N. de la A.: Lo prometido es deuda, ¡aquí tenéis otro capítulo de Undead Once, Undead Twice!


Subieron al coche con agilidad, Martha con el arco aún en la mano, y cerraron las puertas con cuidado. La multitud de no-muertos que quedaba tras la valla se acercó lentamente. Todos se quedaron quietos, en silencio. Una multitud de cadáveres pasaba a su lado lentamente, sin percatarse de que ellos estaban ahí, observando el macabro espectáculo. Los vehículos arrancaron rápidamente, dirigiéndose hacia la carretera principal, ahora vacía.

"¿Ahora hacia donde?" dijo Kate a través del walkie.

"Girad hacia la derecha. El camino de la izquierda va directo hacia la ciudad, pero creo que en el pueblo podremos saquear alguna tienda de comida. Además, Geena dijo que lo habían evacuado."

"¿Sabes dónde hay alguna farmacia?"

"Sí, en la calle Stephenson. Cuando lleguemos al pueblo gira a la izquierda y sigue recto. Te aviso cuando lleguemos."

"Perfecto. Estad atentos por si veis algún movimiento extraño."

Poco a poco los coches aminoraron la velocidad, llegando a la entrada del pueblo. Unas cintas colgaban de los árboles de al lado de la carretera. PUEBLO EVACUADO. PROHIBIDO EL PASO. Los coches pasaron cortando las cintas, que cayeron suavemente abriéndoles paso al pueblo. Las calles estaban desiertas, y algunos escaparates de las tiendas habían sido destrozados. Exceptuando eso, parecía un pueblo normal y corriente a la hora de la siesta. Al fin llegaron al final de la calle, una pequeña plaza donde se situaba el ayuntamiento, aparcaron y bajaron de los coches, para después dividirse en tres grupos. Kate, Alexis y Martha irían hasta la farmacia de la esquina, Rick y Geena recorrerían esa zona del pueblo, rebuscando entre las tiendas mientras Jim y las niñas se quedaban escondidos en la plaza. Decidieron quedar en un par de horas en ese mismo punto una vez hubieran asaltado las tiendas cercanas.


27 DE ABRIL – 13:00

Estamos encerradas. El cadáver de Thomas se está descomponiendo y estamos encerradas en el baño. El olor a muerto, sudor y pis llenan los pocos metros cuadrados de la estancia. No hay agua ni luz eléctrica, pero hay una pequeña ventana en el techo. Tenemos que llegar hasta ella como sea. Pero ni el hueco de la ducha ni el pequeño váter son una opción, y he intentado levantar a Alexis pero no tiene fuerza para levantarla. Atrapadas. Estamos atrapadas.

Llevábamos caminando por el pueblo media hora cuando vimos la farmacia, con el escaparate sin romper. Tras comprobar que no había nadie decidimos entrar, ya que no parecía haber sido saqueada y necesitábamos los medicamentos. Era un local pequeño, con estantes a los lados y una gran trastienda. Recogimos todos los medicamentos que necesitamos y decidimos echar un vistazo a la parte de atrás. Comprobé la estancia. Estaba vacía, y había una escalera al fondo, casi invisible sin luz. Apuntando a todos lados, dejé que Martha y Alexis entrasen. Cogimos lo esencial, más gasas, vendas, antibióticos, además de un par de paquetes de morfina que encontramos en la caja fuerte, que sí que había sido reventada. Por lo que vimos, la gente había saqueado las tiendas en busca de dinero, pero no había cogido ningún medicamento.

"La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da" dije, comprobando que la caja registradora también había sido forzada. "Es una frase de Schopenhauer. Vamos arriba."

Caminé por la estancia con prudencia, observando los cajones llenos de medicamentos perfectamente etiquetados, cuando al pie de las escaleras topé con algo. Saqué una pequeña linterna y la enfoqué hacia el bulto. Un hombre, de unos cincuenta años, yacía tumbado en el suelo. Tenía dos disparos, uno en el corazón y otro en la cabeza. Había sido rematado a sangre fría, pensé. Alexis se me acercó y observó el cadáver. Parecía que la chica ya se había acostumbrado a ver cadáveres por todos lados, al igual que su abuela.

"Seguramente estaba escondido aquí y lo mataron cuando asaltaron este sitio. El golpe del lado es post-mortem, cosa que indica que seguramente estaba subiendo la escalera cuando le dispararon en el corazón, cayendo por ellas. Y entonces le dispararon en la cabeza."

"Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero." dijo Alexis, tapando el cadáver con una de las batas de farmacéutico que había colgadas. "Es de Voltaire."

Subimos las escaleras y llegamos a un pasillo largo con diferentes habitaciones a banda y banda. Abrimos la primera, una cocina con ventanas. La segunda era una cocina que, para nuestra sorpresa, estaba llena de comida. Fruta en mal estado, arroz, pasta, agua, aceite y comida en latas.

"No es más rico el que más tiene sino el que menos necesta. Ikea." bromeó Martha.

Llenamos una parte de nuestras mochilas con lo que creímos que era aprovechable y seguimos. Una habitación de niño, llena de muñecos de Capitán América y similares. Un baño completo y otra habitación, aparentemente vacía y llena de libros y apuntes. La de un universitario, supusimos. La última habitación permanecía cerrada, con una X dibujada con rotulador permanente. Nos quedamos en silencio y, poco a poco, pudimos oír la "respiración" de uno de esos seres. Pareció sentirnos u olernos, ya la puerta empezó a temblar ante los golpes. Un poco asustadas, nos retiramos y empezamos a registrar las habitaciones en busca de algo de provecho, como pilas, ropa o armas. Mientras Martha se encargaba de la cocina, yo volví a bajar a la trastienda de la farmacia, en busca de más medicamentos.

Fue cuando registraba el penúltimo cajón cuando oí un grito en la planta superior. Alexis. Martha y yo acudimos rápidamente a ayudarla, cuando nos encontramos a la chica atrapada por una figura con capucha, en cuya mano izquierda había una pistola apuntándonos.

"¿Quiénes sois?"

"Eh, tranquilo. Somos emmm, Kate y Martha. La chica a la que tienes agarrada es mi nieta, Alexis. Suéltala. Por favor." Dijo la mujer con angustia.

"Dejen sus armas en el suelo. Por favor." dijo la figura y, una vez que hicieron lo que les había mandado, soltó a la adolescente, que corrió al lado de su abuela.

"¿Quién eres?"

"Soy Thomas Gruberson, Tom para los amigos. Aunque todos mis amigos están muertos."

"¿Desde cuándo llevas aquí?"

"Desde hace un mes."

"¿En esta casa? ¿C-con esas cosas?" dijo Alexis mientras señalaba la puerta marcada.

"Esas cosas son mis padres. Y sí, he estado viviendo aquí. Este pueblo derruido es mucho mejor que la ciudad."

"¿Q-qué ha pasado en la ciudad?"

"¿No lo sabéis? Cayeron todos los puntos seguros cercanos. Nueva York peligra y el presidente ha huido del país."

"¿Cómo sabes todo eso? La radio no funciona, ni la televisión, ni…"

"Porque lo he vivido."


Rick y Geena se adentraron en el pueblo con sensatez, intentando no dar un paso en falso. La ciudad estaba vacía. Registraron unas cuantas tiendas, la gran mayoría ya habían sido asaltadas, aunque la gente se había llevado comida y dinero, dejando atrás otras cosas valiosas repartidas por las diferentes tiendas. Primero fueron a la tienda de armas, a tan solo unos metros de la plaza. Sin las armas colgando en las paredes, los cajones vacíos y los cristales rotos, era claro que la habían asaltado. Había balas desperdigadas por el suelo, algunas aplastadas, y la caja registradora estaba abierta. Miraron en la trastienda, pero también había sido asaltada.

"Aquí no hay nada. Siguiente tienda."

"¿No crees que deberíamos marcar que en esta no hay nada? No sé, le hemos dicho a los demás que por la tarde haríamos otra ronda, así no entrarán donde ya hemos estado."

"Me parece bien. ¿Cómo la marcamos?"

"He visto una papelería ahí delante. Vamos, cogemos algo y lo marcamos."

"Me parece bien."

Se adentraron en la tienda a través de un ventanal. Estaba todo destrozado, con manchas de sangre por todos lados. Había habido una pelea, tal vez un asalto. Cogeré una caja de diarios para Kate. Y bolígrafos. Volvieron a salir y marcaron la tienda de armas. Registraron más tiendas con tranquilidad, y cuando se acercó la hora volvieron a la plaza. Jim y las niñas seguían en los coches. Guardaron lo que habían conseguido (calzado, ropa de deporte y diferentes utensilios sacados de la tienda de deportes) y se sentaron a esperar.


Empezaba a hacer calor, mucho calor, en aquella habitación. Mientras me desabrochaba la parte de arriba de la camisa, mi mirada no podía apartarse de la cara de Thomas, que con voz baja narraba la historia de los últimos días del Punto Seguro de los Hamptons.

"Al principio todo fue según lo planeado. Los militares rodearon el pueblo y empezaron a entrar a las casas, buscando a personas que no estuvieran infectadas, para llevarlas al campamento del Punto Seguro. Unos seiscientos hombres pertenecientes a diversas unidades del Ejército y la Marina junto con los restos de las comisarías de la zona se encargaban de mantener la integridad de la población. Para ello contaban con abundante equipo de combate, incluidos varios tanques y un par de helicópteros. Los jefazos de los militares se instalaron en el ayuntamiento y lo fortificaron, igual que el pueblo. Nadie podía salir ni entrar. Muchos se quedaron fuera. Las primeras oleadas de zombies que llegaron hasta el Punto fueron masacradas por los militares. Estaban bien armados, pero seguían llegando más. Y, bueno, la munición acabó escaseando.

Por lo visto, el Punto se había ido convirtiendo en una superficie ultra saturada según pasaban los días. Llegaban refugiados procedentes de otros Puntos Seguros y supervivientes aislados se iban sumando al campamento exterior, un lugar donde separaban a los infectados de los vivos. A algunos los dejaban pasar, si eran gente importante, como economistas, médicos, etcétera. Pronto comenzaron los problemas de abastecimiento, y las enfermedades. La comida empezó a escasear. El supuesto abastecimiento por vía marítima no llegó nunca, pese a las promesas de los militares.

Se organizaron partidas de saqueo para abastecernos y todos los días, columnas de camiones escoltados por blindados y cargados de militares y voluntarios armados hasta los dientes salían de aquí para volver al caer la noche con kilos y kilos de alimentos. Pero el plan era un fracaso. Las expediciones tenían que ir cada vez más lejos, y los resultados eran cada vez más pequeños. Entonces empezaron las medidas de racionamiento."

Nos quedamos en silencio, asombradas por la magnitud de los acontecimientos. Me imaginé la desesperación que debieron sentir las partidas de saqueo durante esos días, cruzando la ciudad muerta, rodeados de miles de no-muertos, viéndose obligados a vaciar alguna pequeña tiendita de barrio para conseguir víveres, jugándose la vida por menos de cien kilos de comida. Joder, tuvo que una puta mierda para esa gente.

"La falta de alimentos no fue el único problema" continuó Thomas. "Miles de personas (sí, miles de personas en este pueblucho y el bosque contiguo) generando residuos, cagando y meando, sin una infraestructura adecuada hizo que esto oliese como una auténtica cloaca y las enfermedades afloraron con rapidez a la suciedad, como acostumbra a suceder en estos casos. Yo seguía estudiando mientras esto pasaba. El tifus y otras enfermedades comenzaron a asolar el Punto Seguro. Casi todo el mundo pareció olvidar que pese a lo excepcional de la situación seguía habiendo gente que padecía cáncer o que eran hipertensos, niños con enfermedades infantiles, mujeres a punto de dar a luz… Los cabrones más afortunados son los que están muertos y enterrados.

Las cosas empezaron a descontrolarse a medida que la desesperación y la ley del más fuerte empezaban a campar por el Punto Seguro. Las peleas, los incidentes y los asesinatos se extendieron como un reguero de pólvora, a medida que los civiles teníamos que luchar por un pedazo de comida. Los militares tomaron cartas en el asunto y decretaron la Ley Marcial en todo el Punto. Las luchas continuaron. Los supervivientes podíamos escoger entre vivir en el pueblo o morir. Mucha gente se suicidó. Yo lo intenté, al menos." Dijo, enseñándonos las horrendas cicatrices de sus muñecas. "No lo conseguí."

"¿Qué pasó a continuación?"

"A continuación todo fue de Guatemala a Guatepeor. Una noche los militares evacuaron a todo el mundo que fuera útil, dejando atrás a las personas mayores, enfermos de cáncer, niños con sus madres... A mí me ofrecieron un lugar en la nueva 'academia militar' que, básicamente, consistía en enseñar a los adolescentes a disparar un arma, pero decidí quedarme. Salieron silenciosamente del pueblo mientras todos los no seleccionados dormíamos. No sé a dónde se dirigían, supongo que a cualquier otro lugar donde no hubiese llegado la infección. El hecho es que se largaron, dejando al resto en la estacada. El caos se desató. Cuando la multitud comprobó que los militares los habían abandonado, se desató una auténtica locura por abordar cualquier vehículo que tuviera ruedas. Todos los que salieron de aquí murieron a manos de los zombies. Y entonces el Punto Seguro cayó."


N. de la A.: ¿Qué le ha pasado a Thomas? ¿Cómo es que está muerto? Pronto lo sabréis.