Siento el retraso, pero tengo el internete de aquella manera ...
SALVASTE A ADAM
Capítulo 11: No me gustan las acampadas.
ENTONCES:
Bobby había muerto, Sam estaba en un hospital psiquiátrico, muriendo, literalmente y el llevaba un par de días sin dormir apenas unas horas, dejándose los ojos, los nervios, buscando una forma de salvar a su hermano.
No podía dejar de investigar, entre sus contactos, los conocidos de su padre que aún vivían, amigos de Bobby, gente con la que se hubieran cruzado alguna vez. Horas y horas de ojear diarios, casos, encontrar alguien que pudiera saber algo. Ahora mismo le valía cualquier cosa. Un puto vampiro, un hombre lobo, lo que fuera…
Por un instante hubiera aceptado cualquier cosa. Sabía que Sam no aceptaría algo así. Se apretó la cabeza entre las manos como si pudiera sacar una solución estrujándose el cerebro. No podría continuar, ¿Sin Sam? ¿Para qué?
AHORA:
Llevaban días corriendo entre los árboles petrificados y la tierra seca cubierta de esqueletos blanqueando bajo la luz rojiza y permanente. A veces Sam creía que estaban perdidos y que no encontrarían la salida. Pero Dean no estaba desorientado, conocía el terreno y cuando notaba que el menor perdía la confianza indicaba un grupo de árboles o un riachuelo, o una zona despejada que alcanzarían en unos minutos.
Cas les seguía de cerca pero no había dicho nada desde que vieran en la distancia a los leviatanes devorar a Rafael como si en lugar de ser el ser más poderoso que quedaba en el cielo no fuera más que un cervatillo asustado entre una manada de lobos hambrientos. Dean le trataba mejor, parecía haber olvidado su traición, y solía ir más despacio en cuanto notaba que el ángel se rezagaba.
Sam estaba agradecido de que, de momento, apenas habían tenido que luchar, un par de hombres lobo en su forma animal, un ser que parecía un hombre serpiente… Cuando Dean le sacó de aquí la primera vez cada paso había sido una continua batalla, pero ahora era como si todos les evitaran.
Dean había encontrado algunas armas, toscas y rudimentarias, a partir de huesos de los seres cuyos restos yacían por el camino y no las habían llegado a utilizar.
Al fin llegaron a una zona que conocía. El río de sangre era más ancho de lo que Sam recordaba, esta vez no podrían cruzarlo sin meterse entre la corriente. Decidieron buscar el lugar menos profundo para cruzar, río arriba y acabaron en la fuente.
- ¿Es aquí? – intrigado el ángel se acercó al lugar por el que un alma pura podía acceder a la prisión de los arcángeles
- Sale muchísima más sangre que cuando Dean me sacó, pero creo que este es el lugar
- Es aquí – el mayor se sentó en una roca y se miró las manos como cada vez que descansaban unos minutos – no me acostumbro a ser de blanco y negro
- No se ve la grieta – Castiel entró en la cueva buscando la turbulencia roja que marcaba la grieta dimensional
- Tienes razón – Sam palpó la pared hasta el lugar de salida, era sólida - ¿Estás bien Dean, seguimos?
- Se acabó el descanso, sigamos – se incorporó el mayor, seguía sin mostrar ninguna señal tanto de la marca de Caín como de las pruebas, estaba perfectamente, salvo por el color de su piel
- Yo me quedo – El ángel siguió buscando la entrada
- No digas tonterías Cas – Sam pidió el apoyo de su hermano, no podían permitir que su amigo acabara como el arcángel.
- Me quedo, el cielo ha quedado desamparado, necesitamos a Miguel, intentaré liberarlo.
- Como quieras, vámonos Sam
- ¡Pero Dean! ¡Cas! – su mirada iba de uno a otro sin entender la indiferencia del primero o la idea absurda del ángel – Cas, tío, no podrás salir de aquí, ni siquiera está la puerta, es una misión suicida
- Se lo debo a mis hermanos, a Baltazar, los metí en esta guerra para acabar con la anarquía y el resultado ha sido aún peor, si muero, será por una buena causa.
- Lo que tú digas, vamos Sammy, ya ha decidido
- Pero, pero…
- No voy a arrastrarlo hasta el final para que después me deje tirado, no otra vez, al menos ahora ha tenido el valor de reconocerlo antes – Castiel parecía dolido por las palabras del cazador que terminó de despedirse – no estoy enfadado contigo Cas, ya no, no tiene sentido que lo esté, lo entiendo, es tu familia, está por encima de todo y es como tiene que ser. Espero que tengas suerte pero nosotros debemos salir de aquí.
- Adiós entonces, Sam, Dean, mucha suerte.
- Gracias Cas – dijo el castaño – mucha suerte para ti también amigo.
Dean se limitó a asentir con la cabeza y a marcharse sin volver la vista atrás. No estaban lejos del portal, al ser dos era como si la grieta se hubiera desplazado al encuentro de ambos. Cruzaron y se encontraron en Maine, en algún lugar del parque natural de Acadia.
- Espero que hayas recuperado el color, sería complicado explicar porqué eres en blanco y negro – bromeó Sam sacudiéndose la hojarasca de la ropa y girándose hacia su hermano.
La sonrisa se marchitó en su rostro al ver a Dean a cuatro patas temblando como una hoja mientras escupía un chorro de sangre. Volvía a ser de carne y hueso y las secuelas de las pruebas para cerrar el infierno habían vuelto de manera violenta.
- Tenemos que encontrar un sitio dónde puedas descansar – murmuró levantándole, el mayor apenas se sostenía solo – vamos
- No me gustan las acampadas – murmuró Dean sin venir a cuento
- Lo se, a mi tampoco me hacen gracia – el cuerpo de su hermano ardía de fiebre – se que estás cansado, pero será mejor encontrar algún camino o algún lugar resguardado.
- No me importa que me dejes aquí, ya no voy a perseguirte, nunca debí perseguirte – masculló Dean – sólo quería ser parte de tu vida, no tenía derecho…
- Eh, venga, tenemos que llegar al camino – quería ignorar la charla sin sentido del enfermo, pero no podía ignorar el dolor que escondían sus palabras – Eres parte de mi vida Dean, eres mi familia.
- Lo he fastidiado todo Sammy, todo me sale mal
- Lo arreglaremos, de verdad ¿confías en mí?
- Si, si, lo arreglaré – balbució el enfermo enganchado de su cuello y agarrado a su camisa – cerraré el infierno Sammy, y ya no seré un inútil, ya no tendrás que avergonzarte de mi debilidad
- No eres débil Dean, no eres ningún inútil, eres la persona más valiente que he conocido jamás – el mayor ya no andaba, Sam le sujetó con fuerza al ver que se le escurría – Dean, ¡Dean!
Lo acomodó junto a un árbol cuando pudo comprobar que respiraba con normalidad aunque estuviera inconsciente. Tenía que encontrar algún camino, la carretera, un puñetero campista con teléfono, algo. "Joder Cas, elegiste el momento para quedarte en el Purgatorio" pensó lleno de pánico.
El cazador escuchó unos pasos a su espalda y se giró. Era una guarda forestal, una mujer de mediana edad, mirada dura y expresión cautelosa le apuntaba con un rifle.
- ¡Gracias a Dios, señora! – exclamó Sam haciendo ademán de levantarse
- Quédate ahí – dijo ella sin bajar el rifle, el cazador estaba demasiado preocupado por su hermano para comprender que encontrar a dos hombres en el bosque con el aspecto de salir de una pelea con cuchillos podía resultar amenazante para una mujer sola - ¡quieto! Un movimiento en falso y disparo
- Oiga yo no…
- Esto lo hacemos a mi manera amigo – dijo ella sin dejar de apuntarle – dime tu nombre
- Me llamo Chuck, Chuck Panozzo y este es mi hermano John, está muy enfermo, necesita atención médica…
- Ya y yo me llamo Dennis DeYoung – dijo la mujer cortándole – pero es cierto que tu hermano, si lo sois de verdad, necesita ayuda así que colabora y podremos ir a un hospital pronto. Sabes conducir ¿verdad?
- Si, si agente DeYoung, haré lo que sea.
La agente forestal tuvo que reírse, el desconocido fingía muy mal el creerse que se llamaba como el vocalista de Stix.
- Me caes bien, aunque me hayas mentido, amigo, y voy a ayudaros, pero sabes perfectamente que ni me llamo DeYoung, ni vosotros sois los hermanos Panozzo, ni nos vamos a poner a cantar: "Love at first Sight" – a pesar de la sonrisa y el gesto amable no bajó el arma – vamos a hacer una cosa Chuck, si no haces ningún movimiento extraño no te esposaré.
- Sam, me llamo Sam – se inclinó y levantó en brazos al mayor que seguía inconsciente – él se llama Dean
- Soy la agente Rebecca Rockfall, mi camioneta está a unos metros de aquí.
.- Continuará
