Okno no me maten! Ya fue, nadie puede hacer eso ¬¬ xD jajajaja hola! Cómo va? Bueno, como sea aquí está perdón haber tardado pero bue.

Como sabrán (lean los comentarios) me pidieron que escriba algo sobre el pasado de Astrid, Y… AQUÍ ESTÁ! Disfruten ;)

Era uno de esos días en los que no deseaba siquiera respirar. Su ánimo, no muy alegre aunque sí molesto. Astrid sabía que ese día nada era lo que parecía, por lo que tenía un mal presentimiento. Su madre estaba en un viaje de negocios, y su padre se había quedado con ella durante los últimos meses.

Oye, ya me voy a la audición.

-Está bien, pero ¿Tan temprano?

-Sí, es que… Necesito practicar –Tenía 13 años en ese entonces –

-De acuerdo, ve… Cuídate. No quiero que nada malo te pase.

-Está bien adiós –Contestó algo fría – Es en una hora, ¿Lo recuerdas?

-Sí, iré, no te preocupes…

-Ok.

Astrid estaba segura de que su padre no estaba muy interesado en su estúpida audición para ingresar a la secundaria de danzas clásicas, o al menos eso ella sentía dentro suyo.

-¿Estás lista? –Le pregunta la profesora detrás del escenario, cuando ya era su turno, y su padre aún no había llegado –

-Sí, supongo…

-Bien, suerte –Dijo sonriéndole y empujándola suavemente –

La joven bailó como nunca, no se equivocó en ningún movimiento; no hasta que con rabia vio que su padre nunca entró por la puerta. Tropezó, se volvió a levantar haciendo parecer de la caída un improvisado del momento. Acabó, bailando sin música, expresando su danza como una expresión más que saliente del propio corazón.

Estaba muy molesta con su padre, sabía que esta vez, sólo esta vez le dio una única oportunidad, y la desperdició. No lo volvería a hacer, jamás. Salió por la puerta, y estaba su hermano mayor afuera, esperándola recostado en una de las columnas de la izquierda –viendo desde dentro -.

-Hola Edgar, ¿Y papá?

-Papá… -Su mirada cambió repentinamente por una desolada, triste, y con un solo sentimiento que Astrid supo descifrar qué decía – (Murió en un accidente Astrid, lo siento)

-No… -Musitó procurando controlar las lágrimas que querían caer por su rostro - ¡NO!

Estuvo a punto de decaer al suelo pero su hermano –En ese entonces seis años mayor que ella – la sujetó, y ella no sabía si el sentimiento que invadía su cuerpo era toda la ira que había acumulado la que estaba saliendo, o la impotencia de haber pensado todo lo malo que le haría cuando regresara a casa… Por un momento una mezcla de emociones y sentimientos se estuvo conteniendo.

-Astrid… ¿Qué te sucede? Tus ojos… Están… (Negros…) –Pensó con una mirada de espanto y terror –

-Suéltame –Susurró con un tono que su hermano jamás había oído. Su hermana… ¿Qué le estaba pasando? ¿Cómo es posible? -.

Edgar obedeció. La rubia salió corriendo. Él comenzó a seguirla, sabiendo que lo que iba a hacer no era nada bueno ni seguro.

Tras los años, Astrid cambió tanto, que nadie más la vio sonreír en mucho tiempo. No de verdad. Sufrió de depresión durante dos años y medio; su hermano se suicidó seis meses después de la muerte de su padre, y eso fue lo que más sola la hizo sentirse.

Su madre, sufrió de igual manera, pero por dentro. Nunca demostró su dolor frente a su hija para que no hacerla sentirse culpable. Y así, fue el pasado de Astrid. Hay otra historia igual de dolorosa, pero no con el mismo destino…

En la clase 3 de la secundaria, se hallaba un joven que, a decir verdad, no está solo. Tiene a su mejor amigo, Hipo, hijo del presidente de la isla, así que nada le puede ir mejor. Pero el pensamiento de Patapez por dentro es totalmente distinto y pérfido al de la persona que refleja ser por fuera.

Al igual que Hipo, su amor está en la música, nada lo hace más feliz que eso. Excepto la inteligencia de la chica rubia de su curso; seguro adivinarán de quién les hablo. Así es, Brutilda Thorston, la genio más inteligente del colegio, que a decir verdad, debería estar en la categoría de los nerds, pero… Su agudeza para el conocimiento proviene de otra naturaleza además de la simple acción de leer muchos libros.

Es algo así como el Dr. Spencer Reid, de la serie Criminal Minds; pero con el triple de personalidades y poder mental. Se podría decir que su cerebro abarca más de lo que podrían contener diez en su cantidad máxima. Aun así su mente permanece totalmente abierta. No necesita prestar atención en clase, pero no por nada los profesores le llaman la atención; la específica razón de eso, es que los profesores piensan que ella pretende tener la razón en todo y por eso los interrumpe sin querer en sus explicaciones. Pero, ella; sí tiene razón, en todo.

Nadie en el mundo –obviamente vivo – la supera en sus cualidades, sino lo que realmente no tolera es que la molesten. Pídele permiso para siquiera hablarle a menos que seas su amigo, y no verbalmente. Hizo la secundaria y preparatoria en dos años, y aun así tuvo que esperar a tener diecinueve para ingresar a la universidad. Todo por la estúpida ley de edad.

En fin, esa es la personalidad, mejor dicho, las personalidades de las que Patapez está enamorado, más bien dicho, masacrado. Desde el primer día en que la vio, la envidió con todo el alma. Todavía no la supera, pero el único defecto que tiene –y diferencia también entre ambos – es que él no posee el don que ella heredó. Además, de eso, creo que nunca se va a dar cuenta por sí solo. Es un hecho que su personalidad se basa en una persona que no se rinde fácilmente.

Nada más que contar, Patapez es un chico que se carcome solo por leer cada libro en el mundo. Ese es su pasado. Su presente sigue igual. Su futuro, nadie lo sabrá; pero Brutilda notó lo que trataba de hacer y dijo "Yo creo que antes de llegar al nivel que accidentalmente tengo, morirá a causa de su poca capacidad mental".

Brutacio se sorprendió ante tal expresión por parte de la rubia. Aunque, después de todo, necesitaba usar la computadora y nada más le importaba.

Mientras tanto, Brutilda buscaba a Hipo por la parte de arriba.

-Vaya, no es tan grande, pero sí que tiene sus laberintos esta casa… -Exclamó suavemente, como un comentario para sí – Hipo… ¿Dónde estás? –No obtuvo respuesta –

Se dirigió al baño, donde era el único lugar que no había buscado aún, cuando se encontró con algo que realmente la impactó. Sintió ese nudo en la garganta de hacía pocos años, cuando se tropezó con la misma situación.

La puerta del baño estaba cerrada, quien sabe si con llave o qué, pero simplemente no se podía abrir con sólo girar la manija.

-¡Brutacio! –Su hermano apenas oyó su nombre, pero ignoró a su gemela; aunque no pasaron muchos segundos cuando lo volvió a escuchar - ¡Brutacio, ven aquí! ¡Te necesito!

-Ahh, qué fastidiosa… ¡Aguanta un rato, ya estoy por pasar de nivel!

-¡Ven y ayúdame, Hipo está dentro!

-Oh, cielos… -Los mismos recuerdos lo invadieron, comenzó a sentirse un poco mal… - ¡Voy yendo!

Menos de cinco segundos después de haber dicho eso, estaba junto a su hermana tratando de abrir la puerta. Hacía muecas exageradas con la lengua, quién sabe de dónde heredó eso. Oh, esperen, su hermana hace lo mismo.

-¿Dónde está Andy?

-No lo sé, miró el reloj, y se fue… No dijo a dónde –Contestó preocupado su hermano, aunque la voz de él siempre suena como el tono normal para todo –

-Rayos… Apresúrate, no sabemos lo que hizo allí dentro…

-Ya voy, ya voy –Repetía con incredulidad el rubio, con ambas manos sobre el cerrojo, y un alambre tratando de desllavear la puerta – Hay, ¡Esta cosa no se abre!- Gritó enojado, cuando alzó la pierna y la abrió/tumbó de una patada –

-Está bien, esa no era la forma pero…

-¿Ves? No por nada sé esas maniobras, jugando Mor…

-Ya cállate, lo haces porque tienes fuerza y eres un chico –Refunfuñó su hermana entrando al espacio particular del baño –

-¿Tengo fuerza? Wow… Sí que es grande… -Comentó sorprendido su el rubio mirando hacia el interior, siguiendo a su gemela –

-Brutacio, quédate aquí. Quieto –Ordenó la joven, dando pasos lentos y desconfiados hacia el resto de lo que parecía el mismo entorno en el que se había entrometido varios años atrás, en la misma situación, sólo que, ahora sí sabía qué hacer -.

-Está bien –Contestó obediente como un niño y se sentó como indio contra la pared a jugar con sus dedos -.

-Hipo… ¿Estás ahí? –El baño era en forma de media luna, por lo que para llegar hasta bien adentro, era algo largo el camino – Contesta… Hipo.

Cuando logró disipar el zapato izquierdo del castaño, continuó, con más voluntad y valentía. Comenzó a ver el rastro de un charco de sangre que caía desde la muñeca del joven, desangrándose por completo, y a un lado del borde de la bañera en la que se encontraba Hipo recostado, una pequeña cuchilla manchada de rojo.

-Oh, no… No de nuevo –Pequeñas lágrimas comenzaron a caer y resbalarse en sus mejillas, pero no era tiempo para darse cuenta de eso. En ese momento, estaba, sola. Su hermano era propenso a desmayarse al ver sangre, por lo que no podía hacer nada -. ¡Brutacio, tráeme el maletín de primeros auxilios de la cajuela, pero cierra los ojos al entrar aquí!

-De acuerdo… ¿Dónde están las llaves? –Su reacción tardía no lo dejaba manipular rápidamente sus pensamientos (en esa clase de casos), para reanudar lo que debe hacer de su mente al cuerpo, por ello pregunta casi siempre dos veces todo

-Junto a la puerta –Pensó rápidamente que no estaban en casa, ese es el lugar donde siempre las dejan en la suya -. Espera ¿No las tienes tú?

-Enseguida vuelvo… -Minutos después, llegó agitado con lo que le pidió su hermana - Okey… Bueno, ahí va… -Deslizó por el suelo el pequeño artefacto del tamaño aproximado de 40cm x 25cm de diámetro a lo ancho y largo –

-Tacio, necesito que vengas de todas formas. Esto, es bastante grave –Musitó la rubia preocupada –

-Pero… Sabes que me desmayo al…

-¡Ya cállate, no pasará nada! De seguro lo superaste –Murmuró ella al último con una sonrisa comprensiva – Ya, ven.

-Ahí voy…

Una semana después, todo siguió como siempre, nadie preguntó nada sobre qué pasó en la muñeca de Hipo, ninguna interrogación respecto a los presuntos viajes o salidas de Andy, y por qué Astrid no se encontraba junto a su novio cuando este casi se suicida.

Lo importante ahora, era ensayar y prepararse al máximo para las presentaciones finales. Faltaban ocho meses, y la gran mayoría ya tenía todo, no todos.

La relación de Hipo y Astrid iba bien, casi. A decir verdad se aman, mucho; pero… No se llevan como lo que se podría llegar a esperar sorprendiéndose incluso, de ellos. Sus aventuras, bueno, algo particulares, silenciosas por lo bajo, y cuando tienen ganas de separarse de los demás para estar juntos, siempre escogen la excusa perfecta para salir de clases y huir a hacer de las suyas.

Nada mejor que sentarse en el parque una anublada tarde llena de esa brisa otoñal que inunda toda la temporada del año, y pasear por el gran salto de cataratas del parque casi cerca de las afueras de la ciudad, aproximándose más al bosque, en realidad, después del mismo.

Ese mismo día, tuvieron que idear algo para escapar el día entero de clases, pues era el cumpleaños de Astrid, e Hipo quería darle un regalo, importante. Sin más preocupaciones, Patapez se ofreció a encubrirlos en clase, y Brutilda también, así que todo ya estaba resuelto. Todo, excepto una sola cosa.

El castaño no sabía cómo no decirle a Astrid, a-algo que tenía planeado desde que se volvieron novios. Pero, incluso después de tanto estrés, lo intentaría a pesar de todo.

Cuando llegaron, fueron a la cascada principal, donde aparentemente esos días estaba crecida el agua; por lo que no se podía bajar hasta la orilla del río a ver bien en detalle (de hecho es donde se puede ver TODO realmente).

Pero, eso no impidió que Hipo tomara un atajo a escondidas, desde donde siempre veía al menos algo, desde arriba de la gran catarata; y por primera vez, se lo iba a mostrar a alguien. Su padre, cuando él tenía aproximadamente ocho años, le contó la hermosa historia de cuando él también le había enseñado el lugar a su madre, el mismo día que le pidió matrimonio.

Ahora, era su turno.

Bueno, no sé por qué decidí acabar aquí, pero como sea, ya está :p jaja xD pueden criticar todo lo que quieran, sé que está muy malo para haber tardado tanto, pero espero poder compensar eso :) Abrazo psicológico!