Lo prometido es deuda, ¡aquí tenéis el nuevo capítulo de Undead Once, Undead Twice!
18 DE ABRIL – 09:30
Ya hemos tomado posiciones. Mientras que Martha y Alexis vigilan desde el piso de arriba, mi padre, Rick y yo nos turnamos para hacer rondas por la planta baja. Hace casi dos semanas desde que el gobierno impuso la Ley Marcial, lo mismo que hicieron la gran mayoría de países en Europa, ahora silenciados. No sé qué es peor, tener malas noticias remitentes de los otros países o no tener ninguna.
Hace dos días que no se oye ningún ruido desde el pueblo vecino, y todos sabemos que los no-muertos han llegado a él. Es cuestión de horas que lleguen a la casa. Pero les estaremos esperando.
La casa permanecía en silencio. La poca luz que entraba por las ventanas, tapadas con maderas y cortinas, iluminaba los tristes rostros de Jim, Martha y Alexis, que esperaban impacientes el retorno de Rick. A las diez de la mañana habían recibido la visita de Emmeline Knight y su mujer, una pareja amiga del escritor que vivía con sus hijas en una de las casas vecinas. Les explicaron que habían oído disparos cerca de su casa y habían decidido alertar a los vecinos de alrededor. Al llegar a las viviendas, sin embargo, habían encontrado carteles informando de que sus habitantes estaban en el punto seguro de Southampton, cosa que les había extrañado, ya que según Emmeline ellas no habían recibido ninguna notificación de evacuación en la casa de campo. Ninguna había visto las noticias desde hacía semanas, ya que al estar de reformas en esa casa aún no tenían televisión. Tras una hora de consenso entre los adultos, Rick y Emmeline decidieron volver a la casa a recoger las pertenencias de la pareja y traerlas para que se instalasen en alguno de los dormitorios del piso de arriba con sus hijas.
Sentado en el asiento de copiloto, observó que la casa de las Knight era igual de grande que la del escritor, aunque tenía cierto encanto mediterráneo. Las paredes eran blancas, y la cocina era más espaciosa, admitió Rick mientras vaciaba la nevera y abría y cerraba armarios, sacando suministros para cierto tiempo. Emmeline bajó cargada con diferentes bolsas de deporte y un par de escopetas de caza. Se había cambiado de ropa, y ya no llevaba ninguno de sus habituales trajes de oficina, sino unos tejanos y una chaqueta de cuero roja que Castle ya había visto alguna vez en las fiestas del pueblo.
"Richard, debajo del fregadero hay una caja de herramientas, latas de conserva y velas. Te dejo aquí las bolsas, ¿las llevas a la camioneta? Voy a ir a la caseta exterior a pillar algunas cosas."
Rick caminaba hacia la camioneta por segunda vez cuando oyó un grito ensordecedor proveniente del jardín ó hacia la casa, dejando caer de golpe las bolsas y agarrando la pequeña pistola que llevaba guardada. Tras dos intentos saltó la valla de madera que lo separaba del jardín trasero, para encontrarse a Emmeline luchando contra uno de ellos con lo que parecía un tablón de madera, acorralada entre la criatura y la caseta.
18 DE ABRIL – 12:56
Hoy he conocido a Emmeline y Geena Knight. Las dos me han resultado bastante simpáticas, y eso que con Emmeline no he tenido una gran conversación. Mientras ella y Castle iban a recoger sus maletas, Geena, Martha y yo hemos estado charlando. Geena, cuyo nombre real es Genoveva Caballero, llegó a Nueva York a los veintidós años huyendo de los abusos a los que la sometía su madre, y se cambió nombre y apellidos para que no la encontrase. Es abogada y está muy entregada a su familia. Sus hijas Bette y Jamie son dos niñas fantásticas. Ambas son de piel morena y el pelo rizado como Geena, aunque Jamie se parece bastante a Emmeline en la forma de vestir y de actuar. Martha las ha instalado en dos de los dormitorios que hay en la planta de arr-
18 DE ABRIL – 13:32
Esta media hora se me ha hecho eterna. Mientras escribía hemos oído un disparo proveniente de casa de las Knight. Mi padre ha subido hasta el dormitorio, prismáticos en mano, para observar la figura humana que hay en los jardines de la mansión.
Jim Beckett observaba con determinación a través de los prismáticos, cuando una sombra apareció a lo lejos. Era una chica joven, de unos dieciséis años. Su piel era pálida con un tono verdoso. Su brazo estaba retorcido de una manera imposible en una persona que pudiera sentir dolor. No está viva, no puede sentir dolor, pensó Jim. La visión de la criatura era cada vez más detallada. A excepción del brazo, parecía una chica normal. Vestía una camiseta amarilla raída y unos pantalones cortos. Lo que un día habría sido una cabellera larga y rubia ahora eran simples mechones de pelo situados al azar. Caminaba de manera lenta, tropezando con la tierra. Estaba muerta, sin duda.
"Richard?" preguntó intentando conactar con el escritor a través del walkietalkie.
Rick levantó la pistola y apuntó a la sien del no muerto, que se abalanzaba hacia la mujer por tercera vez. La bala cruzó el aire, rompiendo el silencio que reinaba kilómetros a la redonda, y la criatura cayó hacia un lado con gesto de confusión, manchando de sangre todo a su alrededor.
"¿Estás bien?"
"Sí" respondió Emmeline, agachada mientras recuperaba el aliento "esa cosa me atacó mientras cogía los tablones. Le he propinado unos cuantos golpes, pero el cabrón no se detenía." Richard se agachó y miró al no muerto. Era la primera vez que podía observar a una de esas cosas detenidamente y de cerca, no en videos borrosos y de poca calidad de internet. Era un chico joven, de unos veinte años. Tenía aspecto cerúleo y distraído, con la piel es amarillenta y que mostraba su sistema sanguíneo dibujado como una telaraña. Iba vestido con un uniforme militar, acartonado, roto y manchado de sangre. Tenía una horrible herida en el pecho, de donde le manaba sangre coagulada, de un color más oscuro del que Rick estaba acostumbrado a ver. Más sangre fluía por el agujero de la bala del escritor. "¿Qué pasa?" dijo Emmeline al ver que Rick alargaba un brazo.
"Tiene algo en la espalda. Una mochila" respondió él. Le tendió la pistola con una mano mientras decía "Toma y vigila que no vengan más" Cogió unos guantes de invierno que llevaba en la mochila y se los colocó con cuidado, buscando algún agujero por donde pudiera tener contacto con el muerto. En conjunto, junto con los arañazos de su cara, el chico presentaba un aspecto digno de alguna película de terror. Aunque eso ya no importaba, pensó Rick. Armándose de resolución, arrancó la pistolera del traje del chico. Dentro había una pistola, negra, engrasada y pesada. Una Glock con un número de serie de ocho cifras, cosa rara en un militar. Estaba casi descargada, pero el escritor encontró tres cargadores más al seguir inspeccionando el cadáver, que se correspondían a la munición de la pistola. Sumando los diecisiete proyectiles de los cargadores más lo que quedase en el arma, tenía mínimo unas sesenta balas. Hizo rodar el cadáver y arrancó, con más dificultad esta vez, la gran mochila que cargaba el chico. La mochila resultó ser un tesoro. En su interior encontraron tabaco, un botiquín de primeros auxilios con medicamentos básicos y varias de las raciones de emergencia, unas latas estupendas con un depósito lleno de una sustancia reactiva en su parte inferior la que, al añadirle agua, genera un intenso calor. Geniales si no se dispone de cocina o fuente de calor, pensó Rick. Ha viajado hasta aquí desde… el Punto Seguro? Joder. Siguió rebuscando en uno de los bolsillos inferiores, mientras su walkie-talkie carraspeaba. Encontró una cartera, la del chico. Se llamaba Jackson, tenía 26 años y era de un pueblo a tan solo veinte kilómetros de Nueva York. Tenía dentro fotos de una chica con un gato. Le habían arrebatado la vida de las manos y no había nada que lo pudiera arreglar. Se levantó y, mochila en mano, caminó hacia el jardín principal, esta vez atravesando la puerta de la valla. Emmeline lo esperaba dando vueltas alrededor de la camioneta, arma en mano, y en ese momento Rick recordó la de veces que había visto a la familia Knight cargar el equipo de caza en su todoterreno. Emmeline Knight era la mayor de cinco hermanos, y la única mujer de la familia además de su madre.
"¿Me sigues con el 4x4?"
"Sí. Deja que cargue las cosas de las niñas y vamos."
Ninguno de los dos se fijó en el centenar de criaturas que aparecían lentamente del bosque contiguo a la casa.
