Buenas noches! Nuevo capítulo de nuestro Jane sin memoria. Gracias por los comentarios, es genial que les esté gustando. Me animan mucho los reviews, saber sus opiniones...
No estoy contestando por privado pero lo haré jeje A mi también me gusta ver el aspecto vulnerable de Jane y el que sea Lisbon la que esté con él, en modo "mamá gallina" siempre detrás de Jane cuidando su espalda. Sí, aunque lo niegue, a ella le encanta poder ayudar de esa manera y que él la necesite.
Ahora, sin más dilación, cuarto capítulo de memoria perdida para que puedan seguir disfrutando y seguir poniendo reviews :D
Sin duda Jane era un hombre con determinación. Quizás no tuviera memoria, pero determinación no le faltaba. Y estaba decidido a recuperarla o, al menos, que el mundo no se diera cuenta de la fragilidad que le provocaba la falta de ella.
-Oye, Teresa por qué no me cuentas cosas sobre mí. Quizás eso haga que…
-Olvídalo Patrick y no intentes sonsacar a nadie porque tienen órdenes de no hacerte caso. Ya sabes que el doctor Morrison opina que es mejor que no te fuerces. Cuando tus recuerdos vuelvan, volverán.
-Médicos…¿qué sabrán ellos? No son más que…
-¿Charlatanes con batas blancas?
-¿Cómo sabías lo que iba a decir?
-Puedo leer tu mente, Patrick Jane – le susurró cantarinamente.
El rodó los ojos.
-Venga ya.
-Es algo que dices muy a menudo.
-¿De verdad?
-Sí. Los recuerdos están ahí. En tu cabeza. Sólo tienes que dejar que salgan.
-Pues no me gusta. Es frustrante y aburrido – hizo un mohín de lo más infantil.
-¿Sabes lo que es aburrido? Una vigilancia de más de 24 horas en un coche sin aire acondicionado. ¿Frustrante? Tener que rellenar más papeleo del que puedes abarcar cuando lo único que te apetece es darte un buen baño y meterte en la cama. Así que no te quejes. Tú estás casi de vacaciones.
Y así era. Vacaciones. Al no tener facultades para ayudar activamente en una investigación se paseaba de aquí para allá, descansaba en el sofá de la oficina de Lisbon y pasaba gran parte del tiempo en el apartamento de ésta. No le dejaban ni asomarse por las escenas de los crímenes. Si ya era un peligro en estado normal, con su nueva situación no sabían lo que sería capaz de hacer. Además no querían que la visión de un escenario especialmente cruento repercutiera en el proceso de curación. El nuevo Jane no estaba acostumbrado a ver esa clase de imágenes tan de cerca.
-¿Sabes qué? Si voy a seguir mucho más tiempo de "vacaciones" – habló poniendo mucho énfasis en la última palabra- voy a necesitar ropa más cómoda. No puedo seguir paseándome por aquí con un traje de tres piezas. Resulta de lo más incongruente.
-¿De lo más incongruente? – Bufó en respuesta – No es que tú alguna vez hayas sido coherente.
-Vamos sólo tráeme un par de vaqueros, algunas camisetas… Puedo pagártelas – se quedó en silencio unos instantes frunciendo el ceño profusamente. - ¿Puedo pagártelas? ¿Tengo siquiera dinero?
Lisbon sonrió dulcemente en respuesta. Estar con él era como contestar preguntas a un niño pequeño. No recordaba tener que haber dado tantas explicaciones ni siquiera cuando sus hermanos eran pequeños y atravesaban aquella curiosa y divertida fase de los "por qué". Jane tenía preguntas para todo. Por suerte no eran preguntas de tipo "por qué el cielo es azul". Eran siempre preguntas como "¿cómo llegué al CBI?", "¿por qué te hiciste policía?", "¿qué hacía antes?", "¿tengo familia?", "¿tengo casa?", "¿por qué algunos agentes me miran como si hubiera atropellado a su perro?"… Y así un sinfín de preguntas, algunas de ellas sin respuesta.
Aunque sus recuerdos no habían vuelto, sus dotes deductivas parecían estar surgiendo de algún punto de su ser, latentes, esperando para ser desempolvadas y utilizadas nuevamente. Incluso había averiguado lo de VanPelt y Rigsby. Toda esa cosa de que se gustaban.
Llevaba varios días en casa de Lisbon y a pesar de que seguía tan quejica como de costumbre, habían fijado una especie de rutina y parecían estar adaptándose bastante bien. Lo que más preocupaba a la agente era la mirada taciturna que veía a veces en su rostro, muy parecida a la del antiguo Jane cuando creía que nadie le observaba. Eso y los constantes sueños seguidos de sudores, temblores y gritos que le molestaban día sí día no.
-Sí, Patrick, tienes dinero. El CBI te asigna una cantidad, un sueldo. No es mucho pero te permite vivir bien. De hecho, tengo tu cheque por aquí, en alguna parte… - Tuvo que rebuscar entre las carpetas de diversos casos en curso hasta que dio con el sobre "Patrick Jane" en la bandeja "pendientes" – Esto es tuyo. Del Estado a tus manos por tu incalculable e inestimable contribución a la sociedad.
-¡Vaya, Teresa! Espero que no te hagan soltar ese rollo cada vez que te dan mis honorarios.
-No te preocupes. Esto ha sido de mi propia cosecha, pero no te acostumbres. Es sólo por esta vez. Y ahora, largo – ella ya había puesto toda su atención en sus asuntos mientras Jane se marchaba con la vista clavada en ella.
No le hacía gracia que Jane campara a sus anchas por ahí, pero tras varios días sin hacer nada él se estaba subiendo por las paredes aunque no quisiera decirlo y el médico le había aconsejado que le dejara libertad puesto que era necesario que se sintiera autosuficiente si quería recuperar su vida. Así como le había dicho que no debía preocuparse por las pesadillas, que eran totalmente normales tras un accidente traumático y que desaparecerían en cuanto el paciente se relajase. Así que le dejaba ir de aquí para allá, pulular por la sala de descanso e incluso ir solo hasta su apartamento donde él la esperaba y hacía la cena o pedía algo y la esperaba para comer juntos.
Al día siguiente, llegó a casa un poco antes de lo acostumbrado. Pensó que así podría ir a buscar algo de ropa para Jane y algunos libros y revistas para tenerlo entretenido. Al parecer al nuevo Patrick Jane le gustaban los libros de cocina y las películas basadas en los comics de Marvel. Aunque tenía que reconocer que no le había importado ver la última de Batman. La casa estaba silenciosa, pero sabía que él estaba allí por el murmullo lejano que provenía de su habitación.
-Oye, Patrick he pasado por… - abrió la puerta sin pensar y allí estaba Jane…
¡Desnudo!
O, al menos, parcialmente desnudo. La toalla que colgaba precariamente de sus caderas no sólo apenas le cubría nada sino que además parecía a punto de caerse. No obstante, parecía que sus ojos se habían quedado clavados en esa imagen. Haciendo un esfuerzo consiguió que sus ojos siguieran hacia arriba para mirar directamente a su cara.
-Emm, yo…- se aclaró la garganta y respiró hondo resistiendo el impulso infantil de cerrar de un portazo y salir corriendo para evitarles el bochorno a ambos. Teresa Lisbon no había llegado hasta donde estaba sonrojándose por cualquier cosa. Así que se armó de valor y le mantuvo la mirada – Me he acordado de nuestra conversación de ayer y te he traído algunas prendas de ropa nueva. Te espero fuera.
Cerró la puerta con cuidado y se quedó en el rellano del piso superior. ¡Dios! ¿Quién habría imaginado que Jane tenía ese torso o esas piernas? Siempre había sentido fascinación por esa manía de los hombres de no secarse el cuerpo antes de salir del baño. Se tapaban con la toalla más pequeña que encontraban, que por supuesto apenas alcanzaba para ser propiamente atada, y dejaban correr gotas de agua por todo su torso. Podía ser una imagen hipnotizadora.
-Teresa, ya puedes entrar – la voz de Jane, amortiguada por la puerta, interrumpió los azarosos pensamientos de Lisbon.
Al darle permiso para entrar pensaba que estaba totalmente vestido pero sólo se había puesto unos pantalones de chándal oscuros.
-Vaya, estás…
-¿Vestido?
-Diferente… - Antes de caer en las trampas verbales de Jane entró y comenzó a sacar el resto de prendas de la bolsa – Unos vaqueros, una camisa, dos…no, tres camisetas, zapatillas de deporte…
No iba a explicarle el por qué de no haber comprado ropa interior. Les llevaría a una conversación demasiado íntima e incómoda que no tenía ganas de tener. Ella ya había hecho su papel comprándole ropa, artículos de aseo y entretenimiento; ahora, que fueran Rigsby o Cho los que se encargaran de la ropa interior. Se percató de que, una vez más, hacía de hermana con alguien. Primero con sus propios hermanos. Ahora con Jane.
A decir verdad, a pesar de la trayectoria que llevaba con el asesor, de sus intenciones de no dejar que nadie viera lo que había detrás de su máscara había una larga historia de protección hacia él. Si se quedaba ciego acudía a ella, y ella trataba de no dejarle sólo ni un segundo como si fuera una madre gallina; cuando le apuntaban con una pistola se le helaba la sangre; las innumerables veces que se había visto envuelto en un asalto con rehenes ella había esperado al otro lado de la barrera negociando muerta de miedo; si, como tantas veces había pasado, intentaban echarlo del CBI, ella luchaba contra viento y marea para que lo readmitieran o reconsideraran las opciones.
¡Se había convertido en la madre de Jane! "Genial" pensó mientras le acercaba una camiseta.
-Te lo agradezco mucho.
-No ha sido nada.
-¿Sabes? Cada vez que te sonrojas así pienso que hay algo que no me cuentas, como por ejemplo, una relación más íntima de lo que pueda parecer…entre nosotros – Su tono era de burla pero a la misma vez de curiosidad – Quizás, éramos algo más que amigos pero no me lo quieres decir para no confundirme, ahora que estoy sin memoria.
-Jane ¿es que te has dado un golpe en la…? – Lisbon rodó los ojos antes de explicar – No, no tenemos ninguna relación íntima o sentimental de ningún tipo. Somos compañeros. Nada más.
-Vale. Sólo decía que noto cierta tensión…
-Por amor de Dios Jane…Por supuesto que hay tensión. Eres un maldito incordio. No me vengas ahora con chorradas. Una relación – murmuró- como si fuera tan fácil…
-Bueno, ¿y por qué es tan difícil?
-En primer lugar, y aunque tú desconozcas las normas o, más bien, hagas caso omiso de ellas…existen. Hay normas que impiden que dos agentes de la misma unidad tengan relaciones.
-¿Qué me dices de Rigsby y Vanpelt?
-Que ellos no están saliendo. No mantienen ningún tipo de relación fuera de los límites de la Brigada.
-Eso no lo sabemos. Además, es obvio que se gustan – Le brindó una pícara sonrisa -.
-Sí, es obvio – rezongó - ¿Vas a seguir recordándome que hasta sin memoria supiste antes que yo lo de esos dos?
Jane continuó sonriendo.
-Además, da igual, ellos nunca traicionarían la confianza del CBI teniendo una relación a escondidas.
-Teresa - Tras mirarla atentamente, inclinó la cabeza hacia un lado, carraspeó ligeramente y habló- Yo, particularmente ahora, no puedo hablar sobre relaciones o cualquier otra cosa…Como verás no estoy en mi mejor momento, pero aún así soy bastante consciente de que cuando hay atracción entre dos personas ni todos los libros de normas del CBI, ni el mismísimo jefe de CBI-landia lograría que esas dos personas…bueno, que pasaran cosas, tú ya me entiendes. Y si Grace y…
-¡Vale! Está bien. Déjalo ya – Lisbon señaló a Jane con un dedo – Más te vale que Wayne y VanPelt no…hagan nada.
-Oye, no es culpa mía…
-Lo será. Déjalo ya. Te lo ordeno.
Jane soltó una carcajada que resonó por toda la habitación.
-Volviendo a lo nuestro…
-Patrick, no hay nada nuestro.
-¿Seguro?
-Sí, Jane, te lo habría dicho, habrías…notado algo. No hay nada entre nosotros.
-Pero es que noto algo.
-Sí, hambre…Vamos a cenar. Hoy no he parado. Estoy hambrienta – Y era cierto. Aunque también era verdad que estaba esquivando el tema.
Jane decidió dejarlo por el momento pero era cierto que notaba algo entre ellos. No conseguía dilucidar lo que era, pues últimamente no era capaz de aclarar sus pensamientos o sentimientos respecto a nada. En aquel momento era una pizarra en blanco sin demasiada capacidad para afirmar radicalmente algo. Sin embargo, no podía tratarse sólo de una relación laboral cuando se sentía tan a salvo con ella, cuando sabía que le confiaría su propia vida o que podía contar con ella. No se estaría quedando en su apartamento si su relación no fuera tan estrecha. No todo el mundo estaba dispuesto a renunciar a su comodidad e intimidad para acoger a una persona sin saber hasta cuando iba a quedarse.
-Teresa, ¿no crees que trabajas demasiado?
- Es lo que solemos hacer los esclavos de las fuerzas del orden – le sonrió.
Su preocupación por ella la conmovía. Era extraño ver esa faceta máxime cuando hasta hacía un par de semanas era él la fuente de sus quebraderos de cabeza (y en cierto modo lo seguía siendo) y nunca le había importado mucho la cantidad de trabajo que conllevaba "cuidar" de él. Pero ahora mismo no era muy "él" así que quizás estaba viendo las cosas de otra manera. Al fin y al cabo, no conocía nada de su antiguo comportamiento.
Salió de la habitación poniéndose por fin la camiseta que le había llevado.
-Ayer ya me había dormido cuando llegaste a casa ¿verdad?
-Sí – respondió mientras sacaba de la nevera ingredientes para hacer una ensalada y empezaba a cortar unos tomates – Por cierto, no tuve oportunidad de agradecerte que me dejaras la cena preparada. No sabía que tuvieras esa maña en la cocina.
Jane sonrió para sí acercándose a la encimera donde la ayudó a preparar la comida.
-He descubierto que me relaja – le explicó – Cuando salí del hospital la psicóloga me aconsejó que buscara algo en lo que ocupar mi tiempo, algo que me gustara y me relajara. Y no se me ocurre nada mejor que esto. Así, por lo menos, puedo agradecerte que me dejes quedar en tu casa y todo eso.
-Pues te lo agradezco mucho. No siempre tengo tiempo para comer adecuadamente. Aunque voy a engordar como siga comiendo así.
-Y te vendría bien – dijo mirándola de reojo – No es que parezcas poco saludable y está claro que eres fuerte como un roble. Pero estás demasiado delgada. Deberías bajar el ritmo.
Había notado que Teresa se pasaba todo el día en la Brigada. Salía temprano, volvía tarde, comía poco y descansaba aún peor.
-No puedo bajar el ritmo. Es el trabajo que tengo – le dijo tranquilamente – Sé que puede parecer que me dejo absorber mucho por él, y tal vez sea así, pero me satisface, Patrick. Hacemos el bien. Salvamos gente. Sacamos el mal de las calles. O lo intentamos al menos.
-Wow. Haces que parezca…emocionante.
-Lo es. Pásame la pimienta – se quedaron un momento trabajando en silencio, sonriendo, cocinando como dos personas que se conocen desde siempre – No te he preguntado cómo lo estás llevando tú…
Su voz había sonado insegura. Jane lo estaba llevando mejor. Al menos no se había derrumbado, pero quería probar si el nuevo Jane le daba más explicaciones de las que le daría el antiguo. Quería que le contara cómo se sentía de verdad.
-Bien , ya sabes, es complicado y malditamente confuso… Es como…como si tuviera la cabeza llena de algodón o de cemento más bien. No consigo obtener información. No sale nada. Está cerrado a cal y canto. Y no lo entiendo. – Frunció el ceño. Últimamente lo hacía mucho cuando reflexionaba sobre algo- ¿Sabes esas películas en las que el protagonista se revuelve, le duele la cabeza, hay fogonazos y de repente recuerda algo?
-Sí.
-Pues son todo pamplinas. Yo lo único que consigo es el dolor de cabeza. Lo demás sigue tan negro como siempre. Hay una barrera de niebla entre este Patrick Jane y el anterior – Lisbon había ralentizado sus movimientos mientras lo escuchaba. El seguía cortando la lechuga mientras relataba debilidades que antes nunca le habría contado. Parte de ella estaba sorprendida- Una parte de mí quiere saber más, saber qué hacía antes o qué clase de persona era, si tenía más amigos (lo cual no es probable porque nadie más ha venido a verme), si me gustaba lo que hacía. Diablos, quiero saber qué hacía exactamente… Otra parte desea poder seguir adelante. Pasar del antiguo Jane, dejar todo atrás y continuar con algo nuevo.
Lisbon no sabía qué decir a aquello. Quería ayudarle, aconsejarle como lo haría una amiga, pero no quería que se viera influenciado por las opiniones del único y más cercano referente en ese momento tan inestable de su vida.
-Lo entiendo –Dejó el cuchillo sobre la tabla de cortar y miró a Jane a los ojos- Lo estás haciendo muy bien, Patrick. Sigues los consejos de los médicos, te lo estás tomando con calma, no te agobies. Hasta ahora lo has llevado con mucha serenidad. Tarde o temprano recuperarás tus recuerdos, y si no lo haces nosotros estaremos aquí para ayudarte para que puedas empezar de cero. Tranquilo.
Curiosamente lo estaba. La cálida sonrisa de aquella mujer menuda y en ocasiones malhumorada le daba una esperanza que nada en todos aquellos días le había proporcionado.
OoOoO
Esa misma noche Jane tuvo otra pesadilla. Se sentía tan frustrado. A veces venían cuando estaba especialmente cansado o le dolía la cabeza y otras sin motivo aparente. Había tenido un buen día y ahora pesadillas otra vez.
Esta vez se trataba de varias imágenes difuminadas y aparentemente inconexas. Una cara que se acercaba a él en la penumbra y le susurraba cosas que no lograba entender; las otras eran de la misma habitación de siempre llena de sangre, sus manos ensangrentadas…
Era absolutamente repugnante, horrible. Y se estaba cansando de levantarse en mitad de la noche con el corazón latiéndole a mil por hora, cubierto de sudor y temblando con una hoja en otoño.
En medio del forcejeo había tirado algo de la mesilla de noche y Lisbon al escucharlo había ido corriendo y se había quedado a su lado hasta que se había relajado y había dejado de temblar. En un momento dado se había sentado en el borde de la cama ofreciéndole un vaso de agua.
Imaginaba que así era como trataba a las víctimas o sus familiares durante los casos. Atenta, comprensiva, empática, cariñosa…Sabía lo que hacer en cada momento. O, por lo menos, eso aparentaba.
Estaba un poco avergonzado por su comportamiento después de cada sueño. Había apretado los ojos durante este último, los tenía rojos, irritados, al borde de las lágrimas y estaba seguro de haber gritado y gemido. Aún así se apretó contra ella, que al cabo de un rato comenzó a masajear su cuero cabelludo con movimientos acariciadores.
No había necesidad de palabras. Más tarde, sería conveniente contarle el sueño, puesto que ella podría darle alguna pista sobre las imágenes y el doctor Morrison y la psiquiatra insistían en que era bueno que compartiera todos esos pensamientos y sentimientos con alguien. Pero por el momento, no tenía que hacerlo. No había presión con ella.
