Hay días en los que estoy tranquilamente viendo viejos capítulos de Buffy, La cazavampiros, escuchando un nuevo album o simplemente perdiendo el tiempo en tumblr, cuando de repente BOOM "The following member has added your story to her/his Favorite Stories list" ¿Es en serio? Es lo primero que pienso. Después viene la culpa. La última vez que recibí uno de esos correos fue el lunes pasado, de una historia que no he actualizado en 4 años. ¿Cómo no sentir algo de culpa y vergüenza cuándo lo pongo así? Pero si algo puedo decir en mi defensa, y que ya lo he dicho antes, es que esta historia va a tener un final y que a veces necesitas crecer para terminar una historia. Creo que eso es lo que me ha pasado. Tenía la idea de una fantástica historia, pero no tenía las vivencias. Espero tenerlas ahora. Por último, no saben lo agradecida que estoy a las personas que me han dejado un review, (esos siempre me dan ideas y hacen que mi corazón lata más rápido de lo normal), y a las personas que han agregado mi historia a sus favoritos, o que la están siguiendo, aún cuando está inconclusa. Creo que no hay mejor forma de agradecerles que continuando. Gracias. Y espero que lo disfruten.

Cap VII

Hermione regresó sumamente enojada a la sala común de Gryffindor. Estaba tan enojada que no fue hasta que Ginny la tomó por el brazo, en las escaleras que dan a las habitaciones de mujeres, que Hermione dejo de pensar en lo idiota que era Malfoy y en lo increíblemente idiota que era Snape. ¿Cómo podría siquiera pensar que había algo entre ella y Malfoy? ¡Por favor! ¿Quién podría pensar que algo así era verdad?

-Por tu cara supongo que no fue nada bien. -le dijo la pelirroja.

-Mal sería decir poco. -le confirmó la castaña. -Ginny no sé qué es lo que debería de hacer. Todo fue tan gratificante. -Las dos amigas habían terminado de subir y se dirijian a la cama de Ginny al ser la más cercana de las dos.

Hermione empezó a relatar lo sucedido desde que la había dejado en las escaleras después de la cena, hasta llegar a la forma en que los fríos ojos de Snape la dejaron en los pasillos de las mazmorras, con un escalofrío recorriendo su columna.

-Sabía que Malfoy era un patán, -comentó Ginny, su cara empezaba a enrojecer de furia. Nadie se metia con sus amigos. Ginny juró que Malfoy iba a pagar por lo que había hecho, ya que sabía que su amiga nunca lo iba a ser, por dos simples razones. La primera, porque su conciencia y su corazón jamás le permitirían planear una venganza nunca le permitirían planear una venganza como la que Malfoy merecía. Y en segunda, porque su pequeña cabeza estaba inundada de pensamientos sobre Snape y como quitar esa mirada fría en sus ojos.

Hermione terminó acostándose, derrotada en la cama de su amiga, mientras que la otra la miraba con un brillo calculador.

-¿Estás dispuesta a todo? -por fin le preguntó Ginny.

Hermione la volteó a ver. Su semblante era serio, aunque se había sonrojado. Fijó su mirada en la pelirroja y con la voz más segura que tenía le respondió a su amiga.

-Lo estoy.

-Bien. Quiero que te quedes tranquila o lo más tranquila que puedas. -Ginny sacó un pequeño frasco, no más grande que la palma de su mano, de un profundo color azul y se lo dio a su amiga. -Toma una gota de esto y yo me encargo del resto. -Le dijo guiñandole un ojo.

-¿Qué es eso? -preguntó Hermione.

-Una poción para dormir. Se la doy a Ron cuando Harry y yo necesitamos un tiempo a solas. Normalmente le doy unas cuatro, cinco gotas con su jugo de calabaza, ya sabes que no toma otra cosa cuando estamos aquí. Media hora después… Bueno, ya sabes. -Hermione miraba a su amiga sin saber muy bien si debería de verla atemorizaba por lo que era capaz de hacer o divertida, por la misma razón. -No te preocupes, con una gota sólo vas a sentirte más relajada y el sueño llegará más rápidamente.

Hermione por fin tomó el frasco. Ella no sé sentía tan afectada como para tomar una poción, pero realmente no quería pasar otra noche en vela, pensando en todas las posibilidades que podrían ocurrir mañana.

-¿Tú que vas a hacer? -preguntó Hermione antes de tomar la poción que su amiga le extendió.

-Eso es una sorpresa -Ginny volvió a guiñarle un ojo. -Pero si me puedes ayudar con mi tarea de Defensa contra las Artes Oscuras te lo agradecería mucho.

Hermione volteó a ver a su amiga con una gran sonrisa. Sentía como si dos kilos de piedras se los hubieran quitado de los hombros. Su cabeza también se sentía más ligera. Tal vez no debió de haberse tomado esa gota extra.

-Si las cosas salen bien mañana, -la castaña dio un gran bostezo antes de mover las sábanas de su cama y meterse entre ellas -hago tu tarea por toda la semana.

-Voy a tomar tu palabra. Ahora descansa, mañana va a ser un día muy interesante.

Lo último que vio Hermione antes de caer en las profundidades del sueño fue el rostro de Ginny. Por un momento juró que el rostro de su amiga tenía la sonrisa de los gemelos antes de usar el mapa del merodeador. Aunque le debería de preocupar que las intenciones de su amiga no fueran buenas, en ese momento a Hermiones simplemente no le importó y se dejó ser arrastrada por la marea de la inconsciencia.

En el momento en el que Ginny vio que su amiga ya no le respondería hasta la mañana siguiente corrió hacia su baúl. Revisó entre túnicas y rollos de papel hasta llegar a una revista. La sacó junto con un pedazo de pergamino, pluma, tinta y la pequeña bolsa de terciopelo que le había dado Harry para ese tipo de regalos que eran para los dos.

Ginny se apresuró a revisar la revista y anotó varios códigos en el pergamino para después doblarlo con todo el cuidado del que era capaz. Dos minutos después de que la castaña había caído rendida la pelirroja salía corriendo de la torre de Gryffindor.

Mañana, con más calma les escribiría a los gemelos, pensó Ginny, necesitaba algunas cosas que no podía conseguir en Hogsmeade sin levantar sospechas. Cuando por fin regresó a la sala común de Gryffindor se dirigió, sin pensarlo, a las piernas de su novio. La pelirroja tenía una gran sonrisa.

-¿Necesito preguntar? -preguntó Harry.

-No lo creo. -dijo Ginny antes de besarlo.

Hermione juró que podía escuchar a los pájaros cantar en el bosque prohibido, o tal vez sólo eran las lechuzas después de una noche de caza. Había dormido tan bien, como no lo había hecho en semanas. Se estiró en la cama dejando que los huesos de su espalda sonaran con un satisfactorio "plop." Después con una gran sonrisa volvió a acomodarse entre las sábanas. El sol entraba por la ventana calentando sus pies. No había nadie en los dormitorios. El cielo azul, sin ninguna nube reflejaba la tranquilidad que había en la mente de la castaña. Le era tan agradable estar acostada, sin tener que preocuparse por sus compañeras ruidosas, retoques de último momento en algún ensayo o la indiferencia de Snape.

Snape, ese horrible ser de ojos fríos, semblante hosco y lengua venenosa. Snape, ese ser tan emblemático. ¿Por qué siempre tenía que comportarse como si lo supiera todo? Siempre listo para juzgar sin darle oportunidad a las personas de explicarse. Justo como lo que había pasado con Malfoy. Hermione estaba segura de que Snape había creído la vil mentira que había dicho ese horrible remedo de hurón. Hermione sabía que Snape nunca había tenido una vida sencilla, ni mucho menos, por lo que comprendía que siempre pensará lo peor de las personas, pero ella no era así y él tampoco. Él debía de saberlo. Hermione sabía que aunque Snape siempre trataba de mostrar su lado más aborrecible, viperino y francamente frustrante, sólo lo hacía para que no lo lastimaran más. No te pueden lastimar si no hay nadie cerca de tí para hacerlo. Vaya que Hermione sabía cómo era eso, pero gracias a Annie, Harry y Ron, ella se había dado la oportunidad de dejar que otras personas entraran en su mundo, le habían enseñado que hay personas que preferirían cortarse un brazo antes de lastimarla intencionalmente, justo como ella lo haría. Sí tan sólo Snape le diera una oportunidad para demostrarselo.

Ella podría enseñarle que no sólo era una insufrible sabelotodo de Gryffindor, podría enseñarle que ella era una persona con un enorme corazón, que se lo podría entregar en cualquier momento, que podía amarlo como él se merecía…

La castaña abrió sus ojos mientras se sentaba. ¿Qué era lo que estaba pensando? ¿Amarlo? ¿De dónde salieron palabras tan cursis? No, nada de amor. Si esto era sólo un estúpido enamoramiento. Una etapa. Un cliché . La alumna que se enamora del maestro. La niña buena que se enamora del chico malo con un pasado triste. Eso debía de ser todo. Nada más, especialmente nada de amor.

¿Por qué demonios se le había ocurrido eso? Hermione sabía que no debía de pensar en amor. No después del fiasco que había tenido con Ron. No creía que podría soportar una humillación como esa una vez más. Es más, no es que pudiera, es que se rehusaba a sufrirla, por eso esto no podía ser amor.

La castaña tomó su uniforme, empezó a ponérselo con calma. Por la posición del sol sabía que ya debía de estar en el gran comedor, por alguna razón, la campana que siempre estaba sonando en su cabeza y que le permitía saber que ya era tarde ahora se encontraba en silencio.

Cuando por fin terminó de vestirse entró Ginny corriendo. Tenía una enorme sonrisa en el rostro. En una mano llevaba un pan con mantequilla y mermelada y con la otra sostenía un paquete a su cadera. Aunque el papel marrón la intrigaba, el olor a pan recién horneado hizo gruñir a su estómago. Tenía que ocuparse de eso primero. Miró a Ginny. La pelirroja comprendía a su amiga, sin que ella tuviera que decir una palabra le entregó el pan. Hermione la miró agradecida y le preguntó acerca del paquete después de que tragó el primer mordisco.

-Herms, ¿Esto? Es la respuesta a tus problemas. -Ginny se acercó a la cama. -Ahora no tenemos mucho tiempo para entrar en detalles, pero quiero que me escuche bien y repitas después de mí: Soy una mujer hermosa y nada me da miedo. -Hermione repitió. -Soy inteligente, soy sexy y el hombre en el que fije mi mirada terminará a mi pies.

Ginny sonrió al ver como Hermione repetía sus palabras sin oponer resistencia. Nunca la había visto tan tranquila.

-¿Que hay en el paquete Ginny? -Hermione volvió a preguntar. La semilla de la curiosidad había empezado a crecer dentro de ella.

-Es algo que Harry me enseñó. Al parecer es muy común entre los muggles. Se llama lencería. -Hermione sintió como los colores le subían. -Perfecto. Sabes lo que es. Ahora, recuerda mis palabras: Soy inteligente, soy sexy y el hombre en el que fije mi mirada terminará a mis pies. Tenemos que irnos ahora, si no te apresuras vas a llegar tarde a clase.

Ginny ya se había parado y esperaba a su amiga junto a la puerta. Hermione simplemente la siguió.