Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 12

BELLA POV.

Al entrar a la iglesia me aferré con fuerza al brazo de Charlie, esperaba de pronto ver a Edward aparecer como por arte de magia, en mi cabeza se había creado todo una fantasía: él me diría que me ama, me besaría y me sacaría de aquí, huiríamos juntos y seríamos felices comiendo perdices; pero la realidad era que él ni siquiera estaba aquí. Frente al altar, Charlie besó mi mejilla y puso mi mano sobre la de Demetri, murmuró un: "más te vale cuidar a mi princesa, o de lo contrario, te castro" a mi futuro... esposo, que tragó en seco por la amenaza.

El sacerdote comenzó con la ceremonia, pero no fui capaz de escuchar o poner atención a lo que decía, pues en mi cabeza de pronto se comenzaron a reproducir cientos de imágenes a velocidad vertiginosa, con ambas manos sostuve mi cabeza que amenazaba con estallar de un momento a otro.

¡Bellita! gritó Emmett y me abrazó alzándome del suelo. Me preparaste esa deliciosa torta de chocolate, ¿verdad?

¡Bájame Emmett! Yo estoy muy bien, gracias por preguntar hermanito le dije con sarcasmo.

¡Bella, hermanita te extrañé! me dijo Alice envolviendo de forma efusiva entre sus delgados brazos.

Yo también Allie respondí emocionada, de verdad había echado de menos a mis hermanos.

¡Oh! Él es Jasper Cullen, mi novio un chico alto, guapo, de cabellos rubios y ojos azules, me sonrió ofreciéndome su mano.

Mucho gusto Jasper, yo soy Isabella, pero llámame Bella me presenté y estreché la mano de mi cuñado.

¡Al fin te conozco Bella! chilló una rubia despampanante abrasándome. Soy Rosalie Cullen, la novia de Emmett.

La chica era muy guapa, su cabello rubio caía liso por su espalda hasta un poco más arriba de la cintura, ojos azules y fácilmente podría ser modelo.

Esta es la última maleta esa voz, yo he escuchado esa voz.

Me giré lentamente y mis ojos casi se salen de sus cuencas al verlo, sus ojos me recorrieron de pies a cabeza y una sonrisa torcida se formó en sus labios.

Él es mi hermano, Ed...

Edward Cullen, mucho gusto se presentó interrumpiendo a Rosalie.

Isabella Swan —murmuré, estreché su mano y una suave descarga eléctrica recorrió mi cuerpo.

En el ascensor nos envolvió un ambiente tenso e incomodo, cuando por fin llegamos a mi piso respiré con alivio, salí del ascensor y Edward me siguió hasta la puerta de mi departamento.

Bien, ya estás sana y salva en tu casa, así que me marcho rodé los ojos y él se rió. Antes de irme quiero preguntarte algo, ¿aceptarías salir mañana conmigo?

No respondí de manera fría y frunció el ceño.

No entiendo la forma en que te comportas conmigo Bella, hace una semana tú y yo...

Mira Edward, nosotros no teníamos que volver a vernos después de aquella noche, pero viendo que eso es inevitable, lo mejor será que olvidemos que algo ocurrió entre nosotros abrí la puerta de mi departamento y antes de que pudiera entrar, Edward me tomó del brazo pegándome a su cuerpo.

No me pidas que lo olvide, porque simplemente no puedo hacerlo —susurró sobre mis labios antes de besarme.

Hace un año me divorcié —casi me ahogo con el vino al escuchar esas palabras—. Me casé con Tanya, mi ahora ex esposa, hace cinco años cuando me dijo que estaba embarazada.

¿Tienes un hijo? —pregunté sin poder ocultar mi asombro.

De hecho dos, son mellizos: Alec y Jane. En realidad ellos no son mis hijos, ese fue el motivo por el que nos divorciamos Tanya y yo —¿osea que ella le hizo creer que sí eran sus hijos, pero él descubrió la verdad y le pidió el divorcio? Esto es muy confuso—. Creo que necesitas saber toda la historia ¿no?

No tienes que contarme —respondí encogiéndome de hombros, aunque la verdad sea dicha, curiosidad me estaba consumiendo.

Tanya y yo nos conocemos desde que estábamos en el instituto, poco después nos hicimos novios y desde entonces estábamos juntos. Estaba por terminar mi carrera cuando un día llegó a mi departamento y me dijo que estaba embarazada, le pedí que se casara conmigo y un mes después ya eramos marido y mujer —Edward hizo una pausa y le dio un sorbo a su copa, para después continuar con su relato—. Hace un año apareció Demetri, el padre biológico de los mellizos, Tanya me confesó la verdad y después me pidió el divorcio. Ahora ella está casada con Demetri y los niños pasan algún fin de semana conmigo, después de todo, para ellos yo soy su padre y para mí son mis hijos.

Escuchaste lo que dijo Tanya, ¿cierto? —no respondí nada, como dicen por ahí el que calla otorga. Suspiró, me giró para que quedara frente a él y acuñó mi rostro entre sus manos—. No voy a volver con ella porque yo...

No lo digas —lo interrumpí poniendo mi dedo indice sobre sus labios—. No quiero escucharlo, no estoy preparada para escucharlo.

Bella, ¿tú sientes algo por mí?

No debería, no debería hacerlo pero sí. Edward, yo... tengo miedo, miedo a entregar mi corazón y volver a salir lastimada —murmuré y me besó, un beso dulce, tierno y muy diferente al de hace un rato.

Dame la oportunidad de borrar esos miedos, de demostrarte que no todos los hombres somos iguales —respiré profundamente y asentí, ya no tenía la fuerza suficiente para mantenerme alejada de él.

¡Edward Anthony Cullen! ¿Qué significa esto? —me cubrí con la manta hasta la cabeza, mi cara ardía a causa de mi sonrojo y lo único que quería en este momento, era que la tierra se abriera y me tragase.

Mierda —murmuró tan bajo que apenas y lo pude escuchar—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste a mi casa?

Esas no son formas de hablarme jovencito, y exijo una explicación —le reprendió y Edward suspiró con frustración.

Mamá, creo que este no es el momento indicado para una explicación. ¿Podrías darnos unos minutos a mi novia y a mí para estar presentables, y esperarnos en la sala?

¿Tú novia? ¡Oh Dios! Siendo así, claro que los espero en la sala... no, mejor voy a preparar el desayuno. No tarden —hasta que escuché la puerta cerrarse me descubrí el rostro y apenas lo justo para ver a Edward, él me veía con brillo de diversión en sus ojos y unos segundos después se soltó a reír.

¡Oye! Deja de reírte —gruñí y le di un manotazo en el brazo, lo cual sólo provocó que sus risas aumentaran—. No es para nada gracioso, Edward. Al menos a mí no me hace la más mínima gracias, que la mamá de mi novio nos haya encontrado... así.

Tú te iras... sé que es una oportunidad excelente para ti y... yo no puedo pedirte que... la rechaces y yo... —dije entre hipos y sollozos, pero me hizo callar poniendo su dedo sobre mis labios.

Amor, tranquilizate. Aún no he aceptado, y si lo hago, por supuesto que tú vendrías conmigo —no pude decir nada, sólo cubrí mi rostro con mis manos y mis sollozos se volvieron más fuertes, mientras una cascada de lágrimas brotaba de mis ojos—. Oh, ahora entiendo, tú no...

Entiéndeme Edward... yo tengo una responsabilidad aquí... no sólo con la empresa... sino también con mi familia. No puedo irme y... y dejar todo botado —nos quedamos en silencio por unos largos y tensos minutos, él estaba sumergido en sus pensamientos con la mirada clavada en algún lugar de la cocina y yo no podía dejar de llorar. Respiré profundamente un par de veces, para calmarme un poco y continué hablando—. No quiero que renuncies por mí, yo sé que es una oportunidad única y estupenda para tu futuro y... —no pude seguir hablando, pues el maldito nudo en mi garganta, comenzaba a formarse de nuevo.

¿Estás... terminando... conmigo? —balbuceó, y antes de que pudiera abrir la boca para decir algo, se incorporó con un movimiento algo brusco y comenzó a caminar como león enjaulado—. Estás con alguien más, ¿cierto? ¡Pero claro! Por eso quieres que me vaya. Creí que eras diferente a Tanya, pero estaba equivocado, ambas son iguales. ¡Dios, que estúpido fui!

¡No me compares con esa! —grité poniéndome en pie y detuvo su andar—. Entre esa mujer y yo hay un mar de diferencia, y por supuesto que no hay nadie más. ¿Cómo puedes siquiera dudar así de mi amor por ti? ¿Es que acaso no te das cuenta? Me estoy derrumbando por dentro, Edward, la sola idea de separarme de ti me mata... pero no podría soportar, que en un futuro, llegaras a reclamarme el haber perdido esta oportunidad por mi culpa.

Si me amas como dices, ¿por qué no dejas todo y te vas conmigo? —suspiré con frustración y después sonreí con ironía.

Si yo me voy, ¿quién se hará cargo de la empresa? ¿Alice? Ella estaría más concentrada en la ropa que usan los empleados, que en los negocios. ¿Emmett? Él no duraría ni tres días, antes de que incendiara el edificio completo —me apoyé en la pared más cercana y por varios minutos nos vimos envueltos por un tenso silencio, silencio que yo rompí—. Edward, esta empresa ha sido el fruto de años y años de trabajo por parte de mi abuelo y mi padre, no puedo simplemente dejarla a la deriva y ver cómo se hunde —un tenso silencio nos envolvió de nuevo, Edward apretó el puente de su nariz y suspiró pesadamente.

Te entiendo. Mañana a primera hora hablaré con Aro, tú misma lo has dicho, es una oportunidad estupenda para mi futuro y sería un idiota si le rechazara... voy a aceptar el puesto. Adiós, Isabella —sus palabras frías, como el mismísimo hielo, se clavaron en mi corazón como puñaladas, ¿por qué tenía que ser así?

Alargué mi mano y tomé su pequeña manita, ella sonrió y apretó mi dedo soltándose a balbucear.

Le agradas —susurró Victoria y yo le sonreí.

Eso parece, ¿cómo se llama? —al ver que no tenía intensión de reclamar nada o armar una escena, Victoria se relajó notablemente.

Madison, pero le llamanos Mady de cariño —respondió y suspiró pesadamente—. Bella, yo... nunca tuve la oportunidad de disculparme contigo, por lo que pasó. Pero ten por seguro que yo luché con todas mis fuerzas para no enamorarme de James, nunca quisimos hacerte daño.

La culpa fue mía, debí haber sido sincero contigo. Debí decirte lo que sentía por Victoria, Bella, nosotros no lo planeamos fue algo que simplemente se dio. Créeme que nunca quise jugar contigo, yo de verdad sentía algo muy fuerte por ti, pero cuando conocí a Victoria supe que no era amor... supongo que el amor es así, no lo buscas si no que el te encuentra a ti —"no lo buscas si no que el te encuentra a ti" ¡Claro! Cuanta verdad hay en esas palabras, yo no buscaba a Edward y él simplemente llegó para darle sentido a mi vida.

Edward, yo... —no me permitió hablar, me silenció de una forma que no iba a rechazar, estampando sus deliciosos labios sobre los míos de una forma tierna y suave.

Fui un reverendo idiota e inmaduro, Bella, yo no iba a aceptar ese puesto pero... —hizo una pausa y sonrió tristemente—. Después de nuestra discusión, la rabia me cegó y terminé por aceptar.

A pesar de todo necesitábamos de este tiempo separados, todo se dio de una forma tan... rara e inesperada entre nosotros, que de alguna forma teníamos que averiguar si lo que sentíamos era verdadero —su ceño se frunció y, por la forma en que me miraba, me di cuenta de que mal interpretó mis palabras—. Un momento, no me veas así, lo que quiero decir es que... Edward, en este tiempo me he dado cuenta de que no puedo vivir sin ti, que si tú no estás me siento incompleta y sobre todo... que nunca había amado a nadie como te amo a ti.

Una vez en la habitación, a empujones me metieron a la ducha, con una advertencia de que si me tardaba más de cinco minutos, me enfrentaría a la furia de esas cuatro. Aún no estaba lista del todo cuando unos golpes en la puerta resonaron, era Charlie diciendo que estaba quince minutos retrasada y Edward estaba a punto de quedarse calvo y sufrir un infarto; salí de la habitación con Alice aún acomodando mi cabello y el pequeño tocado de flores que había elegido, Esme terminando de subir la cremallera de mi sencillo vestido, Rosalie terminando de maquillarme, Renée abrochaba el broche de la gargantilla que mis suegros me regalaron para que usara el día de hoy, y por último, yo hacía malabares para no caernos todas mientras me ponía los zapatos.

Apresuradamente cada quien ocupó su puesto, la suave melodía que indicaba mi entrada inundó el lugar, me enganché al brazo de Charlie, que besó mi mejilla, y emprendimos el camino hasta el altar, mis ojos se encontraron con los de Edward y le sonreí, él me devolvió la sonrisa y soltó un suspiro de alivio al verme.

Charlie puso mi mano sobre la de Edward y apenas estas se tocaron, una fuerte ventisca comenzó a soplar y todo comenzó a dar vueltas, mi corazón latía furioso dentro de mi pecho y mi mano se aferraba con fuerza a la de Edward, pero de un momento a otro nuestras manos se soltaron.

¡Edward! —grité con todas mis fuerzas y todo de volvió negro.

Todo a mi alrededor daba vueltas, mi cabeza punzaba y me sentía como si estuviera emergiendo de un profundo hoyo negro, de manera brusca giré el rostro y entre los invitados encontré a Victoria, James, Tanya y sus hijos, mis hermanos, Rosalie y Jasper, clavé la mirada en Demetri y comencé a reír a carcajadas.

No sé qué diablos nos sucedió, no sé por qué Edward y yo no nos casamos, todos terminamos separados y estamos en esta especie de universo alterno, pero lo que sí sé, es que obviamente no me iba a casar con Demetri.

El sacerdote no se veía como si el mismísimo Satanás me hubiese poseído después de mi arrebato de locura momentánea, todos los presentes comenzaron a murmurar y respiré profundamente para calmar mi risa. Me giré quedando de frente a la multitud y me aclaré la garganta.

—La boda se cancela —anuncié lo suficientemente alto para que todos escucharan—. Esto es un error, Demetri, no me amas y yo tampoco te amo, además tus hijos te necesitan a su lado —me quité el anillo de compromiso y se lo entregué.

—¿De qué hablas, Bella? Yo no... no tengo hijos —lo tomé de la mano y lo arrastré hasta donde estaba Tanya sentada con James y los dos pequeños.

—Estos son tus hijos: Alec y Jane; serás muy feliz con ellos y Tanya. Sobre todo por que ahora ella no es una arpía egoísta —Tanya me veía en shock, Demetri la veía interrogante y al final ella terminó por asentir.

Tomé a la pequeña Jane de brazos de James y la puse en brazos de su padre, a James lo arrastré conmigo hasta donde estaban sentados los Cullen y me acerqué a Victoria, le tendí mi mano y ella un tanto confundida la tomó poniéndose en pie.

—James, ella es Victoria. Ustedes dos se amaran con pasión y locura, tendrán una hermosa niña de ojos azules, cabello rizado y rojizo; la llamaran Madison —uní las manos de ambos, sus miradas se conectaron y sus almas se reconocían.

Mi hermana estaba sentada junto a Jasper, ella volteó a ver al rubio y le sonrió con calidez, él tomó su mano y besó su dorso.

—Alice, hermanita, serás muy feliz con Jasper. Él es ésa ancla que te mantendrá con los pies en la tierra, y tú, te encargaras de que su vida no sea para nada aburrida o monótona. Ambos se complementan, son el uno para el otro.

—¿Ahora eres vidente? Creí que el puesto de vidente en la familia era mío —le sonreí y ella me devolvió la sonrisa, volteó a ver a Jasper y le guiñó un ojo, gesto que él respondió besando su mejilla.

—¿Qué hay de Rose y de mí? ¿Para nosotros no hay ninguna predicción?

—No, ustedes siempre van un paso por delante de los demás. Basta con mencionar que se casaron dos horas después de reencontrarse —ambos se rieron y compartieron un beso para nada casto, cosa que me hizo desviar la mirada de ellos, no era algo muy agradable ver a mi hermano prácticamente comiéndose a su esposa.

—¡Yo me opongo! ¡Cancelen esta boda! —giré el rostro para ver quién entraba a la iglesia gritando, Edward corría desesperado por el pasillo y se detuvo frente a mí—. Bella, no te cases con él. Te amo y...

—Llegas tarde —lo interrumpí; dolor, rabia, impotencia, desilusión, fueron algunas de las emociones que pude percibir en sus ojos—, la boda ya ha sido cancelada.

Suspiró con alivio y me dio una de esas sonrisas torcidas que me hacen olvidarme hasta de mi nombre, acortó la distancia que nos separaba y me besó, sus brazos se enredaron en mi cintura y me levantó del piso dando vueltas.

Mis pies volvieron a tocar el piso, pero Edward no se separó de mí.

—Creí que no llegaría a tiempo —murmuró sobre mis labios—. Vayámonos de aquí.

Asentí sonriendo y tomé su mano, salimos corriendo de la iglesia y nos montamos en el primer taxi libre que encontramos.

Sus labios recorrían la distancia entre mi cuello y mi clavícula, con premura quitó las horquillas que sostenían mi cabello, en un flojo moño, y éste calló libremente por mi espalda. Ahora nos encontrábamos en la habitación del hotel donde Edward se estaba hospedando, entregados a la pasión y a nuestro amor.

Bajó la cremallera de mi vestido rozando deliberadamente la piel que iba quedando expuesta, la suave tela se deslizó por mi cuerpo hasta caer al piso y Edward me levantó en volandas caminando hasta la cama, me deposito en el medio de la cama con sumo cuidado, como si fuera lo más frágil del planeta y fuera a romperme en cualquier momento.

—¿Qué fue lo que nos pasó? Por más que trato no logro entender lo ocurrido —murmuró cubriendo mi cuerpo con el suyo, obviamente, sin dejarme sentir su peso un un gramo de su peso—. Se supone que ahora deberíamos estar felizmente casados, pero sin embargo, yo terminé al otro lado del mundo, sin recordarte y como novio de Victoria.

—Tal parece que Victoria, antes y ahora, siempre se lleva lo que es mío, primero fue James y después tú —negó con diversión y me besó, pero cuando quise profundizar el beso se separó de mí.

—Te das cuenta de que, si no nos hubiésemos encontrado en Forks, tal vez tú te habrías terminado casando con Demetri y yo seguiría con Victoria.

—Nunca sabremos lo que habría pasado y, sinceramente, no quiero pensar más en eso; ahora lo único importante es que estamos de nuevo juntos —enredé mis dedos en su cabello y lo atraje hacia mí, uniendo nuestros labios—. Hazme el amor.

Nos despojamos mutuamente de nuestras ropas, bueno, en mi caso de lo poco que llevaba encima: mi ropa interior. Edward se tomó su tiempo en acariciar y besar hasta el lugar más recóndito de mi cuerpo, como si fuera la primera vez que estábamos juntos y quisiera grabarlo en su memoria, pero yo no estaba precisamente como para soportar un minuto más de este juego previo.

Entre jadeos le pedí, mejor dicho, le rogué que dejara de lado la dulce tortura a la que me estaba sometiendo y de una vez por todas me hiciera suya. Soltó una risita por lo bajo situándose entre mis piernas, besó con suavidad mis labios y sin dejar de verme a los ojos me penetró con lentitud; comenzó a moverse con un lento vaivén y mis caderas pronto le siguieron el ritmo, nuestros cuerpos pronto fueron cubiertos por una fina capa de sudor y los gemidos de ambos cada vez se volvían más fuertes.

El cuerpo de Edward se tensó, aumentó el ritmo de sus embestidas y atrapó con sus labios uno de mis erguidos pezones succionándolo y mordiéndolo ligeramente, mi espalda se arqueó a causa de la ola de placer que recorrió mi cuerpo, no lo pude soportar más y me dejé arrastrar por ese cúmulo de sensaciones que me embargaba; el orgasmo nos alcanzó a ambos al mismo tiempo y Edward exhausto se desplomó sobre mí, escondiendo su rostro en el hueco de mi cuello; por minutos nos quedamos en la misma posición, recobrando el aliento.

Nuestras posiciones fueron invertidas, Edward nos cubrió con la sábana y comenzó a acariciar en círculos mi espalda.

—Tengo algo que darte —comentó de pronto rompiendo el silencio, estiró la mano y sacó algo del cajón de la mesita de noche.

Me tendió una pequeña cajita de terciopelo roja, la abrí y no pude evitar soltar un jadeo por la impresión. Era el anillo de compromiso con el que me pidió que fuera su esposa, antes de que todo este lío se desatara.

—Después de que mis recuerdos regresaran, no sé cómo, pero lo encontré en el bolsillo de mis pantalones. Te pertenece, al menos que hayas cambiado de opinión y ya no quieras ser mi esposa.

—Esta vez no habrá salto en paracaídas ¿eh? —negó y se encogió de hombros—. No hay nada que desee más en este mundo que ser tu esposa.

Con una sonrisa sacó el anillo de la cajita y lo deslizó en mi dedo corazón, apartó un mechón de cabello de mi rostro y me besó. Terminé con el beso, apoyé mi cabeza en su pecho y comencé a reír al percatarme de cierto detalle.

—Este será mi cuarto intento de boda, espero que ahora sí sea el definitivo.

—Ten por seguro que lo será —murmuró y levanté el rostro.

Acaricié su mejilla y cerró los ojos ante mi toque, rocé sus labios con los míos y pronto nos vimos envueltos en un apasionado beso; el sonido del teléfono nos hizo separar, Edward bufó y molesto contestó.

—¿Diga? —prácticamente gruñó—. Sí, está conmigo —respondió y frunció el ceño—. Es Alice, quiere hablar contigo —me dijo y tomé el teléfono.

—¿Qué ocurre Allie? —pregunté y como respuesta obtuve un sollozo por parte de mi hermana—. Mary Alice Swan, más vale que me digas por qué jodidos estás llorando.

Tienes que venir a casa, se trata de Bree. Desapareció y nadie sabe nada de ella, parece como si la tierra se la hubiese tragado —solté el teléfono y de un salto salí de la cama.

Busqué mi ropa por el suelo y comencé a vestirme lo más rápido que pude, Edward no tardó en imitarme y, tan pronto estuvimos vestidos, salimos corriendo de la habitación. Las personas con las que nos cruzamos me veían como si estuviera loca, y nos las juzgaba, si yo me encontrara con una mujer vestida de novia corriendo hacia la salida de un hotel, también lo pensaría.

Edward detuvo un taxi y abrió la puerta para mí, pero me quedé congelada en mi lugar al recordar cierta cosa.

Mis ojos se abrieron al ver a la mujer, o mejor dicho adolescente, pues no pasaba de los diecisiete años, que me veía seria y con los brazos cruzados a la altura de su pecho. Era un poco más bajita que yo, de cabello rojizo y rizado que caía hasta un poco más abajo de su cintura, su rostro era hermoso, muy parecido al de esas muñecas de porcelana, ojos color miel, vestía un vestido blanco como los que usaban las mujeres en la antigua Roma y en mi vida la había visto.

La chica de mi recuerdo era exactamente igual a Bree, con la excepción del cabello y color de ojos, ella me reunió con Edward aquella noche y también lo hizo ahora.

—No creo que vayamos a encontrar a Bree —murmuré y Edward frunció el ceño confundido por mis palabras.

Iba a lamentar mucho no volver a verla, me hubiese gustado tener la oportunidad de agradecerle lo que hizo por Edward y por mí.

BREE POV.

Ya habían pasado dos meses desde que todo terminó, yo había sido restaurada como ángel guardián de nuevo y estaba feliz con eso, pero no podía evitar echar de menos mis días como humana y, sobre todo, a las personas que conocí.

Suspiré con pesadez y seguí con mi camino, me encontraba caminando con lentitud por el lugar, algunos ángeles que me encontraba a mi paso me veían como si estuviera chiflada, y a estas alturas del partido, yo también lo estaba comenzando a creer; digamos que a pesar del tiempo no había podido dejar de lado algunos hábitos humanos, entre ellos caminar en vez de volar.

—¡Bree! —detuve mi andar y Lili pronto estuvo a mi lado—. Su Señoría quiere verte.

—Gracias, ahora mismo voy —di media vuelta y esta vez no fui caminando, ahora sí usé mis alas para llegar más pronto a mi destino.

Llamé un par de veces y tras el suave "pase" entré. Su Señoría me sonrió con cortesía, con su mano hizo una señal para que me acercara y así lo hice.

—Estuve hablando con el consejo, Bree. Hoy es la boda de Edward e Isabella, después de mucho deliberar llegamos a un acuerdo: te permitiremos ir. Será algo así como una forma de que te despidas de ellos —abrí mis ojos tanto me fue posible y, una vez asimilé la noticia, sonreí ampliamente—, pero hay una condición: ellos no podrán verte.

—Lo comprendo y lo aceptó, muchas gracias su Señoría —he de admitir que la última parte me decepcionó un poco, oh está bien, mucho; pero al menos podré verlos por una última vez.

La boda se celebraría en el jardín de la mansión Swan, no habían sido requeridos muchos invitados, solamente la familia y algunos de los amigos más cercanos.

Sentada en una rama de un árbol del jardín tenía una vista de primera mano, sin poder evitarlo sonreí, tal parecía que todo se arregló de la mejor manera posible después de todo.

Tanya estaba sentada junto a Demetri y cada uno sostenía a uno de sus pequeños, se veían contentos y realmente felices. Victoria iba recién llegando enganchada al brazo de James, él besó su mejilla y ella le respondió con una sonrisa, se notaba que habían congeniado de maravilla y el amor florecía de nuevo en ellos. Desvié la mirada de la pareja y me encontré con Diego, estaba sentado un tanto alejado de los invitados y se veía triste, mi corazón se contrajo dentro de mi pecho y me obligué a no verlo más.

La novia hizo su aparición dando así comienzo con la ceremonia, su vestido era sencillo y se veía simplemente hermosa, radiante, pero sobre todo feliz; Edward la veía como si fuera la luz de sus ojos, y en ningún momento apartó la mirada de ella mientras caminaba hacia él. Todo fue muy emotivo, pero sin duda los votos de ambos fueron lo más hermoso que hubiese escuchado jamás, hasta me sacaron un par de lágrimas.

Cuando la pequeña recepción dio inicio, supe que era el momento de marcharme, suspiré sonoramente y antes de irme busqué a Diego con la mirada, esta sería la última vez que iba a tener oportunidad de verlo.

—Te deseo que seas inmensamente feliz, Diego, te lo merecés —susurré al aire.

—Hola, chica del bar —al pie del árbol se encontraba Bella y me veía con una sonrisa, ¿qué no se suponía no podrían verme?—. Me pasó por la cabeza que podrías ser desde un hada, un duende o hasta una genio atrapada en una botella, pero nunca me imaginé que fueras un ángel precisamente.

—¿Sabes quién soy?

—Claro que sí, y ahora entiendo el por qué desapareciste sin dejar rastro —de un saltó bajé del árbol, Bella veía con curiosidad mis alas y al percatarse que la había visto apartó la mirada.

—Anda, tócalas. Sé que tienes curiosidad —me di media vuelta quedando de espaldas.

—Esto es increíble —murmuró pasando la punta de sus dedos por mis alas, suspiró y me giré quedando frente a ella—. Todos nos preocupamos mucho por tu desaparición, incluso Diego aún no deja de buscarte, tiene la esperanza de que te encontrará

—Algún día se resignará y perderá la esperanza de volver a verme —asintió y tras suspirar de nuevo, se lanzó sobre mí abrasándome fuerte.

—Gracias, muchas gracias por todo. Sin tu ayuda Edward y yo no estaríamos juntos en este momento —lo más apropiado sería decir: que sin mi ayuda ellos no habrían tenido tantos problemas.

—No hay nada que agradecer —unos pasos acercarse nos hicieron voltear, Edward se acercaba con una sonrisa a nosotras.

—¿Qué haces aquí sola, amor? —Bella frunció el ceño y abrió la boca para responder.

—Él no puede verme —me apresuré a aclararle—. Adiós, es tiempo de que me vaya.

Asintió y se abrazó a su esposo, le susurró algo al oído y él besó su mejilla. Le di una última sonrisa antes de dar media vuelta, pero antes de irme tenía que decirle algo.

—Bella, la primera vez hiciste responsable, a la "maldición" de los caminos cruzados, de que Edward y tú estuvieran juntos. Creo que ahora el nombre sería: "maldición" de los Caminos Cruzados... ¿De Nuevo?

—Sí, ese sin duda sería el nombre perfecto —me dijo y ambas reímos.

Fin


¡Hola! Pues ahora si esto está por terminar, sólo nos queda el epílogo. De todo corazón espero que les haya gustado y muchísimas gracias, a todas y cada una de ustedes, por su apoyo a lo largo de esta loca travesía. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, allí estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's así como noticias sobre futuros proyectos, si quieren unirse encontraran el Link en mi perfil.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que leo todos y cada uno.

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Jueves: Siempre te Amaré (últimos capítulos)

Viernes: Caminos Cruzados... ¿De Nuevo? (últimos capítulos)