Yo quería sacar al peque ya ayer pero la página se empeñó en no dejarme hacer nada.

Ya faltan menos...


SALVASTE A ADAM

Capítulo 8: Sacar un alma del infierno.

ENTONCES

Castiel rompió el muro en la cabeza de Sam y Dean tuvo que presenciar cómo su hermano caía inconsciente, la única forma en que su mente podía luchar contra esos recuerdos sin matarlo.

La impotencia no le permitía separarse de su lado. ¿Para qué? Aún así sabía que tenía que detener esa alianza endiablada del Rey del Infierno con el ángel que antes fue su amigo.

AHORA

Sam había estado toda la noche pendiente de un Dean inconsciente. Baltazar les había contado lo que ocurrió con los perros del infierno guardándose para sí el hechizo que había dejado sin sentido al cazador y dejando pensar a Singer y a los otros Winchester que el dolor por la pérdida de Lisa y Ben, junto a las heridas que ya le había curado, al ser atacado por los canes demoníacos, eran los que le mantenían postrado.

Al amanecer el mayor abrió los ojos y se levantó. Ni Bobby ni Adam sabían cómo hablar con él, cómo decir lo que lamentaban la muerte de Lisa y del chico. Dean no dijo nada en todo el día.

El ángel que le trajo al desguace de Bobby volvió y se reunió en secreto con el cazador que continuaba en silencio. Al anochecer, sin haber comido nada y sin avisar, Dean se marchó.

El cazador encontró a la parca dónde Baltazar le dijo que estaría. El ser sobrenatural insistió en que no llevaba a nadie al infierno si su alma no estaba destinada a estar allí.

- Créeme, al sitio que voy es dónde tengo que estar – La parca se estremeció por el vacío en la voz del cazador – Sólo tienes que llevarme, de la vuelta me ocupo yo.

- La última celda es imposible de abrir, y sólo una parca o un alma humana sin corromper puede entrar, salir es casi imposible.

- Me las arreglaré

- De acuerdo, te llevaré, siempre he tenido curiosidad por la última celda pero nunca me dejaron acercarme demasiado – La parca le condujo hacia un callejón cubierto de grafitis – entraremos por una puerta trasera, un atajo por el purgatorio, ¿llevas armas?

Dean le enseñó el puñal mata demonios y una espada angelical. El cazador recordaba el lugar como si hubiera estado ahí también en esa dimensión, no necesitaba que la parca le esperase para salir, podía hacerlo por sus propios medios.

- ¿Ves ese riachuelo de sangre? Su fuente es una cueva en la que hay una grieta ínter dimensional hacia la última celda. No se cómo vas a salir de allí pero puedo estar aquí en veinticuatro horas para sacarte del Purgatorio.

- No hace falta, saldré por mi cuenta – Dean puso su mano en el hombro de la parca – sé inteligente amigo, no trabajes nunca para Crowley

- Yo nunca trabajaría para un demonio.

- Pues sigue así.

El lugar era tan "acogedor" como lo recordaba, una docena de monstruos decapitados más tarde llegó a la fuente de sangre y se coló por la rendija hacia la última celda. Dos figuras humanas enormes como edificios estaban encadenadas a la roca, una frente a la otra, sin poder tocarse. Debían ser los arcángeles. Unos ojos de hielo, tan grandes como todo él siguieron sus pasos hacia el centro de la gigantesca prisión.

- Vengo por el alma de mi hermano – dijo con firmeza haciendo que la otra figura también abriera los ojos, tan brillantes como soles, tuvo que hacerse visera con la mano para poder ver algo - ¿Quién de vosotros es Lucifer?

DEAN WINCHESTER, QUÉ SORPRESA MÁS DIVERTIDA, MIRA HERMANO, TU ENVASE HA VENIDO A BUSCAR AL MÍO.

La voz del ángel caído se filtró dentro de su cerebro como el ruido de gigantescas campanas burlonas. Había sido el prisionero de ojos helados, su compañero, que debía ser Miguel, se recostó en la roca y cerró los ojos volviendo a sumirlo todo en una profunda oscuridad.

¿Y CÓMO TE VAS A LLEVAR EL ALMA DE TU PEQUEÑO SAMMY, DEAN? NO PUEDES SALIR DE AQUÍ.

- Puedo salir por la grieta por la que entré

ERES UN MONO SIN PELOS MUY DIVERTIDO, Y, MÍRATE, LLEVAS MI MARCA Y ALGO MÁS… ¿ASÍ QUE ESTÁS CERRANDO EL INFIERNO? SABES QUE EL HECHIZO DE MI PADRE TE USARÁ COMO SELLO ¿VERDAD?

- Si tú y tus jodidos demonios no volvéis a salir de aquí, habrá valido la pena.

- Sam está en su puño izquierdo – la voz del otro arcángel sonó como la de un amigo justo a su lado – pero está demasiado dañado para que lo saques de aquí

VENGA YA MICKY, NO ME FASTIDIES LA DIVERSIÓN.

- ¿Por qué me ayudas? – Dean miró al gigante de los ojos cerrados

- No te ayudo, no puedes salvarlo y yo no puedo liberarlo pues no está en mi poder

La mano izquierda de Lucifer se abrió y un cuerpo juvenil lleno de heridas cayó sobre Dean. Era un niño, era la imagen destrozada de un Sam de trece años. El cazador se quitó la chaqueta tapando al chico con ella y levantándolo entre sus brazos ante la carcajada brutal de Lucifer.

SABES QUE NO ES UN CUERPO DE VERDAD, ¿NO? QUE SÓLO ES LO QUE AÚN QUEDA ENTERO DEL ALMA DE TU HERMANO

- Pues gracias, me lo llevo – dijo llevándolo hacia la grieta

- Espera, en ese estado morirá en cuanto lo metas en su cuerpo – Los ojos de fuego de Miguel volvieron a iluminar la estancia acallando la risa de su compañero de celda – ponlo en mi mano

- No confío en ninguno de vosotros

- Lo sé, cometí muchos errores Dean, debí ser leal contigo y mis actos te empujaron a convertirte en lo que cazas, pero voy a ayudarte igual que permití que muerte se llevara indemne a Adam

JOO, MICKY, ME ESTÁS FASTIDIANDO LA DIVERSIÓN. PIENSA UN POCO, TORTURAR A ESTOS DOS POR TODA LA ETERNIDAD SERÁ MÁS DIVERTIDO QUE MIRARNOS EL UNO AL OTRO.

- ¿Qué quieres a cambio? Si puedes ayudar a Sam… - las palabras del ángel caído habían convencido al cazador que decidió arriesgarse y confiar en la buena fe de Miguel

- Nada

- Lucifer no parece contento

- Cuando te lleves a tu hermano su única distracción seré yo, tendrá que escucharme quiera o no

Dean asintió, con el chico sujeto a su espalda, se subió sobre las gigantescas piernas y trepó por el torso encadenado a la roca hasta los brazos, llegando a una de las palmas abiertas que se cerró sobre él y el alma torturada de su hermano. Pensando que el arcángel le había engañado intentó proteger a Sam con su cuerpo. El fuego los rodeó filtrándose hasta sus pulmones, pero no quemaba, sólo era una calidez que atravesaba su piel y sus huesos y cubría al pequeño Sam endureciéndole y haciendo que volviera a tener el aspecto del hombre sin alma que había dejado con Bobby.

La mano se abrió de improviso y ambos cazadores cayeron al suelo y se levantaron mirándose sin comprender que estaban a salvo.

- Ya podéis iros

- Si sobrevivo te sacaré de aquí – ofreció Dean al arcángel

- Gracias, pero no sobrevivirás

Sam no dijo nada, en su estado de confusión sólo quería salir de allí y no ver jamás a la criatura gélida que le había torturado durante tanto tiempo. Siguió a Dean hasta la grieta y salió antes que él, esperándole junto a un río de sangre hasta que el mayor logró salir a su vez.

- Me has sacado – Sam se acercó a su hermano que recobraba el aliento arrodillado junto al riachuelo – me prometiste que no lo intentarías

- Pues lo he intentado – tosió sintiendo la sangre acumularse en su pecho – demándame

Sam le incorporó y lo abrazó con fuerza. El mayor no tenía ningún inconveniente en que le partiera las costillas con la fuerza de sus brazos pero debían encontrar el portal y volver a casa.

La travesía fue tan violenta como su estancia en el purgatorio, no le importó, eso era lo suyo, enfrentarse a todo y todos con su hermano a su lado, salvarlo siempre merecería la pena, luchar a su lado era toda la recompensa que necesitaba.

Baltazar esperaba dónde le había dicho para trasladarlo de nuevo a casa de Bobby. El ángel no se sorprendió de ver cómo su brazo palpitaba hinchándose bajo la presión de la esencia de su hermano. No cómo los demás, que contemplaron fascinados cómo el alma de Sam luchaba por salir.

- No vas a meter eso dentro de mi, Dean – el hombre sin alma retrocedió sacando su revólver y apuntándolo con él

- Es seguro Sam, está arreglada – El mayor se acercó a su hermano sin asustarse del cañón que le apuntaba al pecho – es seguro

- Si das un paso más te mataré – El ángel lo desarmó durmiéndolo y arrastrando el cuerpo sin alma hasta el sofá

- Todo tuyo pastelito – Baltazar se rió ante el gesto de disgusto de Dean – vamos, devuélvesela

Trastabilló hasta el sofá dejándose caer junto al cuerpo de su hermano. Se abrió con un cuchillo el bulto brillante que era su brazo y dejó caer sobre Sam su sangre entremezclada con la esencia vital del menor. Recitó un par de párrafos en latín y enoquiano y esperó a que el hechizo hiciera efecto. Adam cogió el botiquín y empezó a limpiar el corte para vendarlo.

- ¿Estás seguro de que ha salido todo? – preguntó al notar cómo el brazo brillaba aún, aunque muy tenue.

- Sí, debería despertar – Dean haciendo un esfuerzo titánico levantó los ojos hacia Baltazar que comprendió lo que quería.

- Mejor espera un poco, esas inspecciones duelen bastante – advirtió el ángel

- Está bien, gracias – murmuró agotado

- Sam estará bien cazador, pero tú no, no me des las gracias – dijo desapareciendo

- Dean, ¿qué ha querido decir? – Bobby interrogó a su ahijado, esta vez no se conformaría con evasivas

- Ahora no Bobby – susurró exhausto el mayor de los Winchester

- ¿Dean? ¿Bobby? ¿Adam? – el castaño se había despertado y miraba alternativamente de uno a otro como si no pudiera creer que estaba ahí - ¿Cómo?

- Ya que estás bien voy a ir a echarme una siesta si no os importa – Dean palmeó la rodilla de Sam levantándose y pensando en cómo demonios iba a llegar al piso superior.

Sam le siguió le sujetó de un brazo y lo envolvió en un abrazo sentido y apretado. No se quejó, había conseguido sacar a su hermano, había completado la segunda prueba para cerrar el infierno, no le quedaban muchos abrazos más como ese.

- Tienes que descansar Sammy, y yo también. Mañana te contaré todo lo que quieras saber – miró por encima del hombro del menor hacia el viejo chatarrero y el chico que sacó en lugar de Sam de esa prisión imposible – os contaré lo que queráis saber, pero mañana.

.- Continuará