Hola Hola! Todo bien? Bueno, acabé el capítulo 5 por fin, y el 6 ya lo tengo previsto, pero no tengo tiempo ahora que estamos a fin de año los profesores nos sacan de paciencia con todos sus trabajos y exámenes amontonados. En fin, espero les guste, y disfruten ;)
Ese lunes era muy "lunes". Los únicos que no se mostraban cansados eran Andy y su nuevo compañero.
-Vamos, llegaremos tarde Andy.
-No quiero –Contestó molesta poniéndose los auriculares –
-Oye, no te quedarás aquí, no me quedaré contigo tampoco –Insistió quitándole el objeto de la cabeza -.
-No me sacarás de aquí.
-¿Por qué no quieres salir?
-No es que no quiera, no puedo.
-¿Podrías decirme por qué?
-No.
-Escucha, -Posó su mano derecha en su hombro – nadie te hará nada.
-Si no puedo defenderme, no saldré.
-¿Olvidas porqué tuve que quedar a tu cuidado?
-Sí.
-Okey… -Susurró para sí mismo – Volveré a insistir. Vamos.
-No quiero, no iré.
-Como quieras… -Salió del auto, ella lo miró sorprendida, con un 20% de sospecha en su mente. Al ver que no regresaba, pensó que la dejaría en paz, pero fue todo lo contrario –
-¡Hey! ¿Qué haces? –Antes de decir esto, oyó que la puerta del acompañante se abría - ¡No! ¡Bájame, ahora!
-No, vamos –La bajó, cerró el auto con llave y ahora no podía entrar -.
-Al menos abre la cajuela para que saque mis cosas.
-Ahí la tienes –Apretó el botón y, bueno, Andy ya no se podía molestar por nada -.
Retiró sus cosas del baúl del Dodge Bíper, algo molesta por cierto por no conseguir lo que quiso, pero prosiguió con los rollers puestos adelantándose de su compañero. Este, a paso medio lento la siguió hasta el sótano.
- FLASH BACK -
-¿Esos son Patapez y ANDY, JUNTOS? –Preguntó Brutacio –
-Tal parece que sí –Contestó su hermana, NADIE nunca los podía divisar o descubrir en el estacionamiento, siquiera sentir su presencia; eran como… Invisibles -…
- FIN FLASH BACK -
Luego se separaron y cada uno fue a poner algunas cosas en sus casilleros.
-¿Qué tal preciosa? –Andy percibió una voz que ya había escuchado antes y no le agradaba para nada, su rostro demacró su estado de satisfacción –
-¿Qué me acabas de decir? –Preguntó más molesta que nunca, justo cuando su mal humor había cesado –
-¿Qué pasa? ¿Ahora te sientes débil? ¿Por qué huiste la otra noche?
-Si no quieres que te vuelva a lastimar el brazo, más te vale que…
-Tranquila, creo que con esto, se podría decir que estamos a mano –Dijo mostrándole un sobre de papel madera, el mismo que tenía su informe médico, no podía no reconocerlo. Ella cerró de un portazo su casillero -con una fuerza que parecía tremenda, pero para ella era un simple movimiento de muñeca- y volteó para ver lo que le estaba mostrando Patán -.
-Realmente te lo estás buscando, ¿Verdad?
-Por supuesto, sabiendo que no puedes lastimarme, bueno… ¿Qué más puedo decir? Es divertido.
-¡Será divertido ver cómo tu cara se convierte en…! –Alzó su puño para pegarle en el rostro, pero segundos después, algo la detuvo – ¿Qué haces? –Miró hacia abajo escondiéndose. Andy reconoció que estaba bien lo que su compañero hacía, pero su furia no desapareció por nada, ya casi era tarde -
-Debes controlarte, Andy.
-Sí, no deberías pegar a la gente por cualquier estupidez… -Interrumpió Patán, el rubio estaba molesto con él, y obviamente le daría algo merecido –
-Tú cállate. Dame eso –Le quitó en un abrir y cerrar de ojos el sobre de la mano -. Mmm… Creo que no deberías meterte en asuntos personales –Le tomó el cuello de la chaqueta y la camisa amenazándole -, mejor déjala en paz. O te las verás conmigo. No sabes de lo que es capaz, y por eso el psicólogo me ordenó cuidarla, ¿Entendido? No hay nada más que ocultar, si la sigues molestando, ya sabes que la sombra de ella seré yo –El morocho tragó su saliva -.
-E-está bien –Contestó un poco asustado. Andy sonrió cabeza abajo, pero, su rostro estaba claramente tapado por su cabello, una posición que al no saber qué está a punto de hacer, da miedo -.
-Búscate otro novato al que puedas fastidiar –Le soltó violentamente la chaqueta, dejándolo recostado y casi inmune contra los casilleros. A Andy le dolió un poco eso -.
-Me voy –Replicó Andy -.
-¿A dónde? –Le preguntó Patapez pensando en otra cosa –
-Abajo, por supuesto. Necesito matizar.
-Está bien –El rubio poco a poco –demasiado poco – iba conociendo a Andy desde el interior -.
Bajaron abajo, y, para sorpresa de Patapez, los dos tórtolos estaban besándose en un pequeño rincón oscuro detrás del piano. Andy obviamente no podía ocultar su ira, pero su voz no se oyó en ningún momento, no hablaría a menos que le pidieran o tuviera que contestar algo, y de una forma no muy amable.
Hipo y Astrid se separaron rato después de haber notado la presencia de sus compañeros. El castaño notó que el rostro de Andy lucía como el primer día en que se conocieron; frío, reservado, pero sobre todo, enfurecido. Se acercó a ella, tratando de que ninguna acción la provocase.
-Andy, ¿Puedo hablar contigo un segundo?
-Em… No lo sé, NO –contestó mirándolo a los ojos amenazante con la cabeza baja, los ojos en alto y su última palabra fue reproducida con una modulación grave, que denotaba furia, tras decir esto, volvió a su respectiva acción de antes, ignorándolo -.
-No aceptaré esa respuesta. Ven aquí –Le tomó el brazo derecho y la obligó a ir, en rollers. Cuando la sacó fuera del ambiente, en una pequeña habitación del mismo lugar, se percató de que se tocaba el brazo en señal de dolor luego de haberla soltado, pero su cara no decía nada, miraba hacia abajo -.
-¿Qué quieres?
-¿Qué te pasó en el brazo, por qué siempre ocultas tus muñecas, además de que pareciera que te duele luego de que te haya tocado?
-Astrid también lo hace, no me critiques sólo a mí.
-No estoy hablando de ella, te pregunté a ti.
-N-nada –Contestó furiosa y fría -.
-Déjame ver –En un movimiento rápido y sigiloso le quitó dos muñequeras del mismo lugar que había tomado anteriormente para traerla donde se encontraban ambos -. ¿Por qué te haces esto?
-No te es de tu incumbencia –Dijo quitándose violentamente hacia un lado, él le había apretado la muñeca para ver de cerca al preguntarle -.
-Te estoy hablando en serio Andy, y… N-no quiero que te lastimes…
-¿Acaso sabes cómo me siento? –Gritó volteando a punto de salir, pero algo la detuvo nuevamente de la misma muñeca -
-No estoy hablando en vano –Hipo sonó desilusionado, y volteó hacia un lado -.
-¿A qué te refieres? –Preguntó algo confundida -
-Y-yo… Yo sé… cómo te sientes –Se quitó una muñequera de cuero con un dragón tallado, y notasen debajo de ella cicatrices bastante profundas, luego agachó la cabeza -.
-¿Qué te pasó? –Su voz se entrecortaba – No…
-Quizás no fue el mismo caso, pero yo también me sentí solo. Intenté suicidarme a los 16…
-¿P-por qué?
-Después de tantos años de contraerme, sentía que nadie me escuchaba, no tenía nadie a quien contar mis problemas, me sentía… atrapado.
-Lo comprendo. Mi padre fue un criminal.
-¿Qué? –Hipo volvió en sí, demasiado sorprendido y… -
-Gracias a mí perdí a mi familia. Aunque mi madre no cuenta.
-¿cómo es eso? ¿Por qué tú?
-Porque decían que, al ser la HIJA de un criminal, me convertiría en la misma mentalidad, y así fue. -P-pero… No entiendo. Entonces cuéntame al menos lo que pasó, pero sin detalle.
Volvía a casa luego de salir a caminar un rato para tomar aire, había tenido una discusión con mi madrastra, y a mi padre en ese momento no le interesaba mucho, el cambió de repente desde que esa mujer llegó a la casa. La sorpresa que me llevé al llegar, no fue para nada grata.
Nuestro apartamento está en el tercer piso, y no quería usar las escaleras. El ascensor se abrió cuando me encontraba a unos diez metros de la puerta del mismo, unos hombres no muy corpulentos, es más, flacuchos pero fuertes, me miraron fijamente cuando notaron mi presencia.
Cómo me sentía en ese momento, indiferente. Aun estando en algo de lo que debería preocuparme, no tenía ganas siquiera de mover un paso para ir a mi reconfortable "hogar".
-¡Es ella! ¡Atrápenla! –Gritó el que estaba al frente –
Esperé el debido momento, pues me gusta provocar a las personas, pero no me provoques, porque te irá mal. Cuando quiso asomar su brazo para atraparme, comencé a correr como nunca, parezco débil, pero no me subestimen.
Entré a una pieza cercana. Pero fue la debida suerte que gracias a Dios pude atravesar la pequeña ventana de la habitación de al lado.
Salí por la azotea, y ahí me escondí toda sudada tras varios intentos donde casi me atrapan, con un hierro de antena parabólica que hallé cerca. La tomé, no fue tan difícil arrancarla de su gran entidad.
El primer hombre hasta entonces era el único que continuó siguiéndome, el resto desapareció repentinamente. Traté de reponerme respirando lento y hondo para relajarme, y aunque lo logré, la adrenalina no se separaba de mi cuerpo.
Esperé, y esperé, hasta que una sombra hizo que mis ganas de golpear algo con el arma que tenía en manos aumentaran minuciosamente, pero de golpe. Lo tomé desprevenido por la espalda, golpeándole en el cuello y dejándolo en el suelo indefenso.
Me miró a los ojos y le devolví la acción, con ira desconocida, pero pude ver exactamente lo contrario en los suyos. Exhalaban compasión, lástima, algo que en ese momento mi mente no lograba captar ya que mis brazos comenzaron a golpear exasperadamente el cuerpo del hombre.
Me sentía viva, eufórica, pero sobre todo, placentera, satisfecha. Pero para una mentalidad no del todo madura como la mía, cuando noté lo que acababa de hacer, una parte muy en el fondo de mí se asustó.
Sin embargo, no hice más que arrojar el hierro al suelo, dejando el cadáver ensangrentado y con carne fuera de su ubicación original, además de puñaladas por todas partes del cuerpo del supuesto asesino; ahora, la asesina era yo.
Me dirigí al apartamento cansada, para encontrarme con mi familia muerta. Había "vengado" a mi padre matando a ese hombre allá arriba, pero cuando vi a mi hermano menor, tirado en su cuarto, totalmente inerte, supe que no me dejaría en paz hasta volver a vengar un integrante de mi familia.
Tomé dinero escondido de papá, lo puse en una valija en la parte de abajo, una capa de ropa encima y sobre todo lo acumulado, libros, cuadernos de dibujo, y demás; por supuesto uno de los cuadros que más amo de todos los que pinté. Me costó elegir bien.
Bajé por el ascensor, puse un billete de cien en el mostrador de la recepción, y le dije al encargado –un abuelo con sus años contados, pero muy amable con los residentes a quien considera de confianza, yo, por ejemplo – que busque rápido las demás obras de arte arriba, las venda y pague con ello lo que se pueda en daños.
Todos los daños que provocaron los "sicarios" en lo que era antiguamente el techo donde me cobijaba cada noche.
Medio mes después, en una habitación de un hotel cercano, unos policías me encontraron, me llevaron a Servicios Sociales, y en diez días me adoptaron. Pensando que la familia con la que ahora me tocaría vivir sería amable, calculé mal.
Como no tenía otra, cuando empecé la preparatoria conocí a una chica de mi edad llamada Heather. Al principio no tenía mucha confianza en ella, pero luego de dos días se ganó mi amistad.
Ambas pintábamos, por lo que eso fue lo que hizo clic dentro de todo, básicamente, fue lo que nos unió. Un mismo pensar, o al menos eso ella creía, a decir verdad aprendí a mentir a mi familia adoptiva, así que no me es difícil engañar a las personas fácilmente.
Y así transcurrieron los años, cumplí 18, y Heather y yo aún éramos amigas. Poco tiempo después un chico de intercambio llegó a la preparatoria, aunque cuando le gustó la isla más que su ciudad natal, decidió mudarse.
Yo no lo sabía, pero ese joven tan cerrado, de cabello semi castaño, tirando a un rubio, de apuesta personalidad, pero con una mente siniestra y experta en arruinar relaciones de cualquier tipo, obviamente "sin su consentimiento". Nunca me creí esa mentira.
Pero, cuando empecé a tomar desconfianza de él hacia Heather ya que todos los días merodeaba cerca de ella seduciéndola, un día de esos se arrimó a mí.
No pude evadir el engaño, tenía tantos problemas en la familia que poco a poco hizo que mi mejor amiga y yo nos separáramos. En un proyecto escolar donde había competición artística, la participación era individual. Ambas decidimos formar parte de eso, no sabiendo las consecuencias.
Nunca me consideré mejor que nadie, es sólo que, simplemente lo soy, y nunca me demuestro superior a nadie, a menos en un debate de palabras donde tengo que defender mi reputación.
Las dos pasamos a la final, donde el concurso o lo que debíamos hacer era retratar una mente humana. Heather sabía más que yo acerca de eso pero yo era la mejor pintando, es por eso que nos unimos al principio. La recompensa era el título limpio de la preparatoria, además de una beca. Heather necesitaba más que yo eso, pero ella me obligó a competir.
Al fin y al cabo, gané, pero la pequeña sonrisa falsa que contenía mi rostro se borró al ver el odio y la furia en Heather. Primero que nada, minutos antes de la competencia final Michael, el chico de intercambio, le mintió acerca de mí diciéndole –eran novios – que intenté besarlo y demás cosas que ni ella se animaba a nombrar.
En un susurro cuando pasé por cerca de ella escuché un "Me vengaré, la pagarás caro", aunque no sabía por qué o a qué se refería, si mi intención no era ganarle. Retiré el título, y me dirigí a casa.
La misma noche del día que pasó, llegué algo frustrada, dispuesta a salir de todo. Subí directamente arriba sin prestar demasiada atención al entorno desagradable cubierto de personas que día a día me invaden con sus críticas negativas sin sentido.
Todavía tenía guardado parte del dinero que había estado guardando desde el día que nunca olvidaré, además de los miles en ahorros que en secreto fui juntando, gracias a los cuadros que vendía.
Minutos después de entrar a mi habitación mi ruin padrastro atravesó la puerta de golpe, aunque pensando que iba a causarme algún susto o miedo quizás, permanecí rígida con la mirada distante y fría hacia la ventana por la que escaparía horas después.
Después de una cruel discusión, acabé con una cachetada y dos puñetazos, un ojo morado proveniente del primero, y un moretón en la boca, provocado por la segunda respuesta ante mis críticas razonables que hicieron callar al adulto, obligándose él a sí mismo a usar la violencia.
Permanecí callada cuando me tumbó al suelo y me desmayé, o luego de haber despertado. Porque él seguía allí. Me miraba, un rostro lleno de algo a lo que se podría llamar resentimiento; y después de observarme unos minutos, se marchó, cerrando la puerta fuertemente con llave.
Agradecí quedarme encerrada, algo que me daría una ventaja para huir. De igual manera, trabé la puerta con un cerrojo improvisado hecho con un pedazo de alambre, para evitar que la puerta pudiese abrirse aún con la verdadera llave, ya que, el método es como si hubiera cambiado la cerradura.
Nada más me senté a dibujar, ya que otra cosa no podía hacer, Heather estaba muy molesta conmigo, pero sabía que enfrentarme a su ego es mucho, y ella también sabe eso conmigo. Esperé despierta.
La habitación estaba a pocos metros del suelo, lo suficiente para saltar, sin romperse nada, pero sí con algunas leves torceduras, nada grave. Arrojé el bolso procurando que caiga sin provocar algún ruido que pueda llamar la atención de los dormidos.
Ya fuera, comencé a caminar lentamente por las oscuras calles, procurando no ser vista por nadie. Tomé un avión hacia la isla de Berk. El año siguiente comenzaría la universidad. Me dirijo hacia un nuevo rumbo; una nueva vida.
Luego de narrar esto, Hipo se notó algo estupefacto, pero a la vez pasivo.
-Al principio mencionaste a tu madre… ¿Qué pasó con ella?
-No quiero hablar de eso –Contestó Andy decaída y agachando la cabeza -.
-Sé que fue algo malo, pero –Le frotó el hombro -, puedes saber que tienes mi apoyo –Andy levantó levemente la cabeza -.
-Murió. Se suicidó cuando se enteró de la vida personal que llevaba mi padre antes de casarse. Yo tenía cuatro años. Pero para ese entonces, era consciente de la carga.
-Yo… Lo siento mucho. No sabía…
-No importa. Creo que a pesar de todo, ahora ya no me duele pensar en mi pasado. Aprendí a ser fuerte.
-Lo noté el día en que te conocí.
-¿Andy? –Esa era la voz de Patapez, al otro lado, abriendo la puerta – Ah, aquí est-án… Espero no interrumpir nada –Dijo cuando vio a Hipo con su mano en el hombro de Andy -.
-Tranquilo, ya terminé de hablar con Andy, ahora sé todo lo que tenía que saber –Concluyó retirándose mirándola y dedicándole una pequeña sonrisa de "confía en mí" -.
Después de todo, Andy se fue a clases y Patapez quería seguir investigando sobre quién sabe qué en la biblioteca, ya que debía esperar a su compañera para volver y tenía horas libre.
-Bien, mi querido Hipo –Dijo Astrid dándole un gran beso en los labios -, veamos qué tienes aquí –Tomó sigilosamente entre el beso su cuaderno de dibujos del bolsillo de su chaleco -…
-¡Hey! Dámelo…
-No, ahora lo tengo yo –Su voz entonada hacía que Hipo no tuviera la autoridad suficiente para quitárselo -…
-Por favor Astrid, no seas así…
-Está bien, toma –Se sentó junto a él, suspiró, y su rostro ahora tenía un aire de preocupación –
-¿Qué tienes? –notó ese gesto rápidamente en su novia, mientras guardaba su cuaderno en el lugar de origen -
-Estoy algo preocupada por mi madre, además, cada vez que llego a casa mi padrastro no deja de discutirme e interrogarme acerca de dónde estuve, porqué tardé, siendo que vuelvo del colegio y…
-No deberías dejar que eso te afecte.
-Es fácil decirlo, pero por sobre todo no puedo huir porque a donde quiera que consiga un apartamento él me encontrará… Pero –Esbozó una sonrisa con cara de "tengo un plan" -, ninguno de ellos sabe dónde vives tú, Hipo.
-Oh, no.
-¿Qué pasa? ¿No puedo mudarme contigo?
-No es eso, es sólo que… Tengo… Bueno, no sería malo si te vienes a vivir conmigo –Musitó alegre, en un tono romántico -…
-Estoy… Me siento… -Cerró sus puños – Atrapada. El único lugar donde me siento segura, es aquí, o en tu casa.
-Puedes contar conmigo –Pensó Hipo mirándola con esos ojos verdes tan sinceros como siempre y apoyando sus manos en ambos hombros de la rubia, ella había comenzado a sollozar, en cuando levantó la vista y comprendió –
-Bien, cuando mi padrastro salga, porque hoy tiene una cena importante, le diré a mamá que me iré de casa.
-Me alegro, ahora no tendremos que dar tantas vueltas para que te quedes en casa a dormir –Replicó riendo el castaño -.
Astrid rio, y así siguieron hablando de los planes. Pero al darse cuenta de que sus horarios ya habían terminado –En realidad no -, fueron a la casa de Hipo a ordenar las cosas y acomodar todo para tener un espacio, conveniente.
A la salida de todo, Patapez esperaba a Andy en la biblioteca, cerca de los cursos donde ella estaba. Salió eufórica del lugar, además de muy molesta.
-¿Qué sucedió allá adentro? Se te nota fastidiada.
-Sólo vámonos –Contestó con un aire grave que el ya acostumbraba oír –
-Está bien, toma, espera en el auto, quiero sacar unos libros para terminarlos de leer en casa. No te vayas –Pero esas palabras de "espera en el auto", fueron completamente ignoradas por los oídos de Andy –
Se dirigió al auto cansada, enojada, pero sobre todo eufórica. Puso sus bolsos en el baúl, con todos los lienzos y demás cosas que quién sabe llevaba dentro. Como le dijo su compañero, subió al auto, pero sabiendo que iba a tardar bastante hasta salir de allí decidió ir a dar una vuelta.
"Avísame cuando sales de la biblioteca, o te mataré" fue un mensaje de texto que le llegó a su teléfono. Sorprendido, contestó "Ok", y una Andy contenta arrancó el auto para dirigirse hacia su amado puente junto al río, pero como no se acostumbraba al manejo y debilidad del volante, le costó mucho llegar más rápido de lo normal con ese móvil.
Patapez le mandó el aviso a su compañera, pero esta olvidó su teléfono en el auto. Cuando regresó a la universidad, el rubio esperaba molesto afuera, ya que pensaba cualquier cosa acerca de la ausencia de Andy.
Entró al patio delantero de la universidad y derrapó frente a la entrada, donde parado, estaba el molesto bravucón justiciero. Se bajó del auto y le tiró las llaves a su dueño mientras caminaba hacia la puerta del acompañante.
-¿Dónde estuviste? –Replicó Patapez mientras conducía, con una cara que no era agradable si está molesto –
-Tranquilo, di una vuelta, aunque, deberías cambiar un poco la suspensión, está rara, los neumáticos no son de su tipo para el auto, y los frenos tardan en reaccionar… -Al escuchar esto, Patapez quedó boquiabierto y pensativo, pero no pronunció palabra alguna. ¿Qué hizo que la pusiera tan tranquila? No tenía idea, y ella obviamente no se lo contaría –
Finalmente, luego de un día bastante atareado para ambos, llegaron a casa. Ya podían organizarse mutuamente entre sí, por lo que dentro de su entorno diario se llevaban, bien. Las palabras son sustituidas por las acciones.
-Oye, iré a casa de Hipo un rato a ayudarle con algo, volveré tarde así que no me esperes –Andy estaba sentada en la mesa principal con muchos papeles a su alrededor haciendo un trabajo sobre los movimientos artísticos, su vista acompañada por su cuello giraron retrasadamente luego de dichas palabras –. Cuando lo acabes –señaló el dicho proyecto -, ve a dormir ¿Si?
-¿Me estás dejando sola? Está bien, vete.
-Confío en ti –Contestó el rubio, y se marchó -.
Andy continuó con su trabajo, hasta que recibió la llamada de una de sus compañeras.
-Hola Sam, no te puedo atender ahora.
-Es sólo un minuto, por favor…
-¿Qué quieres?
-¿Podrías acabar mi parte también? Creo que no tendré tiempo, me avisaron de un compromiso a último momento y…
-No –y la llamada se cortó -. Tengo suficientes asuntos propios para resolver ajenos –Dijo a sí misma fría -.
Minutos después su teléfono comenzó a sonar incontables veces, las llamadas eran de sus compañeros pidiéndole favores sobre el trabajo. Esa noche había un concierto de Megadeth, y ella por suerte no se había enterado. Esa era la razón por la que su compañera le pidió que haga su parte.
Dejó la parte teórica de lado tras haberla acabado sin dificultad alguna, y se dirigió a sus lienzos, quería una vez al menos, intentar copiar, una obra de Impresionismo.
A mitad de camino, se obligó a descansar un poco, además el proyecto lo podría entregar la semana siguiente, había tiempo aún.
Se recostó agotada en el sofá, mirando el techo y con la vista al máximo de su enfoque. Comenzó a alucinar cosas, podía probar que esas cosas –no todas – suceden luego de ella verlas. Pero despertó y volvió en sí al enterarse del rostro de Heather en ese supuesto sueño que acababa de tener.
-No, no es cierto –reflexionó y razonó unos minutos, luego recordó dónde estaban sus llaves y fue en busca de ellas -.
Se subió a su auto sin dudar un segundo y sin pensar en las palabras que Patapez había pronunciado hacía varias horas. Eran ya las 11:45, pero en eso no se fijó.
El rubio entró a la casa a las 2:10 de la madrugada, Astrid e Hipo seguían despiertos jugueteando entre caricias y besos luego de la marcha de su compañero. Patapez notó la falta de presencia de Andy, pero, pensó que tal vez ya estaba durmiendo.
-Espera, ella no duerme tan temprano –sospechó para sí mismo -.
Miró el garaje y, para su conclusión, el Mini Cooper no estaba allí. Llamó a Hipo.
-Eh, eh hola, ¿Hipo?
-¿qué sucede? Olvidaste tu chaqueta aquí, tranquilo, mañana te la devuelvo…
-No es eso, Andy escapó.
…
-¿Sabes hacia dónde fue? –Preguntó Hipo al teléfono, ya los tres en dos autos recorrían la ciudad en busca de Andy –
-Ni la menor idea, creo que tú la conoces mejor, Hipo.
-Tienes razón, sujétate –Le dijo a Astrid y colgó la llamada, dando una vuelta cerrada en trompo para volver al río casi fuera de la ciudad; "el puente" pensó -.
-¿Hipo? Rayos, me colgó. Tendré que adivinar dónde están ahora –Replicó molesto, y detuvo el vehículo -.
-Hipo, tengo un plan –Comentó Astrid, pero su voz sonaba insegura. Le dijo el plan y su novio quedó boquiabierto al instante mirándola fijamente, sin dejar de conducir -.
-¿Segura de que va a funcionar? –Ya estaban cerca del puente, y fue cuando Hipo recordó que a esa velocidad no podría frenar tan rápido sin pasar de largo por el lugar. Astrid asintió, y se quitó el cinturón –
-Estaré bien, tú sólo conduce.
En el preciso momento, Astrid sólo miraba por la ventanilla esperando abrir la puerta. Cuando el auto se pisó el suelo del puente, la rubia estremeció sus dedos, pero en ningún instante dudó; y se arrojó hacia afuera.
Hipo vio todo, y quedó estupefacto. Astrid rodó y se golpeó fuertemente la espalda contra la dura columna de la barandilla, pero en un momento de tropiezo ya que estaba shockeada, al igual que Andy que no viró un solo intervalo de tiempo su vista de su compañera, trató de pararse, pero no logró mucho.
Andy la miraba fijamente pensativa, su cuerpo estaba rígido, y su mente no reaccionaba ante tal suceso. Cuando Astrid volvió a caer sentada en el suelo, su amiga reanudó su consciencia a la realidad y corrió a auxiliarla.
-A-astrid, ¿Qué haces aquí?
Bien, hasta aquí…jajaj no. Disculpen los errores de cohesión, y demás cosas que no llego a revisar, pero creo que con que se entienda está bien, supongo, eso depende del lector xD La semana siguiente o posiblemente (si el tiempo me alcanza) este fin de semana subo el capítulo 6. Abrazo psicológico! :)
