Como dije que actuaría dos veces en semana y mañana no podré, hoy toca.


SALVASTE A ADAM

Capítulo 1: Llegar tarde

ENTONCES

Sam había recobrado su alma, protegida por una pared sobrenatural con la que Muerte ocultaba de su memoria los recuerdos de su encierro con Lucifer. Para Dean era un alivio observar cada gesto de humanidad, cada rasgo del antiguo Sammy. Y por ello se guardaba para sí mismo el que Muerte le hubiese obligado a elegir entre sus hermanos.

No lo sabía Bobby, ni Castiel y no se lo contaría jamás a un Sam que no tardaría en enterarse de lo que había ocurrido durante el último año y medio sobre la faz de la tierra mientras su alma se pudría en el infierno.

AHORA

Adam Milligan se duchó en esa casa extraña y se puso la ropa que había rebuscado entre el equipaje de Sam y Dean. Sabía lo que había pasado porque se lo habían contado, pero no recordaba nada desde que Miguel, aquel ente terrible, le convenciera para ser su envase en un almacén perdido de California.

Sus "hermanos" investigaban sobre un caso, Sam en el ordenador, Dean entre los libros del viejo y gruñón dueño de la casa.

- No seas idiota chico – Bobby Singer, el chatarrero con el que convivían ahora, no estaba de acuerdo con la teoría del mayor de los Winchester - ¿Dragones?

- ¿Por qué no? Los monstruos están descontrolados, ¿por qué no tendrían que haber dragones? – insistió el mayor de los Winchester.

- Eso sólo sale en los libros, es pura ficción, los dragones no existen, como no existen los unicornios o el mundo de Oz – comunicó Robo Sam con suficiencia.

- O las hadas ¿no Sam? – contraatacó Dean – ¿a que las hadas no existen?

- Nunca había oído hablar de dragones – se defendió el hermano sin alma

- Tampoco habíamos oído hablar de hadas. Siempre hay una primera vez para todo – insistió el pecoso sin dar opción a una nueva negativa – tenemos que encontrarlos y detenerlos, si son dragones lo más seguro sea que estén custodiando algo importante.

- ¿Toneladas de oro? – se burló Adam - ¿Ahora sois buscadores de tesoros además de cazadores de monstruos?

- No estoy bromeando chaval, puede estar ocurriendo algo grave – Dean se levantó dispuesto a buscar el arma y dirigirse directamente a la guarida de los dragones, no tenían tiempo que perder, tenían poco margen para detener la llegada a este mundo de la madre de todos los monstruos y no podía explicarles cómo sabía lo que sabía – necesito una espada especial, como la Excalibur del rey Arturo

- Si estás tan convencido chico, quizás una antigua amistad mía pueda ayudarte – ofreció Bobby

- Ya he hablado con Visyak, estoy buscando la manera de sacar la espada de la roca sin romperla – los otros hombres de la habitación le miraron sorprendidos.

- ¿Cómo conoces a Elly? – el chatarrero no salía de su asombro

- Buscando la espada para matar dragones, Bobby, ella es académica de mitología artúrica en Stanford – mintió sin ningún problema el mayor de los Winchester – pero la espada, como la de Arturo, sólo puede ser extraída por un caballero de corazón puro… o a la fuerza.

- Explosivos plásticos – sugirió Sam

- Te la cargarías hermanito, parece que te has quedado sin cerebro además de sin alma – el más alto fulminó con la mirada a Dean, no tener alma no significaba que fuera idiota para que le hablara así, y no era descabellado pensar que una espada capaz de matar a un dragón soportaría una pequeña explosión

- No, si mides bien la cantidad de explosivo – replicó molesto

- ¿Por qué no vais los tres por la espada? – Bobby palmeó la espalda de su nuevo inquilino-ahijado, tratando de poner fin a una discusión que podía acabar mal – podéis mostrarle a Adam en qué consiste el negocio familiar

El más joven no estaba conforme, solo quería volver al sitio de dónde no debió salir, pero, como no iba a suicidarse ni a pedir al par de psicópatas que tenía por medio hermanos que lo mataran, creía que alejarse de la caza e irse por su cuenta era la mejor opción. Sin embargo, estar en contra de esa decisión era en lo único que estaban de acuerdo todos los demás. Por eso se encontró en San Francisco tras veinticuatro horas casi ininterrumpidas dentro del coche de Dean.

La doctora Eleanor Visyak les mostró la espada, no era la de Arturo, por supuesto, sino la de un héroe nórdico que también se enfrentó a Dragones.

Mientras Sam y Adam contemplaban la espada, en la entrada del salón de exposiciones de la mansión, la doctora y Dean discutían vehementemente en voz baja lo bastante alejados de los hermanos del segundo como para que no escucharan lo que decían. La mujer palideció mortalmente ante las palabras del cazador y asintió dejando de discutir.

- ¿Por qué no probáis a sacarla antes de intentar volar la roca? – Eleanor, preocupada por su preciada espada pidió ayuda a los otros Winchester.

Yo no soy un caballero de corazón puro – sonrió sarcásticamente el mayor dándole una palmada en el hombro a Sam – venga hombre de hojalata, prueba tú

Sam se colocó junto a la espada, empuñándola con ambas manos tiró con fuerza previendo la resistencia de la piedra. El metal salió limpiamente de la roca.

A pesar del éxito consiguiendo la espada, el viaje de vuelta fue aún más estresante que el de ida. Dean conducía sobrepasando los límites de velocidad, como si llegaran tarde. Adam estaba desconcertado, Sam no preguntaba nada, a él no le sorprendía que el mayor pudiera adivinar que lo que atacaba a los jóvenes de Portland (Oregón) eran dragones, o que las víctimas desaparecidas fueran vírgenes.

- ¿Cuántos crees que habrá? – preguntó a Sam, por distraerse un poco, el castaño se giró en el asiento del copiloto encogiéndose de hombros – si hay varios vamos a tener problemas a menos de que los convenzamos de que vengan en fila india.

- Tú te quedas al margen chaval – gruñó Dean aminorando la velocidad por la presencia de posibles radares en las afueras de Salem – no entrarás, iremos Sam y yo

- Ni hablar, no me voy a quedar atrás Dean, se algo de medicina y si hay rehenes o heridos puedo ayudar – musitó el pequeño

- El chico tiene razón Dean – le apoyó Sam

- Ya veremos – los ojos verdes del mayor se entrecerraron fijos en la carretera, volvió a acelerar cuando cruzaron el límite del condado de Marion.

Adam guardó silencio. No iba a insistir, cuando llegaran a dónde fuera que iban tomaría sus propias decisiones. Además, ¿por qué iba a confiar en Dean? Por su causa fue el recipiente de un arcángel que había hecho por él lo que sus hermanos no hicieron, se había preocupado de protegerle en un lugar dónde lo último que recordaba era a Sam gritando entre enormes lenguas de fuego. Volvió a mirar a la cáscara vacía de su medio hermano. No lo comprendía, ¿Dean había hecho un trato por él y no por la persona que había cuidado y protegido toda su vida?

El escondite de los dragones eran unas instalaciones abandonadas de la antigua depuradora de aguas de Portland supuestamente selladas para que los indigentes no las ocuparan. Encontraron un acceso al pie de la cordillera que bordeaba el noroeste de la ciudad, en el margen izquierdo del río.

Adam esperó a que sus hermanos se adentraran en las profundidades de la montaña para seguirlos a escondidas. Dean llevaba una espada de ángel y Sam la que había sacado de la roca. Milligan había cogido el colt, supuestamente esa arma mataba cualquier cosa, y siempre era mejor que nada.

Escuchó la pelea antes de ver el resplandor rojizo de uno de los dragones cayendo bajo el acero de la espada de Brunswick. Escuchó los gritos de terror y socorro de las personas atrapadas bajo el sobrenatural espectáculo de sus hermanos luchando contra monstruos de manos en llamas y alas membranosas expandiéndose en el aire irrespirable de la cloaca.

Uno de los dragones hizo que Sam perdiera su espada y Dean lo atravesó de parte a parte con el acero celestial, que si bien la hirió no hizo más que enfurecer a la criatura. Adam consiguió coger la espada, pero vaciló cuando el dragón más pequeño pasó junto a él usando de escudo a una pobre chica aterrada.

- ¡Decapítalo! – gritó Sam

- ¡Quita de en medio! – ordenó el otro Winchester lanzando su arma contra el monstruo fugitivo y clavándosela en el brazo, le quitó la espada y con una aparente indiferencia por la seguridad de la muchacha, decapitó al ser que, ya muerto, parecía tan humano como ellos mismos.

Adam abrazó a la joven tratando de calmarla. Aún no estaban a salvo, quedaba uno, el que el mayor hiriera con anterioridad, pero había desaparecido.

- ¡Maldita sea! – Se desesperó Dean a pesar de que habían rescatado con vida a casi todas las rehenes - ¡No está aquí!

- ¿Quién? – preguntó Adam mientras arreglaba un cabestrillo para una de las víctimas que tenía un brazo roto.

El mayor golpeó la pared con rabia sin responder. La joven del cabestrillo murmuró en voz baja "¿Tu amigo conocía a Penny? Se la llevaron un rato antes de que llegarais".

.- Continuará