•¤°Alex Black°¤•

Dentro del número 12 de Grimmauld Place, los esperaban ya. No bien lo vio aparecer, la señora Weasley se apresuró hacia Harry con los brazos abiertos, y lo atrapó en un sofocante abrazo maternal.

-¡Harry, querido¡Pero mira nada más cómo has crecido! De estatura, solamente, pues siguen alimentándote muy poco... ¿qué tal el viaje?

-Eh... bien. –dijo Harry, cuando por fin tuvo oportunidad de hablar.

-Seguro que estás cansado¿o quisieras comer algo primero?

-Si me permites, Molly –dijo una voz detrás de Harry- Quisiera tener una breve charla con Harry primero.

Era Dumbledore. Harry se alegró de verlo, aunque le pareció que se veía por lo menos diez años más viejo que la última vez que lo había visto. Sus ojos azul profundo se veían cansados, y la expresión de su rostro, aunque amigable, se veía turbada, como si una pena lo acongojara.

-Buenos días, Harry –lo saludó, con su habitual tono amable. ¿Quisieras acompañarme un momento?

-Si, claro –respondió Harry, y lo siguió hasta una habitación contigua.

-Me han dicho que últimamente has tenido sueños... peculiares –comenzó, una vez que estuvieron dentro.

-Sí, bueno, ha sido sólo uno.

-Y dime¿qué sucede en ese sueño?

Harry le explicó su sueño detalladamente. Dumbledore lo escuchó hasta el final sin interrumpirlo, y cuando hubo terminado, preguntó.

-Y esta chica... ¿cómo era?

"Muy hermosa" –pensó Harry, y se sonrojó; buscó en su cabeza unas palabras para describirla, sin que se hiciera evidente lo mucho que le gustaba.

-Es... como de mi edad; se parece bastante a Sirius, sólo que sus ojos son de otro color.

-¿Violeta? –preguntó Dumbledore, y Harry lo miró con asombro.

- Sí... ¿la conoce?

-No personalmente, pero sé quien es.

-Quiere decir que... ¿existe? –preguntó Harry, con una mezcla de sentimientos.

-Así es. O, por lo menos, eso creo. Dices que en tu sueño¿ella está en el Departamento de Misterios?

-Sí.

-¿Y no viste nada más?

-No...

-Bien, Harry, creo que es hora de que te vayas a descansar –dijo, con una sonrisa cansada.

Harry se levantó de su asiento, pero antes de irse, había una pregunta que tenía que hacer, pues lo estaba carcomiendo la curiosidad.

-¿Señor...?

-¿Sí, Harry?

-¿Cree que ella todavía esté ahí? "¿O que en verdad esté ahí?" –pensó.

-Eso espero.

Harry salió de la habitación aún más confundido de lo que había entrado. Como siempre, Dumbledore no le había explicado gran cosa, y con lo que le había dicho, le habían surgido más dudas. Lo único que le había quedado claro, era que ella era real. Esto le provocaba una mezcla de sentimientos, y una extraña sensación. Le intrigaba muchísimo saber quién era ella, pero tenía la certeza de que, de haber preguntado, Dumbledore no se lo hubiera dicho.

Iba tan absorto en sus pensamientos, que casi chocó con la señora Weasley.

-¡Harry! –exclamó, y Harry se sobresaltó- ¿Qué pasa¿te sientes bien?

-Sí, gracias... un poco hambriento...

-¡Ah, claro, por supuesto! Ven, acompáñame.

Fueron a la cocina, donde la madre de Ron le sirvió un poco de estofado de ternera y jugo de calabaza. Mientras comía, Harry le preguntó por Ron y sus demás hijos, y ella le respondió que estaban en la Madriguera, y que estarían ahí unas semanas más, para luego reunirse con ellos en el Cuartel.

Para Harry, esta noticia fue un poco decepcionante; el cuartel, sin los Weasley, sería aburrido, pues nadie en la Orden lo tomaba muy en cuenta.

En cuanto terminó de comer, siguió a la señora Weasley hasta la habitación que le habían asignado, y, al no tener mucho qué hacer, decidió intentar organizar sus cosas. No quería ni imaginar lo que diría Hermione si llegara y lo encontrara sin siquiera haber revisado su lista de deberes para el siguiente curso.

Comenzó a organizar los libros, pero al poco tiempo sintió sueño, y se durmió. Después de todo, no había dormido bien en días, y esa siesta fue muy reconfortante. Durmió sin soñar un buen rato, hasta que un ruido de voces provenientes del corredor lo despertó.

La mayoría le eran familiares, pero había una que no lograba ubicar. De pronto, le vino a la cabeza una idea¿sería ella?

Se precipitó hacia la puerta para averiguarlo, no sin antes detenerse en el espejo para intentar alisarse el cabello, pero cuando salió al corredor, lo único que vio fue a la señora Weasley bajando las escaleras del tercer piso.

-Harry cariño¿qué haces despierto? Deberías volver a descansar.

Harry no sabía cómo preguntarle por ella, pero necesitaba saber.

-Creí oír la voz de una... persona. ¿Llegó alguien?

-Sí, una chica muy linda. Por ahora está descansando; ya tendrás oportunidad de concerla después, pero por ahora, te sugiero que hagas lo mismo –dijo, en un tono que no admitía discusión.

-Eh... sólo quería saber... ¿sabe usted de quién se trata?

-No, no lo sé. Mas tarde lo averiguaremos, pero por ahora...

-Sí, a descansar, lo sé... –a Harry le pareció que la señora Weasley lo trataba cada vez más como a uno de sus hijos. Este gesto lo halagaba, pero a la vez le daba escalofríos.

Resignado, volvió a su habitación, e intentó concentrarse en un libro para matar el tiempo, pero era imposible.

Las ansias por averiguar quién era esta chica le carcomían, y una hora después, no pudo más. Tenía que verla, aunque fuera dormida, y comprobar que era real, saber si era igual que en su sueño... el recuerdo de esos ojos volvió a su mente, y la curiosidad lo espoleó una vez más.

Salió sigilosamente de la habitación, cuidando que la señora Weasley no lo pillara, y subió impacientemente las escaleras hacia el tercer piso.

En él había varias habitaciones, pero creía saber en cual se encontraba lo que buscaba.

Se dirigió hacia la puerta, y como lo sospechaba, la encontró cerrada. Se alegró de haber llevado su varita consigo.

-Alohomora –susurró, esperando no ser oído. La cerradura hizo clic, y la puerta se abrió.

Entró sigilosamente, conteniendo las ansias, y al llegar a la cama, corrió con suavidad el dosel que ocultaba el rostro de la misteriosa chica, y después...

Ahí estaba. Por fin la veía de frente, de carne y hueso. Aún dormida, era más hermosa que en su sueño. Tenía el cabello muy oscuro y largo, y unos rasgos finos muy parecidos a los de su padrino, sólo que femeninos. Su piel, aún en la oscuridad de la habitación, se veía pálida y suave, y su rostro transmitía una serenidad y una ternura, casi tan grandes como la tristeza que reflejaban.

A Harry le intrigaba ahora más que nunca conocer cuál era aquella pena que la acongojaba. Podía escuchar su respiración suave y acompasada, la cual le hacía sentir una tranquilidad que no lograba comprender, pero se sentía muy bien. Era como si ya la conociera... sólo que no sabía de dónde.

Se acercó un poco, para verla más de cerca, y de pronto, ella abrió los ojos.

Harry no estaba preparado para ver esos ojos tan de cerca; al hacerlo, casi perdió el equilibrio.

La chica también parecía sorprendida, pero no tanto como él. Lo veía como si lo conociera, como si su rostro también le resultara familiar... luego, sin más, le sonrió.

Fue una sonrisa cálida y sincera, como si saludara a un viejo amigo al que le daba gusto ver.

Harry se sorprendió aún más; abrió la boca para decir algo, pero no encontró las palabras, y la volvió a cerrar. Ella, sin embargo, parecía saber exactamente qué decir.

-Hola –dijo tímidamente, en voz baja.

-Er... hola –respondió Harry, muy avergonzado. Se daba cuenta de lo rara que debía resultar su presencia en ese lugar, sin embargo, ella no parecía preocupada por eso, en lo absoluto.

-¿Cómo te llamas?

Eso le sorprendió aún más. Desde que había conocido el mundo mágico, ella era la primera persona que no sabía quién era él. Y lo que era más extraño, no se había quedado viendo su cicatriz, como lo hacía la mayoría de la gente.

-Mi nombre es... Harry Potter –dijo, después de un rato, esperando una reacción al oír su nombre. Sin embargo, para ella, ese nombre era como cualquier otro.

-Yo soy Alex, mucho gusto.

-¿Alex...? –preguntó Harry. El nombre no le sonaba, pero quizás el apellido...

Ella hizo un gesto de asentimiento, y corroboró.

-Alex Black.