N. de la A.: Este capítulo es un poco corto, pero los siguientes lo compensarán :)
Una densa masa de nubes había ido cubriendo el cielo a medida que la charla se desarrollaba en aquel baño tan poco ventilado, pero éramos absolutamente incapaces de dejar de escuchar la historia que brotaba de sus labios.
"Las cosas se torcieron definitivamente una semana después de que los militares se largasen, aproximadamente. Era de esperar. Tuvimos que empezar a reclutar voluntarios entre nosotros para equiparlos con material de combate. En plan Los Juegos del Hambre, ¿sabéis? Dadas las circunstancias eran la única alternativa viable que nos quedaba si pretendíamos mantener controlado todo el perímetro, pero teniendo en cuenta como estaban los ánimos, aquello era una invitación al desastre. Ah, el pueblo lo gobernó el señor Rutherford, el viejo alcalde del pueblo vecino. Rutherford reclutó a cientos de civiles y armándolos hasta los dientes los puso a patrullar el perímetro o los utilizó en misiones de saqueo, en busca de alimentos fuera del Punto Seguro. Yo me volví a librar, ya que no me tocó en ninguno de los catorce sorteos que se hicieron. Por cada sorteo se elegían cien personas, cincuenta hombres y cincuenta mujeres, la mitad entre los dieciséis y los treinta y cinco años, la otra mitad más mayores.
Pero no eran militares. Simplemente eran personas vestidas de soldados y armadas como ellos, sin ningún tipo de nociones de guerra urbana o de supervivencia, desesperadas y hambrientas. Aquello hizo que las bajas aumentasen vertiginosamente. El problema era que cada vez que un voluntario caía, sus armas se perdían irremisiblemente, con lo que no pudimos resistir mucho. A esas alturas ya había una multitud de varias decenas de miles de esas cosas agolpadas al otro lado. Gente a la que conocíamos. Era un espectáculo horrible, miles de esas cosas, con esas horribles heridas. Pasó lo que tenía que pasar. Esos monstruos consiguieron entrar en el pueblo. No tengo ni idea de cómo fue. Pudo ser de cualquier manera. Quizá alguno de los voluntarios enviados volvió infectado y no tuvo el valor suficiente para informar de ello hasta que fue demasiado tarde, o quizás simplemente alguien se olvidó de cerrar bien una puerta una noche o no revisó bien un candado. Ellos entraron y se desató el caos.
Unos cuantos infectados se colaron dentro del perímetro, y en una zona tan masificada pronto causaron estragos. El pánico se desató y auténticas avalanchas humanas se dirigieron atropelladamente de un lado a otro, sin rumbo, tratando de escapar de aquellos seres. Precisamente ese caos nuestra ruina. No teníamos ninguna posibilidad. La gente fue pisoteada, asesinada. Para evitar que volvieran a la vida quemábamos los cadáveres después. Poco a poco quedamos menos, hasta que solo éramos seis personas vivas y un montón de no-muertos estaban encerrados en las casas. Como mis padres."
"¿Qué es lo que sucedió a los otros supervivientes?"
"El ejército volvió. No el que había estado aquí, sino el del Punto Seguro de Nueva York. Y aplicaron el "Final Feliz". Un día los aviones del ejército sobrevolaron el pueblo, seguidos de otros más lentos. Y entonces nos bombardearon."
"¿¡Os bombardearon?!"
"Sí. Yo en ese momento estaba en los archivos del ayuntamiento, situados en el sótano. Oí las explosiones, pero no me atreví a salir hasta que pasaron dos días. Esta zona del pueblo seguía casi intacta, pero la parte externa estaba derruida. Y lo sigue estando. Los otros supervivientes estaban muertos o desaparecidos. Los que habían ido de caza al bosque del oeste no volvieron, uno quedó atrapado por los escombros en un supermercado y a otro… bueno, le afectó el fuego de la explosión."
"Y desde entonces has estado aquí solo."
"Bueno, eso pasó hace una semana... aunque da la impresión de que hubiera pasado hace meses. Los supervivientes pudimos recoger comida asaltando las tiendas, así que de momento he estado esperando aquí hasta que alguien me viniera a buscar, o hasta que se me acabase la comida."
Rick y Geena miraron el reloj. Las doce y cuarto. Ya hacía un cuarto de hora en que Kate, Alexis y Martha deberían haber llegado, pero seguían sin aparecer, ni contestaban al walkie talkie. Volvieron a armarse y se dirigieron a la farmacia. El edificio estaba casi en ruinas, y la puerta estaba abierta de par en par. Era una farmacia pequeña, y no parecía haber sido asaltada, aunque los medicamentos habían desaparecido. En la parte posterior había un cadáver tapado con una bata. Llevaba zapatos de hombre, así que descartaron la idea de que fuera una de ellas. Subieron por la escalera. Habían llegado al final cuando oyeron gruñidos y golpes. Richard asomó la cabeza y vio a dos no-muertos en el pasillo aporreando una de las habitaciones. No se oían más voces. Castle cargó su arma y dio dos disparos, derribando a ambos no-muertos.
"¿Kate? ¿Madre?" dijo picando.
"¿Richard?"
"¡Sí, soy yo, abre!" dijo. Se oyó el pestillo y la puerta se abrió. Las chicas salieron de la estancia, un baño pequeño donde olía a una mezcla de pis, vómito y cadáver. "¿Estáis bien? ¿Quién es ese?" Dijo señalando el cadáver.
"Es Thomas. Estuvo viviendo aquí mientras estaba instalado el Punto Seguro."
"¿Y dónde están los demás? Porque esto no es muy seguro. ¿Has visto estos dos?"
"Sí, eran los padres de Thomas. Estaban encerrados en esa habitación, pero la puerta acabó cediendo. Supongo que la golpeaban más fuerte porque estábamos cerca. La tiraron abajo, así que nos tuvimos que encerrar en el baño. Intenté salir y disparar a los no-muertos, pero Thomas me empujó y… se me disparó el arma."
"¿Ese ha sido el ruido que hemos escuchado antes?"
"Supongo que sí."
"¿Por qué no habéis salido entonces?"
"Porque solamente me quedaban dos balas, y si intentaba abrir la puerta esas cosas podrían agarrarnos una pierna fácilmente, y por lo que hemos visto eso se podría transmitir de cualquier manera."
"Entiendo. Acabamos de registrar la casa y vamos al coche." Dijeron mientras se dirigían a las escaleras. Cuando llegó abajo se paró de golpe, causando protestas de sus compañeros. Rick señaló las decenas de no muertos que empezaban a entrar a la farmacia.
