Pues esto es todo y se que es un final complaciente, inconcluso, quizás algo tonto. Es un final malo, para que nos vamos a engañar, es fácil, pero sobre todo es un final feliz porque no me salía de las tripas otro tipo de final.
Green, Nem, Noe, Feriyen y todos los que habéis leído sin decirme nada (Ya os vale :P ), esto es todo, gracias por haberme acompañado de hiatus en hiatus
Salvaste a Adam
Epílogo: Tienes derecho a un final feliz
Adam había estado discutiendo con Dean toda la mañana, su hermano no dejaba de machacarle con la intención de que dejara de ser un cazador y se dedicara a la medicina. "Mírame chaval, si no lo llevaras en la sangre yo seguiría tirado en una cama" y el menor miraba al hombre en la silla de ruedas y no veía que él tuviera ninguna parte en su recuperación.
Sam también estaba de acuerdo con Dean. "Eres joven, puedes salir de todo esto y tener una vida normal, la que papá siempre quiso para ti, Adam, el infierno está cerrado y de los demonios que queden, y de los monstruos, nos podemos ocupar nosotros"
La discusión amenazaba con acalorarse, como cada vez que surgía el tema, cuando la puerta de la despensa se abrió y un hombre de apenas treinta años vestido con un traje azul de los años cincuenta entró en la biblioteca preguntando por John Winchester.
Dean se giró en su silla y murmuró "Mierda", había reconocido a Henry (Su abuelo Winchester) y no estaban preparados para su compañera de viaje. Y en todo ese tiempo Crowley no había dado señales de vida, así que era previsible que no pudieran acabar con ella.
- Sam, tenemos que atrincherarnos en el búnker, tenemos poco tiempo.
De reojo vio como Abadón entraba también en la biblioteca, demasiado tarde. Después de cerrar el infierno y de lograr recuperarse de sus secuelas todo iba a ser inútil, sus hermanos, Henry, iban a morir. Ella los esperaba junto a la entrada del búnker, su pelo rojo recogido en un moño de época, su vestido ensangrentado era como el atrezo perfecto de una película de Gángsteres.
- Dámelo Henry
- No se de qué me hablas
- O me lo das o desollaré a tus amigos, uno por uno, delante de tus ojos
- No tan rápido querida – cinco pares de ojos cayeron sobre el hombre de negro que sostenía en la mano lo que parecía un trozo de mandíbula petrificado y montado en forma de cuchillo.
- ¿Un patético demonio de cruces se atreve a dirigirse a mí? – reconoció el arma – Tú no eres nadie, es imposible que tú puedas usar esa espada. Alguien como tú no es digno de la marca.
- Ah, esto – sonrió con malicia el antiguo demonio – no es mío
Se lo lanzó a Dean que lo cogió al vuelo. El cazador se levantó de la silla. Con la espada en la mano nada podía detenerlo, conocía la sensación, la fuerza circulando por sus venas, el calor. Y tenía un objetivo.
Abadón retrocedió un paso como si hubiera visto al mismo Caín, pero no, sólo era un Winchester. Intentó detenerle con su poder mental, la mueca bestial del cazador la llenó de pánico, el humano resistía a su poder. Lo vio acercarse sintió la espada atravesarla y no hubo nada más.
El caballero del infierno cayó muerto a los pies del cazador que se giró en busca de otra vida que segar, Crowley sonrió, buscar esa espada le había devuelto su poder y también su antiguo ser, ahora presenciaría cómo Dean Winchester acababa con su familia y después, con el infierno cerrado, el purgatorio asegurado, y el cielo en la más completa anarquía nadie le impediría reinar en la Tierra a su antojo.
Cometió un error de cálculo, quedarse demasiado cerca. Como había previsto, Dean no se conformó con Abadón, pero a él no le atravesó con la espada. La mano del cazador se posó en su frente desintegrándolo por completo.
Su ansia de sangre no estaba saciada, matar a Crowley sólo había conseguido aumentarla. Ellos, los Winchester, sus vidas podían aplacar la necesidad que le arrastraba hacia ellos.
- ¡Dios mío! ¡Es un demonio! – exclamó Henry al ver cómo los ojos del hombre que había matado a Abadón se volvían negros como la tinta.
- ¡Dean! – gritó Sam - ¡Dean, eres más fuerte que esto! ¡Lucha!
El mayor parpadeó, se vio ensartando a Sam por el estómago, su sangre manchando sus manos, y después el dolor, la pérdida, cómo todo dejaba de tener sentido. Era un recuerdo de algo que nunca pasó, pero que sucedió hace mucho tiempo, cuando dejaba que la marca dominara sus actos.
- ¡Dean! ¡Detente! – Temerariamente Sam estaba frente a él, al alcance de su arma - ¡Puedes parar! ¡Dean!
- ¿Sam? – Murmuró confuso con la vista fija en su mano empuñando la espada
- Tírala Dean – pidió el castaño – tírala hermano
Abrió el puño y el arma cayó al suelo al mismo tiempo que sus piernas volvieron a fallar.
Lebanon, Kansas, seis meses después.
Bobby entró en el búnker de los hombres de letras con una caja de seguridad sobrenatural fabricada por él mismo para contener un objeto hechizado. Desde la primera vez que pisaron ese lugar se había hecho a la idea de que se jubilaría allí como cazador. Todos sus libros, acumulados en sus investigaciones durante décadas, todos los objetos que había reunido ahora formaban parte de la biblioteca y los archivos del búnker.
- Buenos días Robert – Henry Winchester estaba encaramado en una escalera, buscando un volumen de la balda veinticinco
- Llámame Bobby, chico – le recordó por enésima vez, podría haber nacido en el año veintisiete pero Henry no tenía mucho más de treinta años.
- Por supuesto, por supuesto, no lo olvidaré señor Singer – dijo bajando con un volumen sobre la transmigración de almas
- ¿Y los muchachos?
- Adam estudiando para los parciales del primer semestre y los demás en el garaje – dijo depositando el pesado libro en la mesa - ¿Los llamo?
- No hace falta, dejaré esto en su sitio y yo los buscaré para tomarnos una cerveza ¿te apuntas?
- No comprendo vuestro afán de ingerir tanto alcohol, pero vale, me apunto.
En efecto, estaban en el garaje, la silla de ruedas de Dean estaba junto a la escalera y el mayor de los Winchester, en una camilla de plástico bajo el impala, posiblemente arreglando algo. Sam, tumbado en el suelo le iba pasando el destornillador, tuercas, un trapo.
- Hola Bobby – sonó alegre la voz de Dean bajo el coche - ¿has venido a gorronear una cerveza?
- Ah, Bobby – Sam se levantó a abrazar al chatarrero – hola
- ¿Al final se ha decidido a adaptarlo? – preguntó señalando al mecánico vocacional
- No, no, Adam se la va a llevar el próximo semestre, estaba haciéndole una puesta a punto – Dean empujó la camilla hasta la silla y se sentó sin ayuda, al ver la desaprobación en la mirada de su hermano y del viejo volvió a repetir lo que llevaba diciendo desde que pudo levantarse de la cama – es perfecta como es, no voy a tocarla para convertirla en otra cosa.
Ambos cazadores se quedaron mirando como Dean maniobraba la silla con facilidad para salvar el par de escalones que separaban el garaje de la despensa del búnker. Le siguieron sin insistir en el tema, pues la segunda parte de esa discusión era cuándo iba a salir y tomar algo de sol y acababa con Dean diciendo que los monstruos peligrosos deben estar muertos o enjaulados.
Adam se quitó las gafas al entrar en la cocina y alcanzó al vuelo la lata que le lanzó Sam, Dean y Henry se tomaban un botellín, el abuelo estaba totalmente en contra de que las cervezas vinieran en el mismo envase que las sardinas y Dean, bueno, digamos que se estaba volviendo un poco pijo en cuestión de bebida.
- La distribución está lista Adam – dijo Dean apoderándose con toda desvergüenza de la bolsa de patatas chips
- Al parecer la de las patatas también – Sugirió Henry turbado como siempre por las maneras de su nieto mayor.
- ¡Ah! Pero ¿queréis? Como estáis tan preocupados por las grasas saturadas y esas chorradas saludables – dijo esquivando la mano de Bobby
La alarma contra intrusos del búnker se activó. Nunca la habían escuchado antes porque nunca nadie, ya fuera ser humano, animal, o criatura sobrenatural, había entrado allí sin llave o sin que le abrieran la puerta desde dentro.
No tuvieron tiempo de encontrar armas para protegerse, tampoco era necesario, Castiel acompañado de otro ángel al que no conocían, entró en la cocina.
- Siempre te han gustado las entradas con efecto Cas, ¿verdad Bobby?
- Verdad
- Me alegra verte con vida Dean – sonrió el ángel – hola Sam
- Hola Cas – saludó el castaño con la mirada fija en su compañero - ¿Nos presentas a tu amigo?
- Mi nombre es Miguel y he venido a ajustar cuentas contigo Dean Winchester – replicó con toda seriedad el compañero del de la gabardina.
Como un solo hombre Bobby, Adam, Henry y sobre todo Sam, se colocaron como barrera entre el hombre de la silla de ruedas y el arcángel que decía tener un asunto pendiente con él. Castiel sin embargo se apartó sonriendo.
- Venga chicos, quitaos de en medio que desde aquí abajo no veo nada – protestó Dean
- Dean ya ha pagado bastante, déjale en paz – Sam no iba a permitir que el arcángel hiciera daño a su hermano y los demás estaban de acuerdo con él.
- Apartaos – sin poder controlar sus cuerpos Bobby, Henry y Adam se separaron del lado de los dos hermanos, Sam resistió al ángel con toda la fuerza de su voluntad – te prometo Sam Winchester que no voy a dañar a tu hermano
- Está bien Sammy – Dean esquivó a su hermano con la silla y se enfrentó al poderoso ser – creí que todo había quedado en paz entre nosotros.
- Eso creí yo hasta que Castiel me mostró que me equivocaba Dean Winchester – el arcángel sonrió – la gente que te quiere puede ser muy persuasiva en tu favor, Castiel me hizo prometer cuando me sacó de la caja que te observaría y que juzgaría si mereces ser liberado de la marca. Y he juzgado Dean.
Puso su mano en la frente del cazador, una luz brillante se infiltró en las venas y bajo la piel de Dean que no se movió mientras la cicatriz desaparecía de su brazo y las consecuencias de la misma se borraban de su alma.
- Joder, joder, joder… lo… yo… gracias – tartamudeó agradecido y emocionado
Los ángeles se fueron y Dean rompió a llorar. Sam se arrodilló frente a la silla creyendo que el arcángel le había hecho algo malo, pero no, "Sam, creo que es la primera vez que lloro de alegría, tío, me ha quitado la marca, me ha… Dios Sammy… me han perdonado"
"LEVÁNTATE IDIOTA, TAMBIÉN TE HA CURADO"
La voz había sonado potente y risueña dentro de los corazones de los presentes. Dean se levantó y salió corriendo hacia el garaje seguido de los demás que creían que había perdido la cabeza de la impresión. El que abrazara el Impala, acariciándolo como a un ser vivo prometiéndole que iba a sacarla ahora mismo a dar una vuelta no contribuía precisamente a que su familia creyera que estaba bien.
- Esto es increíble, ¿verdad? Nunca me atreví a soñar con esto – les dijo – no tenía derecho a …
- Te equivocas Dean – su hermano dijo lo que los demás pensaban – si alguien se ha ganado el derecho a ser feliz eres tú.
FIN
