Hola! Aquí va otro capítulo. Últimamente no he tenido mucho tiempo para postear jeje. Pero ya lo tengo casi todo, a falta de un capítulo o dos. Espero que les guste.
Gracias por los reviews. Me alegro que esté gustando. Yo me lo paso muy bien escribiendo.
Teresa Lisbon intentaba concentrarse en lo que le decía el doctor, pero era bastante difícil. Su cabeza intentaba ir dos pasos por delante buscando ya soluciones para Jane. No sabía qué iba a hacer con un consultor temporalmente incapacitado, si es que se trataba de algo temporal. Se dio cuenta que el neurólogo le estaba hablando precisamente de eso y trató de centrarse en su voz.
- …por lo tanto no sabemos cómo va a desarrollarse este tipo de afección en cada caso concreto. Es algo desconocido, difícil de entender e incluso de estudiar y de lo que no tenemos mucha información. ¿Señorita?
- Sí, le escucho, perdone estoy un poco distraída. Esto ha sido un golpe duro de encajar. Si no recuerda ni su nombre ¿cómo va a poder hacer una vida normal?
- Puede que no se lo parezca ahora pero es una suerte que su memoria a corto plazo no esté afectada. – decía el doctor Morrison – No podría retener información. En el caso del señor Jane, aun si su memoria no regresara, podría empezar de cero haciendo una vida totalmente normal.
- ¿Cómo debo tratarle? ¿Debería contarle cosas sobre su vida, sobre quién es?
- Nosotros aconsejamos – intervino el neurólogo – dejar pasar un poco de tiempo en principio. Evitar que el paciente se fuerce a recordar ya que esto podría resultar contraproducente. Un sobreesfuerzo a destiempo no lo llevaría a ninguna parte, más bien le crearía más confusión. Debe intentar que los recuerdos lleguen a él poco a poco, quizás si le lleva discretamente a algún sitio que soliera frecuentar o preparándole algún plato especial cuyo olor le evoque cosas.
- ¿Y si me pregunta por su familia? Ya le he contado al doctor Morrison…
- Mi colega me ha puesto al tanto sobre la trágica situación del señor Jane. Debido a lo delicado del asunto es mejor que no se lo cuente. Dígale que no tiene familia, que los doctores le hemos prohibido darle más detalles o alguna historia similar.
Más decidida que el día anterior se dirigió de nuevo a la habitación de Jane sabiendo ya en parte lo que iba a hacer.
- ¿Estás listo? – Jane la miró desde la cama donde estaba sentado. Se había vestido con la ropa que le había llevado, tenía un aspecto algo mejor y la esperaba observando las vistas que había desde su habitación.
Lisbon se había despertado temprano y había ido a buscar algunas tarjetas de "Esperamos que te encuentres mejor" y "Ponte bueno pronto" y las había colocado junto con una bonita planta en el alféizar de la ventana y algunas otras en la mesilla de noche. Los chicos habían contribuido con sus propios artículos que esperaban a Jane en la oficina.
En la Brigada todo el mundo se acercó hacia él preguntándole cómo se encontraba, deseándole una pronta recuperación y felicitándole por su vuelta. VanPelt lo abrazó. Rigsby le señaló la mesa donde habían depositado un globo con las palabras "Felicidades por tu graduación" ante lo que Jane sonrió y sus compañeros hicieron una mueca, una caja de bombones para agasajar a un regimiento y una tarjeta firmada por un montón de gente.
- Para haberlo hecho con tanta celeridad no está nada mal – comentó Rigsby.
- No. Está muy bien. Os lo agradezco – Jane le dio un toque con el dedo índice al globo haciendo que éste oscilara rítmicamente presentando sus congratulaciones. Luego tomó un bombón y la tarjeta y fue a sentarse para leerla.
Cuando le vio irse directamente al sofá y acomodarse en él una sensación invadió el cuerpo de la agente, una repentina y momentánea alegría al pensar que había recordado algo, pero pronto se dio cuenta de que sólo era un instinto en lo más hondo de Jane que lo hacía amar los sofás. No habían vuelto sus recuerdos.
-Vale. ¿Qué hacemos ahora, jefa? – preguntó Cho, echándole un ojo a Jane desde la distancia.
-Sinceramente no lo sé, Kimball. Todo mi proyecto termina en traerlo aquí. Pero supongo que necesitamos un plan. ¿Alguna idea?
-¿Quién va a quedarse con él?
-No es una mascota, Rigsby. No nos quedamos con él. Él va a…va a…- emitió un gemido – va a ser horrible.
-Entonces, ¿te lo quedas tú?
-No es un perro, chicos, por favor. Y, no, no puede quedarse conmigo – susurró – Salgo de aquí tardísimo cada noche. ¿Qué haría con él?
-Ya es un fastidio que se haya quedado sin memoria – comentó Cho con su habitual franqueza – no va a sernos de ninguna ayuda.
-Bueno, jefa, podría quedarse contigo. Puede pasar el día en la Brigada, lo hace normalmente mientras tú acabas los informes. No creo que moleste mucho en su estado – añadió VanPelt con una mueca en los labios.
-Lo único que tengo claro es que no podemos decirle nada. Ya sabéis a lo que me refiero. Sea lo que sea, tiene que recordarlo por sí mismo.
-Entendido.
-Bien. Ahora, veamos…- se frotó la frente con la palma de la mano, un gesto habitual en ella – volvamos al trabajo porque hay que sacar el caso adelante. Ya pensaremos luego en algo. Supongo que de momento puede quedarse en mi habitación de invitados. Esta noche. Hasta que se me ocurra algo.
-Muy bien, jefa.
-Sí, qué bien – rezongó con mal humor – Es curioso que cuando toca encargarse de algo que tiene que ver con Jane nadie está disponible. Si no hay más remedio…
Se giró hacia el sofá donde Jane se había quedado antes pero él ya no estaba allí. ¿Pero cómo se había ido tan pronto y sin que lo hubieran visto? Miró alrededor. No, definitivamente no estaba en la sala. Lisbon se dio la vuelta para encarar nuevamente al equipo, esta dirigiéndole a VanPelt una mirada cargada de frustración.
-Con que en su estado no iba a molestar ¿eh? – murmurando caminó apresuradamente en busca del consultor – Ya empezamos.
Media hora después encontraban a Jane paseando por los pasillos del CBI mirándolo todo con extrema curiosidad, entrando en salas de interrogatorio, algunos de las cuales estaban en pleno proceso, para hacer su última parada en la cocina. No había hecho ningún desastre más que interrumpir el trabajo de los policías y vagar sin rumbo fijo. Aún así Lisbon no quiso arriesgarse y tras dejar algunas directrices sobre el caso se llevó al asesor a casa donde podía tenerlo bien vigilado.
OoOoO
El camino a su casa fue incómodo. No porque el asesor se hubiera comportado mal. Al contrario, no parecía él. Parecía abstraído, metido en sí mismo. Probablemente estaría valorando la situación, cosa que ella misma ya había hecho.
¿Y si permanecía así para siempre? ¿Y si no volvía a recuperar al Jane mordaz, irónico, cínico en ocasiones? ¿Y si todos los recuerdos de lo que habían sido y habían compartido se perdían para siempre en la oscuridad de su cabeza? Bueno ¿importaría de veras que nunca volviera a recordar la vida que llevaba de culpa y tortura? ¿Importaría que empezara de nuevo de verdad sin remordimientos, sin culpa, sin tristeza, sin John el Rojo? Quizás ella pudiera vivir con un Jane así, pero ¿y él? De pronto se sintió culpable. ¿Cómo podía pensar siquiera en la posibilidad de que Jane prefiriera vivir sin recordar quién era, qué era…sin recordar a la familia que una vez tuvo? Estúpida de ella. Sería como borrar una vida entera.
Si por ella fuera…"Despierta" – pensó mientras su mirada se perdía en medio de ninguna parte – No está en tus manos que él recupere sus recuerdos o permanezca así.
Pero ¿y si lo fuera? ¿Permitiría que Jane siguiera ignorante de su vida anterior y de los acontecimientos que la habían cambiado para siempre? ¿Le arrebataría su necesidad de venganza?
Aunque por otro lado, y siendo un poco egoísta, quizás si lo pensaba un poco le prefería así. Capaz de comenzar una nueva vida, desde cero, una tabula rasa que ahora podía llenarse. Nuevas experiencias, nuevos recuerdos, nuevos sentimientos, una nueva vida…Totalmente nueva y diferente. Una nueva oportunidad. Pero esto no trataba sobre ella y realmente no sabía si ella misma preferiría que le dijeran la verdad o la dejaran ignorante de su anterior vida y comenzar una nueva; esto trataba de un hombre desamparado y sin memoria en el salón de su casa que se hacía preguntas cuyas respuestas no conocía y que formulaba preguntas que nadie era capaz de contestar por miedo a hacerle más daño.
¿Qué sería de él? ¿Qué iba a pasar cuando recuperara la memoria? ¿Qué pasaría si un día de pronto empezaba a recordar cosas? Se volvería loco si comenzaba a recordar cosas desagradables que no podía explicar. Dios, eran tantas preguntas.
Y se preguntaba además por qué era siempre ella la que se comía la cabeza con cuestiones imposibles. Él parecía ahora de lo más tranquilo mientras observaba su casa con la curiosidad de un niño. La respuesta era que había pasado tanto tiempo cuidando de Jane que ya no podía evitar preocuparse por cada arañazo que se hiciera.
¿Echaría de menos al Jane de antes? Sí. ¿Le importaría mucho que dejara la venganza y la tristeza que amenazaban cada instante con destruirle? No. En absoluto. ¿Debía tomar partido? Eso aún estaba por ver…
- ¿T-Teresa…? – acababa de darse cuenta de que estaba aún en medio del salón, parada, embobada en sus pensamientos y Jane la miraba entre la curiosidad y la preocupación. Una pequeña arruga se formaba en su entrecejo al tiempo que ladeaba la cabeza - ¿Estás bien?
La repentina pregunta la desestabilizó. Rápidamente tomó el control de su cuerpo y asintió.
- Sí. Sí, estoy bien – una sonrisa fingida se acopló automáticamente en su cara cansada – Sólo estaba pensando…Olvídalo, estoy bien.
- ¿Seguro?
- ¿Te mentiría yo? – Dios, en ese momento deseaba darse una palmada en la frente por estúpida.
- No lo sé. – Su expresión parecía divertida más que otra cosa – Ni siquiera te conozco.
- ¿Tienes hambre? – cambió de tema. Se negaba a tratar con un Jane sin memoria que parecía poseer la misma persistencia que el antiguo.
- La verdad es que… - puso una mano en su estómago y comenzó a acariciarlo en círculos e hizo un gesto muy gracioso como si acabara de ser consciente de su apetito – Sí, tengo mucha hambre.
- Bien. ¿Qué te apetece cenar?
Abrió la boca para hablar pero enseguida la cerró frunciendo el ceño.
- Ni siquiera sé lo que me gusta.
- Oh, eso es fácil – por su cara pasó un halo de esperanza – Te gusta todo.
- ¿Todo? – su entusiasmo y sorpresa le arrancó a Lisbon una sonrisa.
- Sí – meneó la cabeza de derecha a izquierda – Cualquier cosa. En todos los años que te conozco jamás te he visto rechazar un buen plato de comida o… bueno, cualquier cosa que pudieras tragarte y que supiera bien.
- Cuéntame más.
- Lo haré mientras preparo la cena. ¿Me ayudas?
- Pues claro – la siguió hasta la cocina mientras ella le explicaba varias anécdotas de casos en los que él había comido sin parar a pesar de que la muerte había sido por envenenamiento. Un poco idiota pero ¿quién cuestiona el apetito de Patrick Jane?
Después de cenar vieron la tele. Durante varias horas porque él no conseguía coger el sueño y tampoco dejaba que ella se apartara de su lado. Pasaban de las doce y la película comenzaba a reproducir los títulos cuando Lisbon se percató de que Jane había caído en manos de Morfeo. Estaba tan tranquilo así que casi le daba pena despertarlo, pero la posición en la que se había quedado dormido iba a provocarle una contractura. Lo zarandeó con cuidado.
- Hora de irse a la cama, Jane.
- Lisbon, ¿eso es un ofrecimiento? – De repente una sonrisa socarrona apareció en el rostro de Jane iluminando toda su cara. ¡Pero cómo le encantaba reírse de ella! - ¿Quieres aprovecharte de mí porque no tengo memoria?
- Venga ya. Yo nunca haría eso – bufó a la vez que ladeaba ligeramente la cabeza tratando de ocultar el rubor en sus mejillas.
- ¿Acostarte conmigo o aprovecharte de un hombre sin memoria?
- Ambas cosas – el rubor de esas mejillas provocaba un sentimiento de calidez en Jane – Por Dios, Jane. No seas tonto. Además, me conoces, puede que hayas perdido la memoria pero en el fondo sabes que puedes llevarte un puñetazo por esta inapropiada conversación.
- ¿Sabes? – Estaba intrigado por aquella diminuta mujer que se ruborizaba ante comentarios sexuales y al mismo tiempo le amenazaba con un puñetazo. Siguiendo con la broma, fingió estar molesto – No sé si sentirme ofendido por el hecho de que no te interese lo más mínimo acostarte conmigo o asustado por la amenaza.
- ¿Quieres descubrirlo?
- Lo cierto es que… - quería probar hasta donde podía llegar aquella mujer. Era un alivio poder olvidarse por unos momentos de la situación en la que se encontraba, del estado precario de su mente, y concentrarse en otra cosa.
- A dormir – ordenó.
- Vale, vale. ¿En la misma cama? – volvió a la carga.
Ella rodó los ojos y Jane soltó una carcajada.
- Está bien. Lo siento. Es que me encanta ver ese color rosa del que se te ponen las mejillas y la cara que pones cuando te molestas. Es bastante curioso en una mujer que sirve a las fuerzas del orden. Dado que parece que voy a tener bastante tiempo intentaré averiguar todo lo posible sobre ti. Voy a tener que conocerte de nuevo. Y quiero saberlo todo.
Y, para su sorpresa, era cierto. Tras varios días de no saber donde estaba parado o qué sería de él, una nueva meta se impuso ante sus ojos. No se rendiría. Intentaría averiguar quién era por todos los medios posibles. Haría que su memoria regresara por las buenas o por las malas. Le sonsacaría a todo el que pudiera y si eso no daba resultado… Ya vería lo que pasaba entonces. Pero, por el momento, tenía algo que hacer. Conocer a Teresa Lisbon y todos los aspectos de la relación que había mantenido hasta el momento con él.
-Tu memoria podría regresar mañana o esta noche misma.
-Yo no apostaría por ello –El salón se cargó de tensión. Una corriente parecía fluir entre ellos al igual que las palabras no dichas, los miedos y las frustraciones por las que ambos pasaban en aquellos momentos – Pero la recuperaré, Teresa. Estoy seguro de que lo haré. Hasta entonces agradezco tu hospitalidad. Debes de apreciar mucho a Patrick Jane para aguantarme, ofrecer tu casa y renunciar a parte de tu vida y tu intimidad.
-Sí. Te aprecio, Patrick. Aunque seas un auténtico incordio – Dicho esto se dio media vuelta sabiendo que él la seguía de cerca.
Ambos sonreían mientras subían las escaleras hacia las habitaciones
