¡Hola! Perdón por no actualizar antes, es que no tuve tiempo siquiera de sentarme y escribir este cap. Pero bueno, aquí está y espero les guste disfruten xD
Esa tarde fue bastante divertida para ambos. Astrid se estaba a punto de mudar a casa de Hipo, su novio obviamente, pero, por nada del mundo dejaría a Tormenta sola.
*En el sótano aún.
-Este… No te molestaría que me lleve a mi perra Tormenta junto, ¿No? –Consultó nerviosa la rubia –
-(WTF ¿Tiene perra?) –pensó Hipo tragándose su saliva sorprendido, "bueno, quizás sea una raza pequeña, no me animo a preguntarle, esperaré" – Yo…Creo que sí… No hay problema mientras se lleve bien con Chimuelo –Comenzó a rascarse el cuello nervioso -.
-De eso no te preocupes, es buena haciendo amigos –Ambos se rieron, y se dirigieron hacia el estacionamiento –.
-Bien, iremos por mis cosas, mejor dicho, yo iré, y tú me esperarás en tu casa –Le apretó con el dedo índice el pecho al nombrarlo, riéndose, quién diría que estaba tan enamorada -.
-De acuerdo my Lady… -Hipo sonrió observando cómo su novia se iba, y cuando el auto salió por el portón de la universidad, se subió al suyo. Tardó en arrancar, pensando en cómo sería verla todos los días, suspiró contento y encendió el motor –
Ya cuando Astrid llegó, la primera que bajó del automóvil fue Tormenta, su San Bernardo. Entró junto a su dueña, y básicamente Chimuelo salió corriendo por su vida como si fuera su último día, aunque juzgándolo bien, los gatos tienen siete vidas ¿No?
-Veo que se llevan bien –Comentó Hipo riendo, mientras Tormenta acorralaba al pobre minino en el suelo sobre su cuerpo y lo zarandeaba, llenándolo de baba por todos lados –
-Tienes razón, bien, ahora mientras se conocen mejor ¿Me ayudas a bajar las maletas?
-Okey, vamos.
Así acomodaron las cosas, aunque, aun así faltó espacio. Invitaron a Patapez un rato, él e Hipo estuvieron hablando sobre un tema privado mientras Astrid (parece mentira) preparaba la cena y jugaba con las mascotas.
Cuando el rubio se fue, Astrid suspiró. Por fin estaban solos y podían disfrutar unos ratos juntos, al menos de lo que restaba la noche. Sirvió un par de bebidas y se sentó junto a su novio acurrucándose con una manta.
-Dime algo que me intriga –Preguntó Hipo luego de dar el primer trago -
-¿Qué?
-¿Por qué tu perra se llama Tormenta?
-Es una larga historia. Verás, me salvó en medio de una tormenta de nieve a los doce. Sentí que debía quedármela, aunque a mis padres no les agradó mucho la idea. No hasta que les conté lo que había sucedido. Creo que fue con lo único que pude convencerlos, además era una perra quién sabe de dónde y estaba perdida, llevaba días sin comer y aun así no me comió. Nunca dudes de su fidelidad.
-Wow, vaya historia. La de Chimuelo es algo parecida. Lo encontré en un bosque a los quince. Mi madre dijo que tiene mi edad, y por eso nos llevamos tan bien. Aunque –Comenzó a rascarse el cuello -, bueno… -Empezó a sonar su celular; era Patapez - Hey, ¿Qué pasó amigo? –La conversación se oyó intrigante para Astrid, pero cuando su novio se levantó lo único que hizo fue dirigirse al auto –
*Primer día de Andy en casa de Hipo. Antes de la noche parrillada. Algo así.
-Bueno, quiero que me cuentes más sobre tus amigos, o como les llames.
-Brutacio y Brutilda son gemelos…
-Eso ya lo sé –Interrumpió –
-No interrumpas. La cuestión es que su presencia siempre es nula en cualquier parte, sobre todo la de Brutacio. Brutilda se volvió más invisible cuando todos comenzaron a conocer a Astrid. Antes de la universidad, era la chica más atractiva de todo el colegio, y por eso tan popular. Su hermano no pasaba la misma suerte. Su presencia no se nota porque es un adicto a los videojuegos, sobre todo los de zombies y esas cosas.
-¡Land of The Dead! –Gritó emocionada – Yo juego ese, me ayuda un poco con un problema raro que tengo…
-Ese era el nombre que no me acordaba…
-Prosigue.
-Patapez está día y noche en la biblioteca, tiene una en su propia casa, Astrid, a ella ya la conoces, es la impulsiva y ruda chica que golpea a quien desea, y yo soy el… Bueno, el torpe y descabellado castaño que siempre se mete en problemas. Por eso Patapez siempre está resguardándome de los demás bravucones. Ah, Patán –Su rostro cambió -. Siempre me molestó, por el simple hecho de ser el hijo del alcalde y tocar bien el cello, pero…
-Te entiendo completamente –Le sonrió -, excepto que yo puedo pegarle pero no debo –Agachó la cabeza –
- En fin, yo aprendí a aceptar que no todo en la vida es justo, y estoy feliz con lo que tengo.
-Yo, no tengo nada…
-No te preocupes, nos tienes a nosotros –Una mano tocó el hombro de Andy –
-Bien, debería irme –Comentó para romper el silencio incómodo que se había formado, además de que comenzó a no querer hablar con nadie más –
-Sí, yo también creo eso, Astrid vendrá en media hora, y no se pondrá nada contenta al ver que estuve hablando contigo en lugar de hacer mi parte del trabajo. De todas formas, lo puedo acabar en el tiempo restante…
-De acuerdo, adiós –A Andy no le gusta saludar con ningún gesto físico. Es más, no le gusta el contacto físico, así que un simple saludo con palabras está bien para ella -.
Tomó su mochila, pero en lugar de ponerse sus típicos rollers, había traído consigo su skate.
Su perro la esperaba en el patio de atrás, el cual a decir verdad dejó estupefacto y demasiado sorprendido al castaño que casi cayó al suelo del susto cuando abrió la puerta para recibirla a ella.
-Vamos, Black, ¿Listo para pasear de nuevo? –Anunció la joven entusiasmada haciendo que el perro saltara sobre ella y la intentara lamer, pero con ayuda de Hipo se logró liberar. Mientras tanto, un mojado Chimuelo salía por detrás de las piernas de su dueño, fregándose en las mismas para luego comenzar a acicalarse apegado a Hipo –
-Chimuelo, así que ahí estabas ¿Te divertiste con tu nuevo amigo? Espero que estés listo para un baño –Su gato lo miró con abstinencia y a la vez sus ojos expresaban rencor y un "leve" susto, pero de todas formas "le gustan" los baños – Nos veremos entonces.
-Bye. ¡Andando! –Y sobre su móvil y la correa de su perro en ambas manos Black comenzó a correr moderadamente rápido para dirigirse hacia su casa -
…
Faltaba una semana para su cumpleaños, y Andy no estaba nada ansiosa. Desearía eliminar ese día del calendario, y así deshacerse de las repugnantes palabras "feliz cumpleaños".
Luego de las clases normales, ya que Heather faltó ese día, no quiso almorzar, pero se dirigió al sótano a relajarse un poco. No tenía ganas de sentarse en un lugar lleno de personas.
En los últimos días desde que había ingresado Heather - su ahora "enemiga" o como Andy se dirige hacia ella "la última persona que querría ver en el mundo, y si es posible no verla" – Patapez ha estado ausente la mayor parte del tiempo.
"Al menos estoy sola ahora", pensaba, pero ya se había acostumbrado a su presencia, por lo que le sonó extraño que no estuviera en el comedor, donde había ido a buscarlo.
¿Andy buscando al rubio? Debe ser una broma.
Cuando entró al lugar hacia donde se dirigía, no había nadie. Pero de alguna u otra forma no se sintió sola. Sentía la presencia de alguien, y no solamente de una persona.
Se dio vuelta y no podía creerlo, además de que no creía que no se dio cuenta de que Patapez y Heather estaban en un rincón, besándose.
Los otros dos al parecer tampoco notaron su presencia, sin contar que Andy siempre es sigilosa por donde quiera que vaya, sin su consentimiento.
Heather estaba contra la pared, abrazando al rubio. A él nunca se lo vio feo, es más, siendo inteligente es uno de los pocos chicos guapos de la universidad. Pero su torpeza desconocida aún no fue descubierta por nadie, excepto Hipo.
Andy carraspeó para hacer notar su presencia, y cuando ambos voltearon asustados, la expresión de la otra no fue nada agradable.
-¿Qué haces aquí? –Interrogó Heather ya que Patapez se quedó mudo –
-Así que esto era lo que hacían cuando, tú no estabas molestándome, claro.
-¿Qué? ¿Estás celosa?
-¡Qué asco! Sin ofender, pero, me retiro, y creo que no necesitaré más de tu ayuda, Patapez. No quiero parecer celosa, y es porque no lo soy, pero tendrás que decidir si estar conmigo o con eso –señaló a la otra chica, que la miraba acusadora -.
Patapez intentó detenerla, pero Heather no lo dejó, y comenzó a besarlo nuevamente, convenciéndolo de que ignorara lo que acababa de ocurrir.
Por la noche, cuando el rubio regresó a casa de Andy, ella ignoró totalmente su presencia. La Bull Dog de Patapez dormía plácidamente en la alfombra junto al Gran Danés.
-¿Por qué hiciste eso? –Preguntó luego de sentirse ignorado - ¿Acaso vas a fingir que no estoy hasta que me vaya?
-En realidad no –Contestó finalmente -.
-¿Entonces?
-Esperaré a que te marches, en respuesta a lo que te mencioné hoy. Pero antes dime algo ¿Qué sucede entre Heather y tú?
-¿Tienes algún problema entre nosotros?
-Eso no te incumbe. Contesta mi pregunta.
-Sí, sí ocurre algo –Exclamó finalmente estallado en rabia tomándola por los hombros y mirándola fijamente a los ojos, ella lo observaba con su rostro inexpresivo –.
-Suéltame.
-No hasta que termine.
-Que no deba golpear cosas no significa que no te puedo golpear –Su rostro se veía sínico de pronto -.
-Sí necesitas mi ayuda, y eso no lo vas a negar ¿Estás celosa?
-No soy celosa, pero esa persona es demasiado falsa.
-Entonces sí estás celosa.
-¡Que no estoy celosa! ¡Suéltame ya! –La ira se apoderó de su cuerpo, y una incontrolable fuerza provocó que el rubio acabara contra la pared todo adolorido, además de que dejó una marca de su espalda en la misma –
-Deberías controlarte más.
-¡Vete! –Su respiración era agitada, había utilizado más de su fuerza física ya que su cuerpo no estaba preparado y no comió nada excepto unas tostadas en el desayuno – Si no me crees, entonces puedes marcharte, ahora.
-A-andy… Yo… -Trataba de sacar unas pocas palabras para disculparse, nunca la había visto así, por lo que se asustó –
-Vete –Tomó un bate de béisbol, y comenzó con pocas fuerzas a acercarse –.
-¿Sabes qué? Tienes razón. Prefiero estar con una falsa que al menos es más amable que tú, y no una sádica que ni siquiera sabe controlarse ante su amigo -.
-Nunca dije que eras mi amigo. Viniste a mi vida como si nada sin siquiera preguntarme qué decidía yo.
-No seguiré discutiendo porque tienes roda la razón, yo fui el que se entrometió, y lo siento. Pero esto ya es suficiente –Se retiró y cerró de un portazo la puerta de entrada, hecha de vidrios y madera de loro – No cuentes conmigo –Fueron las últimas palabras que oyó la morocha -.
Esa noche se sintió muy atrapada. Su único sentir era la impotencia. Comenzó a golpear las paredes, acabando en el suelo desmayada.
Se despertó a las 2:27 de la madrugada, y sin darse cuenta necesitaba magullar a alguien para saciar su enojo hacia el rubio. No era consciente de sus acciones, pero aun así lo hizo.
Se vistió de negro, hasta unos simples zapatos con poca base y livianos para correr. Tomó su skate y dejó las luces encendidas para simular que estaba en casa. Era de costumbre para los vecinos ver las luces a esa hora.
Sin dudar montó su patineta y se dirigió rumbo a su destino.
…
Al día siguiente, nadie sabía nada de ella, y Heather se encontraba en el hospital por unas simples heridas de un supuesto ladrón que entró a su apartamento y la atacó. Hipo comenzó a sospechar.
Patapez estaba junto a –ahora – su novia, consolándola y pensando en Andy todo el tiempo. No tenía más remedio que culparla, aunque la descripción que dio Heather era de una sombra de baja estatura, antisimilar a la silueta de la presunta agresora.
Bien, hasta aquí, pronto subiré el que sigue, y más misterios esperan pacientes. Dejen sus reviews si les gustó cómo va hasta ahora, la verdad que bueno, los favs me sorprendieron mucho. Gracias, y nos leemos! ;)
