¡Hola! Bueno acá está el capítulo 4, disculpen la mala cohesión y todo lo demás, es que no tengo tiempo para editarlo, y… jaja espero les guste disfruten ;)
El lunes, cuando los tres se volverían a juntar, Hipo y Astrid bajaron al sótano a hacer lo de siempre, todo marchaba bien, de hecho, al fin podían disfrutar de un día algo nublado, pero divertido, cálido, y a la vez oscilante.
Patán tuvo que venir en el auto de Patapez; con el brazo vendado –hasta parecía que estuviera roto -, e inmovilizado no haría nada durante varias semanas. Un mes entero sin poder tocar Música era una tortura, pero él no se lo tomaba tan a pecho. Fue la primera vez que no alardeó algo.
Claro, de no ser por el rubio que abrió con su potente fuerza liberó su brazo de las brasas que aun quemándose estaban y esto provocó –incluyendo algunos cortes profundos – quemaduras severas de segundo grado en toda la parte afectada en los pocos minutos que estuvo atrapado.
A decir verdad, todos parecían estar animados; todos excepto Andy. Ese día no traía puestos los rollers, y algo al parecer no andaba bien. Su cabello lucía anormal, no muy despeinado, pero Astrid e Hipo notaron algo distinto. Sus ojos, con ojeras intermitentes, hacían que se vea a simple vista que no estaba de buen humor.
Traía consigo sus cosas de siempre, pero ahora parecía que le costaba cargarlos. Causa uno, no tenía rollers; causa dos, desconocida, nadie estuvo con ella luego de la noche del viernes. Al momento en que dejó sus cosas se dirigió hacia la esquina donde estaban algunos lienzos blancos para escoger uno y comenzar a pintar.
Sus dos amigos la quedaron mirando boquiabiertos, preguntándose qué vendría a continuación. Segundos después dejó chocar su cuerpo contra debilitada, cuando trató de reponerse cayó al suelo inconsciente. Hipo se levantó rápidamente asustado y fue corriendo hacia ella.
-A-andy, ¡Despierta! –Decía mientras la sostenía desde los hombros con un brazo -
-Parece que no despertará –Contestó Astrid tocándole la frente; estaba fría y tenue, pero gracias a Dios no muerta -… Llevémosla a la enfermería…
-No, hoy Gothi está de licencia, vamos al hospital más cercano –Interrumpió el castaño alzándola en brazos con poca dificultad –
La rubia tomó sus cosas y las de Hipo y en pocos minutos estaban en el estacionamiento. Por suerte nadie los vio por los pasillos, ya que era antes de la hora de inicio de clases.
-Toma las llaves de mi bolsillo Astrid, te tocará conducir –Incitó -.
-No, es tu auto, a menos que vayamos en el mío no conduciré –Se negó -.
-Está bien, dámelas –Acomodó a Andy en la parte trasera del auto, y salieron a 15km por hora –
-¿Por qué vas tan lento?
-Sí, lo detesto, pero espera –Cuando cruzaron el portón de entrada, Astrid comenzó a resoplar –
-¿Te puedes apurar?
-Como tú digas –Aceleró bruscamente usando tres segundos de nitro, llegando aproximadamente a 210km por hora -…
-¡No me refería a eso…!
-¿Entonces…?
-¡Para! –El castaño frenó de golpe, por suerte tenían el cinturón de seguridad puesto, Andy despertó algo somnolienta –
-Mmm… -Cerró los ojos y dejó caer su mano hacia abajo del asiento –
-Es aquí –Dijo Astrid, doblaron hacia la izquierda, ya cerca de la ciudad. La universidad se encuentra a medio kilómetro fuera de ella, por cerca de la carretera -.
-Fíjate cómo está –Comentó volteando de reojos hacia Andy –
-Bien, aquí puedes parar. Vamos.
Salieron apurados del auto, e Hipo tuvo que cargar nuevamente a su compañera en brazos, su estabilidad decaía poco a poco. Cuando entraron, unos médicos los recibieron rápidamente, pusieron a la joven en una camilla y la llevaron a una habitación para revisarla.
Minutos después salió el doctor a informarles, al parecer no era tan grave.
-¿Qué tiene? –Preguntó Hipo preocupado –
-Tal parece que es una especia de sobredosis, pero aún no sacamos una conclusión concreta.
-¿Se pondrá bien? –Interrumpió Astrid –
-Creo que sí, pero debe quedarse en observación unos días…
-Está bien, gracias, esperaremos.
-¿Cómo se lo diremos a los profesores? –Susurró la rubia ya en una conversación entre los dos luego de que el médico se fuera –
-No lo sé, pero alguna excusa tendremos que hallar.
-Aquí está el informe, ¿Avisaron a sus padres de lo ocurrido?
-Este…Em… No. En realidad ella vive sola, creo –Contestó Astrid, dudando -.
-Espere un minuto –Se alejó del resto. El castaño comenzó a marcar un número – Hola, ¿Brutacio? Necesito que busques algo…
-De acuerdo, en seguida te mando los archivos al celular. Pero con una condición…
-¿Cuál? –Rodó los ojos, pero el trato era justo –
-Hazme la tarea de Historia General de Arte (HGA), es muy aburrido, y…
-Está bien… Sólo porque necesito la información. Además tú tienes más medios que yo para conseguir las fuentes…
-Lo siento, se está cortando, no te oigo…
-Jaja, típico –Luego colgó -.
-Bien Astrid, ya que el doctor dijo que va a estar bien, vamos a clases ahora antes de que nos amonesten por llegar tarde.
-Ok.
El día continuó agitado, ya que todos los profesores buscaban a Andy, pero nadie la había visto. Con respecto a eso, Patapez luego se enteró de lo ocurrido gracias a un mensaje de su mejor amigo, y llevó el auto de la chica a casa de Hipo, ya que ninguno sabe dónde queda su casa, además de que no había ningún indicio de su dirección.
Hipo estaba pensando que Andy necesitaría algo de vigilancia. De eso se encargarían luego, mientras la mantenían internada, podrían arreglar bien las cosas para cuando salga.
Ya en la universidad de nuevo, al día siguiente, Hipo llega algo cansado, estuvo toda la noche cuidando de Andy, y, aunque permaneció dormida casi la mayor parte del tiempo, fue él quien no durmió en toda la noche.
Bajando las escaleras, oyó la suave melodía de un piano, supuso que Astrid habría llevado un reproductor para practicar, ya que su mp3 –con sus años de uso – dejó de funcionar.
A medida que bajaba y se acercaba a la puerta, la armonía sonaba más real, y sus intuiciones de que podría tratarse de un porta cd el que estaba produciendo esa música tan agonizante parecían más irreales cada segundo.
Cuando la puerta se abrió, sorpresivamente hizo un chirrido, claro, le faltaba aceite a las bisagras, un problema técnico que aún no solventaron, pero quien ejecutaba el instrumento no se percató de tal ruido.
Se acercó lentamente y en silencio. Cuando vio los dedos de su compañera tocando las teclas tan suavemente, y a la vez el piano sonando tan expectante y fuerte; se sintió, cómo decirlo, identificado.
Con una sonrisa en los labios de ambos, la rubia sintió que alguien posaba sus manos en sus ojos.
-Oye –Dijo riendo, pero sin parar de tocar -, ¿Quién eres?
-Adivina –Susurró, su voz era tan baja que no se reconocía, pero luego de que no pudo aguantarse y su risa entre dientes fue expulsada, justamente para revelar su identidad -…
-Hipo… -Paró bruscamente, tomó las muñecas del joven y jaló de ellas –
Casi sin pensarlo había arrojado al castaño al suelo. El mismo se levantó algo mareado.
-Siéntate, aquí.
-¿N-no t-te molesta?
-Soy directa, siéntate –estiró su brazo y lo forzó a sentarse en el mismo banco, era un poco más que largo -.
-Está bien.
Astrid tomó la muñeca derecha de Hipo nuevamente, y la apoyó en la nota RE grave del piano. Él se encontraba a su izquierda, ella comenzó a tocar la dulce melodía de Romantic Flight en los agudos, cuando acabó la primera parte, él la repitió en la octava central, a la mitad la rubia siguió e Hipo empezó con ambas manos las notas de acompañamiento.
En cierto momento, Astrid paró violentamente, Hipo la miró;
-¿Qué pasa…? –Pero un beso apasionado lo interrumpió, duró tanto que cuando sus labios se separaron él respiraba fuerte, se agitó un poco - ¿Qué fue…?
-Sólo cierra los ojos y calla –Otro beso impulsivo y apasionado –esta vez no por sorpresa – lo calló -
Minutos después, ya estaban abrazados besándose, al parecer habían descubierto eso a lo que denominan "verdadero amor", Hipo tomó suavemente la mandíbula derecha de Astrid, y al momento en que otro beso se cortó, continuaron de nuevo con la acción que habían estado haciendo primero.
-Oye, Patapez, ¿No sabes dónde está Hipo? –Preguntó Brutilda con un sobre en la mano a su compañero -
-Lo vi bajar hacia el sótano… -Contestó señalando la puerta -caminando en reversa - a la que detrás de muchos pasillos se llegaba a la parte de abajo. El rubio se dirigía hacia la biblioteca, tarareando una melodía algo improvisada –
-Ok, gracias –Antes de decirlo se quedó mirando la puerta. Para cuando pronunció esto Patapez ya se encontraba concentrado en su destino; por lo que decidió seguir con lo suyo -.
Las escaleras eran poco iluminadas, hacía años que alguien no bajaba allí, y por poco las luces principales del salón funcionaban. Le extrañó oír silencio antes de abrir la puerta, se detuvo unos minutos a percibir algún tipo de ruido.
Por fin, cuando se resignó a seguir esperando alguna señal de vida de alguien dentro, abrió lentamente la puerta. Cuando vio unas sombras cerca del piano, volteó hacia la izquierda y vio a Astrid e Hipo, besándose –claro -, en el banco del piano. No sabía qué pronunciar, ya que ninguno de los dos se percató de su presencia.
-Ejem –Carraspeó tratando de evitar reírse para no incomodarlos. [Ese día vestía una falda marrón, blusa crema, una bandolera negra, botas en juego con la misma y su gorra marrón; siempre colores otoñales gastados, referentes a su gusto obviamente al igual que su hermano] Se separaron rápidamente del susto -… Te traje lo que nos pediste… Sobre Andy.
-Oh –La cara de Hipo no podía sonrojarse más, mientras que Astrid reía entre dientes y se tapaba la boca ante tal cara de torpeza, "Es tan tierno" decía en su mente con una sonrisa poco notable para sí con ganas de seguir besándolo -, S-sí, gracias –Se acercó hasta Brutilda -.
-Primero la tarea de HGA, ¿Recuerdas el trato?
-S-sí, espera, lo tengo en el estuche del cello… -Se dirigió hasta sus cosas, y sacó un fóleo negro que dentro tenía dos copias del trabajo que había que entregar esa tarde – Aquí tienes –Cuando hicieron el intercambio, Brutilda se aseguró de que el contenido no fuese un engaño, pero al parecer sus sospechas eran nulas -.
-Bien, nos vemos.
-Adiós –La rubia cerró la puerta pero no sin antes mirarlos a ambos con su cara de "los dejo solos", echando alguna que otra risita al subir –
Hipo se quedó mirando el sobre que tenía en sus manos, mientras que Astrid se acercaba a él, y luego Salió corriendo hacia las escaleras.
-¡Brutilda! –Ya tenía su celular escribiendo quién sabe qué cosa - ¿Qué haces? –Preguntó quitándole el teléfono de la mano, su voz sonaba fría, amenazante y brusca; enojo – Si alguien –Le toma el cuello de la bufanda - se entera de-lo que-viste allá abajo –Estaba agitada y sus palabras se cortaban – juro que –Tomó aire profundamente para acabar la frase completa – Te las verás conmigo-y-sabes que eso no es bueno ¿cierto?
-No te preocupes Astrid, nadie lo sabrá –Contestó despreocupadamente como si el asunto no fuera nada grave, pero su compañera es demasiado desconfiada como para saber que le puede tener confianza, obvio, es una hacker, y en segundos puede hacer que medio Berk se entere de cualquier cosa -…
Volvió fingiendo estar tranquila –fingiendo que todo estaba bien y que Brutilda "no lo expandiría" sabiendo que sí -, procurando calmarse un poco, de todos modos alcanzando lo que quiso.
-¿Y bien? –Hipo la miró asombrado –
-¿Qué pasó allá arriba?
-N-nada, no - pasó - nada –Lo último lo entonó acercándose al castaño, acariciándole el cabello -.
-Está bien… No haré más preguntas… -Astrid miró su reloj de mano junto al resto de cintas que lleva en la mano atadas –
-Mmm, las 4:15, todavía tenemos tiempo, además ya no hay clases. Aunque, no tengo ganas de regresar a casa, ayer mis padres discutieron, y creo que se están separando poco a poco –Dijo encogiéndose de hombros frustrada –
-Tranquila, ven, vamos, ¿Quieres ir a tomar algo? Yo invito.
-De acuerdo… No lo sé…
-Vamos, sé que tienes ganas, luego puedes venir a casa, si deseas… -La miraba a los ojos sonriendo, abrazado a su cintura, esperando una respuesta. La rubia observaba el piso pensativa –
-Sólo algo, antes…
-¿Qué?
-¿Es oficial? Ya sabes, lo nuestro… -Sus mejillas se sonrojaron un poco –
-E-eso creo –Hipo estaba muy nervioso, y las palabras no le salían de la emoción -…
-Bien, entonces tenemos algo que celebrar –Un largo y apasionado beso calló a ambos, y así siguieron por un largo rato más, luego fueron directamente a casa de Hipo -.
Ya allá, Hipo fue a la cocina a preparar algo, Astrid se siente tan cómoda en el espacio que no dudó en mirar curiosamente qué disco había en el porta cd del reproductor. Se sorprendió un poco, además, de notar todos los discos de rap que había en los estantes, bien separados del resto y por categoría y artista.
Cuando introdujo un cd de Eminem, el castaño salió de la cocina con un par de bebidas y se detuvo en el marco de la puerta.
-¿A-astrid?
-¿Qué? –La música empezó a sonar algo fuerte, pero lo suficiente para que la conversación se oiga normalmente sin necesidad de gritar -
-Bueno, está bien, olvídalo –Sonrió satisfecho -
-¿Qué ibas a decirme? –Comenzó a acercársele, y luego de darle un beso impulsivo tomó el vaso que suponiéndose era para ella –
Astrid comenzó a bailar incesantemente luego de bajarse en fondo blanco el licor de menta que –a partir de ese día –su novio preparó para ambos, él quedó mirándola con cara de "¿Qué haces?", para imitarla bajo sus órdenes.
-Oh, Hipo… -Astrid caía en sus brazos cada tanto, no estaba ebria aún, pero algún efecto le había causado ese licor –
Ambos reían, él acabó no tomando nada, pues su novia no le dejó. Luego de un rato se tranquilizaron, Astrid se durmió en el sofá e Hipo -seguro de que ahora estaría en paz -, se sentó con su computadora en el sillón individual de la sala de estar para contactarse con sus compañeros.
-Hola, ¿Patapez? ¿Cómo va lo que te encargué?
-Hola Hipo, por ahora creo que bien, excepto que habla dormida… -Dijo con un tono de sospecha –
-Jajaja, no me lo esperaba de Astrid tampoco –Estaban de video llamada –
-¿Ella también habla dormida?
-No, pero este… -Hipo se enredó con sus palabras, ni siquiera sabía por qué lo habia mencionado, era algo totalmente no interesante –
-Dejémoslo ahí, ¿Bien?
-De acuerdo, gracias. Bueno, cuéntame un poco…
-Como aún no sale del hospital, no sé qué haré con ella cuando salga, el doctor me dijo que alguien debe estar a su cuidado y…
-¿Y qué? –Preguntó más curioso el castaño -
-Bueno… No sé si dejaría que alguien viva con ella…
-Tengo una idea. Bien, debemos planear todo esto antes de que salga ¿Está dormida?
-Sí, la sedaron, para que pueda dormir, ya que la noche anterior me dijeron que, bueno, no molestaba, pero simplemente miraba el techo y en algunas ocasiones se reía sola…
-Escucha, Brutilda hoy me entregó un expediente con datos sobre Andy que le pedí a Brutacio ayer–Se notó que Hipo no quería hablar de eso, sabía por qué su compañera hacía esas cosas -, aún no lo abro pero no quiero hacerlo. Sólo en caso de ser una emergencia.
-¿Cómo lo consiguió?
-Fue a cambio de la tarea de Historia…
-Con razón –Dijo riendo el rubio -.
-¿Por qué?
-¿No te das cuenta?
-Bueno, no. Creo que el ser ingenuo me hace vulnerable –Hipo y sus metáforas raras -.
-Brutilda cambió un poco luego de la preparatoria, pero su hermano sigue siendo el mismo tarado.
-¿Cómo lo sabes?
-Patapez… -Hipo lo miró con cara obvia de "lo veo todos los días" –
-Está bien, soy un genio, pero sabes que tardo en caer, aunque… ¿Sabes? Mejoré mucho.
-Sí, claro…
-¡Es en serio!
-El que te dice la verdad, no intenta convencerte.
-Es cierto, si no me crees, es problema tuyo, ya lo verás…
-Bueno, ¡Hey! Hablamos demasiado y no nos concentramos en el plan –Cortó Hipo ya tratando de llegar al tema -.
-¿Qué plan?
-Sabes de qué hablo…
-Sí.
-Bien, se me ocurre esto
-Ya tengo sospechas de que no es para beneficio mío…
-Tú cuidarás de Andy.
-¿Qué? ¡Perdón! ¿Qué? ¡No puedo! –Contestó impresionado -
-¿Por qué no? –Dijo algo exasperado Hipo –
-Pues…Pues…. ¡Por que no!
-¿Sabes qué? ¿Te digo algo? No tienes opción.
-¡¿What?! –Patapez le tenía miedo a Andy, apenas que se quedaba con ella en el hospital -
-Lo que dije.
-H-hipo yo…
-No me digas que no PUEDES, porque puedes.
-P-pero
-Pat, confío en ti. Por algo eres mi mejor amigo, además siempre me defendiste…
-¿Y?
-Creo que cuando salga no podrá seguir golpeando gente, por lo que tú deberás hacer eso a partir de ahora.
-¿Y qué hay de ti?
-No te preocupes, por mí, ya puedo cuidarme solo, y… A-astrid está de mi lado, voy a poder.
-¿Seguro? –El rubio preguntaba eso no porque no confiara en su mejor amigo, sino que tratando de evitar su debido "trabajo" –
-Pareciera que no confías en mí –Hipo ya se estaba molestando -
-No es eso… Es sólo que… -Se quedó en silencio por unos minutos – De acuerdo. Lo haré.
-¡Genial!
-Bueno, ahora me tengo que ir, además de que debo dormir aquí sentado…
-Está bien, descansa –la video llamada se cortó, Hipo también estaba cansado, es más agotado -.
Hipo llevó a Astrid en brazos hasta la cama, algo que le costó medio mundo pero cuando llegó hasta el cuarto, cayó rendido luego de acostarla. Fue hasta abajo y se quedó dormido sentado en la cocina bebiendo café.
Por fin ese día saldría del hospital, ya se sentía un poco claustrofóbica en esa habitación tan aburrida.
-Bien –Le dijo Patapez, a Andy le agradó el primer día que lo conoció; se comportaba muy amable y humilde con ella, algo que le causó una buena impresión del chico -, los doctores dijeron que alguien debe quedar a tu cuidado.
-¿Y… qué hay con eso?
-Hipo me pidió… Bueno… que… Este… ¿Cómo te lo digo? –Susurró la pregunta – Anoche hablamos con Hipo y él me pidió que te cuide…
-¿Qué?
-No quiero molestarte ni nada…
-No, mi oído está algo tapado y no entendí mucho –Dijo casi gritando -.
-(Espero que no se moleste) Hipo me dijo…
-Sí…
-Que yo debo quedarme a tu cuidado –Confesó algo avergonzado -.
-Mmm –Andy permaneció en silencio, -un silencio que puso bastante incómodo al rubio – razonando lo ocurrido -…
-¿P-pasa algo malo?
- N-no, está bien. Si me vas a cuidar, entonces vivirás conmigo ¿No?
-No lo creo, por ahora, pasaré por ti todos los días y esas cosas…
-Llévame a casa, y luego ve y empaca tus cosas. Debo ordenar el caos, aunque no lo creas.
-No, te ayudaré, no podrás tú sola si es que te refieres a mucho desorden.
-De acuerdo –Contestó sintiéndose algo inferior –
-Vamos –Pero cuando Andy se levantó, aun caminaba algo débil, por lo que Patapez le dio más razones para que alguien se quede a cargo de ella -. ¿Ves? Apenas puedes caminar.
-Es porque no tengo los rollers, tonto.
-Como tú digas…
Se dirigieron a la casa de Andy, cuando entraron, Patapez no se sorprendió al ver –fue a donde dirigió su vista primero – una gran repisa de librería llena de, por supuesto, libros.
Era lo único no lleno de caos en todo el gran espacio del apartamento. Cuadros reposados en todas partes, dibujos ocupándose a sí mismos como tapiz sobre TODO, e increíblemente dejando un camino para transitar de cierto lugar a otro. El rubio se quedó boquiabierto.
Patapez tenía toda clase de herramientas en el maletero de su auto, buscó unas bolsas especiales para conservar cosas en su estado sin deterioro y volvió.
-Toma, ya que son tus dibujos –Dijo él extendiéndole un paquete de bolsas transparentes con formas decoradas fuera del envoltorio -, clasifícalos y ponlos en estas bolsas, luego los acomodaremos en algún estante que voy a desocupar. Por ahora, encárgate de eso, yo iré por el resto.
-De acuerdo –Su cara ya estaba tornándose a comodidad y, un toque de alegría -.
Patapez comenzó a quitar todo lo que había en la pared del lado izquierdo, su compañera estuvo a punto de criticar, pero recordó "Son tus dibujos", sonrió y prosiguió con lo suyo.
Luego de haber dejado en blanco las paredes, que por suerte conservaban su color original (blanco), observó un rato bastante pensativo todos los cuadros que tenía a su alrededor. Eran más de treinta. Se dirigió por un momento a su auto a buscar clavos, tornillos, martillo, perforadora, entre otras cosas. La cuestión es que entró por la puerta con un baúl lleno de herramientas.
Andy ya tenía puestos los rollers –de verdad no se contuvo -, los auriculares y su total descontrol entre su mundo y la realidad. Él sacó la medida de cada cuadro para ubicarlos en la pared de forma unificada, ordenada, pero hasta ese momento se le ocurrió un plan magnífico.
Buscó nuevamente algo en su auto; un rollo de papel celofán para envolver cosas de empaquetamiento, y emprendió su idea de envolver cada una de las obras maestra de su compañera con el plástico para protegerlos, obviamente, sin hacer que sobre espacio por fuera del relieve de los lienzos amaestrados a su tipo de personalidad.
Andy supuso que la idea de él sería buena, por lo que –como había terminado con sus dibujos – no dudó en buscar rápidamente sus pinceles y tablas de colores, además de sus óleos. En cuanto Patapez terminó de colgar todos los cuadros plastificados después de haber puesto remaches en la pared, ella comenzó a pintar colores y formas alrededor de los mismos en la pared para llenar el vacío en el área blanca.
Cuando acabaron, se alejaron lentamente para contemplar su glorioso resultado.
-Vaya, quedó bien –Dijo el rubio contento mirándola a ella -…
-Eso creo, gracias, eres un genio. Bueno, yo pienso mucho, pero nunca se me habría ocurrido hacer esto, nunca.
-Ven, sigamos, mientras se seca la pintura y ordenemos el resto.
-Ok –Ella volteó primero y fue directo a lo que primeramente estaba haciendo. Ambos prosiguieron -.
Largo rato después de haber comenzado, acabaron exhaustos; Patapez se quedó dormido leyendo un libro en el sofá y Andy sentada con los brazos colgados detrás del respaldo de la silla con un pincel en la mano. Lo único que le faltaba a la mini biblioteca era orden por categoría o género, el cual ya poseía. Él se encargó de eso, y ella luego acomodó sus mejores dibujos en carpetas, dejando el resto en las bolsas en un canasto dentro de su armario. Cada uno contenía la fecha y obviamente, su firma.
Pero el dulce sueño de ambos acabó cuando el teléfono de Patapez comenzó a sonar.
-Eh, eh, ¿hola? ¿Q-quién habla? –Aún estaba dormido –
-Hola, habla Hipo, ¿Está todo bien? Como no te vi en todo el día…
-S-sí, estoy en casa de Andy, deberías ver cómo quedó… O-olvídalo.
-¿Quieren venir a casa? Astrid y yo prepararemos algo y… Pensábamos invitarlos a ambos.
-De acuerdo, veré si ella está de acuerdo, y nos veremos allá.
-Ok, bye.
Esa noche, al menos Andy disfrutó de la comida sólo porque se trataba de celebrar su dada de alta. Astrid se mostraba más contenta de lo normal, aunque aún no habían dicho nada acerca de su noviazgo con Hipo.
Sí fue que les comentaron pocos detalles acerca de que ella vendría a vivir con él por no haber podido conseguir compañera –En lo que Andy le dijo al castaño "Menos mal que no la invité"… - de apartamento. La morocha y el rubio sospechaban más que una simple mudanza entre "amigos".
-Adiós Hipo, nos veremos, este… Que quede ahí.
-De acuerdo. Hasta pronto, este Patapez y sus dudas…
Ya vámonos –replicó Andy -.
-Ya voy… -Por el momento iban en el auto del rubio, Andy tenía problemas de mareo y todo lo demás, con respecto a su estadía en el hospital –
Y por sobre todo lo que ocurriría detalladamente, el lunes siguiente el resto del grupo se llevó una sorpresa mucha más que grande, sobre todo Patán.
La sorpresa bueno… Si lo digo ahora (no me puedo resistir) ya no será sorpresa xD, dejen sus reviews si quieren, no me molesta :) jaja que sean críticos. Espero les haya gustado!
