Hola :D Aquí posteo el sexto capítulo de "memoria perdida" que va ya terminando... Igual que nuestra querida serie, que según me comentan mis "frikicompañeras" termina mañana. Da penita jejje bueno, yo por mi parte seguiré escribiendo jeje tengo montones de cosas por actualizar. Lo que me lleva a ... tengo intención de seguir actualizando In a Red World.

Bueno, les dejo ya leyendo y espero que les guste!

Saludos


Desde la conversación con Teresa unos días atrás, había una idea dando vueltas insistentemente en la cabeza de Patrick. ¡Por qué no se le habría ocurrido antes…! Ella misma le había dado la solución sin saberlo. Le había dicho que no era complicado saber ciertas cosas acerca de los compañeros del CBI mirando en sus ficheros personales.

No sabía por dónde empezar a buscar. ¿Los archivos se encontraban digitalizados? ¿Debería ir a alguna sala de archivos, sucia y atestada, donde encontraría una carpeta con su nombre?

El despacho de la agente superior.

Tuvo que esperar a que Teresa abandonara su despacho. Sólo necesitó poner su nombre en la base de datos de personal y allí estaba. Su foto, su nombre, su historia…

Empezó a leer con cierta expectación y ansiedad. Pronto se dio cuenta de que era peor de lo que habría esperado alguna vez. Cada línea que leía era peor que la anterior. Su historia, toda ella, era una tragedia de principio a fin. No podía continuar leyendo. Su cabeza daba vueltas, tenía el estómago revuelto y un repulsivo escalofrío le estaba recorriendo la espalda ascendiendo como si se tratara de una mano invisible que llegaba a su cuello y le atenazaba la garganta impidiéndole respirar.

Todo empezaba a tener sentido ahora. Las pesadillas, la sangre… Ese tipo, John el Rojo, un asesino en serie brutal, había asesinado a su joven esposa y a su hija. Estaba en shock. No sabía qué pensar, qué decir, qué hacer… No tenía ni idea de cómo asimilar aquella información. Había tenido una familia y la había perdido. Su familia, a la que no recordaba, había muerto de forma horrible. ¿Cómo podía haber olvidado una cosa como esa? ¿Y por qué no las recordaba aún? Tenía caras sin nombre flotando en su mente, sombras de recuerdos que querían formarse sin llegar a hacerlo. Salió corriendo hacia el baño donde vomitó lo que había comido durante el día.

Qué estúpido había sido. Había pensado que saber de su vida le liberaría, que le devolvería la memoria incluso. No había imaginado algo así. ¿Quién lo habría hecho? Se creyó más listo que nadie cuando se le ocurrió dónde empezar a buscar sobre su vida; la verdad era que había sido lo contrario. Estaba todo en el despacho de Lisbon. No había tenido que moverse demasiado hasta encontrar lo que buscaba. La información que le faltaba al archivo digital, la había completado la carpeta que la agente guardaba a menos de un metro, en un cajón. Sólo había tenido que usar un abrecartas para abrir la cerradura.

Esas imágenes. Nunca conseguiría borrarlas. De hecho, nunca habían salido de su cabeza. Las pesadillas que tenía desde el momento en que había despertado en el hospital estaban plagadas de imágenes borrosas y distorsionadas de su pasado. Al parecer él mismo había encontrado los cuerpos. Había fotografías de archivo de sus manos aún manchadas, de él con la mirada perdida, el pelo revuelto…

Ahora, se encontraba igual de desorientado que como debió de sentirse en el momento en que descubrió, por primera vez, aquel terrible suceso. Era exactamente como vivirlo todo de nuevo. La desorientación, la desesperación, la falta de respuestas…

OoOoO

Lisbon entró en su despacho totalmente agotada. Habían sido un par de días duros. Se dejó caer en el sillón al frente de su mesa. Todavía iba a tener que trabajar un poco antes de irse a casa. Estiró los músculos del cuello antes de comenzar a usar el ordenador. Al mover el ratón, la pantalla que se activó ante sus ojos la dejó consternada. Era el archivo de Jane, la ficha que crearon cuando se incorporó al CBI. No necesitó preguntarse quién o por qué. Pero ¿qué más habría visto? Todo, al parecer. El cajón de abajo, el que mantenía cerrado con llave, estaba roto. "Patrick, pero qué has hecho…".

Pensar que Jane había podido descubrir lo que su mente había olvidado estando solo, sin nadie que lo apoyara, lo consolara o le explicara lo que había pasado en realidad y no la sesgada idea que se hubiera podido hacer. ¿Qué estaría pensando? ¿Qué pasaría ahora por su cabeza? ¿Dónde estaría?

OoOoO

La casa estaba a oscuras cuando entró, sólo un pequeño haz de luz iluminaba la esquina del salón donde ella solía leer. Allí, entre sombras, la figura de Jane. Su rostro normalmente tranquilo exhibía ahora toda una clase de expresiones y sentimientos difíciles de distinguir. Sus ojos tristes y alicaídos mostraban también una chispa de furia, un brillo diferente.

Lisbon sabía que Jane tenía razón al sentirse ofendido; más que eso, dolido, cabreado, traicionado...

-¿Patrick? – Dando pasos cortos se internó en el salón. Se sentía un poco insegura, pues no sabía cómo estaba reaccionando Jane a la nueva información. – Jane, ¿estás bien?

Parecía taciturno y pensativo. Tardó unos segundos más en dirigir la mirada hacia ella.

-Dímelo tú, Teresa. Sabes mucho más que yo de mí mismo.

-Patrick…

-¿Cómo pudiste, Teresa? ¿Cómo puedes ocultarme algo tan…? – Levantó la cabeza mirándola a los ojos, taladrándola con una mirada cargada de reproches. Ambos sabían lo que esa mirada implicaba. El horror de su familia, algo tan vital. Era eso lo que le había ocultado. ¿Cómo explicárselo? ¿Cómo hacerle entender que para ella su seguridad, su salud, eran lo primero; que sólo pretendía que se recuperara?

-Sólo quería que tuvieras otra oportunidad, Jane. ¿Qué querías, que de repente te dijera lo que había pasado con tu familia cuando ni siquiera estás en condiciones de cuidar de ti mismo? ¿Para qué? ¿Qué sentido habría tenido? ¿Para que te volvieras loco, para que destrozaras tu vida otra vez?

-Tenía derecho a saberlo.

-Los médicos opinan que no deberías vivir momentos de tensión, que minimizáramos los traumas y que no te contáramos nada.

-¡Por amor de Dios, no seas cobarde! Te escudas en la opinión de un médico. Se supone que eres mi amiga. La única persona que tengo a mi lado. ¿Crees que no es traumático el hecho de ver imágenes en sueños de gente muerta, de sangre y no saber que son recuerdos de tu propia familia?

-No quería que volvieras a sufrir, Jane, maldita seas, no quería verte andar como una momia por ahí, sin sentido y sin más sentimientos que la rabia, sin relacionarte con el mundo exterior y la gente que te quiere por estar demasiado ocupado pensando en coger a un tipo que quizás nunca aparezca. No quería que siguieras desperdiciando tu vida.

-Exacto. Mi vida. Te crees con derecho a meterte en la vida de todo el mundo, a decidir por ellos, a intentar que cambien. No tienes derecho, Teresa Lisbon.

¡Vaya! Era como hablar con uno de sus hermanos. ¿De verdad se comportaba así? ¿Era realmente tan entrometida e incisiva que cansaba a la gente? ¿Cómo sabía un desmemoriado Patrick Jane que Lisbon tenía la costumbre de comportarse como una madre con todo el mundo?

Bueno, esas preguntas podían responderse en otro momento. Tenían otras prioridades ahora.

-Patrick, eso no es justo. Sólo quería ayudarte. Todos queríamos.

-No metas a los demás en esto. Siguen tus órdenes. Eres tú la que manejas sus acciones.

-Oh, genial. Si ellos te ocultan cosas no pasa nada, pero si lo hago yo me merezco tus desaires.

-Oh, no juegues ahora a la dama ofendida. Sabes perfectamente que nuestra relación es más estrecha que la que mantengo con ellos. Tú misma lo dijiste. No sé lo que esperaba de ellos, pero sé que esperaba confianza y apoyo de ti. Esperaba que no me hablaras como si tal cosa sabiendo lo que había pasado con mi familia. Que no me dijeras que estaba todo bien, cuando yo tenía una familia, personas que me querían y que están muertas.

-Por amor de Dios Jane. Yo sólo quería…Tienes que entenderlo. - ¿Qué más podía decir?

-Esto es absurdo.

-Sí, lo es.

-Necesito salir de aquí.

-¿Adónde? – Su pregunta fue inmediata, pero la única respuesta que obtuvo fue una incisiva mirada por su parte. Una mirada que decía que no siguiera metiéndose en sus asuntos. Que le dejara. Y tenía que respetar eso. Tenía que darle espacio. No iba a surgir nada de presionarlo, menos aún en su actual estado de ánimo y salud.

Lisbon suspiró. Se mantuvo inmóvil mientras le veía pasar a su lado, abrir la puerta y marcharse sin más explicaciones.

Ella no había querido hacerle daño, por amor de Dios. Sólo quería ayudarle. No sabía realmente cómo manejar aquello. Se había equivocado, vale. Pero, ¿no merecía algún tipo de piedad por parte de él? Pues claro que había intentado hacer lo mejor para él. ¿Qué pretendía el asesor, que pasara por alto el consejo de los médicos contándole cosas que podían traumatizarlo? De hecho, no sabía el efecto que la nueva información que había descubierto podía tener sobre él.

Lo único que le preocupaba en ese momento era saber dónde estaba, si estaba bien...

OoOoO

Teresa Lisbon no durmió demasiado bien esa noche. Preguntas sin contestar la mantuvieron inquieta. ¿Dónde podía haber ido Jane? ¿Dónde estaba? ¿Se habría perdido? ¿Por qué no había vuelto a casa?

Estaba a punto de amanecer cuando las preguntas y la tensión pudieron con ella y cayó dormida.

Tenía que volver a la oficina así que como cada mañana se preparó para un día de trabajo completo.

- Jefa, ¿estás bien? - preguntó Cho con su habitual tono. La había pillado más de una vez masajeándose el cuello y sólo era media mañana. Estaba agotada y aún no sabía dónde se había metido Jane.

- Sí. - Pero no le pasó inadvertido que estaba despistada, en otro lugar. - Oye, Cho. ¿Has sabido algo de Jane?

Inmediatamente captó el cambió en su segundo al mando. A pesar de que su cara carecía de expresión, su tensión y el tono de voz hablaban por él. Cho era demasiado discreto para meterse en la vida de ninguno de sus compañeros o en los conflictos que podían surgir entre ellos. Se veía claramente la incomodidad que la situación provocaba en él.

- Mm, Lisbon, Jane está en mi casa. Anoche vino a mi apartamento muy afectado. Cabreado. Y me pidió si podía quedarse unos días hasta que solucionara algunas cosas. Iba a llamarte pero me pidió que no lo hiciera. Sé que no es asunto mío pero ¿ha pasado algo?

- No, nada en especial. Gracias Cho. Puede irte.

Cho se detuvo un momento y la miró antes de retirarse del despacho. Un atisbo de preocupación danzando en sus ojos color obsidiana.

Ella no iba a decirle nada. Y por supuesto no iba a presionar a Jane. Cuando estuviera listo no sólo física sino mentalmente y con todas sus habilidades a punto, volvería.

Pero era su preocupación lo que no la dejaba parar de pensar en él un sólo momento desde que se enfrentara a ella la noche antes. Preocupación y culpa por haberle ocultado la infame verdad sobre su vida anterior y no haber tenido el valor de contárselo antes de que él lo descubriera por sus propios medios y de esa forma, sin posibilidad de que nadie le explicara lo que había pasado. Ahora lo sentía perdido por ahí, con una horrible verdad a sus espaldas, una verdad que no podía manejar. No podía imaginar cómo era perder a la persona que se suponía debía estar con él durante muchísimos felices años, y peor, a una hija. Y desde luego no quería tener que contárselo. Sí, era una cobarde. Pero una cosa sabía, tener que aprender ahora, sin memoria, que había tenido una vida feliz que le fue arrebatada de manera cruel, sería más difícil aún que la primera vez y no sabía cómo reaccionaría o cómo lo estaría llevando. ¿Habría hablado con Cho? ¿Volvería a hablarle a ella? ¿Estaban acabados sus buenos momentos, compartir sus pensamientos con el otro? Sí, se había acabado. Y le hacía daño. Más de lo que imaginó alguna vez. Había perdido la confianza de Jane.

Siempre pensó que sería él quien acabaría decepcionándola, no al revés.