N. de la A: subo capítulo con un día de retraso, ya que mientras lo revisaba vi que no me gustaba lo escrito, así que me pasé horas intentando cambiarlo. Espero que os guste :)


Caminaron hacia un edificio pintado de color canela, de unos cuatro pisos y que parecía estar lleno de oficinas, bajo las atentas miradas de un par de niñas que jugaban en la calle. Marie las saludó al pasar a su lado, alegres de ver que allí había más niños de su edad. Entraron en un pequeño recibidor compuesto simplemente por unas escaleras y una puerta. Bajaron por las escaleras hasta un sótano bastante lúgubre para su gusto. Las paredes habían sido pintadas de negro y estaban repletas de repisas y estanterías, que a su vez estaban llenas de piezas de coches y aparatos electrónicos. En el centro de la sala una mujer de unos cuarenta y pico años estaba reparando un generador eléctrico. Iba vestida con un mono de mecánico gris oscuro y tenía media cabeza vendada, ocultando lo que había quedado tras la amputación. Levantó la cabeza, enfocando su mirada en los recién llegados. Sus ojos azules los miraron con indiferencia, pero inquiriendo saber quién eran.

"¿Más supervivientes?"

"Sí, señora." dijo el soldado, para después presentarlos.

"Soy Svetlana Scarlett Sergievsky. Pueden llamarme Scar. Soy la encargada de reparar los aparatos electrónicos, mecánicos y de alta necesidad que hay en el pueblo. Llevo trabajando sin parar desde que tuve fuerzas para levantarme de la cama, ya que de momento solo funcionan once generados de los treinta y tantos que hay en el pueblo."

"¿Svetlana? Suena a ruso."

"Les resumiré mi historia en pocas palabras. Nací en Moscú, pero llevo en Estados Unidos desde hace años." replicó en un tono sarcástico. "Estoy casada y tengo una hija, al igual que usted y la señorita Beckett."

"Aún no estamos casados." explicó Richard.

"Kate no es mi madre." dijo Alexis.

"¿¡Aún!?" exclamó Beckett.

"¿Qué pasa? Soy una buena inversión de futuro."

"Ignórele y siga, por favor." dijo ella, dirigiéndole una mirada de reproche.

"No hay mucho que explicar. Básicamente, este es el edificio del taller. Aquí arreglamos todo lo que es útil en estos momentos. El equipo consta de José y Lorenzo, un veterano de guerra y su hijo, un soldado y yo. Necesitamos a alguien con conocimientos de mecánica para reparar automóviles. ¿Alguno de ustedes podría ayudar?"

"Yo. Me pagué la universidad con los ahorros que conseguí de arreglar coches." dijo Jim.

"Perfecto. Empezará a trabajar mañana a las nueve de la mañana, y saldrá a las dos de la tarde. Haré que le preparen una identificación azul. Ahora váyanse, tengo que seguir trabajando."

"Qué simpática." Susurró con sarcasmo el escritor a su hija mientras salían de la sala y se dirigían otra vez hacia la planta principal. Salieron a la calle, donde ya había un par de personas disfrutando de su tarde libre.

"Ahora les llevaremos al hospital y les haremos una revisión médica más a fondo."

"¿No deberían habérnosla hecho antes de que entráramos al pueblo?"

"El jefe quería verles de inmediato."

"Ah, claro."

"El hospital está delante de este edificio, no tiene pérdida. La doctora encargada de esas revisiones es Katya Sergievsky, la mujer de Scar."

"Una vez, durante un viaje que Jesús realizaba a Jerusalén, mientras atravesaba ciudades y pueblos enseñando, se le acercó un curioso con una pregunta indiscreta. Como había oído que Jesús traía la salvación, le dijo maliciosamente: Señor, ¿es cierto que son pocos los que se salvarán?.

Pero Jesús se negó a responder, y simplemente le replicó: En la tierra solo quedarán tres cosas. La fauna, la flora y los homosexuales." recitó el escritor.

"Dime que eso te lo acabas de inventar." inquirió Martha.

"A medias."

"Bromas aparte, ¿cómo es que hay tantas parejas del mismo sexo? No tenemos nada en contra, por supuesto, pero me ha sorprendido."

"El jefe salvó los que vivían en su zona. Se acababa de implantar la ley del uno por uno-"

"Si, eso ya nos lo han contado." lo cortó Beckett.

"Pues muchas de las parejas que se ofrecieron a cuidar a esos niños huérfanos fueron parejas del mismo sexo, familias con un hijo único o estudiantes de universidad."

"Y después hay gente que dice que esa gente comete un pecado contra Dios… En fin."

"Sigamos con las revisiones médicas.

"Les daría un mapa, señor Castle, pero nos ahorramos la tinta que nos queda para cosas más importantes."


"Están perfectamente. Sin deshidratación, ni anemia, ni hambre. Nada."

"¿Cuánta comida llevaban en los coches?"

"Muchísimas latas de sopa en conserva, aún están contándolas."

"¿De dónde coño salieron?"

"No sé."

"¿Cuántos son?"

"Ocho. Dos tíos, tres mujeres, una chica y dos niñas. Una de las mujeres, tío, buah, deberías haberla visto. A esa me la cogeré, lo quiera ella o no."

"A mí déjame la chica. Me gustan dulces y vírgenes."

"¿Pero cómo lo haremos? Uno de esos tíos era mayor, pero el otro tiene pinta de poder dar un buen derechazo…"

"Hay que esperar. Sé que tienes ganas de echar un buen polvo, pero no nos podemos arriesgar a que nos ahorquen. Hay que hacer que confíen en nosotros, que nos vean como otros supervivientes, y no como los soldados que los vigilan."

"¿Y qué vamos a hacer?"

"Les han preparado un apartamento al lado de las oficinas A y D. El jefe ha puesto una orden de vigilancia permanente hasta que se adapten. Nos toca a nosotros durante esta semana. Cuando los dos tíos se vayan a trabajar, las niñas estarán en la escuela, así que las retendremos y nos las follaremos. No podrán poner resistencia."

"Pero lo dirán en cuanto nos vayamos."

"No si las amenazamos con matar a sus seres queridos. Son mujeres, gilipollas, se acojonan en seguida. Ahora largo, Karev pasará por aquí en cualquier momento."

Los dos soldados salieron de la callejuela y partieron en direcciones contrarias.


PORT AVENTURA, TARRAGONA (ESPAÑA). – 6 DE JUNIO, 2013

Hoy han vuelto a llegar más cadáveres. Kevin y los demás han salido a enfrentarse a ellos hace dos horas. No ha vuelto nadie aún. Alba y Mario, los hijos de los Alcalá, no dejan de preguntar por sus padres. Nina está preparando algo de comer. Tengo miedo. Desde la ventana se puede ver a los cadáveres intentar alcanzar a algún animal que pase por aquí. Esta mañana han despedazado a una rata. Uno de los cadáveres ha girado la cabeza, y me ha parecido que me miraba. Llevaba la cara llena de sangre y un ojo fuera de la cuenca. He vuelto a vomitar. Salgo de cuentas en un par de días. Si no vuelven, la única que va a poder ayudarme cuando llegue el niño va a ser Nina. Estar embarazada durante el fin del mundo es una mierda.


Parece que el Punto Seguro no es tan idílico como parece, ¿no créeis?

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