentos de mutuo silencio.

–Es decisión del juez, dobe. Pero no te aseguro que Hinata saldrá muy bien librada de este problema.

–Maldito Shino. Te aseguro que buscaré la forma de vengarme de él, teme.

A pesar de lo tenso de la situación, Sasuke no pudo evitar una sonrisa ladeada, su dobe comenzaba a adquirir ciertas características particulares del moreno y eso, de alguna manera, lo enorgullecía. Los últimos días había evitado todo contacto con Naruto porque, además de estar ultimando los detalles para el ya fracasado juicio, necesitaba hablar con cierta persona para aclarar varias cosas antes de volver e investigar la respuesta a aquella pregunta que tanto había estado torturando su mente. Le había gustado, y mucho, sentir el calor de Naruto en sus brazos, sentir que podía protegerlo con su propia fuerza, pero aún le atemorizaban esas pesadillas sobre la maldición. Aunque su lado racional le obligaba a apartar a Naruto de su lado para protegerlo, no se sentía capaz de hacerlo porque era el propio Naruto el que le daba la fuerza para seguir adelante. Junto al rubio, lograrían encontrar la forma de romper la maldición, y esperaba encontrar una manera que no necesitara de un sacrificio de sangre para lograrlo.

–Nos vengaremos después, usuratonkachi.

La algarabía cesó para dar paso al viejo juez que mostraba un rostro de resignación. Unos días atrás, había hablado con Itachi sobre el caso y, por una deuda de amistad, habían pactado una sanción menor a la Aburame, sin embargo el trato era que Hinata mantuviera su versión de inocencia, pero ahora le parecía imposible. Con tantos testigos presentes, no podía simplemente dictar un castigo menor o pronto se enteraría toda Konoha, tornando el problema más grave de lo que ya era. El juez se sentó en su cómodo sillón y tomó una gran bocanada de aire.

–Lady Hinata Aburame, el consejo de ancianos y yo hemos llegado a un veredicto. Las pruebas presentadas el día de hoy además de su propia confesión… –suspiró. –Para mí, es muy difícil decirlo porque usted pertenece a una prestigiosa familia a la cual cada uno de los ancianos, así como yo mismo, le tenemos un profundo respeto y gratitud. Pero entenderá que no podemos fingir que nada ha pasado ante esta situación. La ley es la ley y debemos hacerla respetar. Lady Hinata Aburame, hemos tomado la decisión de declarar anulado su matrimonio. A partir de este momento, usted no podrá volver a utilizar el apellido Aburame ni el título de Lady. Además, como último tributo y para evitar que la vergüenza recaiga sobre los Uchiha, tampoco podrá portar el apellido Uchiha nunca más. Será la señora Hinata Hyuuga. En cuanto a su hija…

Shino ya no sonreía con satisfacción. Nunca pensó que el conflicto llegaba tan lejos. Si el apellido de Hinata no era Uchiha, entonces su hija Natsuki tampoco podría serlo y con ello, Shino había perdido la herencia y el título nobiliario de los Uchiha que tanto anhelaba conseguir.

–No tenemos ninguna prueba de Lady Natsuki Aburame sea verdaderamente legítima, así que ella será considerada una bastarda. –Hinata ahogó un jadeo y se cubrió la boca con una mano. –Natsuki Hyuuga no podrá heredar ni el apellido ni los bienes de la familia Uchiha. Mientras el matrimonio del conde Uchiha con Lord Naruto Namikaze de Uchiha no dé ningún heredero, se nombrará a Lord Madara Uchiha como sucesor del prestigioso clan. Eso es todo, agradezco al consejo de venerables ancianos su apoyo en esta difícil situación.

Esta vez los cuchicheos tenían un tono de leve molestia en vez de sorpresa. Los castigos para las mujeres que cometían adulterio eran cien veces peor de lo que se había dictado para Hinata Hyuuga, pero no podían quejarse, después de todo alguna influencia debían de tener sus parientes nobles. Sasuke salió del lugar arrastrando a Naruto, ahora ni siquiera podía llamar "hermanastra" a Hinata y mucho menos considerar a Natsuki como su sucesora. Sonaba mal, pero las cosas con Naruto tenían que mejorar sí o sí porque necesitaban cuanto antes a ese heredero para evitar que el castillo cayera en manos de Madara Uchiha. Hinata también fue arrastrada a la salida por Kiba, dejando en un rincón olvidado a Neji a pesar de lo mucho que la mujer suplicaba por quedarse a ayudarlo.

–Es suficiente, Hinata. No enlodes más el nombre de Sasuke, porque gracias a ti su palabra será puesta en duda de ahora en adelante. –susurró Kiba.

–No lo entiendes, Kiba. Déjame ayudarlo…

–No empeores más la situación. –gruñó el castaño. –Vámonos ya.

– ¡No me iré sin Neji! Es mi primo, Kiba ¿no lo entiendes?

–Lo siento, Hinata, pero no estás pensando con racionalidad. –Kiba golpeó un punto específico entre la nuca y la columna, sumiendo a Hinata en obscuridad. La cargó sobre su hombro y la llevó al carruaje que los devolvería al castillo de Konoha.

Sasuke permaneció en silencio durante todo el trayecto de regreso a Konoha. Le preocupaba el problema de la sucesión, pero no tanto como el castigo que recibiría Hinata. Se separó de Naruto porque el calor del rubio nublaba su buen juicio, recordándole lo perfecto del cuerpo contrario y el sabor de sus labios. Bajó del carruaje en cuanto éste se detuvo en la entrada del castillo, donde un preocupado Minato los esperaba y se dirigió hacia la parte sur a buscar a Iruka.

–Toma el caballo que prefieras y ve de inmediato al pueblo. –le ordenó al encontrarlo entre los campos de trigo. –En el cuartel de policía, debe de haber un hombre llamado Neji. Asegúrate que nadie te vea, tráelo y cura sus heridas. No dejes que salga de Konoha, ¿entendiste?

–Sí, mi Lord. –contestó Iruka sorprendido. – ¿Neji Hyuuga?

–Así es. ¿Lo conoces?

–Estuvo aquí hace un par de semanas, pero huyó. –le confesó el castaño. –Iré por él enseguida.

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–Hinata, ¿puedo pasar? –Naruto, al no encontrar respuesta, entró en la habitación, encontrándola sumida en la oscuridad.

El rubio avanzó por la recámara hasta llegar al enorme ventanal para correr las pesadas cortinas de terciopelo color vino, dejando que la luz entrara en el lugar. Hinata aún continuaba en cama, con la mirada perdida en algún punto inespecífico de la habitación. La noche pasada habían tenido que sedarla con un brebaje especial que preparaban en el campo para los casos de ansiedad ya que la Hyuuga insistía en ir a buscar a Neji. Acarició un poco los cabellos negros de Hinata y salió de la recámara, dejaría que su cuñada –debía de recordar no volverla a llamar así frente a los demás – tuviera un par de días más para recuperarse del golpe tan terrible que significó ver a Neji tan herido. Llamó a una doncella para indicarle que llevara algo de beber a la habitación de la señora Hyuuga y no pasó inadvertido el gesto de disgusto de la joven muchacha.

–Pero ella ya no es Lady Aburame. –replicó la doncella. –Ella es una más como nosotros y no tengo la obligación de servirle.

–De acuerdo, es verdad. –contestó Naruto conteniendo su furia. –No tienes ninguna obligación de servirle a la señora Hyuuga. Pero mientras trabajes en este castillo, tendrás la obligación de servirles a los condes Uchiha. Y, para tu mala suerte, yo soy uno de ellos, así que si te ordeno llevarle comida a la señora Hyuuga, cierras la boca y obedeces, ¿quedó claro?

La muchacha, de carácter rebelde por naturaleza, no se quedaría callada.

–No será por mucho tiempo. Los rumores dicen que eres amante del duque Gaara y no me sorprende para nada. Después de todo, eres amigo de una mujer que se atrevió a engañar a su marido. Cuando Lord Sasuke Uchiha se entere, te echará de Konoha para siempre.

Naruto no tuvo tiempo de reclamarle nada porque Sasuke había escuchado todo.

–Después de cumplir la orden del conde de Uchiha, volverás al pueblo de Konoha y buscarás trabajo allá. –sentenció Sasuke con una voz calmada que no demostraba la ira que en realidad sentía. La chica asintió tragándose las lágrimas y se dirigió a cumplir el último pedido.

–Teme, no deberías de haber hecho eso. –refunfuñó. –Pensaba mandarla a las caballerizas a limpiar la suciedad. Un par de días entre el estiércol le harán pensar dos veces antes de abrir la boca.

–No voy a permitir que ese estúpido chisme continúe esparciéndose. –Sasuke se acomodó la chaqueta que vestía. –En Konoha escuchará lo que dijo Nara sobre la relación entre Gaara y tú, de esa manera le pesarán sus palabras.

–Bueno, tal vez tengas razón. ¿A dónde vas a ir, Sasuke? –Naruto notó que el pelinegro vestía muy elegante para estar en el castillo.

–Tengo un par de cosas que hacer, dobe. –aunque estaban en medio del pasillo, a Sasuke no le importó arrinconar al rubio contra la pared y tomar sus labios en un posesivo beso.

A Naruto le hubiera gustado tener ambos brazos libres para enredarlos en la cabellera negra del atractivo conde, pero se conformó con abrir la boca para dar paso a la ardiente lengua de su esposo, siguiéndole el ritmo en un beso que pronto se tornó muy sensual para ambos. Mordió el labio inferior de Sasuke, ganándose un jadeo por parte del otro y después enterró su mano en las finas hebras azabaches, para bajar su cabeza y profundizar el beso. En poco tiempo y sin saber cómo, tenía la pierna lesionada enredada en la cadera de Sasuke mientras él acariciaba el muslo firme que lo acercaba al cuerpo rubio. Sus cuerpos estaban muy juntos, compartiendo el calor que escapaba a pesar de las prendas que los cubrían.

– ¡Madre mía! Si van a encargar al próximo Uchiha, no lo hagan en el pasillo. –Kiba sonrió al descubrir a los dos condes enfrascados en una lucha de bocas justo a mitad del pasillo. Se sorprendió, pero encogiéndose de hombros, volvió a su habitación, después de todo podía esperar a que esos dos terminaran.

–Dobe… –miró por el rabillo del ojo que Kiba volvía a su recámara para dejarlos continuar, pero lo que él tenía que hacer no podía esperar más. Soltó el muslo que acariciaba y subió sus manos hasta el rostro de Naruto, regalándole suaves caricias para romper el beso sin brusquedad. Los ojos azules velados por el deseo lo miraban con una firme resolución. –Esta noche… necesitamos hablar esta noche.

–Es por lo del heredero ¿verdad? –Sasuke no entendió la nube de decepción que provocó el alejamiento físico del rubio. –Necesitas un heredero para quitar a Madara Uchiha de la línea de sucesión, no soy tonto, Sasuke.

–No, no eres tonto. Eres un usuratonkachi. –susurró con burla. –No quiero hablar sobre el heredero, dobe.

–Entonces quieres anular el matrimonio para que me vaya de Konoha.

–Pensé que no recordarías eso. –confesó Sasuke. –Estabas demasiado adormilado y creí que simplemente lo habías olvidado.

–Lo recordé apenas hoy, teme. –admitió.

–No es eso de lo que quiero hablar. Debo hacer algo importante hoy y no tengo tiempo para explicártelo. –Sasuke volvió a insistir. –Te veré esta noche en tu recámara. Llegaré tarde, así que espérame despierto.

Naruto jamás admitiría el cosquilleo en el estómago que le provocó las palabras de Sasuke, así como tampoco admitiría lo patético y cursi que era acariciarse los labios que el conde había besado mientras lo observaba caminar por el enorme pasillo. Rememoró cada uno de los movimientos de Sasuke, así como la perfecta sincronía de sus labios siendo ansiosamente devorados por los del moreno. Naruto nunca había creído en los presentimientos, pero no podía explicar de otra forma aquella sensación de que todo saldría bien. Intentó correr hacia su cuarto, pero la herida en su pierna era todavía muy reciente, así que trotó mientras entonaba una vieja melodía. Aún era temprano, pero tenía muchas cosas que preparar para esa noche.

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Sasuke ató las riendas del caballo en un árbol cercano. La casa de verano de Lady Karin estaba justo frente a él, alzándose majestuosa contra las verdes colinas de fondo. Todavía no se atrevía a acercarse a la casa y hacer lo que tenía pensado. En un bolso acomodado sobre el caballo, esperaban por él varios de sus instrumentos para pintar, pues definitivamente necesitaría relajarse después de hablar con Karin. Sacó un puro de entre sus ropas y lo puso en sus labios sin encenderlo, sólo se dedicó a sentir el sabor del tabaco fresco entre sus labios.

Dentro de la mansión, una doncella subió a la habitación de su ama para cumplir con el recado que le encomendaron. Tocó suavemente la puerta de caoba antes de atreverse a entrar en la hermosa recámara repleta de finas telas y obras de arte. En el aire flotaba el delicioso aroma del perfume favorito de Karin. La joven se acercó a la cama con dosel, donde su ama todavía descansaba.

–Lady Karin, solicitan su presencia. –llamó con voz trémula. Karin protestó, enredándose de nuevo entre las sábanas de su cómoda cama.

–Dile que se largue, es demasiado temprano para visitas.

–Pero, mi Lady…

– ¿No me escuchaste? –protestó furiosa.

–Soy yo, Karin. –la mujer se sentó de golpe en la cama al reconocer el tono profundo de aquella voz.

– ¿Sasuke? ¡Amor, que maravillosa sorpresa! Déjanos, yo lo atenderé. –la doncella asintió y salió de la habitación, cerrando la puerta en silencio. Ella ya estaba acostumbrada a las frecuentes visitas masculinas de su señora. –Mi amor, te dije que algún día vendrías a buscarme.

–Karin, vístete –Sasuke miraba hacia otro lado, en realidad no quería fijarse en el cuerpo que revelaba la bata medio transparente y corta que utilizaba Karin para dormir. –Te espero en la sala.

– ¡Espera! –Karin salió de un salto de la cama para colgarse al cuello del azabache, restregando su cuerpo contra el contrario. –Nunca te había importado verme así, de hecho, tú y yo conocemos el cuerpo del contrario a la perfección. Te he tenido muchas veces desnudo entre mis sábanas…

–Basta. –la empujó con suavidad. –Te veo en la sala.

Karin se quedó en la habitación haciendo un puchero de disgusto, sin embargo se tomó su tiempo para maquillarse, arreglarse el cabello, ponerse un vestido dorado entallado y provocativo antes de bajar a su encuentro con Sasuke. El moreno estaba sentado sobre uno de los sillones, mirando a través de la ventana los verdes campos que se extendían hasta continuarse en el horizonte con el cielo azul.

–Tu recibimiento ha sido bastante frío. Espero que nuestra conversación sea mucho más… caliente, Sasuke.

–No sé exactamente por qué vine. –confesó.

–Es obvio, cariño. Me necesitas. –la pelirroja se sentó sobre el regazo de Sasuke y él se tomó un largo rato para mirarla, pero cuando Karin intentó juntar sus labios con los contrarios, se encontró con un frío rechazo. – ¿Qué demonios te pasa?

–Sabes, Karin… realmente me enamoré de ti.

Karin cambió su mirada de lujuria por una de ternura, mirada que Sasuke no había visto en muchos años. Aceptó la suave caricia de la mujer sobre su mejilla y puso las manos en la cintura de ella antes de acercar sus labios a los de Karin, en un contacto que no duró mucho.

–Pero eso es pasado, ya no siento lo mismo de antes. –señaló en cuanto descubrió que el contacto con los labios de Karin no le causó las mismas sensaciones que sí habían despertado con el beso matutino de Naruto. De hecho, el beso con Karin no le produjo nada en absoluto. –Sólo vine a decirte que lo nuestro, sea lo que sea que tengamos, ha terminado.

Karin parpadeó un par de veces, procesando lo que Sasuke acababa de decir. El conde la retiró de su regazo para ponerse de pie y, cuando ella intentó dar un paso hacia él, Sasuke retrocedió.

–Dime qué demonios pasa, Sasuke. Tú no eres así. No eres un niño al que le gusta estar encerrado en casa haciendo estúpidos dibujos con acuarelas y jugando a la casita feliz.

–Es óleo, Karin. –contestó, poniendo los ojos en blanco. – ¿Cómo sabes que he estado pintando?

–Me lo dijo tu esposito. –soltó con enojo. –Fui a verlo.

– ¿Por qué hiciste eso?

–Bueno, ya sabes… llevabas varios días sin venir, así que quise dar una vuelta para asegurarme que estuvieras bien. –Karin jamás le diría que esa visita fue por mera curiosidad para descubrir cómo se desenvolvía Naruto en su papel de esposo del conde Sasuke Uchiha.

–No vuelvas a hacerlo.

–Entiendo que regreses a tu enfermiza pasión por la pintura. –Karin continuó, ignorando al moreno. –Después de todo, estar casado con Naruto ha de ser algo tremendamente aburrido. ¿Has venido porque ya te arrepentiste de tu matrimonio con esa putita?

–Creo que no me estas escuchando. Pero, ahora que lo pienso, realmente te agradezco. –Sasuke sonrió con sarcasmo. –Tú fuiste quien me convenció de casarme con Naruto.

Karin estalló en furia, golpeando una de las mesitas con sus puños cerrados sin importarle derramar la tetera que se hizo añicos sobre el suelo de mármol. Su casa de verano, ajustada a los lujosos gustos de Orochimaru, era como un pequeño palacio elegante. Cayó de rodillas gritando furiosa pero de golpe cambió los alaridos por una estruendosa carcajada.

– ¡Casi te creí, Sasuke! Es una muy buena broma, pero dejémonos de rodeos y subamos a mi cuarto. Te haré olvidar lo mal que la pasas con la ramera de tu esposa.

–No hables así de Naruto. –Sasuke sujetó uno de los brazos de Karin con furia, levantándola del piso para sentarla sobre uno de los sillones. –Ahora él es mi esposo, no lo olvides y fuiste tú quien me arrojó a sus brazos.

– ¡Lo hice porque los dos necesitábamos el dinero de ese estúpido rubio! Pero parece que ya te engatusó, así que dime ¿qué hizo para que cayeras en su hechizo? ¿Te abrió las piernas, gimiéndote que lo penetraras? ¿Te la mamó hasta que…?

– ¡Basta, Karin! –ella calló al notar los furiosos ojos negros que debatían entre conservar su color azabache u optar por el rojo sangre. –Sólo vine a decirte que no volveré a verte y ya lo he hecho.

–No, Sasuke. –el tono de la pelirroja era de desesperación. Tomó las manos de Sasuke y las dirigió hasta su pecho. –Tú me amas, has luchado todos estos años por tenerme en tu cama. No tires por la borda todo esto. Sabes que no puedes dejarme, Sasuke, los dos somos unos jodidos perros hasta la médula.

–Ya no lo seré. No sería justo para Naruto. –con tranquilidad retiró las manos del cuerpo de Karin. –Hasta nunca, Karin.

– ¡No! –gritó ella, poniéndose enfrente de la puerta para evitar que Sasuke saliera. –No puedes hacerme esto, amor. ¿Sabes cuantos hombres han intentado tomar tu lugar? ¡Cientos! Pero te elegí a ti… Sasuke, te amo. Siempre te he amado.

–Eres guapa, Karin. –reconoció. –Y podrás tener al hombre que quieras, pero nunca volverás a tenerme a mí.

–Eres idiota, Sasuke. Sólo estás encandilado por ese estúpido rubio. Estás cegado porque Naruto te ha abierto las piernas y te ha permitido disfrutar de su estrecho interior, te ha dicho que eres un excelente artista y sólo por eso crees que estás enamorado de él, te ha hechizado a tal grado de que ahora sólo quieres refugiarte en la aburrida Konoha para pasarte el día follándotelo en cada rincón. Eres como un niño con un juguete nuevo. –Karin respiró profundo. –Un día despertarás, te encontrarás rodeado de pequeños mocosos que gritarán tu nombre y te provocarán jaquecas. Descubrirás que tu maridito ya no te la aprieta como te gusta y que tu vida en Konoha es una mierda. Entonces desearás volver a mi cama porque jamás podrás sacarme de tu sangre, Sasuke. ¡Eres mío! ¡Me amas a mí, maldito imbécil!

Sasuke se quedó quieto, observándola mientras ella se derrumbaba una vez más sobre el suelo.

–Te amé, Karin. –fue una gran revelación para Sasuke y, por primera vez, se sintió en paz con él mismo. Sería honesto por última vez con Karin. –Y por eso hice muchas tonterías por ti cuando era joven. Utilicé a Shizuka para darte celos, dejé Konoha en un vano intento de seguirte, me enemisté con mi padre y con el resto de mi familia, me convertí en tu amante y me sumí en un mundo de obscuridad. Ahora, ya no siento nada por ti.

– ¡Tú me amas! No puedes negarlo porque habrías hecho cualquier cosa por cogerme, lo has hecho desde que tenías quince años.

–Eso ha cambiado, Karin. Adiós.

– ¡Maldito Sasuke! Eres un imbécil… ¡un verdadero imbécil! Estoy segura de que volverás arrastrándote como un perro… ¡volverás! Y ya no habrá espacio en mi cama para ti. ¡Y maldito Naruto! Ese rubio jamás podrá hacerte gemir como yo lo hacía. ¡Jamás me olvidarás, Sasuke! ¿Me escuchaste? ¡Jamás! Esa será tu maldición.

Sasuke no se volvió a mirarla. Caminó hasta la salida para buscar su caballo. Se permitió tomar una gran bocanada de aire fresco, montó su caballo y lo espoleó. Antes de volver a Konoha y a los brazos de Naruto, tenía que relajarse. Las palabras de Karin habían calado muy hondo en su interior. Sí, por primera vez admitía que alguna vez amó a esa mujer, pero fue un amor de adolescentes, un amor que se mezcló con la lujuria y prevaleció el pecado, arrastrando con ello cualquier pizca de verdadero cariño. Ahora se daba cuenta de que, en algún punto, dejó de sentir amor por ella al grado de confundirlo con simple lujuria, dejando marchito un espacio en su corazón que Naruto se esforzaba por marcar como su propiedad. Dirigió su caballo hacia las ruinas de la abadía, aún tenía algo que terminar antes de volver con Naruto para un nuevo comienzo.

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Continuará…

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¡Hola a todos! Antes de que me maten, quisiera explicarles algo… además de que quizá sea un poquito tedioso porque fue un capítulo de transición ¡todo el juicio es ficción! No tengo ni idea de cómo se llevaban a cabo los juicios hace tres siglos, así que imaginé algo parecido a un grupo de ancianos liderados por un "juez" que fueran los elegidos para escuchar los testimonios y tomar las decisiones, así que de verdad nada es verídico. Intenté combinar algo de modernidad con un poco del juicio que vi en GOT. Mis conocimientos en el área de derecho medieval son tantos como los que tengo de astrofísica. Sólo les pediré un poco de comprensión por si les pareció aburrido o ilógico. (¡No me maten!)

También les pido una disculpa por la tardanza. He tenido problemas tanto de salud como personales y he estado vagando por la vida como alma en pena, pero espero que se resuelva pronto esta situación y regrese mi ánimo habitual.

Ahora que el problema de Hinata se ha resuelto, nos enfocaremos de nuevo a Sasuke y a la maldición los siguientes capítulos. Y el beso de Naruto y Gaara ya empezó a traer consecuencias… lo cierto es que calculo d capítulos para el final. Sí, terminaré este fic en enero o a principios de febrero. Me da un poco de tristeza porque me encanta escribir las escenas. Siempre debo de recordar que no había autos, teléfonos, luz eléctrica, etc y eso supone un gran reto.

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Como siempre, MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SU APOYO A:

Sindey Uchiha Hale Malfoy - . . . - Grisel - . . . - sasame chan - . . . - moei - . . . - Moon-9215 - . . . - hazukirokudo - . . . - Goten Trunks5 - . . . - Izanami Kuro - . . . - RiTzU-kUn - . . . - SARAHI - . . . - karolita - . . . - coptesita - . . . - Mei-chan - . . . - Zanzamaru - . . . - Alice'D'Angel

También les agradezco a todos los que han agregado este fic a sus favoritos, se han suscrito o lo siguen anónimamente.

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En el próximo capítulo leeremos mucho de SasuNaru porque ya hace falta. Les prometo (como recompensa por tardar tanto con esta actualización) que subiré el capítulo 11 el día 23 (siempre y cuando ni mi Internet, ni mi laptop o la propia autora sufran algún daño irreversible que les impida cumplir su misión). Pensaba subirlo el 24 como regalo por Navidad, pero he pensado que quizá no tengan mucho tiempo para leerlo porque estarán ocupados por los preparativos de estas festividades, así que lo adelantaré y creo que les gustará (a mí me fascinó escribirlo).

Cuídense mucho y espero que tengan una linda semana.

Abrazos.

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Nobody's ever made me feel the way that you do

Kerky

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