Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 9
BELLA POV.
—La verdad... no exactamente —¡genial! Ahora es oficial, estamos perdidos en medio del bosque y quién sabe qué nos podamos encontrar.
Después de una hora de caminar, mis pies ya no podían más y me exigían a gritos un descanso, me encontré con un para nada cómodo tronco caído y sin pensarlo me senté.
Edward se sentó a mi lado en silencio, no habíamos cruzado palabra alguna desde que me confirmara que estábamos perdidos y yo le gritara recriminándole su falta de cordura y sensatez, es que ¿cómo diablos se le ocurre que nos internáramos en el bosque, en busca de un maldito lugar al cual no sabía llegar? Y para colmo, tratamos de volver a la cabaña sin éxito alguno, terminando más perdidos que en un principio.
—Lamento que esto pasara, yo no... —de repente se quedó callado, clavó la mirada en algún punto sobre mi cabeza y sus ojos se abrieron como platos—. No te muevas.
—¿Qué pasa, Edward? —pregunté comenzando a sentir una ola de pánico extenderse por todo mi cuerpo.
Y eso no fue lo único que sentí, no señor. Algo comenzó a removerse sobre mi cabeza mandando escalofríos por todo mi cuerpo, en tan sólo unos segundos cientos de imágenes pasaron por mi mente, desde pequeños e inofensivos animalitos hasta los más venenosos y mortales del mundo, ante estos últimos solté un jadeo de horror y tuve que morderme la lengua para no gritar.
Edward se puso en pie con extremada lentitud y acercó sus manos a mi cabeza, cerré los ojos fuertemente y me sujeté con fuerza al tronco, o de lo contrario, me echaría a correr como loca.
—Ya está, lo atrape —me dijo y respiré con alivio—. ¡Auch! ¡Me mordió!
Edward se dejó caer al suelo y comenzó a retorcerse como lombriz, asustada me arrodillé a su lado y con desesperación comencé a examinarlo.
—Edward, ¿qué era? ¡Por favor respóndeme! —chillé presa del pánico y mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Bésame... quiero morir sintiendo el... roce de tus labios... sobre los míos —dijo a duras penas pues le costaba respirar.
—No te vas a morir, no te puedes morir. ¡Dios! ¿Qué hago?
—Bella, te amo —esas palabras bastaron para que me desmoronara y me soltara a llorar como una magdalena.
—Yo... también te amo —murmuré y posé mis labios sobre los suyos.
Dios, no me lo quites repetía como un mantra una y otra vez en mi cabeza, el destino no podía ser tan cruel conmigo, no podía arrebatarme al amor de mi vida cuando recién lo he encontrado.
Con lentitud me separé de él, Edward permanecía con los ojos cerrados y poco a poco una sonrisa se fue formando en sus labios.
—Ya no estás molesta conmigo, ¿verdad? —soltó como si nada y... entonces lo comprendí.
Todo había sido una broma, una de pésimo gusto he de añadir. Con rabia golpeé su pecho, limpié los rastros de mis lágrimas y me puse en pie, comencé a caminar sin importarme que un osos se apareciera en mi camino y me devorara. Es más, que se atreviera a cruzarse por mi camino, y con gusto lo usuraría como saco de boxeo para descargar mi rabia.
—¡Bella! —me llamó pero no detuve mi andar, es más, apresuré el paso—. ¡Amor espérame!
Lo ignoré por largos minutos, y aunque con facilidad pudo haberme alcanzado, no lo hizo. Algo muy acertado de su parte, a menos claro, que se quiera quedar sin descendencia.
El estruendoso ruido de un rayo me hizo detener mi andar, ahora el claro y azul cielo estaba cubierto por espesas y ennegrecidas nubes anunciando una próxima tormenta, una fuerte tormenta, ¡lo que faltaba para cerrar con broche de oro!
—Debemos buscar un lugar para refugiarnos —asentí en acuerdo con Edward.
Una fuerte ventisca se desató y los rayos se volvieron más frecuentes, en tan sólo unos segundos ambos estábamos completamente empapados y tomados de las manos corrimos hasta una cueva que estaba cerca.
Dentro de la cueva no había mucha luz, algo que dificultaba la visión del lugar y sólo pude rogar a Dios que no se encontrara algún animal oculto por ahí, pero por si las dudas, me senté en una roca junto a la entrada del lugar. Edward sacó de su mochila una manta y la pasó por mis hombros al verme tiritar de frío, lo cual le agradecí con una sonrisa.
No sé dónde fue que encontró algunas ramas que uso para encender una fogata, sólo sé que unos minutos después el fuego nos daba un poco de calor y luz, algo sin duda reconfortante.
—Lo que dijiste, ¿es verdad? —preguntó sentándose en una roca frente a mí.
—¿Qué fue lo que dije?
—Que me amas —levanté la mirada hasta toparme con esas expresivas esmeraldas que tenía por ojos, que me observaban expectantes esperando una respuesta.
—¿Y tú, me amas? —respondí con otra pregunta y sonrió de lado, mi sonrisa favorita, esa sonrisa ladeada que me hace temblar de pies a cabeza.
—Me enamore de ti, desde el mismo instante en que mis ojos te vieron por primera vez —su voz fue clara, sin titubeo alguno, dándole a sus palabras esa nota de innegable veracidad.
—Sí, es verdad. Te amo, ¿cómo y cuándo pasó? No lo sé, tal vez sólo me bastó verte para enamorarme perdidamente de ti, tal vez fue cuando irrumpiste en mi habitación y me viste prácticamente desnuda —ambos reímos ante la mención de ese incidente—, o tal vez fue la primera vez que me besaste.
Se acercó y se arrodilló frente a mí, con delicadeza acuñó mi rostro entre sus manos y me besó con suavidad y ternura. Subí mis manos hasta su cabello acercándolo más a mí, el beso pasó a algo más demandante y pasional, mi lengua salió al encuentro de la suya enredándose en un excitante baile, pero por desgracia eramos humanos y la necesidad de oxigeno nos hizo separarnos.
—Deberíamos quitarnos esta ropa mojada, ¿no lo crees? —susurró mordisqueando el lóbulo de mi oreja sensualmente.
—Estoy totalmente de acuerdo con eso —respondí comenzando a subir su playera hasta sacársela por completo.
En tan sólo unos minutos nuestras ropas desparecieron volando a quién sabe dónde, entre besos y excitantes caricias nos tumbamos sobre la manta, con infinita lentitud entro en mí hasta llenarme por completo, arrancándome un par de gemidos en el proceso. Sus embestidas comenzaron como un lento vaivén, pero nuestros cuerpos pronto pidieron por más.
Sus labios bajaron atrapando uno de mis duros pezones y mi cuerpo se arqueó ante las miles de sensaciones que me embargaron, su mano acarició mi pierna con apenas un ligero roce para después hacerme enredarla en torno a sus caderas, sintiéndole llegar aún más profundo. Esa sensación tan conocida se comenzó a formar en mi vientre, avisando que la llegada de mi orgasmo estaba cada vez más y más cerca, los músculos de mi cuerpo se tensaron y tan sólo una embestidas más bastaron para que todo estallara, llevándonos a alcanzar el clímax juntos.
Edward rendido se desplomó sobre mí, ambos jadeábamos en busca de aire y nos tomó un par de minutos antes que nuestra respiración volviera a ser medianamente normal. Se las ingenió para giramos en la estrecha manta y dejarme sobre él, apoyé mi cabeza en su pecho y sus brazos se ciñeron con fuerza en torno a mi cintura.
Estuvimos sumergidos en un agradable silencio, escuchando el sonido de la lluvia, el de la fogata y el de nuestras respiraciones, en este momento simplemente sobraban las palabras, no había nada que agregar pues con cada beso y caricia nos habíamos dicho todo, pero de pronto recordé algo y no pude evitar preguntarle.
—¿Qué cosa era lo que estaba sobre mi cabeza? —su cuerpo se sacudió por sus risas y apoyé mi barbilla sobre mis manos para poder verlo a los ojos.
—Bueno, era una pequeña e inofensiva lagartija —respondió con diversión y solté un bufido volviendo a mi anterior posición.
—No tienes idea de susto que me diste, creí que... —deje la frase inconclusa incapaz de terminarla, un escalofrío recorrió mi cuerpo entero ante el solo imaginar que pudiera perderle, y me acurruqué más contra su cuerpo.
—Lamento mucho la broma, creo que no medí las consecuencias —murmuró dejando un beso en mis cabellos.
—No quiero perderte, Edward. No sé cómo pasó, pero no creo poder vivir sin ti —tomó mi mentón y con delicadeza alzo mi rostro hasta apoderarse de mis labios.
—No vas a perderme, tenlo por seguro —prometió y no pude evitar sonreír como la tonta enamorada que era.
Durante el resto del día no dejó de llover así que no pudimos dejar la cueva, cominos los bocadillos que habíamos preparado para nuestro fallido picnic y antes de dormir volvimos a hacer el amor.
Por la mañana afortunadamente ya no llovía, aunque el cielo permanecía cubierto casi en su totalidad por grises nubes, nos vestimos y recogimos la manta así como los recipientes en los que habíamos llevado los bocadillos, Edward apagó los restos que aún quedaban de la fogata y salimos de la cueva con la esperanza de poder dar con el camino de regreso a la cabaña.
Caminamos por cerca de hora y media, cuando de pronto escuchamos algunas voces, con cautela nos acercamos al lugar de donde provenían y nos encontramos con un grupo de tres hombres, que al parecer eran cazadores, o al menos eso creí al ver las armas y presas que cargaban.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó uno de ellos cuando reparó en nuestra presencia.
—Mi nombre es Edward Cullen y ella es mi novia Isabella Swan, estamos perdidos desde ayer, ¿podrían ayudarnos? —el hombre nos escaneó con la mirada de arriba a abajo, pero no me importó mucho, lo único que me importaba en ese momento era que Edward me había presentado como su novia. Está de más decir que me sentía flotar de emoción.
—Soy Sam Uley, ellos son Quil Ateara y Embry Call —los dos hombres movieron su cabeza a modo de saludo cuando fueron presentados.
Edward les explicó nuestra situación, y sinceramente, no creo que nos puedan ayudar a regresar a la cabaña, al menos no con los escasos datos que pudimos proporcionarles sobre la ubicación de la misma.
—Sam, lo mejor es que los llevemos con nosotros a la reserva. No tardará en comenzar a llover de nuevo, y no podemos dejarlos aquí.
—Embry tiene razón, lo mejor es que nos vayamos ya si es que queremos ganarle a la tormenta —dijo Sam ayudando a Quil con el siervo que habían cazado, mientras Embry cargaba con unas cuantas liebres.
El ciervo debía estar realmente pesado, ya que durante el camino, los tres hombre se iban turnando para descansar un poco. Después de caminar por poco más de tres cuartos de hora, llegamos a la dichosa reserva. Recorrí con la mirada el lugar y me encontré con varias casa de tamaño medio, se veían bien cuidadas y de algunas salía humo por las chimeneas, algunos niños jugaban fútbol mientras a pocos metros unas cuantas niñas jugaban con sus muñecas.
Algunas personas salieron de sus casas al encuentro de Sam, Embry y Quil, pero al vernos su asombro fue tal, que sus bocas se abrieron al grado de que sus mandíbulas casi rozaban el suelo. Y es que siendo completamente honesta, Edward y yo eramos unos bichos raros ante ellos, nuestras pieles pálidas como la cal desentonaban por completo con las de todos ellos que eran de un color rojizo, pero aun así no era muy cortes de su parte vernos como lo hacían.
—Voy a llevarlos con Billy, Paul, ayuda a Quil con el ciervo —Sam nos hizo una señal con su cabeza para que lo siguiéramos y me aferré a la mano de Edward con fuerza, para tratar de calmar un poco mis nervios.
Llegamos frente a una casa de paredes blancas y tejado rojo, Sam golpeó sus nudillos contra la puerta unas cuantas veces y un par de minutos después esta fue abierta, la mujer que abrió no rebasaba los cuarenta y cinco años, era de estatura baja y tenía una sonrisa amable en su rostro, y sobre todo, ella no nos veía como si fuéramos un par de extraterrestres.
—Hola Sam, ¿quiénes son ellos? —preguntó con voz suave.
—Son Edward e Isabella, los encontramos perdidos en el bosque. ¿Sarah, podemos hablar con Billy? —la mujer asintió y se hizo a un lado para que entráramos.
Sarah nos guió hasta una pequeña sala, allí se encontraba quien supuse era Billy, sentado en un sofá mientras tomaba una humeante taza de café. Sam se acercó a él y lo saludó, le pidió a Edward que se acercara y después de presentarlo comenzaron a hablar; mientras esperaba recorrí la casa con la mirada, sin dudas era un lugar realmente acogedor, había algunas fotografías colgadas de la pared y con curiosidad me acerqué para poder verlas bien, en ellas aparecían dos niñas y un niño, no sé por qué pero ese niño se me hacía realmente familiar.
—Son mis hijos —la voz de Sarah me asuntó y con un brusco movimiento me giré a verla—. Ellas son Rebecca y Rachel, son gemelas. Y él es mi pequeño, Jacob —al decir el nombre soltó un suspiro de melancolía. ¿Jacob? ¿Sería el mismo Jacob que yo conocía?
—¿Jacob Black? —murmuré y la mirada de Sarah se iluminó.
—Sí, ¿tú lo conoces? —asentí y cubrió su boca con ambas manos.
—Somos buenos amigos, él y Leah me pidieron que sea la madrina de su bebé —las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y me sentí realmente confundida, ¿por qué estaba llorando?
—Oh mi Dios, voy a ser abuela —¿no lo sabía? Abrí la boca para preguntarle, pero en ese momento Edward se acercó a mí seguido por Sam.
—El señor Black dice que podemos quedarnos, hay una casa deshabitada que podemos usar —me informó y asentí.
Me despedí de la señora Sarah, quien me dijo iría a la casa más tarde para que le hablara sobre Jacob, y salimos detrás de Sam.
La casa que ocuparíamos con Edward era sencilla, pero tenía ese no sé qué, que te hacía sentir el calor de un hogar. Sam se fue dejándonos solos y nos dispusimos a conocer el lugar, para mi sorpresa estaba totalmente amueblada y libre de polvo, no parecía que estuviera deshabitada, había una cocina y un pequeño comedor para cuatro personas, dos habitaciones y un baño.
Por un momento deseé que esa fuera en verdad nuestra casa, deseé que pudiéramos quedarnos allí y comenzar una vida juntos, una vida donde no existiera mi compromiso con Demetri.
Continuará
¡Hola! Les dejo un nuevo capítulo y espero les haya gustado. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's así como noticias sobre futuros proyectos, si quieren unirse encontraran el Link en mi perfil. ¡Que pasen un excelente fin de semana!
Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...
Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que leo todos y cada uno.
¿Algún review? =)
Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:
Lunes: Volver a Sonreír.
Martes: Juegos del Destino.
Jueves: Siempre te Amaré.
Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo?
