Más de un año ya… Madre mía… Pero bueno, me he dignado a continuar con mi relato sobre las aventuras y desventuras de la peculiar pareja con un pequeño lemon, aviso, porque hacía mucho tiempo que quería escribir uno y no sabía cómo… Debo disculparme por todo el tiempo que ha pasado, pero mis estudios me tienen extremadamente ocupada y he tenido un bloqueo con la historia bastante importante. A estas alturas ya no prometeré nada de subir más frecuentemente porque no va a ser posible, sobre todo ahora que se aproximan los exámenes de acceso a la universidad. Muchas gracias a todos mis seguidores por los reviews, los favoritos y todo el amor recibido durante este largo período inactivo! Y sin más dilación, allá vamos :D
Capítulo 7. Amor y odio
"¿A-a-a-Aoko? ¿Qué se supone que estás haciendo? ¡Debes volver ahora mismo a Toyko!" Dijo Saito algo enfadado a su amiga, que le miraba cabizbaja.
"Pero Saito… entiéndeme, hace mucho que no nos veíamos y… ¡quiero estar contigo!" Dijo ella al mismo tiempo que se abrazó a él.
Saito, instintivamente, miró a Louise, que estaba siendo examinada por Siesta para ver cómo estaban sus vendajes, para poder defenderse si su esposa iba a pensar lo que no era-
"¡Aoko suéltame! Ahora estoy casado y Louise tiene un temperamento muy malo… No lo sabes tú bien. Además, este no es lugar para ti, tu madre estará preocupada."
"P-p-pero Saito… Anda…" Se arrima más al pelinegro y de repente aparece la pelirosada, cojeando un poco y propinándole un puñetazo a Saito.
"¿Se puede saber qué haces, perro pervertido? Nunca vas a cambiar." Dijo una Louise algo enfadada. Sin embargo, el puñetazo que propinó no era tan fuerte como él se esperaba.
"Vamos Louise, debes descansar un rato". Saito soltó a Aoko y cogió a su esposa en brazos.
Mientras Saito y Louise se alejaban, Aoko susurró un "te odio", solo imperceptible para la maid que hasta hace poco estaba inspeccionando a Louise, Siesta.
"¿Le ocurre algo, Aoko-san?" Preguntó la sirvienta con su típico tono dulce.
"No… nada. Es simplemente que se me hace duro ver a Saito con esa. Es que soy su amiga de siempre y claro… Se me hace difícil. No creo que lo entiendas."
"La entiendo más de lo que cree. Yo misma estoy enamorada de Saito-san. Pero sin embargo, he aprendido a tolerar que él esté locamente enamorado de Louise-san y créame que más de una vez he intentado hacerle cambiar de opinión, pero ha sido imposible. Nosotras no tenemos nada que hacer." Explicó la maid.
"¿Y por qué trabajas para ellos? ¿No se te hace difícil convivir de ésta manera?
"Con solo ver a Saito-san sonreír ya me siento bien. Y con ella es imposible verle triste. Creo que yo nunca le he hecho tan feliz"
"Saito…" dijo Louise tiernamente
"Louise…" Responde él de la misma manera "¿Ya estás bien de los golpes?"
"Siesta me ha hecho un checkeo y me ha dicho que estoy bien. Pero aún no sé el porqué del fallo de mi magia… Pero tampoco ha sido como los fallos que solía cometer antes de saber que era portadora del vacío… ha sido algo diferente…"
"Es que el lugar al que quería llevarte ya no existe… Así que por eso ocurrió eso." Saito de repente se puso melancólico "Aahhh… es que parece que no pero he estado mucho tiempo fuera…"
"Saito… yo… lo siento…" dijo Louise entre sollozos
"¿Por qué?"
"No he sido más que una molestia… te arrebaté de tu hogar y ahora que vuelves te persiguen y te obligan a marcharte otra vez… Me pongo en tu lugar y no puedo evitar pensar lo duro que debe ser para ti y…" comienzan a car unas lágrimas por sus mejillas, que su marido apartará con el dedo
"No te sientas así… por favor…" dijo él, comenzando a sollozar al ver lo mal que lo pasaba su mujer al pensar en él. "Ahora este es mi hogar… Donde tú estés será mi hogar" dicho esto la besó profundamente en los labios, sin prisa, hasta que se separaron por la necesidad de respirar.
"Saito…" Solloza otra vez al separarse, pero inmediatamente después le agarra de la camisa y aproxima sus labios hacia él, uniéndolos otra vez y de la fuerza del beso acaban por caer en la cama, la chica encima de él.
Hacía mucho tiempo que no tenían tiempo para ellos solos y era algo que necesitaban. Antes de nada, Louise aplicó un hechizo a la puerta para que esta no se abriera pasara lo que pasara.
Atención: inicio LIME
Antes que se diera cuenta, su marido ya intentaba quitarle la camisa y poder tocar su suave y tersa piel. De la misma manera, Louise desabrochaba la chaqueta de su Chevalier y seguidamente la camiseta para poder admirar su torso desnudo y comenzar a acariciarlo. Saito estaba tan impaciente que sin más preámbulos se dio la vuelta para estar encima de Louise y se dispuso a dejarla en ropa interior, cosa que ella también hizo con los pantalones de su marido. Él necesitaba poseerla y sus instintos animales estaban a flor de piel al verla tal y como estaba, solo en ropa interior. Poco a poco le fue quitando el sujetador y se dispuso a tantear sus pechos, haciendo que ella gima un poco y murmure su nombre. Al hacerlo, sin saberlo, Louise había despertado al 100% la bestia que habita dentro de Saito.
Se acomodó en la cama y después de unas caricias y unos besos calenturientos de manera casi imperceptible Saito quitó la última pieza de ropa que le quedaba a Louise e hizo lo mismo con sus bóxers de la impaciencia. Louise vió su miembro palpitante y no pudo evitar sonrojarse. Ya lo habían hecho antes, pero no podía evitarlo. Al ver la cara de su amada, Saito no puedo evitar excitarse aún más y penetró en ella de un golpe mientras le besaba el cuello, dejando algún que otro chupetón. Las caricias, los besos y las vibraciones que Louise sentía eran algo indescriptible y eso hacia inevitable una sarta de gemidos de tono elevado alabando a su marido. Saito estaba en plena faena, parecía una bestia insaciable en la cama y había alcanzado una gran velocidad. Su miembro estaba cada vez más dentro de ella y lo disfrutaba de sobremanera. Estaba al borde del clímax.
"L-l-l-l-Louise… yo… ya… no…" Dijo en medio del éxtasis
"Saito… yo también…" No pudo terminar su frase cuando sus fluídos ya estaban alrededor del miembro extremadamente erecto de Saito que también le hizo sucumbir dentro de ella.
Ambos gritaron al unisono el nombre del otro de manera tan elevada que casi se pudo escuchar en todo Orniéres, de la misma manera que Aoko, Siesta y la resta del servicio les escucharon.
Louise pudo sentir como el semen de Saito corría a través de sus piernas y su cuerpo y Saito notaba los fluidos de Louise alrededor de su pene al salir de ella y descansar un poco.
"Madre mía…" Fue lo único que pudo decir el pelinegro después de tan placentera experiencia. "Louise… te amo."
"Saito… yo también te…" Antes de pronunciar la última palabra Saito le dio otro beso, muy profundo y sensual, mientras a su vez los dedos del caballero jugueteaban con el clítoris de ella, haciéndola gemir otra vez. "¿Quieres hacerlo otra vez?" dijo Louise entre beso y beso.
Él no la dejaba contestar ya que tenía la necesidad de conectar su boca con la suya.
"Perro lujurioso… tú te lo has buscado" dicho esto se dio la vuelta y la muchacha comenzó a maniobrar con sus delicadas manos su miembro, arriba y abajo hasta que en un momento dado comenzó a lamerlo.
Saito gemía una y otra vez el nombre de su esposa mientras ésta le hacía una felación.
"Yo… necesito… otra vez… oohh… Louise…" Con una fuerza inhumana Saito agarró a Louise y la empotró contra la pared de su habitación, volviendo a introducirse dentro de ella y a los segundos, entrando en un orgasmo aún mayor que el de antes gracias a las maniobras anteriores de su esposa.
Él volvió a soltar sus fluídos dentro de ella y Louise volvió a derramar los suyos sobre Saito. Los dos cayeron al suelo del éxtasis. Saito se sentó en el suelo y Louise quedó sentada encima de él, aún dentro de ella. Las piernas de Louise abrazaban la espalda de Saito sin intención de dejarle marchar.
"Por el fundador…" Fue lo único que ella pudo decir después de tanto placer.
Saito se levantó agarrando a su esposa por el trasero desnudo y la llevó a la cama.
"Louise… por cosas como ésta, entre muchas otras, no me arrepiento de haberte conocido y de haberme enamorado de ti."
Finalmente se separó de ella, le dio un último beso en los labios y ambos desnudos descansaron sobre las mullidas almohadas.
FIN LIME
"Madre mía… hoy han sido especialmente ruidosos. Creo que ha superado incluso su primera vez" dijo la sirvienta con una voz bastante normal
"¿Tan frecuentemente lo hacen…?" dijo Aoko entre apenada y sorprendida. Nunca había tomado a Saito como alguien tan ruidoso y apasionado en la cama ya que en Tokyo, antes de irse a Halkeginia, se veía como alguien mas bien apático.
"Si yo te contara… las primeras veces incluso solía entrar después para entrometerme un poco, pero ahora Louise-san siempre hace un conjuro para que no entre nadie" Siesta, mientras tanto, servía algo de té a la invitada furtiva.
Las dos lunas brillaban intensamente en el momento en que todo el mundo se puso a dormir, a excepción de Aoko, cuya habitación permaneció con la luz encencida toda la noche al no poder conciliar el sueño.
Mientras tanto, en Tokyo, la Sra. Miyakawa estaba siendo interrogada por Kaito, el mellizo de Saito, pero no llegaba a buen puerto y la dejaron en libertad. El coronel Miyakawa describía con pelos y señales todo lo que pudo ver del otro mundo y en lo que el avión se había estrellado.
"Parece imposible de creer, lo sé, pero lo he visto con mis propios ojos. Cuando encontremos a la pelirosa si hace falta le obligaremos a abrir el portal otra vez y procederemos a investigar el lugar y si es necesario procederemos a la conquista" dijo el coronel.
"Pero señor, no sabemos qué tipo de tecnología hay entre la gente de ese universo. Tampoco es necesario proceder a una conquista de territorio." Dijo uno de los subordinados
"Si ofrecen resistencia yo no veo otra alternativa. Las investigaciones deben hacerse sí o sí. Después del robo del avión y los múltiples insultos recibidos, ¿No crees que volveríamos a rehacer nuestro honor si conseguimos un nuevo territorio anteriormente desconocido? ¡Seríamos como Cristóbal Colón al descubrir América!"
"Así se habla coronel Miyakawa… Y ya de paso así aprenderá mi hermanito a no tocar los juguetes de los demás…" Finalmente dijo Kaito, con un tono lúgubre. "Tenemos que recuperar los misiles experimentales que Saito robó y para ello necesitamos un nuevo campo de entrenamiento. Tal vez ese nuevo mundo sea lo que buscamos"
¿Volverán Saito y Louise a Tokyo?
¿Intentará hacer algo Aoko para entrar en la vida de Saito otra vez?
¿Invadirá el ejército japonés Halkeginia?
