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SALVASTE A ADAM

Capítulo 3: Acción preventiva

ENTONCES

La espiral de desesperación en que se hallaba inmerso Dean no hacía más que expandirse cuando había llegado a creer que por fin se frenaría. Lisa le odiaba, Ben le odiaba, había provocado la muerte de una muchacha inocente para salvar la vida de unos capullos a los que él mismo habría dado una paliza sin dudar, su coche tenía todo el frontal delantero destrozado y por Dios que no sabía lo que estaba haciendo con su vida.

Tenía el destornillador en una mano, un trapo manchado de grasa en la otra y la mirada fija en la parrilla delantera del Impala. Eso era lo que hacía, fracasar y seguir intentándolo otra vez para volver a fracasar. Y volver a preguntarse qué sentido tenía todo y porqué seguía luchando.

Y como siempre, Sam estaba ahí, con él, y su hermano sabía lo que tenía que decir para recordarle porqué seguía peleando aún sin fuerzas. Con el alma remendada, o como fuera, aún podía contar con él y con el viejo chatarrero que los había acogido casi de forma permanente,

AHORA

Adam no supo qué lo había despertado en mitad de su sueño. Quizás que ya se había acostumbrado al asiento de copiloto del Impala y al ronroneo de su motor para dormir, ¿Quién sabe? Miró su móvil, apenas eran las tres de la mañana. A la brillante luz de la pantalla del Iphone descubrió que Dean no estaba.

Iba a girarse en el colchón para intentar dormir de nuevo cuando escuchó ruidos de lucha. Alguien, un hombre, posiblemente mayor, pedía ayuda desde la habitación al final del pasillo. Los gritos de auxilio cesaron tras el sonido de un golpe especialmente contundente.

Dos hombres llegaron junto a la habitación de la que salían los gritos. Uno era el recepcionista, el otro, una copia más joven del primero. Cargaron contra la puerta haciendo saltar las bisagras y entraron. Adam dudó entre acercarse o no, no era su problema. Se estaba volviendo a su habitación cuando el recepcionista atravesó volando la puerta y se estrelló en la pared de enfrente.

Al ver que no se movía se aproximó y le tomó el pulso, estaba vivo y respiraba con normalidad. Levantó la vista y se quedó helado, con los ojos abiertos como platos. Dean estaba vapuleando al otro empleado del hotel hasta que lo dejó sin sentido. Su medio hermano cogió al hombre por los hombros y lo sacó al pasillo.

- Parpadea y escucha con atención chaval – Adam tragó saliva reaccionando – No quieres ver lo que voy a hacer ahí dentro así que vuelve a nuestra habitación y espera.

- Dean

- Vete

Sin esperar respuesta volvió dentro y comenzó a dibujar extraños garabatos por todas las paredes de la alcoba de un tipo de unos sesenta años que temblaba de terror rodeado por una circunferencia de fuego. Adam cerró la puerta tras él, aunque su medio hermano pensara lo contrario, no era el soldado de nadie. Dean tenía razón, nunca hubiera querido ver lo que vio.

El hombre dentro del círculo de fuego dijo ser un ángel. Durante unos minutos escuchó cómo protestaba argumentando que no los conocía, que vivía solo y aislado en ese hotel, que nunca había hecho daño a nadie. Adam empezaba a creer que ese ángel no mentía. La suite era un laberinto de libros amontonados unos sobre otros sin ningún orden, como si ese tipo se hubiera dedicado a leerlos durante años y años sin salir al aire libre jamás.

- No es lo que has hecho, es lo que harás simplemente porque quieres hacerlo – Adam no entendió estas palabras del cazador, ¿Cómo podía saber lo que un ángel iba a hacer o quería hacer?, Dean se acercó a las llamas – esto es un ataque preventivo

- Pero, pero ¡Yo no te conozco! ¡Nunca te he hecho daño! ¡Nunca he hecho daño a nadie! – El chico más joven miraba a uno y miraba al otro y sentía que había algo que estaba muy mal en esa conversación – Llevo miles de años aquí escondido, lo único que he hecho desde que este lugar era apenas una tienda hecha con pieles de animales ha sido leer y escuchar historias, sólo eso, no he interferido en la vida de los humanos, sólo en la de mis guardianes

- Te mataría sólo por eso, lo único que has hecho es leer – el cazador rodeó a su prisionero tan cerca de las llamas que su ropa empezaba a echar humo en los puntos más cercanos al ángel – lástima que cuando tuviste ocasión no dudaste en escribir una historia por ti mismo.

- No te entiendo – Metatrón comprendió que con el cazador no iba a tener ninguna oportunidad, se dirigió al muchacho que lo acompañaba - ¿A eso os dedicáis vosotros? ¿A buscar a la gente que sólo quiere vivir tranquila y en paz para matarlos?

- Dean…

- Te dije que esperaras fuera chico, esto no te incumbe – susurró sujetándose el brazo derecho

- Tú tampoco eres humano, no del todo – el ángel ya no intentaba fingir que era un ser pacífico, su curiosidad podía más que su instinto de supervivencia – hay algo muy oscuro dentro de ti, algo sangriento y salvaje, algo que no había visto casi desde los albores de la humanidad.

- Ha llegado tu hora, voy a darte a elegir, ¿prefieres que te atraviese el corazón o que te deje bien frito?

- Tienes la marca del asesino ¿Cómo es posible?

Una llamarada invadió el círculo dónde se encontraba el ángel. Adam retrocedió ante el inmenso calor tapándose instintivamente los oídos por los alaridos inhumanos que emitía Metatrón mientras se consumía entre las llamas. Su hermano, por el contrario, ni retrocedió ni dejó de mirar cómo ardía aquel ser hasta que se convirtió en un montículo ennegrecido e irreconocible en el suelo.

El chico no sabía qué decir, ni siquiera sabía si debía preguntar sobre lo que acababa de pasar. El asesino se acercó a la masa humeante y se agachó asegurándose de que el ángel había muerto. "Vámonos de aquí chaval" murmuró con voz neutra.

Los dos guardianes seguían dónde los habían dejado, pero ya no eran dos nativos americanos fornidos y vitales, eran dos momias, tenían el mismo aspecto que si alguien los hubiera embalsamado hace miles de años y ahora hubieran descubierto sus tumbas y les hubiesen vestido con trajes actuales. Habían muerto. Dean, al matar al ángel también había eliminado a la criatura que los había mantenido con vida desde que llegó a ese lugar.

Pero no estaban solos con los cadáveres, Sam y Bobby fuertemente armados los apuntaban a ambos.

- Tira la espada hijo – pidió el chatarrero al cazador que mostraba tantas emociones en su mirada de hielo como su hermano sin alma.

- Haz caso a Bobby, Dean – ordenó el más alto.

La espada cayó al suelo y Castiel se materializó tras Dean durmiéndolo con sólo tocarlo. Tenían un hotel de cuatro estrellas en medio de la nada y fuera del radar de toda criatura sobrenatural para ellos solos, pues nadie iba a buscar un sitio que no venía en ningún mapa o guía a menos que se perdiera en esas montañas.

Buscaron la habitación más segura para encerrar a Dean. Resultó ser uno de los almacenes del sótano. Adam tuvo que contar varias veces lo que había visto porque ninguno se explicaba qué le estaba pasando al mayor de los Winchester.

- Dijiste Metatrón, pero Metatrón desapareció hace miles de años – el ángel de la gabardina estaba genuinamente sorprendido

- Así lo llamó, y parecía que lo odiaba, teníais que haber visto con qué frialdad le prendió fuego.

- Tienes que estar equivocado chico – era Bobby, ese viejo no podía creer que el joven cazador fuera capaz de algo así – seguro que hay algo que no sabes

- Hay muchas cosas que no sé, Singer, pero todo lo que he dicho sucedió tal como lo cuento

- Dice la verdad, Bobby – ratificó el ángel innecesariamente

- Ese Megatrón dijo que Dean tenía la marca del asesino ¿no? – Sam no había dicho nada hasta entonces, los había dejado hablar y discutir durante toda la mañana pero él sólo había escuchado - ¿Sabes a qué se podía referir Cas?

- Si, pero es imposible que estuviera hablando de esa marca, aunque…

El de la gabardina se esfumó dejando a los tres humanos plantados y sin saber qué hacer con Dean.

.- Continuará