Los personajes no me pertenecen,
son del mágico mundo de J.K Rowling :)
*Dramione*
Parte II
Draco se movía de un lado a otro en su habitación…. de seguro se fue, tiene que haberse ido. Es imposible que siga acá. Deja de pensar tantas estupideces.
No podía bajar, ya había sido suficiente con todo lo que confeso y como se expuso ante ella. Ahora le quedaba olvidar lo que paso y ocuparse de Zabini. Esperaría hasta que amaneciera para estar completamente seguro de que Granger ya no estaba.
Maldita sea Hermione Granger tenias que ser tú la que viniera a complicar mi vida cuando ya esta lo bastante enredada.
Se sentó en la orilla de la cama y apoyo sus codos en las piernas. Repaso su rostro con sus frías manos mientras demasiados pensamientos lo abrumaban.
Si tal vez no me hubiese portado como un imbécil en los años de Hogwarts… rió por dentro, al fin y al cabo era un Malfoy y no estaba dentro de él arrepentirse de un día para otro. Además ella no podría negar que algo le provoco aquel beso, y claramente no fue repulsión.
-Es hora de terminar esto − se dijo el rubio a sí mismo y salió de su habitación. Camino serenamente mientras bajaba por la escalera, el sol recién venia saliendo lo que producía que la Mansión Malfoy luciera aun lúgubre. Paso por fuera de donde dejo la última vez a Hermione, las luces estaban apagadas y aunque sintió un poco de alivio también algo se removió en su interior − es mejor que me ocupe de lo importante, concéntrate Draco − hablarse se había convertido en una costumbre desde que pasaba tanto tiempo solo, no es que se estuviera volviendo loco… solo se sentía solo.
Se dirigió hacia la puerta que daba con el piso de abajo cuando una voz lo hizo congelarse por unos segundos.
-Te demoraste bastante − el rubio se giro despacio hacia donde provenía aquel sonido, trato de enfocar su visión pero no lograba ver nada − estuve a punto de ir a buscarte − la castaña salió de la oscuridad y se encontró de frente con él.
-¿Qué haces acá?
-Pensé que eras mas hospitalario Malfoy − Hermione se cruzo de brazos.
-No deberías estar en mi casa − recalco mi − es mejor que te vayas − le dio la espalda y tomo el pomo de la puerta.
-Detente, tenemos que hablar.
-Créeme, no hay nada de qué hablar. ¿Qué tema podrían tener en común un Malfoy con una Granger?
-Pues empezaría con el beso de anoche − el rubio tenso su cuerpo, no estaba dispuesto a que la castaña se riera de él. La miro por sobre su hombro.
-Y terminaría con que no me rechazaste − ella frunció su ceño − hay que dejarlo así, piensa en que estaba ebrio. Porque esa sería la única forma en que te miraría de otra manera, sabelotodo insufrible − sabia cuanto le molestaba que la llamase así, por lo que no se hizo esperar aquel rojo en sus mejillas.
-¡Solo te respondí porque había sido víctima de una tortura, mis cinco sentidos claramente no estaban en su lugar! − el sonrió burlescamente y se volvió hacia la puerta.
-Repítete eso todas las noches hasta que te lo creas.
-Eres un hurón cobarde − quiso provocarlo pero el siguió dándole la espalda.
-Aunque me gustaría discutir contigo Granger y recordar aquellas peleas de antaño, tengo cosas que solucionar.
-No quiero que le hagas nada a Zabini − esa simple frase hizo que Draco se volviera completamente en su dirección.
-¿Qué acabas de pedirme?
-Lo que escuchaste, creo que me lo debes.
-¿Te lo debo? − cada palabra que salía de esa castaña lo descolocaba.
-Si − camino hacia él − no lo denuncie al ministerio.
-¿Ya le diste la noticia al mundo de que sigues con vida?
-Por supuesto.
-¿Y te dejaron salir sabiendo que desapareciste hace unas horas?
-No le dije a nadie, no tienen porque saberlo ¿o sí?
-Es cosa tuya − Draco alzo sus hombros restándole importancia − bien Granger, nos vemos.
-¿No me escuchaste?, quiero que dejes ir a Zabini − Hermione tomo el brazo de él − por favor.
-¿Por qué demonios quieres eso?... creo que podría entender al mundo entero pero nunca a ti.
-Es solo que… − la castaña cerro sus ojos buscando como decirlo − es solo que no quiero que te involucres mas en esto. Te agradezco por haberme salvado pero es mejor dejarlo ir. No recordara nada de lo que paso y es suficiente para mí.
-¿Y qué pasa si quiere hacerlo otra vez? − ella se mordió su labio inferior con fuerza − si se le ocurre de nuevo hacerte daño − el rubio llevo su mano a los labios de ella y lo libero de su presión − no podría estar tranquilo. Maldición Hermione, aunque no lo creas me preocupas − suspiro lo ultimo mientras bajaba un poco la cabeza y la apoyaba en la de ella. El contacto de sus pieles hizo que les ardiera el corazón por ese leve momento de unión.
-¿Por qué ahora? − lo cuestiono en un susurro.
-No lo sé, soy egoísta y no puedo cambiar eso − él frunció el ceño y se alejo de la castaña. Estar cerca de ella lo confundía, le hacía decir cosas que solo se guardaba para sí mismo.
-¿Y todos esos años de insultos? porque si me dices que era tu forma de mostrarme tu cariño déjame dudarlo.
-Puedes dudar de todo lo que te diga, conociéndote, lo raro sería que me creyeras a ciegas.
-¿Acaso me conoces?
-Siempre has sido una sabelotodo insufrible, está en tu naturaleza buscar respuestas para todo − las mejillas de ella se volvieron a colorear.
-Eres tan… odioso − el rubio hizo una mueca que luego se convirtió en una leve sonrisa.
-Es una de mis virtudes, Hermione − se volvió a acercar a ella.
-Deja de decir mi nombre − la castaña cerro sus ojos con fuerza y sacudió su cabeza − lo haces de una forma tan natural, como si lo hubieras pronunciado constantemente… algo que nunca ha pasado.
-Pues en mis pensamientos te llamo de esa forma…− maldijo su boca suelta pero de igual forma le acaricio la mejilla provocando que ella volviera a abrir sus grandes ojos marrones que se encontraron de plano con los grises de él. Draco la observaba como si la viese por primera vez, registrando en su memoria cada milímetro del rostro de ella, cada gesto porque nada le garantizaba que volvería a tenerla tan cerca otra vez − Hermione − su nombre le supo como el roce del viento: refrescante.
-Draco…− la castaña lo llamo en medio de un suspiro involuntario haciendo sonreír al rubio− Se te olvida que eres un ególatra.
-¿Qué? − él la observo sin entender a que venía eso.
-Dijiste que eras egoísta, solo se me vino a la mente otra imperfección − él alzo una ceja divertido por la ocurrencia de ella justo en el momento que estaban tan cerca que casi podían sentir el aliento del otro.
-No lo veo como un defecto, sino como algo que me hace mas especial − volvió a sonreír, ¿Desde cuándo Malfoy sonreía tanto?, la castaña estaba segura que la respuesta era desde nunca.
-Define "especial" − Draco no lo admitiría pero extrañaba su lengua viperina.
-Vamos Granger… lo sientes ¿no? − ella frunció el ceño sin comprender − Yo represento para ti todos los pecados, que nunca has tenido el coraje de cometer.
-Me sorprendes Malfoy… Oscar Wilde.
-¿Por qué a mí no me sorprende que lo conozcas? − tomo el rostro de ella y deposito un beso en la punta de su nariz − sabelotodo insufrible.
-Huron egocéntrico − Hermione acorto la distancia para besar a aquellos labios fríos porque, aunque solo lo admitiera por dentro, seguía en su memoria el recuerdo de ellos desde la noche anterior.
Siguieron explorando los labios del otro por varios minutos, era como si cada toque fuera nuevo e inexplorado. Sentían la necesidad de descubrirse a base de besos y caricias. Deseaban prolongar aquel efímero momento donde ya no importaban los apellidos, la sangre, su círculo de amigos, lo que diría el mundo mágico… donde solo era un chico besándose con una chica.
Pero el mundo no se detiene, debe continuar en su movimiento cíclico y con ello viene la escasez de aire por lo que deben separarse y volver al tiempo real.
-Debo ir a ocuparme de Zabini − Draco aprovecha el lapso de embobamiento de Hermione y se escabulle por la puerta en dirección a la mazmorra.
Era la segunda vez que aquel rubio egocéntrico la dejaba sola, y la castaña se hizo prometer a si misma que para el tercer round ella lo dejaría a él.
Perdón por la demora, culpemos a la universidad y a la vida real okey (?) xD
Un abrazo, Lena.
