Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¿Por qué me hiciste eso, Kishimoto? ¡Eras mi ídolo! Odié tu final… de verdad lo odié… así que por eso me dedicaré a hacer fics SasuNaruSasu hasta que nos des el final que merecemos o hasta la indigestión, lo que ocurra primero.)

Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.

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Holy Curse!

Capítulo XII: Desafío

–Deja caer la máscara, Shizune. Lo descubrí.

–Na-Naruto, no sé de qué ha-hablas. –Shizune evitó la mirada azul en todo momento, sintiendo que la pequeña ventaja que tenía sobre Naruto se desvanecía ante la determinación dibujada en los ojos añil.

– ¿Necesitas que lo explique con detalles? Simplemente ya lo sé, así que basta de mentiras.

–No es posible, ¿cómo lo supiste? Pensé que lo había ocultado bien. –la morena sentada en su silla, escondió el rostro entre las manos, no tenía ningún caso seguir con la farsa si Naruto estaba enterado de toda la verdad. –Supongo que no fui lo bastante cuidadosa con mis evasivas. Sólo por curiosidad, ¿qué fue lo que Sasuke dijo al descubrirlo?

–Aún no le he dicho nada a Sasuke.

– ¿Aún no…? –Shizune dejó de ocultarse tras sus manos, mirándolo extrañada. –Entonces ¿cómo lo descubriste? ¿Quién más conoce este secreto?

–No necesité de nadie para darme cuenta. Cuando te vi hablando con ese sujeto en el jardín…

–Espera. –interrumpió a Naruto. – ¿Qué tiene que ver Maito con lo que sabes de mí?

– ¿Maito? ¿Así se llama el sujeto al que le ordenaste asesinarme? –Naruto intentaba mantener su voz bajo control. –Sabía que eras codiciosa, pero no al grado de convertirte en una asesina para que Ino obtenga mi dinero.

–Naruto, creo que estamos hablando de temas completamente diferentes. –la mirada de Shizune cambió a una de perplejidad.

–No, yo sé perfectamente bien lo que estoy diciendo. –exclamó el rubio. – ¡Contrataste a ese tipo para matarme!

– ¡Jamás haría eso!

–No se lo diré a mi padre, pero quiero saber ¿por qué lo hiciste, Shizune? ¿De verdad sólo te interesa el dinero?

– ¡Amo a tu padre! De eso puedes estar completamente seguro. –Shizune se limpió las lágrimas que humedecían sus ojos negros. –Nunca haría nada que lo dañara. Si tú murieras, Minato jamás volvería a ser el mismo y con eso yo perdería al hombre que amo. ¡Por eso contraté a Maito Gai para que te protegiera! El día que nos viste en el jardín, yo estaba pagándole los honorarios de esa semana.

– ¿Protegerme? –soltó el rubio con sarcasmo. – ¡Pues vaya manera de protegerme! Intentó asesinar a Sasuke antes de nuestro compromiso y ahora intenta matarme a mí.

– ¡Naruto, sólo escucha, por favor! –imploró. –Lo contraté para protegerte de Sasuke.

– ¿De Sasuke? –el rubio detuvo sus reclamos un momento para poder entender. Recordó que Shizune también había sido víctima de uno de los misteriosos ataques cuando había sido envenenada, pero existía la posibilidad de que fuera una trampa para quitar todas las sospechas que caían sobre ella. – ¿Por qué me protegerías de Sasuke?

–Porque no sabes de lo que él es capaz. –Shizune no pudo continuar haciéndose la fuerte. Sus rodillas temblaron y se dejó caer sobre la alfombra. –El conde Sasuke es un bastardo sin corazón. Yo no quería que él te hiciera daño, por eso contraté a Maito para separarte de Sasuke, incluso traté de evitar que conocieras al conde. Ese ataque en el parque tenía el objetivo de asustarlo para hacerlo pensar que estar junto a ti era peligroso y se alejara de inmediato de ti. Yo tenía el presentimiento de que te enamorarías perdidamente de él porque eres impulsivo, justo como yo solía serlo.

–Shizune, no te entiendo. –Naruto la miraba consternado. La conversación estaba dando un giro que el rubio no se esperaba.

–Sasuke es un hombre vil. ¿Sabes de lo que es capaz?

– ¿Te refieres a ese cuento acerca de Shizuka? –la morena palideció al escucharlo. –No fue culpa de Sasuke que ella…

– ¡Claro que fue su culpa! –gritó exasperada. –Su maldita cobardía provocó que yo tuviera que abandonar a mi familia, empezando una nueva vida sola y lejos de casa.

Naruto se quedó sin habla, observándola con los ojos azules muy abiertos, intentando de asimilar la nueva información. La puerta se abrió con un sonoro golpe y el conde Sasuke entró, con el blanco rostro cubierto en sudor.

– ¡Shizuka! –el Uchiha escuchó la conversación desde afuera de la recámara y no tardó en reconocer aquello que Shizune tanto escondía.

–Así es, Sasuke. Soy Shizuka Katō. Tardaste bastante en reconocerme, considerando lo íntimos que solíamos ser.

El rubio alternaba su mirada entre Shizune y su propio esposo, buscando una explicación lógica a lo que ocurría en esos momentos.

–Es ella la mujer sobre la cual te hablé, dobe. –explicó Sasuke, con la respiración acelerada y la sorpresa pasmada en sus ojos obscuros. –Pero… creí que estabas muerta.

–Eso era lo que te convenía. –Shizune se puso de pie con lentitud. Sería muy tonto e inútil continuar actuando en la farsa que ella misma había creado. –Tú querías que yo estuviera muerta.

Sasuke comparó mentalmente a la actual Shizune con Shizuka. Llevaba el cabello corto y muy lacio, aquellos hermosos y largos rizos habían desaparecido. Su piel se mostraba más bronceada y sin la lozanía de la juventud. Su voz ahora era baja y profunda, dejando atrás el tono chillón y llamativo que la caracterizaba en antaño. Los últimos años definitivamente la habían cambiado. Lo cierto era que jamás se había parado ni un segundo a observar con atención a la madrastra de su esposo, si lo hubiese hecho quizá la habría reconocido antes.

Naruto ahora entendía el porqué de las excusas de su madrastra para evitar encontrarse con Sasuke, de sus continuos malestares y la negativa al compromiso entre los Uchiha y los Namikaze. Hinata también había mencionado en una ocasión que el rostro de Shizune le parecía familiar, tal vez en algún momento se cruzaron en el camino, lo cual, ahora que la verdad salía al descubierto, no sonaba improbable.

–Shizune… Shizuka, yo pensé que en verdad estabas muerta.

– ¡Me sentí morir, Sasuke! –gritó. – ¿Cómo querías que reaccionara al leer esa carta? Mi mundo se derrumbó.

– ¿De qué hablas? ¿Qué carta? –preguntó Naruto.

–Nunca envié una carta, Shizuka. –respondió con tranquilidad el conde.

– ¡Claro que sí! Karin me la entregó. La carta decía que jamás me amaste, que no te casarías con una mujer tan ridícula como yo y el que nuestro hijo naciera siendo un bastardo era algo que nunca te quitaría el sueño.

–De ningún modo escribiría algo así. –susurró Sasuke. –Puedo ser un imbécil, pero no un cobarde. Algo tan delicado como eso lo habría dicho de frente, sin ocultarme tras un maldito papel.

–Pero Karin… –masculló la morena.

–Karin te mintió, al igual que a mí. –concluyó el conde al atar los cabos sueltos. –Ella me entregó la nota en la que decía que no soportarías la vergüenza de tener un hijo ilegítimo y mucho menos podrías confesárselo a tu familia; también mencionaba lo único que podías hacer para limpiar tu nombre y evitar esa humillación a tu familia: pagar con tu vida. En cuanto lo supe, salí corriendo a buscarte para hablar contigo e impedir esa locura, pero llegué demasiado tarde. Sólo encontré uno de tus zapatos junto a algo de ropa en la orilla del acantilado. No sabes cuantas veces… –Sasuke prefirió callar. No era necesario que Shizune se enterara de las veces que había sufrido viéndola morir una y otra vez en sus pesadillas.

– ¡Nunca me atrevería a matar al bebé que llevaba dentro de mí! ¿Acaso no me conocías? No soy el tipo de mujer que mataría a su propio hijo. –Shizune expresó con pánico en sus ojos. –Karin era mi única amiga, fue la única persona a quien le confesé sobre mi embarazo y ella me prometió que hablaría contigo sobre el bebé. Cuando Karin regresó, traía esa carta como respuesta tuya. Quedé destrozada al leerla, así que ella me sugirió marcharme de Konoha, cambiarme el nombre y fingir que era una viuda respetable. Incluso me ayudó a hacer la maleta y consiguió el transporte y los papeles necesarios para empezar una nueva vida lejos de aquí…

–Todo fue planeado por Karin. –intervino Naruto al comprender. –Ella tomó tu ropa mientras te ayudaba a escapar para poder dejarla junto al acantilado y fingir el suicidio. También falsificó las cartas de ambos con el fin de que concordaran con la mentira que ella inventó para cada uno de ustedes; mientras Sasuke corría a evitar que saltaras, tú ya viajabas rumbo a otra ciudad, de ese modo nunca se encontrarían. Previó cada detalle con el propósito de separarlos sin verse ella misma involucrada. Pero, ¿y el cuerpo que encontraron?

–Nunca se recuperó el cadáver completo. –recordó el moreno. –Erróneamente concluimos que se trataba del cuerpo despedazado de Shizuka. Karin pudo haber arrojado cualquier cadáver decapitado al mar para continuar con el engaño.

–Karin es muy inteligente. –Naruto reconoció con terror la agudeza de la mujer. –Ella te conoce y estaba perfectamente consciente de que cumplirías con tu deber y te casarías con Shizuka al saber que esperaba un hijo tuyo. Con su farsa, logró arruinar la vida de tres personas: Tsunade, Sasuke y Shizuka.

La habitación se sumió en silencio mientras cada uno se hundía en sus propios pensamientos. El primero en romper el mutismo fue Sasuke al caer en la cuenta de algo que le heló la sangre.

– ¿Eso significa que Ino es mi…?

–No. –se apresuró a contestar la mujer. –Durante el viaje, perdí al bebé. Después me encontré con Minato, le oculté mi pasado y me enamoré de él. Ino nació un año después de la boda. Yo no deseaba que te casaras con Naruto y, después del compromiso, traté de ocultar mi rostro para que no me reconocieras. No quería que expusieras mi secreto y mucho menos deseaba convertirme en la comidilla de la ciudad.

–El pasado siempre nos alcanza, Shizune. –respondió Naruto con suavidad. Se sentía incómodo de saber que su actual madrastra había sido la amante de su esposo en algún momento del pasado. –Aclarado este punto, creo que estoy bastante cansado por el accidente, será mejor que vaya a dormir.

–Naruto. –Shizune se apresuró a tomarlo del brazo para impedir que el rubio saliera. –Dime, ¿piensas decirle algo a Minato?

–Eso no es de mi incumbencia, Shizuka… o Shizune, ya no sé cómo llamarte. –Naruto le regaló una fría mirada de sus ojos zafiro. –Yo no se lo diré, tal vez deberías considerar el comentárselo tú misma.

Las palabras de Naruto se escuchaban firmes y concluyentes. Shizune se limpió las lágrimas, sorbió su nariz y enderezó su postura. Sabía que ella debía de confesárselo al propio Minato o de lo contrario, Naruto o Sasuke tomarían medidas como represalia.

–Debes decírselo. Si no lo haces, entonces mi padre se enterará por otra persona y no tendrás ninguna oportunidad para explicarle tu propia versión de la historia.

–Estoy de acuerdo con Naruto. –intervino Sasuke. –Si necesitas mi apoyo…

–Estaré bien, Sasuke. –le interrumpió Shizune. –Después de todo, las cosas terminaron de la mejor manera posible y debo de agradecérselo a Karin. –Shizune notó las miradas negra y azul clavadas fijamente en ella y explicó: –Sin la mentira de Karin, ahora tú y yo estaríamos infelizmente casados porque realmente nunca estuviste enamorado de mí y un matrimonio sin amor nunca funciona; yo jamás habría conocido el verdadero amor de Minato y tú nunca habrías tenido a Naruto dentro de tu vida.

Sasuke reflexionó por un momento las palabras de Shizune y después observó a Naruto alejarse. La mujer tenía razón, a pesar de todo nuevamente gracias a Karin había conocido a Naruto. Era, de alguna bizarra y retorcida manera, un designio del destino el tener que encontrarse con Naruto, el que su vida llena de tinieblas se iluminara por la presencia de un rayo de luz rubio. Quizá él era el que pudiera detener la maldición de los Uchiha.

Siguió a Naruto hasta la habitación principal, sin pasar por alto que Naruto tomaba algunas de sus pertenencias y regresaba a su antigua habitación. Los últimos días habían compartido la habitación de Sasuke y por eso le sorprendía el reciente comportamiento de su rubio esposo.

– ¿Qué estás haciendo, dobe?

–Preparándome para dormir. –respondió el Namikaze sin mirar a su compañero. –Estoy bastante cansado, buenas noches, Sasuke.

– ¿Qué estás haciendo aquí y no en nuestra cama? –insistió.

Naruto le lanzó una mirada indiferente desde la suavidad de su vieja cama antes de contestarle.

–Estoy en mi cama.

–Esta ya no es tu cama.

–Sasuke, es sólo que… –Naruto suspiró, buscando las palabras que le permitieran explicar lo que en esos momentos corría por su mente. –Es… raro… pensaba que Shizune era la mujer que intentaba matarme y lo que realmente descubrí fue que mi esposo era amante de mi madrastra y ella estuvo esperando un hijo suyo. ¿No crees que es normal el que yo esté alterado? No quiero compartir la cama contigo por el momento, teme. Dame un poco de tiempo para asimilarlo.

El moreno entendía la situación y sabía que no era fácil. Incluso Naruto lo estaba tomando bastante bien, porque si los papeles estuvieran invertidos… Sasuke estaba seguro de que él no reaccionaría con tanta tranquilidad ante el ex amante de su rubio esposo. Tomó una gran bocanada de aire y se sentó a los pies de la cama.

–Me gustaría explicártelo, usuratonkachi.

–Habla si quieres. –Naruto se acurrucó, escondiéndose entre las sábanas. –Te escucharé.

–Conocí a Karin en un baile y quedé prendado de ella. La sociedad se escandalizó cuando Karin se comprometió con Orochimaru y yo la seguí hasta la ciudad. Utilicé a Shizuka para darle celos a Karin y cuando por fin ella me aceptó en su cama, dejé a Shizuka sin pensármelo dos veces, admito que yo era un adolescente cegado por la lujuria. A Fugaku no le gustaron para nada los rumores sobre mi relación con Karin, pero lo que más le molestó fue enterarse de que Shizuka se había suicidado por mi culpa, pero juro que de haber sabido lo de embarazo, habría cumplido mi deber y me habría casado con ella. Desde que Fugaku supo del incidente con Shizuka, él jamás volvió a dirigirme la palabra y yo nunca volví a pisar Konoha, hasta el día de su muerte. –lo que estaba diciendo quizá enfurecería aún más a Naruto, pero era algo que había cargado en silencio durante varios años y ahora tenía que decírselo a alguien. –Naruto, tú has sido el único que ha escuchado mi historia y no me ha juzgado por eso…fuiste la única persona que no me acusó de ser un asesino y esa confianza es algo que quiero agradecerte, dobe.

Naruto permaneció inmóvil, escuchando los pasos de Sasuke alejándose de su cama y regresando a la habitación principal. No podía enojarse con Sasuke por algo que había ocurrido en el pasado, era como si Sasuke se enojara con él por besar al conde italiano que lo pretendía un par de años atrás. Sin embargo, necesitaba un tiempo para asimilarlo. Se revolvió en el colchón, buscando una posición cómoda para dormir y abandonar los problemas terrenales por unas horas.

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"Sálvalo. Salta."

Miró hacia abajo, sin sorprenderse por encontrarse cientos de rostros sanguinolentos, deformes y algunos incluso en franco estado de descomposición. Todos lo animaban a dar un paso al frente para caer al precipicio junto con ellos. En el horizonte, Shizuka con sus largos cabellos negros ya no lo miraba, simplemente caminaba con tranquilidad sobre la salina agua del mar, alejándose del caos. El sueño había cambiado nuevamente y Shizuka ya no era protagonista de él.

"Rompe la maldición. Salta."

Curiosamente, no tenía miedo ni sentía enojo o ansiedad. Una lágrima carmesí resbaló por su mejilla y cayó hacia el abismo, resonando en lo profundo de la obscuridad como un pedazo de cristal rompiéndose en mil pedazos. Alzó ambas manos hacia los lados, imitando las alas de un pájaro mientras su mente se nublaba por el olor de la sangre seca de algún lugar cercano. Uno de sus pies se levantó, colocándose sobre el aire. En cuanto el segundo pie se moviera, perdería su sustento y caería. En los rostros desconocidos se dibujaron sardónicas sonrisas que lo invitaban a dar ese segundo paso y caer junto a ellos.

"Sasuke"

Su nombre sonaba de una manera terrorífica en los labios de aquellos seres extraños. Cerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire. Quizá al caer, al dejarse llevar por ellos, sus pesadillas terminarían. Pesadillas que, indudablemente, aparecían cuando el rubio no dormía a su lado.

"Sasuke"

– ¿Qué mierda piensas que estás haciendo, teme? –la voz de Naruto lo trajo de golpe a la realidad. Fue tan brusco el cambio de escenario que necesitó de un par de minutos para darse cuenta que ya no estaba dentro del sueño.

Sus negros ojos escudriñaron a su alrededor, reconociendo la terraza del segundo piso, Sasuke estaba apoyado sobre el cuerpo de un adolorido Naruto que frotaba con frenesí el chichón en la parte posterior de su rubia cabeza. El conde azabache, frunciendo el ceño, se puso de pie y le tendió una mano a Naruto para ayudarlo a hacer lo mismo.

– ¿Qué pasó?

– ¡Es lo que yo debería de preguntar, bastardo! –el rubio tomó con firmeza la mano que Sasuke le tendía para incorporarse de un salto y enfrentarlo. –Salgo a la terraza a tomar una taza de café y te encuentro parado sobre el barandal, con intenciones de saltar. ¿Pero qué mierda piensas, Sasuke?

El moreno se quedó perplejo, confrontando la información recibida con lo ocurrido durante el sueño. ¿En verdad había estado a punto de saltar al vacío, justo como en la pesadilla? No era suficiente altura para matarlo, pero sí para infringirle un gran daño.

–Yo no… no recuerdo nada.

Fue el turno de Naruto para mirarlo con incredulidad. Al salir a la terraza había encontrado a Sasuke sobre la barandilla, a punto de dar un salto hacia la nada. Al principio, el rubio pensó que Sasuke sólo bromeaba, pero cuando el conde no respondió a sus llamados, se preocupó. Fue necesario que Naruto lo tomara de la camisa y lo jalara hacia atrás, cayendo sobre él y dando como resultado un golpecito en la cabeza. Jamás había visto a Sasuke actuar de esa manera tan descuidada. Tomó un pañuelo de su bolsillo y se acercó a su moreno esposo, limpiando con destreza el camino que la lágrima carmesí había dejado impreso en el rostro níveo de Sasuke.

– ¿No lo recuerdas, teme?

–Nada. –aseguró, sintiendo el calor que los dedos de Naruto dejaban sobre su mejilla. –Por la noche dormí en mi habitación, no tengo ni la más remota idea de cómo llegué aquí.

–Quizá eres uno de esos raros casos de personas que caminan dormidas. –aventuró el rubio.

–Se llama sonambulismo, dobe. Y no, jamás me había pasado algo así. –respondió Sasuke.

–Puede ser la primera vez.

–Los casos de sonambulismo comienzan desde la infancia. –el moreno se sentó en una silla y se sirvió un poco de café. –No tiene ninguna importancia.

– ¿No tiene importancia? –reclamó Naruto, cruzándose de brazos y clavando la fiera mirada azul sobre Sasuke. –Un minuto más que yo hubiese tardado y ahora tendría que estar despegando tu cuerpo del jardín, idiota.

–Usuratonkachi, no es para…

– ¡Tú ni siquiera…! –Naruto calló de golpe, desviando la mirada. –Ni siquiera imaginas cómo me sentí al verte ahí, a punto de saltar.

– ¿Crees que no lo sé? Sólo recuerda aquella ocasión en el acantilado.

Naruto se mordió la lengua al reconocer que Sasuke tenía razón. La misma situación se repetía una vez más pero con los papeles invertidos.

–Como sea, a partir de esta noche aseguraré las puertas antes de dormir, de esa manera no podré salir si esto vuelve a ocurrir. –declaró el moreno. –Dejaré a un guardia custodiando mi habitación para mayor seguridad, si eso te tranquiliza. –Naruto asintió, conforme con las medidas de seguridad que Sasuke pensaba implementar.

–Teme, hay algo de lo que debemos hablar.

El rubio había pasado la mayor parte de la madrugada dándole vueltas al asunto sobre el posible asesino dentro del castillo. Al descartar a Shizune, los mayores sospechosos eran el propio Sasuke y Karin. Le dolía sólo imaginar la posibilidad de que Sasuke fuera el verdadero implicado, fingiendo un amor que no sentía con el propósito de bajar sus defensas.

– ¿Qué sucede?

–Es sobre lo que ocurrió ayer. –confesó Naruto con voz baja. –Fuiste tú el que me citó en ese lugar.

– ¡De ninguna manera! ¿Piensas que yo sería capaz de matarte? ¿Después de todo lo que hemos pasado juntos, dobe?

–Tú eres el único que sabía de mi entusiasmo por ver esas mazmorras. –Naruto, convenientemente, evitó contestar las preguntas de Sasuke. –Y fuiste tú el que dejó esa nota en mi escritorio.

–Es imposible. –se puso de pie con tanta velocidad, que la silla cayó hacia atrás. – ¿Me estás acusando de ser un asesino?

–Sólo digo lo que sé. –el rubio no podía creer que Sasuke estuviera tras los atentados, pero tenía que confrontarlo para que su mente estuviera tranquila de una buena vez por todas. –Recibí una nota que me citaba en ese lugar y estaba firmada por ti, Sasuke.

–No. –colocó cada mano sobre el reposabrazos de la silla en la que Naruto estaba sentado, impidiéndole escapar y confrontándolo. –Dime, usuratonkachi, y sé sincero. ¿En verdad crees que deseo matarte?

Naruto se perdió en la intensa mirada negra. No, no lo creía capaz. Sasuke simplemente no podía ser la persona que lo quería muerto, porque era imposible fingir el brillo que iluminaba los ojos color obsidiana cada vez que veía a Naruto. Esa imposible fingir cada una de las muestras de cariño que el azabache se empeñaba en ocultar del resto del mundo.

–No. –respondió con un susurro. –Confío en ti, teme.

Sasuke dejó escapar el aire que inconscientemente retenía mientras esperaba la respuesta de Naruto. Se incorporó con suavidad, esperando algo más por parte del rubio.

–Pero, entonces esta nota… –hurgó en sus bolsillos hasta encontrar el pedazo de papel que había encontrado justamente esa misma mañana y el motivo por el cual había decidido salir a tomar el café matutino en la terraza, para pensar un poco más. –Fue lo que encontré en mi escritorio.

El conde tomó el pedazo de papel que Naruto le tendía, examinándolo con ojo crítico. Chasqueó la lengua molesto al darse cuenta de algo y después, clavó sus ojos en el rostro de su esposo.

–Ven acá, usuratonkachi. –no esperó respuesta de Naruto y tomó una de sus muñecas, arrastrándolo a través del castillo hasta llegar a la recámara del rubio.

–Hey, ¿qué…?

–Ven. –insistió. Empujó a Naruto para dejarlo frente al cuadro de la abadía que había pintado algunos días atrás. –Mira eso, dobe.

Sasuke señaló una de las esquinas del cuadro y Naruto de inmediato centró su atención en ese lugar, reconociendo al instante las iniciales del nombre de su marido.

– ¿Esto qué tiene…? –Naruto interrumpió su pregunta al notarlo. La letra S, dibujada sobre el óleo, mostraba un trazo curveado que a simple vista comenzaba en la parte inferior, ascendiendo largamente hasta completar el trazo en la parte superior, una característica propia del excéntrico Sasuke. Comparó esa letra con la que estaba escrita sobre el papel, no necesitaba ser un genio para darse cuenta que el singular trazo no era el mismo que el de la nota.

–Esa es mi letra, por lo tanto la nota es falsa. –declaró Sasuke. –Yo jamás la escribí.

–Entonces… –Naruto titubeó.

–Además, si yo escribiera una nota, definitivamente utilizaría "dobe" en lugar de "Naruto".

Las cosas se volvían más confusas para Naruto con cada nueva pista que descubría. ¿Quién, además de Sasuke, podría saber de su entusiasmo por conocer los calabozos?

–Escucha, dobe, y presta mucha atención porque es algo que no volveré a repetir. –Sasuke colocó ambas manos sobre las cálidas mejillas de Naruto, juntando sus frentes en una sutil caricia. –Preferiría morirme antes de hacerte daño, imbécil. Grábate muy bien eso.

Naruto parpadeó sorprendido por la intensidad de la declaración, cambiando su cara de sorpresa por una sincera sonrisa de felicidad. Acercó sus labios a los contrarios para fundirse en un beso suave y tierno, acariciando los cabellos azabaches al cruzar los brazos sobre la nuca de Sasuke.

–Yo también te quiero, teme.

– ¿Quién dijo algo sobre quererte? –gruñó en tono de broma Sasuke, separándose del rubio pero uniendo una de sus manos con la contraria. –Vamos, los demás nos esperan para desayunar.

Minato tuvo muy poco tiempo para esconderse detrás de la primera puerta que encontró en el pasillo. Ahora se sentía un poco más tranquilo al descubrir que la nota no había sido enviada por Sasuke y darse cuenta de que el cariño que el moreno le profesaba a su hijo era real. La noche pasada había decidido esperar al conde, pero el cansancio hizo mella en él, dejándolo dormido y sin haber escuchado el regreso de Sasuke. El siguiente paso consistiría en encontrar la manera de hablar con Sasuke para convencerlo de poner a Naruto a salvo en la ciudad, tarea que no sería nada fácil dada la terquedad de su hijo.

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–No debería estar aquí, Lord Hatake.

–No soy ningún Lord. –confesó con una sonrisa. –Y tampoco quiero serlo. Una vida tranquila y relajada en el campo es lo que más deseo.

Iruka sonrió con naturalidad, pero se revolvió incómodo en su asiento. Kakashi había adquirido la costumbre de pasearse por su pequeña cabaña cada mañana, dispuesto a disfrutar de un café casero y una rebanada del pay de manzana que tanto le gustaba al noble de cabellos grises. Pero aquella mañana Neji, al que celosamente custodiaba día y noche, había vuelto de su estado de inconsciencia y se quejaba de fuertes dolores en todo su golpeado cuerpo. Si Kakashi lo escuchaba, se enteraría de que estaba ahí y Sasuke le había dado la firme orden de cuidar del Hyuuga sin que nadie se enterara.

– ¿Por qué no tomamos el café afuera? Es una hermosa mañana. –ofreció Iruka.

Kakashi encontró extraña la petición del chico de cabello castaño, pero aceptó sin rechistar. Tomó la jarra de café y un par de tazas, dirigiéndose al cobertizo de la cabaña. El pequeño lugar tenía la mejor vista de todas las cabañas, pues frente a él se extendía el amplio campo cubierto de trigo maduro, con las montañas en el horizonte a través de las cuales se asomaba el sol. El castillo quedaba a espaldas de la cabaña, por lo que únicamente la habitación de Iruka tenía vista hacia el monumental palacio y sus rejuvenecidos jardines.

–Aunque agradezco sus visitas, aun no entiendo por qué viene todos los días.

Eso era algo que ni siquiera Kakashi sabía con exactitud. Platicar con Iruka era fantástico, aunque debía de admitir que eran más los momentos que compartían en silencio que los de charlas. Sin embargo, una duda constante lo mantenía allí, pasmado con la personalidad tranquila del moreno.

–Estoy aquí porque no logro comprenderte, Iruka. –le confesó Kakashi.

– ¿No logra comprenderme? No sé a qué se refiere.

–O quizá, es porque te comprendo demasiado bien. –concluyó Hatake después de planteárselo por un minuto.

–Definitivamente no sé a qué se refiere, Lord… es decir, señor Hatake.

–Tenemos personalidades parecidas, es por eso que puedo comprender perfectamente bien por qué dejaste toda una vida de lujos y decidiste quedarte en el campo. –dijo Kakashi, mirándolo con tanta intensidad que Iruka sintió su cuerpo estremeciéndose. –En tu lugar, yo habría hecho lo mismo.

–Si pudiera entender de lo que usted habla, tendría una respuesta adecuada.

–No finjas más, Iruka. Sé que tú eres un doncel. –Iruka se levantó de un salto, con el pánico reflejado en sus ojos color chocolate.

– ¡Eso no es…!

– ¿No es verdad? –Kakashi también se puso de pie con tranquilidad, rodeando la cintura de Iruka con ambos brazos, atrayéndolo a su cuerpo en un abrazo tan íntimo que Iruka sintió la sangre galopándose en sus mejillas, tiñéndolas de un adorable sonrojo. –Tienes una cintura fina y tus facciones son mucho más delicadas que las de cualquier varón. Es cierto, te esfuerzas mucho por ocultarlo y te felicito porque has logrado engañar a muchos, pero para alguien tan observador como yo, es algo que no puede pasar desapercibido.

La ira inicial de Iruka se transformó en miedo. Luchó para zafarse de los brazos del Hatake, quien lo dejó libre al instante.

–Tú no entiendes. –Iruka, quien siempre hacía hincapié en lo importante de los modales, decidió pasarlos por alto. –Si Sasuke se entera…

–Cálmate, no pienso ir a decírselo a Sasuke. –le interrumpió con suavidad. –No soy ese tipo de hombre.

–Pero si tú te has dado cuenta, no pasará mucho tiempo antes de que los demás lo descubran.

–Sasuke es inteligente, pero no presta mucha atención a aquellas cosas que no le importan. –Y añadió: –La servidumbre es una de esas cosas que no le interesan mucho.

–Pero…

–Minato podría ser un problema porque es inteligente y observador, pero él no dirá nada a menos que tu secreto ponga la integridad de su familia en peligro.

–Entonces, no entiendo. ¿Por qué…?

Iruka dejó la pregunta al aire. El hombre de sus sueños acortaba cada vez más la distancia que los separaba e Iruka podía ver su propio reflejo en el único ojo visible del otro. Sabía que iba a besarlo y descubrirlo hizo que su estómago se contrajera y que sus manos se revolvieran inquietas. Nunca había besado a nadie, primero porque nunca le interesó ninguna mujer y en segundo lugar porque besar a otro hombre hubiera puesto su secreto al descubierto, algo a lo que no podía arriesgarse.

– ¡Iruka! ¿Puedes ayudarnos con el desayuno? Tayuya no podrá cocinar el día de hoy.

El llamado de Sakon lo obligó a poner los pies sobre la tierra. Forzó una sonrisa en su rostro antes de asegurarle al chico de cabellos azulados que iría enseguida, lamentando tener que separarse de su tormento particular.

–Hablaremos después. –le aseguró Hatake.

Iruka asintió y abandonó a Kakashi en el cobertizo de la cabaña. Corrió feliz hacia la cabaña del desayuno, donde la mayoría de los aldeanos se reunía a tomar los alimentos. Algunos otros aldeanos decidían preparar algo en sus propias cabañas, pero una gran parte prefería aceptar el desayuno que los cocineros preparaban cada mañana mientras conversaban con sus compañeros.

Kakashi observó a Iruka alejarse, y se dispuso a llevar los restos del café a la cocina, tratando de dejar el lugar lo más limpio posible. Iruka le interesaba y mucho, sobre todo porque parecía vivir feliz en el campo, rechazando todos los lujos a los cuales podría tener derecho si revelara su condición de doncel. Kakashi estaba guardando el par de tazas en una pequeña alacena cuando escuchó un jadeo. Iruka le había comentado que vivía solo desde que su antiguo compañero huyó de Konoha, por lo que imaginó que quizá un ladrón había entrado al lugar. Empuñó la espada que llevaba colgada en la cadera y avanzó con cautela hacia la habitación del moreno, agudizando su oído, resuelto a defender las pertenencias de Iruka de cualquiera que intentara llevárselas. Con el mayor sigilo posible, abrió la puerta y avanzó en la penumbra, descubriendo al instante el cuerpo semidesnudo de un hombre con largos cabellos castaños tendido en la cama que suponía, pertenecía a Iruka. Decidió no quedarse más tiempo, no necesitaba ver más para comprender erróneamente lo que sucedía, así que salió de la cabaña con pasos rápidos. No sabía por qué, pero no le gustó para nada aquella sensación oprimiendo su pecho y tampoco quería volver a pensar mucho en ello. Iruka, contrario a lo que pensaba, era un lobo con piel de oveja.

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–Sasuke, ¿estás ocupado?

El conde alzó la mirada para toparse con los ojos azules de Minato, preguntándose, como siempre lo hacía al ver a Minato, cómo era posible tanta similitud con los ojos de su propio dobe rubio. Dejó el pincel a un lado y se volvió para prestarle atención al padre de su esposo.

–Estoy pintando, pero eso puede esperar. ¿Qué sucede?

Minato asintió y se aseguró de que no estuviera nadie en los alrededores antes de cerrar la puerta con cautela.

–Necesito hablar contigo sobre la seguridad de Naruto.

Sasuke se sorprendió por la petición del rubio, pero su rostro no demostró ni un ápice de asombro. Con la cabeza, hizo una seña para invitar a Minato a sentarse en una de las dos sillas frente al escritorio, ocupando él la silla principal.

–No es algo fácil lo que voy a decirte. –comenzó Minato. –Pero esto no puede seguir así. No sé si es culpa de la maldición lo que está sucediendo, pero Naruto ya no está seguro ni siquiera dentro del propio castillo.

–Lo sé. –Sasuke apoyó ambos codos sobre el escritorio, uniendo sus manos en un gesto que parecía de la realeza.

–Naruto no quiere ni siquiera escuchar mis advertencias y al único al que le hará caso será a ti, por eso es necesario que seas tú el que le pida a Naruto que se marche de aquí.

– ¿De verdad cree que Naruto pueda estar seguro en la ciudad?

–Sólo sé que la vida de Naruto no había estado en peligro antes de venir a Konoha. –el brillo en la mirada azul bastó para que Sasuke entendiera que Minato lo creía responsable de lo que estaba sucediendo.

El conde se puso de pie y caminó lentamente hacia la ventana a través de la cual la luz del mediodía entraba a raudales, iluminando la estancia. Se quedó ahí, frente a la ventana, con las manos unidas detrás de la espalda.

–Lo que ocurre realmente no sé si es parte de la maldición o existe alguien que a propósito quiere dañar a Naruto. –dijo Sasuke. –Pero, si sospecha de mí, puede olvidarlo. Cuando me casé con su hijo prometí que yo lo protegería y es una promesa que pienso cumplir incluso si mi propia vida está en riesgo.

–Entonces, ¿con eso puedo entender que estás de acuerdo en que Naruto vuelva a la ciudad?

Sasuke pasó saliva, la decisión no era nada fácil, pero la seguridad de Naruto era una prioridad. No quería una vida sin Naruto porque le resultaría insoportable, pero no debía dejar que su egoísmo se interpusiera.

–Sí. Será lo mejor para él. –dijo, admitiendo abiertamente y en voz alta, su incapacidad para proteger al rubio. –En cuanto las cosas se aclaren en Konoha, Naruto podrá regresar.

Minato también se levantó, caminando hasta colocarse detrás de Sasuke y puso una mano sobre el hombro del conde, en una muda muestra de apoyo.

–Sé que no es sencillo para ti, Sasuke. Estoy consciente de lo mucho que quieres a mi hijo y lo difícil que es dejarlo ir.

–Lo importante es su seguridad, lo que yo sienta no debe de interferir con eso. –Sasuke no cruzó su mirada con la de Minato.

–Naruto es demasiado terco para aceptar irse a la ciudad por su propia voluntad, pero obedecerá las órdenes de su esposo.

–Ni siquiera me escuchará a mí. –respondió, girándose. Naruto podía ser tan terco como orgullosos eran los Uchiha. –Debe de haber algo que obligue a Naruto a irse de Konoha.

–Eso será difícil, pues no hay nada que Naruto ame más que a su familia. –señaló el rubio. –He pensado en algo, será doloroso pero estoy muy seguro de que es la única forma en que podremos lograr que Naruto abandone Konoha.

Sasuke volvió a su asiento mientras escuchaba el descabellado plan de Minato. De hacerlo realidad, Naruto se enojaría bastante al enterarse de la verdad y quizá jamás perdonaría a Minato, pero ese era un riesgo que el mayor de los Namikaze y el propio Sasuke estaban dispuestos a correr con tal de mantener a Naruto a salvo.

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–Y aquí está reportado los ingresos de ese año, que fueron reinvertidos en la compra de las semillas para la siguiente cosecha, como se muestra en el siguiente balance. –Madara Uchiha señaló una de las páginas del libro que Naruto revisaba con extrema cautela y al que Kakashi fingía prestar toda su atención. –También se menciona que más de la mitad de la cosecha se perdió por las heladas que trajo ese crudo invierno.

–Sí, es lo que veo. –afirmó Naruto, poniendo mucha atención en cada cifra que reportaba el balance de años pasados. –Aunque entiendo las pocas ganancias del año, no puedo comprender por qué vendieron la poca cosecha a un precio tan bajo.

–No es algo que usted entendería, Lord Namikaze. –respondió Obito mordaz, sin dirigirle la mirada al rubio. –Son cosas de campo que un noble como usted jamás comprendería.

–La calidad de la cosecha no fue la adecuada. –contestó Madara, ignorando a Obito y respondiendo a la duda planteada por Naruto. –Es por eso que no pudimos obtener las ganancias esperadas.

–Me parece que en la ciudad podrían haber conseguido un mejor comprador que pagara el precio real del trigo. –Naruto se quitó los lentes, dejándolos sobre el escritorio de madera. –Creo que sus tácticas de negocios no han sido las mejores, tío Madara.

– ¡¿Cómo te atreves a cuestionar nuestro trabajo?! –bramó Obito enfurecido, golpeando el escritorio y poniéndose de pie.

–Tranquilízate. –ordenó Madara. –Lord Namikaze tiene todo el derecho de juzgar nuestro trabajo y de designar un nuevo administrador si ése es su deseo.

Naruto gruñó disgustado, ya había revisado con sumo detalle las finanzas de Konoha y no encontró ninguna anomalía que le hiciera sospechar ser víctimas de algún fraude, sin embargo algo en Obito le provocaba cierta animadversión y deseaba quitar a ambos Uchiha del control de Konoha, pero esa era una decisión que primero debía de discutir con Sasuke. Kakashi sería el candidato ideal para tomar el puesto de Madara y el propio Sasuke ya había desarrollado cierta amistad con el hombre de cabellos grises, lo cual podría facilitar su nombramiento como nuevo administrador.

–Sí, tal vez debería de cambiar al administrador. –admitió Naruto, ganándose una furiosa mirada cortesía de Obito.

– ¡Maldito seas, Naruto! ¿Por qué no te dedicas sólo a calentar la cama de Sasuke y dejas los asuntos de hombres en nuestras manos? –explotó el menor de los Uchiha presentes. –Eres un doncel, entiéndelo.

–No te atrevas a repetir eso de nuevo, Obito. –replicó el rubio. –No lo toleraré, es una ofensa contra…

– ¡Maldita sea! –tres rostros estupefactos se clavaron sobre Kakashi Hatake. Los libros ahora yacían desperdigados sobre el suelo y el Hatake se dedicaba a patear una mesita cercana. –Mierda, mierda, mierda…

Naruto intercambió una mirada de perplejidad con Madara. Durante toda la reunión, Kakashi se había mostrado desconcentrado, fuera de sí y apenas había prestado atención a lo que Madara explicaba. Naruto sabía que algo andaba mal con su casi hermano porque Kakashi nunca se comportaba de esa manera.

–Hablaremos después, pero no olvidaré esta ofensa, Obito. –les indicó el rubio. –Necesito conversar a solas con Kakashi.

Los dos Uchiha asintieron y abandonaron de inmediato la habitación, dándoles la privacidad que necesitaban.

– ¿Qué es lo que pasa, Kakashi?

–No es nada, Naruto. –tomó una gran bocanada de aire, forzándose a recuperar el sentido común, pues no era nada habitual que él desatara su furia de esa manera. –Lamento haber interrumpido la sesión, pero como puedes ver, no soy el contador más confiable en estos momentos.

–Exactamente eso es lo que me sorprende. –Naruto lo guio hacia un sillón cercano para sentarse frente a él. –Sabes que puedes contarme lo que sea. Tu repentino ataque de furia tiene algo que ver con… ¿Cómo se llama? Creo que su nombre es Iruka.

Kakashi se sorprendió por un segundo antes de dibujar una sonrisa en el rostro. Naruto podía leerlo como una hoja en blanco y no sabía si agradecer o maldecir esa habilidad del rubio.

–Descubrí que él no es la persona que pensaba. –confesó en un susurro.

–Dime, ¿qué es eso tan malo que no puedes perdonarle?

–Encontré a otro hombre en su cama. –le reveló Kakashi, con la mirada perdida en algún punto muerto de la habitación. –Pensé que tal vez…

–Espera… ¿estamos hablando del mismo chico? ¿El chico moreno de cabello castaño que me curó el brazo el día de la caída en el acantilado?

–Sí, él es Iruka. –respondió Kakashi confundido. – ¿Por qué preguntas eso?

–No es nada, olvídalo, Kakashi. –no era el mejor momento para mostrarle a Kakashi lo impresionado que estaba por pensar en una relación entre él y otro varón. No era lo más raro del mundo, pero sí muy inusual. –Sólo que jamás imaginé que a ti te gustaría otro hombre…

–Respecto a eso, ¿prometerás guardar el secreto? –ante el cabeceo afirmativo de Naruto, continuó: –Iruka es un doncel.

– ¿Cómo es eso posible? –exclamó boquiabierto. –Si es un doncel, entonces debería de estar rodeado de lujos en la corte y…

–Precisamente es lo que me atrae de él. –reveló el ojinegro. –Me intriga su personalidad y saber por qué renunció a los lujos que podría obtener si manifestara su verdadera condición. Cambió las ostentosas salas de la corte por la sencillez y el trabajo duro del campo. De cierta manera, me recuerda a mí mismo hace un par de años.

–Bueno, ser un doncel de clase baja no es tan sencillo. –explicó Namikaze. –Iruka habría sido llevado a la corte y después, sólo tendría dos opciones: casarse con un noble que el rey asignara o quedarse en el palacio a servir a la realeza. Tal vez por eso prefirió ocultarse.

–Es lo mismo que yo imaginé. –Kakashi inclinó la cabeza hacia atrás, dejando que sus ojos vagaran por la inmensidad del techo. –Quería conocerlo más, es una persona sencilla y agradable. Busca una vida tranquila al igual que yo. Pero, descubrir a ese sujeto en su cama…

–Kakashi, ¿le has dicho de tus intenciones a Iruka? –Naruto interrumpió. –Es decir, si aún no hay un compromiso entre ustedes, ¿cómo podrías exigirle fidelidad? Él es libre de hacer lo que quiera y de estar con quien desee. Si esta situación hubiese pasado cuando ya estuvieran comprometidos, entonces habría que tomar otras medidas.

–Creo que sentí… celos. –admitió Kakashi después de reflexionar una vez más sobre esa extraña sensación de opresión en el estómago que experimentó al encontrar a ese hombre en la cama de Iruka. –Nunca había sentido algo así.

–Si Iruka en verdad te interesa, creo que deberías decírselo. –declaró Naruto, con su eterna sonrisa pegada en el rostro. –Quizá todo sea un malentendido y las cosas pueden tener una explicación lógica.

Kakashi contestó a la sonrisa del rubio con otra sonrisa. Naruto tenía razón, debía de decirle a Iruka sus recientemente descubiertos sentimientos antes de sacar conclusiones apresuradas. Con una renovada dosis de energía, se puso de pie, dispuesto a arreglar ese asunto.

–Tienes razón, Naruto. –Kakashi revolvió los rubios cabellos del Namikaze. –Parece que estar casado te ha hecho madurar.

–No digas esas cosas, Kakashi. Es sólo que algo parecido me ha pasado a mí también. –dijo, recordando el reciente hallazgo de lo que una vez existió entre su esposo y su madrastra. –Bueno, iré al pueblo a comprar un par de cosas que necesito. ¿Te gustaría acompañarme?

–Quisiera ir a hablar con Iruka en este momento, pero si irás solo al pueblo, entonces te acompaño. Minato jamás me perdonaría el haberte dejado a tu suerte.

–Adelante, ve y habla con Iruka. –ofreció el rubio. No tardaría mucho en el pueblo, sería un viaje corto e iría acompañado por dos de los guardias contratados por Sasuke. –Llevaré a algunos guardias conmigo y además, intentaré convencer a Hinata, me preocupa que lleve varios días sin salir de su habitación.

Kakashi se despidió con una leve palmada en la espalda y salió del estudio. A Naruto le costó mucho trabajo persuadir a Hinata de abandonar su habitación y acompañarlo al pueblo, pero de cierta manera se sentía un poco incómodo de ir a comprar lo que necesitaba sin la compañía de una mujer. Casi tuvo que arrastrar a la Hyuuga hasta el carruaje que los esperaba y después volvió a su habitación, encontrando en uno de sus cajones una pequeña rama de aquella planta que necesitaba comprar. Utilizaba esa hierba para preparar un té amargo, el cual reducía su capacidad de concepción. Naruto, distraído por naturaleza, no lo tomaba con regularidad, pero esa mañana se había sorprendido al descubrir que sus reservas estaban a punto de terminar. No era que no deseara un hijo de Sasuke, pero las cosas no estaban en el mejor momento para llamar a la cigüeña y encargar al primer heredero de la familia Uchiha. Todavía quedaban muchas cosas que debía de resolver, sobre todo acerca del sospechoso asesino.

El viaje en el carruaje transcurrió lento y tranquilo. Hinata miraba perdida a través de una de las ventanas, dejando que sus pensamientos volaran más allá de las colinas. Naruto esperaba que el pequeño viaje pusiera un poco de color en las pálidas mejillas y alegría en los tristes ojos color perla. El carruaje se detuvo a unas cuadras de la plaza principal de Konoha.

– ¿Pasa algo? –preguntó Naruto al chofer. – ¿Por qué te has detenido aquí?

–Creo que hay un festival. –el viejo chofer señaló hacia el horizonte, donde se podían notar varios carruajes parados cerca de la plaza y una algarabía de personas recorriendo las calles. –Me temo que tendrá que caminar hasta la plaza, Lord Namikaze.

– ¡Vaya, un festival! –Naruto estaba mucho más emocionado que molesto. Tomó una de las muñecas de Hinata y la obligó a bajar del carruaje. –Vamos, Hinata. Quiero ver lo que sucede.

Caminaron el par de cuadras que los separaba de la plaza con los guardias vigilándolos a pocos metros de distancia. La gente se reunía alrededor de la explanada principal para ver a varias mujeres bailando envueltas en largos y tradicionales vestidos de colores brillantes. La gente aplaudía y había varios puestos alrededor donde se podía encontrar desde comida típica hasta vasijas de porcelana decoradas a mano. Naruto comenzó a pasear por todo el lugar, embelesado por la majestuosidad del festival. Hinata miraba distraída a la multitud, siguiendo al rubio a través del gentío.

–Escuché que habrá una pequeña obra de teatro con máscaras, ¡me encantaría verla! Pero primero tendremos que ir a comprar lo que necesito. –explicó el rubio después de oír discretamente lo que otros aldeanos comentaban.

Salieron de entre la muchedumbre para internarse en el mercado principal del pueblo. No era fácil encontrar la hierba que necesitaba, así que tuvo que preguntar en varios locales comerciales antes de toparse con un pequeño puestecito dirigido por una mujer mayor. Compró la dichosa hierba, explicando con exageración que era para Hinata y no para él, con el afán de no llamar tanto la atención.

Mientras recorrían el camino de vuelta a la plaza, Naruto notó que varias miradas indiscretas se posaban en Hinata y en él, a lo cual se le sumaron después diversos cuchicheos.

–Supongo que aún es muy pronto para que la gente olvide lo que pasó. –murmuró Naruto, refiriéndose al incidente ocurrido durante el juicio. –No hagas caso a las habladurías, Hinata, ellos no conocen toda la historia.

A Hinata ya no le importaba mucho la opinión de la sociedad; aunque quisiera, sería imposible enlodar más el nombre de los Uchiha. Todavía se sentía culpable por lo sucedido y deseaba con todas sus fuerzas poder encontrar alguna forma de reparar el daño ocasionado a Sasuke y a toda la familia. Pero, por otra parte, se sentía tranquila. Nunca volvería a ver a Shino, aún tenía a Natsuki con ella y ahora era libre. La mujer detuvo sus pasos con firmeza, ocasionando que Naruto casi cayera hacia atrás por detenerse tan repentinamente.

– ¿Qué sucede, Hinata?

–Iré a la comisaría, necesito preguntar por Neji. –Naruto sonrió al escuchar que Hinata por fin rompía su mutismo autoimpuesto. –Es algo que tengo que hacer si quiero volver a dormir tranquila. Me reuniré contigo en un momento.

–De acuerdo, si eso es lo que deseas. –él accedió, después de todo no quería desaparecer la ilusión de los ojos de su amiga. Hizo una seña a uno de los guardias para que la acompañara. –Nos encontraremos en la plaza principal. Estaré viendo la obra de teatro.

Hinata agradeció sinceramente el apoyo de Naruto y se encaminó hacia la comisaría. No tardaría mucho, sólo quería saber algo del paradero de Neji que le permitiera comenzar su búsqueda a escondidas de Sasuke y de Kiba. Estaba dispuesta a dejar atrás su dolor y buscarlo, pues había estado tan enfrascada en su propia tristeza que había olvidado que Neji podría estar en pésimas condiciones. El camino hasta la comisaría fue corto pero no pudo ocultar su decepción al enterarse que los policías no tenían idea de lo que había pasado con el hombre que Hinata describía.

En la plaza principal, Naruto corría entre los puestos sin prestar atención a las murmuraciones ni a los fríos ojos que lo observaban. Los cuchicheos disminuyeron cuando el pequeño acto de teatro estaba a punto de comenzar y el rubio se acercó al escenario, sin perderse jamás de la mirada estricta del guardia que lo acompañaba. En el escenario aparecieron varias mujeres vestidas con largas túnicas y máscaras blancas de toscos rasgos que exageraban los sentimientos representados. La obra transcurrió sin incidentes hasta que la nueva integrante del elenco apareció en el escenario. Ella se quedó muda en medio de la escena y varias de sus compañeras comenzaron a llamarla con susurros bajos para hacerla reaccionar. La máscara retumbó al caer sobre la madera del escenario, descubriendo a una mujer joven y delgada, de rasgos finos, guapa y con unos llamativos ojos color castaño que miraban estupefactos a la multitud, clavándose en el lugar donde Naruto se encontraba de pie.

–Es él…

–Aoi, ¿qué es lo que sucede? –una de las figuras se acercó a la joven, sacudiéndola del hombro. – ¿Te sientes mal?

– ¡Es él! –esta vez gritó, señalando directamente a Naruto. – ¡Él es el joven que estaba besando al amo Gaara! El duque afirmó que no dudaría en tomarlo.

– ¿Estás completamente segura de lo que dices? –preguntó la misma chica. –Sería mejor que guardaras silencio porque ese joven es el esposo del conde Uchiha.

– ¡Aoi tiene razón! –una mujer mayor salió por detrás del escenario, uniéndose a la joven. –Ella y yo trabajamos en la mansión del duque y puedo asegurar que fui testigo de tan espantoso acto. Efectivamente, ése es el hombre que besaba a nuestro señor Gaara aquella tarde.

Naruto tragó en seco. La multitud de pronto se encontraba muy callada, mirándolo con odio y rencor. Una voz del fondo gritó la palabra que reventó la burbuja de suspenso.

– ¡Adúltero!

El rubio planeó una ruta de escape. El guardia que lo acompañaba ya comenzaba a abrirse camino entre la multitud para llegar hasta él, pero la algarabía de gente fue mucho más veloz. El hombre que estaba a un lado de Naruto lo tomó fuertemente del brazo, impidiéndole escabullirse.

–Así que tenemos una putita entre nosotros, ¿eh?

–Suéltame. –ordenó Naruto, tratando de no transmitir ni un ápice de nerviosismo en su voz.

– ¡Claro! ¿Qué se puede esperar de un doncel que es amigo de la mujerzuela Hyuuga? Obviamente, las malas mañas son contagiosas. –replicó el mismo sujeto.

–Suéltame en este instante. –repitió Naruto con firmeza. –Soy un Uchiha y…

–La palabra de los Uchiha no vale más que un costal de sal. –interrumpió el hombre, aumentando la fuerza de su agarre. Naruto siseó, soportando estoicamente el dolor en su brazo. –Eso deberás agradecérselo a la puta de tu amiga.

–No lo repetiré: suéltame. –comenzaba a impacientarse, pero no dejó de buscar con la mirada a Hinata. Ambos debían de salir de ese lugar cuanto antes.

– ¿Te gusta ser una puta? Entonces, te divertirás mucho conmigo, preciosura.

Naruto sintió una arcada al darse cuenta que el aliento del hombre rozaba muy cerca de su boca. El tipo apestaba a alcohol, a tabaco y a algo rancio que no supo identificar con exactitud. Asqueado y con náuseas, golpeó con fuerza la mandíbula del hombre, logrando que el sujeto cayera al suelo, soltándolo en el proceso. No tardó mucho en sentir una ardiente bofetada cruzando su mejilla.

– ¡No permitiré que un tipo como tú juegue con nuestro adorado duque! –la mujer de ojos castaños ahora estaba frente a él, furiosa. Naruto frotó con discreción su mejilla adolorida.

–Escucha bien, yo…

–Tal vez tu amiguita Hinata tuvo suerte al librarse tan fácilmente del castigo por adulterio, pero tú no correrás con esa misma suerte. –habló la chica, sin darle tiempo para replicar. – ¿Sabes cómo se castiga el adulterio en Konoha?

No se iba a quedar más tiempo ahí, escuchando los insultos de aquella mujer que, sin lugar a dudas, estaba interesada en el duque Gaara y dolida porque sabía que el pelirrojo jamás le correspondería. Una valla de mujeres lo rodeó y, un par de metros atrás, el guardia luchaba contra un par de hombres que le impedían el paso.

– ¡Lord Naruto! –gritó el guardia que, a pesar de su entrenamiento, no podía liberarse tan fácilmente de los aldeanos que se esforzaban por mantenerlo alejado de aquél al que debía proteger.

– ¡Deténganlo! –una mujer gritó.

Naruto trató de escapar sin lograrlo exitosamente. Las mujeres lo rodeaban y podía defenderse fácilmente de cada una de ellas de manera individual, pero no podía luchar al mismo tiempo contra un centenar de mujeres furiosas. En algún momento tropezó con los largos ropajes de las damas nobles que se encontraban ahí disfrutando del festival y esa debilidad fue aprovechada de inmediato para amontonarse sobre él, inmovilizándolo y atando sus manos con una cuerda. Un par de hombres se acercaron para levantarlo, jalándolo de los ropajes hasta subirlo al escenario.

–Es un adúltero y como tal, deberá ser castigado. –gritó desde la tarima la joven que había comenzado todo ese caos. –No volveremos a permitir que los nobles evadan los castigos.

Naruto escuchó que la multitud daba vítores a las palabras de la mujer. Intentó zafarse de las cuerdas que mantenían sus manos atadas pero sólo logró hacer que sus muñecas sangraran por el roce contra la aspereza de la soga.

–No tienes ninguna prueba. –trató de defenderse frente a todos. –Yo nunca he sido amante de Gaara.

–No necesito ninguna prueba pues mi palabra será suficiente. –contestó con un tono de superioridad.

–Es mi palabra contra la tuya y recuerda que yo soy un conde. –contraatacó verbalmente Naruto mientras la gente miraba lo que estaba ocurriendo como si fuese otra obra de teatro cuidadosamente ensayada.

–Tú palabra, querido conde, no vale nada. –dijo con ironía. –Todo el pueblo sabe lo ocurrido con Hinata y gracias a sus acciones, la palabra de cada Uchiha puede ser puesta en tela de juicio sin considerarse un crimen. El conde Sasuke dio su palabra acerca de la honestidad de Hinata y ella demostró que no era verdad. Así que los Uchiha ya no valen nada.

Un hombre alto y fuerte subió al escenario. Naruto lo observó mientras tomaba las manos sangrantes del rubio y tiraba de ellas hasta amarrarlas a un poste de madera cercano. El guardia que debía de protegerlo yacía inconsciente en algún lugar de la plaza, él tampoco pudo defenderse de una multitud embravecida.

– ¿Qué vas a hacer con eso? –la voz de Naruto titubeó un poco al ver que el sujeto sacaba una pequeña daga de entre sus ropajes sencillos y la alzaba en alto. –Escucha, yo no soy amante de Gaara…

El Namikaze cerró los ojos y escuchó el sonido de la tela rasgándose, agradeciendo no sentir ningún tipo de dolor en el cuerpo. Cuando volvió a abrir los ojos, el tipo le arrancaba a jirones la chaqueta color petróleo, rompiendo con fuerza la delgada camisa blanca hasta dejar al descubierto todo el torso del rubio. La multitud gritó una vez más, pues era claramente una humillación que un doncel se presentara semidesnudo en medio de un lugar público.

–Cuando a una mujer se le encuentra retozando junto a otro hombre que no es su marido, el castigo consiste en atarla desnuda en la plaza pública para que todos vean su vergonzoso cuerpo y, además, el dolor de cincuenta latigazos que la obligarán a reflexionar sobre lo abominable de sus actos. –proclamó el único hombre parado sobre el escenario. –En esta ocasión, no encontramos al doncel dormido entre los brazos de su amante, pero tenemos testigos que afirman haberlo visto besando a un hombre que no es Sasuke Uchiha. El castigo serán veinticinco latigazos.

– ¡Espera! –intervino Aoi. –Lo vimos besándolo y ofreciéndose como mujerzuela en charola de plata, pero quizá eso sólo sea una pequeña demostración de lo que realmente hace en la alcoba. Considero que el castigo debería de ser un poco más severo. –la gente aulló, apoyando las palabras de la joven mujer.

–Si detienen sus estupideces en este instante, prometo olvidar todo y no decirle nada al conde Uchiha. –ofreció Naruto, en un último intento por escapar. –Pero si continúan, ni siquiera yo seré capaz de detener la furia de Sasuke y de los Namikaze. Yo no soy amante del duque.

–No le tenemos miedo a los Uchiha. –exclamó altivo el sujeto, tomando un látigo que uno de los aldeanos le ofrecía.

– ¡Entonces pregúntenle a Gaara! –exigió. –Creen en la palabra de la familia Sabaku ¿no es así? El duque Gaara les confirmará que yo hablo con la verdad y que jamás he dormido con él.

–De ninguna manera podremos creer en la palabra de un hombre que, obviamente, estará defendiendo a su amante. –una vez más la multitud se encendió con las palabras de su verdugo. –Lord Naruto Namikaze conde de Uchiha, se le acusa públicamente de adulterio.

–Tú serás el primero. –amenazó Naruto, preparándose mentalmente para el dolor que estaba por sentir. –Tu cabeza será la que Sasuke y yo reclamemos primero.

Si el hombre se inmutó ante las palabras de Naruto y el brillo anaranjado en su mirada, no lo demostró. Alzó el látigo y el rubio Namikaze apretó los dientes, sólo dejando escapar un leve siseo de dolor cuando el primer golpe aterrizó justo en medio de su espalda. Estaban humillándolo públicamente, pero no les daría el gusto de verlo gemir de dolor.

–Vamos, llora como la putita que eres. –murmuró la joven de ojos castaños.

–Necesitarás más que unos golpes para conseguirlo. –dijo Naruto desafiante.

– ¡Dos! –gritó el gentío cuando el segundo golpe logró sacar unas cuantas gotas de sangre.

–Puedes hacerte el fuerte, pero las putitas siempre lloran con el tercero. –declaró el hombre. Naruto sólo le regaló una furiosa mirada de reojo y dejó que su peso cayera sobre sus rodillas.

– ¡Tres!

Naruto apretó nuevamente los labios, esperando un tercer golpe que nunca llegó. Al girar la cabeza, observó que Gaara estaba sobre el escenario, deteniendo la mano de su verdugo con fuerza.

–Te cortaré la mano si vuelves a hacerlo. –susurró el duque.

La multitud comenzó a dispersarse cuando los hombres de Gaara comenzaron a imponer orden entre tanta algarabía. La mayoría de las mujeres escaparon despavoridas junto a los niños, algunos hombres se quedaron a luchar, pero fueron reprimidos rápidamente por los expertos soldados al servicio de la familia Sabaku.

–Era de esperarse, el duque defiende a su amante. –farfulló el verdugo, bajando su mano ante la furiosa mirada aguamarina. Había algo en esos ojos que realmente provocaban miedo.

–Lord Namikaze no es mi amante. –admitió Gaara, obligándolo a retroceder.

Uno de los soldados de Gaara apresó con fuerza al hombre, dejando al duque libre para acercarse hacia donde se encontraba Naruto. Gaara no lo pensó dos veces, desató las cuerdas de inmediato y se quitó la chaqueta, cubriendo con ella los hombros desnudos del rubio.

– ¡Gaara! Gracias por esto, de verdad… –susurró Naruto, jadeando al sentir el ardor que el roce de la tela le provocaba en la espalda.

–Ni lo menciones. Ha sido mi culpa. –el duque sabía que, de haber reprimido sus impulsos de besarlo, eso no estaría sucediendo. Lo cual le recordaba… – ¡Aoi!

La aterrada joven acudió al llamado de su amo en un santiamén, incapaz de sostenerle la mirada.

–No quiero volver a verte. –la mujer se estremeció ante la furia del duque. –A partir de hoy, tu nuevo amo será Lord Naruto Namikaze. Él hará contigo lo que desee, y si no quieres servirle, entonces ya sabes cuál es el castigo.

La joven tragó saliva sonoramente, sin saber qué era mejor: servir a Naruto, que seguramente le impondría los peores trabajos o irse al exilio junto a verdaderos criminales de sangre fía. Gaara colocó sus manos sobre los hombros del rubio para guiarlo a través de las pocas personas que quedaban en la plaza hasta el carruaje. No pudo evitar mirar con furia a los nobles ahí presentes, los cuales no habían movido ni un dedo para defender a Naruto cuando todo comenzó.

– ¡Naruto! –Hinata, aterrada y con los ojos cubiertos en lágrimas, se detuvo frente a su amigo. – ¡Por todos los dioses! Creí que no llegaría a tiempo… ¿Qué fue lo que esos brutos te han hecho?

Naruto intentó sonreír, pero lo cierto era que las heridas en su espalda ardían con ferocidad. Afortunadamente sólo habían sido dos los latigazos recibidos gracias a la oportuna intervención del duque. Con dificultad, tomó las manos blancas de Hinata.

–Tranquila, todo está bien.

–Sasuke no tardará mucho en llegar. Mandé a avisar lo que estaba sucediendo en cuanto me enteré. –le reveló la Hyuuga.

–Gracias.

Las señoras nobles que estaban todavía en el lugar cuchichearon entre ellas y Gaara supo de inmediato lo que ocurría. El haber intervenido de esa manera justo frente a todo el pueblo, no había hecho más que aumentar los rumores de una posible relación entre él y el esposo de Sasuke. Con la ya dañada reputación de los Uchiha, aquel nuevo rumor no sería nada bueno. El honor de los Uchiha, que ya estaba en decadencia, terminaría por desaparecer.

– ¿Dónde está el guardia que se quedó contigo? –preguntó Hinata.

–Creo que los aldeanos lograron derribarlo. –respondió Naruto.

–Nos iremos de inmediato. –dijo Gaara. –Señora Hyuuga, por favor acompáñenos.

Hinata asintió, sintiéndose sumamente culpable de lo ocurrido. Seguramente el rumor no tardaría en llegar hasta la ciudad, provocando que Mikoto volviera a Konoha para exigir una reparación del daño. Acompañó a Gaara y a Naruto hasta el carruaje en el que ellos habían llegado a la plaza.

–Iremos a la comisaría. –reveló el pelirrojo duque. –El pueblo no puede tomarse la justicia por su propia mano. Hablaré con Asuma para que castigue debidamente al hombre que te golpeó.

–No es necesario. –protestó Naruto. –No quiero hacer esto más grande.

–No puede ser más grande, Naruto. Todo el pueblo ya lo sabe y es sólo cuestión de tiempo para que el rumor llegue a la ciudad. –le explicó Hinata.

–Antes iremos con un médico. –Gaara continuó. –Yo mismo te acompañaré.

–Estaré bien. –Naruto puso los ojos en blanco, añorando su cómoda cama y los brazos de Sasuke.

–Yo no estaré tranquilo hasta que un médico te revise.

–Sólo fueron dos golpes. –recordó el rubio. –No moriré por eso.

–Tampoco morirás por ser examinado. –replicó el duque. Subieron al carruaje y en poco tiempo estuvieron frente a una lujosa casa que se destacaba al estar rodeada de pequeñas casitas mucho más sencillas. –Vamos.

El médico accedió a revisar de inmediato a Naruto al descubrir que iba acompañado ni más ni menos que por el duque Gaara, uno de los nobles de mayor rango en el País del Fuego. Naruto y Hinata siguieron al galeno hasta una habitación con cientos de frascos e instrumentos que lograron estremecer al conde rubio. Bajo la estricta supervisión de Hinata, el médico revisó que el paciente no tuviera ningún hueso roto y limpió la herida de la espalda y de las muñecas. Afortunadamente el corte en la espalda no era profundo ni muy grande, apenas un raspón que dejaría una marca morada por varios días.

–Se recuperará. –explicó el doctor. –Pero será necesario que aplique en la herida un cataplasma de las hierbas que le daré. Con dos o tres días usándolo, el corte sanará y evitará que supure.

–Agradezco mucho su atención. –Naruto se abotonaba la chaqueta de Gaara, la cual le quedaba un poco grande debido a la diferencia en su complexión.

–Ha sido un honor para mí el atenderlo, conde de Uchiha. –respondió cortés.

–Sobre sus honorarios… –el rubio hurgó en su bolsillo, dándose cuenta que había perdido el dinero quizá durante la alocada carrera al intentar huir. –Prometo que enviaré a alguien con el dinero para pagarle, creo que he perdido el dinero que traje conmigo. Esta misma noche…

–No se preocupe por eso, conde de Uchiha. –le interrumpió el médico con voz afable. –El duque Gaara ya se ha encargado de los gastos.

El galeno acompañó a Naruto y a Hinata hasta el recibidor, donde un paciente Gaara esperaba por ellos.

– ¿Cómo estás? –cuestionó el duque de inmediato a Naruto.

–Estoy bien, sólo es un pequeño corte que sanará en poco tiempo. –respondió. –Gaara, en cuanto llegue al castillo de Konoha prometo pagarte todo el dinero que…

–No tienes por qué hacerlo, Naruto. –el rubio comenzaba a acostumbrarse a que interrumpieran sus frases. –Somos amigos, ¿lo recuerdas? Esto sólo es ayuda que un amigo te brinda.

–Gracias, supongo. –sonrió nervioso, ocultándose en la chaqueta verde obscuro que Gaara le había prestado.

Se despidieron del galeno y partieron en el carruaje hasta la comisaría. El sol lentamente comenzaba a ocultarse y fue hasta ese momento que Naruto se dio cuenta que ya había pasado bastante tiempo desde su llegada al pueblo.

Al llegar a la comisaría, Hinata se sorprendió al encontrar allí a uno de los soldados de Gaara sosteniendo con fuerza al hombre que había alzado el látigo contra Naruto. Gaara ayudó a Naruto y a la Hyuuga a bajar del carruaje, guiándolos hasta la oficina de Asuma Sarutobi, la cual olía a tabaco. Asuma saludó de manera alegre a Gaara.

–Él es Lord Naruto Namikaze conde de Uchiha. –el duque los presentó. –Quizá hayas escuchado hablar de él, es el hermoso esposo del conde Sasuke Uchiha.

–Por supuesto que sí he escuchado sobre usted. –respondió en tono cordial, dirigiéndose a Naruto. –El pueblo entero habló durante semanas de la boda del heredero de los Uchiha con un guapo doncel extranjero. Yo recibí una invitación por parte de Lady Mikoto, sin embargo no pude asistir a su boda por problemas de trabajo. También conozco a Hatake Kakashi, somos viejos amigos.

–Es un honor conocerlo, Lord Sarutobi. –dijo el rubio, ocultando el bochorno que las palabras de Gaara provocaron en él. –Ella es la señora Hinata Hyuuga, una estimada amiga mía.

–Es un gusto conocerla, señora. –saludó con firmeza el hombre moreno, después les ofreció asiento a sus tres visitas. –Bien, ¿qué los trae por aquí a esta hora?

–Seguramente has escuchado lo que ocurrió esta tarde en la plaza durante el festival de verano –comenzó a relatar Gaara con cautela.

–Mis hombres me han informado sobre una pequeña revuelta, pero han sido descripciones vagas. Dime, ¿qué ocurrió?

–Una de mis sirvientas acusó públicamente a Lord Namikaze de ser adúltero, específicamente, de ser mi amante –explicó, sosteniéndole la mirada. –Lo atraparon y el propio pueblo lo sancionó con veinticinco azotes. Fue casi un milagro que yo estuviera ahí y pudiera intervenir.

– ¡Vaya! –exclamó Asuma, estirando los brazos sobre su cabeza. –No puedo creerlo, tú siempre has sido todo un caballero, Gaara.

–Puedo jurarte que Naruto no es mi amante. –le confesó el duque. –Esa mujer asegura haber visto a Naruto y a mí besándonos.

– ¿Y cuánta verdad hay en ese rumor? –cuestionó el moreno con severidad. Gaara era un viejo conocido y un buen amigo, pero no por ello se haría de la vista gorda.

–Es una mentira. –dijo Naruto de inmediato.

–Asuma… es verdad. Sólo fue un beso, pero fui yo el que dio el primer paso. El castigo debería ser para mí, no para él. –su revelación logró que todos se quedaran completamente enmudecidos por la sorpresa.

– ¡Gaara! –Naruto exclamó con algo semejante al pánico. Hinata sólo atinaba a alternar su pasmada mirada entre el pelirrojo y el rubio.

–Vaya, vaya. –Asuma Sarutobi se recargó en la silla con una extraña sonrisita en los labios mientras prendía un puro. –Parece que te has metido en un grave problema, Gaara.

–Naruto jamás ha engañado a Sasuke, pero el pueblo no lo cree así. –Gaara parecía bastante tranquilo a pesar de la reciente confesión. –Naruto ahora pertenece a la nobleza y lo mínimo que merece es un juicio para demostrar su culpabilidad, no una multitud furiosa tratando de hacer justicia por su propia mano. Afuera está el sujeto que golpeó y humilló a Naruto, por lo que quiero que sea juzgado y castigado como corresponde.

–Esto es un caos total. –comentó Asuma después de pensarlo un poco. –Naruto fue acusado públicamente de algo que realmente sí hizo.

–Un beso no es una infidelidad. –le recordó Gaara.

–La única prueba que tenemos es la palabra de esa chica contra la de Naruto. –mencionó el moreno. –Y los ancianos han perdido la confianza en la palabra de los Uchiha.

Hinata inclinó la cabeza, recordando que esa confianza perdida era obra suya.

–Yo mismo juraré que jamás he conocido a Naruto carnalmente. –dijo Gaara. –La palabra del duque de la familia Sabaku no será cuestionada.

–No servirá de mucho. –intervino Naruto en la plática. –Aunque el juicio termine a mi favor, no recuperaremos la confianza de los ancianos ni la de los nobles porque Gaara fue el único que intervino para ayudarme. Ellos pensarán que Gaara sólo estaba defendiendo a su amante.

El silencio invadió la pequeña oficina mientras todos reflexionaban las palabras de Naruto. Gaara debía de admitir que el rubio tenía razón y que, tal vez en lugar de ayudarlo, detener esa paliza había sido perjudicial. Sí, lo había defendido físicamente, pero el honor de los Uchiha ahora estaba pendiendo de un hilo. Poco a poco, los aristócratas con los que los Uchiha tenían alianzas y tratos comerciales empezarían a retirar su apoyo justo en el momento más crítico de todos. El castillo de Konoha necesitaba más que nunca de ese apoyo financiero si quería recuperar su antiguo esplendor y sería algo casi imposible si los nobles decidían que los Uchiha ya no tenían el honor de antaño.

–De cualquier manera, sólo hay pruebas del beso, no de ningún acto carnal. –concluyó Asuma. –Buscaré alguna manera de desviar la atención, pero desgraciadamente, no podré hacer nada para recuperar el honor de los Uchiha. Y tampoco podré hacer nada si Sasuke Uchiha decide acusar formalmente a Naruto de adulterio.

–Sasuke no se atreverá a hacer tal cosa, pero te agradezco el apoyo, Asuma. –murmuró Gaara. –El tipo que está allá afuera…

–También le impondré una multa menor. –expuso. –Pero, por favor, no mencionen a nadie ni una palabra de lo que hemos hablado en esta oficina.

–Así lo haremos. –Hinata y Naruto asintieron, de acuerdo con las palabras de Gaara. A ninguno le convenía que más personas se enteraran de que el beso realmente existió.

La noche había caído cuando abandonaron la comisaría. Naruto tomó una gran bocanada de aire fresco, tratando de borrar de su memoria los recientes acontecimientos.

–Será mejor regresar al castillo. –sugirió el rubio Namikaze. –Por cierto, ¿qué hacías en el festival, Gaara?

–Buscaba un regalo para Temari. –Gaara recordó que no había conseguido nada que regalarle a su hermana, quién le había dado la maravillosa noticia de que pronto sería tío por tercera ocasión. –No perdamos más tiempo, te acompañaré al castillo.

–No es necesario. –ofreció Hinata. –Podremos arreglárnoslas bastante bien.

–Aún puede haber aldeanos enfurecidos dispuestos a intentar atacar nuevamente. No los dejaré ir solos.

–Puedo defenderme bien, Gaara. –Naruto gruñó un poco molesto. ¿Acaso nadie confiaba en sus habilidades? No era una damisela en peligro, era un doncel bien entrenado en el arte de la espada. Vale, había caído en las garras de esas mujeres, pero estaba seguro que sin estar en clara desventaja numérica y desarmado, podría haber salido bastante bien librado del ataque de esa tarde. –Además, creo que no conseguiste el regalo que buscabas, así que deberías volver y comprarlo.

–Lo haré en otra ocasión. –un grupo de personas se acercaba al lugar donde se encontraban. Gaara los identificó de inmediato como un grupo de nobles que estaban de visita en Konoha, atraídos indudablemente por el festival. No pasó por alto que miraban con extrema sospecha la chaqueta verde de Naruto la cual, además de no quedarle a la medida, coincidía inequívocamente con el color de los pantalones del duque, hecho que podría ser fácilmente malinterpretado. –Vámonos.

Era ya muy tarde para evitar los cuchicheos, pero si se apresuraban podrían escapar de tener que dar explicaciones. El galope de un caballo resonó a lo lejos, aproximándose hasta hacerse presente frente a ellos. Un furioso Sasuke apareció en el camino, con los ojos rojos resplandecientes.

– ¡Aléjate de él, Gaara! –ordenó, bajándose del corcel de un salto ágil. Sus pupilas se dilataron al reconocer que la chaqueta que vestía Naruto pertenecía al duque.

– ¡Teme! Deja que te explique…

–Guárdate tus explicaciones, Naruto. –ni siquiera miró a su rubio esposo, se dedicaba a fulminar al pelirrojo con la mirada. –Sube al carruaje en este instante.

– ¡Gaara me ayudó! –clamó desesperado, buscando apaciguar la rabia de los ojos rojos.

–Gaara acaba de ofender a los Uchiha. Ayudarte frente a todas esas personas ha puesto en duda tu honor y reputación. –le explicó a su esposo.

– ¿Preferirías que me hubiese quedado ahí parado, mientras azotaban a Naruto frente a mis ojos? –Gaara soltó los hombros de Naruto que sostenía suavemente, acortando la distancia que lo separaba del Uchiha para interponerse entre el conde y Naruto. –Créeme cuando digo que lamento haber herido el honor de los Uchiha, pero de ninguna manera permitiría que lastimaran a Naruto.

Sasuke se quedó callado porque admitía que Gaara tenía razón, pero era demasiado orgulloso y estaba demasiado celoso para agradecer su intervención. El grupo de nobles no paró de cuchichear mientras observaban el enfrentamiento entre los dos hombres.

–Eres inteligente, Gaara, lo admito. –masculló el conde. –Y podrías haber utilizado esa inteligencia para encontrar otra manera de ayudar a Naruto sin dañar su reputación. Gracias a ti, todo el pueblo asegura que tengo a una mujerzuela como esposa.

–Sabes que esas murmuraciones no son verdad, Sasuke. –replicó el pelirrojo sin mostrar ni un ápice de sentimientos en el frío rostro. –Aunque, de ser verdad, yo jamás desaprovecharía esa oportunidad.

– ¡Jódete, Gaara! –Sasuke contuvo a tiempo su puño. Golpear a un duque sería una ofensa que el rey no pasaría por alto, mucho menos el propio Gaara, pues era obvio que el duque estaba en búsqueda de cualquier oportunidad existente para quitarle al rubio.

– ¡Sasuke, no! –Naruto se interpuso entre los dos hombres para tratar de evitar alguna tragedia que estuviera a punto de suceder. Se giró, quedando de frente al pelirrojo. –Gaara, en verdad agradezco tu ayuda, pero esto será algo que Sasuke y yo resolveremos.

– ¡Hinata! –la mujer se sobresaltó al escuchar su nombre y corrió hasta quedar al lado del moreno. –Llévate a Naruto, suban al carruaje ahora.

–Sasuke, yo no… – el conde apresó con fuerza a Naruto del brazo, un par de centímetros arriba del codo, haciéndolo callar.

–Súbete al maldito carruaje, Naruto.

–Vamos, Naruto. –Hinata tomó con suavidad los hombros de rubio para incitarlo a subir al carruaje que los esperaba a un par de pasos. Ella ahogó una exclamación de sorpresa al sentir que Sasuke tomaba una de sus manos y le arrebataba de un tirón uno de los guantes con los que cubría sus blancas manos. Temblando, continuó dando pequeños empujoncitos a Naruto.

–Sasuke, por favor, déjame explicarte… –insistió el rubio una vez más.

–Naruto, basta. –murmuró Hinata. –Ahora es un asunto sobre el orgullo de los Uchiha, ni tú ni yo podemos intervenir.

El rubio Namikaze echó una última mirada sobre su hombro y accedió a subir al carruaje, Hinata aseguró la pequeña portezuela de inmediato, mientras que Naruto se sentaba junto a la ventana para no perderse ningún detalle de lo que estaba a punto de ocurrir entre su amigo y su esposo. Sasuke esperó hasta que subieron al carruaje para hablar.

–Tus acciones no han hecho más que ofender el orgullo de los Uchiha.

–Me gustaría recordarte que no fui yo el que mancilló su estúpido orgullo. –contradijo el duque, cruzando los brazos sobre el pecho.

–Lo que hiciste, es un insulto que no pienso pasar por alto. –Sasuke estiró la mano, con el pequeño guante de Hinata colgando en la punta de sus dedos. –Pusiste la reputación de Naruto en boca de todos al defenderlo frente a todos los habitantes de Konoha. Y una vez más has insultado a mi esposo al admitir que te gustaría tener una aventura con él.

– ¡Por todos los dioses! –Hinata jadeó asombrada al notar que su guante aterrizaba un par de centímetros enfrente de los pies del duque. Fue el turno de Sasuke para sonreír con altanería y cruzarse de brazos, esperando una respuesta por parte del pelirrojo.

– ¿Qué es lo que sucede, Hinata? –Naruto miraba asombrado la escena, sin entender muy bien las costumbres de los nobles. – ¿Sasuke hizo algo malo?

Gaara clavó sus furiosos ojos aguamarina en los ojos azabache, apretando sus puños con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos. Con delicadeza y gracia, el duque se agachó para recoger el guante ahora lleno de tierra. Escuchó la algarabía de los otros nobles, pero pasó por alto sus murmuraciones. Al incorporarse, no pudo evitar sonreír con cierta satisfacción.

–Pensé que eras un cobarde, Gaara. –farfulló el Uchiha.

–Los Sabaku nos distinguimos por ser hombres de honor. –contestó. –Pero quiero que ciertos términos sean decididos por nosotros y no por nuestros padrinos.

–Me parece una petición razonable. –Sasuke no borraba la sonrisa ladeada ni los ojos rojos desaparecían.

– ¿Cuáles son los términos que tú propones, Uchiha? –Sasuke lo meditó un poco antes de responder.

–Si yo soy el ganador, restaurarás el honor de los Uchiha y, sobre todo, el honor de Naruto no volverá a ser cuestionado, disculpándote por tu imprudencia públicamente. Y el título de duque… será mío.

Gaara mostró una expresión de sorpresa que rápidamente sofocó. Jugaría bajo los mismos términos del Uchiha, y si Sasuke estaba dispuesto a pedir tanto era porque también aceptaría arriesgarse a perder algo muy valioso. El conde ya no podía dar marcha atrás con su desafío, bajo pena de quedar como un cobarde, así que aceptaría cualquier término que el duque propusiera, por lo que Gaara se atrevió a elevar la apuesta.

–De acuerdo. Con tu victoria se restaurará el honor de todos los Uchiha y, por supuesto, la reputación de Naruto, además de que obtendrás mi título. Pero en caso contrario, si yo resultara ganador, haré cualquier cosa para restituir la respetabilidad de Naruto. –no pasó por alto la mueca de disgusto que Sasuke intentó esconder al adivinar el curso de sus pensamientos. –No me quedaré con los brazos cruzados, así que para protegerlo, asumiré mi responsabilidad y lo tomaré como mi esposo para brindarle la protección que merece al convertirse en el siguiente duque de Sabaku. Supongo que has entendido mi condición: si tú pierdes, anularás tu matrimonio con Naruto.

Esas palabras lograron borrar la sonrisa ladeada del Uchiha, haciéndolo enfurecer. Gaara había jugado muy bien sus cartas y ahora él ya no se podía echar para atrás. Sasuke había lanzado un desafío y el duque había aceptado, por lo que no podía retractarse. La apuesta era demasiado elevada, de ninguna manera podía darse el lujo de perder, mucho menos cuando Naruto estaba en juego.

–De acuerdo. Lo demás, será decidido entre nuestros padrinos. –Sasuke no le daría a Gaara la satisfacción de verlo humillado. –Elijo a Hatake Kakashi como mi padrino.

–Por mi parte será Nara Shikamaru. –reveló el duque. –Shikamaru irá a primera hora al castillo de Konoha para ultimar los detalles.

Sin perder su elegancia, Gaara dio media vuelta, le dirigió una rápida mirada a Naruto que los observaba consternado y se despidió con un pequeño gesto. Sasuke subió a su caballo y ordenó al conductor del carruaje que comenzara el viaje de regreso al palacio. El caballo de Sasuke galopó a gran velocidad, poniendo una distancia considerable entre él y el carruaje. Una vez que retomaron el camino, Naruto exclamó:

– ¿Qué rayos pasó aquí, Hinata? Parecía que Gaara y Sasuke estaban a punto de matarse.

–Lo que pasa, Naruto. –respondió Hinata cuando se recobró de la estupefacción inicial. –Es que Sasuke ha retado a Gaara a un duelo.

– ¿Un duelo? ¿Acaso Sasuke ha perdido la cabeza? ¡Estoy seguro de que Gaara lo habrá puesto en su lugar!

–De hecho, Gaara ha aceptado el duelo. –la mujer tomó una de las manos de Naruto entre las suyas. –Y tú eres la recompensa del ganador.

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Continuará…

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¡Hola a todos! Espero que la hayan pasado excelente en este periodo de festividades y les deseo que el nuevo año venga lleno de prosperidad. ¿Qué les pareció este capítulo? ¿La verdad de Shizune afectará de alguna forma a nuestra pareja consentida? ¿Alguien pensó que Sasuke había sido el que detuvo al tipejo que lastimó a Naruto? Bueno, pues ha sido el lindo de Gaara el que intervino sin pensar mucho en las consecuencias, así que ahora habrá un duelo.

Sobre el duelo, me gustaría explicarles algo: investigué mucho en internet (entiéndase: leí Wikipedia) y los duelos fueron utilizados para "satisfacer" el orgullo herido del ofendido y el honor. Por lo general, el duelo era lanzado de manera verbal o se dejaba caer un guante. Si el ofensor levantaba el guante significaba que aceptó el duelo. Según mi preciada fuente de información (entiéndase nuevamente: Wikipedia) el dar una bofetada al ofensor no era considerado como una forma de lanzar el reto. Habrá más detalles explicados en el desarrollo del próximo capítulo.

Por fin me animé a escribir un poco de KakaIru, sobre todo porque de alguna forma Neji tendrá que volver a aparecer en escena. ¿Qué nos depara la continuación? Seguramente un Naruto furioso por ser "apostado" de esa manera. ¿Habrá o no condecito Uchiha? Aún no le he decidido… quisiera ponerlo ya, pero creo que esos dos guapetones merecen un poco más de diversión nocturna antes de dedicarse a cambiar pañales.

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Como siempre, les agradezco muchísimo sus reviews de ánimos a la historia y, sobre todo, sus comentarios apoyándome. Pasé por una etapa depresiva de las que ya casi nunca me daban y eso mermó con todas mis ganas de continuar, pero poco a poco me he recuperado y ya estoy de vuelta. Agradezco enormemente sus reviews a:

Goten Trunks5 … - … sasame chan … - … Moon-9215 … - … Alice'D'Angel … - … Karolita … - … SonGrii … - … Izanami Kuro … - … coptesita … - … RiTsU-kUn … - … jennitanime … - … Zanzamaru … - … SashaMorita … - … Haruka Yagami … - … Mei-chan … - … IAm Hylian Nightray … - … Guest

También les doy las gracias a quienes siguen esta historia anónimamente, la han agregado a sus favoritos o se han suscrito. ¡Muchas gracias por su apoyo! Ver que el número de lectores que han clasificado esta historia dentro de su lista de "favoritos" se ha incrementado, me da mucha alegría.

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Me retiro por hoy, es momento de continuar escribiendo. Calculo que el próximo capítulo lo subiré en unos 15 días, durante la primera semana de febrero.

¡Nos leeremos pronto!

Besos y abrazos.

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Can't deny, can't pretend, just thought you were the one

Kerky

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Número total de palabras: 13.511