N. de la A: Seguimos con la acción... ¡Espero que os guste!
Martha se acercó, contemplando la tumba que el señor Beckett había cavado horas antes. En el jardín de la mansión reinaba el silencio. Bette y Jamie jugaban con Alexis, ajenas a lo que pasaba fuera. El cadáver reposaba envuelto en plástico en lo hondo del agujero, siendo tapado poco a poco por la tierra.
18 DE ABRIL – 14:15
Los últimos cuarenta minutos han sido de completo terror por parte de los que nos hemos quedado en la casa. Tenía a la criatura a menos de cuatro metros y me quedé paralizada. Nunca me había pasado. Me pareció que sería como encararte a un asesino, a un secuestrador, a un ratero. Pero no. A medida que ella se acercaba, me di cuenta de que solo era una niña. Una niña que había perdido su familia, sus amigos, su vida. Una niña inocente, poco más joven que Alexis. La tenía a tres metros y no podía ni levantar el bate. Dos metros, la miré a directamente a los ojos. Unos ojos que ya no eran humanos. Un metro. Sus ojos reflejaban furia, hambre, deseo de matar. Eran los ojos de un asesino. Levanté el bate y la golpeé, aplastando el bate en el lado derecho de su cabeza. La chica cayó al suelo con una sacudida. Se quedó en el suelo unos segundos, alargando la mano hacia mí, hasta que el brillo de sus ojos se apagó.
18 DE ABRIL – 19:56
Ni Castle ni Emmeline han aparecido aún por la casa. Hace ya cinco horas desde el incidente de la chica y cada dos por tres me asaltan las dudas de qué les ha hecho retrasarse. Bueno, hasta que hemos oído los disparos. Es posible que se hayan perdido, que estén atrapados en la casa, que estén… No puedo pensar en eso.
Richard disparó a un par de no-muertos y se metió en el coche. Una vez sentado en el asiento de copiloto, cerró los seguros y observó como las criaturas se apelotonaban alrededor de la camioneta.
"¿Tienes una horquilla?"
"¿Para qué cojones quieres una horquilla ahora?" le gritó Emmeline, que aunque estaba teniendo un ataque de pánico, se quitó una de la cabeza y se la tendió.
"Para puentear la camioneta." Dijo él mientras empezaba la faena. "Me enseñó un ladrón de coches de Chicago. "Ya casi está"
El motor de la camioneta rugió, añadiéndose a los gruñidos de las criaturas. Más relajada, Emmeline aceleró y rápidamente cambió a la marcha atrás, atropellando a un par de criaturas, que rodaron por el suelo. Poco a poco se fueron alejando de las criaturas. Ya más tranquilos, llegaron a la puerta de entrada a la finca de los Castle. Para su sorpresa, la gran puerta estaba cerrada. Tras comprobar que no había ningún zombie cerca, Rick se bajó del coche, sacó las llaves y pulsó el botón de apertura. Primer error. La puerta se abrió ruidosamente, atrayendo la atención de un no-muerto que reposaba en el centro de la carretera, invisible desde su ángulo, pero no desde el de Emmeline, que saltó fuera de la camioneta con la Glock en la mano. Segundo error. Emmeline, que no iba de caza desde hacía años, tuvo que acercarse a la criatura. Tercer error. Le faltaban las piernas, como si un automóvil le hubiera pasado por encima y la hubiera partido en dos. Emmeline apuntó y apretó el gatillo, esperando el sonido de la bala saliendo del cañón. Pero el único sonido que se oía era el de la puerta, que se abría lentamente ante Rick, que seguía concentrado en ella, y el gruñido de la criatura. Asustada, Emmeline dio un paso atrás, pero no pudo evitar que la criatura le cogiese uno de los tobillos y le clavase los dientes. Cuarto error.
Emmeline profirió un grito desesperado, captando la atención de Rick. El escritor se acercó corriendo hacia ella, para descubrir otro no-muerto mordiéndole el pie, que ella zarandeaba de un lado a otro con violencia. Justo cuando Richard estaba a punto de llegar hacia ellas la mandíbula del no-muerto se desencajó, rebajando la presión que hacía en el pie y liberándolo. El escritor a Emmeline y la cargó en la camioneta con rapidez, cerró la puerta y dio la vuelta para sentarse en el asiento del piloto. Aceleró y traspasó la puerta bajo la atenta mirada de Jim Beckett, que los observaba con los prismáticos desde la ventana.
Richard abrió la puerta como pudo y la cruzó, llevándola hacia el salón dónde Beckett y Alexis dormían. La sentó
"¡Kate, levanta!"
"¿Qué pasa?" dijo la policía, despertando bruscamente.
"La ha mordido. A Emmeline. Una criatura. Veníamos de la casa y-"
"Calla. Tráeme el botiquín de primeros auxilios y despierta a Martha." Dijo Beckett mientras le sacaba las botas a Emmeline, que lloraba de dolor. Ojalá Lanie estuviera aquí, pensó. La herida era parecida a la de una mordedura de perro, aunque más honda y recubierta de una substancia oscura. Mientras Richard y una aturdida Alexis salían de la sala, Kate se colocó los guantes del botiquín (costumbres de policía) y cogió lo necesario para coserle la herida.
Una hora después, Emmeline descansaba sobre el sofá mientras los demás adultos charlaban en el comedor, ahora ocupado por una pizarra blanca que habían comprado en el pueblo.
"La herida no pintaba bien. Estaba recubierta de una substancia pegajosa, de color negro. Era más viscosa que la sangre, pero tenía una apariencia semblante. Creo que Emmeline no durará mucho."
"¿Moco de zombie?"
"Castle, no estoy para bromas. No sabemos nada sobre esas cosas." dijo Beckett, anotando palabras en la pizarra. "Esas criaturas, los no-muertos, están ahí fuera. No sabemos si nos ven, nos oyen o nos huelen." Dijo mientras apuntaba ¿5 sentidos? en la pizarra.
"Yo creo que es como en The Walking Dead. Si te muerden o tienes contacto directo con su sangre te conviertes en uno de ellos. Aunque estos no-muertos corren más que los caminantes."
"No es que corran más." dijo Jim. "Cuando Katie ha bajado a luchar con esa criatura, la cosa ha empezado a caminar más rápido, pero no ha llegado a correr."
"Un momento, un momento, un momento. ¿Te has enfrentado a una no-muerta?"
"Sí, mientras estabais fuera. Ha sido solo una, pero…"
"Wow. No te imaginaba en plan matazombies. Sexy." dijo el escritor, sin darse cuenta de que el señor Beckett seguía allí.
