Buenas noches… (es de noche en este momento).

Quiero disculparme por no haber publicado antes, intenté hacerlo pero, he estado enferma, tengo un problemilla con mi mano y bueno, se me complicó en el brazo derecho y eso me tuvo un poco mal, aún estoy en recuperación, pero ya puedo escribir jeje… y cómo prometí en Mundo Fanfiction NaruHina cuando comencé el tratamiento, he vuelto con el final de esta historia…

Espero la disfruten y les dejé de inmediato el epilogo jeje.

Aclaración:

Los personajes de esta historia pertenecen a Masashi Kishimoto, la canción al final, es mi versión en español de "My Immortal" de Evanescence. Lo demás, es mío :P


CAPITULO IV: Junto a ti por siempre.

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La lluvia cesó, aclarando el cielo que en la inmensidad tomaba un tono azul claro y pacíficamente se llenaba de cálidas nubes blancas.

Estaban empapados, con el agua escurriendo de sus cabellos, no había palabras, solo miradas furtivas entre ambos. El rubio cayó sentado, pues su cuerpo era pesado para su pierna aún lastimada, más cuando ella intento acercarse la tumbó sobre sus piernas. No pudo evitar que un gemido de dolor escapara de sus labios pero cambió su semblante ante la preocupación de Hinata.

—Lo siento —susurró calmado—. No quise besarte… entenderé a la perfección si estás enojada.

—No… —guardó silencio y él la miró intrigado—. N-no est-toy enojada.

—En ese caso… ¿puedo hacerlo de nuevo? —sus ojos azules se enfocaron en los que estaban frente a él, esos violáceos que no dejaban de temblar.

—N-no creo que… n-no es co-correcto —intentó alejarse pero él la apresó en sus brazos—. Na-Naruto-kun…

—Hinata, en la azotea… escuché tu conversación…

Un impulso de su cuerpo, un impulso lleno de miedo y estupor la obligó a levantarse tan rápido como le fue posible. No dijo nada más, se aferró a sí misma, con los ojos humedecidos y las piernas temblando.

¡Qué idiota! No había sido más que una idiota ilusa que por un momento se permitió olvidar quien era, dónde estaba, dónde iría.

Se echó a correr, fuera del parque, con la ventaja de que él aún no lograba levantarse para seguirla, pero en cuanto pudo, recostado a los árboles del parque la siguió.

No fue suficiente. Un auto se detuvo en la entrada, una camioneta negra, de esas que te recuerdan a la mafia de las películas. La puerta se abrió y ella entró tan rápido como pudo.

—¡Naruto! —el rubio se dejó caer al suelo agotado, ignorando el grito de su prima—. ¿Naruto estás bien? Te estuve buscando por todos lados.

—Se fue…

—¿Quién? —preguntó tomándolo del brazo, ayudándolo a levantar del suelo.

—Hinata… ella… corrió, se fue en un auto…

—Bueno, ya es tarde, sus hermanos también la estaban buscando. Ya la veras mañana.

—Pero… ella…

—Vamos Naruto, vas a resfriarte si no te das una ducha pronto —le permitió apoyarse en su hombro y lo ayudó a llegar al auto de sus padres.

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Las horas corrían más rápido de lo debido, al menos para ella.

La noche era fría, más de la que cualquiera hubiese querido, sobre todo en las condiciones en que estaba ella. Con la mirada perdida en la nada.

La sensación del viento contra su piel, el agua sobre su rostro, hacía un par de días que aquello no parecía afectarle. De pie en el balcón de su habitación, con la lluvia aún cayendo en la ciudad y sus manos apretadas contra el borde. Quería gritar, pero nada salía de su garganta.

«Hazlo pronto…» resonó en su mente. Palabras que la empujaron de vuelta a su habitación. Odiaba el temor que recorría sus venas con fuerza. No había con que compararlo. Sus ojos se empañaban y sus manos temblaban.

«Gracias, de verdad, te estoy muy agradecido por darme una segunda oportunidad.»

Él lo sabía… —se dijo a sí misma algo disgustada—. De alguna forma lo sabía, él sabía que era yo… que fui yo… —su corazón latía con fuerza, estaba sudando, aunque no lo sintiera del todo, sabía que era así.

—¿Hermana…? —se giró exaltada al escuchar una voz desde la puerta de su habitación.

—Hanabi… —solo un susurró salió de sus labios.

—¿Estás bien? —preguntó cubriéndola con un paño—. Estás empapada.

—Lo siento… salí al balcón, y… está lloviendo —la castaña sonrió y abrazadas llegaron al borde de la cama.

—Está bien, soy tu hermana, puedes contarme lo que quieras —aseguró tomando las manos ajenas.

—No hay mucho que contar —respondió Hinata forzando una sonrisa.

—Entiendo… no vas a decirme nada —se levantó y caminó hacia el buró—. ¿Puedo contarte un secreto? —Hinata asintió en su lugar—. El último año del coma, realmente pensé que no volverías… incluso comencé a olvidar cómo se sentía convivir contigo. Como se sentía tener una hermana, tu voz, tus ojos, fueron muchas las cosas que simplemente comencé a olvidar repentinamente. Llegué a pensar que nunca más volveríamos a hablar frente a frente.

—Hanabi…

—Y quiero estar equivocada pero, tengo el presentimiento de que volveré a perderte —la pelinegra retrocedió sobre el colchón hasta abrazar sus propias piernas—. ¡No puedo creer que te hallas fugado con el idiota número 1 del instituto!

—¿De qué estás hablando?

—¡Todo el mundo se enteró de esto! —revolvió una de las gavetas hasta encontrar un viejo álbum fotográfico—. Hace un tiempo entré en el club de periodismo como fotógrafo y reportera, tengo fotografías de cada uno de los estudiantes del instituto junto a información completa sobre ellos, aunque no los recuerde en el mayor de los casos, sin embargo, puedes encontrar a cualquier estudiante en este álbum.

—Eres increíblemente perseverante cuando algo te entusiasma, ¿cierto? —la castaña rió abriendo el álbum.

—Papá dice que cuando vamos a hacer algo, debemos de ser el mejor en ello —respiró hondo—. Cuando tomas una decisión, por más difícil y dolorosa que sea, debes ir con ella hasta el final. Nunca te rindas ni retractes tu palabra.

—Papá tiene razón —una tenue sonrisa se dibujo en sus labios.

Pasaron la noche en vela. Hinata escuchó cada una de las historias que su hermana le contó sobre el instituto al que asistía a clases. Conocía muchas personas y tenía un par de buenos amigos. Por alguna razón se sintió tranquila, por primera vez pensaba que si ella no estaba, no habría ningún problema.

Le había hecho mucho daño a sus padres por sus deseos de permanecer con vida. Su hermano estaba dispuesto a dejar sus sueños de lado por alguien que ya no podría permanecer más en este mundo y su hermana… si Hanabi había sobrevivido tantos años sin ella, podría vivir más tiempo sin una hermana mayor, además, había un bono; ya no tendría que postrarse a pasar su vida corriendo a un hospital.

Habían permanecido atrapados por su culpa, porque esperaban que ella abriera los ojos y siguiera junto a ellos pero, eso jamás iba a ocurrir. Su tiempo se había acabado. Esta vez para siempre.

Se recostó junto a su hermana una vez que esta se hubo dormido. Acaricio los mechones de cabello que se esparcían sobre su frente y sin más se levantó de la cama. Todo terminaría esa misma noche.

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No lograba concebir el sueño. La lluvia era estruendosa y las ventanas estaban cerradas para evitar que la ventisca entrara en su habitación. Los truenos retumbaban y los relámpagos iluminaban todo como el flash de una cámara. Era irritante que lloviera tanto, aún en contra de todos los pronósticos del clima.

Se sentía inútil y toda aquella situación le parecía absurda. Solo deseaba correr, ir hasta donde fuera que ella estuviese y pedirle disculpas por haber actuado de esa manera. De seguro ella pensaba que estaba loco.

—Podría jurar que son la misma persona —suspiró y cubrió su rostro con la almohada—. No puede haber sido un sueño, pero tampoco creo que haya sido verdad.

—Los ángeles no existen.

—Sé que no existen —respondió irritado—. ¡Pero, ¿cómo explicar todo lo que ha pasado?!

—¿Cómo? —el agua escurría por su cuerpo—. Solo mírame, y dime si tengo la apariencia de uno de esos «ángeles».

—Hinata…

—Lo siento, creo que te he involucrado más de lo debido en esto —un vestido lila y largo cubría su cuerpo.

—¿Qué haces aquí y cómo llegaste? —alcanzó a preguntar sentándose al borde de la cama.

—Eso no importa —sonrió y caminó despacio hasta él—. Solo vine a despedirme.

—¿Despedirte? —ella asintió.

—Solo quería conocerte, quería conocer a aquel a quien he permitido seguir con vida. Al parecer ese que dicen que gobierna sobre todo le da la oportunidad a quienes no se nos permite vivir de dejar vivir a alguien más.

—¿Estás… estás diciendo qué? —ella se sentó junto a él y tomó sus manos—. ¿Vas a…?

—No, no voy a morir. Creo que la muerte es solo el nombre que le damos a la desaparición física de alguien. No es nada interesante.

—Pero… ¡el doctor!

—No tiene caso —desvió la mirada—. Naruto…

—¡¿A qué te refieres con que no tiene caso? Debe haber un modo, algo que se pueda hacer!

—Naruto…

—Mi tía es una doctora increíble, estoy seguro de que ella podría hacer algo.

—Naruto… no se puede…

—¡Lo sé! —apretó su cabeza entre sus manos—. Alguien no aparece en los sueños de otra persona, por voluntad propia con tal facilidad.

—Yo estoy bien, es como debe ser —una sonrisa adornaba su rostro, aún cuando las lágrimas no se detenían—. Realmente quería despedirme de ti, aún cuando prácticamente no nos conocemos.

—¿No nos conocemos? Hinata, nos conocimos hace años, aunque lo recordé hace poco tiempo. Es la segunda vez que nos encontramos y… esperaba que esta vez fuese por más tiempo.

—Ya habrá otra ocasión.

—No la habrá —el silencio se apoderó de la habitación.

—Se bueno, vive feliz, enamórate, cásate, ten una gran familia, sonríe siempre, yo confío en que harás más de lo que tú mismo crees que puedes hacer.

—No hagas esto, Hinata por favor, no digas adiós con estas palabras cargadas de madurez, si ya no te volveré a ver, dime al menos lo que realmente sientes, lo que realmente piensas —le sujetó el rostro con una mano y limpió sus lágrimas con las otras—. Sonríes, pero no paras de llorar.

—No es fácil decir lo que debes, sobre todo cuando no quieres.

—¿Y qué es lo que quieres decir? —ella se aferró al rubio, abrazándole con fuerza, sujetándose alrededor de su cuello, sintiendo las manos de Naruto rodear su cintura con fuerza.

—¡No quiero morir! —gritó por fin entre sollozos—. Quiero quedarme aquí. Yo me enamoré de ti, desde la primera vez que te vi, por eso en el hospital te escogí a ti, no sé porque, es algo inexplicable pero realmente quisiera poder seguir a tu lado durante muchos años, durante toda la vida y lo peor es que ni siquiera tengo la menor idea de si eso sea posible, aún en las condiciones normales de cualquier otra persona. Aún así yo, no me importa, solo quiero continuar con mi vida.

—No es justo…

—¡No, no es justo, no es justo que mi todo acabe cuando apenas podría comenzar!

—¿Por qué aceptaste esto?

—Porque igual iba a morir, de hecho ya estoy muerta, y… al menos quería ayudar a alguien más a seguir con su vida —la figura de aquella mujer apareció frente a ella, detrás de Naruto, mirándola fijamente—. Tengo que irme ya…

—No, espera.

—No puede esperar más —se limpió las lágrimas del rostro y sin advertencia alguna besó los labios masculinos frente a ella—. Vendré por ti cuando sea el momento justo, por ahora, por favor ten una larga y hermosa vida.

Los ojos del ángel que observaba todo se cerraron.

—¡Hinata!

Su cuerpo pálido y aún mojado quedó colgando de los brazos de Naruto.

Era tan repentino, hubiese deseado una explicación breve, una más concreta, y no entendía l que ella había dicho en gran parte, pero sabía que ella estaba muriendo, en sus brazos.

Quiso gritar, pero nada salía de su garganta. Solo la recostó en su cama, con sus bellos erizados por el temor que recorría su cuerpo, la incertidumbre que lo envolvía y la desesperación que se acumulaba en su cabeza.

Los minutos pasaron lentos, mientras la miraba tendida en su cama hasta que le sol se asomó en el horizonte.

—¡Buenos días, Naru-¡ —las palabras en los labios de su madre dejaron de salir—. ¡Minato, corre, llama una ambulancia! —comenzó a gritar con desespero.

Naruto permaneció en silencio, sin despegar los ojos de aquel rostro.

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Dos días más tarde.

—Nos encontramos reunidos aquí hoy para dar santa sepultura a una gran hija, hermana y amiga, Hyuga Hinata.

Recién la conocían, pero todos y cada uno de los miembros de su clase estaban en aquel cementerio. Había sido como una brisa fresca y pasajera en sus vidas, tan breve como una ola al romper.

El ultimo tirón y el ataúd quedó por completo dentro del hoyo, con todos a su alrededor. El sol brillaba con fuerza, su padre estaba prácticamente desplomado en el suelo, su madre no paraba de llorar y había perdido la conciencia varias veces, sus hermanos, estaban en completo shock, ninguno de los dos hablaba. La última esperanza se había ido.

Era definitivo, ya no la volverían a ver, nunca más.

—Lo siento… no pudimos hacer más —susurró su padre, abrazado a su mujer, quien lloraba con desesperación.

Las rosas fueron cayendo una tras otra sobre la tabla de madera que cubría su cuerpo. Ese era el adiós, el adiós definitivo que ninguno hubiese prevenido, aunque en el fondo todos sabían que en cualquier momento todo acabaría de esa manera, porque, no podía ser de otra forma.

Los autos partieron y aquel campo verde fue quedando desolado.

Esperaban lluvia, pero había hecho sol. Se había ido en calma, en paz, tranquila… ¿era feliz? No, ella quería seguir con ellos pero, ya no podía hacerlo. Tal vez no era feliz pero ya podría finalmente descansar.

—Hinata —dijo con la rosa en su mano, de pie frente al tumulto de arena que pronto se convertiría en fértil césped, como el resto de las tumbas a su alrededor—. Debes esperarme, ¿entendido? Sé que me estas escuchando, donde sea que estés y cuando sea el momento iré contigo. No adelantaré las cosas. Viviré mi vida, pues te has ido para que yo siga aquí y un día, cuando sea el momento, voy a cerrar los ojos y cuando vuelva a abrirlos tus estarás en frente de mí, con la misma sonrisa llena de vida que me mostraste mientras te convertías en una fugitiva conmigo y podré apreciar tus hermosos y extraños ojos por el resto de la eternidad, así que espérame, pero por ahora, tengo que vivir por los dos.

Una última rosa quedó tendida sobre el bulto de tierra, justo donde una placa había sido colocada, con tristes palabras que llanas de melancolía dictaban;

Aquí yacen los restos de

HYUGA HINATA

27/12/2000 – 10/10/2015

QEPD

Rió con ironía. Ella seguramente no tenía idea, pero había quedado inerte en sus brazos el día de su quinceavo cumpleaños.

—Sin importar nada, sin importar cómo, a pesar de la distancia, y de todo lo que se oponga entre nosotros, te lo prometo, desde hoy en adelante, aunque no estés físicamente a mi lado, yo estaré junto a ti por siempre —sonrió y se inclinó ante ella—. Hasta luego.

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~Fin~


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EPILOGO

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—¡Papá! —gritó con dolor una mujer de largos cabellos rubios, aferrada al cuerpo inmóvil de un hombre mayor, de unos 86 años.

—No grites… —se quejó el anciano sin abrir sus ojos—. Intento descansar.

—Lo siento, tengo un buen tiempo llamándote y no respondes —el rubio -cuyo cabello ahora era blanco y su rostro enmarcaba arrugas- frunció el ceño.

—Pensé que podría reunirme nuevamente con una vieja amiga.

—Papá, no quiero ser grosera, pero a veces actúas extraño.

—He… supongo que es la edad, creo que ya he vivido demasiado —repuso con una sonrisa.

—¿Uzumaki-sama? —una enfermera se asomó en la habitación—. Perdón por la interrupción, es hora de su medicación.

—Entiendo —repuso el viejo con una sonrisa. Sus ojos seguían llenos de vida y fuerza—. Por favor retírate… Hinata —dijo con suavidad y ternura.

—Está bien, padre —la mujer sonrió—. Vendré a verte luego, Bolt y Himawari también vendrán, hoy saldrán temprano de la universidad.

—Cómo tú quieras hija —suspiró con tranquilidad.

—Padre… —el viejo abrió los ojos para fijarlos en quien le hablaba—. Cuando encuentres de nuevo a tu vieja amiga, dale mis saludos, ¿vale?

—Es interesante que lo digas —desvió la mirada hacía el reloj de pared—. Cuento cada segundo para ese día. Tuve una gran vida, la mejor esposa que pude haber tenido, y no ha debido sufrir por mí, pues hace poco se adelanto en ir al cielo, tuve 2 hermosos hijos y a mi hermosa princesa, en frente de mí. Tengo nietos maravillosos y todo lo que ella hubiese deseado que viviera —estiró la mano y la mujer la tomó—. No te molestarás si al fin descanso un poco, ¿o sí?

—Tuve el mejor padre del mundo —la velocidad en los latidos que marcaba la maquina disminuyeron—. Debo ser una buena hija yo también.

—¿En serio? —cerró los ojos nuevamente y respiró hondo—. Entonces quédate un rato a mi lado.

—¿Hasta que te vayas?

—No, hasta que ella venga por mí.

—Señora —la enfermera se acercó preocupada, pero la mano de la rubia la detuvo.

—Está bien, no es necesario el tratamiento —las lágrimas se escapaban de sus ojos levemente—. Ya es hora de… dejarlo ir —se acurrucó a su lado y comenzó a cantar una de las canciones que su padre solía escuchar.

«Ya me cansé de estar aquí…

Miedos infantiles me, tienen aquí…

Y si debes partir…

Deseo verte de una vez ir…

Pues tu presencia sigue aquí…

Y no se aleja ya de mí…

Las heridas no quieren sanar…

El dolor es tan real…

Hay mucho que el tiempo no puede borrar…

Tus lagrimas sequé al verte llorar,

Tus miedos alejé al oirte gritar,

Tus manos sostuve hasta el final,

Pero aún tienes tú…

Todo de mí…

Tu vida tan brillante me solía cautivar,

Ahora vivo por la vida que dejaste atrás,

Te puedo ver… en los sueños que quise ayer.

Todo lo bueno se alejó por tu voz de mí…

Las heridas no quieren sanar…

El dolor es tan real…

Hay mucho que el tiempo no puede borrar…

Tus lagrimas sequé al verte llorar,

Tus miedos alejé al oírte gritar,

Tus manos sostuve hasta el final,

Pero aún tienes tú…

Todo de mí…

Lucho por entender que tú ya no estás

Pero estás aún conmigo,

Sola siempre he estado…

Tus lagrimas sequé al verte llorar,

Tus miedos alejé al verte gritar,

Tus manos sostuve hasta el final,

Pero aún tienes tú…

Todo de mí…»

Tiene una hermosa voz —sonrió, la voz de su hija le había hipnotizado.

Lo sé… lo heredó de su madre, la mía… la mía es patética, ni en la ducha canto.

Estoy feliz… de verte de nuevo finalmente —sus ojos perlas brillaban de pie junto a la ventana de aquella habitación.

Lo sé, porque yo también estoy feliz…—su apariencia era de nuevo la de un muchacho, de pie junto a la hermosa dueña de los ojos violáceos

—¡Se ha ido! —gritó la enfermera con fuerza.

—Papá… —alcanzó a susurrar con las manos en aquel rostro frio—. Por favor, descansa, papá…

—¡Señorita Hinata, retírese por favor —el doctor la tomó en brazos, sacándola a la fuerza, aún cuando ella no ofrecía ninguna resistencia.

¿Estará bien? —preguntó ella preocupada—.

Estará bien, una parte de ella esperaba esto tanto como yo —tomó la mano de la joven junto a él, sin quitar los ojos de las hermosas alas que se blandían tras ella—. Te he hecho esperar mucho tiempo, lo siento por eso.

Está bien, ha sido el tiempo justo…

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~Fin tras el fin~


Gracias por acompañarme en esto… los quiero mucho… Les envío mil besos y les aviso que seguiré actualizando según está en mi perfil :P

Besos~~ FanFicMatica :*