N. de la A.: Es un capítulo extremadamente corto, lo sé. Desde ayer al mediodía que estoy en el hospital con un pie mal (me caí por las escaleras), con lo cual no he podido escribir más. Para compensarlo el siguiente será más largo de lo normal, ya que estaré en casa, y será más "movidito"... *risa malvada*.
"Oh, mierda. "Los disparos los deben haber atraído." Dijo el escritor mientras cerraba la puerta de la trastienda y la bloqueaba.
"¿Que cojones hacemos ahora?" dijo Geena.
"Hay una ventana superior en el baño de arriba, pero no hay manera de llegar sin una escalera o algo suficientemente alto." explicó Kate mientras subían la escalera.
"¿Y en las otras habitaciones?"
"Hemos estado en casi todas, y las ventanas dan a un patio interior, aunque están demasiado altas como para saltar."
"Tal vez en la de los padres de Thomas haya algo."
"Vale, Kate y yo entraremos los primeros."
Esquivaron los cadáveres que yacían en el pasillo y entraron a la habitación, topándose con un espeso olor, una mezcla de olor a podrido y a estancia cerrada. Era una estancia mediana, con una decoración simple. En el lado más alejado de la puerta había una gran ventana que, al igual que la habitación contigua, daba a un patio interior que conectaba con el edificio contiguo y a la calle trasera por una pequeña puerta situada al lado derecho. Bajo la ventana había una pequeña repisa, de unos pocos centímetros de ancho.
"Ni se te ocurra. La última vez que tuviste una idea loca acabaste colgando de una repisa igualita a esa."
"¿Entonces qué plan tienes?" replió Kate.
"¿Cuerdas?"
"¿De dónde narices vamos a sacar cuerdas ahora, Rick? Además, tendrían que llegar hasta el suelo, y estando en un primer piso, son casi ocho metros, a la baja." Dijo ella, para después verlo agacharse y abrir la mochila que había dejado en el pasillo. Era de tamaño medio, con bastantes bolsillos, de color caqui, con el logotipo de una tienda de deportes bastante famosa.
"¡Ding-ding-ding-ding! Premio para la señorita." Le alargó la cuerda mientras añadía "Las hemos sacado de una tienda que hay cerca de la plaza. También hemos cogido tiendas de campaña, colchones inflables, un par de duchas portátiles para campings… ¿Sabías que hay unas duchas que se pueden plegar y que-"
"Castle, calla y ayúdame a atarme la cuerda. ¿Cuánto mide?"
"Esta es de quince metros, aunque en el coche tenemos unas cuantas más largas."
"¿En esa mochila había quince metros de cuerda?"
"Sí, está bastante comprimida y no es muy gruesa, aunque parece bastante resistente."
"Vale. Atad ese cabo a algún lugar fijo o sujetad la cuerda. Voy a bajar."
"Ten cuidado."
"Abuela, ¿por qué crees que no se lo ha contado?"
"¿El qué?"
"Lo de Thomas."
"Los adultos nos complicamos la vida pensando que no es el momento oportuno. Además, estábamos bajo presión, no hay que buscar culpables"
"Pero he sido yo, abuela, no ella. Yo le he matado."
Kate apoyó el pie derecho en la repisa suavemente. En menos de medio minuto ya había recorrido toda la repisa (que atravesaba la fachada), hasta llegar a una farola situada en la esquina del edificio. Agarrándose a un saliente, alargó el brazo, intentando alcanzarla, sin éxito. Volvió a intentarlo. Nada. Lo intentó una vez más. Finalmente su mano alcanzó el poste, bajo la atenta mirada de Rick. Como una niña pequeña, se agarró a la farola y se deslizó hacia abajo. Un dolor intenso se adueñó de las palmas de sus manos. Cuando llegó al suelo se desató la cuerda y recorrió el pequeño patio, que constaba de una cancha de baloncesto pequeña y un par de asientos, además de una fuente y dos salidas. La primera daba hacia la calle y estaba bloqueada por una gran verja. La segunda daba al edificio contiguo, cuyo interior se podía adivinar por las partes transparentes de la puerta. Comprobó que no había no-muertos en la zona y le hizo un señal a Rick para que bajase la siguiente. Con el walkie talkie les fue dando instrucciones uno a uno, al mismo tiempo que se echaba un poco de agua del termo en las manos y se colocaba unos guantes de ciclista que llevaba Geena en su mochila. Mientras que la abogada había en un total de tres minutos, Alexis y Martha tardaron más de cinco, a causa de que ambas sufrían de vértigo. El último fue Rick, que se las ingenió para poder recoger la cuerda después de bajar desatándola y formando una polea, de uno de cuyos extremos estiraron las demás.
Una vez estuvieron todos abajo recogieron la cuerda y caminaron hacia la entrada al otro edificio. La puerta no estaba cerrada con llave y las escaleras parecían vacías. Caminaron hasta llegar a la puerta de entrada frontal. Media docena de no-muertos se arrastraban hacia la calle contigua. Media hora después, cuando se habían ido todos, salieron a la calle. Estaban solo a una calle de la plaza y no habían no-muertos a la vista. Caminaron con sigilo, intentando no hacer ningún ruido. Un par de ratas pasaron delante de ellos. Al cabo de cinco minutos ya estaban en la entrada de la plaza, que por esa parte estaba vallada con bloques de cemento, escombros y alambres. Poco a poco atravesaron la protección y llegaron a la plaza. Allí les esperaba Jim, escopeta en mano, vigilando sentado encima de uno de los coches.
"¿Qué tal ha ido?"
"Ahora te contamos. ¿Y las niñas?"
"Dentro del ayuntamiento. Está totalmente vacío, no hay ni un muerto dentro. Lo he inspeccionado bien, tranquilos. Entrad por esa pequeña puerta, la principal está barrada. Yo meteré el coche."
Tras poner al señor Beckett al corriente de lo ocurrido, decidieron hacer partidas de saqueo por la zona comercial, empezando por vaciar del todo los supermercados y siguiendo por las tiendas de ropa, tiendas de deporte y zapaterías. Al cabo de tres horas, empezaba a anochecer y ya tenían el maletero del coche cargado de mochilas y aparcado en el pequeño parking interior. Después hincharon unos cuantos colchones y los colocaron en la sala adyacente. Bloquearon las entradas y se dispusieron a dormir.
