Prompt: 001. Pasado [Tabla "Tiempo"; minutitos]
Advertencia: este cap salió muy gay. Sigue siendo Gen, o eso trato de repetirme.
Diría que lamento demorarme un mes en actualizar pero todos sabemos que es mentira. La verdad ando en un "bloqueo" –y aún así escribo un drabble de TG y un shot HaruRin so, qué Hiatus ni que nada–. Aquí les lanzo la segunda parte, ¡gracias por leer!
II. En el pasado
Querer a Rin es como el rojo. Claro que no supone ninguna complicación relacionar a Matsuoka con ese color, su cabello y ojos le delatan, pero para Sousuke va un poco más allá de eso.
Es explosivo, volátil. Parece un listón que no se resiste al viento y es mecido por este, hambriento por conocer el mundo y ser un reconocido Nadador Profesional (y Rin hace un mohín y niega en cuanto le escucha hacer esa comparación porque "Oh Dios Sousuke, los listones son tan femeninos y ya me basta y sobra con mi nombre de niña").
Pero a Sousuke su nombre se le antoja suave, ah, y eso también es irónico.
Porque la madre de Sousuke prepara bollos con canela espolvoreados en azúcar y Rin se los come —por cortesía— entre muecas de disgusto ligero y frunce la nariz de forma graciosa. Y afirma que lo suyo son las comidas saladas, quizá porque él ya es suficientemente dulce, piensa Sousuke. Más siempre hay una sonrisa pintada en su rostro lleno de convicción, incluso para ser un chico de once.
Van juntos a todos lados. Juegan con las escobas del aseo y se imaginan siendo caballeros de un tiempo antiguo con espadas milagrosas, y cuando corren por el puerto con la luz crepuscular acompañándolos a Sousuke le brillan los irises y siente un escozor en el pecho y considera que aún con sus diferencias —aún siendo rivales— es feliz así.
Sólo son Rin y él. No hay nadie más. Ellos dos (y Kisumi, puesto que él se cuela en donde no le llaman, absolutamente siempre). Y ríen, y se creen los reyes del mundo al alzar los brazos cerca de la barandilla de la primaria Sano. Entre bromas y relatos.
A veces Gou viene al finalizar las clases y lo termina convenciendo de que la lleve de caballito (sus hombros no le suponen ningún sufrimiento) o si logra insistir lo suficiente caminan los tres tomados de la mano, ambos chicos a cada lado de ella cuidándola de gente fisgona porque "Oni chan y Sousuke-kun son muy amables".
Quizá algún día sea más imperfecto. Rin se negará a dirigirle la palabra si insulta accidentalmente los relevos o los menosprecia, y aunque caminarán al mismo ritmo (son inseparables, mejores amigos no, según Sousuke, pero inseparables) evitando mirarse de frente, transcurridos unos quince minutos le retará a una carrera de mariposa. Y Rin dirá que no, que mejor una de estilo libre. Y se sonreirán con ganas antes de echar a pitar, asegurando que son más veloces que el contrario.
Igual Sousuke disfruta al jugar el "piedra, papel o tijera" y obsequiarle a Rin la victoria con tal de que este coma el dulce que prefiera o beba el refresco del sabor nuevo, ese que anuncian es insuperable. Con tal de que esté contento.
— Venga Sousuke, eres pésimo jugando —se burla sin mala intención, Sousuke no asiente, no niega. Una diminuta sonrisa asoma sus labios y se da prisa. Rin marca sus pasos. Nunca le abandona.
Hay momentos en que le mira de reojo, y se le traba la lengua por el nerviosismo al inquirir "Eh Sousuke ¿por qué no pasas más tiempo con tu familia?" en que él le contesta lo mismo, a regañadientes y con un levísimo rubor de "Tonto, mi familia también eres tú" que provoca un ataque de risas aún más nerviosas en Rin. "No, no, qué va". Entonces aparece Kisumi y los invita a una partida del Monopolio o un corto partido de Baloncesto y el asunto queda zanjado.
Saltan. Nadan. Viven.
Y Sousuke gusta de comparar a Rin con el rojo, porque no hay nada que describa el valor de su amistad y lo increíble que Rin es (hoy y mañana, y los días que le precedan, junto a los años).
Y es que tienen once y todos sus sueños aparentan estar a punto de cumplirse. Tienen once, y todavía no hay un Haru que se cuele en sus conversaciones. Tienen once y si Sousuke aprieta los párpados es capaz de imaginarse con Rin en las Competencias Nacionales ambos con una medalla de oro brillando en sus cuellos, adornando sus corazones.
Y no tiene que doler, no tanto.
