Ya tenemos al peque completito, ahora a ver cómo se las apaña con la que le viene encima :P
SALVASTE A ADAM
Capítulo 9: no voy a perder a mi hermano.
ENTONCES
Ni la ayuda de Muerte podía hacer que Castiel renunciara a su nuevo estatus de Dios maldito. Que Sam se recuperara de lo que le había hecho el ángel era otra más de las eternas piedras en su camino.
Dean tomó su portátil y buscó cualquier cosa que le hiciera olvidarse de todo por un rato. Ni siquiera el porno le ayudaba esta vez, demasiada piel, demasiada carnalidad, necesitaba algo que le sacara de la realidad de mierda que le estaba ahogando.
Sam le miró de esa forma acusadora que tenía el menor y que siempre le impulsaba a querer comportarse. Absurdo, ya no era el héroe de nadie, era un miserable fracasado que incluso había renunciado ya a luchar. Pero si Sam aún confiaba en que podía seguir luchando lo haría, lucharía hasta el final.
AHORA
Sam entró en el dormitorio que seguía a oscuras, Adam cambió la compresa de agua fría en la frente del hermano mayor y le cedió el sillón dónde ambos se habían turnado las últimas cuarenta horas para cuidarlo. Dean no había despertado desde que dijo que necesitaba descansar, y aunque Sam suponía que el sacar su alma del infierno tenía que ser algo agotador empezaba a creer que ocurría algo más grave.
Intentó que tomara un poco de agua, pero sólo consiguió mojarle los labios. Sam estaba confuso, recordaba lo que hizo cuando era sólo un cuerpo sin alma, pero todo lo que pasó desde que cayó al hoyo con Lucifer hasta que salió estaba vacío de sentimiento, de miedo, de dolor. Era como si alguien le hubiese contado la historia de otra persona en lugar de un recuerdo real.
Lo único real era que Dean no despertaba, que ardía de fiebre y que los demás también estaban muy preocupados porque Baltazar había dado a entender que algo realmente grave ocurría con él.
- Dean, venga hermano, tienes que despertar – los brazos volvían a brillar bajo la manga de la camiseta. La subió un poco, le había salido una extraña erupción, casi como una quemadura en la parte interior del antebrazo, casi pegada al codo, roja y rodeada de capilares palpitantes que se extendían por el resto del brazo, murmuró para sí - ¿Esta es la marca del asesino? ¿Qué significa eso?
- Es la marca de Caín – la voz de Castiel le sobresaltó, creía que habían protegido la casa y el búnker contra los ángeles
- ¿Cómo has entrado?
- Convencí a Adam
- Adam, claro.
- No es la marca lo que le hace enfermar – por un momento Sam iba a detener al ángel, sin embargo Dean estaba tan mal que se contuvo y dejó que le tocara la frente – sólo puedo darle un poco de alivio, su mal es a nivel molecular y no puedo hacer nada más por él.
Si ya estaba angustiado, las palabras de Castiel no lo llenaban de confianza precisamente. Pero al menos había conseguido que Dean despertara.
- Ey, Sammy – murmuró débilmente el enfermo al abrir los ojos
- Por fin – Cas tenía razón, su hermano estaba mal y lo sabía. Dean era mal paciente, un enfermo gruñón imposible de tratar y que nunca se dejaba ayudar, y ahora permitía que le ayudara a sentarse sin una queja – te voy a traer algo de comer, tienes que estar muerto de hambre
- No… vale, algo de beber primero – el enfermo se dio cuenta de la presencia de Castiel y le increpó con odio - ¿Qué haces aquí?
- Ha venido a ayudar – una pelea no era lo más recomendable para la recuperación de Dean y su hermano trató de evitarla sin conseguirlo
- Lisa y Ben han muerto – rugió el mayor levantándose, Sam tuvo que sujetarle para que no cayera al suelo. Al intentar encararse con el ángel había olvidado lo débil que estaba, pero su cuerpo no le había seguido - ¡Me estás escuchando cabrón! ¡Unos perros del infierno los destriparon!
- Yo – Cas cabizbajo intentó disculparse – nunca quise que…
- Métete tus disculpas por el culo
- Deberías irte Cas – Sam intentó evitar un enfrentamiento que lo único que conseguiría era debilitar aún más a su hermano.
- Estás intentando cerrar el infierno – el ángel no se marchó – reconozco el trabajo de mi padre cuando lo veo Dean, y también se el precio que tiene para los seres humanos, no sobrevivirás
- ¿Y a ti qué mierda te importa?
- Estoy aquí, tú, Sam, sois mi familia, haría lo que fuera por cualquiera de vosotros…
- ¿Cómo decirle a Crowley cómo usar a los que quería para jodernos? – Los ojos del cazador enfermo se volvieron fríos como el hielo - ¿Crees que puedo confiar en ti después de eso?
- Será mejor que te vayas – la mirada verde-grisácea de Sam acabó de convencer al ángel que desapareció – Se ha ido, Dean, tranquilízate.
- La maté, Sam, la metí en mi mundo, los metí en mi mundo y dejé que pasara – el sollozo pilló de improviso al menor que no sabía cómo calmar a su hermano, casi prefería que siguiera inconsciente, al menos así sufriría menos. Se sentía tan impotente. Dean iba a morir y no podía hacer nada más que ver cómo lo que estuviera haciendo su hermano iba destruyéndole sin remedio.
Bobby se tomó la noticia como el castaño se había esperado. Cogió a Dean por las solapas y le zarandeó con fuerza increpándole "¡Sabía que no me lo habías contado todo! ¡Maldito idiota! ¡¿Cuándo vas a dejar de cagarla de esta manera?!", después le obligó a tomarse un cazo de sopa sin dejar de renegar y de gruñirles también a los otros Winchester.
Adam se escapó de la reprimenda por haber dejado entrar al ángel, los demás estaban demasiado reocupados por Dean como para recordar siquiera que el muchacho estaba presente.
- ¿Te falta mucho para cerrar el infierno? – preguntó el chico con crudeza, quería demostrar que a él no le importaba si Dean quería o no quería morir.
- Una prueba – admitió el enfermo
- Tienes que parar Dean – pidió Sam
- Pararé cuando cierre el infierno – esta vez no habría nadie que le impidiera llegar hasta el final
- ¡Morirás!
- No será la primera vez – sonrió débilmente
- ¡Morirás! – la mirada de su hermano lo decía todo, "¿Cómo no luchas por tu vida? ¿No entiendes que es un suicidio?"
- Sí, y cerraremos el infierno, y nadie más tendrá que sufrir el ataque de un demonio, es un buen resultado – los demás comprendieron que creía en lo que decía, pero el castaño no podía aceptarlo – Es lo mejor, Sam
- No te dejaré
- No podrás impedirlo – su garganta se llenó de sangre haciéndole toser, Adam le ayudó ante la impotencia de Bobby y del castaño que, demudado, no sabía qué hacer para convencerle. Dean se hizo el propósito de llegar al final como fuera, por ellos, pues si no se hubieran cruzado en su camino hubieran podido tener su vida normal, uno abogado, el otro médico – si no acabo esto moriré igualmente Sam, al menos deja que mi muerte sirva para algo.
Los días siguientes no volvieron a hablar sobre el tema. Sam y Bobby se marcharon a cazar un hombre lobo (o eso dijeron) y Adam se quedó en el desguace con Dean, que se encargó de los teléfonos mientras recobraba algunas fuerzas. Su actitud había cambiado respecto a su medio hermano y respecto a todo, quizás por que el efecto de las pruebas sobre él prevalecía sobre el de la marca. Tenía un objetivo y en cuanto encontrara a Crowley cumpliría su palabra dada al demonio y todo terminaría.
Adam también empezó a cambiar respecto a Dean y a los demás miembros de su peculiar familia. Pasar unos días en compañía de su hermano mayor hizo que empezara a apreciar al cazador a pesar de las veces que se había sentido ofendido por las críticas o los desaires del enfermo. Por primera vez, desde que los conocía, Adam se sentía integrado de verdad en este grupo porque era el mayor de los Winchester quien lo mantenía unido y ahora parecía que sí aceptaba al chico que salvó del infierno en lugar de Sam.
En Lincoln, Nebraska, Sam Winchester discutía con Bobby Singer. El problema era sobre un caso con el que se habían encontrado mientras buscaban la manera de atrapar y matar a Crowley para que Dean no tuviera que terminar las pruebas de cerrar el infierno y Castiel no trajera a los leviatanes intentando apoderarse del cielo.
Sam no quería que el viejo le acompañara, decía que se arreglaría solo, pero Bobby no estaba de acuerdo. Tuvo que darle esquinazo para concluir un asunto que creyó terminar con apenas quince años.
Ella, la primera chica a la que besó era también un monstruo. Había cambiado de nombre, si Dean la conociera incluso le caería bien "Vaya Sammy, es tan Friki como tú". Ahora se llamaba Amy Pond, entonces… El cazador no recordaba su nombre, recordaba su mirada inocente y asustada, recordaba sus labios, su calidez y sus ganas de escapar (igual que las del propio Sam), no había nada en ella que le hiciera creer que era un monstruo asesino, y entonces es posible que aún no lo fuera.
Ahora había matado a cuatro personas, cuatro tipos, un par de ellos puede que incluso lo merecieran: un violador, un camello… O quizás no le mentía cuando dijo que todos eran malas personas, pero había matado a cuatro, para salvar la vida de su hijo. Si el pequeño volvía a enfermar o si ella consideraba que estaba bien seguir matando malos tipos ¿dónde estaba el límite?
- Ha terminado Sam, no volverá a ocurrir – y la miraba a los ojos y quería creerla, con todo su corazón quería creer que ella podía controlar sus instintos naturales
- Tienes que coger a tu hijo y borrar tu rastro, totalmente – no podía condenarla, ¿Cómo? No tenía ningún derecho a hacerlo – Amy, si algún cazador sabe qué eres y lo que has hecho estás muerta y no podré hacer nada ¿lo entiendes?
- Pero aquí tengo una vida, me conocen, soy una buena persona
- Tienes que irte, cambiar de nombre, de estilo de vida, todo, te descubrirían
- No si tú no dices nada – el ataque cogió por sorpresa a Sam que cayó inconsciente cuando ella le golpeó con un florero vacío – Lo siento Sam, no querría tener que hacer esto.
- Yo tampoco guapa – Bobby había seguido al Winchester y se mantuvo al margen creyendo que podría controlar la situación, ahora debía intervenir y no dudó en hacerlo.
Cuando, unas horas más tarde, Sam despertó en el impala de vuelta a Sioux Falls no tuvo que preguntar. Bobby le dijo que ella estaba muerta y que su hijo estaría a salvo mientras no matara a nadie.
- Iba a matarte chico, era un monstruo
- Yo también lo soy Bobby, y lo peor es que no me siento responsable por toda la gente que ha muerto por mi causa.
- Ella no ha muerto por tu causa, está bien que no te sientas responsable Sam, tú no actuaste en su contra.
- Eso decía papá, eso me ha dicho Dean toda su vida, pero sabes tan bien como yo que si no hubiera nacido nunca todo hubiera ido mejor para todos
- Eso es una idiotez, ahora invéntate otra excusa chico
Sam miró a su amigo, al hombre que se había convertido en un segundo padre. La única persona aparte de su hermano en quien confiaba. Sonrió agradecido, pero no podía quitarse de la cabeza lo que estaba haciendo Dean.
- Tenemos que salvarlo Bobby – y ambos sabían a quien se refería
- Ya escuchaste al ángel y también lo que él dijo, Sam, está decidido, y aunque no nos guste tendremos que aceptarlo – el viejo suspiró pensando que era la primera vez en su vida que conducía el Impala con un Winchester en su interior, internamente deseaba no volver a conducir ese coche – vamos a perderlo hijo
- No – Sam se incorporó en el asiento y fijó la mirada en la carretera, inflexible – no, no voy a perder a mi hermano.
.- Continuará
