Bueno, hasta aquí llegamos, xD no mentira jaja :DD que lo disfruten, no duden en preguntar lo que tengan ganas de consultar.

"El secreto"

Andy llega a su casa con un aire de eufórica. Enciende su equipo de música –con parlantes gigantes – y pone Heavy Metal a un volumen que para ella es "tolerante" o mejor dicho, normal. Sus vecinos ya están acostumbrados, además a una chica con problemas –más graves que de temperamento- de ese tipo es preferible no molestar.

Fue a tomar una ducha, y a mitad de esta, suena su teléfono. Se seca rápidamente las manos y contesta.

-¿Diga? ¿Quién habla?

-¿Andy?

-¿Acaso no sabes a quién llamas?

-Sí, pero… Bueno, ¿Estás libre hoy por la noche?

-Sí, eso creo, pero no estoy en condiciones como…

-¿Quieres venir? Organizamos una parrillada de hamburguesas en casa de Hipo, vamos, será divertido –Insistió la rubia -.

-No lo sé… -Dijo en tono algo dudosa –

-Bien. Piénsalo. Te esperamos allá, te devolveré el favor si vas.

-Bien, iré, pero sólo porque necesito un favor. Además ¿Qué tan malo puede ser?

-De acuerdo, una cosa más que cuenta en el favor.

-¿Qué? –Sospechaba algo –

-Ponte zapatos, no rollers.

Andy estaba algo nerviosa, nunca es de relacionarse así, menos con tantas personas. Además de seguro estaría su molesto "pretendiente", pero no esperaba encontrarse con él. Los viernes comienza el fin de semana con otras cosas, no de esta forma. "Bien, creo que tendré que acostumbrarme a esto".

No sabía dónde quedaba la casa de Hipo, por lo que tuvo que llamar nuevamente a Astrid para ubicar la dirección.

Llegó cuando todos estaban presentes. "Bien, tranquilízate. No le harás daño a nadie". Se tomó dos tranquilizantes antes de bajar del auto. Caminó a paso algo deforme, ya que no camina mucho. Golpea la puerta, Hipo abre.

-Hola, Andy –la saludó cálidamente -, pasa, estamos en el patio de atrás –Ya se acostumbró a que ella no hable demasiado -, es raro verte caminando, no logro acostumbrarme.

-Hola Andy –Dijo Astrid, Andy se sentía muy incómoda entre tanta gente, todavía no se sentía confiada -, ven, siéntate, estamos jugando al póker.

-Hipo –Fue hasta su compañero que estaba en la parrilla asando las hamburguesas - ¿Tienes algún papel blanco y algo para escribir? –Le susurró algo tímida –

-Sí, claro, ven. Aquí tienes –Estaban en la sala, ella se quedó ahí dibujando, era algo así como un vicio, según todos -. Después lo quiero para mí.

-Está bien.

Estaban Patapez, Brutilda, Patán, Brutacio, Astrid y los ya mencionados, en la casa de Hipo. Era viernes, por lo que no había problema alguno en quedarse hasta tarde. A la hora de la cena, todos estaban sentados en la mesa, excepto Andy. Hipo y Astrid la fueron a buscar adentro.

-Andy ¿Sucede algo? Vamos, las hamburguesas están listas.

-Gracias, pero no tengo hambre –Su vista no se despegaba de la hoja -.

-Oye –Hipo tapó el dibujo con su mano y ella volteó hacia arriba con una cara denotando tristeza e indiferencia, como si algo malo pasaría -, acompáñanos aunque sea allá, no es necesario que comas, sólo siéntate junto a Astrid, o donde desees. No hay nada que deba incomodarte.

-Vamos, ven –Astrid le tomó de los hombros y la llevó hasta la punta de la mesa junto a ella -.

Andy hablaba de alguna que otra cosa, pero sobre todo le interesó la personalidad de Patapez, que poseía una inteligencia similar a la suya. Lo analizó de pies a cabeza, descubriendo rasgos de su persona sin siquiera preguntarle sobre ello.

Luego de un rato, Patán se levanta y se dirige a la parrilla. Chimuelo estaba cerca deambulando, queriendo llamar la atención. Cuando acerca la mano a las brasas con la espátula el felino intenta dar un salto largo, pero tropieza con el techo del asador, cerrándose este y, además de aplastar fuertemente la mitad del brazo de Patán, también alguna que otra brasa encendida cayó sobre su muñeca derecha.

Hipo se dio cuenta rápidamente de ello, y de que Patán gritaba de dolor, con mucha razón.

-¿Qué sucede, Andy? –Le preguntó Patapez a la chica, viendo que la misma comenzaba a temblar y se estaba levantando –

-N-nada.

-No tiemblas por nada –Replicó Astrid, pero para eso Andy ya estaba huyendo a su auto –

-Brutacio, Brutilda, llévenlo al hospital más cercano. Patapez, ayúdalo a soltarse, Astrid y yo veremos si podemos alcanzar a Andy y ver qué pasa –Dijo desesperado, y tomando la muñeca de la rubia corrió a su auto, ella al suyo y Andy ya a medio kilómetro de ventaja.

Hipo vive por cerca de una autopista, por lo que el camino es recto. El Mini Cooper alcanzó los 190km por hora, mientras que el de Hipo supera eso en pocos segundos, pero no quiso adelantarse mucho, quería ver hacia dónde se dirigía. Astrid iba a la izquierda de Hipo, así rodeaban a Andy.

Finalmente, casi después de veinte minutos siguiéndola, en medio de un puente derrapó y se detuvo quedando su auto de costado y los de Astrid e Hipo a cada lado.

-¿¡Qué es lo que sucede?! –Gritó Andy al bajar del auto, ya que no comprendía porqué la seguían -

-Eso mismo me pregunto yo –Contestó Astrid al bajar de su móvil, Hipo ya estaba fuera acercándose lentamente a Andy -.

-¡Aléjense! Déjenme sola, no quiero hacerles daño. Por favor –Pero Hipo y su compañera se resignaron a obedecer -.

-Andy, sabes que puedes contarnos todo, no te juzgaremos, y si podemos trataremos de ayudarte –Dijo Hipo comprensivamente con la mano hacia arriba tratando de acercarse con calma -.

-No puedo –comenzó a arrimarse a la barandilla del puente -. Es por eso que pinto todo el tiempo. Pero a veces no me ayuda.

-¿A qué te refieres? –Preguntó Astrid con la voz suave –

-Soy una sádica compulsiva, lo heredé de mi padre.

-¿Qué? ¿Puedes explicármelo de nuevo? –Dijo Hipo tratando de ocultar su nerviosismo y cara de shock -

-Quiere decir que disfruto viendo sufrir a otras personas, y eso provoca que dañe más gente a mí alrededor. Sé que es extraño, muy extraño, y por eso nunca hablo demasiado… Me convertí en la mente de un criminal.

-Pero qué… -Pero Andy interrumpió a Hipo como si no hubiese dicho eso -

-Llega a veces un punto en que no controlo lo que hago, pero… -Comenzó a sollozar, pero se contuvo, un gran nudo se formó en su garganta dejándola sin poder hablar –

-Tranquila –Dijo Hipo tocando suavemente su hombro -, nosotros te ayudaremos, puedes contar conmigo.

-Además, tengo la suficiente fuerza para detenerte en algunos casos –Dijo riendo entre dientes Astrid, apoyando de igual manera su mano en el hombro izquierdo, algo que provocó una leve sonrisa en el rostro frío y agrio de Andy, el cual estrepitosamente volvió a su estado normal en menos de un minuto –.

La del medio no pudo hacer más que bajar la cabeza, observar el pequeño río que corría hacia adelante valientemente con ganas de arrojarse dentro, y sentir la brisa que acompañaba sus venerados rulos que flameaban levemente.

Luego de unos minutos en silencio, sus dos amigos la dejaron pensar en silencio con el único ruido a su alrededor que era el de, el viento y el respirar del agua corriente debajo de ellos.

-No permitiremos que te pase nada -Dijo Hipo sonriente para cortar el frío silencio del entorno -, estamos aquí, donde y cuando quieras para ti. No dudes siempre en llamarnos.

-Hipo tiene razón -Comentó la rubia, mientras que ciegamente las manos de Andy se desprendían del barandal para estrechar un gran abrazo a ambas personas que yacían a su lado -.

-Seremos un equipo.

-Claro.

-¿Y, ahora? -Preguntó el castaño -

-Vamos a casa, son las tres y siete de la madrugada -Mira Astrid su reloj de mano -, y no te quedarás aquí -le replicó a Andy ya algo seria -.

Andy se fue a toda velocidad a su casa, quedando los dos restantes junto al barandal donde también estaba la morocha.

-Hiciste un gran trabajo -Alagó la rubia sonriente, con una cara tierna que a Hipo lo dejó helado -

-G-gracias, supongo. Oye, ¿Piensas ir a casa a esta hora?

-No, de hecho dije que me quedaría en casa de Brutilda, pero...

-Sé que quedaría un poco desubicado pero... -El típico movimiento de Hipo rascándose la nuca - ¿Te gustaría quedarte en la mía? Sé que no hay espacio...

-Vamos -Contestó alegre y decidida dándole un beso en la mejilla -.

Cuando entraron nuevamente a la casa del castaño, nada más, era tarde, Astrid denotaba cansancio y comenzó a bostezar levemente.

-Busca en ese armario junto la puerta del baño, hay unas cuantas sábanas, la cama está lista para usarse y yo dormiré en el sofá. ¿Alguna pregunta?

-Sí, ¿Hay algún problema si compartimos la cama? Hay espacio suficiente, no quiero que duermas en esa cosa dura –Hipo trataba de no sonrojarse, y que Astrid no lo note era imposible -.

Después de "discutir" sobre el tema, Hipo quedó obligado por sí mismo a dormir en un pequeño colchón junto a su cama. La rubia ni bien se acostó el sueño se apoderó de su cuerpo, aunque el mismo estaba descubierto, su compañero no durmió por las siguientes tres horas.

Cuando sintió una fría brisa enfriar su cuello, se paró, miró a Astrid, en una posición acurrucada con la vista hacia la ventana y una leve sonrisa en sus labios, lo que mostraba satisfacción y confort. Muy cerca al medio estaba acomodada, él tomó la manta y la cobijó al verla tiritar de frío.

-Hipo… -Oyó al darse vuelta para acostarse –

-¿Qué pasa?

-Ven aquí, junto a mí. Tengo mucho frío…

Hipo se acostó en la cama a una distancia respectiva, temiendo que ella le haga algo. Pero, para sorpresa suya, cuando cerró finalmente los ojos, sintió que el colchón se movía, y fue cuando se dio cuenta de que su compañera estrechaba sus brazos suavemente a través de su cintura, como buscando protección.

Él simplemente sonrió, al ver la misma sonrisa de comodidad en su rostro, el cual le atraía muchísimo, pero en ese momento no estaba consciente de ello.

Durmieron bastante, casi hasta cerca del mediodía, cuando Chimuelo comenzó a lamer la mano de Astrid, acto seguido empezó a sonar el teléfono de Hipo. Ambos despertaron, el gato se escondió bajo la cama, su dueño tomó el teléfono al momento en que Astrid se rascaba la nariz.

-¡Ahhh! ¡Qué asco! ¿Qué es esto?

-Chimuelo… -Dijo Hipo algo "molesto" con la voz entonada, mientras contestaba la llamada que al parecer es anónima – Oh, espero que no sea una broma más de los gemelos, es la séptima en la semana… -Cortó la presunta llamada, dudando de su acción –

-Buen día –Tomó su teléfono, y un mensaje de su madre y tres llamadas a las cuatro de la madrugada la sorprendieron -, oh, Hipo…

-¿Si? ¿Qué ocurre?

-No puedo volver a casa, no hasta cerca de la noche.

-¿Por qué? ¿Pasó algo?

-Mi madre me llamó tres veces seguidas a las cuatro, luego me dejó un mensaje diciendo que fueron a visitar unos tíos, y, como no sabían dónde vives… No me podían buscar y…

-¿Quieres quedarte aquí hasta que regresen?

-No quiero molestar ni…

-No es molestia, paso todos los fines de semana solo, algunas veces mis padres me visitan pero… Sí, puedes quedarte, si quieres.

El día transcurrió sutilmente, y, aunque no fue un entorno muy cómodo, Astrid se sentía segura en ese entorno. Hipo notó que ya no actuaba cerrada y la veía feliz, alegre, además de que la compañía de Chimuelo y su dueño la reconfortaron más que suficiente. Ya no se contenía para sí.

Al atardecer, su madre la llamó para avisarle que ya estaban en casa, por lo que debía volver.

-Entonces… Nos vemos, ¿El lunes? –Dijo Hipo algo nervioso –

-Sí.

-Bien, porque… -Pero fue interrumpido por un "suave" golpe en el estómago –

-Esto, es por lo de anoche. Y esto –Un gran beso en los labios -, por todo lo demás –Concluyó sonriente, alejándose de espaldas hacia su auto, saludándolo con la mano y mirándolo a él sorprendido -.

-Adiós –Susurró, mientras su gato se trepaba a través de su pierna postiza, el castaño lo ignoraba, pero cuando llegó arriba tuvo que alzarlo en brazos, hasta ese entonces Astrid estaba lejos, por lo que decidió entrar -.

Era seguro que ambos estaban enamorados, pero ninguno se animaba a decirlo.

Este me salió un poco más largo, pero bueno, voy a tratar de que en lo posible salgan así para que la historia no quede tan aburrida… Y sé que no tiene mucho contexto, además de que le falta algo de cohesión, pero yo no soy así, el tema es que no tengo tiempo para editar y todo lo demás… Díganme nomás si se entiende jaja