•¤° Los celos de Ginny °¤•
A la mañana siguiente, Harry se despertó muy temprano; intentó conciliar el sueño de nuevo, pero al no poder, decidió bajar a la cocina y desayunar temprano, pues había quedado con Alex de enseñarle a volar ese día.
Bajó las escaleras, y al pasar por el salón, oyó voces, que reconoció de inmediato.
Una era de Minerva McGonagall, y la otra, de Albus Dumbledore.
-Pero Albus¿no crees que sea peligroso? Por ahora ella está a salvo aquí, pero si va a Hogwarts, ellos seguro se van a enterar, y...
-Bueno Minerva, eso el algo que no podemos impedir, después de todo, ella es su madre... y tarde o temprano vamos a tener que decirle toda la verdad.
Harry se quedó pasmado; indudablemente estaban hablando de Alex, y tenía la sospecha de que si se quedaba un poco más, descubriría quién era la misteriosa madre de ella, y quizás algo más. Se agazapó, procurando no hacer ruido, pero justo cuando la profesora McGonagall volvía a hablar, una voz fría le impidió escuchar.
-¿Espiando detrás de las puertas, Potter? –dijo en tono cruel y sarcástico Severus Snape.
Harry se ruborizó, pero no de vergüenza, sino de ira, y notó que dentro del salón las voces se callaban. Indudablemente habían oído a Snape, e indudablemente él se encontraba en problemas.
-¿Potter? –era la voz de Minerva McGonagall –¿qué estabas haciendo ahí?
-Escuchando conversaciones que no le conciernen, sin duda –respondió Snape, en tono despectivo.
-Pasa, Harry –dijo Dumbledore, quien, para sorpresa de Harry, estaba sonriendo –tengo un asunto que tratar contigo.
Harry entró en el salón sintiéndose muy incómodo por la presencia de Snape, quien seguía esperando que lo riñeran. Sin embargo, Dumbledore no parecía darle importancia al asunto.
-Toma asiento, por favor –invitó amablemente.
-No, gracias, prefiero estar de pie –contestó Harry, a quien la presencia de Snape le daba la impresión de que en algún momento iba a tener que salir corriendo.
-Bien. Quería preguntarte, Harry, si no has vuelto a tener uno de esos... sueños relacionados con Voldemort.
-No –respondió secamente.
-O quizás con... ¿Alex?
Harry contuvo la respiración. Sí había soñado con ella, pero no era algo que estuviera dispuesto a discutir, sobre todo, no delante de Snape.
-No... –dijo, menos convencido de lo que hubiera querido. Los ojos azules de Dumbledore, por la forma en que lo miraban, daban la sensación de estar leyendo su mente.
-¿Y la cicatriz¿No ha vuelto a dolerte?
Harry se sentía cada vez más incómodo, como en un interrogatorio.
-¿A qué viene todo esto? –preguntó, en un tono un poco hostil.
-Verás, creo que sería bueno que retomaras tus clases de Oclumancia.
La sola mención de esto, le produjo escalofríos. Las clases de Oclumancia con Snape habían sido una verdadera pesadilla. Tan solo de imaginar que iba a tener que pasar más tiempo a solas con él, suponía un verdadero tormento. Dumbledore debió advertir el terror en los ojos de Harry, por que agregó.
-Solo que ahora, yo seré tu maestro –Harry suspiró, aliviado. En el fondo de la habitación, Snape emitió un sonido extraño, parecido a un gruñido.
-En ese caso, me parece bien –respondió.
-Voy a necesitar que trabajes muy duro, pues debes aprender a cerrar tu mente antes de iniciar el curso en Hogwarts.
-¡Pero falta muy poco...! –protestó. Snape volvió a emitir un gruñido, al parecer de satisfacción; pero antes de que pudiera decir algo hiriente, Harry agregó –Bien, lo haré.
Dumbledore sonrió cansadamente. Daba la impresión de no haber dormido en semanas.
-De acuerdo, entonces. Eso es todo, Harry.
Harry hubiera querido quedarse a escuchar, o por lo menos haber podido preguntar quién era la madre de Alex y por qué no debía conocer su paredero, pero las palabras de Dumbledore eran irrefutables. Salió de la habitación, y olvidando por completo a qué había bajado, regresó a su habitación.
Se recostó de nuevo, y pensó en todo lo que acababa de escuchar. Luego, sin darse cuenta, se quedó dormido.
Un rato después, fue despertado por una dulce voz.
-Harry... –llamó Alex, dudando si debía despertarlo. Se veía tan plácidamente dormido...
-Mmmm... –gruñó Harry, sin despertar, y se dio la vuelta.
-¿Estás despierto? –preguntó, y se acercó para verlo más de cerca.
De pronto, él abrió los ojos y la vio. Pensó que seguía soñando, que era uno de esos sueños en los que podía besarla sin pena alguna... ella le sonrió. El largo cabello le caía por un costado, enmarcando su angelical rostro, que de cerca se veía aún más bello. Él se quedó mirándola, embelesado. Ella se sintió incómoda por la forma tan intensa en que él la veía, y le preguntó, con rubor en las mejillas.
-¿Por qué me ves asi?
-Por que eres lo más hermoso que he visto... –respondió él, y ella se ruborizó aún más. Sin pensarlo mucho, le dio un breve beso en la boca. Ella se inclinó para corresponder, pero en ese momento una ráfaga entró por la ventana, y ellos se sobresaltaron.
Alex se incorporó para cerrar la ventana, y al hacerlo advirtió una pequeña lechuza que revoloteaba por la habitación.
-Es Pig –dijo Harry –debe traer una carta de Ron.
Pero para su sorpresa, Pig no se dirigió a él, sino a Alex.
-¿Para mi? –preguntó ella, sorprendida. Sujetó a Pig, y le quitó el pergamino que tenía en la pata. –Es de Ginny –informó a Harry. Comenzó a leerla, y después de un rato, su rostro se ensombreció, y adquirió una expresión preocupada.
-¿Qué pasa? –preguntó Harry –¿Algo anda mal?
-N-no, pero... –ella seguía consternada, y no sabía cómo explicárselo a Harry. En su carta, Ginny le decía lo mucho que la envidiaba por estar pasando las vacaciones con Harry, quien, confesaba, era su amor secreto. Le pedía que no se lo dijera a él, y que lo cuidara de las chicas que intentaran acercársele en su ausencia.
Le decía también que la consideraba una verdadera amiga, a pesar del poco tiempo que tenían de conocerse, y que esperaba que ella sintiera lo mismo. Alex no sabía cómo explicarle a Harry el motivo de su preocupación sin traicionar la confianza de Ginny.
-Harry, tu... ¿sabes si Ginny está interesada en algún chico? –preguntó, para tantear el terreno.
-Pues, veras... –dijo Harry, sonrojándose –hace tiempo, al parecer, estaba interesada en mi, pero creo que ya no. ¿Por qué?
Ella sintió alivio al comprobar que él ya lo sabía. Entonces, si le contaba sobre la carta, no estaba traicionando a Ginny. Le explicó el contenido de ésta, y Harry se mostró tan confundido y sorprendido como ella.
-Vaya... –dijo él –no tenía idea de que... –él se detuvo, al ver la expresión de ella. Su rostro ya no era de confusión, sino de verdadera preocupación –¿qué pasa? –preguntó, acercándose a ella.
-Me... me siento mal –contestó ella.
-¿Por qué? –preguntó Harry, sin comprender –¿qué tienes? –se acercó aún más a ella, y, para su sorpresa, ella se alejó.
-¿No lo entiendes? –su voz sonaba desesperada –Harry, Ginny no sabe que tu y yo... bueno... –no sabía qué expresión utilizar, pues no estaba muy segura de qué era lo que ellos eran exactamente.
-Pues habrá que decírselo tarde o temprano –respondió él, como si la cosa fuera asi de sencilla.
-¡Pero no puedo decírselo! Ginny va a pensar que... ¡me va a odiar!!
Harry notaba su desesperación, pero no sabía qué hacer o decir para consolarla.
-Ginny no tiene por qué odiarte... ella sabe que yo nunca me interesé por ella, además, tu no tienes la culpa de que yo... bueno... –tartamudeó, pues no encontraba las palabras para decirle cuánto le gustaba –me haya fijado en ti, y no en ella.
Alex se sintió halagada. Era la primera vez que Harry le decía que le gustaba. A juzgar por su expresión, le había costado mucho trabajo decirlo, pues estaba rojo como un tomate. Ella le sonrió.
-Creo que fue algo recíproco –afrimó, tímidamente. Él la miró, y sintió alivio al comprobar que ella estaba tan roja como seguramente él lo estaba. También se sintió mas tranquilo por que su crisis de hacía un momento parecía haber pasado. Sonrió también.
Se miraron a los ojos, y ambos recordaron el beso del día anterior. Se acercaron aún más.
-Harry –dijo Remus, asomándose por la puerta. Al ver la escena que acababa de interrumpir, se sintió muy apenado, aunque no tanto como ellos –Ah, lo siento, yo... regreso mas tarde.
Harry y Alex se miraron, con expresión preocupada.
-¿Crees que se lo diga a alguien? –preguntó ella.
-No, pero creo que va a querer hablar con nosotros –respondió, en el mismo tono.
-¿Estamos en problemas? –preguntó de nuevo, en un tono aún más preocupado.
-No lo creo –respondió Harry, poco convencido –aunque creo que deberías decírselo a Ginny antes de que se entere de otro modo.
-Sí, creo que voy a escribirle una carta... –contestó pensativa.
-No creo que sea necesario –dijo Harry, asomándose hacia el corredor –los Weasley acaban de llegar.
Un barullo, mezclado con las voces de los gemelos, la de Ron, y la de la señora Weasley llegaba de la planta baja. Alex no supo si alegrarse o preocuparse. Ahora que Ginny estaría ahí todo el tiempo, ella y Harry iban a tener que mantenerse alejados, y la idea no le gustaba en lo absoluto.
Sin embargo, le agradaban mucho todos los Weasley, y con ellos ahí, la casa sería mucho más divertida. Minutos después, oyeron pasos subiendo por la escalera. Alex se apresuró hacia la puerta.
-¿A dónde vas? –preguntó Harry, sorprendido por su reacción.
-Afuera; no creo que sea conveniente que Ginny nos vea aqui solos.
-Pero... –protestó Harry, pero ella no lo escuchó, pues ya estaba fuera de la habitación.
-¡Alex! –gritó Ginny, mientras se apresuraba escaleras arriba –ven, tengo qué mostrarte mi túnica de gala.
-¿Túnica de gala? –preguntó ella, extrañada.
-Sí¿acaso tu no tienes una? La vas a necesitar para el festejo de los 1000 años de Hogwarts¿lo olvidaste?
-¡Cielos, sí! compré unas cuantas túnicas, pero no sé si alguna sea apropiada...
-¿Por qué no me las muestras, y te ayudo a escoger una?
-De acuerdo –dijo Alex, y subieron a su habitación, en el tercer piso.
-Mujeres –exclamó Ron, dirigiéndose a Harry –no hablan de otra cosa que ropa y chicos.
-Hola, Ron –saludó Harry -¿qué tal tu verano?
-Horrible; casi estoy ansiando que empiecen las clases. ¿Y tu?
-A mi no me ha ido tan mal... –contestó Harry, disimulando la sonrisa que se formaba inevitablemente al recordar los últimos días con Alex.
-¿Recibiste carta de Hermione? –preguntó Ron, ansioso -¿dijo cuándo venía?
-No dijo mucho, sólo dijo que pronto.
-Este año sí vamos a tener que darnos prisa e invitar a un par de chicas al baile antes de que nos pase como la última vez¿eh, Harry?
Harry no pudo evitar sonreír. Estaba seguro que Ron no le creería si le contara sobre Alex y él. Para disimular su sonrisa, preguntó.
-¿Piensas invitar a Hermione?
-Lo estoy pensando... no creo que quiera.
-Yo creo que sí. La última vez te dijo que había ido con Viktor por que no se lo habías pedido antes¿recuerdas?
-Ni lo menciones... –dijo Ron, con la misma mirada y el mismo tono que usaba siempre que alguien mencionaba a Viktor Krum. Y luego, para sorpresa de Harry, preguntó -¿Y tu¿vas a invitar a Alex?
-Er... yo... eh... quizás. ¿Por qué lo preguntas? –añadió, con voz nerviosa.
-Vamos, Harry, he visto cómo la miras. Y creo que tú no le eres indiferente...
Harry se sonrojó, y agachó la cabeza para ocultarlo. Ron continuó.
-Si me preguntas, creo que es mucho más linda que Cho. Y además, más simpática. Sólo faltaría que también jugara al quidditch; entonces, sería perfecta.
Por el tono en el que Ron hablaba, a Harry le dio la impresión de que la chica le agradaba demasiado.
-Pensé que a ti te gustaba Hermione –dijo, en tono poco amable.
-Y me gusta –respondió Ron, en tono defensivo –sólo que es un poco mandona, obsesiva, presumida, y no le gusta el quidditch.
-Pero te gusta¿no? –preguntó Harry, divertido –¿Y por qué no se lo dices?
-¿Estás loco? Se burlaría hasta cansarse.
-No lo creo... creo que tu también le gustas –lo animó Harry -¿recuerdas lo furiosa que se ponía cuando veías a Fleur?
-No me lo recuerdes, por favor –las orejas de Ron enrojecieron al recordar la vergüenza que había pasado al invitar a Fleur Delacour al baile delante de todos. Las burlas de los Slytherins no eran algo que se olvidara fácilmente.
-Creo que deberías decirle lo que sientes. Estoy seguro que le gustará oirlo.
-¿Y tu qué sientes por Alex? –preguntó Ron de repente, y tomó por sorpresa a Harry.
-¿Yo? Bueno, ella es... es muy linda, es simpática, es increíble en todo lo que hace, y además es muy dulce y es... está detras de mi¿no es cierto? –preguntó, al ver la expresión de Ron.
Efectivamente, ella había escuchado todo lo que Harry había dicho. Para su mala suerte, Ginny también.
Cuando Harry se volvió, Ginny salió corriendo.
-¡Ginny! –gritó Alex, pero la chica no se detuvo. –Creo que debí haberle dicho... –murmuró antes de salir tras ella.
-¿Dicho¿qué?-preguntó Ron –Harry¿hay algo que no me hayas contado?
-Pues... sí. –dijo, al fin –Lo que pasa es que no sabía si decirtelo o no, por que sólo ha sido un beso, y...
-¿Un beso? –exclamó Ron, casi gritando -¿La besaste??
-Sí, pero baja la voz, o todos se van a enterar.
-¿Y qué hizo ella¿te correspondió? –preguntó, aún más ansioso.
-Bueno, sí... –respondió tímidamente.
-¡Si serás orate!! –dijo Ron, gritando de nuevo –La besaste, te besó¿y no le has pedido que sea tu novia?
-N-no... –tartamudeó Harry –es que no estaba seguro de que ella... ¿y si me dice que no?
-¿Y si te dice que sí? vamos, Harry... ¿qué tan seguido tienes una oportunidad con una chica tan linda? Además¿no has pensado que al llegar a Hogwarts, muchos otros se van a interesar en ella? Yo mismo se lo pediría, pero no lo hago por que sé que a ti te gusta.
Harry sospechó que la verdadera razon por la que Ron no lo había intentado era por que sabía que ella no estaba interesada en él.
-Quizá tengas razón –admitió, al fin –además, ya prácticamente le dije que me gustaba.
-¿Y qué te dijo? –preguntó Ron, casi mordiéndose las uñas.
-Algo así como que yo también le gustaba –admitió Harry, incómodo. Ron casi se fue de espaldas.
-No puedo creerlo... ¿y por qué no me lo habías contado antes??
-Bueno, por que acaba de suceder hace apenas un rato.
-¡Suertudo! –declaró, mientras le daba a Harry un golpe juguetón en el brazo
-¡Auch! –exclamó Harry mientras se sobaba. Ese golpe había sido un poco fuerte para ser amistoso.
-¿Y cuándo se lo piensas pedir? –apuró Ron.
-No lo sé... creo que con Ginny aquí, las cosas van a ser un poco difíciles.
-Bueno, mi hermana tiene que entender... aunque no dudo que haga un drama; nunca la había visto tan interesada en alguien antes.
-¿Crees que debería hablar con ella?
-No... creo que será mejor que lo arreglen entre ellas. Vaya, me hubiera gustado tenerte como cuñado, pero me alegro por ti. No creo que hubieras podido encontrar una chica mejor, y si la hubiera, seguramente no se fijaría en ti –bromeó Ron.
-Gracias, "amigo" –respondió Harry, en el mismo tono.
Mientras tanto, afuera, Alex tenía un poco más de problemas explicandole a Ginny cómo habían sido las cosas.
-...Y cuando llegó tu carta, yo ya estaba... bien, Harry y yo...
-¿Ya son novios? –interrumpió Ginny secamente.
-No...
-¿Se han besado?
Alex guardó silencio, pero Ginny pudo leer en sus ojos la verdad.
-Te juro que iba a contártelo, sólo que... no sabía cómo.
-Eso no cambia las cosas. A mi me gusta desde hace años, y de pronto apareces tú, y...
Alex se sentía como una ladrona. Por más que le decía a Ginny cuánto lo lamentaba, sabía que nada podía hacer respecto al hecho de que Harry se hubiera fijado en ella y no en Ginny.
-Ginny... lo siento. No sé que más decir, no quisiera perder tu amistad, por que para mi significa mucho, pero... si no puedes perdonarme yo... lo entiendo.
Ginny la miró a los ojos. Se veía sinceramente arrepentida, y a pesar de lo mucho que le dolía, sabía que no era su culpa que Harry se hubiera fijado en ella.
-Está bien, te creo –dijo al fin –pero prométeme una cosa.
-¿Cuál?
-Que no vas a ser novia de Harry.
Alex sintió como si le hubieran derramado encima una cubeta de agua fría. La amistad de Ginny era muy importante para ella, pero estar con Harry la hacía tan feliz... sin embargo, él nunca le había insinuado nada de ser novios, y tal vez nunca lo hiciera. Poco convencida, respondió.
-Está bien, te lo prometo.
Ginny se sintió un poco egoísta, pero a la vez se sentía mejor, pues no creía que pudiera soportar el verlos por ahí tomados de la mano, o besándose. Le tendió la mano.
-¿Amigas, entonces?
-Amigas –dijo Alex, y sonriendo, le estrechó la mano.
Regresaron a donde estaban Harry y Ron, y al pasar junto a ellos, Harry pudo notar cómo ella desviaba la mirada para no verlo a los ojos.
