N. de la A: Un año y cuatro meses después de publicar el penúltimo capítulo de esta historia, mientras reorganizaba mis fanfictions me he dado cuenta de que nunca llegué a publicar el último. Muchos os habréis olvidado de esta historia, así que os invito a releerla. Siento mucho haber desaparecido así.
TARRAGONA, ESPAÑA
Definitivamente voy a morir aquí sola. No me queda casi comida, solo un par de sopas en lata. Kevin no está. Él y el otro señor cuyo nombre no recuerdo, el que tenía dos hijos, eran los encargados de salir a buscar comida por las paradas del parque. Mi hijo está llorando otra vez. Lo cojo entre mis brazos y lo abrazo. Se calma y me mira con sus ojos azules. Se parece mucho a su padre. Es la viva imagen de Kevin. Y entonces me pregunto ¿Y si nada de esto hubiera pasado? ¿Y si siguiéramos en Nueva York? ¿Y si Kevin nunca se hubiera cogido unas vacaciones para visitar España? ¿Seguiríamos siendo la familia perfecta? ¿Seguiría él trabajando en la comisaría? Ojalá estuviera aquí.
NYC, USA
Estaban a las afueras de Nueva York, saqueando todas las tiendas y farmacias que encontraban a su paso. Lentamente, iban avanzando por las calles de la gran manzana en un furgón, rodeados de cadáveres putrefactos, aprovechando que Perkins, un muchacho joven de unos veinte años, iba lanzando juguetes musicales en medio de la calzada, liberando el camino de los no-muertos que rodeaban el automóvil y dejando vía libre para que los demás saqueasen todo cuanto pudieran. Una de las residentes del pueblo, con el torso sacado por la ventana superior del automóvil, disparaba con un arco y flechas (hechos artesanalmente) a todo lo que podía, derribando a una parte de los no muertos.
"¿Qué toca ahora?"
"La tienda de deportes de la siguiente calle. Hay que sacar calzado, ropa térmica y demás. Aquí está la lista." dijo Lewis, alargándoles un trozo de papel. La letra era enana, casi ilegible.
"No podías haber hecho la letra más grande, ¿no?" bromeó Castle.
"Empieza a escasear el papel."
"¿No hay ninguna papelería cerca?"
"Hay un supermercado en esta misma manzana." respondió él, señalándolo en el mapa. "Si salís por la parte de atrás de la tienda de deportes podréis entrar por los almacenes."
"Perfecto. Castle, Perkins y yo entramos a la tienda, cogemos lo que necesitamos y os lo dejamos en la puerta. Así lo podéis recoger mientras nosotros entramos al almacén." dijo Kate.
"Entendido. Voy a comentarle el plan a Annie para que sepa qué hacer." dijo Lewis antes de cruzar a la parte delantera.
"Allá vamos otra vez." suspiró Rick.
"¿Cómo tienes la mano?" dijo ella, cogiendo su mano y examinándola.
"La herida ya está cerrada y no me duele. Scarlett hizo un buen trabajo."
Hacía un mes que Richard se había hecho un corte en la palma durante los entrenamientos con cuchillos, y aunque había sido una herida aparatosa que había rozado algunos nervios, se había curado rápidamente y no había dejado casi ninguna secuela. Kate notó un movimiento por parte del escritor y miró sus dedos. El dedo índice del escritor temblaba y hacía movimientos leves.
"Más vale que no cojas una pistola o matarás a alguien."
"Jo, con lo que me gusta a mí disparar." dijo él con voz de niño pequeño.
"Parejita." dijo Lewis, asomando la cabeza por la puertecilla que daba a la parte delantera. "Luz verde para vuestro plan. Os esperaremos con el furgón en la entrada del supermercado. Dos horas, dos y media como máximo."
El soldado Perkins, que había permanecido sentado en una esquina todo el rato, le entregó un arma a Kate y otra a Richard, para después colgarse un AK-47 del hombro. ¿De dónde cojones habrá sacado eso? pensó Rick mientras caminaba hacia la entrada de la tienda. Un no-muerto los sintió y empezó a acercarse a ellos, hasta que Kate le clavó un machete en la cabeza. La detective lo volvió a sacar, lo limpió de sangre y lo guardó en el bolsillo, manteniendo el estado de alerta en todo momento. Forzaron la puerta con una palanca y entraron, linterna en mano, en el local. Había bolsas de comida rotas por el suelo, ahora ya llenas de moho e insectos. Solo se oía el sonido de sus pasos y de los paquetes de comida que aún estaban intactos.
"Conservas, conservas, conservas y más conservas. Menuda mierda." dijo Rick, llenando las bolsas con latas que habían quedado en el fondo de las estanterías.
"No te quejes, tú por lo menos conservas la mano." dijo Perkins. El soldado la había perdido en un ataque de los no-muertos, hacía ya un mes. "Venga, vamos al almacén trasero."
La zona, situada detrás de una pequeña puerta de acero, estaba vacía del todo, no quedaba nada que pudieran recoger. Las estanterías estaban pegadas a las paredes, como si los dueños hubieran querido hacer espacio para algo. Fue en ese momento cuando la puerta de acero se cerró tras ellos, provocando un enorme estruendo que llenó la habitación. Perkins corrió hacia ella, intentando abrirla otra vez sin resultado alguno. Mientras la examinaba, un gruñido proveniente del fondo de la sala, donde un no-muerto reposaba boca abajo en el suelo. Se quedaron mirando la criatura, cuyo cuerpo no tenía extremidades. A ese gruñido se le unió otro, y otro, y otro más. Beckett iluminó con la linterna el lugar de donde provenían. Era una zona que quedaba completamente oscura desde el punto donde estaban, y estaba repleta de no-muertos, atados con cuerdas a una puerta. La puerta por la que supuestamente tenían que salir. Se miraron los unos a otros con preocupación.
El soldado sacó su walkie-talkie. "Lewis, aquí Perkins. Estamos encerrados en el almacén trasero del establecimiento. Hay dos puertas, una de acero y otra situada detrás de un grupo de no-muertos. Veinte, veinticinco como mucho. La puerta de acero solo se puede abrir por fuera, al parecer. Cambio."
"Ahora mismo voy a buscaros. Intentad manteneros alejados de esos cabrones. Cambio y corto."
La detective saltó al interior del enorme coche, evitando las manos de los no-muertos que la intentaban atrapar.
"Uff, ha ido de poco."
"Sí." Rick la miró a los ojos, el miedo aún en sus pupilas. "Pensaba que te perdía. Otra vez."
"Rick, yo..."
"Déjame acabar. Desde que te dispararon he tenido la sensación de que te podía perder en cualquier momento. Y ese simple pensamiento me mataba por dentro, aún cuando sólo éramos amigos. Kate, te he querido desde que te conocí, ya lo sabes. Y toda esta situación solo me demuestra que la vida es corta y que nos vamos a jugar el pellejo en más ocasiones. Y aunque no sea una solución para nuestros problemas, quiero más. Quiero que seas mi esposa."
"¿¡Qué?!"
"Katherine Houghton Beckett, ¿quieres casarte conmigo?"
"Castle, estamos en medio de un apocalipsis zombie..."
"Y me da igual. Katherine Houghton Beckett, te lo preguntaré un millón de veces si hace falta... ¿Quieres casarte conmigo?"
"Sí."
FIN
