SALVASTE A ADAM
Capítulo 5: A la caza de un monstruo
ENTONCES
Dean fingió que las muertes del viejo Campbell y de Gwen no le habían afectado. Fingió que aceptaba la muerte de Rufus como inevitable. Fingió que había olvidado el viaje a un mundo en el que Ellen y Jo aún vivían y Bobby e incluso los Winchester tenían un hogar relativamente feliz.
Pero no olvidaba, todo eso permanecía en su cabeza, sumándose a la preocupación por Sam y esa pared que en ocasiones se volvía transparente provocándole ataques similares a la epilepsia.
Y mientras Eva estaba por ahí, fabricando criaturas monstruosas como el gusano que le hizo matar a una muchacha inocente. Debían detenerla.
AHORA
- No recuerdo el nombre Bobby, el tipo trabaja en una fábrica de conservas en Ohio pero no recuerdo en qué ciudad – Dean se sujetó la cabeza con ambas manos – ¡Joder!
El grito llamó la atención de los otros Winchester que volvían de Sioux Falls con provisiones. Sam echó un vistazo a su hermano mayor y cuando comprobó que no había nada por lo que alarmarse se fue a dejar la compra en la cocina. Adam se quedó hasta que el "¿Te vas a quedar ahí mirándome como un imbécil, chaval?" de Dean le enfadó y le hizo irse también.
- Escucha hijo, se que la situación es cómo para estar frenético pero deberías ser más amable con el chico – Le llamó la atención el viejo
- Ahora no Bobby…
- Ahora Dean – el veterano cazador estaba harto de ver cómo quien era casi un hijo para él apartaba a todo el mundo de su lado - ¿Crees que no entiendo que todo esto es demasiado para ti? Vivir todo esto otra vez y no encontrar la forma de pararlo es como para volverse loco, y no tienes a Sam contigo, ¿Crees que no sé cómo te duele? Te conozco desde que tu padre cruzó esa puerta con Sam en brazos y tú cogido de su chaqueta. Sé lo que necesitas a tu hermano pero Adam no tiene la culpa de nada, está tan perdido como cualquiera de nosotros, quizás más, no merece que seas un gilipollas con él.
- No lo merece, y Sam tampoco merece seguir cociéndose en el infierno… – la furia del cazador se quedó sólo en sus ojos – Sandusky, la conservera que te dije está en Sandusky.
- Son más de diez horas, deberíamos salir ya
La fábrica de conservas estaba en uno de los muelles, Dean seguía sin recordar el nombre del camionero que iba a recoger (o quizás ya lo había hecho) a Eva en una gasolinera. Al menos conocía su cara, pero permanecer en una zona privada sin autorización era complicado.
Bobby y él se hicieron pasar por inspectores de sanidad y visitaron el almacén junto al puerto. Algunos transportistas habían llegado en las últimas horas y uno de ellos aún estaba en la zona de carga preparándose para una nueva salida.
Dean reconoció al hombre que había matado a su familia en la otra realidad que recordaba. Si estaba en la conservera era que había acabado ya con su esposa y sus hijos. Su maldita memoria le estaba haciendo llegar tarde a todos los trabajos que debía terminar.
- Se quiénes sois – la forma de hablar del camionero le recordó que aún podía salvar a alguien más, a los que fueron infectados después, a los que mataron, Gwen, el maldito Samuel, Rufus…
- Yo también se quién eres – sonrió – el experimento de Eva
- No soy un experimento, soy su último hijo – dijo el monstruo dentro del camionero
Noqueó al portador de la criatura actuando con tanta violencia que Bobby se vio obligado a intervenir separándolo de la víctima antes de que lo matara, después ataron al camionero a una silla. Dean se contuvo a duras penas, tenía que sacar y matar al parásito del purgatorio antes de que alguien más saliera herido. Y si quería que su reinicio de la partida saliera bien, tenía que controlar esos accesos de furia en tanto no pudiera diferenciarlos de su modo normal de actuar o del efecto de la marca que había vuelto a aparecer en su brazo.
No iba a ser fácil ni lo uno ni lo otro, las sirenas de policía rodeando la fábrica de conservas anunciaban que ya habían descubierto el múltiple crimen en la casa del camionero. Pero no podía irse sin acabar con el bicho.
- Yo os sacaré de aquí – Castiel se había materializado justo a su derecha, entre él y Bobby
- No es necesario – Dean impidió que el ángel le tocara a él o a Bobby – no te he pedido ayuda.
- ¿Qué te ocurre? Actúas de forma muy extraña desde que sacaste a Adam del infierno – los ojos azules del de la gabardina eran la imagen perfecta de la inocencia - ¿He hecho algo que te haya enfadado?
- Por dónde empiezo – murmuró irónicamente – no nos vamos a ir de aquí hasta saber qué pretende ese ser, si quieres ser útil ayúdanos a interrogarlo sin dañar al tipo que está poseyendo.
Dean sabía lo que quería el ángel de aquel pobre tío cuyo delito había sido intentar ser amable con una chica perdida, no le iba a dejar, ese hombre ya lo había perdido todo, no iba a permitir que perdiera también su alma para que Crowley tuviera otra pista de dónde estaba el purgatorio y cómo abrirlo.
- Estamos rodeados por la policía Dean, ellos tampoco merecen ser dañados – intentó razonar su amigo
- Acabaremos enseguida, sólo necesitamos saber dónde está Eva y cómo acabar con ella – miró a los ojos del ser en el que había confiado en el pasado y que sabía que volvería a traicionarle otra vez en un futuro que el otro no conocía. Aún así volvió a pedir – si de verdad quieres ayudar, por una vez, hazlo a mi manera.
Castiel puso una mano en la frente del hombre inconsciente atado a la silla haciendo que la criatura oculta en su interior hablase a través del humano. Sabía quiénes eran y sabía quién era Castiel. Al creerse en peligro de ser descubierto el ángel lo expulsó de la cabeza del camionero.
Dean mató al gusano clavándolo en el suelo la espada angelical que llevaba consigo. Bobby desató al hombre atado a la silla que se desplomó muerto en el suelo. El chatarrero miró a Dean, bastó esa mirada para hacerle saber que no podrían hacer nada por él.
- Tenemos que irnos antes de que entre la policía – insistió Cas – pero antes…
- Detente – el cazador impidió que el ángel devolviera la vida a la víctima de Eva – ese hombre sabe que ha matado a su familia, ¿qué vida le espera?
- No fue él, no irá al infierno por ello
- Entonces, es mejor que no vuelva ¿no crees? Aquí sólo le espera la cárcel y la culpa – Bobby prendió fuego al bicho muerto – dejémosle descansar en paz.
Castiel los llevó al hotel dónde esperaban Adam y Sam preparados para intervenir si la policía los hubiera detenido. El canal de noticias que estaban viendo en la televisión de su habitación mostraba la conservera aún rodeada por la policía de la que seguían saliendo empleados a los que escoltaban hasta alejarlos de posibles disparos desde el interior.
- Yo quería ir, pero Sam dijo que era una estupidez y que no servía para nada meternos en mitad de un tiroteo sin saber qué estaba ocurriendo ahí dentro – Adam quiso disculparse con su hermano mayor por no intentar sacarlos
- Bien hecho Sam – Dean palmeó el hombro de su hermano – al final sí que va a ser una ventaja que no te dejes dominar por las emociones.
- Imbécil – replicó sonriendo el tipo sin alma
- Capullo – sonrió a su vez Dean.
Entonces Sam cerró la puerta y Castiel vio el símbolo pintado en ella, sorprendido y aterrado se alejó lo que pudo del dibujo sin comprender porqué le habían atrapado allí dentro ni cómo ellos conocían siquiera un símbolo que no se había usado desde la baja edad media.
No fue lo peor. Sam le sujetó y Dean grabó en su espalda con la espada angelical otro símbolo que encadenaba su gracia a su cuerpo y ataba sus poderes. El único que intentó impedir esa acción tan brutal fue Adam, pero el viejo chatarrero no dejó que interviniera.
- Estáis locos, todos estáis locos – en la parte trasera del Impala, Adam hacía una nueva cura a los cortes que convertían al ángel en prácticamente un humano – he salido del infierno para estar atrapado con una banda de psicópatas
- Guarda el hilo – ordenó Sam girándose hacia atrás al ver que iba a darle algunos puntos a los cortes más profundos.
- Está sangrando mucho
- No se va a desangrar por eso, ya parará – el tono helado del conductor no auguraban nada bueno para Adam si desobedecía
- Es un ángel, no se va a morir por eso – remachó el más alto
- ¿Por qué Dean? – Castiel no lo comprendía - ¿Es por la marca de tu brazo? Debemos encontrar la manera de quitártela.
Era por la marca, por lo que le había hecho aceptarla, por lo que iba a ocurrir si no detenía al ángel. Era por la marca y por las veces que Castiel no confió en él y le traicionó, por su alianza con el rey del infierno para repartirse las almas de la tierra y el purgatorio. Por todo lo que había hecho ya y por todo lo que iba a hacer. Por haber sacado a Sam y no decírselo, por…
Apretó el volante con fuerza sin responder a las preguntas del ángel. Era eso o matarlo y quería creer que podía salvarlo y hacer las cosas bien por una vez.
.- Continuará
