Senju maldijo a los Uchiha, jurándoles que nunca serían felices. Y al parecer esa maldición se cumpliría cuando el conde Sasuke Uchiha tuviese que casarse por conveniencia después de perder toda la herencia. ¿El problema? ¡Naruto y él se odian!
Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sólo los utilizo en un fic sin ánimos de lucro porque no tengo nada más productivo que hacer que inventarme una historia como esta. Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto (¿Por qué me hiciste eso, Kishimoto? ¡Eras mi ídolo! Odié tu final… de verdad lo odié… así que por eso me dedicaré a hacer fics SasuNaruSasu hasta que nos des el final que merecemos o hasta la indigestión, lo que ocurra primero.)
Advertencias: AU, yaoi, leguaje fuerte, exceso de sentimentalismo y cursilerías, escenas con contenido sexual (lime) y abuso de sustancias adictivas. Si algo de esto atenta contra tu criterio, evítate la pena de leer el fic.
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Holy Curse!
Capítulo XIII: Reglas.
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Sasuke cerró con un sonoro portazo su habitación, gracias a su caballo logró llegar mucho antes que Naruto y Hinata. Jamás en toda su vida se había sentido tan furioso como en ese momento.
– ¡Maldición!
Todavía recordaba a la perfección el rostro complacido de Gaara y su estúpido comentario acerca de quedarse con Naruto. Y su atolondrado dobe, ajeno a los problemas, con su azulina mirada ingenua, la maldita chaqueta del pelirrojo sobre los hombros y con el torso casi descubierto, sólo provocaba que su furia creciera a niveles que no creía posibles. Desquitó un poco de su ira golpeando los muebles de la habitación, volcando el contenido sobre el suelo.
Admitía que Gaara tenía razón. A pesar de los muchos rumores que escuchó mientras se dirigía a la plaza, algo dentro de él le decía que Naruto nunca fue infiel. Era imposible un engaño porque no olvidaba la inexperiencia de Naruto y la sangre que manchó las sábanas la primera noche que compartieron juntos. Y después de esa noche, Naruto no salió de la mansión sin supervisión, si el rubio hubiera visto al duque, él lo sabría. No dudaba de la inocencia de su dobe, pero ni siquiera eso podía apaciguar el enojo que recorría sus venas, calentándole la cabeza con imágenes de un sonriente Gaara abrazando a Naruto mientras sostenía en una de sus manos una espada cubierta con la sangre de los Uchiha… su sangre.
Estaba tan celoso que no se detuvo a pensar sus palabras antes de lanzarle el reto a Gaara y el pelirrojo había aprovechado muy bien esa oportunidad. No tenía miedo de enfrentarse a Gaara, pero lo que jamás reconocería era su pánico ante la posibilidad de una vida sin Naruto en caso de perder. Sasuke golpeó con fuerza una de las paredes, lastimándose los nudillos en el proceso, pero el dolor era algo que ni siquiera sintió. Apenas caía en la cuenta del inmenso error cometido, el cual le podía costar perder lo que más quería en todo el mundo.
Recargó su peso contra una de las paredes, cerrando los ojos y tratando de utilizar su aclamada inteligencia para encontrar algún plan que solucionara todos sus problemas o, al menos, la mitad de ellos.
– ¡Teme! –Sasuke se encontraba tan desconectado del mundo real que no se percató del torbellino amarillo que ingresó en su habitación sin permiso.
Naruto no detuvo su carrerilla hasta que estampó su furioso puño en la quijada del conde, rompiéndole el labio y dejando que un brillante riachuelo de sangre bajara por la barbilla de Sasuke, recorriendo el cuello y manchando de carmesí la chaqueta que vestía.
– ¿Qué demonios estabas pensando, bastardo? ¡Desafiaste a Gaara a un duelo apostándome a mí! ¡Te vas enterando que yo no soy un jodido trofeo que puedes ganar! –Naruto tomó con uno de sus puños la chaqueta de Sasuke, jalándolo hasta que sus rostros quedaron muy juntos, dándole la oportunidad al conde de mirar en la profundidad de sus ojos azules un reflejo anaranjado. Naruto no sólo estaba enojado… estaba furioso y dolido.
Con un ágil movimiento, Sasuke logró que el rubio lo soltara y lo empujó con suavidad, alejándolo de su cuerpo.
–El que te apostó de esa manera fue tu gran amigo Gaara. –replicó con ironía. –Yo no haría algo tan bajo como eso, dobe.
– ¡Pero aceptaste, idiota! –exclamó el rubio. – ¡Aceptaste! Eres un imbécil. ¿Qué pasará si pierdes? Ah, cierto… ¡lo olvidaba! Eres el conde Sasuke Uchiha que no muestra ni un ápice de sentimientos. El conde Uchiha permanecerá estoico mientras observa cómo su esposo se larga a dormir a la cama de otro, simplemente por haber perdido una estúpida apuesta. –reclamó, imprimiendo sarcasmo en sus palabras.
–Aunque yo pierda, nadie te obligará a casarte con Gaara si no es tu deseo. –dijo Sasuke. El único error técnico que había encontrado en su reciente apuesta consistía en que ninguno de los dos acordó que Naruto tendría la obligación de contraer nupcias con Gaara. Sí, Sasuke podía pedir la anulación de su matrimonio y con eso cumpliría su parte del trato, pero la decisión de casarse con el duque pelirrojo sería exclusivamente de Naruto y él tenía derecho a rechazar la boda ya que no estaba involucrado directamente en la apuesta.
–Vaya, que considerado eres… ¡gracias, Sasuke! –Naruto no dejaba de utilizar el sarcasmo como arma para ocultar sus verdaderos sentimientos. –Supongo que es mucho mejor ser un maldito adúltero y vivir en la soledad que casarme con un duque amable y educado como Gaara.
–Dobe…
– ¡Eres un bastardo infeliz! –el rubio se decía a sí mismo que debía de controlar las lágrimas que gritaban por salir de sus ojos. No le hacía ningún bien pensar en las consecuencias que traería el duelo si su esposo perdía. Dolía pensar que tendría que vivir separado del hombre que amaba por una estúpida apuesta. Y dolía más imaginar que estaría solo en ese mundo si Gaara mataba a Sasuke durante el duelo. – ¿Por qué demonios aceptaste, estúpido conde? ¿¡Por qué!?
– ¡Lo hice por ti, idiota! –Sasuke nunca reconocería que estaba temblando de rabia y miedo al igual que un chiquillo asustado que se separa de su madre por primera vez. –Lo hice para que puedas salir a pasear al pueblo sin el constante peligro de que una avalancha de aldeanos se lance sobre ti a golpearte. Lo hice para que camines tranquilo por las calles, libre de cuchicheos y rumores. ¡Por eso lo hice, imbécil! Voy a restaurar el honor de todos los Uchiha para que tu palabra jamás vuelva a ser cuestionada. Además, ya dije que fue Gaara el que te metió en esto, yo no planeaba apostar algo tan… –valioso era la palabra que Sasuke tenía en mente, pero su orgullo ganó y decidió jugar a lo seguro. –… algo tan delicado como lo es el rumbo de tu vida.
–Entonces, ¿por qué no te rehusaste, teme?
–No podía hacerlo. –le explicó con paciencia. –El que lanza el duelo no puede acobardarse. Hacerlo habría significado el fin de los Uchiha y de sus relaciones políticas. Los demás nobles nos retirarían el apoyo que apenas nos dan a cuentagotas y ambos sabemos lo importante que es ese apoyo para sacar el castillo de Konoha del profundo calabozo en el que ha caído.
–Lo que entiendo, es que tu maldito honor de Uchiha vale más que yo. –Naruto enderezó su postura, mirándolo con desafío.
–Y lo que yo entiendo, es que no confías en que puedo ganarle a Gaara. –contraatacó a su vez el conde.
–No cambies el tema. –reclamó. –No estoy hablando de si puedes o no ganar ese estúpido duelo. Estoy hablando de que eres capaz de anteponer el orgullo de los Uchiha sobre mí.
–No fui yo, compréndelo. Aunque, de cualquier manera, ni el duque ni yo nos retractaremos de nuestras palabras. El duelo es un hecho y tendrás que aceptarlo. En cambio… –Naruto se puso sobre alerta al notar que Sasuke afilaba su mirada. –… yo no debería tener tantas consideraciones contigo. Debería de echarte de mi habitación por haberme traicionado. Y jamás debí apostar mi cabeza en un duelo para defender el honor de una mujerzuela como tú.
– ¡No me acosté con Gaara!
Si Sasuke no hubiese reaccionado con tanta habilidad, el puño de Naruto hubiese dejado otra marca en su quijada. Detuvo el puñetazo con una de sus manos y con la otra, tomó la mano libre del rubio, apresándolo para que no volviera a hacerle daño. Sus palabras estaban cargadas de celos y deseaba fulminar con la mirada la chaqueta verde que Naruto aún vestía. Acercó su rostro al del Namikaze, torciendo una sonrisa lacónica.
–No debes alzar la mano contra tu marido, dobe, y mucho menos después de enterarme de lo que hiciste. Cuéntame, ¿los besos del duque son mejores que los míos?
–Quizá. –respondió después de meditarlo un momento. Naruto también sonrió de la misma manera en que su esposo hacía. Dos podían jugar el mismo juego de los celos, pero Naruto sabía que Sasuke saldría perdiendo porque era incapaz de mantener sus celos bajo control.
Sasuke gruñó furioso, reaccionando justo de la manera en que Naruto esperaba. Con un movimiento rápido, Sasuke tumbó al rubio sobre el suelo y escuchó el jadeo de dolor de Naruto cuando su espalda lastimada chocó contra el frío suelo. También detuvo las manos de Naruto sobre su cabeza rubia, colándose hábilmente entre sus piernas.
–Déjame en paz, teme.
–Si crees que voy a perder ese estúpido duelo para que tú corras a revolcarte en los brazos del puto Gaara, te equivocas, cariño. –un escalofrío de placer le recorrió todo el cuerpo al escuchar a Sasuke llamarlo así, aunque sus palabras estuviesen cargadas de obvio sarcasmo. –Gaara morirá sin saber lo que se siente estar en tu estrecho interior… nunca conocerá lo bien que me estrujas la polla cada vez que te hago mío. Ese estúpido duque jamás volverá a besarte.
Sasuke sentía la necesidad de marcar su territorio como buen macho dominante. Necesitaba sentir que Naruto le pertenecía al menos durante ese momento. Con su nariz recorrió el bronceado cuello del rubio, frunciendo el ceño al notar un olor que no pertenecía a su esposo. La fragancia de Gaara, impregnada en la chaqueta que vestía, había dejado su rastro sobre la piel cálida de Naruto. El olor a jazmines y hierba fresca opacaba el delicioso aroma de manzanas dulces que emanaba la piel del Namikaze. Liberó las manos de Naruto el tiempo suficiente para arrancar de un tirón la chaqueta verde, lanzándola lo más lejos posible. Una nueva oleada de celos lo invadió al recordar que Gaara había visto a su dobe de esa manera, con el pecho descubierto, un placer que debía de ser única y exclusivamente de él.
–Déjame ir. –Naruto se revolvió inquieto debajo de Sasuke, pero sus palabras ocultaban lo que en realidad deseaba. –Suéltame, bastardo. No estoy de humor para follar.
Sasuke apresó las manos de Naruto una vez más, inclinándose sobre él para besarlo con ferocidad, notando cierta resistencia inicial por parte del rubio que lentamente fue cediendo conforme su cuerpo se embriagaba de la desbordante pasión. Era imposible negarse al cuerpo ajeno y estaba plenamente consciente de eso, porque era algo que Naruto sabía desde la primera vez que lo besó.
–No voy a perderte, dobe. –gruñó en medio del beso. Con una sonrisa torcida, clavó sus blancos dientes en el labio inferior, abriendo una vez más el corte que Naruto había dejado en él.
– ¿Qué estás haciendo, teme? –cerró sus ojos azules ante las placenteras sensaciones que el conde le proporcionaba. Sasuke lo besó suavemente y después se dedicó a recorrer con los labios y la lengua la sutil curvatura de su cuello, besando la piel y dejando tras su paso una excitante mezcla de saliva y sangre tan roja como los brillantes ojos de los que Sasuke era dueño.
–Borrando el olor de tu puta amante.
El conde comprobó el buen entrenamiento de Naruto al darse cuenta que, en un parpadeo, el rubio pudo darle vuelta a la situación y ahora era él el que estaba sentado a horcajadas sobre sus caderas, con la mirada azulina repleta de desafío.
–Gaara no es mi amante y no es una puta, como insistes en llamarle.
–Lo besaste. –afirmó el moreno con tranquilidad. –Todos en el pueblo lo dicen y tú no lo has negado.
Naruto no pudo sostenerle la mirada, pues era verdad. Él no era nada bueno mintiendo y Sasuke se daría cuenta enseguida de la mentira, por lo que la única solución consistía en reconocer la verdad detrás de los hechos.
–Teme, yo...
–No me interesa. –Sasuke interrumpió de golpe la disculpa que el rubio intentaba formular.
–Fue un estúpido roce de labios, ni siquiera podría considerarse como…
–Te dije que no me interesa. –Sasuke detuvo en seco la perorada de Naruto y después pasó una de sus manos por detrás del cuello contrario para acercarlo a su rostro. El aliento del conde le rozaba los labios como la sutil caricia de un amante y sentía la entrepierna del moreno endureciéndose aún a través de la tela. –Porque de cualquier manera, borraré de tu cuerpo todos los recuerdos de Gaara y grabaré mis propios recuerdos en tu piel.
Para Sasuke el mundo entero desapareció, dejándolo solo a él y al caliente cuerpo de Naruto. Besó a su rubio esposo hasta que sus labios tomaron un encantador tinte rojizo, degustándolos con ferocidad y con el firme propósito de quitar cualquier rastro del Sabaku, de manera que Naruto jamás recordaría otros labios que no fueran los de su orgulloso esposo.
La pasión los arrasó como un tornado que llega sin previo aviso, destruyéndolo todo a su paso. A ninguno le sorprendió dejarse llevar por esa fuerza primitiva que tomó el control de sus cuerpos, pues ambos eran perfectamente conscientes de que las cosas entre ellos siempre habían sido así, apasionadas y con esa química innegable que los atraía como polos opuestos de un imán.
Cuando un poco de cordura por fin se hizo presente en Naruto, ya era demasiado tarde para dar marcha atrás, pues de alguna forma que no recordaba con claridad, habían terminado sobre el tocador de Sasuke. Él, sentado sobre la madera, con los tobillos sobre los hombros de su azabache amante mientras gemía ante cada profunda y certera embestida que rozaba aquél punto en su interior capaz de llevarlo a la locura. El dolor en su espalda era asunto olvidado, sólo quería concentrarse en la deliciosa sensación que producía el duro miembro de Sasuke penetrándolo con fuerza, haciéndole olvidar los malos tragos del día. Sus manos se aferraban a la blanca espalda mientras los objetos que estaban sobre el tocador caían con cada nueva embestida, estrellándose en el suelo y armando un gran escándalo que llamaría la atención de los otros habitantes del castillo, pero era algo que a ninguno de los amantes les interesaba en absoluto.
–Cuando termine de hacértelo... –Sasuke susurró con palabras entrecortadas por su agitada respiración. –... ni siquiera recordarás el nombre de ese maldito duque. Reconocerás que sólo me perteneces a mí... eres mío. Mío.
Naruto gimió como respuesta. Jamás le daría la razón al conde y mucho menos admitiría que era capaz de olvidar hasta su propio nombre cuando Sasuke lo besaba de esa manera. Porque Naruto sabía, desde bastante tiempo atrás, que ni en un millón de años existiría alguien capaz de quitarle el recuerdo de la blanca piel de Sasuke ni de sus ardientes labios. Nunca.
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Sasuke Uchiha dejó de intentar pintar en el momento que aceptó encontrarse demasiado distraído para tratar de concentrarse en nada. La hora de la comida estaba cerca y ni rastros de Kakashi. Encendió un habano de reconocida calidad mientras esperaba que el contador llegara con las noticias de su duelo. Para su fortuna, no esperó demasiado tiempo.
– ¿Y bien? –Sasuke fue el primero en romper el silencio, dejando escapar de sus labios una columna de humo. El corte en el labio inferior y la comisura derecha mostraban una tenue marca morada, a lo cual Kakashi decidió no indagar, lo último que deseaba era empeorar el ya de por sí pésimo humor del conde.
–Shikamaru y yo hemos acordado que el duelo tendrá lugar al amanecer del doceavo día contando a partir de hoy. –informó el mayor, ocupando una de las sillas frente al escritorio de Sasuke. –El sitio elegido se encuentra a un día de viaje, es una aldea del País de Agua llamada Kirigakure. En ese país no se castiga el duelo, por si se llegara a dar el caso de...
–De que alguno de los dos muera, así no se culpará al otro por asesinato. –completó Sasuke con un tono neutral. –Me parece perfecto. Lo último que deseo es ser juzgado como asesino una vez que reclame mi victoria.
–Sasuke, ¿estás seguro de esto? –susurró Kakashi. –Shikamaru dijo que Gaara aceptaría los términos que tú propusieras, pero Nara pidió que por favor lo reconsideraras y yo coincido con él. ¿No crees que estás exagerando? –la mirada furiosa que Sasuke le dirigió debía de ser suficiente para callarlo, pero continuó. –Un duelo a muerte es demasiado. Incluso los nobles evitan un duelo de esas características cuando tienen la oportunidad.
–Es justamente lo que quiero. –respondió con simpleza. – ¿Se acordaron las armas?
–Espadas, como lo pediste. El representante de Gaara también estuvo de acuerdo con tu sugerencia e incluso insistió en comprarlas por ser el ofensor.
–Entonces ya no hay más que decir. –con su elegancia habitual, se puso de pie. –Te agradezco el que aceptaras ser mi padrino y te agradecería mucho más que no comentaras los detalles del duelo con nadie.
–De acuerdo. Sólo quiero saber, ¿por qué un duelo a muerte?
–Tengo mis razones, Kakashi. –le dirigió un fría mirada antes de abandonar la habitación. Todavía era demasiado pronto para revelarle la verdad detrás de su decisión.
–Piénsalo de nuevo... Gaara es famoso en el mundo por su "defensa perfecta". ¿Me estás escuchando, Sasuke?
Pero el moreno conde ya no estaba ahí. No era necesario escuchar nada más, porque nada le haría cambiar de opinión.
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La noticia del duelo entre el conde Uchiha y el duque Sabaku se extendió como un reguero de pólvora encendida. A la mañana siguiente, todo el pueblo sabía que la disputa tenía como protagonista a cierto conde de rubios cabellos. El castillo de Konoha no fue la excepción. Cuando Naruto despertó se encontró solo en la inmensidad de la cama, la habitación era un desastre total y las doncellas encargadas de la limpieza tardarían mucho en volver a dejarla impecable.
Naruto estiró sus adormecidos músculos, sintiendo que su espada resentía un poco el repentino ejercicio. Echó un vistazo a su alrededor para evaluar la magnitud del desorden de la noche anterior. Recordaba haber sido tomado por Sasuke en casi cada mueble del lugar; no por nada se sentía completamente exhausto.
El rubio se enredó entre las sábanas, el cansancio era demasiado y no le daba la gana salir de su cómoda cama. Más tarde tomaría un baño y quizá leería alguno de los viejos pergaminos o bajaría a supervisar las reparaciones del castillo para distraerse de lo que ocurría. No quería pensar en el estúpido duelo y mucho menos deseaba recordar lo ocurrido la tarde anterior en la plaza del pueblo. De repente, el recuerdo de aquel hombre con rancio aliento lo asaltó de manera tan real que le provocó náuseas. Naruto tranquilizó su revolucionado estómago con respiraciones profundas y lentas. Cuando las arcadas desaparecieron, se acomodó sobre el colchón con las rodillas flexionadas y casi pegadas al pecho que lucía varias marcas rojizas, resultado de la noche de pasión compartida con su adorado azabache.
Aunque no lo deseaba, su mente regresaba una y otra vez a la propuesta del duelo. ¿Qué demonios pensaba Gaara cuando aceptó? Naruto creía que el duque era un poco más racional que el impulsivo Sasuke. Con el conde, bastaba presionar los botones correctos, –como su orgullo o meterse con el propio Naruto– para que éste saltara furioso sobre su presa, mandando su sentido común directo a la basura. Sin embargo, había creído erróneamente que Gaara podía ser diferente. El pelirrojo duque tenía la apariencia de ser el tipo de hombre que, a pesar de estar furioso, lograba pensar dos veces antes de actuar. ¿Qué era aquella cosa que había provocado que dos hombres racionales cedieran a sus impulsos de macho? Naruto no lo sabía, pero estaría dispuesto a pagar lo que fuera por averiguarlo.
Abrazó una de las almohadas que milagrosamente había sobrevivido a la noche pasada y enterró su rostro en ella. Si Sasuke no estaba de acuerdo en suspender el estúpido duelo, entonces él buscaría una manera de lograrlo. Lo primero que haría sería indagar con Hinata sobre lo que Sasuke le dijo ayer, si Gaara era el que había involucrado a Naruto en la apuesta entonces el conde merecía una disculpa y el duque recibiría un buen puñetazo por ser tan imbécil. Y lo segundo que haría... hablar con Gaara. El pelirrojo era el más cuerdo de los dos y tal vez aceptaría cancelar aquella locura. Naruto se durmió pensando que sería capaz de hacer cualquier cosa con tal de evitar que Sasuke participara en el duelo que podía arrancarlo para siempre de su lado.
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La noticia del inminente duelo retrasó los planes de Minato y trajo con ella una visita inesperada. Un par de días después de la declaración del duelo, Itachi Uchiha entró en el castillo del que una vez fue amo y señor; lo hizo con tal autoridad que ningún sirviente se atrevió a frenarlo.
– ¿Dónde está Sasuke? –preguntó a una de las doncellas. La joven señaló una puerta de ese mismo pasillo antes de escabullirse por el corredor.
Sasuke se sobresaltó al escuchar el portazo que hizo retumbar cada una de las paredes del lugar.
– ¿Qué rayos estabas pensando, Sasuke? –a pesar de lo pálido y delgado que lucía, el menor pudo comprobar que los furiosos ojos de Itachi todavía conservaban ese poder de estremecerlo hasta la médula. – ¿Cómo te atreves a retar a Gaara a un duelo?
A Sasuke comenzaba a enfadarle el mismo sonsonete, bastante había tenido con los reclamos de cada ser viviente en el castillo y no necesitaba un sermón más por parte de su hermano.
–Soy bastante mayor para saber lo que hago, ¿no lo crees, Itachi? Ya no soy el pequeño niño al que tienes que regañar cada vez que rompe la porcelana de mamá.
–Entonces compórtate como un hombre y no como un niño mimado.
–Mikoto estaría orgullosa al saber que me hice responsable. Estoy defendiendo el honor de los Uchiha.
–Honor o no, te has metido en un gravísimo problema y has arrastrado a Naruto en el proceso. –Itachi le reclamó.
–No fui yo. –Sasuke puso los ojos en blanco. ¿Algún día el resto del mundo lograría entender que él no involucró a Naruto dentro de la apuesta?
–Si te detuvieras a pensar dos veces antes de dejarte llevar por los celos irracionales, entonces no tendrías este problema, tonto hermano menor.
–Y si el propósito de tu visita es sermonearme, puedes ir regresándote a tu maldita casa, Itachi.
–Además del sermón, que claramente mereces, vine para intentar arreglar esto. –reveló el mayor. –Un duelo es algo estúpido, Sasuke. Es arcaico…
–No voy a echarme para atrás. –reclamó Sasuke. –Sasuke Uchiha no será conocido por ser un cobarde. Recobraré el honor de los Uchiha y, aprovechando la ocasión, haré que Gaara entienda de una buena vez por todas que Naruto me pertenece sólo a mí.
–Un hombre de las cavernas tendría mucho más raciocinio que tú. Naruto no es de tu propiedad, entiéndelo. –Itachi suspiró, sentándose en una de las sillas. Su cuerpo reclamaba un poco de descanso después de tal despliegue de energía. – ¿Por qué lo hiciste, Sasuke?
–Ya te lo dije, el honor de los Uchiha ha sido dañado y como el conde, es mi deber encontrar la manera de repararlo. –Sasuke narró de manera breve los acontecimientos ocurridos con Hinata y el problema de Naruto en el pueblo. – ¿Ahora entiendes, hermano? No puedo dejar esto así. No me pidas que cancele el duelo porque es algo que jamás haré.
Itachi suspiró, entendía el deber de Sasuke, pero la forma en cómo pretendía recuperar ese honor era lo que no le agradaba mucho. Sin embargo, como bien decía Sasuke, ya no podía dar marcha atrás sin obtener algunas consecuencias verdaderamente detestables.
–Debe de existir otra forma.
–No la hay. Ahora, ¿estás conmigo o tendré que echarte del castillo?
–Sasuke… ¿cuándo fue la última vez que entrenaste con una espada?
–Hace poco. –mintió sin parecer convincente. Más de alguna vez había tenido que defenderse durante las eternas noches de juergas junto a Suigetsu y los nobles citadinos nunca salían sin una espada en la cadera. Pelear contra un par de nobles borrachos seguramente debía de contar como entrenamiento.
–La última vez que tuviste un entrenamiento decente fue antes de que decidieras marcharte tras las faldas de Karin. –le recordó. –Gaara tiene una defensa perfecta. Él detiene cualquier golpe, frustrando a su oponente y arrinconándolo en la locura, entonces, una vez que el oponente está cansado y desesperado, busca una abertura y asesta el golpe de gracia.
–No tienes porqué explicármelo.
–Admito que eres un genio manejando la espada, pero diez años sin practicar pueden oxidar hasta al mejor de los genios.
–Me pondré en forma en un par de días. –señaló. Quería a Itachi, no lo negaba, pero cuando a su hermano mayor se le metía una idea en la cabeza podía llegar a ser igual de terco que el mismo Naruto. – ¿Vas a quedarte?
–Voy a quedarme y a entrenarte. –Itachi esbozó una pequeña sonrisa. –Vas a necesitar mi ayuda.
– ¿Un genio oxidado entrenará a otro genio oxidado? –preguntó Sasuke, haciendo referencia a que Itachi tampoco había tomado una espada desde que la enfermedad debilitó su hábil cuerpo.
–Te aseguro que estoy en mejor forma que tú. Además, si quieres derrotar a la defensa perfecta… –con un parpadeo, los negros ojos de Itachi se transformaron en un par de hermosos rubíes. –… necesitarás mucho entrenamiento y tenemos poco tiempo.
–El Mangekyou…
–Así es. Si puedes vencerme a mí, tendrás una oportunidad contra Gaara.
Sasuke aceptó el desafío. Debía de entrenar su cuerpo y desempolvar sus viejas técnicas si quería ganarle al duque Gaara. Pero el verdadero entrenamiento empezaría mañana. El que Itachi estuviera ahí le ayudaría también a pulir los últimos detalles que necesitaba dejar listos antes de enfrentarse en ese duelo. No podía, simple y sencillamente, suponer que todo saldría bien por más que lo deseara. Tenía que pensar en el peor de los escenarios para dejar a su familia protegida si él moría durante la batalla. Un grave problema sería la sucesión y Madara no era el candidato ideal para convertirse en el conde Uchiha. Sin un heredero varón, la cosa se complicaba y mucho. Otro problema era Hinata y, por supuesto, su dobe. Antes de partir, debía tomar algunas medidas al respecto.
–Entrenaremos mañana. –declaró Sasuke, poniéndose de pie. –Primero me gustaría hablar con Kiba y contigo sobre… –la puerta se abrió y con ella entró una tormenta amarilla que, a leguas, se mostraba furioso.
– ¿Qué carajos significa esa estúpida orden tuya de impedirme la salida del castillo, teme? ¡Necesito salir ahora! –exigió Naruto golpeando con sus palmas el escritorio, sin siquiera notar la presencia del otro pelinegro. – ¡Quiero salir!
–No darás ni un paso fuera de este castillo, dobe. –declaró con tranquilidad. –Al menos no hasta que pase el duelo.
– ¡Maldito bastardo! No puedes encerrarme aquí. ¡Me niego!
–De acuerdo. ¿A dónde planeas ir?
Naruto titubeó. De ninguna manera podía ser buena idea decirle a Sasuke que planeaba visitar a Gaara para pedirle que cancelara el estúpido duelo. Tal vez lo dejaría salir a cualquier otro lugar que no fuera la mansión del duque.
–Necesito comprar algo. –murmuró, bajando la mirada.
–Pídeselo a una de las sirvientas.
–Es personal. –insistió Naruto.
–Entonces iré contigo en cuanto termine mis asuntos.
– ¡Con un demonio! Déjame salir, Sasuke. –exclamó Naruto. –No soy tu maldita propiedad. No puedes prohibirme nada.
–Eres mi esposo y como tal, obedecerás. –Sasuke ignoró la fría mirada que le dirigió su hermano.
– ¡De acuerdo! Te lo diré: necesito comprar hierbas para hacer un estúpido té que evite un embarazo. Hace dos días cogimos como malditas bestias en celo y te corriste dentro cientos de veces aunque te pedí que no lo hicieras ¿lo recuerdas? –Naruto utilizó esa última herramienta. Estaba seguro de que su esposo de ninguna manera saldría con él a comprar algo como eso porque, a pesar de todo, fuera de la habitación Sasuke podía ser muy tímido para ese tipo de asuntos. En el mercado aprovecharía para escabullirse hasta la mansión de Gaara y lograr su cometido de hablar con él.
Sasuke carraspeó y bajó la vista, señalando discretamente a Itachi. El rubio se sonrojó hasta la punta de los dedos al descubrir la sonrisita socarrona de su cuñado.
–I-Ita-Itachi –trató de recobrarse pensando que, después de todo estaban casados, ambos eran jóvenes y las relaciones entre ellos no tenían que ser algo prohibido. Sin embargo, ni siquiera ese pensamiento podía quitarle el sonrojo del rostro. – ¿Cómo estás?
–No tan bien como tú, por lo que escucho. –a Itachi le pareció que ambos se veían completamente adorables, sonrojados y avergonzados como si fueran un par de críos de cinco años a los que descubren haciendo travesuras. –Vine a hablar con Sasuke.
– ¿Por lo del duelo? –preguntó Naruto con un destello de esperanza. – ¿Vienes a detenerlo?
–Era mi intención hacerlo, pero ahora que sé los pormenores del asunto, me parece que es algo imposible. –le explicó Itachi a su cuñado. –Sasuke ya no puede dar marcha atrás.
–Ustedes y su maldito orgullo… ¿no se dan cuenta que el que sale perdiendo soy yo?
–Si Sasuke es derrotado, también te perderá a ti. –le recordó el mayor. –No eres el único afectado.
–Para mí, este estúpido duelo es el resultado de no poder dominar sus impulsos de macho celoso y orgulloso. –reclamó Naruto, cruzándose de brazos. –Buscaré alguna manera de detener esto por mi propia cuenta. Por cierto, ¿dónde está Deidara?
–Él se hospedará en una pensión cercana. –contestó Itachi. –Cree que es una molestia estar en el castillo.
– ¡Ustedes jamás serán una molestia! El castillo es enorme y hay más habitaciones que las que puedo recordar. –Naruto exclamó con una gran sonrisa. –Pueden quedarse aquí. Ordenaré que preparen una alcoba inmediatamente.
–Te lo agradezco, Naruto. –susurró Itachi, sin despegar la vista del rubio. –Ahora dime, ¿por qué no voy a buscar a Deidara para que te acompañe a comprar lo que necesitas?
–Pe-Pero Deidara... – Naruto buscó alguna manera de evitar esa catástrofe. Con Deidara vigilándolo no podría escaparse de los guardias para ir con Gaara. –Deidara… ¡Deidara es un varón!
–Créeme, a él le importa un comino lo que la gente piense. –Itachi recordó el carácter de su pareja, era inevitable sonreír cada vez que pensaba en él.
–Bu-bueno… es que yo… ¡quiero salir! Eso es todo.
–Entonces dile a Kakashi que vaya contigo. Esa es mi condición. –proclamó el conde moreno, lo cual para Naruto era mala idea ya que de Kakashi tampoco podría escapar. Gruñó frustrado, controlando las ganas de jalar sus rubios cabellos.
– ¡Teme! –protestó una vez más. Bueno, si no era con gritos, entonces había otras armas que podría utilizar para engatusar a Sasuke. Respiró profundamente antes de poner una sonrisa coqueta destinada sólo a su esposo. –Mi vida, necesito salir. Prometo esperarte esta noche en la cama…
–Esos trucos no funcionarán conmigo. –Sasuke rodeó el escritorio y tomó a Naruto del codo, guiándolo hacia la salida. –Nunca has sido sumiso en la cama y no espero que empieces a serlo ahora. ¿Por qué tanta insistencia por salir?
–Odio estar encerrado en el castillo. ¿No has escuchado que lo prohibido es lo más deseado? Si me prohíbes salir… yo seguiré insistiendo.
–Escucha bien, Naruto. No voy a retirar mi orden y los guardias me avisarán si intentas salir nuevamente. No irás a ningún lado sin la compañía de alguien de mi total confianza. –se inclinó, dejando sus labios muy cerca del oído de Naruto. –Sé lo que intentas hacer, dobe y no voy a permitírtelo.
– ¿Ahora puedes leer las mentes, bastardo? –replicó con sarcasmo.
–Sé que quieres escapar del castillo para ir con Gaara y convencerlo de cancelar el duelo, pero no te dejaré. –Naruto se sorprendió al descubrir que su esposo había intuido a la perfección sus planes. –Gaara no renunciaría a su orgullo sólo por una petición tuya... claro, a menos que aceptes el precio que él proponga. Un precio muy alto por un orgullo herido quizá sea un trato aceptable para el duque.
–No conoces a Gaara. –Naruto defendió a su amigo. –Él no es como tú.
–Él es exactamente igual que yo. –refutó Sasuke.
–Entonces, si él es como tú, dime ¿qué precio pondrías para cancelar el duelo? –Naruto lo retó, moviéndose con agilidad para zafarse del agarre de su esposo.
–Si yo fuera Gaara… pediría al dobe de Naruto Namikaze desnudo y atado en mi cama para clavársela toda la noche hasta quedarme seco. –susurró el conde.
Naruto sintió que su cuerpo se estremecía pero no de placer y su respiración se agitó al imaginar tal panorama. ¿Sería Gaara capaz de exigirle convertirse en su amante a cambio de retirarse del duelo? En cualquier caso, Naruto ya tenía una respuesta.
–Si ése es el precio que Gaara exige, entonces estoy dispuesto a pagarlo…
– ¿Qué diablos estás diciendo? –lo miró como si el rubio fuese la cosa más rara del planeta e Itachi se acercó al notar que la discusión de su hermano estaba saliéndose de control, a juzgar por los gritos de ambos.
– ¡Dejaría que Gaara o cien hombres más me follaran si con eso consigo salvarte a ti de este estúpido duelo!
– ¡Naruto! –gritó Sasuke, furioso y celoso. – ¡Vuelve acá, estúpido usuratonkachi! –Naruto salió de la habitación tan furioso como el propio Sasuke. ¿Acaso su azabache marido no podía entenderlo? Cualquier precio era poco si con ello garantizaba la seguridad del conde. Todavía era muy joven para convertirse en el conde viudo de Uchiha.
Itachi frenó a Sasuke, jalándolo del brazo antes de cerrar la puerta.
–Cálmate.
– ¡Suéltame! –exigió. –Tengo que hablar con él.
–Primero cálmate. –Itachi lo lanzó a una silla. –Si te dejo ir ahora, le dirás algo de lo que puedes arrepentirte el resto de tu vida… la cual no será muy larga si pierdes el duelo.
–Cállate. –Sasuke caminó en círculos por la habitación, tratando de calmarse. –Esto no está funcionando. Debo hablar con él.
– ¿Y qué le dirás? –se plantó enfrente de su hermano menor con los brazos cruzados. – ¿Vas a decirle que te pertenece, que es de tu propiedad? ¿Vas a hacerle el amor hasta que tus ganas de marcarlo como objeto tuyo estén satisfechas? Lo siento, Sasuke, pero tienes que olvidar esas estúpidas ideas. Te equivocas en muchas cosas. Las personas no pueden ser propiedad de otra por más amor que se les tenga, no son ganado al cual se les puede tatuar una marca para anunciar al mundo entero que es propiedad tuya. Tienes que aceptar que Naruto es libre, no te pertenece y si está contigo no es por el contrato matrimonial que los une. –con una débil sonrisa, alborotó el cabello de su hermanito, justo como cuando Sasuke era pequeñito y estaba a punto de explicarle algo muy importante. –Naruto está contigo porque te ama y, al igual que tú, él haría cualquier cosa por protegerte. Dijo eso porque está enojado y desesperado por esta situación, ¿o en verdad crees que él desearía dormir con Gaara o con cualquier otro?
Las palabras de su hermano Itachi tenían el poder de hacerlo aterrizar en la realidad, siempre había sido así. Su pequeño sermón disipó la nube de celos que nublaba su cabeza y reconoció que el mayor tenía razón. Agotado por la repentina discusión, volvió a sentarse en un pequeño sillón con Itachi frente a él.
–Tratar con Naruto nunca ha sido fácil. –le confesó.
–Nadie dijo que lo fuera. Pero creo que, a pesar de todo, esas discusiones son el toque exacto que vuelve sus vidas menos rutinarias.
–Deidara y tú no pelean tan seguido.
–Porque Dei y yo nos comunicamos de manera diferente. Simplemente, Naruto no es igual que Deidara y tú no eres igual que yo.
–Iré a ordenar a los guardias que vigilen a Naruto. –declaró Sasuke después de pensarlo un poco. –No es necesario que se meta en problemas por mi culpa y mucho menos deseo que vea a Gaara antes del duelo, su intervención podría complicar más las cosas. Y después, quiero tratar un asunto contigo y con Kiba.
Itachi asintió y siguió a su hermano. Naruto era justamente lo que Sasuke necesitaba y eso lo hacía sentirse tranquilo respecto a su hermano. Ahora confirmaba que había alguien, además del propio Itachi, que velaría por la seguridad de Sasuke. Necesitaba esa tranquilidad porque cada vez la enfermedad agotaba más y más sus fuerzas.
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– ¡No puedo creer que Sasuke no me deje salir a ningún lado! –se quejó el rubio con Hinata. La mujer acunaba a Natsuki entre sus brazos mientras observaba a su amigo pasearse como león enjaulado dentro de la biblioteca. –Necesito hablar con Gaara.
– ¿Por qué no le envías una carta al duque? –sugirió Hyuuga. –Quizá él pueda lograr verte sin que Sasuke se entere.
–Ya lo intenté. –le confesó. –Traté de sobornar a uno de los guardias para que llevara el mensaje a Gaara.
– ¿Y qué sucedió?
–Llevó la carta… directo al estudio de Sasuke. –a Naruto comenzaban a agotársele las ideas. No quería recordar la fría mirada que Sasuke le dirigió después de leer aquellas palabras que eran solamente para el pelirrojo. Una nueva idea atravesó su mente y sus ojos se iluminaron. –Hinata, ¿y si tú llevas esa carta?
–Los guardias no son tontos, irían a decirle a Sasuke de inmediato.
– ¿Crees que Deidara pueda ayudarnos? Seguramente él está de acuerdo en que esto es una completa locura.
–Naruto… –Hinata dejó a Natsuki dormida en una canasta de mimbre que fungía como cuna portátil, rodeada por algunos almohadones. Tomó las manos del rubio entre las suyas para mirarlo a los ojos. –Lo mejor es que trates de comprender un poco a Sasuke. Tú estarías dispuesto a hacer cualquier cosa por él porque lo amas ¿no es verdad? –Naruto cabeceó afirmativamente y la mujer continuó: –A él le ocurre lo mismo. Está enamorado de ti y haría cualquier cosa por protegerte, incluso arriesgar su vida.
–Pero, ¿y si Gaara lo mata?
–No creo que Gaara sea capaz de eso. –respondió con sinceridad. –Tú conoces a Gaara mejor que yo. Probablemente propusieron un duelo "a la primera sangre" y no a muerte.
Naruto palideció al escuchar esas palabras, porque era lo que más temía.
– ¿Qué es un duelo "a la primera sangre"?
–Significa que el primero en lograr herir al contrincante, es el ganador. –le explicó pacientemente Hinata. –Cualquier gota de sangre declara la victoria, aunque ésta provenga de un raspón en la mejilla.
– ¿Y un duelo a muerte?
–No necesito explicártelo para que lo entiendas, ¿cierto? Aunque existe un término intermedio en el que el ganador se declara cuando uno de los combatientes es incapaz de continuar.
–No me gusta como suena. Puede que no sea a muerte, pero eso no quita la posibilidad de que alguno de los dos muera unas horas después por la severidad de las heridas. –razonó Naruto. –No quiero regresar con el cuerpo sin vida de Sasuke entre mis brazos.
–Pero ya no hay nada que nosotros podamos hacer. –Hinata le ofreció una taza de té. –Sólo queda confiar en Sasuke.
–Tampoco me agrada la idea de que mi esposo lastime o incluso mate a uno de mis amigos. –le confesó en voz baja. –No sé si pudiera perdonarlo. Además, ya me han informado sobre las leyendas de Gaara. Es un buen guerrero y…
–Y Sasuke también lo es. –Hinata lo interrumpió, obteniendo unos ojos azules repletos de sorpresa. –Aunque es difícil de creer, tanto Itachi como Sasuke son increíblemente buenos manejando una espada. Ambos fueron entrenados por Lord Fugaku, como hijos de un conde tienen la obligación de saber defenderse en batalla y dirigir a sus tropas. Itachi fue llamado un genio, sus ataques eran rápidos y ágiles, era casi una obra de arte observarlo entrenar. Nunca perdió contra ninguno de sus rivales durante las peleas de exhibición. A veces parecía que, en lugar de luchar, interpretaba una danza antigua. Lord Fugaku y Lady Mikoto estaban muy orgullosos de él.
–Me hubiera gustado verlo. –admitió el rubio. – ¿Y Sasuke?
–Al principio, Lord Fugaku no prestó mucha atención al entrenamiento de Sasuke porque Itachi sería el heredero del título de conde. –ella sonrió al recordar el pasado. –Sin embargo, Sasuke se esforzaba mucho por superar a su hermano y pasaba horas entrenando a escondidas de sus padres. Logró perfeccionar su técnica de combate a una edad más temprana que Itachi y todos los guardias del castillo lo reconocieron por ello, pero no logró impresionar a Lord Fugaku, pues él estaba apabullado por la habilidad de su hijo mayor. La habilidad de Sasuke también se hizo reconocida en muchos lugares, llamándolo el pequeño genio de los Uchiha, pero eso no le importaba. Lo que Sasuke deseaba con todo su corazón era ser reconocido por su padre.
Naruto escuchaba maravillado los relatos de su amiga. Ése era el tipo de cosas que le gustaba saber sobre su esposo, pero Sasuke no acostumbraba a hablar mucho sobre su infancia.
–Lo demás, es historia. Sasuke dejó de entrenar cuando se cansó de tratar de llamar la atención de Lord Fugaku. Después vino lo de Karin, Fugaku murió e Itachi se convirtió en conde. Tiempo después, Itachi renunció y Sasuke se volvió el líder de los Uchiha. –Hyuuga bebió un sorbo de su té. –Si me lo preguntas, la habilidad de Itachi es legendaria, y sé que cualquier aldeano te dirá lo mismo, pero… estoy segura de que Sasuke fue capaz de superar a su hermano. Itachi ganó su primera batalla en una competencia oficial a los diez años y quizá Lady Mikoto y Lord Fugaku lo olvidaron, pero Sasuke ganó la misma competencia con sólo ocho años de edad, lo recuerdo muy bien.
–Entonces, Sasuke es un buen espadachín.
–Exacto. Creo que Gaara lo tendrá difícil.
–Pero Sasuke no ha entrenado en los últimos años.
–Sasuke es un genio, Naruto. Personas como él tienen una habilidad innata. A veces el cuerpo recuerda lo que la mente olvida. –dijo sabiamente. Natsuki Hyuuga comenzó a sollozar y Hinata la sostuvo entre sus brazos. –Por cierto, ¿conseguiste un poco más del té que necesitabas?
–El té es el menor de mis problemas. –contestó Naruto, poniéndose de pie. –Es difícil que un doncel se embarace, lo sabes ¿no es así?
–Sí, lo sé. Pero también sé que, dentro de su extraño ciclo, hay un momento que dura pocos minutos en los cuales son extremadamente fértiles. Si un varón alcanza la cúspide del placer dentro del doncel durante ese pequeñísimo periodo de tiempo, es casi seguro un embarazo. –ella señaló una marca rojiza en el cuello de Naruto. –Y por lo que veo, Sasuke y tú parecen estar haciéndolo muy frecuentemente.
Naruto se apresuró a tapar la marca con una de sus manos, había pensado que nadie lo notaría. Aunque las marcas permanecieran ocultas, los habitantes del castillo podrían darse cuenta por algunos de los sonidos nocturnos.
–Hablaré con el teme. Intentaré convencerlo por última vez de que cancele esta locura.
–Te deseo buena suerte, amigo. –Hinata sabía que lo que el rubio se proponía sería imposible. ¿Qué sucedía cuando los egos de dos tercos como Naruto y Sasuke chocaban?
Salió de la biblioteca sumamente distraído sin darse cuenta que tropezaba con el pecho de la persona a la que justamente buscaba.
– ¡Teme! Quiero hablar contigo, como personas maduras. –ofreció el rubio. – ¿Podemos hacerlo?
–Si el tema del que quieres hablar es sobre cancelar el duelo, olvídalo, dobe. No hablaré más de eso.
– ¡Pero Sasuke…! –las protestas del rubio fueron interrumpidas de golpe.
– ¿Hinata está en la biblioteca? Necesito hablar con ella.
Naruto hizo una mueca de disgusto y se apartó del camino, indicándole que la Hyuuga estaba dentro.
–Hinata, hay algo importante que debo decirte. –la mujer se puso de pie como dictaba las normas de etiqueta. –Ahora que ya no eres Lady, no puedo permitirte seguir viviendo en mi castillo sin retribuir algo a cambio.
– ¿Qué mierda estás diciendo? –exclamó Naruto. –Si necesitas el maldito dinero, yo pagaré por los gastos de Hinata y de Natsuki.
– ¿Podrías por una sola vez intentar no meterte en los asuntos de los demás? –le preguntó a Naruto mientras se masajeaba las sienes. El rubio era especialista en provocar jaquecas incluso a la persona más paciente del mundo.
–Es asunto mío porque Hinata es mi amiga.
–Es suficiente. ¡Estoy harto de ti! ¿Por qué no puedes ser un buen esposo y quedarte callado sólo por un maldito día? ¡Un maldito día!
– ¡Lo haría si tú no fueras tan orgulloso y cabezota! –reclamó Naruto a su vez.
– ¡Basta ya! –Sasuke enterró las manos en su cabellera negra, tirando de las hebras un poco. Con Naruto, contar mentalmente hasta diez sólo servía para perder el tiempo y no para calmarse. –Hinata, prepararás tus cosas y las de Natsuki para salir de viaje en diez días. No quiero volver a verlas en el castillo. Si quieres vivir con comodidades, trabajarás por ello. Ya he dispuesto de una casa, un pequeño terreno y algo de ganado para que inicies una nueva vida sin ocultarte tras las faldas de los Uchiha. Eso es todo.
– ¡No dejaré que Hinata se vaya! –mientras Naruto intentaba defenderla, la mujer se quedó de pie, con los ojos muy abiertos y amenazando con soltar un par de lágrimas. Hinata ahogó un sollozo y apretó el pequeño cuerpo de Natsuki contra su pecho para correr a su habitación a cumplir las órdenes del conde. – ¿Por qué haces esto, teme?
Sasuke reprimió el intento de Naruto por golpearlo, acorralándolo contra la pared. El rubio, después de escuchar el relato de Hinata, podía comprender a la perfección la increíble agilidad con la que Sasuke se defendía de todos sus ataques.
–Hace tiempo dijiste que confiabas en mí. –murmuró Sasuke, haciendo que Naruto se perdiera en la profundidad de sus gemas obscuras. –Entonces hazlo. Confía.
–Si quieres que confíe en ti, dame pruebas de que tus acciones son lo mejor para Hinata.
–Las tendrás, pero no ahora. –Naruto estaba a punto de replicar cuando Sasuke revolvió sus rubios cabellos. –Ya no quiero discutir contigo como críos.
–Entonces deja de comportarte como tal.
–Los dos debemos dejar de comportarnos como niños. –recalcó el moreno con toda la razón. –Aún tengo un par de cosas que resolver, pero Deidara no tardará en llegar. Asegúrate de que la habitación para ellos está lista.
Naruto masculló varias maldiciones porque esa era una de las tareas que la señora de la casa debía de cumplir y él odiaba ser tratado como una dama. Mientras recorría los largos pasillos del palacio pensó un poco más en las palabras de Hinata. Sí, estaba muy molesto por haber sido apostado de esa manera, pero la Hyuuga tenía razón: Sasuke haría cualquier cosa por protegerlo a él. Aunque el duelo no era la mejor manera de defenderlo, a estas alturas ya no podía hacer nada para evitarlo pero sí existían muchas cosas que podía hacer para apoyar a Sasuke. Su moreno esposo necesitaba un pilar de apoyo y Naruto, hasta el momento, no había actuado como tal, algo que se encargaría de corregir cuanto antes. Quizás Sasuke necesitaba desahogarse con alguien, expresar sus dudas y temores, hablar… un papel que el propio Naruto podía desarrollar a la perfección. Estaría junto a él, apoyándolo y cuando el duelo tuviese lugar, sostendría su mano, animándolo. No sabía exactamente cómo reaccionaría durante el duelo, pero de algo estaba seguro: no dejaría solo a Sasuke.
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Aunque había prometido apoyar a Sasuke durante el duelo, su mente se negó a conciliar la paz con su decisión. Naruto no estaría tranquilo consigo mismo si no intentaba detener esa locura al menos una vez más, esta vez tomando medidas un poco más extremas. No fue fácil, pero lo logró. Con un poco de paciencia y recurriendo a su increíble ingenio para hacer bromas, consiguió distraer a los guardias el tiempo suficiente para escapar por la ventana del estudio, recorrer el castillo por la parte trasera y tomar prestada una yegua de las caballerizas antes de partir a toda velocidad en dirección a la mansión del duque. A Iruka le asombró ver a Naruto en las caballerizas, pero como fiel sirviente no dijo ni una palabra al respecto y continuó ultimando los detalles de su propia partida.
Naruto apuró el paso de la yegua, definitivamente no era un jinete experto, pero tenía muy poco tiempo para arreglar ese asunto antes de que alguno de sus familiares encontrara la excusa del dolor de cabeza suficientemente sospechosa como para atreverse a buscarlo en su alcoba. Agradeció a su suerte por encontrarse con muy pocas personas durante su pequeña travesía, después de todo había elegido el camino más lejano y menos transitado, además de cubrir su cuerpo y rostro con una fea capucha obscura que encontró escondida en las caballerizas. Bajó de un salto de la yegua, atando las riendas en un árbol del bosque que circundaba la mansión del Sabaku, durante un segundo pensó en saltar la valla del jardín trasero e introducirse en la casa, pero si alguien además del duque se percataba de su presencia, los rumores aumentarían, arrasando con su ya dañada reputación y aumentando los problemas para Sasuke. Tomó una gran bocanada de aire antes de atreverse a llamar a la puerta principal.
–Busco a Lord Sabaku. – le explicó a la doncella que atendió su llamada y bajó la mirada, tratando de evitar ser reconocido.
–El duque está ocupado en estos momentos. –la jovencita le habría cerrado la puerta en la nariz a ese misterioso hombre de no ser por el brillante diamante colgado del cuello, por lo que supuso que debía de tratarse de una persona importante que sólo ocultaba su identidad por precaución. –Si es su deseo, puede esperar en el recibidor mientras aviso a mi Lord de su llegada.
El rubio aceptó de buena gana el ofrecimiento y entró en la residencia, manteniendo su rostro oculto de la mirada insistente de ella.
– ¿A quién anuncio, señor?
–Dígale que un viejo amigo ha venido a negociar con él.
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–Mi Lord, un hombre solicita verlo.
– ¿Quién es? –preguntó Gaara a su nueva doncella, sin soltar la espada con la que practicaba.
–No mencionó ningún nombre, mi Lord. Sólo dijo que es un viejo amigo que quiere negociar con usted. ¡Ah! –se acordó de algo importante. –Parecía un limosnero, pero tiene un bello diamante azul colgando del cuello.
"Naruto." Pensó Gaara de inmediato, pues no conocía a otro ser que tuviese una joya como la que describía su doncella.
–Hazlo pasar. –ordenó, dejando la espalda olvidada en una mesita de la terraza. –No quiero que nadie, absolutamente nadie, se acerque a este lugar mientras hablo con él. ¿Has comprendido?
–Sí, mi Lord.
La mujer marchó a toda prisa a cumplir con sus órdenes y Gaara despidió al sirviente que entrenaba con él.
–Supongo que yo también debo marcharme. –mencionó con cautela la mujer pelirroja que estaba sentada en una de las bancas observando el entrenamiento recién finalizado.
–No, por favor quédate, Mei. –pidió el duque a la guapa mujer. –Necesito que una mujer este presente mientras hablo con él, no quiero más confusiones.
Mei Terumi le hizo una seña a la doncella que la acompañaba para que continuara ahí. Naruto salió al jardín y la joven doncella de Gaara cerró con firmeza las puertas tras de sí.
–Buen día, Gaara. –saludó con sencillez el rubio.
– ¿Qué estás haciendo aquí, Naruto? –el duque suprimió sus deseos de correr para estrecharlo entre sus brazos. –Es muy peligroso y ni mencionar lo que puede ocurrir si alguien nos descubre.
–Tengo algo importante que hablar contigo, algo que no puede esperar. –Naruto se quitó la capucha, percatándose de la presencia de la mujer que estaba allí. La observó brevemente llegando rápidamente a la conclusión de que era una mujer muy guapa, de facciones finas y piernas largas, hermoso cabello rojo caoba y despampanantes ojos esmeralda, era la típica mujer por la que más de algún hombre mataría.
–Ella es Lady Mei Terumi, una amiga mía que pertenece a la nobleza de Kirigakure. Está aquí de visita y le he pedido que se quede para evitar malos entendidos por estar a solas con un doncel. –le explicó Gaara. –Mei, él es Lord Naruto Namikaze conde de Uchiha.
–Un honor conocerla, mi Lady.
–He escuchado mucho sobre usted, conde. –saludó la pelirroja. –Su belleza y su inesperado matrimonio con un hombre como Sasuke Uchiha han traspasado las fronteras del País de Fuego.
–Kirigakure es una zona muy importante y en auge. Mei tomará el puesto como la siguiente Mizukage en poco tiempo. –reveló Gaara. –En su país, las leyes son más flexibles con las mujeres y los donceles, por eso es que algunas personas muy conservadoras desprecian fervientemente al País de Agua.
–En cuanto al tema de mujeres y donceles admito que Gaara tiene la razón, estamos muy por delante del País de Fuego. Sin embargo, en otros temas, por ejemplo en los duelos por honor, seguimos siendo bastante arcaicos. Por ello me he comprometido a modificar las leyes sobre ese tema en específico en cuanto obtenga el poder. –expresó Mei con tranquilidad.
–Es un país hermoso. –Gaara recordó algunos de sus viajes a ese país. –Te sugiero ir, estoy seguro de que te gustará y encontrarás que concuerda mucho mejor con tu estilo libre de pensamiento. Bueno, dejaremos ese tema para otro día, así que dime, ¿a qué debo tu sorprendente visita?
–Vengo a hablar sobre un tema muy delicado. –Naruto miró por un instante a la pelirroja y Gaara entendió enseguida.
–Mei es una mujer de mi absoluta confianza. No tengo secretos con ella, así que puedes hablar de cualquier tema.
–Bien, es respecto a ese estúpido duelo que decidiste aceptar.
–No creo que exista algo de qué hablar con respecto a eso, Naruto.
–Pues yo creo que sí. –contrarió el rubio. –Tengo muy poco tiempo porque escapé de Konoha, así que seré claro y conciso. Vine a pedirte, suplicarte si es necesario, que canceles ese duelo.
Gaara parpadeó confundido, sentándose a un lado de Mei mientras Naruto continuaba de pie justo frente a él, con los ojos azules repletos de decisión y los brazos cruzados, aunque a pesar de eso, el pelirrojo se daba cuenta que las manos de Naruto no paraban de temblar.
–No planeo cancelar el duelo. –repuso con serenidad.
– ¿Cuánto quieres a cambio de retirarte? –insistió Naruto.
–No me interesa el dinero. –Mei tomaba una taza de té mientras observaba asombrada el desenlace de la discusión.
–Entonces, ¿qué es lo que deseas? ¿Tierras? ¿Propiedades? ¿Joyas? ¿Títulos? Dime, ¿cuál es tu precio?
–Tú sabes el precio, Naruto. –jaló al rubio de la muñeca y él cayó de rodillas, quedando a muy poca distancia del cuerpo de Gaara.
El rubio cerró los ojos con fuerza al sentir la etérea caricia con la que el pelirrojo recorría sus mejillas, dándole a entender a través del tacto lo que el duque más anhelaba.
–De acuerdo. –susurró Naruto casi sin aliento. Aún hincado, se acomodó entre las piernas del duque y escuchó a Mei ahogar un gemido de genuina sorpresa.
Naruto suspiró para darse ánimos y continuar. Aquello lo hacía por Sasuke, no debía olvidarlo. Se quitó la chaqueta y después sus manos temblorosas se dirigieron al primer lazo que anudaba su camisa y con movimientos torpes, comenzó a desatarlo.
Gaara observaba con sus fríos ojos aguamarina la piel expuesta del objeto de sus deseos. Anhelaba sentir esa piel bajo sus labios, rojiza y sudorosa por las sensaciones que sus besos provocaban, pero la manera de conseguirlo no era ésa, no cuando Naruto tenía esa mueca de sufrimiento y traición tatuada en el rostro.
Naruto abrió los ojos al sentir que las manos de Gaara detenían sus movimientos. Con fuerza le colocó la chaqueta sobre los hombros y se puso de pie, tomando al rubio del codo para que él también se incorporara.
–No lo quiero así. –declaró Gaara, asombrando al doncel. –No quiero tenerte sólo una noche mientras tú sufres por traicionar a Sasuke.
–Entonces, ¿qué es lo que quieres? ¿Quieres que me convierta en tu amante permanente? ¡Es que ya no te entiendo, Gaara! –gritó Naruto, quitándose de un manotazo el agarre del duque.
–Querías saber mi precio ¿no? Pues bien, mi precio es la anulación de tu matrimonio. –Naruto lo observaba sin entender, con sus manos atando los lazos de manera distraída. –Si en los próximos días tú solicitas la anulación de tu matrimonio con Sasuke y aceptas convertirte en el duque de Sabaku, mandaré mi honor al demonio y cancelaré el duelo.
– ¿Anularlo? Pero...
–Si decides hacerlo, Shikamaru te ayudará a crear una excusa convincente. Yo te protegeré de la humillación pública al tomarte como mi esposo. –Gaara se inclinó hasta que sus labios estuvieron a casi nada de rozar una de las sensibles orejas del conde. –No te equivoques, Naruto. Lo que más deseo en este mundo es hacerte el amor, pero no te tocaré mientras tu cuerpo le pertenezca a otro hombre. Soy un hombre muy celoso, quiero tenerte sólo para mí porque detesto compartir.
Naruto tragó saliva aunque sentía la boca repentinamente seca. Como Sasuke bien había mencionado antes, estaba preparado para un trato con Gaara en el que definitivamente se involucraría contacto carnal, pero esa nueva propuesta había traspasado todos los límites de su imaginación. Mientras él pensaba, Mei se preguntaba sobre la locura que su amigo acababa de proponer, ¿desde cuándo Gaara se había transformado en alguien tan implacable? Sabía que el amor transformaba a las personas, pero eso...
–Piénsalo bien, Naruto. Junto a mí tendrás lo que Sasuke no puede darte: amor verdadero, fidelidad, un buen apellido, seguridad emocional y financiera, respeto... yo te dejaría ser libre y volar tan alto como quisieras; Sasuke te mantiene cautivo en una jaula de oro porque sabe que es incapaz de retenerte a su lado sino es con la fuerza. Además, he notado la maldición en sus ojos.
– ¿Cuánto sabes sobre eso? –preguntó con pánico en la voz.
–Lo suficiente como para saber que el portador de los ojos carmesíes nunca será feliz. Naruto, ¿realmente crees que podrás ser feliz junto a un hombre que nunca alcanzará la verdadera felicidad? ¿Un hombre maldito?
–No lo sé. –confesó en voz baja. –Pero lo que sí sé es que Sasuke y yo encontraremos la manera de deshacer esa maldición. Juntos, como hasta ahora.
–Sigues siendo muy ingenuo, pero es tu decisión. En cuanto a mi propuesta, no tienes que responder todavía. –ofreció el duque. –Tómate un poco de tiempo y reflexiona. Enviaré un mensajero a Konoha en dos días, si él vuelve sin una respuesta de tu parte, entenderé que duelo seguirá en pie.
El rubio agradeció con sarcasmo la consideración de darle un poco de tiempo para pensarlo, porque realmente no sería una decisión fácil.
–Sólo una cosa más, Gaara. ¿Fuiste tú el que me involucró en la apuesta?
–Sí, pero…
Gaara no tuvo tiempo de explicarlo porque el veloz puño de Naruto impactó peligrosamente cerca de su nariz. El pelirrojo cayó al suelo, limpiándose con el dorso de la mano la pequeña mancha roja que brotó de la comisura del labio.
– ¡Imbécil! Te diré lo mismo que a Sasuke: ¡yo no soy un jodido trofeo que puedes apostar! ¡Si deseas apostar algo, apuesta tu maldito trasero! Nunca pensé que fueras el típico hombre que se deja dominar por sus estúpidos instintos de macho dominante, pero me equivoqué terriblemente.
Naruto tomó su capucha y se vistió con ella antes de saltar la valla y correr hacia su yegua. Gaara lo observó escabullirse entre los arbustos con una leve sonrisa en el rostro que no pasó desapercibida para la mujer. Ese era el Naruto por el cual estaba loco.
–Vaya, tiene un gran carácter para ser doncel. –exclamó Mei, sirviéndose una segunda taza de té.
–Sí. Y ésa es precisamente la razón por la cual me enamoré.
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– ¡No bajes tu guardia! –exclamó Itachi, lanzando un nuevo ataque que su hermano menor repelió con cierta dificultad. – ¿Crees que Gaara tendrá compasión?
En dos días partiría rumbo al país de la lluvia y mientras tanto se dedicaba a entrenar con Itachi el mayor tiempo posible. El entrenamiento se llevaba a cabo en los jardines del palacio bajo la atenta mirada de casi todos los habitantes del lugar. Hinata aún no se atrevía a enfrentar a Sasuke, estaba dolida por las palabras crueles y frías que lastimaron el corazón de la frágil mujer. Naruto, por otra parte, observaba emocionado el encuentro entre los dos hermanos, sin pasar por alto la increíble habilidad de ambos.
– ¡Vamos, teme! –animó Naruto. Sasuke retrocedió un paso e Itachi aprovechó para comenzar una nueva serie de ataques.
– ¡Vence a ese crío arrogante! –Deidara exclamó, emocionado ante la pelea. No odiaba a su cuñado Sasuke, pero eso no le impedía ver lo altivo que el menor podía llegar a ser.
Kakashi, Kiba, Minato, Ino y Shizune se encontraban sentados alrededor de una mesa improvisada. Ahora que el secreto de Shizune ya había salido a la luz, no tenía motivos para ocultarse de Sasuke y pasaba mucho más tiempo con su familia, incluso el propio Minato había notado un cambio drástico en la actitud de su esposa pero no iba a cuestionarla, mejor lo disfrutaría el tiempo que durara. Por acuerdo tácito, Shizune y Sasuke habían decidido mantener el tema de su anterior relación oculto al resto del mundo, con excepción de Minato. Shizune suspiró mientras servía un par de tazas de té, debía de armarse de valor y decirle la verdad a su rubio esposo, pero esperaría a que las aguas se calmaran un poco para tener tiempo de explicarlo con tranquilidad. La pelinegra le dirigió una mirada cómplice al mayor de los Namikaze y asintió casi imperceptiblemente. El plan para que Naruto regresara a la ciudad iba a comenzar en poco tiempo y, además del matrimonio Namikaze, los únicos enterados eran Sasuke y Hinata.
Itachi observó con cuidado los movimientos de su hermano, notando la misma abertura que momentos atrás.
– ¡Vuelves a equivocarte, Sasuke! –le dijo, atacando el lado derecho que el menor dejaba completamente expuesto.
–Te equivocas, hermano. –contestó el conde con una sonrisa de satisfacción.
El Uchiha menor bajó la defensa a propósito, haciéndole creer que estaba expuesto, por lo que Itachi repitió los mismos movimientos para atacar su lado derecho, leyéndolos anticipadamente y logrando contraatacar. La espada de entrenamiento del mayor voló por los aires hasta aterrizar a los pies de un emocionado Naruto.
– ¡Lo hiciste, bastardo!
–Aprovechaste tu mal hábito de bajar la defensa para hacerme caer en esa trampa. Vas mejorando, hermanito. –lo felicitó Itachi.
–No fue fácil. –admitió Sasuke.
–El punto clave para derrotar a Gaara es no caer en la desesperación. –mencionó Kakashi, uniéndose a la conversación. –Él no atacará, se quedará de pie, resistiendo cada ataque hasta agotar todas tus fuerzas.
–Entonces ¿cómo lograré golpearlo? –preguntó Sasuke, frunciendo el ceño.
–Necesitas practicar tu velocidad. –apuntó el hombre de cabellos grises. –Si logras que tus ataques sean mucho más rápidos que los movimientos de defensa de tu oponente, podrás arruinar su ritmo y crear una apertura para atacar.
–Kakashi tiene razón. –Itachi coincidía con él. –Comenzaremos a entrenar con mayor velocidad.
Sasuke asintió mientras su hermano se inclinaba a tomar la espada. Al acercarse a Itachi para comenzar a atacar, notó que la velocidad del mayor se había incrementado, pero por su rostro escurrían varias gotas de sudor. Atacó una vez más, pero Itachi pudo detener la estocada a tiempo, quedando con los rostros muy cerca, con las espadas cruzadas como único obstáculo entre ellos.
–Vamos, Sasuke. Siempre quisiste ganarme, ¿no es verdad? Entonces es tu oportunidad, ¡hazlo! Saca todo ese odio que sientes por mí y transfórmalo en fuerza.
El conde moreno gruñó, pero en vez de recordar todas las veces que Fugaku lo ignoró, recurrió a los recuerdos imaginarios de Gaara besando a su esposo. La rabia que sentía fue transformada en fuerza e Itachi cayó, vencido por el ímpetu recién adquirido de su hermano.
–Itachi, ¿te encuentras bien? –preguntó Sasuke después de observar que el mayor tardaba más tiempo del normal para ponerse de pie.
Un ataque de tos invadió el cuerpo de Itachi. Se puso de rodillas y se llevó la mano a la boca para contener la tos, pero era muy tarde para evitar que su hermano lo viera. Entre los dedos escurrían gotas de sangre que fueron a parar en la tierra, tiñéndola de carmesí y alarmando a todos los presentes.
– ¡Itachi! –Deidara corrió al lado de su esposo, dejándose caer a su lado. –Respira con tranquilidad, vamos, tranquilo.
Sasuke fue testigo de cómo Deidara, con paciencia, palabras suaves y leves golpecitos en la espalda, lograba sofocar el ataque de Itachi. Naruto también se apresuró a llegar al lado de su esposo, preguntando de inmediato si podía ayudar en algo.
–Trae un poco de agua, por favor Naruto. –pidió el otro rubio.
Naruto tomó una de las tazas de la mesa y corrió de regreso, entregándosela a Deidara.
–Puedo llamar al médico enseguida. –ofreció Naruto.
–No es necesario. –respondió Deidara, ayudándole a Itachi a dar unos tragos a la bebida. –Itachi sabe que ha sobrepasado su límite y su cuerpo sólo se encarga de recordárselo. Tienen varios días sin parar de entrenar.
–Estoy bien, puedo continuar. –aseguró el mayor de los Uchiha mientras se limpiaba la mano y el rostro con el pañuelo que Deidara le ofrecía. – ¿Y mi espada?
–De ninguna manera, Itachi Uchiha. –protestó Naruto. –En esta ocasión sí tienes que obedecer a tu esposo, así que ve a refrescarte a la sombra.
–Pero Sasuke necesita entrenar… –intentó reclamar.
–Yo entrenaré con él. –dijo Naruto con una amplia sonrisa. –Si Sasuke necesita entrenar en velocidad, no hay nadie mejor que yo.
–Es cierto. –acordó Kakashi. –Puede que no lo crean, pero Naruto es bastante bueno con la velocidad, es incluso más rápido que Minato. Puedes confiar en él, Itachi.
Itachi le dirigió una intensa mirada de sus ojos negros, tratando de comunicarse con el rubio a través de ese simple gesto. El brillo de confianza en los ojos azules lo desarmó por completo y cedió. Pocos podían sostenerle la mirada tal como Naruto lo hacía. Itachi estaba seguro de que el rubio adoraba a su hermanito y si tenía que dejar a Sasuke en manos de alguien, ese alguien sin lugar a dudas era el propio Naruto. A su lado, Sasuke estaría bien.
–De acuerdo. –aceptó la ayuda de Deidara y de Kakashi para ponerse de pie y añadió: –No seas blando con él.
–No pensaba serlo. –admitió Naruto. –Y tú tampoco seas blando conmigo o te romperé la cara, teme. –dijo, dirigiéndose a su esposo. –Pienso cobrarme todas las que me has hecho.
–Inténtalo si puedes, usuratonkachi.
Kakashi observó el giro que dio el entrenamiento. Naruto se movía con gracia a través del jardín, sus ágiles pies lo mantenían en un equilibrio perfecto y su espada brincaba de una mano a la otra.
– ¿Naruto es ambidiestro? –preguntó Itachi.
–Así es. Le tomó mucho tiempo perfeccionar esa habilidad, pero lo ha logrado. –dijo Kakashi. –Es algo de lo que Naruto se enorgullece mucho.
Naruto combinaba la agilidad con la velocidad. Cuando Sasuke estaba seguro de asestar un golpe, Naruto desaparecía y apenas tenía tiempo de protegerse del contraataque de su rubio esposo.
–No eres tan malo como esperaba, dobe.
–Viniendo de ti, eso es un halago. –respondió Naruto con una sonrisa.
El enfrentamiento continuó, ambos muy parejos. Cada golpe que Sasuke propinaba era cobrado con creces después, pero en poco tiempo logró igualar su velocidad con la de Naruto.
–Lo haces bien, teme, pero apenas estamos comenzando.
Si a Sasuke le sorprendió notar que Naruto aún podía ser más rápido, lo ocultó muy bien. Aunque el rubio aumentara la velocidad de sus ataques, tenía ciertos patrones que le permitían leerlo con facilidad. Naruto estaba consciente de eso, pues era un mal hábito que Kakashi se encargaba de recordarle en cada entrenamiento. Si Sasuke memorizaba su patrón de ataques, fácilmente podría predecir el siguiente movimiento y contraatacar, por lo cual pelear contra Sasuke también era un buen entrenamiento para el propio Naruto.
El sol ya comenzaba a ocultarse en el horizonte y Sasuke se veía mucho más agotado que Naruto, por lo que reconocía que el dobe lo superaba en resistencia y por mucho, otra ventaja de tener esa hiperactividad. Sin embargo, el rubio no se sentía del todo bien. El último golpe que Sasuke le había dado en la cabeza lo dejó con unas terribles náuseas y la vista borrosa, pero no admitiría que su esposo pegaba bastante fuerte.
– ¡Te tengo!
Escuchó que Sasuke exclamaba algo y después sintió que las fuerzas lo abandonaban. Con dificultad notó que su esposo había vencido su defensa y ahora le golpeaba el abdomen con la empuñadura de la espada. El latigazo de dolor lo envió directo al suelo.
– ¡Naruto! –distinguía la voz preocupada de Sasuke y pronto se sintió entre sus brazos. –Llama al médico, Naruto no responde.
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Al abrir los ojos, se encontró en la amplia cama que compartía con Sasuke y Shizune estaba a su lado, poniéndole un pañuelo mojado con agua fresca sobre la frente.
– ¿Qué pasó? –preguntó aún adormilado.
–Te desmayaste, ¿lo recuerdas? –explicó Shizune con paciencia.
Naruto no respondió. Entre sus recuerdos lo asaltó la imagen de Sasuke dándole el golpe que lo fulminó, el cansancio lo había atribuido al agotador entrenamiento bajo el sol, pero ahora que lo pensaba dos veces no le parecía tan normal tanto cansancio. Era un chico acostumbrado al entrenamiento duro y unas pocas horas de ejercicio no debían de mermar sus fuerzas con tanta facilidad.
– ¿Cuánto tiempo dormí? –Naruto se frotó distraídamente el área del abdomen donde recibió el golpe. Todavía dolía un poco y quizá tendría un simpático moretón, por lo que maldijo a Sasuke entre dientes.
–Casi un día completo. –respondió Shizune, sentándose en la orilla de la cama. –Una de las mujeres de la aldea te revisó y dijo que tu desmayo fue producto del cansancio y... otras cosas que hicieron mella en ti.
– ¿Otras cosas? –replicó con una ceja alzada.
–Sí, otras cosas. Por ejemplo, tu preocupación por el duelo.
Cierto, su preocupación sobre ese duelo no lo había dejado dormir algunas noches, pero el insomnio no era razón suficiente para justificar el desmayo. Seguramente mientras dormía, el mensajero de Gaara había llegado esperando una respuesta, pero su decisión ya había sido tomada. Se quedaría al lado de Sasuke y, si veía que Gaara intentaba matarlo durante el combate, mandaría sus estúpidas normas de honor directo a la mierda e intervendría. Si Sasuke perdía, no le importaba la anulación del matrimonio. Naruto, rebelde por naturaleza, no respetaba mucho las normas sociales y no empezaría a hacerlo ahora, así que permanecería al lado de Sasuke como su amante aunque se lograra la anulación del matrimonio.
– ¿Dónde está Sasuke?
–Entrenando con Kakashi en el jardín. –la mujer acarició los rubios cabellos de su hijastro y Naruto se revolvió incómodo por el repentino contacto. –Le avisaré a Sasuke que ya has despertado, así que descansa un poco más.
–Te lo agradezco.
–Naruto. –la mujer titubeó un momento frente a la puerta, antes de salir. –El día de mañana al amanecer, Sasuke debe de partir rumbo a Kirigakure, es casi un día de camino.
–Lo sé.
–Trata de… bueno, intenta que Sasuke descanse el mayor tiempo posible esta noche, lo necesitará. Y no hagan mucho… ya sabes. No sean tan brutos en ese aspecto esta noche. Eso es todo, te veré por la mañana.
Naruto suspiró y se encaminó hacia el enorme ventanal de la habitación. Lentamente, los rayos del sol adquirían un brillante color naranja, señal inequívoca de que pronto anochecería. Salió de la recámara y se dirigió a su estudio, necesitaba un tiempo a solas para pensar. Cuando por fin cayó la noche, regresó a la alcoba, encontrándose con un Sasuke caminando en círculos, con el apetecible torso descubierto y una copa de vino en la mano.
–Hey, teme, necesitamos hablar sobre mañana. He estado pensando sobre eso y yo… –Sasuke selló sus palabras con un beso y Naruto no pudo resistirse a tocar la suave piel blanca que casi parecía ser plata líquida al ser iluminada por los rayos de luna que entraban por la ventana.
–A la mierda el duelo, dobe. –susurró Sasuke. –Esta noche eres mío.
Naruto suspiró y dejó que todos sus miedos lo abandonaran. Sasuke estaba en lo correcto, no tenía caso pasarse la noche en vela, preocupándose por el duelo. La copa de Sasuke cayó al suelo, haciéndose añicos y desparramando su preciado contenido en todo el suelo. Al rubio le pareció fantástica la manera en que Sasuke lo besaba con desesperación, como si temiera que esa noche podría ser la última… y no quería pensar que en verdad podría serlo. Se estremeció de pies a cabeza sin que ello pasara desapercibido por el ojo analítico de Sasuke.
–Se necesitará más que un duelo para separarme de ti, teme. –dijo Naruto con una pequeñísima sonrisa, sosteniendo el rostro del moreno entre sus manos. –Si pierdes y necesitas cumplir tu palabra de pedir la anulación de nuestro matrimonio, hazlo, de cualquier manera yo permaneceré a tu lado… me convertiré en tu amante.
Sasuke bufó, con una sonrisa ladeada en el rostro.
– ¿De verdad lo harías? Convertirte en el amante del conde Uchiha…
–Ya soy tu amante. –le recordó Naruto. –La única diferencia es que ahora hay un contrato matrimonial entre nosotros. Si se anula el matrimonio, nada cambiará. Seguiré colándome en tu cama todas las noches, bastardo. No podrás deshacerte de mí.
El moreno empujó el cuerpo de su amante rubio sobre la cama, colocándose sobre él y aprovechó para deshacerse de las molestas prendas que le impedían el acceso directo a la piel de Naruto.
–Tengo buenas razones para no perder, usuratonkachi. –dijo con fervor mientras besaba el cuerpo contrario, el cual se retorcía de placer ante la maestría del conde. –No te voy a perder.
–Escucha bien, idiota. –abrazó a Sasuke de una manera en la que jamás había abrazado a nadie. –Nunca te lo dije pero… te amo. Y estoy seguro que de ningún modo volveré a querer a nadie como te quiero a ti.
–Y yo estoy jodidamente enamorado de ti. –le contestó con las mismas palabras que utilizó para declararse. –Tan jodidamente enamorado como nunca en mi jodida vida volveré a estarlo.
–Y si los dos estamos tan jodidamente enamorados el uno del otro… –Naruto restregó su cadera con la contraria, escuchando con satisfacción el gemido de Sasuke. –… se me ocurren un par de cosas que podemos probar.
– ¿Sólo un par? Porque yo imagino cientos de cosas…
–Entonces sí estaré verdaderamente jodido.
Naruto se rio bajito ante su propia broma y después succionó con ímpetu el cuello de su esposo, dejaría una gran marca roja que incluso Gaara sería capaz de ver. Deliberadamente ignoró las palabras de su madrastra ¿qué podría saber ella acerca de cómo pasar la posiblemente última noche con el ser que más se ama? Se dejó llevar por las caricias de Sasuke, disfrutando de ese momento sin prisas, con calma, porque ambos deseaban con toda el alma que esa noche durara para siempre, aunque ninguno de los dos fuera capaz de poner en palabras sus verdaderos anhelos. La luz de la luna rodeó a los dos amantes aislándolos de la realidad y envolviéndolos en una nube de encanto, creando una mágica noche que no olvidarían y que sólo podría disiparse con el amanecer.
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Despertó al no sentir el calor de Sasuke cerca de él, sentándose de golpe sobre el colchón, imaginándose lo peor. Naruto miró a su alrededor hasta que encontró a su moreno esposo saliendo del cuarto de baño, con unos pantalones holgados y el blanco pecho con las rojizas marcas de la pasión anterior. El rubio sonrió satisfecho, ideando un último y desesperado plan para evitar el duelo.
Si existía algo en el mundo capaz de atraer la suficiente atención de Sasuke, eso sin lugar a dudas era Naruto. Si ya era bastante malo para sus neuronas el ver al rubio desnudo, entonces verlo acostado en su cama, con las piernas abiertas, acariciándose el lujurioso cuerpo y gimiendo su nombre era el epítome de la locura. Por Naruto, era capaz de mandar al diablo su cordura sin un boleto de regreso. No le importó que recién saliera de tomar un refrescante baño, se lanzó sobre su esposo dispuesto a tomarlo hasta el cansancio. Naruto respondió uniendo sus labios con los de él y enredando las piernas en las estrechas caderas de su amante moreno, habían tenido relaciones durante la mayor parte de la noche, pero el miembro de su esposo parecía no resentir en absoluto la agitada sesión nocturna. Clavó sus dientes en el hombro de Sasuke para reprimir el gemido que le provocó la repentina penetración de su moreno conde.
– ¿Estás bien, dobe? –se preocupó Sasuke, restándole importancia al dolor en el hombro.
–Muy bien. –agitó sus caderas para señalarle que podía continuar.
Si no lograba convencerlo de no ir al duelo, lo agotaría con sexo hasta que olvidara ese estúpido combate. Cuando los dos alcanzaron la cumbre del placer, los gallos comenzaron a cantar marcando la llegada de los primeros rayos de sol. Con pereza, Sasuke se obligó a separarse de su ardiente esposo, se puso el pantalón justo antes de escuchar unos golpes desesperados en la puerta.
– ¡Sasuke, ábreme! –gritaba Itachi desde afuera. –De ninguna manera de te dejaré ir a ese estúpido duelo.
–Ya somos dos. –dijo Naruto, cubriéndose con una bata de seda.
–Dobe, aunque preferiría pasar el día follando tu delicioso culo, nada me impedirá ir. –dijo con seriedad.
La puerta se abrió y un furioso Itachi entró en la alcoba, ignorando el desorden de sábanas. Detrás del moreno se encontraba Kakashi con una sonrisa conciliadora, tratando de disculparse.
–No sé cómo pasó, Sasuke, pero tu hermano se enteró de los detalles del duelo. –Kakashi confesó.
– ¿Por qué carajo decidiste enfrentarte en un duelo a muerte? –gritó Itachi, sacudiendo a su hermano de los hombros. –En un principio creí que sólo sería un duelo que se detendría cuando uno de los dos no pudiera continuar… pero un duelo a muerte no lo permitiré.
– ¿A mu-muerte? –tartamudeó el rubio, con sus ojos azules completamente abiertos. Dio un par de pasos para interponerse entre Itachi y Sasuke, dándole la espalda a su marido. Naruto sintió que su respiración se aceleraba y se llevó una mano al pecho, retorciendo con sus dedos la fina tela. Al saber eso, se arrepentía completamente de haberse negado a la oferta de Gaara, porque ahora se hacía más real la posibilidad de no volver a ver a Sasuke. –Dime que es una broma de mal gusto, Itachi.
–Quisiera que fuera una broma, cuñadito, pero no lo es. Shikamaru Nara me lo confirmó esta mañana. –respondió el mayor de los Uchiha con suavidad.
–Naruto, ¿estás bien? –preguntó Kakashi, preocupado ante la repentina palidez del rubio.
–Yo… tenemos que hacer algo. Iré a hablar con Gaara de inmediato. –una de las frías manos de Sasuke acarició su cuello y después el conde depositó un ligero beso en un punto especial de la columna. Un par de segundos más tarde golpeó con fuerza el mismo lugar que besó, recibiendo el cuerpo inmóvil de Naruto entre sus brazos.
El rubio luchó contra la pesadez de sus párpados, pero fue imposible ganar. Observó los vacíos ojos negros de Sasuke y luego sus labios que parecían susurrarle algo.
–Perdóname, Naruto.
La obscuridad lo invadió. Y después, su cuerpo no sintió nada en absoluto.
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Continuará…
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Lo prometido es deuda, aquí está el capítulo en la fecha prometida. Sé que muchos querían leer ya lo que sucede con el duelo, pero primero teníamos que ver cómo reaccionaría Naruto e Itachi ante el duelo y, los lectores muy intuitivos seguramente ya sospechan del plan que Minato está ideando. Las razones por las que Sasuke decidió lanzar el reto serán explicadas en el siguiente capítulo y el duelo comenzará. La verdad estoy muy emocionada, tengo el duelo planeado en mi mente, ahora lo difícil es convertir esas imágenes en palabras.
Hinata se irá del castillo por órdenes de Sasuke, ¿realmente está tan molesto con ella por lo que le ha hecho a los Uchiha o sólo es parte de otro plan maestro? Y sobre todo, ¿quién ganará? ¿Gaara o Sasuke?
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No tengo palabras para agradecerles su apoyo, de verdad que sus reviews me motivan a seguir con esta historia que se acerca peligrosamente a su final con 3 capítulos más y, si el tiempo y la imaginación lo permiten, un epílogo. Les agradezco enormemente a:
girlutena - ... - Sindey Uchiha Hale Malfoy - ... - sasame chan - ... - Arlenes - ... - Izanami Kuro - ... - Moon-9215 - ... - Goten Trunks5 - ... - SonGriii - ... - karo aoi chan - ... - jennitanime - ... - IAM Hylian Night - ... - Guest - ... - Colorful Melodies - ... - SashaMorita.
Un agradecimiento especial a Alice'D'Angel por recomendar este fic. ¡Gracias por el apoyo!
Y también un agradecimiento para los que siguen esta historia de manera anónima, la han agregado a sus favoritos o se han suscrito a las actualizaciones.
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Siguiente capítulo: tercera semana de febrero (15 al 21 de ese mes)
Un enorme abrazo y besos. Les deseo una excelente semana.
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They keep me thinking that we almost had it all
Kerky
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Número total de palabras: 13.305
