Hola! Aquí está el último capítulo de memoria perdida. Siento haber tardado tanto en publicar jej. No estoy muy segura de que me haya quedado como pretendía al principio, pero bueno esto es lo que salió y espero que les guste.

Y gracias por sus reviews y por leer :D

Saludos!


Jane tenía tal mezcla de emociones, una confusión tan grande que no sabía cómo afrontar la situación. Lisbon le había mentido, los chicos, a los que empezaba a apreciar como verdaderos amigos, le habían mentido también. Pero, Teresa…La dulce Teresa que parecía estar protegiéndolo a cada paso que daba, la persona en quien había creído poder confiar, con la que se encariñaba cada día más, le había fallado. ¿En quién podría refugiarse ahora que su mente estaba perdida? No sabía por dónde empezar.

Mientras paseaba sin rumbo fijo, cosa que se le daba muy bien últimamente, le daba vueltas a su vida. Pero ¿qué era su vida? ¿La existencia del falso psíquico cuya familia fue asesinada? ¿El hombre que surgió de la tragedia con ganas de venganza? ¿La persona sin nombre? ¿Quién era él?

Sabía quién podía ayudarlo con eso. La única persona que lo conocía, o al menos, lo conocía más que él mismo. La persona que podía responder esas preguntas.


Patrick llevaba días sin aparecer por las oficinas del CBI. Era el mismo tiempo que llevaba sin hablar con ella, pero sabía que seguía en casa de Cho. Éste le proporcionaba alguna información con el objetivo de que ella se quedara tranquila. El asesor de la brigada estaba bien, tranquilo aunque alicaído, pasaba los días paseando por la orilla del río, haciendo trabajos manuales que al parecer despejaban su mente. Según Cho, no le había visto hacer ningún movimiento ni comportamiento extraño. Nada que llevara a pensar que podía estar indagando sobre su pasado. Pero nunca se podía estar segura con Patrick Jane, con o sin memoria. Estando en el estado en el que se encontraba, Lisbon temía que estuviera perdiendo perspectiva, que no estuviera lo suficientemente sereno o en facultades como para ver la realidad de manera objetiva y apreciar las posibilidades que aún tenía.

Pese a todo, no estaba preparada para enfrentarse a Patrick. Era importante saber cómo estaba pero no quería tener que verse con él y descubrir que la odiaba.

Como si su pensamiento hubiera conjurado la situación cuando llegó a la puerta de su apartamento, un solitario Patrick Jane esperaba sentado en el escalón. Al principio, tomada por sorpresa, se congeló durante unos instantes. Él la miraba fijamente. Había algo en sus ojos, algo dando vueltas en su cabeza. Pero parecía cansado y meditabundo más que furioso.

-Patrick… Estás… - Dudó unos instantes. Lo que iba a decir era una obviedad- Estás aquí.

-Sí – Abrió las manos para señalar el espacio que los rodeaba – Parece que, al final, siempre vuelvo a ti. La persona que mejor conoce a Patrick Jane; la única persona que me aprecia, en la única que confío y, desde luego, la única que confía en mí.

-Patrick, siento…- Jane la interrumpió levantándose de los escalones —

-Será mejor que entremos.

Con Jane tomando el mando de esa manera, Lisbon se sentía como una niña pequeña. Estaba acostumbrada a ser ella la que llevara las riendas, aun cuando él nunca le hacía caso, pero esta vez se merecía que le diera algo de libertad para expresarse. Al fin y al cabo ella le había ocultado su historia. Y ya era una buena noticia que hubiera ido hasta allí, que quisiera hablar con ella. Era esperanzador que quisiera hablar con alguien en lugar de escudarse en sí mismo, como haría el antiguo Jane.

Abrió la puerta y lo instó a entrar con un movimiento de cabeza. Él sintió algo parecido a la nostalgia por estar de nuevo en aquella estancia que había sido su casa en las últimas semanas. Era como regresar a un lugar querido, era como debía de ser volver al hogar. Curiosamente se sentía a gusto al estar allí de nuevo.

-¿De qué querías hablar? – preguntó Lisbon un rato más tarde, tras servirle una taza de té.

-Eres la única persona que puede contarme algo sobre mí mismo. La única que puede resolver mis dudas, ayudarme a despejar algunas incógnitas.

No estaba segura de haberlo entendido del todo. Tuvo que concentrarse en lo que le decía. Estaba aturdida por tenerlo allí delante, por lo que escuchaba, por volver a verlo puesto que no lo esperaba y, sobre todo por la nueva expresión de su mirada.

-¿Tu memoria ha vuelto?

-No, Teresa – su expresión taciturna al decirlo hablaba más que sus propias palabras – Nada volvió. Todo sigue igual que antes. Confuso, oscuro, borroso. Mi vida sigue siendo una sofocante neblina de la que no puedo huir. Pensaba que podía seguir adelante aunque no pudiera recuperar la memoria.

-Y puedes, Jane.

-¿De verdad lo crees?

Los nuevos datos eran confusos y daban un nuevo aspecto a todo el asunto, pero de verdad lo creía. Claro que lo creía. Si quería, y con la ayuda de sus amigos, de las personas que lo querían, podría sobrevivir a su pesadilla y seguir adelante con su vida. Ya lo había hecho antes.

La mente era algo sumamente extraño, como ya le había mencionado el médico. ¿Cómo podía haber averiguado cosas sobre su pasado, ver fotos de las escenas de los crímenes, de su familia, y no recordar nada? Jugarretas de la mente. Probablemente el doctor diría que se trataba de un mecanismo de autodefensa ante una situación traumática.

-No –Lisbon tomó la mano de Jane - Lo sé. ¿Tienes idea la cantidad de cosas a las que has sobrevivido? Eres fuerte. Eres…No puedes seguir yendo por ahí como el llanero solitario porque acabarás matándote, pero has superado muchas cosas y ésta puede ser una nueva oportunidad.

-Necesito que me cuentes cosas. Y toda la verdad esta vez, Teresa.

-¿Qué…clase de cosas? –Preguntó Lisbon un tanto temerosa.

-Cosas sobre mí, sobre mi vida, sobre todo el tiempo que hace que me conoces. Sobre la persona que era antes y la que soy ahora.

-No estoy segura…

-Teresa –Habló a la misma vez que ella con un tono autoritario.

-No estoy segura de que sea lo más adecuado en este momento –Terminó la frase con rotundidad.

-Ya hemos discutido esto, demonios. No soy uno de tus agentes, ni uno de tus hermanos. No tienes que protegerme de esa manera. No tenemos esa clase de relación. No puedes dejarme al margen. Tú no.

Lisbon no dijo nada. Estaba intentando apelar a su sentimentalismo, a la parte de ella que no podía dejar de ayudar a una persona tan unida a ella.

-Necesito saberlo todo. Necesito saber algunas cosas si quiero cerrar esa parte de mi vida, comprender cómo era yo, para poder avanzar… Y sé que tú puedes darme esos detalles.

-Eso no es justo Patrick. Ni para ti, ni para mí. No es como contarte qué clase de helado te gustaba o cuál era tu color favorito. Son cosas horribles. No quiero hacerte más daño.

-Tengo que saberlas. ¿Prefieres que las sepa por otra persona? ¿Prefieres que tenga momentos sesgados de cosas que no recuerdo?

-Sigues tan manipulador como siempre.

-No es esa mi intención, lo sabes. Pero si no voy a recuperar la memoria, quiero al menos conocer parte de mi vida para poder superarlo, no tener un montón de pensamientos en la cabeza rondando sin cesar. A veces imagino cómo habrá sido mi vida anterior, incluso mi infancia; por qué mentí en lo referente a ser psíquico; me pregunto si arropaba a mi hija por las noches; e incluso si realmente fue mi culpa lo que les pasó. Tengo que poner algunas cosas en su sitio, conocer al hombre que era para poder llegar a ser el hombre debo ser.

Jane se mantuvo mirándola en silencio, atento a cuál sería su respuesta. Aunque ambos lo sabían. Tras ocultarle su historia una vez, no lo haría de nuevo. Él había depositado su confianza en ella una vez más.

-Cho me ha hablado de algunas cosas. Nada importante. Sólo me ha contado que a veces he llevado la búsqueda de la venganza demasiado lejos; que en ocasiones casi muero, y en ocasiones alguien casi muere por mi culpa. Me explicó que debía ser comprensivo contigo. Que si no me habías hablado de mi pasado era porque tú también lo habías pasado mal cada vez que yo me metía en algún lío. Sé que no ha sido fácil tratar conmigo y que me pasé el otro día.

-No puedo llegar tan atrás en el tiempo. No sé mucho acerca de ti en aquella época –Se lamentó la agente, retomando sus anteriores palabras—. No sé si le leías a tu hija antes de dormir o por qué fingías ser psíquico. Pero hay una cosa que puedo asegurarte. No fue culpa tuya que tu familia muriera. El único responsable de esa tragedia fue su asesino.

Era cierto que no podía contarle mucho, pero haría lo posible por ponerle al corriente de algunas cosas. Tras dar un suspiro comenzó a hablar de nuevo.

-Cuando llegaste a Sacramento, hace unos años…

Mientras Lisbon le contaba la historia de su vida, lo mucho o poco que supiera, con la renovada esperanza de que tras el relato, surgiría una nueva oportunidad para Patrick Jane, éste escuchaba cada palabra con la absoluta certeza de que, le contara lo que le contara, esta vez lo aprovecharía para cambiar las cosas, para ser un hombre nuevo. Y sabía que a lo largo de ese camino, Teresa Lisbon estaría a su lado.