Cien metros frente a los viajeros se situaba una verja de unos cuatro metros de alto. Tras ella se asentaban seis militares, apuntándoles con sus armas, mientras un último soldado hablaba a través de una radio, mirándolos de reojo. Los forasteros se acercaron poco a poco, con las manos en alto. El grupo estaba formado por dos hombres y seis mujeres, dos de ellas niñas, que parecían venir de los Hamptons cargados de bolsas y suministros.
"¡Bajad las armas!" ordenó el soldado de la radio. "El jefe quiere saber sus nombres y profesión."
La puerta se abrió y, aún con las manos en alto, los forasteros entraron, para ser cacheados después.
"Soy Rick Castle, escritor, mi madre Martha y mi hija Alexis, actriz y estudiante respectivamente."
"Katherine Beckett, detective de homicidios, y este es mi padre Jim, ex abogado."
"Geena Knight, abogada, y mis dos hijas, Marie y Lily."
"Recibido." dijo el soldado de la radio.
"Los coches se quedan aquí. Los inspeccionaremos y incautaremos cualquier cosa que no sea permitida en el recinto. Dependiendo lo que diga el jefe, o los dejaremos aquí u os los llevaremos a la residencia que os asignen. Neil, Rob, llevadlos al Ágora."
"¿El ágora? ¿Eso no era algo de los romanos?" susurró Jim Beckett.
"El ágora está situada en la plaza del ayuntamiento, donde se ubica la residencia del jefe." contestó uno de los soldados. Se quitó el casco que llevaba, revelando a una chica joven de unos veintidós años, de piel clara y pelo oscuro. "Soy Neil."
"¿Cuántos años tienes?" preguntó Rick.
"Veintitrés años recién cumplidos."
El furgón en el que viajaban paró y las puertas traseras se abrieron, revelando una pequeña plaza. El ayuntamiento, o lo que quedaba de ello, estaba situado a su derecha, mientras que un montón de casas rodeaban el lugar. Bajaron del furgón y, aún escoltados, se dirigieron a un edificio de más altura que los demás. Neil se adelantó y pasó una tarjeta por el lector. La puerta se abrió y entraron en un gran recibidor con suelos de madera y una gran lámpara colgando en el centro, de la cual solo funcionaban dos bombillas. La soldado los guió por las escaleras hasta llegar a un quinto piso, bloqueado con otro lector de tarjetas situado en dos puertas. Una débil luz verde se encendió y las puertas se abrieron lentamente, con el sonido típico de un ascensor. Pero no era un ascensor lo que había tras las puertas, sino una oficina. Al lado de la entrada había otro soldado sentado en un escritorio, tecleando rápidamente en un ordenador. En el fondo de la sala se hallaba un escritorio, y se podía adivinar una butaca de cuero, orientada hacia la ventana.
"Pónganse en fila. Les haré una fotografía para su identificación. ¿Conservan sus documentos de identificación?"
"Sí. Tome." dijo Kate, sacando el suyo. Los demás la imitaron.
"Gracias. Katherine H. Beckett. ¿Correcto? Bien. ¿Richard Alexander Rodgers o Richard Castle? Castle. Martha Rodgers. Alexis Castle. Jim Beckett. Geena Knight."
"Por favor, escriba Genoveva Caballero. Es mi nombre de soltera. Y a mis hijas también."
"Entendido. Genoveva, Lillian y Marie Caballero. Pueden pasar, les devolveré sus documentos de identificación a la salida, junto a sus identificaciones nuevas. Avancen."
"Le estaba esperando, señor Castle." dijo una voz procedente de la butaca.
La butaca giró, y los viajeros ver la cara de Espósito sonriéndoles.
"¡¿Espo?!" dijo Kate, corriendo a abrazarlo.
"Kate, tía, que alegría veros aquí."
"¿Tú eres el jefe? ¿En serio?" dijo Rick sin ocultar su sorpresa.
"Si tío. Ahora os contaré, primero dejadme saludar al resto. Señor Beckett, me alegra verlo. Martha, Alexis, me alegro de veros. ¿Y vosotras sois…?" dijo, agachándose a la altura de las niñas.
"Yo soy Lily, y esta es Marie. Y esta es nuestra mamá."
"Encantado de conoceros. Yo soy Javier Espósito."
"Geena Knight."
"Familia latina, supongo."
"Puertorriqueña. Mi nombre verdadero es Genoveva Caballero."
"Encantado."
"Bueno, creo que tenemos que ponernos un poco al día. Sentaos. Neil, avisa para que se disponga una residencia para los Castle y los Beckett lo más cerca posible de aquí. Y para las Knight, que dispongan un apartamento cercano a la escuela."
"Sí, señor." respondió la chica, y salió de la sala.
"Bueno, explicadme. ¿Cómo cojones habéis sobrevivido ahí fuera? Kate es buena, pero no creo que ella sola pudiera acabar con una horda de condenados."
"¿Condenados?"
"El cura del Punto Seguro los empezó a llamar así en un sermón. Bueno, detalles aparte, explicadme qué habéis hecho durante este mes."
Kate explicó lo sucedido durante los anteriores días, con todo tipo de detalle. Cada poco tiempo Espo la interrumpía y le hacía preguntas.
"¿Cuando fue eso?"
"Hace un par de días llegamos al pueblo, donde estaba el Punto Seguro de los Hamptons."
"¿Estaba? ¿El Punto Seguro de los Hamptons ha caído?"
"Sí. Lo bombardearon."
"El Remedio Final." dijo Espósito. "Cuando los Puntos Seguros caían, los bombardeaban con el fin de acabar con todos los condenados."
"Y con los supervivientes también, al parecer. En aquel pueblo nos encontramos a un chico, Thomas." dijo Alexis con indignación. "Estaba junto a cuatro supervivientes más cuando los bombardearon. Solo sobrevivió él."
"Supongo que no se ha quedado en la entrada."
"Murió el mismo día en el que le encontramos." replicó Martha.
"Que mierda."
"Sí. Decidimos pasar la noche allí y nos fuimos al día siguiente con lo que pudimos coger."
"¿Y eso fue…?"
"Ayer por la mañana. Desde entonces hemos estado conduciendo. Íbamos a ir a Heckscher State Park, pero ya vimos qué había ahí."
"Sí, allí llevamos a los condenados que nos cargamos una vez que limpiamos la ciudad. Se tarda dos horas en ir y volver, más el tiempo que tardamos en organizar las hogueras, así que solo hacemos un viaje una vez al mes. A nuestros fallecidos, las bajas humanas, los enterramos en la otra punta de la ciudad, en el camposanto que hay detrás de la iglesia. Lo más duro es tener que asegurarnos que no vuelven como condenados. Espero que Dios me de fuerzas para volver a disparar."
"Veo que has vuelto a tu fe."
"Nunca la aparté, Becks. En los peores momentos la fe resurge."
"Tiene razón." dijo Jim.
Kate continuó su explicación. Cuando hubo acabado, el soldado que había al lado de la entrada se levantó e informó a Espósito de que lo enviaría al archivo para imprimirlo.
"¿Y tú que tal, tío? ¿Cómo narices has llegado a ser el Jefe?"
"Es una larga historia. Como ya sabéis, me destinaron al Punto Seguro de Nueva York, que se situaba en Central Park. Estaba totalmente fortificado, era imposible entrar o salir sin ser visto. Llevábamos una semana instalados en el Punto Seguro cuando llegaron las primeras hordas. Eran pocos condenados, pero fueron aumentando a medida que los rematábamos. El principal error fue que el ruido de los disparos los atraía hasta el Punto Seguro.
Cada día se organizaban partidas de saqueo por la ciudad, intentando recopilar suministros, pero moría mucha gente, así que se decidió plantar huertos y racionar la comida. Cada familia tenía una pequeña parcela en la zona norte, donde se sembraron frutas y verduras. Por supuesto, no crecieron, ya que ni la tierra era la adecuada ni nos quedamos allí para comprobarlo. Veréis, todo eso eran castillos en el aire. Planes a largo plazo, en realidad. El Punto Seguro no duró ni un par de semanas. Durante el octavo día, una horda masiva derribó una de las protecciones. Los ametrallaron, como a todas las demás hordas, cosa que atrajo a más condenados. Al cabo de media hora habían acabado con todos, al mismo tiempo que llegaban más. Muchos más. Todo fue muy rápido. La gente corrió en dirección contraria, para después toparse con las defensas. Se encontraron acorralados.
Entre todo esto, yo estaba vigilando una de las zonas centrales, cercana a una de las protecciones laterales. Acababan de imponer la Ley del uno por uno. Cada adulto tendría que cuidar de un menor, y protegerle, así que ahí había una zona donde la mayoría eran parejas que cuidaban de niños huérfanos. Vivían en tiendas de campaña al lado de una de las entradas, bajo mi cargo. Cuando los condenados entraron, los metí a todos en uno de los furgones blindados que usábamos en las partidas. Éramos demasiados, y el furgón iba más lento de lo normal. Lo bueno de eso fue que nos ayudaba a pasar desapercibidos. Se ve que los condenados no nos pueden ver, pero tienen un sentido o algo que hace que puedan percibirnos, específicamente los movimientos rápidos. Ya os lo explicaré luego.
El caso es que conseguimos escapar. En total éramos siete soldados y doce civiles, seis niños y seis adultos, entre ellos un agricultor, una doctora y un mecánico. Uno de los civiles, Lorenzo, me explicó que este pueblo había sido una base militar durante sus años de juventud. Con dos soldados en el blindado y cinco en una furgoneta que conseguimos puentear, avanzamos hasta llegar aquí. Los disparos estaban atrayendo a los condenados hacia Central Park, así que pasaban de largo. Una vez que hubimos dejado el Punto Seguro atrás, recibimos una señal por radio de otro grupo de supervivientes, dirigidos por el soldado Karev, de sesenta personas. Decidimos reunirnos aquí. Es un pueblo grande, pero estaba completamente vacío al haber sido evacuado. La mitad de la población fue a Nueva York y la otra mitad se trasladó hacia los Hamptons, al parecer. Ahora somos cincuenta y tres habitantes, más vosotros.
Las casas están conectadas por las alcantarillas de hace muchísimos años. Cada sótano tiene una trampilla que permite bajar a los túneles de alcantarillado, ahora sin utilizar. En cada sótano, además, hay un generador y una depuradora de agua doméstica que utilizaban durante los cortes que sufrían. Al principio nos encerramos todos en la iglesia, y cada día vamos limpiando más zonas y fortificándolas. El resultado es medio pueblo fortificado y tres cuartas partes completamente limpias, ya que no atraemos más condenados al no usar armas ruidosas."
"Jefe." dijo Rob, el otro soldado que los había acompañado en el furgón. "Las residencias ya están preparadas, y los coches de los Castle ya están de camino. Hemos incautado un total de treinta y dos armas, incluyendo lo que parecen ser tres arcos de tiro. Y sus identificaciones ya están impresas."
"El arco es de mi madre." dijo Castle.
"Dad un arma a cada uno de los nuevos residentes, exceptuando a las niñas y a Alexis. Todos ellos son de confianza. Escoltadlos a sus residencias y configurad el sistema de alarmas. Después hacedles un tour en el furgón y los lleváis a la sala militar. Yo estaré allí. Y avisad a Scar, hay que hablar de sus proyectos. Al señor Castle le encantarán sus chismes. Avisad a L también. Hay que hacerles una revisión médica."
"Entendido, señor. Seguidme."
"Hay cuatro zonas en el Punto Seguro. Zonas azul, verde, amarilla, roja y negra. La zona amarilla es la zona residencial, en la que nos situamos. Se extiende desde la avenida de Jerusalén hasta la avenida North Wantagh. La zona azul está llena de oficinas, y se mezcla con la zona amarilla. Los edificios de esa zona son edificaciones públicas, ayuntamientos, bibliotecas y parques. Los civiles solo pueden acceder a esas dos zonas. A las otras zonas solo se puede si te dan una identificación superior. La zona verde es la de los campos y huertos, y de momento casi nadie puede acceder, ya que los soldados aún están rehabilitando el parque con la tierra que traen de Heckscher State Park. La última zona es la zona militar. Está marcada con el color rojo, y es donde están situados los almacenes de suministros, la equipación de los soldados y los campos de tiro, ya sean profesionales o de entrenamiento.
Los horarios del Punto Seguro son los normales, levantarse a las 8 en punto, ir a trabajar o a la escuela, comer en el comedor comunitario, entrenar e hacer prácticas de tiro. La escuela está ubicada en una de las salas del ayuntamiento, mientras que los campos de tiro los han puesto en esa nave industrial, justo al otro lado del Punto Seguro."
"Que bien montado está esto para tener solo unas semanas, ¿no?"
"El Jefe lo organizó todo rápidamente. A cada soldado se nos asignaron algunos civiles, y mientras unos grupos montaban guardia o limpiaban las calles de condenados, otros grupos disponían las zonas, moviendo muebles y transportando material."
"¿Quién es Scar? Espósito… quiero decir, el Jefe, lo ha mencionado antes." preguntó Kate.
"Scar es una ingeniera mecánica que llegó con el soldado Karev. El soldado Karev era uno de los soldados encargados de velar por la seguridad de los ciudadanos más importantes cuando estaba en el Punto Seguro."
"¿Los ciudadanos más importantes?"
"Médicos, policías, ingenieros, agricultores, maestros, farmacéuticos, etcétera. Gente indispensable para la supervivencia de la raza humana. Volviendo a Scar, es una de las personas más inteligentes que he conocido aquí. Pelirroja, de ojos azules y un poco miope. Llegó con su esposa, ambas con heridas graves. El equipo médico tuvo que amputar la pierna de su mujer, mientras que a Scar le tuvieron que quitar una bala del corazón, además de amputarle una oreja."
"Quien le disparara no tuvo compasión, ahora no podrá ponerse las gafas." comentó Rick.
