Pues capítulo final, y el viernes el epílogo...


SALVASTE A ADAM

Capítulo 14: Cerrar el infierno.

ENTONCES

Dean Winchester volvía a verse solo, abandonado, esta vez en un mundo destinado a las almas de los monstruos y sin manera de salir de ahí.

Era como una metáfora de toda su vida, cada paso estaba teñido de sangre, cada respiración lograda a base de violencia. Por momentos pensaba que lo mejor era dejar que acabaran con él, sería sólo un segundo, alguno de esos seres le desgarraría la garganta y por fin podría descansar.

Entonces pensaba en Sam, solo, sin nadie a quien recurrir. En el chico, el profeta, que debían rescatar. En Castiel que estaría en algún lugar de ese universo tan perdido como él mismo. Y volvía a pensar en Sam, porque él no le abandonaría, porque haría todo lo posible para sacarle y lo menos que podía hacer era intentar mantenerse con vida.

AHORA

Sam Winchester volvió solo a la iglesia y repasó las líneas de sal de puertas y accesos reforzándolas con trampas para demonios. Hacía eso mientras Dean se sacaba la sangre de la cura.

- Dijiste una inyección cada ocho horas – suplicó a su hermano cuando éste, después de la décima dosis, iba a seguir sacándose sangre

- El es el rey, puede que necesite más

- Cuando sea necesario, ahora tenemos suficiente – el mayor aceptó dispuesto a comenzar el tratamiento – Dean… si mueres antes de terminar no podemos dejar el trabajo a medias

- Gracias por tu confianza – se rió sarcásticamente el pecoso

- Necesitamos un plan B, dime lo que hay que hacer…

El más alto tenía razón y Dean lo sabía. Apenas podía mantenerse consciente a base de pura voluntad, no podía jugárselo todo a que lo lograría porque ya la había fastidiado antes. Se lo contó, en qué consistían las pruebas, y no sólo eso, le habló de Henry Winchester, de los hombres de letras, de Abadón, del búnker.

Era una forma de mantenerse con vida, de influir también en Crowley, que intervenía en la conversación para burlarse al principio, pero conforme pasaban las horas iba cambiando el tono sin apenas darse cuenta.

Cuando llevaban siete horas de cura, ocho dosis de sangre Winchester en las venas del demonio, Sam notó el cambio, Crowley le apoyaba, a él, quería volverse humano, ser perdonado, arreglar todo lo que había hecho mal y también quería salvar a Dean.

- ¿Sabes Crowley? Fuiste tú quien me dio esta oportunidad – El pecoso, mortalmente pálido permanecía sentado en el banco frente al que el demonio estaba atrapado – querías que hiciera esto, que te devolviera tu humanidad

- Pero, ¡vas a morir! – y no era ninguna amenaza, el Rey del infierno estaba preocupado por el sacrificio del cazador – Sé cómo funcionan las grandes pruebas, exigen un sacrificio, el mayor sacrificio. Es la forma en la que Dios decidió medir el valor de la gente.

- ¡Venga ya! ¿Tú también? – replicó fastidiado Dean

- Me parece bien que cierres el infierno, es justo, y si después de curarme me enviáis allí también es justo, me lo merezco, no tenéis ni idea de todo lo que he llegado a hacer, pero tú… - Ambos Winchester se dieron cuenta de que la cura estaba funcionando – te escuché confesar lo que creías que eran pecados, he escuchado cómo intentas que Sam siga adelante contándole lo que vendrá, veo cómo sacas fuerzas de dónde no hay para llegar al final, y ni un solo momento has pensado en ti, en que no mereces toda esta mierda, en que nunca la pediste…

- Creo que estás listo – le detuvo el cazador antes de que Sam volviera a intentarlo ahora con el apoyo de Crowley

Dean sonrió y Sam le administró la última dosis de sangre. Cortándose la mano el mayor realizó la última parte del exorcismo. Ahora el demonio estaba curado.

- Terminemos con esto – balbució Dean temblando.

Su cuerpo se iluminaba desde dentro como si hubiera absorbido la gracia de un ángel y no pudiera contenerla. Con una última mirada a su hermano, recitó la última parte del conjuro. Por un momento no pasó nada. Se estabilizó, y ya no lanzaba destellos. Sam lo tomó por los hombros examinándolo, sin poder creer que estaba bien, pero todo cambió en unos segundos.

Dean empezó a brillar, con fuerza, su cuerpo ardía y su hermano no podía seguir mirándolo ni sujetándolo. El mayor de los Winchester gritó de agonía mientras la luz que salía de su cuerpo lo atravesaba todo.

Adam Milligan estacionó la furgoneta de alquiler junto a la entrada de la iglesia en obras. No se atrevía a bajar del vehículo. Cuando la avioneta del amigo de Bobby sobrevolaba Mount Desert habían contemplado un rayo de luz sobrenatural que provenía de allí. El viejo mecánico tampoco hizo ademán de bajar. Ahora todo estaba tranquilo y en silencio y ninguna luz salía del interior del edificio.

Había alguien en la entrada y Bobby tuvo que restregarse los ojos para reconocer a Crowley sentado en los escalones con gesto apesadumbrado.

- ¿Qué demonios? – se bajó apuntando al rey del infierno con su escopeta cargada con cartuchos de sal.

- No pierdas el tiempo conmigo, los chicos están dentro.

El chatarrero dudó un segundo y después entró. Comenzaba a amanecer pero la oscuridad era total allí, encendió su linterna y los encontró junto a la pila bautismal. Sam estaba sentado en el suelo y sujetaba a Dean entre sus brazos.

- ¿Quién hay ahí? – preguntó con voz ronca - ¿Crowley?

- Soy yo chico – replicó el viejo con el corazón en un puño

El castaño asintió sin decir nada. Temiéndose lo peor Bobby tocó el cuello de Dean, aún tenía pulso. El menor no dijo nada, seguía abrazando a su hermano y mirando al frente como si no supiera que estaba ahí y el chatarrero se dio cuenta, no le miraba porque no podía ver, sus ojos no reaccionaban a la linterna.

Adam asumió que tanto el viejo como los Winchester dependían de él, supo que hacer, se puso al mando de su familia, esa a la que nunca quiso pertenecer. Los llevó a casa de Singer, con la ayuda de ese demonio que parecía perdido y que sólo quería compensar, aunque sólo fuese un poco, el daño que había hecho.

Crowley tampoco tenía dónde ir. El hechizo había funcionado, el infierno estaba clausurado y los pocos demonios que hubiera sobre la faz de la tierra jamás podrían volver a abrir las puertas. Se quedó con ellos, con los que sabían qué había sido.

Sam se recuperaba físicamente, a los pocos días sus ojos comenzaron a responder a la luz. Emocionalmente estaba tan bloqueado que apenas decía una o dos palabras en el día. Dean no se recuperaba, no había despertado y Adam no creía (como sí lo hacía Sam) que llegara a hacerlo.

Sam y Crowley se turnaban para cuidarlo, el primero porque nadie le haría salir de la habitación de su hermano mientras tuviera fe en su recuperación, el segundo porque se sentía obligado aunque no tuviera esa fe.

Bobby volvió a cazar de nuevo. Pasaron meses, Adam comenzó a acompañar al veterano cazador en sus trabajos y cuando Sam recuperó por completo la vista también fue con ellos un par de veces dejando a Dean al cuidado de Crowley.

Pasó un año sin que nada cambiara. Tácitamente Sam se había convertido en el apoyo de los cazadores, investigando, cubriendo sus coartadas, dando consejos. Adam y Bobby ahora eran los cazadores de referencia, y Dean seguía sin despertar, consumiéndose en la habitación que el más joven de los hermanos había diseñado, enganchado a los equipos de soporte vital y con la compañía constante de Sam y de Crowley convertido en enfermero a tiempo completo.

Una tarde, como si hubiera esperado a que todas las personas que le importaban estuvieran cerca, Dean abrió los ojos. Sam no podía creerlo, su hermano le miraba, casi podía decir que se alegraba de verlo por su expresión.

Llamó a los demás, Bobby se alegró hasta las lágrimas, Adam no, porque sabía lo que iba a pasar, de todas formas el muchacho no dijo nada, no quería interrumpir los últimos minutos de su medio hermano. Se acercó a la cama y le quitó la intubación.

- Dean, ¡Oh Dios! ¡Estás despierto! – Sam le cogió una mano, Dean apretó débilmente – tranquilo, tranquilo, tenemos tiempo, ahora todo va a ir despacio ¿vale? Pero te pondrás bien, sabía que despertarías

- Es cierto chico – Bobby malinterpretó la débil sonrisa del cazador que no podía hablar – Sam nunca ha perdido la fe, nosotros no lo teníamos tan claro.

Dean cerró los ojos, y Sam los echó a todos de allí, "Está cansado, mañana estará mejor". Adam no discutió, no sabía si el mayor dejaría de respirar en unas horas o unos días, estaba siendo mucho más fuerte de lo que había creído, quizás Sam tuviera razón y Dean Winchester estuviera hecho de otra pasta.

Empezó a recuperarse, era ya un triunfo que siguiera respirando, pero que consiguiera ingerir alimento era un milagro. Dos semanas después consiguió articular un par de palabras. Fue cuando Crowley se marchó sin avisar. Los demás pensaron que el demonio volvía a ser la malvada criatura que había sido pero Dean les dijo que fue él quien le pidió que se fuera.

Adam se volcó en buscar la mejor rehabilitación para el mayor al descubrir que no volvería a andar. Fue un shock para Sam y para Bobby, pero Dean se lo tomó bien, recobrando algo de esa personalidad irritante que el chatarrero y el otro Winchester habían echado tanto de menos.

.- Continuará