Hola, ¡aquí les traigo un nuevo capí de esta historia! :*

Notas al final…

Aclaración:

Narran Naruto o Hinata

Narro yo


CAPÍTULO I: Primer Encuentro.

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Pasaron dos meses. Y mis preciadas vacaciones se pasaron en la cama de mi habitación, echado como un lisiado en ese pedazo de colchón. Nunca, en ninguna de mis más horrorosas pesadillas hubiera podido imaginar que pasaría el verano recuperándome de un accidente, con una pierna, un par de costillas y otros huesos rotos, golpes y moretones por todos lados, la cara raspada y ni hablar de mi espalda, sentía que aún tenía trozos de asfalto en la piel. Pero al menos sigo con vida.

No tenía ánimos de volver aún a clases, aún tenía una férula en el brazo izquierdo por precaución y mi pierna derecha no se recuperaba del todo, por lo que debía de usar muletas. Maldecía internamente el hecho de haber recibido aquel golpe contra el auto. Solía molestar a Karin, diciéndole que debí dejar que la golpearan a ella, nunca se enfermaba, y si lo hacía se recuperaba al instante, así que le decía que si hubiese sido ella, ya estuviera sana. Se sentía mal y se iba. Era efectivo para que dejara de insistir en que repasara los apuntes del año anterior.

Sin embargo, no hubo lucha que diera frutos, debía de estar listo para ir a clases en una semana y no habría muleta o férula que le impidiera a mi madre enviarme al instituto.

El desgraciado lunes de inicio de clases llegó y mi cuerpo fue hasta el auto de mi padre moralmente arrastrándose, de verdad no quería ir a clases así, no podía moverme con total libertad y ya me imaginaba al idiota del profesor de deportes diciéndome que una muleta no debía detener la llama de la juventud que me permitiera participar en la carrera de mil metros, estúpido viejo loco.

—Naruto —llamó con suavidad desde la puerta mi madre—. ¿Estás listo? —preguntó y solo asentí desde el borde de la cama. Mi padre me había ayudado a vestir.

Odiaba aquel aburrido uniforme; pantalón negro, camisa roja, saco negro, corbata negra, medias rojas y los estúpidos mocasines negros. Sentía que iba a un velorio en lugar del instituto.

—Es hora de irnos —anunció él sonriendo y acercándome las muletas.

—Iré a avisarle a Karin que están listos —anunció mi madre saliendo a velocidad de mi habitación.

Una vez estuvimos en la entrada me ayudaron a subir al asiento trasero y Karin tomó el del frente junto a mi papá.

Realmente quiero mucho a Karin. Cuando mi tío y su esposa murieron mi madre decidió hacerse cargo de ella, y a causa de eso vive en mi casa desde hace siete años. Más que mi prima, la considero mi hermana.

Tiene el cabello rojo y aunque parezca raro sus ojos tienen el mismo exótico color, y aunque es pelirroja no tiene pecas. Es temeraria y directa, no se detiene ante nadie ni se deja intimidar por nadie, es ruda pero femenina, amable pero intimidante, es rara pero realmente amo a esta chica, a pesar de que la he molestado durante los últimos dos meses por el accidente, realmente no me arrepentiría nunca de haberme puesto en su lugar.

Desde el día en que sus padres murieron… juré que la protegería.

—¿Enserio te dijo eso? —Preguntaba mi padre a Karin sonriendo y dedicándole algunos segundos esporádicos de su visión—. ¿Qué le respondiste?

—¿Tú qué crees? —Respondió ella con ironía ante el entusiasmo de mi padre—. Le dije que yo no era de esas niñitas tontas con las que él acostumbra salir.

—¡Esa es mi hija! —exclamó mi padre con euforia.

Luego de mi nacimiento mi madre se vio obligada a retirar su útero por una infección durante el embarazo, incluso sus doctores decían que si yo nacía normal sería un milagro y bueno, solo nací bruto pero completo. Para mi padre, recibir a Karin en casa, fue como tener la segunda hija que siempre hubiese querido, por eso, a medida que Karin superaba la muerte de sus padres y tomaba confianza en mis padres, comenzó a llamarlos «papá» y «mamá».

—¡Hey, Naruto! —gritó llamando mi atención—. ¿En qué piensas? —preguntó ella, logrando que mi padre me mirara por el retrovisor.

—¿Te sientes mal, Naruto? —preguntó esta vez mi padre preocupado.

—No —respondí de inmediato—. Solo que, ya saben… no quería venir a clases así.

—Ya, no es para tanto, tu madre le explicó la situación a los profesores y ellos accedieron a colaborar en todo lo que puedan —mi padre y su sonrisa relajada, siempre había sido el «talón de Aquiles» de mi madre, el muro de contención de Karin y la mejor cura a cualquier pesar que me agobiara.

—Gracias 'pá —sonreí y ellos continuaron con su trivial conversación.

Fue más fácil de lo que creí entrar al instituto. Podía caminar por mi cuenta con el uso las muletas, y Karin se encargaba de sostener mi maletín. La mayoría de los alumnos se nos quedaban viendo, bueno, más bien a mí. A diferencia de mi prima, no era popular ni nada por el estilo pero, bueno, si llegas a clases cojeando, con una férula y un par de benditas en el rostro no es de extrañarse que se te queden viendo.

Karin no se separó de mí ni un instante. Supongo que una parte de ella en serio se sentía culpable.

Subimos hasta el pasillo en que veríamos clases tan confirmar que volveríamos a estudiar juntos. Dejé mis cosas en mi asiento con su ayuda y me retiré del aula avisándole que iría al baño. En serio necesitaba ir.

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No recuerdo desde que horas desperté, pero cuando el despertador se atrevió a resonar en mi habitación yo tenía mucho tiempo de haber despertado. Me quedé inmóvil sobre la cama, no quería apagar la alarma, quería levantar mi cuerpo pero era como si no recordara como debía hacerlo.

Suspiré, buscando calmar la ansiedad que se había instalado en mi cuerpo.

Tenía miedo, pero aún así quería levantarme y andar sobre mis pies. Ese día comenzaba un nuevo año escolar, mis piernas temblaban pero realmente quería levantarme.

Mi hermana entró sin tocar la puerta –como solía hacerlo-, es un año menor que yo, pero a veces parece ella la mayor. Tiene el cabello castaño, casi tan largo como el mío y los ojos de color verde, es muy linda. Sonrió y me quitó las cobijas.

—Buenos días, onee —fue su saludo.

—Buenos días —respondí calmada, sentándome en el borde de la cama.

—Vístete pronto, niisan ya está listo —asentí y ella salió disparada de la habitación.

Aún no estaba preparada para ir a clases. No quería hacerlo, no quería hacerlo porque me daba temor no saber que encontraría en aquel lugar, pero a la vez, una parte de mí realmente deseaba ir.

Golpeé mis pies suavemente contra el suelo antes de levantarme sobre ellos. Estaba frio y yo estaba descalza. En serio era asombrosa y de alguna manera especial aquella sensación que recorría mi cuerpo ante ese contacto helado.

Tomé el uniforme previamente dejado en el pequeño sofá de mi habitación. Una minifalda negra de pliegues, camisa roja, saco negro, corbata negra, medias rojas hasta las rodillas y mocasines negros era un uniforme algo aburrido desde mi punto de vista, pero elegante, según mi padre; «lo mínimo que se puede esperar de un instituto de altura cómo Akatsuki Institute».

Mi cabello era azul, largo, muy largo, ya rozaba mis caderas con facilidad puesto que era completamente lacio. Lo trencé desde la coronilla de mi cabeza hasta caer sobre mi hombro derecho en una «cola de pescado». Me gusta llevarlo suelto, pero no quería llamar demasiado la atención en clases.

Hanabi, –mi hermana-, volvió a mi habitación para cerciorarse de que pudiéramos partir, y tras tomar mi maletín –de color rojo- bajamos hasta el recibidor, el desayuno fue sencillo y los bentos ya estaban sobre la mesa. Hanabi los tomó y salimos junto a mi hermano de la casa.

Neji es mi hermano mayor. Tiene 23 años, cabello castaño, ojos azules y está finalizando sus estudios de medicina. Es muy inteligente y para Hanabi y para mí, es nuestro héroe. Es cierto que es 7 años mayor que yo, que solo tengo 16 y 8 años mayor que Hanabi, que tiene 15, pero, él siempre nos cuida y pasa tiempo con nosotras como si la diferencia fuese menor.

Mi padre ya se había ido a trabajar y mi madre nos despidió en la entrada con un fuerte abrazo. Subimos al auto de mi hermano y este comenzó a conducir hasta llegar al famoso instituto en el que él había estudiado, en el que mi hermana estudiaba y en el que yo estudiaría a partir de ese día.

Mi primera impresión fue: es enorme.

—Hinata —llamó mi hermano y me volteé a verlo una vez que los tres estuvimos fuera del auto.

—Dime, niisan —fue mi respuesta inmediata.

—¿Segura que quieres asistir a clases de esta manera? —solo me limité a asentir—. Podemos seguir pagándote las clases particulares si quieres, igual te graduaras del Akatsuki Institute y de igual manera lo harás con honores.

—Pero… —me detuve y enfoqué mi vista en algún lugar del suelo.

—Déjala niisan —interrumpió mi hermana cogiendo mi mano—. Solo es una escuela, no un campo de reclutamiento, y yo estaré al pendiente.

—Solo estoy preocupado, Hanabi —mi hermana bufó.

—Pues no te preocupes más, tonto —dijo con una amplia sonrisa en sus labios—. Hinata estará bien. Además, tú realmente quieres esto, ¿cierto?

—S-Sí… —salió de mis labios con duda, pero era la verdad.

—Está bien —suspiró rendido y acarició mi mejilla como solía hacerlo—. Tienes permiso de parte de la directora de portar tu teléfono durante las clases, ¿tienes mi número en discado rápido?

—S-sí, en el número 1.

—Ya sabes lo que tienes que hacer, si algo ocurre, inmediatamente me llamas, ¿entendido? —asentí, y tras besar nuestras frentes partió.

—Verás que te divertirás mucho onee —decía Hanabi tratando de animar mi ingreso a aquel lugar.

Mi única respuesta fue una sonrisa. Ella tomó los bentos y comenzó a caminar.

En menos de 20 minutos me dio un tour por el instituto sin movernos un metro gracias al mapa del lugar. Era un campus enorme, ahora entendía porque alababan tanto ese lugar.

Mi hermana estaba tan concentrada en su labor, que no notó todas las miradas desviarse hacía dos estudiantes que entraban. Era imposible no mirarlos. La chica tenía el cabello exageradamente rojo y quien la acompañaba, un rubio, iba en muletas.

Había escuchado de mi padre que eran estrictos pero, obligar a un alumno a asistir a clases en esas condiciones…

Hanabi me sacó de mis cavilaciones tras indicarme que debíamos ubicar nuestras clases y salones de clases. Lo hicimos y repetí el mío varias veces para no olvidarlo «campus A, edificio 2, piso 3, aula número 4, clase 3-A».

Íbamos tarde, así que Hanabi prácticamente me arrastró por los pasillos hasta llegar al salón al que yo debía entrar. Me empujó dentro, me sentó en uno de los asientos dejando mis cosas sobre la mesa correspondiente, tomó una bocanada de aire, guiñó uno de sus verdes ojos y agito su mano antes de salir corriendo del aula de clases.

Me dejó sola.

Si mis piernas habían temblado en la mañana, en ese momento podrían ocasionar un terremoto.

Decidí calmarme, y fije mis ojos en la ventana.

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El timbre sonó. Aquella era la advertencia de que los profesores estaban por entrar al aula y quien no se hallara presente quedaría afuera de ella y sin asistencia.

Una joven delgada, de cabello azul y ojos de color azul volvió la vista hacía la ventana tras ser «abandonada» por su hermana menor, pero el placer le duró poco, pues desde afuera un gritó resonó haciéndola saltar sobre su asiento.

Todos los alumnos comenzaron a asomarse desde la puerta y al escuchar la voz de su hermana se levantó a gran velocidad hasta salir y encontrarla, de rodillas en el suelo, sobándose el trasero mientras un grupo de chicos levantaban del suelo a un rubio con muletas.

—Ten más cuidado, idiota —se quejó la castaña tras levantarse.

—¿Perdón? —preguntó atónito el agredido aún estabilizándose—. Si has sido tú quien me ha chocado.

—¿Estás bien, Naruto? —preguntó su prima nerviosa haciéndole alguna especie de revisión meticulosa.

—Déjame, Karin —pidió al ver las miradas de burla en los presentes—. Estoy bien.

—Tsk —masculló la castaña tras levantarse y coger las cosas del suelo—. Lo siento, no había visto que estabas en mal —dijo disculpándose.

—¿Hanabi, estás bien? —preguntó la pelinegra tras salir y detenerse de pie junto a su hermana.

—Sí, sí, no es nada —rió y se sacudió el uniforme—. Estoy bien.

—Que bueno —Hinata suspiró aliviada—. Deberías ir a tu clase pronto.

—¡Oh, diablos, lo olvidé! —exclamó y se dispuso a correr, pero se detuvo de nuevo, esta vez más cerca del rubio—. Oye, ¿hace cuanto quedaste así?

—2 meses, ¿por qué? —preguntó el rubio arqueando una ceja.

—¿Entonces eras tú? —sus ojos verdes se abrieron a más no poder—. Hace dos meses, yo estaba en el hospital cuando te ingresaron de emergencia —mostró una amplia sonrisa y le golpeó con suavidad el hombro herido, haciéndolo maldecir—. Me alegro de que hayas salido bien.

—¿Gracias? —contestó con ironía, pasando su mano por la zona del golpe.

—Debo irme —dijo y volvió a correr por los pasillos.

—¿Seguro que estás bien? —preguntaba con insistencia la pelirroja, ayudándole a entrar una vez que el área se había despejado.

—Sí, te digo que lo estoy —rezongaba liberándose del agarre para apoyarse en sus muletas.

—Por favor discúlpeme —los dos Uzumaki fijaron sus ojos con sorpresa en la figura femenina que se hallaba con el cuerpo doblado frente a ellos—. Mi hermana menor les ha causado problemas. Lo lamento mucho.

—No te preocupes —dijo Karin sonriendo.

—¿Te conozco? —preguntó esta vez el rubio mirándola fijamente con el ceño fruncido.

—N-no lo creo —respondió la chica con ambas manos unidas frente a su pecho.

—No, tienes razón, no te conozco —aseguró, más para sí mismo que para las presentes. Se había quedado observando sus ojos—. No hay manera de que te conozca.

—Será mejor entrar a clases, Kakashi-sensei siempre llega tarde pero, no le agradaría encontrarnos en el pasillo —dijo con voz monocorde la pelirroja y Hinata asintió antes de cruzar la puerta del aula para volver a su asiento.

—Que mala suerte —se quejó el rubio ya en su asiento sacudiéndose el polvo que había quedado en su saco.

—Oye, Naruto —le llamó su prima desde el asiento a su derecha—. ¿Qué fue todo eso de hace un instante? —él solo se encogió de hombros—. Es obvio que no la conocemos, yo nunca la he visto en el instituto. La hubiésemos visto antes en otro curso.

—Lo sé —suspiró y tomó uno de los libros de su maletín—. Solo la confundí con alguien que conocí por accidente.

—Bien, no hagas cosas como esas —el rubio sonrió y sacudió su mano restándole importancia.

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La clase pasaba lenta, y maldita mi suerte que estaba sentada justo a su izquierda. No miraba a nadie, solo se centraba en ese libro de texto que había pedido el sensei que leyéramos. No pude evitarlo, me pasé la mayor parte de la clase mirándola, usando mi libro como cubierta. Se parecía demasiado, por su cabello, por sus facciones, no lo sé, pero me estaba volviendo loco.

Sus cabeza se giró hacia mí por un instante, tenía el rostro apoyado sobre su mano izquierda, los labios entre abiertos, el cabello brillaba por el sol haciendo que el negro se viera más azul y sus ojos se cruzaron directamente con los míos.

Sus mejillas se tornaron rosadas y volvió a mirar hacia la ventana.

¡Diablos!

¡¿Por qué se parecía tanto?!

Era idéntica a la chica que vi mientras dormía durante la cirugía.

La única estaba en el color de sus ojos. Porque la chica de mis sueños los tenía de un color extraño que no logré descifrar, y los de ella eran verdes.

¡Diablos!

Debí presentarme cuando tuve la oportunidad, ahora ni siquiera sé su nombre.

—Es todo por hoy, como ya saben, pasaré asistencia —todos respondían con un unísono «sí» y la ansiedad se apoderó de mí.

La adrenalina en mi cuerpo iba a mil mientras escuchaba los nombres que mi maestro llamaba.

—Hyuga Hinata —llamó finalmente y mis ojos se abrieron al verla levantarse de su asiento y reverenciar como se acostumbraba en ese instituto de locos.

—Presente, sensei —respondió y no pude evitar seguir cada uno de sus movimientos con la mirada.

Hyuga Hinata… realmente se parecía al ángel con el que soñé.

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Continuará…


Notas de autor: Bueno, espero haya sido de su agrado, al final lo continué porque me gusta mucho como va quedando en mi cabeza jaja.

Los capítulos serán cortos y Neji y Hanabi no tienen los ojos blancos en esta historia, en cuanto a Hinata, usa lentes de contacto(¿? xD no, la verdad aún no lo sé jaja

Besos~~ FanFicMatica :*