Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¿Por qué me hiciste eso, Kishimoto? ¡Eras mi ídolo! Odié tu final… por eso me dedicaré a hacer fics SasuNaruSasu hasta que nos des el final que merecemos o hasta la indigestión, lo que ocurra primero.)

Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.

Capítulo dedicado a la mamá de Zanzamaru… aunque no sé si ella lea yaoi, pero igual Zanzamaru puede decirle que una comunidad de procedencia desconocida (y loca por el SasuNaru) la manda felicitar. Y también dedicado a RiTzU-kUn porque es su cumpleaños (¿entendí bien?) Espero que el capítulo sea de tu agrado y de nuevo muchísimas gracias por el apoyo.


Holy Curse!

Capítulo XI: Crecer

Naruto continuaba paseando por la habitación, tratando de no caer dormido. La mayoría de los habitantes de Konoha ya se habían ido a sus camas mucho tiempo atrás, pero él esperaría el regreso de Sasuke. La recámara de Naruto estaba levemente iluminada por algunas velas que chisporroteaban graciosamente. Naruto se quedó absorto observando la débil llama que dibujaba sombras contra los paneles de madera de su habitación. En algún momento, sentado sobre uno de los sillones, el sueño lo venció.

Así fue como Sasuke lo encontró. Sonrió ladinamente y se dedicó a colgar en una de las paredes aquel cuadro en el que había estado trabajando todo el día. La pintura aún estaba fresca así que maniobró con cuidado, escogiendo un lugar cerca de la cama del rubio. Sabía que a Naruto le encantaría tener ese retrato de la antigua abadía. El cuadro mostraba todo el esplendor del que la abadía había gozado antes de su destrucción a manos de Madara Uchiha. Sasuke había investigado mucho en varios de los antiguos pergaminos y libros de la familia, además de utilizar el diseño de algunas piedras que continuaban en el lugar para inspirarse a recrear el viejo convento. De alguna manera, había logrado captar el brillo de la piedra gris y los detalles arquitectónicos que a su rubio dobe le fascinaban. Satisfecho, se dirigió hacia Naruto.

El rubio dormía en una posición incómoda en uno de los sillones, Sasuke estaba consciente de que había tardado en terminar el cuadro más de lo que imaginó, así que no le molestó encontrar a su rubio marido dormido. Con una delicadeza de la que no se creía capaz, tomó a Naruto en brazos para llevarlo hacia la amplia cama mientras observaba el pecho que subía y bajaba a través de la bata medio abierta. Naruto había decidido no utilizar ninguna camisa para dormir por la incomodidad de tener que llevar el brazo fuertemente pegado al pecho, por lo que sólo vestía un par de pantalones ligeros y una bata obscura atada al frente.

Lo dejó con cuidado sobre el colchón, acarició el suave cabello rubio y lo cubrió con su propia chaqueta. Sasuke estaba dando media vuelta para salir por la puerta que comunicaba ambas habitaciones cuando escuchó que Naruto lo llamaba.

– ¿Teme? –el Namikaze se sentó, tallándose uno de sus ojos con la mano sana, sin saber si aquella sombra formaba parte de sus sueños o de su realidad.

–Es tarde, dobe. Sigue durmiendo.

–No tengo sueño. –afirmó, sorprendido por notar la chaqueta azul de Sasuke sobre su regazo. No recordaba haberse quedado dormido en su cama. –Te estuve esperando.

–Lo sé.

–Ah. –exclamó Naruto. Llegados a ese punto ninguno de los dos sabía cómo continuar la conversación. Fue Naruto el que se atrevió a romper el silencio. –Si no estás muy cansado, tal vez podamos charlar sobre ese tema que mencionaste en la mañana.

–Sobre eso… –Sasuke no sabía cómo planteárselo a Naruto, así que tragó saliva y se acercó a la cama. –Dobe, yo…

– ¿De verdad quieres anular el matrimonio, teme?

–No. –respondió el moreno de inmediato. –Todo lo contrario.

Esas simples palabras bastaron para iluminar los brillantes ojos azules de Naruto. El rubio sonrió y se puso de pie tan rápido que tuvo una punzada en la pierna herida, pero ignoró el dolor. Atrajo a Sasuke hacia su cuerpo en un abrazo posesivo que el pelinegro no rechazó, correspondiendo de inmediato.

– ¿Es lo que creo, bastardo?

–No volveré a ver a Karin. –murmuró el conde con los labios pegados a la fina piel del cuello de Naruto. Incluso podía sentir a través de sus labios el pulso constante del corazón contrario. –Los Uchiha no pedimos ayuda, ¿sabes eso, dobe?

–Sí, lo sé. –era imposible que Naruto desconociera el condenado orgullo Uchiha.

–Pero, por ti, haré una excepción… ayúdame, dobe. Te necesito para ser la persona que tú mereces.

Naruto no podía ser más feliz. Todos sus esfuerzos por conquistar a Sasuke al fin estaban dando frutos. Sasuke jamás imaginó que la sonrisa de felicidad de Naruto pudiera ser capaz de iluminar toda la habitación.

–Imbécil, te quiero tal y como eres. –le confesó, mirándolo a los ojos. Aún era muy pronto para que Sasuke le confesara lo mismo, pero podía esperar. Al menos ya había dado un paso muy grande al dejar a Karin y admitir que lo necesitaba y para Naruto, eso era casi como una confesión. –Y por favor, no volvamos a tener esta estúpida y ridícula charla romántica. ¿De acuerdo?

–Sólo una cosa más, usuratonkachi. –a Sasuke le pareció imposible no sonreír al notar la felicidad de su rubio porque al fin encontraba la respuesta a aquella pregunta que tanto lo había atormentado en los últimos días. –No quiero que esa estúpida puerta vuelva a estar cerrada con llave.

–No volveré a cerrarla, teme. –aseguró con una sonrisa traviesa. –Hey, ¿puedes hacer algo por mí?

– ¿Qué es lo que quieres?

Naruto se separó del cuerpo del conde moreno y se quitó la bata con un movimiento rápido antes de dar media vuelta para mostrarle la espalda a Sasuke.

–Quítame esta estúpida venda. –señaló con la mirada el nudo en su espalda que la mantenía sujeta.

–No seas dobe. El chico dijo que al menos…

–Conozco mi cuerpo a la perfección, bastardo. –interrumpió. –Estoy bien, así que quítala.

Sasuke recorrió con un paso la distancia que lo separaba de aquella exquisita piel tostada. Aún no podía creer que sus manos estuvieran temblando como una chiquilla enamorada, pero se las arregló para deshacer el nudo y desenvolver el brazo y el torso de Naruto. No perdió oportunidad de rozar con sus fríos dedos la espalda del rubio con cada vuelta, escuchando complacido los suspiros de su esposo.

–Teme… –Naruto jadeó al notar la venda a sus pies y los labios del conde en su hombro. También podía sentir el cuerpo del otro pegado a su espalda, casi queriendo fundirse con él.

–Creo que… –tomó una gran bocanada de aire para por fin, confesar aquello que no lo dejaba dormir. –Estoy jodidamente enamorado de ti, maldito usuratonkachi ruidoso. ¿Cómo lo lograste?

– ¿Tenías que arruinarlo con tu vocabulario vulgar? –preguntó Naruto entre risas. Se permitió disfrutar del delicioso contraste que creaban los labios ardientes de Sasuke en su hombro y los dedos fríos en su espalda.

–Es parte de mi encanto natural. –respondió con soberbia.

–Sí, claro, como sea. –Naruto giró para quedar de frente a Sasuke. – ¿En qué estábamos? No lo recuerdo.

–No tienes otra salida, Naruto. Esta noche…

–Lo sé. –Sasuke fue callado con un beso de Naruto.

El rubio elevó su brazo antes inmóvil para enredarlo en los cabellos negros y atraerlo a su cuerpo. Sasuke tampoco perdió el tiempo y se aferró con firmeza a las estrechas caderas de Naruto, aspirando su embriagante aroma. Tal vez era otro sueño, pero esta vez no quería despertar. La lengua de Naruto jugaba con la suya en un vano intento de obtener la supremacía del beso, pero en aquel intercambio de pasión no existía ningún perdedor. La temperatura dentro de la recámara poco a poco comenzaba a subir y era ahí cuando Naruto agradecía a sus extraños instintos el haberse preparado para esa noche. Las sábanas limpias que sintió bajo su espalda desprendían un sutil aroma a lavanda y campo, mientras que su propia piel tenía un sabor a manzana.

Las inquietas manos de Naruto abandonaron los cabellos negros y recorrieron el cuello de Sasuke hasta toparse con el obstáculo de la camisa. Gruñó frustrado, arrancándola a jirones. Deseaba sentir la blanca piel de Sasuke entre sus dedos y sus firmes músculos, por lo que no permitiría que un estúpido pedazo de tela se interpusiera.

–Dobe… –Sasuke susurró dentro del beso, separándose un poco.

El conde se apoyó en sus rodillas para erguirse y quitarse bajo la atenta mirada del rubio, los últimos jirones de su rota camisa, desabrochó también su cinturón y dejó abierto los primeros botones del pantalón mientras Naruto se removía apoyado en el colchón, contemplándolo.

–No puedo creer que de verdad esto vaya a suceder. –Naruto extendió una mano hacia el pecho frente a él, acariciándolo. –Ahora ya no podrás anular nuestro matrimonio, teme.

–Hmn. –bufó Sasuke, regresando a cazar los labios del contrario. –Ya no quiero anularlo.

–Yo tampoco. –dijo con un suspiro. – ¿Necesitas una invitación formal para besarme?

–Te arrepentirás de lo que dices, usuratonkachi.

–No lo creo.

Sasuke besaba a Naruto mientras una de sus manos exploraba el pecho desnudo de su ahora amante. Junto a él, se sentía de nuevo como un inexperto pero suponía que la mayoría de las personas se sentían de esa manera cuando estaban a punto de follarse a la persona de la cual estaban jodidamente enamorados. Naruto lo besaba con pasión y la saliva escurría entre sus mejillas. El ligero pantalón que Naruto vestía no era suficiente para esconder la erección que luchaba por alzarse entre las prendas y no era que él estuviese en mejores condiciones. Dejó los adictivos labios para bajar por el cuello, entreteniéndose ahí con los excitantes gemidos que el rubio profería. Naruto se revolvía bajo de él, rozando sus erecciones con cada movimiento y haciendo crecer en ellos el ardiente fuego que los invadía.

–Teme, ya… –alzó la cadera, gimiendo al rozar su entrepierna con la contraria. –Quiero correrme.

–No hay ninguna prisa. –contestó, besando la piel de la clavícula y bajando hasta una de las tetillas rosas. –Despacio se disfruta mejor.

Naruto jadeó una vez más y comparó lo que estaba ocurriendo en esos instantes con la noche pasada. La última vez, Sasuke había tenido ese fiero deseo animal de poseerlo, de marcar su territorio y proclamarlo como suyo frente al resto del mundo, pero en esta ocasión, todo se sentía muy diferente. Era la misma pasión pero con otros sentimientos. Naruto sabía que Sasuke ahora deseaba realmente fundirse en uno solo, disfrutando juntos de la pasión que dos personas pueden llegar a despertar entre ellas. Deseaba marcarlo, pero ahora no con rudeza, si no con besos que ninguno de los dos podría olvidar.

– ¡Teme! –los dedos fríos alcanzaron el borde del pantalón, desatándolo para dejar el necesitado miembro al aire. Era una interesante incongruencia la ardiente piel de su miembro contra los fríos dedos.

Ningún Uchiha admitiría jamás que estaba nervioso, y Sasuke no era la excepción a esa regla. Con Karin las cosas eran muy diferentes, porque cada uno se esforzaba sólo por satisfacer su propio deseo, pero ahora Sasuke estaba preocupado. ¿Naruto realmente lo disfrutaría? Quizá sería incapaz de complacerlo… temblaba como doncella virgen en su primera noche, pero era algo que no le haría saber a Naruto.

–Naruto. –susurró con los labios pegados a la piel del abdomen, acarició suavemente el ombligo y siguió su recorrido hacia abajo. –Dobe.

–Si te detienes ahora, juro que te castro, Uchiha. –amenazó Naruto al notar el leve titubeo del conde.

–Piénsalo bien, usuratonkachi. Si me castras, ¿entonces quién cumpliría tus deseos en la cama?

– ¡Maldición, teme! –alzó sus caderas para acercar su miembro a la cálida boca que lo esperaba. –Sólo cállate.

Sasuke ocultó su sonrisa de lado y bajó su boca, lamiendo la longitud que tan deliciosamente se le ofrecía. El grito ahogado de Naruto le pareció de lo más excitante y el rubio buscaba más. Detuvo las esbeltas caderas con ambas manos antes de abrir la boca para adentrar el trozo de ardiente carne que clamaba por su atención. Tenía tiempo que no tocaba a un doncel así que le pareció muy extraño el volver a recordar viejas experiencias. Karin… no, no iba a recordar nada de eso. Había decidido dejarla atrás y crear nuevos y agradables recuerdos con Naruto. Succionó con suavidad mientras las manos de Naruto le acariciaban el cabello y las orejas, buscando por más de su calor.

–Sasuke, creo que… voy a… ¡más!

El pelinegro recorrió el rojizo glande con la lengua intercalando caricias con el tronco y succionando con fuerza, logrando conducir a Naruto a un estado casi al borde de la locura. El rubio se revolvía debajo de él, ahogándose en sus propios gemidos de placer. Nunca antes había experimentado algo similar y se alegró de que fuera Sasuke quien lo introdujera en ese deleitable mundo.

– ¡Ah! ¡Sí, teme! –Naruto gritó extasiado al reconocer el placentero hormigueo que recorrió su abdomen hasta extenderse por su entrepierna. Sasuke se limpiaba de manera sensual y provocativa los restos de su orgasmo con la lengua. Suspiró complacido y deseó por un instante ser aquella lengua que recorría los rojizos labios del conde. No resistió la tentación y jaló a Sasuke del cabello, forzándolo a subir hasta sus labios para compartir un hambriento y húmedo beso, probando su propia esencia.

El moreno aceptó el beso de muy buena gana, recostándose a un lado del rubio para atraerlo con sus brazos al fuerte pecho, enlazando con él las piernas aún enfundadas en el pantalón, rompiendo el beso para dejar que Naruto jadeara por un poco más de aire.

–Eso fue… fue fantástico, bastardo. –Sasuke no sonrió pero Naruto fue testigo del brillo en los ojos negros.

Naruto dibujó una soñolienta sonrisa, acercando la mejilla al fuerte pecho de su moreno amante. Acarició la blanca piel, bajando hasta notar que cierto bulto continuaba alzado, sin encontrar alivio todavía.

– ¿Qué esperas para continuar, Sasuke?

–Esperaba que tomaras un poco de aire, dobe. –susurró Sasuke, acariciando los cabellos rubios. – ¿Estás seguro?

Sasuke no se sentía capaz de parar más adelante si Naruto decidía culminar lo que estaban haciendo, pero para su buena fortuna, no vio ninguna duda en los ojos azules.

– ¿Cuándo dije lo contrario? Vamos, teme, ambos nos morimos de ganas por consumar oficialmente este matrimonio.

Contrario a la reacción que Naruto esperaba, Sasuke apoyó el codo en el colchón y la cabeza sobre la mano para dedicarse a observar en silencio al rubio que estaba a su lado. Acarició uno de los costados de Naruto, sintiendo las costillas bajo su mano y después el hueso de la cadera.

–Escucha bastardo, la doncella virgen soy yo. –dijo con ironía, sentándose sobre la cama. –No deberías de tener ninguna duda.

Sasuke jamás le externaría esas dudas que tanto lo atormentaban. Casi desnudo y con Naruto a su lado sin ninguna prenda, se sentía más vulnerable que nunca. Era algo difícil sino imposible, bajar la muralla de sus defensas para dejar entrar a cualquiera, sin embargo ese rubio dobe lo había conseguido con sólo una mirada de sus hermosos ojos azul zafiro. Se acercó a besarlo una vez más, notando la ansiedad del rubio por continuar.

–No te haré daño. –Sasuke prometió en voz baja, pero sin aclarar que dentro de esa promesa no sólo se encontraba el aspecto físico del acto sexual, sino también el aspecto emocional del matrimonio. Sasuke hizo otra promesa silenciosa a sí mismo de alejarse de Naruto si descubría que su presencia lastimaba al rubio.

Naruto también sintió que Sasuke por fin le mostraba un lado frágil al que nadie había logrado acceder. A esas alturas, no sabía si su corazón latía desbocado por el efecto del orgasmo o por la emoción del momento.

–Confío en ti, teme. Eres mi esposo, pero también mi mejor amigo.

Depositó un beso ligero y rápido sobre los labios del conde antes de empujarlo un poco para que el pelinegro quedara acostado sobre su espalda y después, con una habilidad increíble, se acomodó entre las piernas de Sasuke, despojándolo por completo del pantalón para descubrir la única parte de la anatomía de Sasuke que le faltaba conocer.

–Dobe, espera ¿qué…?

–Déjame a mí, teme. Tú ya disfrutaste tu buena parte, así que es mi turno.

Naruto se relamió los labios, nervioso. Cierto, sabía un poco sobre cómo complacer a un hombre, la mayoría por comentarios de algunos amigos que tenía antes de mudarse a la ciudad, pero jamás pensó que saber la teoría no le iba a hacer el trabajo práctico más fácil. Tragó en seco, mirando los ojos obsidiana de su esposo. Sólo tenía que hacer callar a las voces que le decían cómo hacerlo y dar rienda suelta a su propio instinto. Acarició con suavidad la pálida piel de las piernas, subiendo por los muslos hasta las ingles.

–Sólo… no te atrevas a burlarte de mí, Sasuke. –le advirtió. –Yo nunca he hecho esto.

–Usuratonkachi, no es necesario.

–Pero quiero hacerlo, teme. –dijo con decisión. –Quiero ser el único que sepa cómo complacerte.

Sasuke se estremeció ante la visión de su rubio sueño entre sus piernas. Naruto cerró los ojos y sacó la lengua para lamer el enhiesto miembro del conde. No podría ser tan difícil imitar lo que el pelinegro había hecho antes, ¿o sí? Además, estaba seguro de que a Sasuke le excitaría tener la tímida boca succionando su entrepierna.

–Do-dobe. –Sasuke gimió bajito cuando fue invadido por la calidez de Naruto.

Naruto dejó su timidez de lado al escuchar los jadeos del conde, concluyendo que no estaba haciéndolo tan mal. Succionó con más fuerza, tratando de introducir lo más que pudiera el pedazo de carne palpitante en su boca. La saliva escurría entre sus labios, mojando toda la dureza de Sasuke a su paso. El sabor del líquido que goteaba en la punta le pareció un poco extraño, pero no por ello menos excitante. Sus dedos jugaron con la delicada piel que colgaba un poco más atrás y su trabajo se vio recompensado al escuchar a su amante gritar su nombre con un escalofrío. Si no tuviera el trozo de carne en sus labios, estaba seguro de que sonreiría con la misma astucia que un zorro.

– ¡Naruto!

Sus instintos le dictaban llevar las manos a la cabeza de rubios cabellos para embestir la cálida boca con locura, pero logró controlarse a tiempo. Tomó a Naruto de los hombros para separarlo y subirlo a sus caderas, besándolo en el proceso. Naruto no se negó a sentir la lengua del conde adentrándose con ferocidad mientras las inquietas manos acariciaban las piernas, subiendo hasta encontrar la escondida entrada.

–Sasuke. –murmuró Naruto, concentrándose en los ojos contrarios. Ambas piernas estaban al lado de las caderas del moreno, dejándole total acceso a su entrada. –Vamos, hazlo.

El moreno recorrió con una mano el cuerpo de Naruto de abajo hacia arriba, acariciando la pierna, el muslo, el costado, el cuello, hasta alcanzar la boca caliente de Naruto. El rubio lo entendió rápidamente y lamió con sensualidad los dedos hasta dejarlos empapados en su propia saliva. Sasuke observaba embelesado la manera en que Naruto recorría cada uno de sus dedos, imaginando que pronto entrarían a una cavidad mucho más cálida.

– ¿Con eso será suficiente? –preguntó Naruto con una inocencia que encendió más a Sasuke.

–Está bien, usuratonkachi. Dolerá un poco. –admitió.

–Ya sé lo que va a pasar, teme. Shizune se encargó de contármelo poco antes de la boda.

–Pero no es lo mismo. –Sasuke frunció el ceño. –Una mujer y un doncel…

–No pienso comenzar a discutir las diferencias entre follarse a una mujer y a un doncel. –replicó. –Tampoco pienso esperar más, así que méteme esos dedos o te violaré aquí y ahora, cariño.

–Espero que no olvides eso, dobe.

Naruto suspiró al sentir uno de los dedos de Sasuke comenzar a acariciar los alrededores de su entrada, tanteándolo. Movió sus caderas con suavidad para rozar el miembro que pronto estaría dentro de él, obteniendo un jadeo por parte del conde.

–Vamos, teme.

–No seas ansioso, amorcito. –replicó con la misma ironía y Naruto lo fulminó con la mirada. –Bésame.

A Naruto le sorprendió la petición, pero no por ello se rehusó a hacerlo. Se inclinó sobre el pecho de Sasuke para acercar sus labios y compartir ese ansiado beso, distrayéndolo del primer dedo que se introdujo. Siseó un poco por la incomodidad pero se concentró en poner su atención dentro del beso. Pellizcó una de las tetillas de Sasuke cuando el dedo comenzó a moverse en círculos, preparándolo lentamente para que el segundo se introdujera.

–Es… raro. –admitió, recuperando su posición sentado sobre las caderas contrarias, con el erguido pene del conde presionando su trasero, ansioso por introducirse. Sasuke no pasó por alto los tensos músculos de los muslos de su amante rubio.

–Tócate, Naruto.

– ¿Qué estás diciendo, teme? –Naruto exclamó, con las mejillas cubiertas por un sonrojo que nada tenía que ver con el sexo.

–Lo que escuchaste, usuratonkachi. Tócate… como lo hacías cuando pensabas en mí.

– ¡Yo jamás hice eso, conde bastardo!

– ¿No te tocabas pensando en mí? –Sasuke alzó una de sus obscuras cejas, sin creerse del todo las palabras de su esposo.

–Po-por supuesto que n-no. –mintió, desviando la mirada azul. –Tú… ¿alguna vez tú lo hiciste?

–Muchas noches, dobe. –ahora era Naruto el que lo miraba sorprendido. Tomó una de las manos de Naruto para llevarla al propio miembro semi despierto del Namikaze. El rubio dio un respingo al notar que Sasuke lo estaba incitando a tocarse a sí mismo. –Ahora hazlo para mí.

–Ni creas que…

–Te aseguro que lo disfrutarás.

Naruto no estaba muy convencido, pero accedió a darle una oportunidad. Tomó su miembro con la mano y dejó escapar un suspiro. Sasuke lo observaba atento, con aquella feroz y depredadora mirada obscura que tanto le gustaba. La dureza de Sasuke palpitó una vez más en la parte baja de su espalda. Naruto se apoyó sobre sus rodillas para alzarse un poco y comenzar un suave vaivén con su mano. No pasó por alto que Sasuke tenía sus ojos muy abiertos, absorbiendo con la mirada cada uno de los detalles del rubio, desde la manera en que movía su mano de arriba abajo hasta la suave capa de cristalino sudor en todo el cuerpo. El saber que provocaba a Sasuke mientras se complacía a sí mismo lo excitó, aumentando la rapidez de los movimientos. Apenas sintió una pequeña molestia cuando el segundo dedo se introdujo en su estrecha entrada.

Para Sasuke, la imagen de Naruto montado sobre sus caderas y tocándose a sí mismo, quedaría grabada a fuego para siempre en su mente. Naruto cerraba los ojos mientras su mano subía y bajaba, acariciaba el húmedo glande y se retorcía de placer sobre él. Las respiraciones de ambos estaban agitadas y sus dedos se movían en forma de tijera para ensanchar el lugar que pronto lo recibiría. Ante cada gemido de Naruto, su pene parecía palpitar con más fuerza. El tercer dedo se unió a los dos anteriores, pero en esta ocasión Naruto sí soltó un jadeo de incomodidad.

–Sasuke, voy a… –detuvo el movimiento de su mano antes de que alcanzara el clímax por segunda vez. Los dedos de Sasuke en su interior todavía le provocaban algunas punzadas, pero comenzaba a tolerarlo cada vez mejor. –Entra de una vez, bastardo.

Sasuke retiró los dedos, ansioso también por obtener un alivio a su incómoda erección.

–Móntame.

– ¡Teme! Eso…

–Así serás tú el que decida la profundidad, dobe. –acarició la mejilla de Naruto ligeramente, antes de entrelazar su mano con la de su amante. –Quiero verte cabalgándome.

Aunque Naruto no estaba tan acostumbrado a esos términos, podía entenderlos perfectamente. Tomó una gran bocanada de aire y besó a Sasuke por última vez, dirigiendo la mano libre hacia una de sus nalgas para moverla, exponiendo la rosada entrada. El Uchiha sujetó su miembro para mantenerlo erguido y firme mientras Naruto encontraba una posición cómoda para comenzar a bajar sobre él.

– ¡Ah! –cerró los ojos azules cuando una punzada particularmente dolorosa le recorrió toda la columna. Sasuke mantenía sus jadeos reprimidos junto con las increíbles ganas de tomar a Naruto de las caderas para bajarlo de golpe de una buena vez. Se forzó a calmarse, dejando que su amante tomara la decisión de parar o seguir. –Sasuke…

–Abre los ojos, usuratonkachi. –obedeciendo, sostuvieron ambos la mirada hasta que Sasuke se incorporó un poco, sin soltar la mano de Naruto, para poder tomar sus labios en un beso que Naruto calificó de increíblemente dulce, aunque Sasuke lo negara. –Baja despacio.

Naruto respiró profundamente y bajó la mirada, descubriendo que sólo el glande había penetrado en él. Sasuke debía de estar haciendo un increíble esfuerzo para no embestirlo salvajemente, podía notarlo en las líneas de tensión alrededor de la boca y en los músculos tensos. Bien, él también haría un esfuerzo. Dejó que sus piernas cedieran para bajar de golpe, albergando todo el miembro de Sasuke en su interior al mismo tiempo que ahogaba un gemido de dolor. Los golpes durante los entrenamientos eran dolorosos, incluso el hombro dislocado había sido doloroso, pero no podía compararlos con lo que estaba sintiendo en esos momentos.

– ¡Na-Naruto! Ah, estrecho… –jadeó Sasuke con placer cuando al fin entró en la ansiada cavidad. La mano de Naruto lo apresaba con fuerza e incluso el rubio se mordía el labio inferior en un vano intento por evitar que el moreno descubriera lo incómodo que se sentía. Esperó que el rubio se acostumbrara a la nueva intromisión y después elevó un poco la cadera, rozando un punto especial en el interior.

– ¡Teme! ¡Ah! ¿Qué fu-fue eso? Se sintió jodidamente bien.

–Muévete y volverás a sentirlo. –le aseguró Sasuke. Naruto observó el bello rostro de Sasuke contraído por el placer y sonrió complacido.

El rubio comenzó un ritmo lento con sus caderas, apoyado sobre el pecho de Sasuke con una mano y la otra aún entrelazada con la del conde. Sus manos encajaban perfectamente, justo como sus cuerpos lo estaban haciendo. Todos los acontecimientos vividos, los sinsabores de su matrimonio y las primeras peleas, valían completamente la pena si con ello le aseguraban tener al orgulloso conde Uchiha gimiendo bajo él. Sus excitados jadeos aumentaron cuando Sasuke decidió sacudir su miembro al mismo ritmo de las embestidas.

–Yo… ¡ah!

–Más rápido, dobe.

Naruto se detuvo un momento para tomar uno de los rosados botones de su marido con los dientes y tironearlo, provocándole una sensación diferente, mezcla de dolor y placer.

–Aceptaste que te cabalgara, ¿no es así, bastardo? Entonces irás al ritmo que yo decida.

Namikaze no aumentó la velocidad, le gustaba sentir el ardiente trozo de carne enterrado en lo profundo de su interior, acariciando con cada embestida aquel extraño punto que le nublaba la vista por el placer. El dolor había dado paso a una sensación de plenitud total, de placer y locura. Aumentó la velocidad de sus caderas, pero una punzada en su muslo herido le recordó tomárselo con más calma. Subió una vez más, escuchando los gemidos bajos y roncos de su esposo, al bajar, un calambre le recorrió desde la ingle hasta la punta del pie.

– ¡Maldición! Creo que…

–Se llama calambre, dobe. –Sasuke se incorporó, girando a Naruto con todo su peso. Recordó la herida del rubio. –Yo seguiré.

Naruto agradeció el gesto con un leve movimiento de cabeza. Estiró las piernas y después las envolvió alrededor de la cadera de su amante para atraerlo a su cuerpo. Esa posición, aunque no tan dominante como la anterior, le gustó porque tenía al alcance la lujuriosa boca del moreno. Se dedicó a besarlo y a estrujar el trasero blanco de su amante. Con esa posición, Sasuke aumentó la velocidad de sus caderas, consiguiendo gemidos de Naruto como premio.

– ¡Más fuerte, Uchiha! Párteme de u-una puta vez.

–Voy a correrme en tu culo, dobe. –susurró al oído de Naruto. Las embestidas aumentaban cada vez más al igual que la sensación de éxtasis. –Vas a ser mío. Solamente mío.

–Maldito posesivo. –contestó entre jadeos. –Pero recuerda que va a hacerte gemir como yo, teme. Na-nadie.

Naruto apretó las sábanas con una mano y con la otra buscó entrelazarla con la contraria. Arqueó la espalda cuando el clímax llegó, salpicando sus vientres con la blanca esencia. Todos los músculos se tensaron logrando estrechar la entrada y aprisionando deliciosamente el miembro de Sasuke. El moreno continuó empujando sus caderas hasta que Naruto pudo percibir una calidez que se adentraba en sus entrañas.

– ¡Naruto!

Sasuke, agotado, logró acomodarse sobre el pecho de Naruto quién lo recibió con un abrazo. El rubio no estaba muy seguro de qué demonios sentía, pero estaba feliz. Nunca imaginó que ese acto considerado algo tabú en la sociedad, pudiera otorgarle tanto placer y sumirlo en una agradable niebla que le impedía pensar en todo aquello que no fuera el sudoroso y sensual cuerpo de Sasuke sobre el suyo o en volver a sentirlo dentro una vez más.

Despeinó las sedosas hebras azabaches y Sasuke restregó su nariz contra la piel bronceada de Naruto, lamiéndola y disfrutando del atrayente sabor del sudor mezclado con la manzana. Mientras yacía entre los brazos de Naruto, se reprochó el haber esperado tanto para ese momento, pero de cualquier manera había sido algo increíble para ser la primera vez. Todo había sido completamente perfecto. Jamás había imaginado enloquecer a tal punto de olvidar incluso su nombre.

– ¿Deberíamos romper el silencio con alguna charla romántica?

–Cállate y disfrútalo, dobe.

–De acuerdo. –continuó acariciando el cabello de Sasuke. –Dime algo, ¿follar siempre es así de bueno?

–Sólo contigo es así de bueno. –admitió el pelinegro, levemente arrullado por el sonido del corazón agitado de Naruto. –Ya duérmete, dobe.

–Oh, vaya. Pensé que mi fantástico amante se dedicaría a perforarme el culo toda la noche. –escuchó que Sasuke chasqueaba la lengua molesto por el golpe a su hombría.

–Sólo espera a que recupere un poco de energía. No he dormido bien últimamente. –el conde se reservó para sí mismo la información de que las noches en vela ocurrían porque despertaba a medianoche con una dolorosa erección entre las piernas después de un ardiente sueño con Naruto.

–Bueno, supongo que entonces no tienes tanta potencia como decían los rumores.

–Usuratonkachi… –dijo con tono de advertencia. – ¿Cuál es la prisa? Tendremos toda una vida para hacerlo.

Naruto no pudo rebatir esa lógica ni lo grandioso que sonaba el imaginar pasar cada noche entre los brazos de su sensual esposo. Por la mañana, pediría a una de las doncellas que moviera todas sus cosas a la recámara principal de Sasuke. Transformaría su propia habitación en la recámara para el futuro conde Uchiha que, juzgando por la sustancia pegajosa que sentía entre sus piernas, quizás no tardaría en llegar. Empezaría a cuidarse mañana, dejando en manos del destino si aquella mágica noche había sido la elegida para encargar al heredero de Sasuke.

–Buenas noches, teme.

–Te quiero, imbécil. –murmuró Sasuke entre sueños, aferrado con fuerza a la cintura de Naruto.

Naruto se dejó llevar por el cansancio, aún creyendo que todo sería sólo otro agradable sueño del que no tardaría en despertar.


.

El desayuno transcurría con más clama de lo usual. Kiba miró a su alrededor antes de continuar comiendo el delicioso pastel que sirvieron como postre. El lugar casi parecía una mansión embrujada. Naruto y Sasuke aún no bajaban, Hinata permanecía encerrada en su habitación y Shizune tenía nuevamente otro dolor de cabeza. En el comedor sólo se encontraban él, Kakashi, Minato e Ino.

–Quizá debería subir a ver a Naruto. –pensó Minato en voz alta.

–No creo que sea conveniente. –Kiba intervino de inmediato.

–Pero está herido y…

–Sasuke se encargará de él. –aseguró el castaño. –Si subes ahora, podrías llevarte una sorpresa no muy agradable.

– ¿Naruto está enfermo? –preguntó el rubio, asustado de pensar en esa posibilidad.

–Claro que no. Pero ayer, esos dos estaban muy acaramelados. –dijo al recordar la escena del pasillo. –Creo que las cosas han mejorado entre ellos.

–Eso me alegra. –admitió Kakashi.

Una de las doncellas pasó cerca del comedor con una bandeja repleta de varios tipos de alimentos, lo cual llamó la atención de Kiba.

–Hey, dime algo ¿subirás toda esa comida para Lady… eh, para la señora Hyuuga? –corrigió de inmediato.

–No, Lord Inuzuka. Los condes tomarán el desayuno en su habitación y soy la encargada de subirlo.

Minato, Kakashi y el propio Kiba intercambiaron una mirada sorprendida que fue pronto reemplazada por risitas socarronas.

– ¿Lo ves, Minato? –preguntó Kakashi. –No debes de preocuparte más, el ansiado nieto que deseas llegará pronto.

–En realidad, espero un nieto, pero no deseo que Naruto se embarace pronto. –Minato se limpió la comisura de la boca con elegancia. –Prefiero que mi hijo tenga tiempo de disfrutar su matrimonio ahora que las cosas marchan bien con Sasuke. Kushina y yo esperamos casi tres años antes de decidirnos a tener a Naruto.

–Bueno, de cualquier manera, las cosas en esta casa parecen que por fin transcurren con normalidad. –declaró Kiba.


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– ¡Sas…! ¡Ah! ¡Sasuke!

Naruto gimió el nombre de su amante una vez más cuando el último fogonazo de placer le recorrió el cuerpo por completo. Sus antebrazos temblaron cansados de soportar su peso y se derrumbó boca abajo sobre el colchón, con Sasuke arrodillado atrás de él, dando las últimas embestidas antes de jadear y acomodarse también sobre la espalda del rubio. Al principio, le había parecido un poco humillante estar a cuatro patas, dejándose completamente expuesto ante un pervertido Sasuke, pero después de las primeras embestidas, había decidido que esa posición no era del todo mala. Llevó el brazo hacia atrás para acariciar la sedosa cabellera negra mientras examinaba a la luz del sol, el desorden que la noche pasada había provocado en su habitación. Una de las paredes cercanas a su cama llamó su atención.

– ¡Vaya! Tú no estabas aquí anoche. –murmuró Naruto, deshaciéndose del abrazo de su esposo para ponerse de pie y caminar con una leve cojera hacia la pintura que nunca antes había visto.

Sasuke dejó ir a Naruto mientras se acomodaba sobre el colchón, con ambas manos debajo de su nunca. Observó sin ningún tipo de pudor la desnudez de Naruto, la bronceada piel cubierta de chupetones y ese culo prieto que se movía con gracia frente a él, con los restos del apasionado orgasmo aún recorriendo la sublime curvatura. El darse cuenta también de algunas pequeñas salpicaduras rojas sobre las sábanas fue un estímulo a su masculinidad, sentimiento que descartó por completo al imaginar lo que Naruto sentiría si llegaba a enterarse de eso. El rubio definitivamente se molestaría si supiera que su virginidad sirvió para alimentar el no tan pequeño ego de su esposo. Estaba enamorado del dobe, de eso no tenía ya ninguna duda, y lo que había dicho la noche anterior era cierto. El sexo entre el rubio y él había sido fantástico.

–No la toques, la pintura todavía está fresca. –Sasuke advirtió al notar que Naruto estaba a punto de tocar la pintura que él colgó la noche anterior.

–Yo no tenía esto aquí. ¿Y si alguien entró por la noche y nos observó haciéndolo? –preguntó Naruto con un tinte de pánico en la voz. –Espero que no haya sido mi padre… ¡No podría volver a ver a Minato a los ojos! ¿Y si fue Ino?

–Cálmate, dobe. Fui yo. –admitió.

Naruto le dirigió una mirada sobre el hombro antes de volver su atención completamente a la pintura frente a él. Encontró de inmediato las iniciales S.U. en una de las esquinas, reconociendo su trabajo. Los colores de la pintura y los sutiles detalles le fascinaron por completo. Entre las obscuras nubes de tormenta se colaban algunos rayos de sol que le daban a la pintura un aire misterioso, con increíbles variaciones de color. Cada columna de la abadía estaba repleta de detalles finamente elaborados y el pasto parecía que se movía al ritmo del viento imaginario.

–Es fantástica… ¡es preciosa, teme!

–Más vale que te guste, usuratonkachi.

– ¿Gustarme? Teme, ¡me encanta! No puedo creerlo. Siempre quise imaginar cómo sería la abadía si todavía estuviera en pie. ¡Y tú superaste todas mis expectativas! Eres un maldito genio, bastardo. No sé si odiarte o admirarte por eso.

–En lugar de odiarme o admirarme, ¿por qué no vienes y pagas por la pintura? –Sasuke sonrió de lado y Naruto regresó a la cama.

–Bueno, pues espero que al conde le agrade la manera en la que pago mis deudas. –Naruto le siguió el juego, montándose sobre las caderas de su moreno amante y notando aún a través de las sábanas, cierta parte anatómica que volvía a despertarse.

–Espero que pagues tus deudas de esta manera sólo conmigo.

–Tú eres el único que aceptaría esta forma de pago.

Sasuke evitó decir que también Gaara aceptaría de muy buena gana el pago que Naruto ofrecía. En lugar de eso, atrajo el cuerpo del rubio hacia su pecho para fundirse en un nuevo beso. Desde ese día, a nadie le cabría duda de que Naruto era sólo suyo.


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Minato entró en la habitación de Shizune llevando en las manos una bandeja con un poco de té y galletas. La pelinegra, contrario a las predicciones del de ojos azules, se hallaba de pie, empacando algunas telas en los cofres abiertos a los pies de la cama.

–Shizune, querida, ¿qué estás haciendo? Pensé que te sentías mal.

–Minato, lo siento. –la mujer se aferró al cuerpo del rubio con un abrazo casi desesperado. –No puedo quedarme aquí, simplemente es demasiado para mí.

–No entiendo, Shizune ¿a qué te refieres? –ella se separó de Minato, mirándolo a los ojos.

–La maldición, Minato. He tenido sueños horribles sobre ella. No me siento segura aquí en el castillo. Regresaré a la ciudad.

–Espera, Shizune. –dejó la bandeja sobre una mesa cercana, tomando a la mujer del brazo para evitar que escapara. –No puedes irte de esa manera.

–No soporto estar un día más en este lugar. –sollozó. –Y no puedo creer que tú quieras estar aquí, cuando obviamente alguien está tratando de asesinar a Naruto, tu propio hijo.

–Shizune, lo de la maldición es un mito que…

– ¡No! Ya basta de engañarte, Minato. –gritó Shizune desesperada. – ¡Basta! No voy a quedarme aquí ni a exponer a mi hija al peligro. Ino y yo nos vamos de Konoha hoy.

–Puedes irte tú, Shizune. Pero Ino se queda a mi lado.

– ¡No puedo creerlo! ¿Acaso también quieres matar a tu hija?

– ¡Por supuesto que no! –el rubio caminó alrededor de la habitación que compartía con su esposa. No quería exponer a ninguno de sus hijos al peligro, pero irse de Konoha tampoco era una buena opción. Naruto era terco como una mula y jamás aceptaría dejar Konoha sin haber cumplido su objetivo de restaurar el castillo y, por como pintaban las cosas, mucho menos se iría sin Sasuke. Minato no dejaría a su hijo solo pero tampoco dejaría a Shizune y a Ino solas en la ciudad. –Dame unos días, Shizune. Hablaré de esto con Naruto y con Sasuke, lo resolveré.

–No voy a esperar más.

–Por favor. –tomó la mano de la mujer, apresándola fuertemente entre las suyas. –Ustedes lo son todo para mí y mientras permanezcan a mi lado los protegeré, incluso si se me va la vida en ello.

Shizune observó los hermosos ojos azules de su marido. Era por eso que Shizune se había enamorado de él, de aquel hombre tan fuerte y decidido que estaría dispuesto a dar la vida por sus hijos. Suspiró derrotada. Minato y Naruto tenían ese estúpido don de convencer a cualquiera con una sola mirada de sus ojos zafiro.

–De acuerdo. Pero si esto no se resuelve, Ino y yo nos iremos a principios de la semana entrante.

–Lo resolveré, lo prometo.


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Había pasado ya un par de días desde aquella noche extraordinaria y a Naruto aún le sorprendía despertar envuelto en los brazos de Sasuke, con su cálido aliento susurrándole al oído y las largas piernas enredadas entre las suyas. Aunque a él le hubiese encantado continuar encerrado en la habitación, debía atender varios asuntos por lo que se dirigió a la biblioteca. Sasuke pintaba algo en su propio estudio, Minato supervisaba los avances de la remodelación en el comedor principal y Kakashi, sospechosamente, se había escabullido hacia las caballerizas. Naruto suponía que su casi hermano mayor había conocido a alguien y esperaba que esta ocasión fuera algo serio.

Entró en la biblioteca, admirando los cambios que poco a poco transformaban el lugar. Era sólo cuestión de tiempo para que el corredor de madera del segundo piso estuviese en perfectas condiciones, además limpiarían las paredes de piedra y colgarían algunas de las pinturas de Sasuke para terminar de decorar el lugar. Ya habían sustituido los viejos escritorios de madera por otros y la alfombra nueva que recubriría el suelo de madera tampoco tardaría mucho en llegar.

La puerta se abrió, dando paso a Madara Uchiha, que cargaba un par de libros empolvados y más papeles entre sus brazos.

–Lord Naruto, he llegado.

El rubio asintió y recorrió una de las sillas. Madara dejó los libros sobre el escritorio y se sentó en el lugar indicado por Naruto.

–Aquí están los libros de contabilidad que me solicitó. Hemos tardado un poco en ponernos al corriente, pero al fin lo logramos.

–Les echaré un vistazo ahora mismo. –Naruto tomó el primer libro. –Me gustaría que usted se quedara aquí para explicarme los detalles que no entienda.

–Por supuesto. –asintió el pelinegro. – ¿Dónde está Lord Hatake?

–No tardará.

A Naruto le brillaron los ojos mientras leía la primera página de libro. Ahí estaba el resumen de las cuentas, de los ingresos y egresos del castillo Uchiha, todo acomodado de manera increíblemente impecable.

–Necesito hacer algunas anotaciones. –Naruto se puso de pie, dirigiéndose hacia la puerta. –Iré a mi estudio por mis cosas y volveré.

Caminó sin prisa hacia su propio estudio, tomando un par de libros, algunos papeles y tinta. Sobre su escritorio, llamó su atención una pequeña nota hecha a toda prisa.

Naruto, te veo antes de la comida en el ala oeste. Hay algo que quiero mostrarte. S.U.

Naruto casi brincó de alegría, suponiendo que se trataba de los pasadizos secretos de los que había hablado con Sasuke. La noche pasada, mientras no follaban como conejos, Naruto le había preguntado a su moreno esposo sobre la existencia de calabozos y pasadizos escondidos en las profundidades de Konoha. Se había sorprendido mucho al escuchar al conde afirmar su existencia. En Konoha existían varias prisiones subterráneas así como pasadizos en donde, según lo que relató Sasuke, el viejo Madara encerraba a sus enemigos. Incluso el pelinegro conde le narró la leyenda sobre la existencia del fantasma de Hashirama Senju rondando por los pasillos de la prisión que fuera testigo de sus últimos días. A Naruto, curioso por naturaleza, le fascinaron esos relatos e insistió en ir a conocer esos viejos y maltrechos corredores.

–Es algo muy viejo, dobe. Además, con el paso del tiempo, se perdieron las llaves.

Naruto sabía que Sasuke notó el brillo de decepción en los ojos zafiro. El que Sasuke se hubiese empeñado en conseguir las perdidas llaves sólo hablaba de lo mucho que el conde le quería, aunque el muy bastardo se negara a admitirlo nuevamente. Pero eso no le importaba mucho a Naruto, porque cada pequeña acción del conde le demostraba lo que las palabras no podían expresarle.

Salió corriendo de su estudio para ir directamente a la puerta que estaba en uno de los costados del ala oeste del castillo. Antes de salir del lugar, se asomó a la biblioteca.

–Lord Madara, tengo una pequeña cita con Sasuke. ¿Le parece continuar con la revisión dentro de dos tardes? A la misma hora.

–Pero, Lord Naruto… –las palabras de Madara cayeron en oídos sordos, pues el rubio ya había abandonado la biblioteca. Suspirando, recogió los libros para regresar a su oficina.

Naruto corrió hacia el lugar indicado. Al estar en los alrededores del castillo, los guardias contratados por Sasuke no se molestarían en seguirlos. Además, si estaba con Sasuke, seguramente el conde les había advertido retirarse un poco, dándoles espacio. Empotrada contra la pared exterior del palacio existía una puerta de madera robusta, muy grande y pesada, que había estado asegurada con varias cadenas y candados. Naruto se dio cuenta de que la verde enredadera que crecía sobre la pared de piedra y cubría la puerta, había sido cortada recientemente. Las cadenas se hallaban sobre el suelo de tierra y la puerta estaba a medio cerrar.

– ¡Teme! Ya llegué. –exclamó, acercándose a la puerta. – ¿Estás aquí? Espero que tengas una antorcha. ¡Quiero ver la celda donde estuvo preso Hashirama!

Empujó con todo su cuerpo la pesada puerta, descubriendo una fría obscuridad que guiaba hacia más obscuridad.

–Hey, teme ¿de verdad estás aquí? No veo nada.

Naruto no tuvo tiempo de reaccionar. Una fuerza invisible lo empujó hacia adelante, causando que cayera varios metros, golpeándose la cabeza con fuerza y perdiéndose en la penumbra. Con un estruendoso chirrido, la puerta se cerró, haciendo que la obscuridad del lugar fuera permanente.


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– ¿Dónde está Naruto? –preguntó Sasuke al notar que faltaba una rubia cabellera en el comedor.

–Pensé que estaba contigo. –dijo Kakashi.

–Se supone que esta tarde revisarían las cuentas Naruto y tú. –fue la respuesta del conde. – ¿No estuviste con Naruto?

–Bueno, Lord Madara me dijo que Naruto había cancelado la reunión de hoy porque tenía una cita contigo. –explicó el hombre de cabellos grises.

– ¿Conmigo? –Sasuke alzó una de sus negras cejas. –Por supuesto que no, yo estuve en mi estudio todo el día.

–Quizá se quedó dormido. –intervino Kiba en la conversación. –Iré a su dormitorio a revisar y aprovecharé para ordenar que suban algo de comida para Hinata.

–Hazlo, Kiba. –ordenó el pelinegro. –Yo iré a preguntar a los guardias si Naruto salió del castillo.

–Lo buscaré en los jardines. –dijo Minato, preocupado por su hijo. El rubio, aunque impulsivo, no solía desaparecer sin avisar.

–Iré a las caballerizas y preguntaré a Iruka si sabe algo. –ofreció Kakashi.

La alarma pronto se transformó en pánico. Naruto no había salido de Konoha, tampoco estaba en su dormitorio, en los jardines ni en las caballerizas. Nadie sabía nada de él.

–Obito y yo ayudaremos de inmediato. –se ofreció Madara. –Pero la última vez que vi a Lord Naruto, él me aseguró que tenía una cita con usted, conde.

Minato observó con desconfianza al esposo de su hijo. ¿Otra vez la maldición? O quizá en esta ocasión podría tratarse del propio Sasuke buscando deshacerse de Naruto. Su charla con Naruto y con Sasuke no podía retrasarse más. Hablaría con ellos en cuanto Naruto apareciera.


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Naruto abrió los ojos para encontrarse sumido en la obscuridad. Tardó un poco en que sus ojos se adaptaran a la poca luz del lugar. Un débil halo de luz entraba por debajo de la pesada puerta de madera, esa era la única fuente que tenía, pero en cuanto cayera la noche, desaparecería. Debía de encontrar una manera de salir de ahí antes de que anocheciera.

Se puso de pie, tambaleante. Un líquido tibio resbalaba de su nuca y Naruto no necesitó verlo para saber que era sangre. Frente a él, a unos pasos, se encontraba una escalera de piedra que conducía hacia la puerta, pero la escalera de varios metros de altura, se resquebrajaba a cada paso, producto del abandono y de la humedad del lugar. Subir por ella sería casi imposible y se arriesgaba a otra caída. Caminar hacia el lado contrario, buscando otra salida, sería casi un suicidio sin una antorcha que iluminara la obscuridad. Si su memoria no le fallaba, Sasuke le había advertido que las mazmorras abarcaban casi toda la extensión del castillo, por lo que corría más riesgo de perderse que de encontrar una salida alternativa.

– ¡Maldita sea! –exclamó, dejándose caer sobre el primer peldaño de la escalera. Alguien le había puesto otra estúpida trampa y él había caído directamente en ella.

Gritar sólo acabaría con sus fuerzas. Las paredes del lugar habían sido construidas para contener los gritos de los prisioneros mientras eran torturados, de manera que los habitantes del castillo ni siquiera notaran su presencia. Cuando se dieran cuenta de su desaparición, quizá buscarían por todo el lugar, pero tal vez nunca pasaría por su mente buscar en las mazmorras.

Arrancó un trozo de tela de su chaqueta para limpiarse la sangre de la herida. Estar ahí, sumido en el profundo silencio, era un buen lugar para reflexionar. ¿Quién sería aquel que tanto anhelaba su muerte?

El primer rostro que vino a su mente fue el de su madrastra, Shizune. Desde el momento en que anunció su compromiso con el conde, ella se había mostrado renuente a su matrimonio y Naruto todavía no entendía el por qué. Shizune había dicho en muchas ocasiones lo mucho que les perjudicaría la reputación del conde, pero no lo consideraba como un motivo suficiente para negarse con tanto ahínco a la boda. Además, había atrapado a Shizune hablando con ese extraño hombre de rostro familiar. Pero, ¿qué ganaría Shizune con su muerte? Naruto aún se consideraba muy joven para hacer un testamento, pero había hablado con su abogado antes de mudarse a Konoha para asegurarse de que cumplieran sus planes. Si moría, la mitad del dinero de la herencia de Minato pasaría a manos de su media hermana Ino y la otra mitad sería para Sasuke. Además de eso, el dinero que él había ganado con su propio trabajo pasaría por completo a ser de Sasuke por el hecho de ser su esposo. Kakashi también recibiría una pequeña parte. Shizune, con un abogado que tuviese una pizca de cerebro, podría anular ese contrato que aún no estaba firmado y de esa forma, controlar la otra mitad del dinero pues Ino todavía era menor de edad. Pero Shizune ya era lo suficientemente rica por su matrimonio con Minato. Viéndolo de esa manera, no le parecía muy lógico el plan de su madrastra y metía en escena a un nuevo sospechoso: Sasuke.

– ¿Acaso Sasuke…?

Podía parecer descabellado, pero era una posibilidad. Sasuke sería el perfecto sospechoso, pues a su muerte, su nada despreciable herencia caería en manos del pelinegro conde. Era dinero suficiente para restaurar Konoha y darse una vida de reyes, deshaciéndose de su esposo y volviendo con su amante. Además, el único que sabía de su entusiasmo por conocer las mazmorras era el propio moreno. Pero algo, no sabía qué, le indicaba que Sasuke no podría ser capaz de matarlo. El dinero cambiaba a las personas, pero ¿sería ese el caso de Sasuke? Inadvertidamente, acarició su abdomen por sobre la tela. Quizá esos calabozos serían su tumba, pero nunca se lo perdonaría si descubría que dentro de él crecía una nueva vida. Sonaba poco probable, pero no imposible, estar ya embarazado. Sacudió su cabeza con fuerza, alejando esos pensamientos de su mente.

¿Quién más podría ser culpable? Karin también era sospechosa, pues estaría doblemente furiosa ahora que Sasuke había terminado con ella para siempre. Karin estaba muy dolida por haberle arrebatado a Sasuke y bien sabía que una mujer furiosa y despechada era capaz de cualquier cosa. Con su muerte, Sasuke heredaría mucho dinero y ella podría volver con el conde y aprovecharse de la herencia para darse esa vida de lujos que tanto les gustaba.

¿Kakashi o Minato? Imposible, ellos sólo habían tenido atenciones con él desde el momento de su nacimiento. Minato no sería capaz de matar a su propio hijo y sabía que Kakashi preferiría morir antes que ponerle una mano encima con intenciones de hacerle daño. Kakashi era el tipo de persona a la que le interesaba mantener un estilo de vida tranquilo y relajado, en sus metas no estaba el convertirse en millonario de la noche a la mañana.

Naruto se quedó repasando mentalmente cada uno de sus viejos enemigos. ¿Gaara? El duque podría estar dolido por su rechazo, pero si el pelirrojo tuviese que matar a alguien, seguramente sería a Sasuke y no al propio Naruto. ¿Madara y Obito? Aún recordaba la antipatía de ellos al conocerlo, suponía que era debido a que un doncel se encargaría de supervisarlos, un problema más de género que de dinero. ¿Sakura Haruno? Improbable, ella seguramente estaba en la ciudad, buscando otro candidato guapo para presumir. ¿Shino? Era difícil creer que fuese él, porque los ataques habían comenzado antes del problema con Hinata. ¿Sería la propia Hinata o Kiba? No lo sabía, pero estaba casi seguro de quien quiera que fuese, estaba dentro de la mansión. La única que no cabía dentro de esa categoría era Karin, pero la pelirroja tenía buenas razones para matarlo.

Cerró los ojos, imaginándose lo terrible que sería morir de sed o de hambre en ese lugar. Le había restado importancia a la maldición y a las advertencias, y ahora éstas se daban la vuelta para darle una patada en el trasero. La luz poco a poco desaparecía y su desesperación aumentaba. Escuchó los chillidos de algunos murciélagos cercanos y se estremeció. Abrió los ojos, con nueva resolución. No moriría ahí porque Naruto Namikaze no se rendía fácilmente. Poniéndose de pie, tomó algunas piedras y comenzó a lanzarlas directo hacia la puerta, haciendo que la vieja madera apenas se agitara por los golpes. Con un poco de suerte, alguien que pasara por ahí escucharía los golpes y se acercaría a ver lo que estaba ocurriendo.

Su brazo ya le dolía y estaba sumido en la obscuridad total. Podía sentir el aleteo de los murciélagos volando y enredándose en sus cabellos rubios. Por la ranura debajo de la puerta, notó una luz que se acercaba y después se alejaba con la misma rapidez. También escuchó algunos pasos que resonaban en todo el lugar. No se rindió y subió otro peldaño de la escalera, los bordes del peldaño se resquebrajaron y utilizó esas piedras para continuar lanzándolas contra la puerta. A los golpes pronto se unieron sus gritos desesperados.

– ¡Teme! ¡Sasuke! Condenado bastardo ¡Teme! ¡Papá! ¡Kakashi!

Suspiró aliviado cuando una de las luces se detuvo frente a la puerta. Podría ser alguien que sostenía una antorcha o podría ser el asesino que venía a terminar lo que comenzó. Tragó saliva y tanteó en el suelo algo que lo ayudara a defenderse. Casi gritó al darse cuenta que entre sus manos sostenía lo que parecía un hueso, quizá de la pierna de un antiguo preso. A pesar de eso, no lo soltó. Fingiría estar desmayado y cuando comprobara la identidad del sujeto, sabría qué hacer. Esperó hasta que con un rechinido la puerta se abrió.

– ¿Dobe?

El corazón de Naruto latió aliviado. Soltó el hueso, se puso de pie para llamar a Sasuke y salir de una buena vez de ese lugar.

– ¡Teme! Estoy aquí.

–No te muevas, usuratonkachi. Voy para allá. –Naruto distinguió a su padre y a Kakashi detrás de Sasuke.

–Naruto ¿estás herido?

–Estoy bien, papá. –respondió a voces. Lo único que necesitaba era algo de agua, comida y un buen descanso en su mullida cama junto a Sasuke. –No bajes, teme. La escalera se desmorona con el peso, yo no pude subir aunque lo intenté varias veces.

–Iré por una soga. –Kakashi salió del lugar inmediatamente.

En poco tiempo regresó con la soga y con un voluntarioso Iruka, dispuesto a echar una mano también. Lanzaron la cuerda y Naruto la ató alrededor de su cintura mientras subía las escaleras casi a gatas. Cuando escuchaban un crujido alarmante, tiraban de la soga para evitar que Naruto cayera de nuevo al fondo. Iruka sostenía varias antorchas de tal manera que pudieron ver el rostro sucio y golpeado de Naruto cuando emergió de las mazmorras.

– ¡Naruto! –Minato lo envolvió en un abrazo desesperado. – ¿Qué rayos hacías allí, Naruto?

–No caí allí por mi propia voluntad, papá. Alguien me empujó. –Sasuke pasó uno de sus brazos sobre los hombros de Naruto.

– ¿A qué te refieres, dobe?

–Alguien está intentando matarme, no son ataques al azar. –Naruto admitió por primera vez. –Y voy a descubrir quién es. Pero primero, necesito un baño y algo de comida. Llevo todo el maldito día en ese calabozo.


Minato y Sasuke esperaban en la biblioteca a Naruto. El conde caminaba en círculos alrededor de la habitación, pateando de vez en cuando algún objeto presente y maldiciendo en voz baja.

–Quien quiera que sea el responsable, la pagará muy caro. –amenazó el pelinegro.

–Sasuke, he estado pensando en eso. –admitió Minato. – ¿Todo esto es culpa de la maldición?

–La maldición sólo me afecta a mí, no a Naruto.

"Sangre con sangre, Uchiha"

–Entonces, el culpable debe de ser una persona muy cercana a la familia, porque pudo traspasar la vigilancia que pusiste. Y muy astuto, además. Sasuke, quisiera…

Sasuke dejó de prestar atención al discurso del rubio Namikaze para enfocarse en sus propios pensamientos que no hacían más que llevarlo en círculos para volver a la misma pregunta. ¿Quién quisiera ver a Naruto muerto? Debía de ser alguien extremadamente furioso, frío, calculador y sin escrúpulos. El rostro de una mujer que encajaba dentro de esas características saltó de repente a su mente.

– ¡Karin!

–Sasuke, ¿estás escuchándome?

Sasuke ni siquiera respondió. Karin tenía el motivo perfecto para querer sacar a Naruto de su camino, sobre todo después de la última charla que tuvo con ella. La pelirroja esposa de Lord Orochimaru poseía los recursos y la sangre fría suficientes para asesinar al rubio sin pensárselo dos veces. Furioso, salió de la habitación a paso veloz, dispuesto a aclarar ese asunto de una buena vez por todas con Karin.

– ¡Sasuke! ¿Por qué nadie me escucha en esta casa?

– ¿Pasa algo, papá? ¿Dónde está el teme? –Naruto hizo su aparición en la biblioteca. Se veía un poco pálido y cansado.

–No sé qué ha pasado. Murmuró el nombre de Karin y salió hecho una furia. –explicó Minato poco después de abrazar a su primogénito. –Pero dime, ¿estás bien? ¿te duele algo?

–Me duele todo el cuerpo, papá, pero Iruka ha dicho que estoy bien. –se frotó la nuca adolorida. –Lo más grave es el pequeño chichón en la cabeza, pero pasará pronto.

–Naruto… –Minato habló con una voz que Naruto conocía extremadamente bien, pues era el mismo tono que su padre utilizaba para regañarlo. Se aseguró de que la puerta estuviese bien cerrada. –Debemos hablar. Quiero que nos vayamos de Konoha mañana mismo.

– ¡No puedes hablar en serio! –exclamó el menor de los rubios. –No puedo irme y dejar a Sasuke…

–Lo que no puedes hacer, es quedarte aquí un día más. –le interrumpió. –Hace unas semanas alguien intentó matarte mientras paseabas con Madara y ahora ¿otra vez intentan asesinarte en tu propia casa? Entiende, este lugar no es seguro. Y mientras el culpable no aparezca, no pienso dejar que intenten hacerte daño una vez más.

–Papá, no puedo irme. –Naruto suspiró cansado, dejándose caer sobre uno de los sillones. –Desde que acepté casarme con Sasuke, Konoha se volvió mi casa.

–Naruto, no es ninguna opción. Estoy seguro de que incluso Sasuke estará de acuerdo en que te marches del lugar hasta que el asunto esté completamente claro.

–No me iré. Si me voy, echaré por la borda todo lo que he logrado con Sasuke. No me voy a ir de aquí para lanzar al teme directo a los brazos de esa mujer. –se cruzó de brazos. Nada de lo que su padre dijera lo haría cambiar de opinión.

–Hijo, debes de…

–Soy el conde de Uchiha, papá. Voy a quedarme aquí y mientras restauro el castillo, investigaré quién es el culpable. La única manera de sacarme de aquí será atado y amordazado, esa es mi última palabra.

Minato se masajeó las sienes al sentir una punzada. Dentro de poco tendría una migraña por culpa de esa discusión con Naruto. Pocas veces en su vida había obligado a su hijo a hacer algo que éste no quisiera, pero en esta ocasión, Naruto debía de entender que la decisión que estaba a punto de tomar era por su propia seguridad. Un padre siempre protegería a su hijo.

–De acuerdo. Como eres el conde de Uchiha, al único al que le debes respeto es a Sasuke. Hablaré con él y si tu esposo te ordena que vuelvas a la ciudad, lo harás sin rechistar.

–Sasuke no me obligará.

–Tú conoces a Sasuke mejor que nadie en el castillo. No necesito decirte que Sasuke haría cualquier cosa por protegerte.

"Porque allá, lejos de mí, es el único lugar en el que te puedo proteger de la maldición."

–Papá, espera. –Minato no giró para mirarlo, continuó su camino hacia la puerta.

–Harás lo que el conde ordene. –a Naruto le sorprendió escuchar el eco del portazo resonando en cada una de las paredes de la biblioteca.

Minato se mordió los labios, recargando la espalda sobre la puerta recién cerrada. ¿Cómo podía explicarle a su hijo que él consideraba a Sasuke el principal sospechoso? El conde era el único que sabía de la fascinación de Naruto con los misterios del castillo y podía haberse aprovechado de eso para llevarlo allá y dejarlo encerrado hasta morir de sed, como insinuó Madara. Había sido Kakashi el que escuchó los raros golpeteos en la puerta de las mazmorras y el que notó que era extremadamente sospechosa la enredadera recién cortada. Si no fuera por su fiel amigo, seguramente la búsqueda de Naruto continuaría. Y ahora, tenía que convencer a Sasuke para que obligara a Naruto a regresar a la ciudad, sin embargo, no podía alejar de su mente el pensamiento de que quizá el propio conde era el que intentaba asesinar a su hijo. Era una misión peligrosa y Naruto tal vez se sentiría traicionado, pero Minato sólo hacia lo mejor para su hijo. Se dirigió al recibidor, esperaría a que Sasuke llegara y aclararía sus dudas de una vez por todas.

Sentado en la casi penumbra, Naruto rememoró las horas transcurridas en los calabozos, cuando pensó que en verdad nadie lo encontraría a tiempo. La obscuridad, contrario a otras personas, no solía provocarle ningún tipo de miedo o ansiedad porque le hacía mirar las cosas de otra manera. ¿Las cosas cambiaban a la luz del día? Esa pregunta cruzó su mente con fuerza. Se levantó de un salto, recordando de pronto el rostro del hombre que habló con Shizune. En un primer momento no había podido identificarlo porque el desconocido descubrió su rostro bajo la luz del sol, pero ahora que estaba sentado a la media luz de las sombras, recordó el ataque que había sucedido durante una de las salidas con Sasuke, antes de su compromiso. La noche del teatro, cuando había descubierto a Sasuke defendiendo a la chica del canasto con flores y después, su paseo por el parque. Un sujeto había salido de entre las sombras, lanzándolo al piso y después arremetiendo contra el moreno conde. El tipo se había logrado zafar del agarre de Sasuke y huyó pero no antes de que Naruto pudiese grabar su rostro en la memoria. ¡Él y el sujeto con el que había hablado Shizune la tarde pasada eran la misma persona! ¿Qué hacía un vulgar ladrón de ciudad en Konoha? Su respiración se aceleró al atar los cabos. Shizune tenía mucho qué explicar… y quizá ni siquiera Minato sabía en lo que estaba metido.


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Sasuke exigió a gritos hablar con Karin. La joven doncella temblaba de miedo frente a los furiosos alaridos del conde, sin saber si temerle más al propio moreno o al castigo que le impondría su ama Karin si ella entraba a interrumpir su "charla" con Lord Hidan.

– ¿Dónde está ella? –exigió saber Sasuke.

–E-ella no se en-encuentra en es-este momento, conde Uchiha. –mintió, escondiendo la mirada.

– ¡Sé que ella está aquí! Si no me respondes en dónde está, buscaré en cada habitación hasta encontrarla. –amenazó.

– ¡Mi Lord! –ella intentó detener al conde que se dirigía hacia las escaleras, pero la voz de su ama desde lo alto de la escalinata fue capaz de interrumpirlo.

– ¿Por qué tanto escándalo? –Karin se veía desaliñada, con el cabello revuelto, el maquillaje sin retocar y vistiendo sólo una bata de dormir sobre su desnudo cuerpo. – ¿Qué mierda haces aquí, Sasuke?

–Vine a hablar contigo.

–Cómo ves, estoy bastante ocupada. –Sasuke no pasó por alto el delator rubor que cubría el cuerpo blanco. –Si has regresado a pedirme otra oportunidad, puedes irte al carajo.

–No vine por eso. –subió las escaleras hasta situarse a unos escalones de distancia de Karin. –Vine a advertirte que dejes a Naruto en paz.

– ¿Naruto? ¿Y yo qué mierda tengo que ver con tu estúpido doncel?

– ¡Es suficiente, Karin! –la pelirroja se sobresaltó al sentir la cruel mano de Sasuke atenazarla con fuerza del brazo. –No te hagas la estúpida, sé muy bien que tú has estado detrás de todos los accidentes de Naruto.

– ¡Por supuesto que no! –ella intentaba zafarse del agarre. –Yo no tengo nada que ver con tu putita personal, Sasuke. Por mí, puedes follártela todo el día y ni siquiera parpadearé.

– ¡Conoces Konoha a la perfección! –susurró como un animal a punto de atacar a su presa. –Sabes los secretos del castillo porque yo te los contaba y tú fingías escucharlos alegremente.

–No entiendo de qué estás hablando. ¿Qué tengo que ver yo con tu estúpida Konoha?

–Sabes exactamente de lo que hablo.

–Si supiera de lo que hablas, podría entenderte, imbécil. –con un tirón, por fin se soltó del agarre. –Ahora lárgate de mi casa, conde idiota, estoy ocupada atendiendo a tu suplente, así que piérdete. No quiero verte más, Sasuke. –Karin se forzó a tragarse el nudo que crecía en su garganta, ahogando también las lágrimas. A pesar de todo lo que había sucedido, no podía negar que amaba a Sasuke de una forma un tanto bizarra. –No me hagas más daño, vete ya.

–Te lo advierto, Karin. Si vuelves a intentar hacerle daño a Naruto o a cualquiera de la familia, lo pagarás muy caro.

–Perfecto, ya lo entendí, pero yo no he hecho nada. Lárgate de una puta vez, Sasuke. Espero que sufras al igual que yo cuando descubras a la putita de tu esposa en brazos del duque Gaara.

–Karin…

– ¡Márchate de mi casa ahora!

Con una última mirada de advertencia, Sasuke salió de la mansión de Karin, esperando que fuera en verdad la última vez que ponía un pie en ese lugar que tantos recuerdos le traía.


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Naruto se aseguró de que su padre estaba fuera de la habitación antes de enfrentarse a Shizune. Dio un par de golpecitos en la puerta y después entró con cautela. De alguna manera no le sorprendió encontrarse con la mirada negra y decidida de su madrastra. Shizune estaba sentada sobre una de las sillas de la recámara, con las piernas cruzadas y su mirada altiva, como si hubiese estado esperando ese momento.

–Tengo que hablar contigo, Naruto.

–Me alegra que los dos pensemos lo mismo, Shizune. –cerró la puerta tras él. –Porque yo también tengo algo que discutir contigo.

–Es sobre Sasuke. –aclaró la morena.

–Es curioso. Lo que yo quiero hablar gira en torno a mi esposo.

–Lo que te diré es muy delicado.

–No puedo creer tantas coincidencias. –dijo con ironía.

–Naruto, quiero que vuelvas con Ino y conmigo a la ciudad. –confesó Shizune, poniéndose de pie y salvando la distancia que los separaba. –Puedo asegurarte que es Sasuke el que quiere matarte. Tienes que irte de aquí antes de que lo logre.

–Te equivocas, Shizune. ¿Crees que no sé la verdad? El sujeto con el que te observé hablar en el jardín y el que trató de matar a Sasuke la noche del teatro son la misma persona. Tú eres la que quiere matarme.

La mirada de Shizune se iluminó con un brillo especial. Su sonrisa eternamente serena se tensó notablemente y sus manos temblaron.

–Deja caer la máscara, Shizune. Lo descubrí.

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Continuará…


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¡Hola a todos! Lo prometido es deuda, aquí les traigo el capítulo 11 en la fecha acordada, espero que de verdad les guste. ¿Qué piensan del lemon de poco más de cuatro mil palabras? Me costó bastante trabajo porque no quería poner a un Naruto sumiso, esa no es la esencia que quisiera imprimir en este fic, además de que no suelo poner a Naruto como el uke, a mí me gusta un poco más esa faceta agresiva que puede doblegar el orgullo Uchiha… pero bueno, esto es un SasuNaru, un reto personal que me impuse y espero haberlo logrado. Muchos de ustedes esperaban ansiosos este capítulo, así que me gustaría saber sus opiniones ¿me retiro del lemon o es pasable? ¿Es como habían imaginado o es peor o mejor?

En el próximo capítulo veremos el enfrentamiento de Naruto y Shizune ¿ella realmente será la culpable detrás de todos los ataques a nuestro rubio consentido? Se revelará algo impactante y un nuevo problema se avecinará. Sí, ya parezco locutora de telenovela barata.


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En esta ocasión por falta de tiempo no podré contestar reviews, pero les aseguro que leo todos y cada uno de ellos, son la gasolina de mi motor de la inspiración, así que de verdad se los AGRADEZCO MUCHÍSIMO:

Sindey Uchiha Hale Malfoy … - … Goten Trunks5 … - … sasame chan … - … Moon-9215 … - … Karolita … - … SonGriii … - … helena09 … - … RiTzU-kUn … - … Zanzamaru

Muchas gracias también a aquellos lectores que siguen esta historia de manera anónima o la han agregado a sus favoritos, se han suscrito o me han agregado a mí como autora favorita. Gracias.


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Por esa misma falta de tiempo, creo que el siguiente capítulo será actualizado hasta después de año nuevo; como mencioné en el capítulo pasado, he tenido algunos problemas personales que me han robado bastante tiempo de vacaciones, espero recuperarme pronto y volver el año entrante con actualizaciones mucho más frecuentes. Muchísimas gracias por esos reviews de apoyo, me gustaron mucho y me ayudaron a mejorar mi ánimo.

Les deseo felices fiestas y un excelentísimo año 2015.

Cuídense mucho y les envío abrazos y espero que la pasen muy bien.

¡Nos leeremos en enero!

Besos.

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Understand the one that you love, loves you in so many ways.

Kerky

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Número de palabras: 11.245