Hey! Hey! Hola! :3 Perdón! :3 Sé que me extrañaron muuuucho [es mentira eso :( ]

En fin, por fin actualicé. Espero no haberles sacado alguna que otra decepción por la mala escritura, la falta de cohesión malísima y todo eso :p porque hasta YO me decepcioné de mí misma. Como sea, estaré actualizando, si puedo, cada fin de semana, porque dedicaré el mes de Mayo a terminar este fic, para poder acabar después mi novela que quiero publicar a fin de año :3

Espero les guste este capítulo, porque no mucho después subiré el siguiente, así que estén atentos nuevamente, y… eso.

Sé que me tardé unos meses, es que, tengo muchos problemas familiares, problemas conmigo misma, y cosas que solucionar, y no puedo aún.

En fin

No se preocupen por mis problemas, que son muuuuchos, y disfruten del capítulo 15! :3

Dos semanas antes del cumpleaños de Astrid. Últimamente su relación andaba bien, excepto por la irritante y molesta presencia de Heather, quien intentaba seducir al castaño.

Ella dejó a Patapez, pero porque realmente estaba enamorada del increíblemente hermoso y gran seductor –desgraciadamente lo hace inconscientemente -, que es Hipo.

Astrid estaba bajo mucha presión por los exámenes de final de semestre, y no es que sea tan buena estudiando o reteniendo cosas; para lo único que le sirve su talento de memorizar fechas, es para historia, o cualquier materia que tenga que ver con eso. Misma razón por la que sabe de memoria todos los datos que se refieren a la danza.

Faltaban menos de quince días para su cumpleaños, y eso no era tan importante a decir verdad, ya que no tenía pensada ninguna fiesta ni nada… Estaba algo desanimada.

Tenía el gran presentimiento de que algo saldría mal gracias a la engreída de cabello negro, y eso, simplemente le hacía tener un sentimiento de impotencia severo.

Pero básicamente, ese día no podía empeorar. De más está decir que gracias a sus atareados horarios no podían verse siquiera en el almuerzo, ni disfrutar de al menos una caricia sino en el fin de semana, aunque aun estando en días libres, ambos tenían artículos, trabajos y estudios para futuras pruebas en distintas asignaturas, etc. Todo eso, provocó una gran distancia en su relación, por más que vivieran juntos.

Hipo no se daba cuenta de lo que ocurría entre Astrid y Heather. No sabía de esa gran disputa entre ambas; y su novia se preguntaba cómo es que era tan ingenuo de no molestarse en decirle algo, sobre "¿Qué tal tu día?" o "¿Cómo estás hoy?". Nada. Astrid se sentía además de hostigada por Heather, ignorada por el castaño. Y él por su puesto, nada más que confundido.

Andy ahora ya se hallaba un poco nostálgica, pero no lo demuestra, como siempre. Últimamente tenía ganas de ir en skate y hacer todo el recorrido para llegar hasta la universidad. Tanto Imagine Dragons como los AC/DC o Megadeth sonaban en sus auriculares.

Otra vez necesitaba aislarse del mundo, de todas las personas que, aunque sean importantes en su miserable vida –Según ella -, en esos momentos, estorban. En los ensayos, ya no charlaba, actuaba como la primera vez que estuvieron en ese entorno los tres compañeros o algunas veces articulaba palabras cortas y suaves como "si" "no" o "está bien".

Su cabello se veía maltratado, alborotado (así es como se ve siempre), mejor dicho; como si no le importara su apariencia. Como si, ¿Se pareciera a una persona con depresión? Claro, nadie lo notó.

Habían hecho un receso de clases durante dos semanas, a causa de unas pequeñas remodelaciones en la institución, por lo que fue un cambio en su interior bastante grande para ella a decir verdad; el estar fuera de rutina. Y tener que volver a las aburridas clases de nuevo, le irritaba un poco.

Su personalidad le juega en contra cuando está en un ambiente con más de dos personas, y todos hablan al mismo tiempo provocando bullicios.

Patapez estaba en una importante pero personal investigación, sabiendo que algo oculto estaba detrás de la "falsa personalidad de Andrea". Buscaba respuestas, pero no las hallaría a menos que poco a poco analizase la conducta de la misma, para ver detalladamente qué cambios ocurrían en ella.

Como siempre, Andy regresa a casa, y no hay nadie. Su perro todavía no volvía, aunque ya se acostumbró a su falta de presencia en el oscuro entorno. Sus ganas por seguir respirando el contaminante aire de la obsoleta ciudad, se apagaron poco a poco. Ya no le ve el sentido a nada, sólo a que tiene un hambre inimaginable de venganza, y sangre.

No requiere de mucho para cometer un crimen sin siquiera ser vista, aunque no siempre su presencia es la que puede ocultarse. El simple hecho de que lleve un gran pincel enfundado en su cinto, y oculto en el mismo una navaja de ocho pulgadas de largo, no significa que sea violenta. Sí, claro.

Si Heather piensa que conoce todos sus comportamientos, está completamente equivocada. Todas las mujeres tienen su lado sensible, ella lo oculta tan bien, que es inhóspito que alguien lo haya visto alguna vez. Todo lo que tuvo que vivir, ya no le sirve cuando desea pelear pero no tiene la suficiente motivación física para hacerlo.

Los sádicos poseen una mente distinta a la de las demás personas, y es que, su estado de ánimo cambia rotativamente según la persona o el entorno que se encuentre con él (ella en este caso). Disfrutan ver sufrir a la gente porque, ellos sufrieron anteriormente. La gran mayoría de estas mentes piensa que tiene que devolver un favor, pero no es así.

[Probablemente si alguien sádico piensa en esta perspectiva como la equivocada, puede que tenga razón, no todos somos genios. Cada pensamiento distinto, es lo que nos hace genios.]

Cuando un sádico despierta su lado oscuro, el que siempre permanece en su rostro pero claramente es difícil de comparar con el de alguien normal, es donde debes temer por tu vida.

Andrea, se estaba volviendo una persona oscura. Sin sentimientos, sin emociones, y con el único y obscuro efecto en su mentalidad, de nada más y nada menos que hambre. Hambre sanguinaria.

-Creo que deberías enlistarte e ir a la guerra, eres buena en eso –Comentó Brutacio, en una pequeña reunión entre amigos, ya cuando todos menos ella, el recientemente hablador, e Hipo, estaban algo… ebrios que digamos -.

-Sí, claro. Lo confieso, me encanta matar gente, pero… Honestamente prefiero mil veces en la vida aguantarme las ganas a tener que ir a combatir contra idiotas que lo único que sienten es que deben defender a su "patria" –Exageró la última palabra con sus manos -.

-Tienes razón, no lo sé…

-¡Hey, ustedes! –Gritó una rubia por detrás enfadada – Dejen de hablar creyéndose intelectuales porque ese tema es una estupidez

-Nadie dijo que estábamos en un solo tema de conversación –Contestó molesto su hermano – ¡así que cállate idiota!

-¡No voy a callarme para ti!

-¡¿Ah sí?!

-¡NO!

-Otra vez… -Susurró Hipo, harto de todas sus discusiones –

-Cállense los dos o tendré que obligarlos… -Musitó Andy, algo desinteresada, pero sabiendo que su voz se oiría –

-¡No me vengas con eso ahora! –Gritó Brutilda, quien ama pelear como si no hubiese un mañana –

-Hipo… Haz que paren, por favor –Astrid ya estaba en su octavo sueño –

-Andy, tengo sueño, espera un momento…

-¡Pero tú no eres la que manda aquí!

-¡Tú cállate! –Brutacio estaba muy en contra de su hermana ahora, sin poder evitar seguir bebiendo -

-Ahora regreso, que no escapen –Masculló Andy molesta al castaño, quien obedeció súbitamente -…

-De acuerdo –Y paró el vaso sobre la mesa haciendo ruido a propósito -.

-¡¿Quién lo dice?! –Brutacio también, al igual que su hermana, heredó… unos cuantos rasgos parecidos, el ser gemelos, vuelve eso un tanto obvio -

-¡Pues yo idiota! –Contesta ella a una distancia considerable de casi dos metros, a cada lado de la sala -

-O se callan o como les dije… ¡Yo los callaré! –Gritó desesperada con un hacha en manos, para luego hacer un pequeño pero relevante corte sobre la mesa –

-¡Wow! ¡Wow! ¡Wow! suelta eso antes de que... –Antes de que Tacio pudiera acabar su oración tuvo que agacharse hacia un lado para evitar ser cortado por la sádica –

-¡Oye! ¿Acaso estás loca Andy? –Preguntó Brutilda exasperada parándose, Hipo permaneció inerte en su sofá -

-Les dije que no la molestaran… -Habló un castaño desinteresado. Era la primera vez que sucedía un evento de ese tipo –

Hipo se volvió a servir en el mismo vaso de antes un poco más de cerveza negra, continuando su concentración únicamente en eso luego de que su compañera regresara.

-¡Hipo! –Gritaba Astrid dormida y molesta, pateándolo en el estómago y la cadera para que dejen de hacer ruido, ella estaba recostada en el mismo sofá aunque con los pies cerca de él en lugar de la cabeza–

-Ya, ¿Podrían dejar de hacer ruido? –Se limitó a preguntar el castaño –

-¡Tú no te metas! –Gritó Andy. Claramente, todos estaban pasados de vuelta, o… quién sabe qué… -

Brutacio y Andy, no toman alcohol, aunque ingirieron una cantidad, digamos, elevada… de Speed. Quizás agregaron otros energizantes más, nadie sabe qué había dentro de ese gran envase de aproximadamente diez litros cúbicos.

Andrea no estaba muy convencida que digamos, pero mientras tenga lo que a ella le gusta, lo tomaría. De todas formas, no le hace gran efecto. Era la única "sobria" en el ambiente.

-Ahh, ya me agoté mentalmente, tienen suerte, estoy cansada.

-Uf, por poco pensé que nos matarías –Dijo Brutacio, aliviado –

-Es capaz de eso bobo –Agregó Hipo como si fuera obvio -

-Nadie te preguntó.

-¡Cállense! –Gritó furiosa, su cabellera tapaba su rostro, de lo contrario, se habrían quedado blancos del susto –

Se detuvo, y se dirigió a cerca de la puerta.

-¿Ya te vas? Esperaba que me ayudes… Ya sabes –Miró de reojo a su novia –

-Lo siento, pero tengo que irme –Su voz seria indicaba que las voces de dicho ambiente la estaban aturdiendo demasiado -.

Se puso su chaqueta de cuero, llevaba una camiseta negra manga corta al comienzo de los hombros, al cuerpo y al estilo Rock And Roll. Colocó sobre su cabello su boina negra, y llevaba puestos sus guantes del mismo material al de su campera, que, por más que no cubrieran sus huellas digitales, no significa que es tan descuidada para dejarlas en cualquier parte.

En un semáforo, ya en el centro de la ciudad, era cerca de la medianoche, quizás más. Se detuvo en el rojo, como todo conductor prudente, excepto que en skate, y un policía le habló viendo el objeto acosador que traía en sus manos.

-Disculpe, señorita. ¿Para qué es el hacha?

-No lo sé, defensa personal supongo –Contestó en tono obvio, haciendo una mueca significativa. Quería que el rojo desaparezca para ella irse junto -.

-Yo no lo veo en tan buen estado

-¿Quiere que le muestre? –Se bajó de su móvil, y sin un esfuerzo el hacha atravesó el poste de luz de la esquina a pocos centímetros del oficial –

-Tendrá que pagar por eso.

-Bueno, si me espera tres años hasta que salga de la universidad, me consiga trabajo y esas cosas –hablaba desinteresada -, con gusto.

La luz cambió a verde cuando ya estaba nuevamente en su skate, y se marchó sin decir ni una palabra más dejando a un oficial con la boca abierta.

Con los auriculares puestos y el hacha sobre su hombro izquierdo, Out Ta Get Me en el reproductor mp5, nada más podría cambiar su ánimo por ver un poco de sangre. Su rostro, tan tajante y frío como siempre, acompañando a sus bucles, esa noche bien formados, un viento que a decir verdad al chocar en su cara la vuelve impredecible cuando de atacar se trata.

En lugar de ir a casa, recordó que en las montañas de las afueras de la ciudad podría haber más soledad para refrescarse un poco y olvidarse de esos oscuros pensamientos sanguinarios. Por su mente pasaba nada, a excepción de las ganas de saciar su incansable sed de matar a alguien, dejarlo agonizando, "Ahh… Me hace falta un poco de eso" Se decía a sí misma.

Al pensar en eso, volviendo de las alturas cuesta abajo, divisó una silueta no muy lejos, caminando como si estuviera huyendo de algo, o alguien.

Se quitó los auriculares para poder prestar más atención a los sonidos exteriores. No mucho después sus oídos percibieron el ruido proveniente del motor de una camioneta todo terreno, específicamente modelo 2006.

Se detuvo. Se quitó la boina, y la chaqueta, dejando sus demás cosas conjuntamente unidas y escondidas detrás de unos arbustos, quedándose sólo con el hacha. El viento claramente era helado, pero su cuerpo caliente y hambriento no le dejaba tener dicha sensación.

"Algo bueno está por venir". Se relamió los labios, pero sin dejar de avanzar lentamente, actuando con total naturalidad.

En caso de que repentinamente pierda su arma, tenía sus tres muñequeras repletas de púas afiladas desde siempre, y para su provecho, algo que no le debe faltar; un multitareas.

Modificó el último objeto a su manera, cambiando los artefactos pequeños por navajas, para no tener que abrir todo hasta hallar el cuchillo, algo que le causa molestia absoluta.

Como sea. Siguió su instinto animal, caminando con la mayor calma posible, la cual ahora no le faltaba.

Sus oídos reclamaban potentemente la Música, que ahora gracias a la ausencia física del audio, resonaba una y otra vez en su aturdida pero retorcida mente.

Finalmente, se encontró cara a cara con dicha persona. Su rostro seguía inerte, indiferente. El hombre de repente la mira, insinuando algo… un poco pervertido de su parte, o al menos eso fue lo que Andy percibió.

Lo miró arqueando una ceja, con una sonrisa más bien fingida, buscando respuestas.

-Disculpe señorita, alguien como usted no debería estar por estas horas, aquí, sola…

-Cállate idiota –Exclamó embarrándolo –

-Deberías irte, antes de que algo malo te pase.

-Como si fuera posible.

-Hablo en serio –Comenzó a acercarse a ella lentamente, pero Andy ya sabía detalladamente todo lo que haría el hombre -.

-¿Sabes por qué a esto le llaman hacha? –Una sonrisa sádica, que ya no podía ocultar, se formó en su rostro –

-No lo sé… Tú dímelo.

La mueca se volvió seria.

"Definitivamente este tipo es igual de pervertido que Fred" Pensaba la rubia mientras la víctima, mejor dicho, el hombre se acercaba más a su presencia.

A centímetros de su cara, ella permaneció inerte y seria. Cuando él se le acercó más para, ella no lo dudó.

-¡Cuidado! –Gritó para persuadirlo, pero en cuanto el volteó, tomó su hacha y un brazo se despegó del cuerpo de él –

-¿Qué acabas de hacer? ¡Maldita!

-Ahora te vuelvo a preguntar… ¿Por qué crees que a esto le llaman hacha?

El hombre morocho la miraba inerte, y luego cayó al suelo. Muerto por desangramiento.

-¡Jajajaja! Así es como amo ver sangre…

Pero su disfrute no duró mucho tiempo. La camioneta de color tirando de celeste opaco a claro, apareció frente a los ojos de Andrea.

Un gran viento se apoderó del ambiente, y su cabello sólo se movía en torno a la ventisca que daba hacia su derecha. El entorno de repente, se volvió obscuro y agitado.

Los demás hombres, que eran cinco, bajaron del automóvil, y uno de ellos llevaba consigo una pata de cabra, notablemente, filosa.

-Vaya, parece que alguien nos ahorró el trabajo duro… -

-¿Trabajo? Perdón por hacerte un favor.

Todos quedaron serios. Habiendo visto cómo su sonrisa tan rápidamente se podía borrar de su cara, quedaron estupefactos con lo que presenciaron.

-¿Por qué no nos dejas… encargarnos de eso, y te marchas? No sé si quieras salir viva de esto.

-No saques conclusiones antes de tiempo, y no tengo porqué obedecerte a ti.

-Así que tenemos a una jovencita debilucha, que se quiere hacer la ruda ante cinco hombres, interesante…

-¿Hablas en serio?

Andrea aún se preguntaba si era la única que veía el cadáver ensangrentado frente a ella.

-Vete. No queremos que te interpongas en asuntos ajenos, niña.

-¿Qué si no quiero? ¿Vas a…matarme?

-Y además de eso, una suicida, qué gracioso –Todos comenzaron a reírse de ella, dejándola con la mirada más oscura que jamás tuvo -…

-En serio se están tomando todo demasiado a la ligera –Musitó casi para sí misma más que para otra persona -. Qué lástima –Comenzó a arrastrar su hacha por el pavimento queriendo jugar con él -, que no me están dando tiempo para divertirme.

-¿Divertirte? ¿Perdón? –Exclamó otro de los compañeros del grupo –

-¿Qué acaso eres idiota? Oh, espera, sí, lo eres. Lo había olvidado.

-Ya cállate, niña –Comenzaba a provocarlos, tal y como ella quería, su plan funcionaba a la perfección -.

-Lamento decirte esto –Una sonrisa pícara -, pero tú no eres mi padre –Cambiada por nuevamente, la mirada acosadora -.

-Tom, haz que pare, ¿Si? –Dijo uno de ellos, y el nombrado hizo caso sumiso –

-Vamos, sé que te gustará…

-Si me quitas el hacha primero, te diré que no morirás tan rápido, y obviamente, no quiero eso.

El hombre alto y musculoso se acercaba a velocidad normal, sin miedo, y sin ganas de esperarse la muerte.

Andy sólo reía ante tal ignorancia. No sabían que estaban perdidos, y no había salida alguna.