Errrr... entenderé que me odies después de ésto
SALVASTE A ADAM
Capítulo 7: Perros del Infierno
ENTONCES.
Dejar a la mujer que amaba, a la familia que le había acogido cuando necesitó alguien que recogiera sus pedazos, era lo más difícil que recordaba haber hecho. Suplicar al ángel que había provocado este desastre que les borrara la mente y los mantuviera a salvo había acabado con las últimas trazas de orgullo que tenía.
Salió del hospital sin saber cómo, sin ver el mundo que lo rodeaba, envuelto en un manto de angustia que a duras penas le permitía mantener la entereza. Entró en el coche y lo último que necesitaba era que Sam dijera que había cometido la mayor estupidez de su vida.
No podía hablar de ello, no podía ni respirar. Toda su vida se escurría entre sus dedos alejando de su lado a las personas que le importaban, una por una, sin tregua, sin esperanza.
- Si vuelves a mencionarlos te rompo la cara – amenazó a su hermano que sólo intentaba ayudarle.
AHORA
Las cenizas de Rufus reposaban en la tierra, Bobby contempló la tumba del cementerio judío dónde había enterrado a su amigo. Quedaban pocos ya, la vieja guardia había ido desapareciendo: Bill, Jim, John, Travis, Ellen y ahora Rufus, el hombre que salvó la vida de un mecánico cuya esposa había sido poseída por un demonio. Después de más de treinta años su vida aún consistía en perder a los que quería.
Había poca gente a la que podía llamar familia, uno acababa de desaparecer en la pelea de los que todavía quedaban: Un hombre sin esperanza, un Winchester sin alma y el medio hermano de ambos que, a pesar del poco tiempo que lo había tratado, le recordaba por qué aún hacía este trabajo. Y si Rufus había sido un golpe para él, el siguiente sería brutal para Dean. Crowley había secuestrado a Lisa y su hijo para chantajear al cazador.
Por ello el viejo cazador llamó a Castiel, el ángel podía haber traicionado a los Winchester, pero sus motivos, por egoístas que fueran, incluían su cariño por ambos hermanos. Le pidió ayuda en cuanto Dean se fue, solo, a recuperar a quienes Crowley se había llevado. El ángel le prometió que haría lo posible por ayudar.
Castiel encontró a su antiguo amigo junto a unos almacenes abandonados, protegidos contra los ángeles.
- Vengo a ayudarte
- No necesito tu ayuda – el ángel intentó replicar y Dean no le dejó – sé lo que vas a decir Cas, y no, no voy a apartarme para que convenzas a Crowley de que deje ir a los Braeden.
- No quiero que ellos salgan heridos
- Lo sé.
- Nunca quise que llegásemos a estar enfrentados de esta manera, cuando saqué a Sam del infierno lo hice por ti, creí que era lo mejor, no sabía que sólo sacaba una parte.
- Lo sé.
- Dean, no puedo dejar que Rafael se adueñe del cielo y desate de nuevo el Apocalipsis, a toda costa debo impedirlo.
- Se que lo crees, pero no estás parando el Apocalipsis, estás iniciando el Armagedón
- Es un riesgo que tengo que correr
- No es un riesgo, es un hecho – Dean se abrió la chaqueta y activó el símbolo de sangre dibujado en su propio cuerpo – lo siento Cas.
El ángel desapareció en un destello de luz y el cazador corrió al interior del edificio. Sabía dónde estaban, sabía que Lisa estaba poseída, esta vez podría rescatarlos sin problemas. El grupo de demonios cayó ante su espada, ahora podía distinguirlos, tenía unas gafas hechizadas con fuego sagrado para percibir quien era un demonio y quién no.
Ben no estaba poseído, pero podía ver el horrible rostro del demonio superpuesto al de Lisa mientras ésta fingía alivio porque había ido a rescatarla. No la desató, recitó el exorcismo ante la sorpresa de madre e hijo, liberándola cuando el humo salió de ella. Ambos estaban a salvo. Por fin algo estaba saliendo bien.
- Lo siento, esto ha sido culpa… - Lisa no le dejó continuar, se colgó de su cuello besándole y abrazándole, el chico los abrazó a ambos, Dean gruñó emocionado – no es el momento, tenemos que salir de aquí.
- Te sientan bien las gafas – bromeó ella dispuesta a seguirle dónde fuera
Se las quitó y las metió en el bolsillo, devolviéndole el beso con toda su alma, había eliminado a todos los demonios con los que se había cruzado, aún así tomó precauciones para salir. No esperaba que Samuel y Gwen Campbell estuvieran esperándole junto a su coche.
- No quiero matarte Dean – dijo el viejo apuntándole a la cabeza ante la sorpresa de su prima – ríndete y tanto ellos como tú saldréis con vida
- Crowley no mantendrá su promesa abuelo
- ¿Qué haces Samuel? – La muchacha se puso de su parte interponiéndose entre él y el viejo
- Aparta Gwen, esto es entre mi nieto y yo…
No pudo hablar mucho más el gruñido amenazador de un perro de gran tamaño, se escucho junto al patriarca del clan Campbell. Resoplidos, pisadas de garras sobre el cemento. Dean se colocó las gafas de nuevo esperando estar equivocado, media docena de perros del infierno los rodeaban.
- Samuel, ¿los has traído tú? – preguntó realmente aterrado, la sorpresa en la mirada del viejo cuando Gwen cayó al suelo con la garganta destrozada dejaba claro que no sabía nada de la compañía infernal.
- ¡Gwen! – gritó Samuel inclinándose sobre la chica, Dean lanzó la espada hacia el perro que iba a matar al viejo, el animal cayó muerto instantáneamente.
Ni Lisa ni Ben veían nada más que a la pobre muchacha desangrándose entre los brazos de Samuel. Se abrazaron cuando los ladridos y el aliento a azufre de los perros se acercaron peligrosamente a ellos. Dean se enganchó al primero que saltó sobre los Braeden, apartándolo de ellos y estrangulando al enorme animal.
El crujido del cuello de la criatura demoníaca quedó ahogado en el grito de Lisa cuando la espalda de Ben se convirtió en una masa sangrienta dejando al chico sin vida, la mujer no gritó cuando algo le rajó la garganta, había muerto antes de caer sobre el cuerpo de su hijo.
El único que rugió fue Dean, zafándose de otro de los perros y arrancando la espada angelical del monstruo que había derribado se enfrentó a los que aún quedaban, no se preocupó del que se abalanzaba por el viejo, sólo quería destrozarlos, desmembrarlos, bañarse en la asquerosa y pestilente sangre de los monstruos infernales.
La orgía de sangre y muerte terminó rápido devolviéndole brutalmente a la realidad. Se quitó las gafas. Ya no veía a los animales, sólo los cuerpos de la mujer que había amado y del chico que había considerado como su hijo. Un poco más lejos el cadáver de Samuel cubría el de Gwen como si aún intentara protegerla.
- Yo no puedo salvarlos, no soy de ese tipo de ángeles, no tengo tanto poder – su aliado le había encontrado.
Baltazar le quitó la espada de las manos. El ángel tampoco podía hacer mucho más. Iba a limpiarle la sangre pero el humano negó por la cabeza y recitó media docena de palabras. Su brazo derecho comenzó a brillar como si por sus venas circulara lava líquida que se arremolinaba en torno a la marca de Caín.
Era doloroso, terriblemente doloroso, pero había algo bueno en ese dolor, le impedía pensar. Dean se desplomó sin sentido y el ángel incineró los cadáveres y lo sacó de allí.
.- Continuará
