Un par de capítulos más y me alcanzo a mi misma en el foro. Ya falta poco para terminar.


SALVASTE A ADAM

Capítulo 10: El Purgatorio.

ENTONCES

Se habían quedado sin refugios, sin coche, sin alojamientos decentes. De la noche a la mañana y por culpa de esos leviatanes se habían quedado en la puñetera calle.

Y para Dean eso hubiera carecido de importancia si Sam no hubiese huido. Sabía que no estaba siendo justo, su hermano tenía derecho a estar enfadado por lo que hizo, pero eso no hacía que la separación fuese más fácil.

Llamaba a Bobby todos los días, absolutamente todos para obtener la misma respuesta, "No ha llamado, no te preocupes, estará bien" y se subía por las paredes de pensar que pudiera estar en peligro, que algún monstruo, algún leviatán, algún ángel, algún policía le hubiera cogido.

Lo encontró más de una semana después. Sam seguía furioso y sus disculpas murieron antes de ser formuladas, era complicado, Sam tenía derecho a estar enfadado pero quien se sentía dolido era él. Una vez más se sentía abandonado, apartado a un lado como un estorbo.

AHORA

Sam sujetó a su hermano cuando trastabilló al salir del coche. El castaño se había negado a llevarle allí hasta el último momento, la salud del mayor era más que precaria, Dean no estaba en el hospital porque se escapó de cuidados intensivos en cuanto lo dejaron unos minutos solo. El Winchester más alto tuvo que conformarse con poder vigilarlo de cerca. Era difícil, pero había acabado aceptando que no podía hacer nada más.

Adam, Bobby y el nuevo ángel del equipo se reunieron con ellos junto a la camioneta del chatarrero. Los cazadores y el ángel conocían el hechizo para abrir el purgatorio y ya lograron detener a Castiel una vez. Pero, un par de días atrás, Baltazar había encontrado a la doctora Visyak moribunda, lo que significaba que el ángel y su colega demonio tenían todos los ingredientes de su hechizo para abrir la puerta. Sólo podía ser ese día, era el último eclipse del año, un eclipse parcial de luna, y estaban en el lugar que Dean afirmaba que habían utilizado en su dimensión.

- Hay vigilancia – Baltazar se reunió con ellos – no hay señales que impidan la entrada a los ángeles pero sí que funcionan como alarmas anti-celestiales.

- ¿Y los humanos? – interrogó Bobby

- Si eludís a los demonios no habrá problema, os esperaré aquí y si puedo entrar sin llamar la atención, iré en vuestra ayuda – ofreció a sus compañeros humanos – si no, al menos podré ser vuestra ruta de escape

Los cazadores se dividieron en dos grupos, Bobby y Adam irían al almacén que describió Dean por si podían robar la sangre del hechizo y los Winchester tratarían de entorpecer la invocación en la cámara frigorífica industrial dónde iba a tener lugar.

El almacén estaba vacío y el viejo sospechó que volvían a llegar tarde. Un ruido en la planta refrigeradora similar a una alarma antiincendios les hizo correr hacia allí, debía ser que algún ángel no autorizado había entrado y se enfrentaba a Castiel y a Crowley.

En efecto, era Rafael, en el cuerpo de una mujer de color de mediana edad vestida con la rigidez de un federal de la vieja escuela. Le acompañaban otros dos tipos, seguramente también ángeles, que actuaban como guardaespaldas.

En la zona más alejada a la entrada Sam intentaba proteger a su hermano de ángeles y demonios. Ambos habían sido golpeados y el mayor aún pretendía hacer entrar en razón a Castiel. El viejo pensó que estaba todo perdido cuando el arcángel hizo estallar en miles de pedazos el lugar donde instantes antes había estado el demonio, Crowley era perro viejo, cuando vio la ocasión de desaparecer no lo dudó. Unas décimas de segundo más y en lugar de sacudirse la tierra del suelo y las astillas de metal de la mesa, se estaría quitando la sangre de la malvada criatura de encima. Rafael, molesto, ordenó a sus subordinados que apresaran a Castiel.

- Dime el hechizo Castiel, el poder de esas almas me pertenece – ordenó la orgullosa criatura

- No dejaré que tengas tanto poder – el ángel de la gabardina comenzaba a entender que no era buena idea abrir la puerta de esa otra dimensión

- Te mataré

- Ya lo hiciste una vez

- Y a Baltazar – chasqueó los dedos y otro de sus subordinados trajo al ángel rebelde

- El no está conmigo Rafael

- No, está con ellos, con los apestosos humanos, nada más que por eso merece morir.

- No – el aliado de los Winchester se quejó ofendido – no estoy con ellos, estoy con los ángeles, trato de evitar un desastre, pero estos cazadores deben de ser gafes, aunque intenten salvarnos todo lo que tocan lo estropean.

- Contaré hasta tres Castiel

- No, Rafael, detente – el arcángel no estaba dispuesto a escuchar, tenía una deuda pendiente con Baltazar, le había humillado, le había obligado a cambiar de envase humano

Al llegar a tres, sin atender a las súplicas del de la gabardina, ni a las excusas aterradas del otro ángel prisionero, incineró a Baltazar frente a todos. Después fijó su atención en Dean, también tenía una cuenta pendiente con el cazador.

- Decídete Castiel, te quedas sin amigos – dijo arrastrando al humano como un pelele hacia el lugar dónde había acabado con la vida del ángel

- Si se lo dices, te mato Cas – tosió Dean recibiendo un brutal puñetazo como premio

- ¡Eh! – gritaron a la vez Sam y Bobby

- Tienes tres segundos Castiel

- Está bien, está bien – el de la gabardina se rindió, pero tenía un plan, algo descabellado y al mirar a los Winchester se dio cuenta de que ambos cazadores lo intuían, pues Sam asintió acercándose a socorrer a su hermano – ¿Cómo quieres hacerlo? En el momento en que abra la puerta las almas del purgatorio escaparán por ella y si no se atrapan en ese instante ya no se podrán contener.

- Me pondré frente a la puerta y las contendré en cuanto la abras, tú estarás a mi lado, y ellos también, como seguro – Sam incorporó a su hermano y se situó junto a Castiel, el ángel ya no tenía duda de que habían comprendido su plan y lo apoyaban.

- Lo siento, tengo que hacerlo – sonó a disculpa por abrir las puertas del purgatorio, pero en realidad se estaba despidiendo – siento haberos fallado Sam, Dean…

- Basta de disculpas, el eclipse se acaba

Al recitar el hechizo el símbolo dibujado con la sangre proveniente de los cinco reinos comenzó a brillar hundiéndose en espiral dentro de la pared. El torbellino mágico era débil, probablemente debido a que el eclipse sólo era parcial y estaba a punto de terminar. Castiel se lanzó contra el arcángel que apenas tuvo tiempo para atrapar a los Winchester con el poder de su mente arrastrándolos con él a través del túnel mágico.

Ángeles y cazadores cayeron apelotonados en un terreno árido y desolado. Sam fue el primero en incorporarse, también fue el primero en notar cómo sus compañeros mostraban parte de su esencia. La luz que parecía brotar tanto de Cas como de Rafael, pero lo que más le afectó fue el aspecto pálido, prácticamente gris, de la piel de Dean que se movía como si se hubiese recuperado de repente.

- Vámonos Sammy, conoces el camino – Había algo salvaje en los gestos del cazador – venga, no tenemos armas, somos presa fácil.

- Dean… - Llamó Castiel. La confusión del ángel era patente en sus intensos ojos azules. Sam también necesitaba una explicación.

- Eres un puto faro Cas, tú y la tortuga Ninja, los leviatanes no tardarán en aparecer y repito que no tenemos ningún arma, no podemos quedarnos aquí – echó a andar seguido de Sam y al darse cuenta de que los ángeles no lo seguían se giró cabreado - ¡moveos ya, joder!

- No recibo órdenes de un humano

- Mejor, no me apetece cargar con un arcángel asesino - Rafael intentó usar sus poderes contra el cazador que se echó a reír en su cara – lo siento querida, zona libre de magia, al menos para los humanos, los ángeles sois las presas aquí. Vamos Cas, sabemos salir.

- ¿Cómo? – el de la gabardina no entendía nada

- Fue así cómo sacó mi alma del infierno – explicó Sam

Dean echó a correr, seguido de su hermano y del ángel que por fin comprendió que ambos cazadores sabían lo que hacían. Rafael se quedó atrás, reacio a seguir las órdenes de un humano, no creía que hubiese nada en aquel lugar que pudiera lastimarlo.

Cuando comprendió su error era demasiado tarde y una docena de leviatanes le rodeaban.

.- Continuará