Un joven rubio de pelo lacio y descontento en la mirada se colocó ante el atril de la sala, una habitación ocupada por una decena de personas aburridas.
Se aclaró la garganta, y con una voz firme y grave comenzó su discurso.
-Hoy vengo a hablaros de uno de los tantos muertos de la guerra, pero quiero hablar de él, porque no era buen director, buen profesor o buena persona, y esto solo hace sus acciones más loables.
Porque pone de manifiesto que la luz solo puede mostrar su verdadero brillo donde hay oscuridad.
Cuando un futuro incierto acechaba, él se convirtió en una sombra, cometió el peor de los pecados, para evitar que un alma herida se convirtiese en un alma perdida, se infiltró entre el enemigo para conocer su punto débil, resistió la tentación pasada de gloria para guiar el camino a la victoria, cuidó de aquel que le recordaba su miseria sin esperar recompensa. Sabía que enfrentarse al Señor Oscuro significaba una muerte pronta, pero no le importó porque lo hacía por amor, un amor inquebrantable que le llevó a la tumba.
Quería hablaros de él, porque a pesar de todo, era el jefe de mi casa, era mi mentor, era una persona. Y que solo pueda hablar de como era Severus Snape, ES una tragedia.
Así fue como Draco Malfoy despidió a uno de los pocos aliados que había tenido en su vida, de manera simple y sincera.
