Bueno, vamos avanzando poco a poco… Espero que les guste, bueno, está re mal narrado pero bueno, no sé corrijan lo que les parezca que está mal. Creo que estoy contando todo muy por encima y… eso. :) Bueno espero disfruten y nos leemos, vernos no podemos xD
A la mañana siguiente, Andy despertó en su cama con la mitad de su cuerpo colgado hacia el suelo, y Black ocupando el resto del espacio.
-Black… ¿Otra vez no podías dormir? Ven –lo abrazó cuando despertó, él se abalanzó hacia ella y tumbándola de espalda al suelo mojó casi todo su rostro de lengüetazos - ¡Oh, no! ¡Para! –Gritó con las manos hacia arriba tratando de detenerlo -
Cuando logró liberarse de su mascota, se lavó la baba de Black, se cambió y fue a desayunar. Cuando abrió la heladera no había nada que ella tuviera ganas de consumir, por lo que decidió comprar algo en una tienda cercana.
-¡Black! ¡Ven a desayunar! –Pero su perro estaba demasiado ocupado en el patio trasero con su pelota mordiéndola. Le dejó la comida y agua y se fue –
Astrid se levantó algo mareada, su San Bernardo la despertó con lamidas en los pies, pero cuando bajó de la cama se desmayó por unos minutos.
-Mmm –gruñó con los ojos aún cerrados - ¡Tormenta! Ven, ayúdame a levantarme –Su perra le tomó la muñeca sin lastimarla y jaló, en pocos segundos Astrid estaba de pie sin hacer ningún esfuerzo -.
Desayunó media tostada con mermelada y se fue apurada, supuestamente estaba llegando tarde a clases; o eso al menos les dijo a sus padres. Puso sus cosas en el baúl de su Mitsubishi Eclipse rojo, pero minutos después regresó cuando su perra salió de detrás del asiento trasero, no puede llevársela a la universidad.
A Hipo no le fue tan bien esa mañana, bueno, casi nunca le va bien. Chimuelo lo despertó jugando con su pierna postiza –la cual se saca para dormir -, fue algo molesto escuchar ese ruido ensordecedor de sus uñas raspándose en el metal.
-¡Chimuelo! Todavía no suena el despertador… -Miró su teléfono y había pasado media hora sonando, pero claramente no lo había escuchado – Aguarda, ¡Wow! ¡Llegaré tarde! Esta vez sí…
Cuando bajaba por las escaleras no pudo evitar tropezar con su pierna de metal y caer de boca al suelo, ignoró todo eso y siguió adelante.
Alistó sus cosas, no comió nada y se fue, pero pensando que su clase comenzaba a la primera hora. No fue así. Llegó y ahí es cuando decidió mirar sus horarios, por lo que sólo sacó una lata de energizante de la máquina expendedora, bajó su violonchelo del auto y se fue directamente a la biblioteca a buscar lo que necesitaba para seguir escribiendo.
Entre la sección de historia no había casi nada de lo que buscaba. "¡Vamos! Necesito libros de mitología, no esto" decía susurrando para sí mismo frustrado. Pero al final del estante se encontraba una fila de libros que contenían una saga del mismo tema.
-Genial, me llevaré estos.
Llevó los libros a registrarlos, pero cada semana debía traerlos nuevamente para actualizar la fecha y que la bibliotecaria Gothi se asegure de que están sanos.
Al salir de la puerta Astrid llegaba a pocos metros de ahí dirigiéndose al sótano.
-H-hola Astrid –su boca se le quedó abierta y no se percató de eso –
-Cierra la boca, entrarán las moscas –Dijo levantándole el mentón, juntándole los labios -. ¿Vienes?
-S-sí –Pero cuando volteó accidentalmente vio a su viejo amigo Patapez en la entrada -.
-Bien, vamos.
Hipo ya no tenía sus muletas, y tenía que arreglarse rengueando a veces para caminar sin que le duela demasiado; aunque con los tranquilizantes funcionaba estar más o menos bien.
Andy bajó de su auto con los típicos lentes negros –los cuales se quitó enseguida y los puso a los bordes colgados de su camisa -, auriculares y sus rollers. Iba algo apurada porque no quería que nadie la vea y eso provocó que se chocara con Patán en el estacionamiento.
-¡Oye! ¿Qué te…? –Dijo Patán hasta que vio a la chica mareada en el suelo sentada y sin entender nada – Oh… Qué hermosura me encontré, ¿Cómo te llamas, preciosa?
-¡Cállate y ayúdame a levantarme! –Él le extendió la mano, ella juntó sus cosas mientras que él intentaba seducirla –
-Entonces… ¿Tienes novio?
-¿Qué?
-Sabes a qué me refiero hermosa…
-¿Acaso me conoces bien?
-Por supuesto que sí… quién no te…
-Entonces sabes que puedo –le toma el brazo – hacer esto –se lo gira -, no molestes –casi se lo fractura dejándoselo azul en pocos segundos -.
El joven quedó mudo y muy dolorido ante tal acción, pero por suerte los gemelos no pudieron ver nada, algo que podría haber sido en cuestión de minutos un hit en YouTube y demás redes sociales, ya que ambos son hackers en una pequeña empresa donde trabaja su padre, pero por el momento no están al día en ella. Se tomarán unos años para estudiar.
Andy siguió con su lienzo en el sótano, cuando acabó se los mostró a sus compañeros que estaban en el mismo ambiente cerrado. Era el perfil de Hipo ejecutando el cello y Astrid haciendo una de sus piruetas más difíciles que había estado practicando durante las pocas horas que se conocieron, algo que le dio tiempo a Andy de retratar bien todo.
-Wau, estoy muy impresionado –Dijo Hipo cuando se vio a sí mismo en el cuadro –
-Es para ustedes –Dijo amablemente con voz tímida, pero poco a poco su voz sonaba más abierta, liberada, y confiada -.
-Pero, ¿Cómo haremos para conservarlo entonces si no vivimos juntos? No lo podemos partir a la mitad.
-¿Sabes qué? Colguémoslo en la pared de allá, donde no molesta y además adorna el lugar apagado –Propuso Astrid, y Andy lo llevó hasta donde vio un gancho y lo colgó ahí -.
En eso tocó el timbre de la segunda hora. Hipo miró su reloj de mano.
-Bien, yo tengo clases ahora, así que tendré que irme, pero son sólo cuarenta y cinco minutos, luego vendré de nuevo. Andy, ¿Tú te quedas aquí toda la mañana, cierto? ¿Puedo dejar mi cello abierto?
-De acuerdo, no hay problema.
-Yo también tengo clases, pero hasta antes del almuerzo –Dijo Astrid tomando su mochila y sin perder tiempo yéndose por las escaleras -. Nos vemos –Saludó sonriente -.
Hora y media Hipo regresó abajo, y comenzó a oír un sonido bastante –demasiado – familiar. Abrió lentamente la puerta, y se encontró con Andy tocando su cello. "¿Pero qué…? ¿Cómo es que lo toca tan bien?"
En ese momento no esperó mucho para sorprenderla y entró bruscamente por la puerta tratando de sorprenderla, pero no notó que tenía auriculares pequeños puestos y algo estaba oyendo. Se acercó lentamente a ella, tenía los ojos cerrados y la cabeza agachada y aun así tocaba tan fluidamente y veloz que Hipo no entendía. Bueno, él puede hacer lo mismo, pero no tan exageradamente.
Esperó a que no estuviese en una parte tan brusca tocando y se tranquilice un poco. Se puso detrás de ella, y le quitó suavemente los auriculares. Andy se asustó tanto que soltó el cello hacia adelante y casi se le cae de cara, pero Hipo tomó las clavijas y lo detuvo.
-¿Qué haces con mi cello? –Preguntó riéndose entre dientes – No sabía que tocabas, tampoco tan bien.
-Lo siento, no me pude resistir. Es que no tengo un cello propio, y… Hace años que no toco uno.
-Cielos, ahora me siento un poco mal.
-No, toma –Dijo y se paró cediéndole el lugar donde anteriormente él se sentó a tocar -.
-No, si quieres puedes seguir tocando.
-Gracias, tengo ganas de pintar –Dijo fríamente, aunque sintiendo algo de culpa -.
A la hora del almuerzo Astrid y Andy se quedaron en el sótano comiendo, Hipo debía comprarse su comida, por lo que decidió ir al comedor. Se sentó en el mismo lugar del día anterior, olvidando por completo lo que Patán le hizo en el almuerzo primero.
-Oye, te dije que aquí no puedes comer –Dijo Patán minutos después de que Hipo empezó su almuerzo -.
-Hay más de dos mesas libres por allá, ¿Tienes que elegir esta específicamente? –Preguntó tocando con el dedo índice la mesa -
-Mira –Le dijo en tono amenazante tomándole el cuello de su remera verde -, o te vas, o…
-Ya déjalo –Pronunció una voz detrás de Patán -.
-¿Qué me harás sino? –Pero cuando volteó una piña ya estaba cerca de su cara y no recordó nada más excepto que le dolía la cabeza. Despertó en la enfermería –
-Hola viejo, ¿Qué haces por aquí tú? –Era un viejo amigo de la preparatoria - Pensé que tus padres no te dejarían estudiar esto.
-Bueno, pues aquí me ves –Patapez siempre defendió a Hipo, ya que es más grande y fuerte que Patán, y sin su mejor amigo ninguno haría nada -.
-¿Sigues con el cello?
-Toda la vida, ¿Y tu bajo?
-Últimamente no lo estuve tocando, pero porque empecé a dedicarme a la bata y al piano, más que nada. Todos me dicen que toco como profesional, pero aún quiero especializarme bien.
-Sabes, en unos meses harán un espectáculo para mostrar todos los talentos y etc… -Dijo girando los ojos con poco interés en lo último –
-Mmm, ¿Y qué hay con eso?
-Podríamos participar, hacer algo diferente.
-¿Qué obra quieres tocar?
-¿Recuerdas la que tocamos esa vez en el primer año de la preparatoria…Baroque in Rhytm?
-Sí, pero ¿Crees que funcionará?
-Sí, claro. Tú sólo practícala y avísame y ensayaremos en el sótano.
-¿El sótano? Pensé que ahí guardaban utilería y…
-Lo sé, lo sé, pero adivina qué. Hay un piano que necesita ser ejecutado, y pensé en ti cuando lo hallé. Tú sólo baja mañana a las 3:30 luego de la clase de Coro y te explicaré el resto.
El plan de Hipo era increíblemente magnífico, pero requería organización.
Al día siguiente, tal como se lo ordenó Hipo, Patapez bajó al sótano donde se encontró a Astrid y Andy, dos personas que ni siquiera conocía.
-Hey, Patapez, ven –Dijo Hipo soltando su instrumento en cuanto lo vio con cara de estupefacción – Ellas son Astrid y Andy. Dos artistas muy buenas.
-H-hola.
-¿Qué tal? –saludó Astrid y siguió practicando una coreografía, Andy movió la mano sin quitar la vista de su lienzo –
Cuando Andy acabó su cuadro, lo colgó en el muro que prepararon para los mismos, y buscó una escalera. Hipo le iba explicando todo pero él sólo miraba con asombro a las dos chicas, Astrid, que danzaba pasos de ballet con sus auriculares –escuchando Hip Hop -, Andy que luego de subir a la cima de la escalera, desató un rollo de tela gigante que abarcaba la pared más ancha la cual cayó abriéndose paso para una pintura nueva; con pinceles gigantes comenzó a pintar algo en blanco y negro, que no llegaba a comprender del todo; ningún dibujo o pintura de Andy se entiende hasta que lo termina.
Al final del día nadie quería irse, Andy ya estaba algo agotada y no quería que nadie le hable, deseaba terminar con su pintura sin interrupción alguna. Pero no pudo. A Astrid se le acabó la batería del mp3, y no pudo hacer más que, practicar en silencio.
Patapez se fue al rato de haber venido, no se sentía muy cómodo en espacios así; es claustrofóbico. Hipo se sentó a tocar, pero luego de un rato optó por leer uno de los libros que había sacado de la biblioteca esa mañana.
-¿Qué es eso? –Preguntó Astrid curiosa, mientras se detenía a beber agua, estaba sudando por todos lados a pesar de que el clima no era cálido –
-Un libro de mitología y demás cosas, me encanta todo lo que tenga que ver con los nórdicos y los vikingos.
-Qué casualidad, a mí también.
-¿Leíste la saga de Harry Potter? –Una pregunta fuera del tema -
-Por tercera vez, estoy en el libro cuatro.
-Wau, se nota que es emocionante para ti.
-De hecho, no tengo otro pasatiempo mejor, y…
Así la conversación siguió por media hora, hasta que tuvieron que marcharse, pues la institución cerraría y no se podían quedar ahí dentro.
Pasaron algo así como diez días cuando Hipo y Astrid se dieron cuenta de que realmente estaba enamorado el uno del otro.
No sé si se habrán dado cuenta (yo sí) que por ahí…Jaja xD hace parecer que los personajes se describen qué son y esa cosa bueno jajaja es porque estoy acostumbrada a escribirlo así, es como que los "lectores" (ustedes, no sé para qué digo de esa forma) "no conocen los personajes" ¿Comprenden? xD por eso. Nada más necesitaba explicarlo porque me siento rara si leen y asdfghjklñ nada más. Nos vemos*! (*leemos, estoy acostumbrada a decirlo de esa forma perdonen)
