PERDÓN DE NUEVO! Es que siento que me tardé mucho tiempo, tienen todo el derecho de criticarme cualquier cosa. Espero les guste, saben que no edito los capítulos, porque no tengo tiempo, y además de que así como los acabo guardo cierro y subo a fanfiction xD Yendo al grano disfruten :)
-Así que, ¿A dónde vas? ¿Huyendo de nuevo? –Heather se encontraba reposada en la puerta trasera del Dodge Viper casi cerca de la cajuela, a una determinada distancia de la rubia –
-No, volveré –Contestó con la voz más cruel que la morocha pudo oír jamás por parte de su ex compañera -.
Tardó como siempre aproximadamente treinta segundos en abrir el auto y entrar. No sin antes volver a ser provocada por Heather y devolverle una cachetada. En el cupo se incluye un ojo morado.
Al parecer Andy regresó no varias horas después, sino que tardó días. Tomó prestado el auto de Patapez, ya que en un astuto movimiento cuando salían del sótano pudo cambiar las llaves por las de la casa, y engañarlo porque sabiendo que le pedirían a Brutilda que rastree su teléfono, lo dejó en casa ese mismo día. Mente complejamente astuta. Nada mejor que la de un sádico.
Estacionó en el frente de su casa. La presión en sus venas al menos se percibía por lo que estaba continuamente fregándose la frente con la muñeca de la transpiración.
Debía usar el tacto, "Demonios, dejé los lentes allá" maldijo en sus adentros, aunque, por sobre todo debía tocar la puerta. Lo hizo. No hubo respuesta. Sólo unos ladridos reconocibles por parte de su amado perro, el cual no dejaba de arañar la puerta.
-Shhh, tranquilo, espera un momento –Miró hacia arriba -. Mmm… -Pensó por unos momentos en subir – Ya fue, voy a hacerlo –Dirigió nuevamente su vista a la puerta, y se acercó un poco -. Black, necesito que me hagas un favor… -El perro correspondió eso con un ladrido de felicidad – Ve arriba y abre la puerta del balcón.
Sin más, buscó una forma cómoda y POSIBLE de llegar hasta arriba. Observó unos instantes el rededor de la casa, de un tono blanco pálido, y decidió por voluntad propia escalar a un costado, habiendo recordado que los secretos guardados aún se conservaban.
Se paró junto a la esquina inferior izquierda de la residencia, buscó con las manos, hasta que logró obtener eso. Presionó suavemente el pequeñísimo botón camuflado en flores –espera ¿Flores? Por favor - y demás cosas como telarañas que ella misma durante el verano transformó en la aburrida pared artificial. Justo debajo de una pequeña arañita pintada se hallaba el preciado interruptor.
Pero por sobre todo, lo que ocultaba ese botón, era que su textura no resaltaba hacia afuera, sino permanecía al mismo volumen que el de la pared.
-Bien, ¿Ahora qué? Nunca había usado esto –Claramente estaba hablando sola -.
Comenzó a tocar nuevamente la pared en busca de algo, hasta que lo que realmente hacía el botón era activar unas pequeñas manijas en forma de la mitad de un cuadrado, que servían para subir a arriba.
Al llegar allí, su perro abrió de alguna manera la puerta que ella le ordenó, y pudo entrar adentro. Por suerte, para ella, tenía una copia de sus llaves dentro de la casa. Buscó su repuesto de lentes, y se los puso. Se sintió satisfecha al poder ver todo con más claridad.
Se estaba haciendo noche, decidió salir a pasear un poco con Black para ejercitar los músculos entumecidos tras 12 horas de manejar, y luego de volver preparó una deliciosa cena, la cual compartió con su perro obviamente. No logró siquiera comer tres porciones de pizza, pero no importó; Black se encargó del resto.
-Buen chico. Ahora, a dormir. Sube, y cerraré todo –Su mascota la entiende tan claramente, que ni siquiera Hipo lo comprende, su gato hace lo mismo, aunque es algo rebelde -.
Se dirigió a la cocina a desechar los platos en el lavavajillas, y se percató de la pequeña luz que emitía su celular. Primero no le dio importancia, hasta que comenzó a sonar su teléfono fijo. Con toda la paciencia del mundo, se tomó su tiempo para contestar.
-Hola ¿Quién habla?
-¡Andy! ¡¿Dónde estás?!
-Ah, tú –Colgó, y ya que las luces las había apagado y se fue a dormir -.
A la mañana siguiente, un día un poco nublado y frío, pero a pesar de eso con algo de sol. La rubia despierta algo somnolienta, pero al abrir los ojos, se encuentra algo "un poco" desesperante. Se coloca rápidamente los lentes, para encontrarse con algo peor de lo que supuestamente había percibido.
-¡Wow! ¡WTF! ¿Qué es esto? –No paraba de maldecir sin importarle nada, sólo saber cómo había ocurrido todo –
Por suerte, volteó a otro lado de la habitación y cuando miró nuevamente su cama, esta sólo estaba vacía, con las sábanas desparramadas casi tocando el suelo y las almohadas, una en el piso, la otra, despedazada. ¿Sus ojos le estaban jugando una broma?
-¡Black! –Gritó llamando a su perro – Este me las va a pagar… -Cuando el perro llegó a la puerta, comenzó a gemir, como si fuera a llorar (Es lo que los perros hacen, supongo), con un terrible miedo a entrar - ¿Qué les hiciste a las almohadas amigo? Ven aquí… Te perdono… Al menos, me dejaste una intacta… -Pero el perro temía siquiera verla – Ven… -Dijo acercando su mano para acariciarlo - ¿Qué te pasa, chico? –Su perro agachó la cabeza, aún más asustado –
Cuando acercó más su mano, a milímetros de su rostro, el can salió corriendo. Apenas había llegado el día anterior ya que la gasolina se había acabado justo frente a su casa. Estaba en pijama, musculosa blanca y short azul, además, para su ya repentina suerte, el perro sabe abrir la puerta de atrás por su cuenta, y, por más que salió corriendo tras él, increíblemente esta raza corre bastante rápido.
-¡Black! ¡Ven aquí! –No hubo respuesta, su amigo, había escapado –
Andy simplemente no trató de corres tras él, dejó una rendija pequeña en la puerta, en caso de que llegara a volver. Eso la deprimió mucho. Subió reiteradamente a su cuarto a investigar.
Cuando volvió a revisar el entorno del cual hacía pocos segundos había salido corriendo, realmente quedó petrificada. ¿Sus pesadillas, provocaron esto? Se preguntaba una y otra vez…
Rápidamente marcó el número de Patapez, aunque, ciertos segundos en los que tardó eso, dudó de sí misma. El rubio estaba quién sabe si preocupado por ella, pero de seguro más por su automóvil, típico.
No tendría problemas con la universidad y las clases, primeramente, porque últimamente sólo salían de clases para ensayar, y los profesores no salían de su sala. Segundo, confirmó con la directora que iba a ausentarse por unos días, así evitar problemas con las inasistencias y esas estupideces, según ella.
Como sea, marcó el número de su compañero, y antes de presionar "llamar", oyó una voz conocida abajo. Las diez de la mañana, sábado. Bajó pasivamente por las escaleras. Sí. Definitivamente era a esa persona la que iba a llamar hace pocos segundos. Mala idea.
Se ocultó detrás de la puerta del baño, para ver qué sucedería.
-¿Hola? ¿Hay alguien? Qué raro… Black… -Continuó por las escaleras –
Recorrió todo, y cuando bajaba, ya que el baño está justo al lado del camino hacia arriba, Andy decidió ir a la cocina, en silencio sin ser percibida. La noche anterior no tuvo oportunidad de beber algo, así que abrió el escondite secreto –Con escondite ya se sabe -, de la nevera y, bueno, prefirió no arriesgarse, tomó una botella de cerveza. Bajó un vaso alto y gordo de la alacena, se sirvió algo de eso, lo bajó en un fondo blanco, apoyó el vaso haciendo ruido apropósito, habiendo recordado lo anterior.
Patapez percibió un ruido un poco sospechoso abajo, se dirigió lentamente algo asustado. No sabía si había alguien más dentro, ya que su auto estaba afuera pero no encontró a Andy.
La rubia se resguardó detrás de la heladera, en un rincón, a esperar. Él comenzó a bajar por las escaleras, dispuesto con sus puños a defenderse de cualquier cosa que lo tomara desprevenido.
Asomó la vista por el marco que daba a la cocina, un silencio de luto lo dejó petrificado, y obviamente, para nada tranquilo. Siguió caminando, mucho más lento, hasta que algo lo espantó aún más.
-¿Qué haces aquí? –Dijo Andy con una voz fría, esperando su respuesta –
-¿Tú qué haces aquí? ¿Hace cuánto llegaste? ¿Y por qué no me devolviste el auto? Explícame eso –Dijo exaltado, además de que casi le da un paro cardíaco ese pequeño instante, señalando el vaso sabiendo que de alguna bebida no sana se trataba -.
-Se supone que es mi casa, llegué anoche, y tuve que entrar por el balcón, no te devolví el auto sabiendo que vendrías tarde o temprano, y… el vaso… Tenía sed, así que me serví un poco de jugo de ciruela.
-Tú no tomas jugo de ciruela… -Reprochó dirigiéndose hacia la nevera a verificar –
-Sabes, la mentira no es buena, mucho menos cuando adivinas algo y no le pegas –Su voz simplemente estaba apagada, como siempre, y sin ganas -.
-Llamaré a Hipo.
-¿En qué tiene que ver Hipo con esto?
-Le preguntaré si bebiste alcohol últimamente –Se separó de ella dándole la espalda y juntamente a la heladera -.
-¿Disculpa? –Se recostó contra la puerta del objeto blanco, las manos hacia atrás, activando un botón de seguridad donde sólo se abre si sus dedos tocan el interruptor –
-Lo que oíste.
-No eres quién, para investigar si tomé alcohol o no. Ese es mi problema. Puedo resolver MIS PROBLEMAS.
-Aún no resuelves nada con Heather, no molestes –Dijo más serio, esperando que el castaño conteste -.
-Ese caso es demasiado particular –Se defendió justamente –
-¡Ya cállate! ¡Sólo me preocupo por ti, eso es todo! –Esto dejó callada a la joven, que se enojó y reaccionó –
-¡Yo –Levantó su pierna derecha – puedo –Patapez volteó – cuidarme sola! –Una patada en el estómago, que apenas hizo efecto llegó al joven - ¡No necesito de nadie! ¡He estado sola desde hace cinco años! ¡Y todavía no me ocurrió nada! ¡Puedo defenderme! ¿Lo entiendes? –Él reaccionó ante tal acción, tomándole la pierna al aire, mientras decía todo eso -
-¡Sé que en el fondo escondes algo más! ¡Y no descansaré hasta encontrarlo! Pero sólo quiero que te calmes, perdóname por esto, Andy –En un movimiento inesperado en el que tenía la pierna en sus brazos, la impulsó hacia adelante dejando a la joven desmayada en el suelo -.
Nadie sabe ni recuerda qué sucedió después. Ambos despertaron, casi al mismo tiempo, Hipo vio la llamada perdida en su celular, y decidió ir a la casa de Andy a ver qué sucedía. Patapez no dejaba llamadas perdidas, nunca. Hipo siempre las contestaba.
Andy tenía una bolsa de hielo en la cabeza, y un ojo morado. Patapez también, excepto que varios golpes en el estómago, pero que no fueron por parte de la rubia, sólo le dolía muchísimo.
Bien, les dejo hasta aquí. Espero les haya gustado, y… aquí recién empieza la trama muajajaja como sea Nos leemos! Abrazo psicológico! Y voy a tratar de subir lo más pronto posible el próximo capítulo ;)
