Saludos gente!

Aquí les traigo un nuevo capítulo de esta historia.

Como anuncié antes, es una historia corta, así que a lo mucho quedarán unos 2 capítulos más para que termine.

Espero les guste!

Mil besos y disfruten de la lectura :*

Aclaración:

Narra Hanabi

Narro yo.


CAPÍTULO II: Sus ojos.

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Tú… lo sabes, ¿cierto?

Sí, lo sé… Sé que en el momento en que te vayas, ya no volveré a abrir mis ojos.

Lo siento, aunque quiera, no puedo evitar que eso ocurra.

No importa, me has dado una oportunidad, por eso, mientras pueda, disfrutaré de esta vida.

El aire volvió a sus pulmones y sus ojos se abrieron con fuerza. Desvió la mirada y secó las lágrimas que rosaban sus mejillas.

Giró su cuerpo hasta sentarse al borde de la cama y posó sus pies sobre el suelo.

Está frio… —fijó sus ojos en el suelo y se levantó.

La larga y decorada bata que usaba para dormir se arrastraba por el suelo, mientras ella la tomaba al frente para no tropezar.

—¿Está esto… realmente bien? —levantó la mirada en la terraza. Estaba oscuro y desolado, pero la luna llena brillaba con fuerza y su corazón latía de solo verla—. El cielo, luce realmente hermoso desde aquí.

—Señorita Hinata —escuchó la voz de su sirviente y se dio vuelta—. No debería de estar aquí, sobre todo en pijama y descalza, cogerá un resfriado. Vuelva a su cama, por favor.

—Sí… discúlpeme por causarle problemas. No lograba ver bien el cielo nocturno desde mi alcoba.

—Si eso es un problema, pediré que aclaren su ventana panorámica.

—Eso no será necesario… pero, gracias —se abrazó a si misma a causa del frio y se adentró, siendo seguida y acompañada hasta su habitación.

—Mañana será un gran día de seguro, así que por favor duerma bien.

—Lo haré, muchas gracias.

La verdad… desde ese día no logré volver a dormir con tranquilidad. Por más que lo intento, cuando cierro mis ojos, tengo miedo, miedo de no volver a abrirlos más. Y sé, sé que un día así ocurrirá, volveré a cerrarlos y no los abriré más, pero aún así, me da tanto miedo…

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—¡Arriba flojo! —gritó la pelirroja que llamaba prima, saltando sobre él.

—¡Ahg, maldita sea, Karin, mi pierna! —desvió la mirada, cubriendo su rostro con la almohada—. Quítate de encima, iré a ducharme.

—Está bien, llamaré a papá para que te ayude.

—¡No! —se quejó sujetándola del brazo—. Lo haré yo solo. Tampoco es que no pueda valerme por mi mismo.

—Sí, sí, como quieras, obstinado —se soltó sacudiendo el brazo y salió de la habitación.

Naruto se levantó, con dificultad y ayudado por las muletas. En un par de días le quitarían la férula del brazo y ya no sentía dolor al moverlo, solo un poco de incomodidad, su pierna era la más afectada, pero comparando el dolor que sentía ahora, con el dolor que sentía cuando la anestesia dejó de hacer efecto, ahora se sentía en una cama de espuma.

Caminó hacía el baño y dejó llenando la bañera. Habían transcurrido dos semanas desde que las clases habían comenzado, y dos días desde que le habían quitado el yeso. Dejó caer sus ropas y en el espejo, el efecto de aquella cubierta dura era notorio, pues su pierna maltratada lucía mucho más delgada que la otra.

Suspiró. Estaba cansado y no sabía por qué. Se adentro en la tina, sosteniéndose con la ayuda de su brazo y pierna buenos y sentándose al fondo, relajándose al dejar que el agua corriera por todo su cuerpo.

—Me pregunto si…

—¡Naruto, ¿estás listo?! —gritó su Kushina desde afuera y su frente se frunció.

—¡Ya voy, no molestes!

—¡¿Cómo te atreves a hablarle así a tu ma… dre?! —abrió la puerta y frente a ella, su hijo, de pie y con el paño atado en la cintura, sujeto con las muletas mostraba a la perfección las cicatrices del accidente.

—Te dije que ya iba, eres muy escandalosa.

—Lo siento —las lágrimas salieron de sus ojos—. Naruto…

—¿Hmm, qué pasa? —la pelirroja se colgó llorando de sus brazos.

—No sé que hubiese hecho si te hubiese perdido. Te lo juro… no lo sé.

—Mamá… ya… —suspiró abrazándola—. Estoy bien, ¿ok? Todo está bien, no pasó nada, ni pasará nada.

—Si quieres, no tienes que ir al colegio hoy.

—No, quiero ir —desvió la mirada—. Tengo suerte de estar vivo, ¿no? No quiero desaprovechar nada.

—Prepararé los bentos. Date prisa, papá ya está listo.

—Sí, sí, ya voy.

Ajustó la corbata del aburrido uniforme una vez que cada cosa estuvo en su lugar y sonrió a su reflejo con entusiasmo. Al diablo que la escuela fuese aburrida y que le miraran como a un bicho raro a causa de su condición física actual, su madre tenía razón en cierta manera. Estuvo a punto de perder la vida y era hora de sentirse un poco más agradecido por continuar respirando.

—¡Hora de irnos, 'ttebayo! —seguiría viviendo unos cuantos años más, así que los iba a disfrutar.

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El bullicio en los pasillos era el mismo de siempre. El vaivén de los estudiantes y profesores con sus cotilleos y pasos presurosos era lo más normal en aquellos edificios.

Sus manos temblaban como cada día desde que había comenzado a ir a ese lugar. Era difícil acostumbrarse, y una parte de ella realmente no deseaba acostumbrarse a ese lugar.

—¡Waaaa, tengo sueño! —se quejó su hermana tras bostezar—. No debí quedarme despierta hasta tan tarde viendo esa película de terror.

—Es cierto, no debiste —respondió con tranquilidad la mayor sin inmutarse—. Si quieres, desde aquí puedo continuar sola, tus amigos deben de estar esperándote.

—Naaa, está bien, te acompañaré. Igual ellos pueden esperar por mí todo lo que yo quiera tardarme.

—Hanabi… no puedes esperar que todo el mundo se adapte a ti, a veces tú debes también adaptarte un poco a las personas.

—No importa —se detuvo y la tomó de ambas manos—. Tengo muchos compañeros de clases, un par de amigos para reír y un amigo incondicional, pero solo tengo una hermana mayor.

—Neji también es tu hermano mayor.

—Pero no es mujer, no es alguien con quien pueda hablar de chicos, maquillaje o ropa. Esa es la diferencia entre los dos. Hinata, no quiero perder ni un segundo que pueda pasar contigo. ¿Lo entiendes, verdad?

—Sí… —bajó el rostro, enfocando su mirada en sus relucientes zapatos de vestir—. Yo también quiero pasar tanto tiempo como pueda a tu lado.

—¡Bien, entonces vamos rápido, te dejaré en la clase y- kyaaaaa! —un grito chillón se escapó de sus labios al sentir un par de manos heladas contra sus muslos, bajo la falda.

—¡Ajajajaja, deberías ver tu cara! —el recién llegado no paraba de reír y Hinata solo observaba la escena asombrada.

—¡Maldito Konohamaru!

—Te dije que me ibas a pagar la bofetada de ayer.

—¡¿Y está es tu forma de cobrármelo?!

—¡Dame algo de crédito! Tuve mis manos al menos 10 minutos dentro de la nevera del cafetín para que se enfriaran lo suficiente y las traje llenas de hielo hasta aquí para mantener la temperatura.

—Voy a… —respiró hondo—. Bien, fue un buen esfuerzo.

—Gracias —observó a quien expectante los observaba—. Tú eres Hinata, ¿cierto?

—E-e… yo… sí —sus mejillas se volvieron rojas.

—¡Al fin te conozco! —tomó su mano y la besó—. Es un placer, Hanabi no para nunca de hablar de ti.

—Eso es porque ella es mi querida hermana mayor —se colgó del brazo del recién llegado y sonrió—. Hinata, él es Sarutobi Konohamaru, es mi novio… pero si le dices a papá estoy muerta así que por favor no lo hagas.

—Está bien, si estás feliz, entonces yo guardaré el secreto —Tomó su bento de la mano de la castaña e hizo una reverencia—. Deberían ir a su clase antes de que sea tarde, seguiré sola desde aquí —se dio la vuelta y siguió su camino.

—¡Espe-¡ —una mano cubrió sus labios.

—Dejala.

—No, no quiero dejarla sola.

—Hazlo, es bueno que se sienta un poco independiente.

—Pero…

—Hanabi, si lo que me contaste es cierto… ¿no crees que ahora mismo ella se siente como una carga?

—Pero ella…

—Va a estar bien —tomó el maletín de su compañera y comenzó a andar.

—A veces… —él la miraba de reojo—. A veces cierro los ojos, y la veo nuevamente en esa cama, como una muñeca de porcelana, tan hermosa e inerte. No quiero volver a verla de esa manera.

—Tienes miedo de que vuelva a caer en coma y es normal.

—Desde que está en casa, voy en las noches a verla dormir, y en la mañana la despierto… aún me parece un sueño llamarla y que me responda. Había olvidado su voz, el color de sus ojos, su sonrisa. Había olvidado como lucían sus mejillas sonrojadas y la manera tan dulce y a la vez torpe en que habla.

—Pero ya está bien, ¿o no?

—Sí, el doctor dice que fue una especie de milagro el que despertara. Yo estaba junto a ella ese día. Él día en que abrió sus ojos por primera vez en 5 años.

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Hacía calor, mucho calor, el verano era incluso más caluroso de lo que los medios habían advertido. Supongo que por el calentamiento global.

Había comprado al menos 4 helados frente al hospital y aún no era medio día. Era el 5to año consecutivo en que pasaba las vacaciones de verano en el hospital central. Pero, no quería despegarme de ella.

Entré tentada por el frio de los aires acondicionados. Usaba la entrada de emergencias para enterarme de los sucesos que al día siguiente estarían en el diario de la ciudad.

Dejé las noticias de lado y subí al lugar que me interesaba llegar. Un largo pasillo blanco con un letrero colgando al inicio; «Hospitalización» se leía claramente. Al final, en la última puerta blanca y sin vida estaba escrito su nombre; «Hyuga Hinata».

Abrí la puerta despacio y la cerré tras de mí. Estaba sola.

Las flores estaban frescas, de seguro Neji había ido a cambiarlas.

Llegué onee-chan —saludé al cuerpo inerte en la cama—. Los helados estaban deliciosos, pero creo que comí demasiados. Neji te trajo Margaritas hoy, están hermosas.

Me acerqué al calendario colgado en la pared y taché con un marcador rojo el día anterior.

Hoy comenzaron las vacaciones de verano, bueno, yo comencé a faltar a clases hace una semana, después de todo obtuve las mejores calificaciones este año también.

Sacudí un poco la cobija, dejándola perfectamente tendida, como a ella le gustaba.

Papá y mamá vendrán más tarde y hoy te harán algunos estudios extras. El neurólogo también vendrá. La ultima vez mostraste cierto progreso así que quieren saber si pronto podrán operarte de nuevo.

Como solía hacerlo, la senté ayudándome de las almohadas y peiné su cabello, luego lo trencé de lado con delicadeza.

Quiero que te veas bonita cuando venga el doctor. Sé que no te gusta que estén abriéndote el pecho a cada rato pero, tal vez esta vez funcione, tal vez, si tenemos suerte, ya estés apta para un trasplante. Ya quiero que vuelvas a la escuela, aunque será más bien el instituto porque ha pasado algún tiempo y ya no tienes 10 años, de hecho, este año cumplirás 15, ¿no es grandioso? Ya eres toda una señorita… y ojala pudieras verte al espejo, estás bien hermosa y desarrollada, un poco flacucha y esquelética por los medicamentos y estar en cama, pero con un poco de ejercicio… ¡Apártense que ahí viene la nueva Miss Japón!

Hanabi… —escuché una voz y me di vuelta—. Si alguien te escucha pensarán que estás loca.

Lo siento, es que… quiero que cuando despierte esté al día.

No sabemos si puede escucharnos.

¿Y si puede? —tomé asiento junto a la cama y la volví a acostar—. Yo sé que ella nos escucha… tú también deberías de intentar hablarle un poco, papá.

El neurólogo dijo que cuando escucha tu voz algunas neuronas reaccionan, no quiere decir que te escuche Hanabi, solo reacciona a una onda sonora que su cerebro reconoce como familiar, eso es todo.

No me importa lo que tú y el médico digan, yo sé que ella me escucha —tomé la mano fría y pálida de mi hermana y me aferré a ella—. Yo sé que pronto Hinata va a despertar, sé que hallaremos un buen trasplante que ella no rechace y estará bien. Yo tengo fe y tú también deberías de tenerla, después de todo es tu hija.

Hanabi, no estás siendo realista, yo más que nadie quiero volver a ver a mi hija de pie, riendo y ahora mismo desearía lidiar con las cosas que los padres normales deben de lidiar, preocupándome porque los chicos la pretendan, porque sus notas bajen o suban, porque le castiguen en la escuela, las cosas por las que tú haces que me preocupe, no debería de estar preocupándome por trasplantes de órganos ni mucho menos…

Debiste aceptar el mío… —mis ojos se humedecieron—. Yo les ofrecí el mío y es compatible, porque tenemos el mismo tipo de sangre y somos genéticamente casi iguales.

Imposible, tú hermana, no creo que pudiera aceptar tal sacrificio de tu parte…

Entonces encuentra una manera de devolverme a mi hermana…

Mi padre no dijo más nada. Para él, como para todos, la salud de Hinata me estaba volviendo loca, incluso yo llegué a pensar que así era.

Mantenía mis notas perfectas porque el que hubiera un estudiante de honor en casa era como si Hinata estuviera allí, adopté su corte de cabello y usaba lentes de contacto con su extraño color de ojos, de alguna manera deseaba que fuese ella quien estuviese en casa a diario y no yo.

Me aislé por completo.

Dos días más tarde, luego de que los estudios advirtieran que ya ni siquiera estaba reaccionando a las "ondas sonoras conocidas" o mi voz, perdí todas las esperanzas, y los médicos también.

Tenemos que desconectarla, ningún trasplante ha sido compatible, ya no podemos esperar más y ya su cerebro no reacciona. Lo mejor que pueden hacer es dejarla descansar. Ella no va a volver.

Todos lo entendían, que eso era lo mejor… una parte de mí también, pero no lo quería aceptar, pero no era mi decisión.

Está bien, la desconectaremos —dijo mi padre forzando las palabras a salir de su boca y mi madre comenzó a llorar.

Pueden despedirse de ella hoy, mañana se realizará la desconexión.

Decidimos pasar los 4 esa última noche junto a ella, o al menos junto a su cuerpo. Fue la noche más larga y dolorosa de nuestras vidas. Al final Neji y mamá se durmieron abrazados en la cama de acompañante y papá estaba sentado en una silla junto a la cama. Estaba llorando.

Por primera vez vi a mi padre llorar como un niño pequeño. Me senté en sus piernas y decidimos hablar con ella por última vez. Le contamos de lo ocurrido los últimos días. Que al parecer era mejor que la dejáramos tranquila y que la extrañaríamos pero estaríamos bien, o al menos lo íbamos a intentar.

Espero que sigas con nosotros de alguna manera —dije aferrada a ella, con mi cabeza apoyada en su pecho, intentando mantenerla junto a mí de alguna manera.

Lo hará, porque tu hermana era buena, sé que será nuestro ángel personal.

El llanto nubló nuestras vistas y al final nos dormimos también. Él en la silla, sujetando su mano y yo acostada en la cama a su lado.

La mañana llegó, me sentía pesada. Apreté mis ojos pues no quería despertar, no quería que los minutos ni las horas corrieran, lo entendía muy bien, en el momento en que la desconectáramos nuestras esperanzas morían, morían con ella.

Sentí unos dedos rosar mi cabello, contorneando mi cara en el proceso. Pensé que era mi madre, que buscaba despertarme con cautela. Abrí los ojos y mi cuerpo entero se paralizó. Sus ojos estaban abiertos y su mano temblorosa era la que acariciaba mi rostro.

¿Hi… nata? —una parte de mí pensaba que era un sueño, uno hermoso.

Ho-la —habló con dificultad.

Salté de la cama y desperté a mis padres. Era un milagro.

Nadie acababa de creerlo. Estuvo un par de días más internada mientras se estabilizaba físicamente, lo cual no fue fácil. Estaba muy débil.

Había olvidado como caminar y era torpe con sus manos, como una niña de 4 años. No podía ni siquiera bañarse sola.

La llevamos a casa cuando los médicos dieron la orden de partida del hospital.

Las clases comenzaron y a ella se le asignaron una serie de tutores para que no tuviera que salir de casa. Era riesgoso que saliera. Temíamos que algo le ocurriera de nuevo.

¿Hanabi? —se asomó a mi habitación casi 6 meses después de volver a casa.

¿Qué pasa, onee-chan? —siempre hablábamos, pero ese día, mi corazón se detuvo.

Gracias, por no haberte olvidado de mí estos años.

No hubo una sola palabra que saliera de mis labios, corrí hacía ella y la abracé, secando mis lagrimas en sus ropas. Yo lo sabía, ella si me escuchaba.

Y al inicio de las siguientes vacaciones de verano.

¡Vamos, rápido Hinata! —gritaba halándola por los pasillos del hospital—. El doctor te verá hoy y podremos irnos a Hokaido a pasar las vacaciones, será hermoso.

Sí, sí, ya voy —decía con su típica sonrisa.

La puerta principal estaba en remodelación y se nos pidió usar la de emergencias.

Los enfermeros que me conocían me saludaron sonrientes, ellos sabían del milagro ocurrido con mi hermana y aún no podían creer que ella estuviese caminando de manos conmigo por los pasillos. La sirena de una ambulancia nos hizo girar hacia la puerta. Los paramédicos bajaron junto a una chica joven de rojos cabellos. Llevaba el uniforme del instituto.

¡A un lado! —gritaban arrastrando a toda velocidad la camilla.

¿Qué le pasó? —preguntó uno de los enfermeros que los recibia.

Un auto lo arrolló. La joven que venía con él es su hermana, ya llamó a sus padres —la enferma asintió y al pasar junto a nosotras mi piel se erizó.

Vamos, Hanabi —el rostro de Hinata lucía triste—. Debemos darnos prisa.

¡A quirófano, rápido! —Escuché a uno de los paramédicos. Hinata comenzó a temblar y se sujetó de una pared.

¿Hinata, estás bien? —me asusté, no quería que volviera a enfermar.

No hubo respuesta. Ella se desmayó.

La llevaron a su vieja habitación, mis padres llegaron asustados. Nos habían enviado solas porque sería algo de rutina, pero en cierta forma se arrepentían.

Por suerte, un par de horas más tarde ella despertó con tranquilidad.

Los estudios salieron bien y ella insistió con querer ir al instituto también. Todos aceptamos, era la única petición que nos hacía en años y yo me ofrecí a cuidarla durante el tiempo que pasáramos en ese lugar.

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El aire soplaba con fuerza en la azotea del edificio principal del campus. Desde hacía años aquel lugar se había convertido en su pequeño oasis personal. Un lugar donde podía olvidar las clases, los profesores, sus problemas, pero no lograba olvidarse de ese sueño, ni siquiera allí.

«Estarás bien, porque yo voy a cuidar de ti» aquellas palabras resonaban en su mente como un disco que había escuchado miles de veces.

El sol brillaba con fuerza, así que cubrió su rostro con una revista. Su cuerpo tendido en el suelo sentía a la perfección el calor que desprendía el suelo pero aquello no le importaba, se sentía vivo, y ese calor irritante solo se lo recordaba, estaba vivo, había ido al infierno y vuelto a causa de aquel accidente, o tal vez había ido al suelo.

—Tal vez era un ángel.

—¿Cre-es en esas cosas? —se sentó abruptamente al escuchar una voz a su lado.

—¿Qué haces aquí? —preguntó dejando la revista a un lado.

—L-lo siento, no tenía idea d-de que no po-día entrar —se disculpó dando un paso atrás—. So-solo quería un lugar pa-para leer tranquilamente.

—Mmm —la observó detenidamente—. ¿Hyuga, cierto? —ella asintió sonrojada—. Está bien, solo no le digas a los profesores que estuvimos aquí o nos meteremos en un lio, ¿entendido?

—S-sí —sonrió y se sentó a su lado.

Si no fuera por sus ojos… —enarcó una ceja al verla sacar una pequeña caja y un estuche del bolsillo—. ¿Usas lentes?

—S-sí —de la caja sacó un estuche pequeño—. En realidad uso lentillas —tomó un espejo de su otro bolsillo y abrió el estuche de los lentes de contacto—. Pero son molestas cuando hay mucha luz.

Los ojos azules junto a ella se ampliaron más al ver las lentillas azules en el estuche y notar el color real de sus ojos tras los lentes de cristal.

—Tus ojos… —ella giró el rostro.

—L-lo siento —se levantó tomando sus cosas—. Me-mejor me voy.

—¡No, espera! —la tomó del brazo, obligándola a encararlo.

—N-no le digas a nadie, por favor —bajó la mirada—. Siempre me ven como una especie de fenómeno a causa del color de mis ojos.

—¿No te acuerdas de mí? —ella parpadeó un par de veces confundida—. ¡Soy yo, Naruto!

—Y-yo no… nunca te había visto… —fijó sus ojos en las muletas—. Bu-bueno, estaba en el hospital el día que te internaron por el accidente, pero antes o después de eso, solo en clases.

—¿De verdad…?

—D-de verdad… Yo nunca había hablado contigo hasta ahora —su teléfono sonó y ella contestó— ¿H-hola?

Hinata, ¿cómo estás hermosa? —escuchó del otro lado la voz de uno de sus médicos.

—Bi-bien doctor —el rubio seguía inerte pero en silenció, escuchando lo poco que se colaba por la corneta del teléfono.

Te tengo buenas noticias, ya se lo dije a tus padres pero querían que yo mismo te llamara. Hablé con algunos colegas y me conseguirán un trasplante de corazón para ti, uno que probablemente no rechaces.

¿Trasplante de corazón? —pensó el rubio desde su lugar.

—¿D-de verdad? —sonrió con sinceridad.

Sí, prepararemos todo y en un mes más o menos podremos realizar la operación.

¿Un mes?

—Entiendo… Entonces, pronto tendré que volver, ¿cierto?

¿Volver a donde?

Sí, pero será por tu bien, así que disfruta mucho estos días en la escuela, ya sabes que una vez que realicemos la operación no podrás volver a la escuela, pero tranquila, sé que te irá muy bien en la universidad.

—S-sí —su semblante cambió—. Gracias.

Hablamos luego, Hinata —ella se quedó viendo el aparato una vez que el pitido resonó del otro lado.

—¿Estás bien? —preguntó el rubio intentando mirarle a la cara.

—S-sí, estoy bien —la sonrisa que solía decorar su rostro se asomó de nuevo.

—Oye, ¿qué tal si comenzamos de nuevo? —preguntó con la mano tendida hacía ella—. Mi nombre es Uzumaki Naruto.

—Y-yo soy Hyuga Hinata —tomó la mano frente a ella y un escalofríos recorrió ambos cuerpos.

—Es un placer —dijeron al unísono.

Se miraron fijamente el uno al otro, como quien descubre un tesoro perdido.

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Continuará…


Espero les haya gustado~~

Hasta una próxima entrega~~

Besos~~ FanFicMatica :*